CHP VI

La vuelta al hospital estaba siendo todo un reto para Richard. Empezaba a arrepentirse de haber hablado demasiado pronto en cuanto a la relación con su hija.

- ¡Kyra haz el favor! A este paso no llegaremos nunca y mamá empezará a preocuparse.

- Estoy cansada – dijo balbuceando.

La niña se sentó en medio de la acera con los brazos cruzados poniendo cara de enfado.

- ¿Se puede saber qué haces? ¡Levántate del suelo!

Dejó pasar un par de segundos viendo como algunos peatones la esquivaban y fue a por ella.

- Habíamos empezado demasiado bien tú y yo...

Richard levantó a su hija a la fuerza y la cargo en su hombro como si fuese un saco muy pesado. Antes de que pudieran seguir avanzando la niña empezó a lloriquear y a darle patadas contra su estómago. Mosqueado, la dejó en el suelo de inmediato.

- ¡Ya está bien! - se agachó a su altura - ¿Así es como le dices gracias a papá después del día que hemos pasado? - ella mantenía la cabeza cabizbaja - ¡Kyra, mírame! - obedeció tímidamente – No me importa cogerte en brazos si estás cansada, pero si tienes que darme patadas irás andando de la mano. ¿Queda claro?

La niña se le quedo mirando con respeto asintiendo con miedo.

- Vale. - se levantó cogiendo aire y expulsándolo de golpe - ¿Qué hacemos? ¿En brazos o andando?

Ella levantó sus cortos brazos para que la cogiera.

Richard respiro hondo y la alzó pegándola a su cuerpo. A su altura, la pequeña le acarició la mejilla y le dio un beso dejando reposar la cabeza en su hombro. Con aquel inesperado cariñoso gesto no pudo evitar sentir un pinchazo de culpabilidad por haberle gritado de aquella manera. No obstante, había dado resultado y esto le permitió llegar al hospital en silencio y sin otro incidente que resaltar.

En la entrada principal del hospital la soltó para que los últimos pasos los diera por ella misma; sentía calambres en sus brazos y su cuerpo estaba pidiendo a gritos la cama del hotel.

- ¡Kyra, no corras! Ven, vamos a coger el ascensor.

- ¡Sí! ¡Ascensor! - gritó dando palmadas.

- ¡Shhht! No se grita en los hospitales. - dijo en casi un susurro.

- ¿Hablar bajito? - contesto con apenas con un hilo de voz.

- Puedes hablar normal. Ni muy bajito, ni tampoco gritando como has hecho antes. - le decía entrando en el ascensor.

- ¡Yo quiero!¡Yo quiero!

Richard la alzó para que pudiera darle al botón con el número dos.

Cuando las puertas se abrieron, ya en la segunda planta, Kyra salió corriendo al igual que Richard yendo detrás de ella.

- La madre que la... - murmuró para sí mismo – ¡Kyra! ¿Dónde vas? Es por allí – le indicó, señalando el pasillo contrario.

La pequeña retrocedió y se precipitó deteniéndose a la mitad del pasillo - esperando que su padre se acercara para señalarle la puerta correcta; o eso creyó él - al percatarse del perro que yacía en frente de la puerta de la habitación contigua de dónde se encontraba.

- Perrito. - musitó.

- ¡Vamos Kyra! - la animó a continuar andando su padre. - Mamá ésta tres puertas más arriba.

Volvió a caminar yendo más despacio que el paso regular de su padre y antes de llegar a la habitación de su madre se giró para volver a mirarlo.

- Perrito – repitió sonriendo.

...

Sonia levantó la vista de su libro al escuchar que llamaban a la puerta.

- ¡Mamí! - entró eufórica.

Sin tiempo a quitarse las gafas de pasta y dejar el libro en la mesa, Kyra escaló por su regazo y la abrazó.

- ¡Hola cariño! - le devolvió el abrazo – ¿Te lo has pasado bien con papá?

La niña se separó y asintió quedándose sentada en su regazo.

Richard entró prácticamente arrastrándose en busca de algo resistente en el que apoyarse al dejar la mochila de su hija encima de la cama.

- Iba a preguntarte como ha ido el día, pero salta a la vista... - comentó su ex.

- ¡Papi fotos! - le recordó.

- Kyra dale un respiro a papá.

- Quiero que veas las fotos – canturreo.

