CHP VIII
Los nervios por motivos profesionales y personales se habían instalado en su estómago. Ni salir a correr durante cuarenta y cinco minutos con los auriculares puestos a un volumen más alto de lo habitual, ni terminar la ducha con agua fría, ni quedarse acaramelada en brazos de su chico logró desvanecer aquel malestar que se había instalado en ella.
- ¿No te gusta?
Dale había querido sorprenderla preparándole una ensalada de pollo para cenar con frutos secos, zanahoria, queso de cabra, aceitunas, variedad de lechugas... Y a diferencia de su plato, el de su chica parecía recién presentado en la mesa, pero sin las aceitunas.
- No tengo apetito...
Julia se levantó retirando el plato.
- ¡Déjalo! Ya recogeré yo... – se ofreció.
Tenía tantas ganas de cerrar los ojos y dejar aquel día atrás que no se opuso.
El timbre de la puerta resonó en el pasillo llegando hasta la cocina y el comedor.
- Sea quien sea le mandas a...
- ¡Vale! - se adelantó robándole un beso – Lo haré. Ve arriba, subo enseguida.
Dale se acercó a la entrada encendiendo la luz del pasillo y abrió el cajón del mueble donde guardaban las llaves, mirando por la mirilla antes de abrir.
- ¡Hey! Siento molestaros Dale, sé que es muy tarde... - se precipitó a decir. - Espero no haberos...
- ¡Pasa anda! Te aviso que no sé si querrá bajar... - comentó previniéndolo – Siéntate si quieres. Voy a decirle que estás aquí.
El chico se precipitó escaleras arriba volviendo a bajar, a los pocos minutos, detrás de ella ya con el pijama puesto debajo de una bata de satén color gris y el pelo recogido en una coleta.
- ¿Tienes idea de la hora que me levanto cada día? Estoy agotada y gracias a ti hoy fastidiada y sin apetito. - le abordó sin darle tiempo a levantarse.
- Lo siento. - dijo Richard avergonzado.
- ¿Y ya está? ¿Eso es todo? - le atacó manteniendo los brazos cruzados a la altura del pecho
- ¡Julia! - interfirió Dale sacando la cabeza desde la cocina. - Está intentando disculparse...
- No pasa nada. - le miró - Yo... - titubeó - No tenía que haberme exaltado de aquella manera por una simple dirección de correo. Perdona. - suspiró apenado – Supongo que también esta nueva situación con Sonia y además está la niña... Lo siento, Julia. Te hice pagar por algo que no va contigo..., y no debí.
Sentía unas ganas terribles de darle una bofetada y a la vez de abrazarle, pero en realidad se quedó de pie apenas sin moverse, sólo para cambiar su peso de una pierna a otra. Exhaló.
- Bueno... - dijo finalmente aclarándose la voz - Todos tenemos días y momentos malos. Eso sí, ten muy presente lo que dije. Y ahora si me disculpas – vaciló – Me voy a la cama. Necesito olvidar todo esto. - comentó dirigiéndose hacia la escalera – Nos vemos el jueves. ¡Y acuérdate de mi memoria usb! Me gustaría recuperarla algún día...
Los dos hombres se miraron.
- Será mejor que me vaya...
- Te acompaño.
Antes de despedirse Dale quiso compartir uno de sus ases guardados debajo la manga.
- Gracias por venir – rompió el hielo.
- Crees que...
- No te preocupes. Se le pasará. Además, no está así sólo por ti, se ha discutido con el de recursos humanos en la reunión de esta tarde. - explicó - De todo modos... - vaciló – Sé que no os veréis hasta dentro de tres días pero si por lo que sea pasarás por allí antes, acuérdate que tienes un Dunkin' Donuts cerca.
- Lo tendré en cuanta. - esbozó media sonrisa.
- Cualquiera con chocolate estará bien. - añadió.
- Gracias. - vaciló bajando el escalón de la entrada.
- Buenas noches.
- Igualmente. Adiós.
Rick guardó sus manos en los bolsillos y empezó a andar siguiendo por esa misma calle con la intención de encontrar un taxi que le devolviese al hotel.
Había pensado en la posibilidad de contárselo desde el momento que supo que había terminado su novela y hecho hincapié en ello. Y ahora, después de aquella pequeña y estúpida discusión, le apetecía hacerlo. De hecho, iba hacerlo. Iba a confesarle a quien pertenecía esa dirección de correo.
…
Por más que quisiera detener aquel impulso, no podía. Era inevitable.
Richard bostezó repetidas veces mientras esperaba su turno en la pastelería. No había dormido en toda la noche y su cuerpo le pedía una buena dosis de cafeína y azúcar.
- ¿Siguiente?
Él levantó la mano mientas escondía otro bostezo tras la mano izquierda. Tosió para disimular.
