CHP IX

Tras las últimas horas a 38'5º y una tos persistente se alegró escuchar "Cada día tiene mejor aspecto" por parte de su médico, el Dr. Roland, al examinar la herida. Y aunque esperaba escuchar algo más parecido a "quizá pronto te doy el alta", se conformó con saber que ya no tenía fiebre y la dejaban salir a pasear en todo lo que abarcaba la segunda planta, que no era mucho.

- ¡Hola!

Kate dejó de prestar atención a lo que pasaba en la calle.

- ¡Hola! - saludó.

- ¡Hola! - repitió la niña cambiando el tono de voz.

Sonrió.

- ¿Estás sola? – miro a su alrededor.

- ¿Juegas? – dijo después de negar con la cabeza.

- Primero deberíamos decir a mamá que estás conmigo. Estará preocupada...

- ¡Vale!

Decidida, la niña cogió su mano y tiró de ella. Beckett la siguió aún sobrecogida por la familiaridad con que la trataba.

Al llegar al pasillo Sonia y otra enfermera miraron en su dirección.

- ¡Gracias a dios! - exclamó la madre.

- ¡Mami mira es Kate!. - dijo sin soltarla de la mano mientras su madre la abrazaba.

- Kyra, cielo, no le hagas destos sustos a mamá. ¿Vale? - la acarició.

- Estaba con Kate – repitió.

- ¿Kate? - dijo la madre confusa.

- Sí, la chica del parque. - le recordó - Tiene un perrito.

Sonia no era la única que estaba perpleja ante tanta explicación saliendo de la boca de aquella renacuaja.

- Imagino que su hija se refiere al incidente que tuvo lugar en el Washigton Square Park la semana pasada – intervino Kate acordándose.

La madre se levantó enfrentándose a quien su hija parecía conocer sin querer soltarse de su mano.

- Disculpe... No sé a qué se refiere.

- ¡Mami! Kate y el ladrón – insistió consistente.

Katherine tuvo que esconder una breve carcajada al escuchar aquello provocándose un ataque de tos.

- ¿Tas bien? – tiró de su mano.

Kate la miró asintiendo.

- Ahora lo recuerdo. - se frotó la sien – Fuiste la agente que recupero mi bolso, ¿no es así?

- Culpable. - sonrió tímidamente.

- Con tanto medicamento la memoria se me va...- se excusó.

- No se preocupe. A mí también me costó reconocerla...

- ¿Podemos jugar ahora?

Kyra mantuvo la mirada en ella.

- La verdad es que me harías un favor si pudieras quedarte con ella – interfirió la madre - En nada van a venir a por mí para hacerme unas pruebas y no tengo a nadie...

- ¡Di que sí, di que sí! – suplicó la niña entusiasmada tirando de su brazo bueno.

Aquella situación era un claro ejemplo de lo propensa que era en meterse en líos.

No tenía ni idea de cómo tratar con niños, ni siquiera sentía ese instinto maternal del que todos/as hablan. Pero la niña parecía tenerle aprecio aún y siendo una desconocida. Y después de lo del parque cabía un alto porcentaje de posibilidad que la viera como una heroína.

- No hay problema.

Adiós al aburrimiento.

Debía admitirlo. Ella también tenia ese instinto maternal, quizá no el cien por cien pero si un cincuenta.

Las últimas cuatro horas se habían esfumado del reloj sin ser consciente del tiempo. Y no había sido lo único que había logrado abandonar en un rincón de su mente. Los problemas, las preocupaciones y también la evidencia de su herida de guerra habían quedado en un segundo plano.

- ¿Se puede?

Kate centró la atención en quien se asomó por la puerta.

Siempre se había preguntado qué sentiría y/o le diría al reencontrase. Lo había estado ensayando la misma noche de su llamada. Y sí, la visita llegaba tarde, tres días tarde, pero no le importaba. Ahora ya no.

- Hola...

Martha entró despacio con las gafas de sol en la mano.

- No estaba segura de que... Me salió un compromiso el martes y cuando iba a llamarte pensé que sonaría a excusa barata...

- Sí, debería arrestarte por ello.

Con una mezcla de sentimientos que en ese momento le nublaban la mente se quedó de pie en frente de la cama de su sobrina, observándola.

- ¿Sabes lo mucho que me inquieta que te quedes mirándome así, verdad?

Martha bajó la mirada dejando el bolso en el sillón.

- Una parte de mi esperaba que no te parecieses tanto a tu madre... Pero está claro que cuanto más creces más se acentúa de quien eres hija.

Un escalofrío recorrió su cuerpo. Pero no iba a permitirse ponerse melancólica. Ahora no.

- Cariño, perdóname... No pretendía...

Su tía se acercó a ella, sentándose en el borde de la cama.

- Estoy bien. - sonrió disimulando

- A tu padre podrás engañarle, pero a mi... - negó con la cabeza.

Dejaron pasar un par de minutos, ambas en silencio, en los que Martha se limito a sostener y acariciar la mano de su sobrina entre las suyas.

- Vas a tener que dejarme hacerte la manicura cuando salgas de aquí...

Kate se echó a reír.

- ¿Y ahora qué he dicho?

- Nada... - contestó aún sonriente – Sólo tu sabes cómo restarle importancia al momento con este tipo de comentarios... Eso es todo.