- Y yo también quiero verlas, pero podemos hacerlo mañana.

- No. Ahora. - insistió.

- Cariño, ahora no puede ser. Papá tiene que irse... - improvisó.

- ¿Te vas? - pregunto ella

- ¿Me voy? - repitió él mirando a Sonia.

- Richard, se nota de lejos que estás agotado.

- Aún tienen que traerte la cena y ella...

- Podré arreglármelas.

- Pero...

- Insisto. Vete.

- ¿Seguro que no te importa?

- Te agradezco muchísimo lo que has hecho hoy y el esfuerzo que estás haciendo por acostumbrarte a esta nueva situación. De verdad. Pero me sentiría una bruja si te obligase a quedar.

- ¡Bruja! - repito la niña riéndose.

Él se quedó pensativo discutiendo consigo mismo qué hacer.

- Estoy bien. Sé que no va a ser hoy, si eso es lo que te preocupa – aclaró - Así que o te vas o haré que te saquen a rastras. - bromeó, haciendo caras a su hija para entretenerla - - Por favor. - insistió por enésima vez mirándole a los ojos – Te prometo que estaré bien.

- De acuerdo – terminó aceptando. - Tú ganas...

- Kyra despídete de papá. - dijo bajándola de su regazo.

- ¿Vendrás mañana?

- Sí. - se agachó - Y traeré las fotos para que las vea mamá, ¿vale?

Ella aceptó sonriendo tirándose a su cuello, gesto que Rick le devolvió levantándola del suelo.

En aquel momento se sentía dividido. Se moría de ganas de recuperar su soledad durante las próximas horas que sabía que se las pasaría tumbado en la cama del hotel hasta que su cuerpo decidiera que era suficiente. Sin embargo, las horas que había pasado con ella a solas o simplemente viendo como dormía le retenía a su lado y eso le dificultaba su marcha.

- Richard...

Sonia consiguió que la soltase dejándola en su cama improvisada dándole un último beso en la frente.

- No sé a qué hora vendré, pero en cuanto me levante te digo algo - le comentó, entrelazando sus dedos con los de sus mano izquierda.

- ¿Tengo que recordarte que antes de saber de tu hija y de mi situación tenías una vida? No puedo pedirte que la desatiendas por...

Rick besó sus labios, sellándolos.

- Haré lo que tenga que hacer y luego vendré. Pero llámame si necesitas ayuda... - le guiño un ojo a su hija.

- Sé que tengo las de perder así que no voy a gastar las pocas fuerzas que tengo discutiendo... - finalizó besando su mejilla – Hasta mañana.

La besó en la frente y tras salir por la puerta sacó el móvil del bolsillo de los vaqueros y marcó el número de la compañía de taxis.

No habían pasado ni 48 horastras la operación y ya había empezado su propia cuenta atrás para salir del hospital.

- ¿¡Te vas a estar quieta de una vez!?

- Esa estúpida enfermera me ha vuelto a poner esto mal y duele como el demonio.

- Déjame ver.

Lanie se acercó comprobando la vía que llevaba en la mano izquierda por dónde le llegaba el suero y los calmantes.

- Te lo arreglaría yo, pero prefiero que lo hagan ellas.

- ¡Qué más da! ¡Hazlo!

- No quiero problemas...

Buscó el timbre y lo accionó.

Medio minuto después un enfermero apareció por la puerta.

- ¡Ves! Te dije que era mejor que viniesen... - comentó su amiga escrutando al chico de arriba abajo.

- ¿Qué ocurre detective?

Kate entorno los ojos ante esa chulería masculina que tenía delante.

- ¿Podrías cambiarme la vía, por favor? O hacer algo para que deje de dolerme...

- Veamos... ¿Quién te la puso?

- Una con el pelo corto... Es la tercera vez que llamo por esto.

- Estás de suerte entonces. Soy un as poniendo vías. Todo el mundo me lo dice...

- No me digas... - murmuró viendo como Lanie le lanzaba una mirada amenazante.

- ¿Qué tal? - le preguntó fijando el tubo dónde iba conectada la vía con cinta adhesiva.

- Mucho mejor. Gracias.

- ¿Cómo te llamas? - preguntó Lanie indiscreta.

- Matthew, pero vosotras podéis llamarme Matt – contestó sin tapujos viendo de reojo como la paciente le lanzaba una mirada de desaprobación a su amiga.