- ¡Buenos días! Usted dirá... - anunció la dependienta.
- Es todo para llevar - se anticipó a decir – Quiero una caja de doce donuts con o de chocolate, a su gusto. Y luego otra de cuatro con uno de cada también de chocolate. Y para beber, un café espresso sin azúcar y uno latte con caramelo y sin azúcar. Éste último es para Julia Shumway, de la editorial - añadió sabiendo que cada día a media mañana le servían el mismo café.
- Oh, entendido – sonrió la dependienta.
La chica se giró pidiendo los cafés y preparó el resto del pedido pidiéndole opinión para asegurarse que era de su agrado.
- ¿Le parece bien así? - le mostró la caja de doce.
- Perfecto.
Ella cerró la caja, colocó los dos cafés ya preparados al lado y relleno la caja pequeña con los cuatro donuts que él le señaló.
Antes de qué pudiera decirle su coste, Richard sacó la tarjeta de crédito y se la entregó.
- Aquí tiene, señor. Que pase un buen día.
- Muchas gracias.
- A usted. ¿Siguiente?
Richard salió del local con una bolsa colgando de su muñeca izquierda, sosteniendo la bandeja con los cafés con la otra mano. Y así, oliendo el olor que desprendía aquellas delicias y el mono de cafeína se encaminó hasta la editorial.
Empujando la puerta de espaldas, entró en la oficina saludando a la chica de recepción levantando las cejas.
- Buenos días Kristal – le guiño un ojo.
- ¡Buenos días Castle! - sonrió sonrojándose.
A su paso fue saludando a quienes se anticiparon hasta llegar al despacho de Julia. Precavido, la observo desde detrás del cristal caminando pausadamente. No parecía que fuese el mejor momento para irrumpir en su despacho, sin embargo ya era demasiado tarde para echarse atrás. Julia le lanzó una mirada de interrogación invitándole a pasar.
- ¡Roger, ya lo sé! - sonó autoritaria - De verdad que lo sé, pero no te lo pediría si no fuese por una emergencia... Oye, tengo que dejarte – se precipitó relajando su tono de voz – Te llamó más tarde, no recordaba que me habían avanzado una reunión... - mintió centrando la mirada en el logo de la bolsa que Rick acababa de dejar encima de su mesa. - ¡Está bien, llámame tú! (…) Sí... - empezó a agobiarse – Roger, que sí, que no puedo hablar más... Adiós. - Y colgó.
Dejó el teléfono inalámbrico en la plataforma con desgana y resopló.
Ambos se miraron.
- Hace unas horas estábamos a Miércoles..., ¿no? - se relajó acomodándose en la silla – Aún no he tenido tiempo de mirarme lo que me mandaste. Creía que...
Richard se levantó dejándola con la palabra en la boca. Situó el café a un lado, delante de ella, dejando espacio para la caja que sacó de la bolsa, tomándose la libertad de abrirla.
- ¿Puedo preguntar qué celebramos? - dijo mordiéndose el labio con las pupilas dilatadas.
- Absolutamente nada. - contestó breve y conciso.
Se sentó en la silla delante de ella y sin postergarlo más agarró su vaso dando un buen trago al espresso. Ahora su día empezaría a tener sentido.
- ¿Son para mí? - dudó viendo la mini caja de la que cogía una delicia de chocolate.
- MmmHmm – asintió con la boca llena.
Los dos estuvieron un buen rato en silencio.
Por unos instantes Julia había logrado desconectar por completo saboreando aquel Kitkat que Richard le había obligado a cogerse.
- ¡Te debo una! - rompió el hielo limpiándose el chocolate de la comisura de sus labios con los dedos. - Aunque después de esto voy a tener que correr media hora extra de lo habitual...
Julia cerró la caja apartándola a un lado.
- No me debes nada... ¡Toma! Hay mucho qué leer. No tengas prisa..
Rick dejó el pendrive negro que le había cogido prestado en su mesa.
- ¿Has empezado a trabajar en...?
- No. Esto es..., es personal.
Se lo quedó mirando jugueteando con la memoria en sus manos.
- ¿Puedo?
- Son mis conversaciones con Cath.
Cath. Aquel nombre o seudónimo había sido motivo de pelea a principios de semana, y ahora volvía a escucharlo.
- ¿Estás seguro?
- Me he pasado toda la noche buscando y recopilando las conversaciones y los e-mail.
- Vale, pero tengo que volver a preguntártelo. - insistió – ¿Estás seguro?
- Lo estoy.
- Está bien... - dijo ella sorprendida y emocionada de disponer de algo tan suculento en sus manos – Intentaré empezar esta noche. ¿De cuantas páginas hablamos?
La editora se terminó el contenido del vaso.
- Alrededor de tres años.
Aquella respuesta se le atraganto al igual que el café que acababa de engullir.
- Quise acortarlo pero... - intento defenderse.
- Por favor dime que hoy es primero de Abril... - empezó a reír esperando que fuese una broma.
- Seguimos estando en marzo...
- Ricky... - suspiró tirando la silla hacia atrás, apoyando los codos al borde de la mesa - Tengo un trabajo que me ocupa gran parte del día, una casa que no se limpia sola y doy gracias a que tengo un chico que vale millones de dólares por ayudarme con las tareas... Adoro salir a correr, de hecho lo necesito para desconectar de esto – dijo rodeando los rojos – Y cuando llego a casa lo único que me apetece es darme una ducha y tumbarme en el sofá esperando la cena. Y sí, a veces leo antes de irme a dormir, pero...
- En ningún momento se me pasó por la cabeza ponerte fecha limite... – interfirió – No me importa cuánto tardes. Soy consciente de que no es como leerse un libro de noventa páginas de hoy para mañana...
- Muy bien... - sonrió aceptando – Haré lo que pueda. Después de esto va a deberme una muy gorda Sr. Castle...
La editora se levantó obligándole a hacer lo mismo para que pudiese aferrarse a su cuello. Richard la rodeó por la cintura cogiéndola de tal modo que ella dejo de tocar el suelo por breves segundos.
- Vas hacer que seamos el centro del chismorreo editorial...
- Como si lo viera... - dijo él mientras ella rodeaba la mesa volviéndose a sentar. Rick se aclaro la voz - "¡Pillados!" - gesticuló cambiando su tono de voz - Ese sería el titular – clarifico y continuó. Volvió a carraspear - Editora y novelista se funden en un amoroso abrazo en el despacho de ésta a la vista de todos" - finalizó. - ¿Como lo ves?
Julia le miró con media sonrisa en sus labios y una ceja levantada.
- Teniendo en cuenta que Dale iba a presentarse pidiendo explicaciones a más de uno... No está mal. - objetó divertida restándole importancia – Pero esperaba algo mejor viniendo de ti... - añadió burlona.
- Espera a ver mi artículo de mañana...
- ¿Cómo que el de mañana? Será el del lunes.
- No exactamente... El de éste próximo lunes te lo pase por e-mail; el que todavía no te lo has mirado - aclaró – Yo me refería al del otro lunes.
- Me estoy saturando nada más oírte - confeso pasándose una mano por la sien.
- ¿Me voy?
Julia apagó su portátil. Guardó el pendrive en el bolsillo delantero de su maletín y a continuación el portátil y el cargador.
- Si... Y me voy contigo – anunció cogiendo una carpeta de encima la mesa y un portafolios verde.
- Conozco la salida, a menos que la hayan cambiado mientras...
La pelirroja dejó caer a propósito el portafolios en su cabeza.
- Anda, vámonos...
- ¿Estás segura que lo tienes todo? - aludió mirando de reojo la caja de la mesa.
Sin previo aviso le dejó los documentos contra su pecho retrocediendo a por la caja.
Rick le devolvió los documentos ofreciéndose a llevarle el maletín hasta la entrada, dónde supuestamente tenía que pasar a recogerla el coche de su cliente de las doce.
…
Con la mirada absorta Katherine continuaba acariciándose el dorso de la mano izquierda. Le parecía imposible que aquello que tanto la había martirizado, y ya no estaba, continuase siendo capaz de notarlo.
Ella sonrió.
Cada vez veía más cerca la vuelta a casa. De los días anteriores al ayer quedaba un moratón en el dorso de esa mano, al que no le daba importancia, y algo a lo que era inevitable no dársela; su segunda herida de guerra, la primera por un disparo.
Beckett acercó la mano derecha palpando con delicadeza el vendaje que cada mañana le renovaban y protegía la herida. Lo observó unos segundos y pasó el antebrazo a través del pañuelo que ella misma se había proporcionado para llevarlo colgado tal y como le habían recomendado.
Se ayudó del brazo derecho para levantarse, apoyándolo al reposa brazos de la silla, y se encaminó de vuelta a su habitación; la comida estaba servida.
- ¿Preparada para tu primera comida sólida?
Marian caminaba junto a las dos enfermeras que empujaban el carro lleno con tantas azafatas como habitaciones había en ese pasillo.
- ¡Me muero de ganas de hincar el diente al chuletón! - comentó con espontaneidad.
Las tres rieron casi a unísono mientras entraban y salían de una habitación a otra.
- ¡Cariño, no corras! - la alertó su madre - ¡Kyra cuidado!
Una de las enfermeras logro esquivar a la niña levantando la azafata y empotrándose de espaldas a la pared manteniendo el equilibro los segundos que ella cruzaba por delante.