- Yo soy Lanie, médico forense. Y ella es...

- Detective de homicidios. – se apresuró a responder antes de que le dijera su nombre, obviando el hecho que probablemente él ya lo sabría.

- Encantado de conoceros. Voy a ir a por otro suero, está casi está terminado... - dijo comprobando la bolsa – Ahora vuelvo.

Beckett mantuvo una sonrisa falsa hasta que el enfermero desapareció por la puerta.

- ¡De verdad chica! ¿Qué te cuesta ser un poco más amable?

- ¡No fastidies Lan! ¡Es un cretino!

- Está bueno... - justificó.

Desde el umbral de la puerta la Dra. Keller llamó con dos rápidos golpes de nudillo.

- ¿Se puede?

En sus manos llevaba la bolsa de suero que supuestamente el cretino había salido a buscar.

- Por un momento creí equivocarme de habitación. Estoy tan acostumbrada a ver a mi hermano merodeando por aquí...

- No tardaras..., en verle - comentó con una mueca de dolor. - Dijo que vendría después de pasear a Royal...

- ¿Te duele? - indicó Marian al ver como agarraba las sábanas con fuerza.

- Es pasajero. Antes también me ha dolido y de repente...

- ¿Cómo que antes? - la riñó. - Voy a buscarte otro calmante.

La hermana de Keller salió a paso ligero volviendo minutos después con otra bolsa que colgó al lado del suero haciendo que el gotero bajase más rápido que el otro.

- Tardará unos minutos en hacer efecto, pero te sentirás mejor y podrás descansar. ¡Y ni se te ocurra volver hacerte la fuerte! ¿Entendido? - asintió adolorida - Cualquier cosa avísame – añadió mirando a Lanie.

Marian salió de la habitación y cerró la puerta.

La habitación estaba parcialmente a oscuras por los últimos rayos de sol de aquella tarde de domingo que todavía se filtraban entre las tablillas de las persianas.

Lanie se había ido después de una llamada de urgencias teniendo que dejarla, muy a su pesar, sola. No obstante, el calmante había empezado a hacer efecto y no tardó en quedarse profundamente dormida con una sensación placentera dónde apenas podía notar los pinchazos de aquella maldita operación de la que mucho se temía que iba a quedarle cicatriz.

Lentamente empezaba a estar consciente de nuevo. A pesar del peso de sus párpados y lo a gusto que estaba con los ojos cerrados fue abriéndolos encontrándose a alguien a pocos pasos de la cama.

- Hola – pronunció con la boca seca y la voz cortante.

- ¡Hola! - respondió la sombra que aún era incapaz de definir, con voz tímida e infantil.

Quien fuera que estuviese en su habitación escuchó cómo se reía de forma traviesa y salía de su habitación corriendo. Kate lo ignoró y volvió a cerrar los ojos.

De nuevo, le pareció escuchar una voz demasiado lejana para ser cierto.

- ¡Kate! ¡Vamos dormilona, despierta!

Esta respondió con un murmullo sin ser consciente de quien estaba allí.

- Como sigas durmiendo, esta noche van a tener que darte algo para que no te la pases en vela.

- ¡Mamá, déjame en paz! - musitó con voz ronca.

Martin aún de espaldas a ella se giró ipso facto al escuchar aquello. Se le acercó y volvió a llamarla.

- Kate, soy yo, Martin. Martin Keller, el pesado de tu amigo. El que cree que eres una loca en la carretera...

Viendo que se limitaba a responder con monosílabos, la sacudió hasta que acabó abriendo los ojos.

- Estaba barajando la posibilidad de buscarte un caballero andante para que te despertase con un beso.

- ¿Qué hora es? - pronunció con una voz ronca y somnolienta.

- Pues... - comprobó su reloj de pulsera – Las siete menos cuarto.

- ¿!Por qué no me despertaste?! - le reprochó molesta frotándose los ojos.

- ¿!Perdona?! Llevo intentándolo desde que llegué...

- Oh... Culpa del calmante entonces – dijo restándole importancia - Por cierto, ¿había alguien cuando has llegado?

- No. ¿Por qué?

- No sé... Recuerdo haberme desvelado y ver a alguien. Por la voz me pareció una niña. Dije hola, ella me contestó y se fue.

- ¿Estás segura que no lo has soñado?