Sonia se mantuvo expectante con los ojos entre abiertos agarrada en la barandilla que había a lo largo de la pared, hasta comprobar que nadie había salido herido, y lo más importante, nadie se había quedado sin comida. Respiró aliviada acercándose.
- Lo siento mucho... - se disculpó dirigiéndose a las enfermeras - ¿Qué voy hacer contigo? – miró a la niña – ¿¡Cuantas veces te hemos repetido que no hay que correr por los pasillos!? - la niña se mantuvo cabizbaja – ¡Ve y pídeles perdón! Y quiero oírlo...
Kyra se acercó a una de las enfermeras tirando de la bata.
- Lo siento.
- No pasa nada bonita – contestó ésta sonriendo – Pero hay que hacerle caso a mamá, ¿vale?
Ella asintió más relajada.
Katherine se había quedado embobada presenciando la escena al lado de su puerta mientras adentro la esperaba una azafata con comida aún por descubrir. Aún embelesada esbozó una tímida sonrisa viendo a la pequeña ofreciéndole la mano a su madre. Fue entonces cuando la niña se giró fijándose en ella, sonrió y la saludó discretamente con la otra la mano. Ella hizo lo mismo. Poco después todo se quedó a oscuras.
Su corazón se aceleró y desaceleró una vez reconoció el olor del culpable del apagón.
- ¿Le importa recordar a cierta persona que odio que me hagan esto, Sargento?
Martin apartó las manos besándola en la mejilla.
- Deja de entretenerla, ¿quieres? Se le va a enfriar la comida... - soltó la hermana de Martin pasando sin detenerse.
- ¿Celosa? - dijo achuchando a Kate con fuerza.
- ¿Has olvidado con quien hablas? - respondió su hermana girando sobre si misma.
Keller echó a correr hacia ella cogiéndola desprevenida.
- No se corre por los pasillos... – recordó Kate.
Antes de entrar a su habitación dio un paso en falso, deteniéndose. En la tercera habitación en diagonal a la suya le pareció ver a alguien observándola. Kate sonrió. Hizo un paso al frente volviendo a salir pillando a la niña infraganti. Ésta se escondió al ver que la había visto. Aquello la hizo reír.
- ¿Qué te hace tanta gracia?
Beckett se llevó la mano en el pecho mirándole desafiante.
- ¿Qué? Sólo te pregunte de qué te reías...
Ver aquella azafata medio vacía cuando en realidad esperaba verla más llena fue una gran decepción para su estómago. Volvió a pensar en su chuletón, el cual sin duda iba a tener que esperar, y empezó a devorar la sopa, básicamente caldo, siguiendo y terminando por el yogur desnatado.
- Y yo que creía que me invitarías a comer...
Ella le miró relamiendo la cuchara del yogur.
- ¿Quieres? - le ofreció mostrándole el bote vacío.
- Muy considerada... - dijo retirándole la mesa y dejándola en una esquina con la azafata lista para ser recogida. - ¿Sabes...? Me intriga de qué te reías antes.
- Si no eres más especifico...
- ¡No te hagas la tonta!
Dejando la conversación en el aire se levantó yendo hasta la cama dónde él la ayudo a subir para estirarse.
- Recuerdas que hace unos días te comenté que me había parecido haber visto una niña en la habitación...
- Sí, y te dije que probablemente lo habías soñado. Lo recuerdo.
- Creo que no lo soñé. - continuó - Lo que no sé es por qué tengo la sensación que me conoce.
- ¿Te refieres a una niña que anda merodeando por esta planta con el cabello rubio oscuro? - Keller sonrió al ver que era de quien hablaba – Me extraña que no la recuerdes. Royal si se acordaba.
- ¿Royal? Que pinta mi perro en...
- Creo que la sangre no es lo único que perdiste en aquella intervención de urgencia...
Molesta por aquel inapropiado comentario tiró el cojín de su espalda y lo estampo contra él.
- Vale, perdona... No pensé que te lo tomarías tan mal... - confesó. - ¡Lo siento!
- Prueba ir diciéndole eso a la gente que lleva los mismos días o más que yo aquí tras una intervención y veremos cómo reaccionan... - se enfureció de repente.
- He dicho que lo siento...
- ¿Sabes? Será mejor que te vayas... Y devuélveme mi cojín.
- Si es lo que quieres... - dijo desconcertado.
Miró a su alrededor comprobando que no había traído nada consigo a parte de lo que llevaba en los bolsillos del pantalón. Los palpó asegurándose que seguía teniendo las llaves del coche y su teléfono y desapareció sin un "adiós", sin detenerse a cerrar la puerta. Ni siquiera se detuvo a despedirse de su hermana, habito que llevaba haciendo los últimos seis días.