- Seguramente... - se encogió de hombros. - Ayúdame a incorporarme, anda.

- Hablando de visitas – tanteó poniéndose en pie – ¿Ha venido alguien más? Aparte de nosotros...

- No que yo recuerde. ¿Debería?

- ¿Y tu padre no te ha dicho nada? No sé, comentarte que quizá había alguien que vendría a verte...

- Martin, ¿a qué vienen tantas preguntas? - dijo apoyando la espalda en el cojín que acababa de situarle para que se acomodase.

- ¿Estás bien así?

- Sí, pero no has respondido a mi pregunta. - insistió.

- No recuerdo que mi hicieses ninguna.

- Que éste algo incapacitada y los calmantes me tengan medio drogada no impide que siga manteniendo parte de mi cordura. Sé muy bien lo que dije y me gustaría saber a qué viene tanta curiosidad por saber quién o quién no viene a verme. - soltó de carrerilla.

- Está bien... Pero te advierto que no sé si te hará mucha gracia.

- Habla.

Martín se hizo un hueco a un lado de la cama tomando asiento.

- Antes de ayer tu padre me presento a una mujer...

- ¿Cómo que a una mujer? - soltó sin pensar - ¿Mi padre sale con alguien? - exclamó perpleja.

- No había terminado la frase...

- Perdona. Sigue.

- Como decía, - remarcó - tu padre me presento a una mujer refriéndose a ella como su cuñada. - finalizó.

- Su cuñada... - repitió - ¿Estás seguro?

- Mhmm – asintió.

- ¿Cómo era? ¿Cómo vestía?

- ¿No me crees?!

- No. Bueno, no lo sé... Sé que no mientes...

- Pero...

- Es que me resulta difícil creer que sea ella después de..., tanto tiempo.

- Vale. Déjame pensar... - Martin se centro en recordar en como vestía – Mmmm... Llevaba una blusa amarilla, estampada creo..., o quizás no... No, espera. Eran los pantalones que eran estampados. Sí eso, pantalones blancos con estampado floral.

A Kate se le escapó una risa, más por la forma de decirlo que por sus palabras.

De todas las posibles pruebas esa era la más contundente. No cabía duda que era ella.

¿Por qué había vuelto? ¿Su padre le habría llamado? No. Rotundamente descartado. Entonces... ¿A que se debía su visita?

- ¡Tierra llamando a Katherine!

Martin llamó su atención moviendo la mano y chasqueando los dedos muy cerca de su rostro.

- ¿Qué? - dijo volviendo de su ensoñación.

- ¿Estás bien?

- Sí – suspiró añadiendo una sonrisa final.

- No debería habértelo contado. - se culpó.

- Todo lo contrario. - se sinceró cogiéndole la mano con la única que tenía libre – Martin no es culpa tuya que tenga una familia complicada. Probablemente de no ser por ti ni hubiera sabido que ha vuelto.

- No sé si debería decirte eso o no, pero...

- ¿Hablaste con ella? ¿Te contó algo de lo que no suelo hablar?

- No se trata de eso...

- Pero lo hizo.

Martín dejo entrever una sonrisa de culpabilidad.

- Me siento fatal por romper mi palabra... - dijo alborotándose el pelo con ambas manos.

- Creo que me hago una idea de lo que pudo contarte. De todos modos, ¿quien dice que su versión sea la buena?

- ¿Mintió?

- No... - suspiró – Probablemente no – sonrió manteniendo la mirada en sus manos. - Te habrás dado cuenta que siempre rehuyo cualquier pregunta relacionada con mi pasado... - le miró.

- Y lo respeto. No soy de los que va detrás preguntando hasta conseguir que el otro hable. Me va más el rollo "cuándo quieras hablar, llámame"

Riéndose y a la vez luchando contra sus hormonas por las repentinas ganas de llorar, se abalanzó hacía delante aferrándose a su espalda con fuerza.

Le avergonzaba admitirlo. Odiaba dejar ver sus sentimientos, nunca lo hacía. No obstante, nada le impedía ser sincera consigo misma. Y en aquel momento volvía a recordarse lo afortunada que era por tener a alguien como él en su vida. Pero no era el único. Había alguien que llevaba meses, años, haciéndola sentir especial. Alguien a quien le debía una respuesta.

Nota mental: Comprobar el correo.