- ¡He vuelto! - anunció como si de una interpretación de tratase. - Pero hablaba enserio en cuanto a la manicura. Con las manos tan bonitas que tienes...

Aunque pareciese una estupidez, aquellas payasadas la relajaban. Y ahora se daba cuenta que hubiera pagado para que la hicieran sonreír así cuando nadie lo hizo y lo necesitaba.

- ¿Alguna novedad que deba saber?

- Te diría que deje los estudios para entrar en la academia de policía y hace poco que soy detective, pero imagino que papá ya te habrá puesto al día.

Martha suspiro al escucharlo de ella.

- Admito que no esperaba que saliese el tema tan pronto.

- ¿Sí? - se extrañó - Bueno, no tengo nada que esconder.

- ¿Y sabes qué viene ahora?

- Imagino... - supuso entrecerrando los ojos - Y la verdad es que no lo sé. No sé me ocurre ninguna respuesta con fundamento que responda a ese porqué.

- ¿Recuerdas el consejo que te di cuándo dudabas por que carrera decantarte?

- Escoge la que crees que te hará feliz y a la vez te imponga respeto. - recitó.

- Por lo tanto, debo creer que eso te hace feliz.

- Siempre me va a quedar la duda de cómo habría sido ser la primera mujer presidenta del tribunal supremo, pero...

- Tu sitio es en comisaría. - terminó la frase – Entre un montón de testosterona, armas, placas, uniformes y cadáveres...

- Dicho así suena horrible... - arrugó la nariz - Y los muertos suelen estar en la morgue haciendo compañía a la Dra. Parish, la forense. Yo soy más de encarcelar a los malos y resolver homicidios.

- Me gustaría verte en acción. - confesó Martha al azar.

- Siempre puedes pasarte por comisaria diciendo que me invitas a comer... - propuso

- ¡Hecho! ¿Cuándo?

- No tengo ni idea – rió - pero estaría bien.

Martha se giró hacía la puerta al ver que se abría y cerraba al instante. Se levantó.

- Juraría que he visto alguien. Una niña creo.

Kate sonrió.

- Estoy harta de ver estas paredes... ¿Me acompañas? Necesito mover las piernas. Y así te voy a presentar a alguien.

- ¿Hombre? ¿Chico? ¿Amigo? - tanteó.

- Ya decía yo que tardabas en sacarme el tema... - comentó sentándose al borde de la cama para bajar.

Su tía la ayudó aún y saber como desenvolverse por sí sola. Se puso las zapatillas y tal y como iba, con un pantalón de chándal y una camiseta ancha de "Stanford" de manga corta, salió en el pasillo.

Madre e hija estaban pegando los cromos al álbum que le había comprado su padre el día anterior cuando escucharon que llamaban a la puerta.

- ¡Adelante!

Katherine empujó la puerta, ya entreabierta.

- ¡Hola! - saludó.

La niña se apoyó en el pecho de su madre escondiéndose.

- ¿Ahora tienes vergüenza? - la miró su madre – Fue a tu habitación y al ver que estabas con alguien volvió diciéndome que no estabas sola... - dijo acariciándole el pelo.

- Sí, ha venido mi tía a verme – la presentó. - Se llama Martha. Ella es Sonia y su hija, Kyra.

- Encantada.

Se saludaron mutuamente.

La niña bajó del regazo de su madre, agarró el álbum y se planto delante de Kate enseñándoselo.

- ¡Mira!

- ¿Es un álbum de fotos? - le preguntó.

- No. Cromos – la rectifico. - Ven, ven...

Se colocó el álbum debajo de un brazo y con la otra mano la agarro de la suya invitándola a sentarse en la cama con ella.

- Kyra, ¿y los cromos?

Su madre señalo los cuatro paquetes sin abrir que había en la mesa.

- Ohh... - exclamó ya sentada.

- Yo los cojo – se ofreció Kate.

- No, no..., no os mováis – se adelantó Martha. - ¡Toma!

- ¡Gracias! - dijo la niña.

- ¡Qué guapa eres! – comentó Martha – Y educada. Que a su edad ya es difícil...

- Tiene días... - aseguró su madre.

Sonia siguió mirando a Martha con disimulo, pero por más que la observase sabía que la había visto antes.

- Martha, ¿verdad?

- Sí. Martha Rodgers. - dijo sentándose.

- Quería preguntarle si es posible que nos hubiéramos visto antes. Me recuerda a alguien... También puede que la confunda con otra persona...

Tía y sobrina se miraron sonriendo cómplices.

- Es posible...

- Es actriz – desveló Kate.

Su tía la miró con recelo por haberle arruinado su momento.

- Mi marido es escritor.

- ¿De verdad? ¿Cómo se llama?

- Richard Castle. Ha escrito...

- Flores para tu tumba, Infierno sin furia, Muerte de una reina estudiantil y un largo etcétera. Pero los que realmente me tienen atrapada son la serie de Derrick Storm. Sensacional.

Katherine se giró impresionada. ¿Desde cuándo a su tía le interesaban los libros de ese género?

- ¡Kate!

Esta se giró volviendo a prestarle atención a Kyra abriéndole el último paquete de cromos.

- Si le parece, traiga uno de los libros y le pediré que se lo dedique.

- Me encantaría...

Una parte de ella estaba centrada en colocar los cromos en el álbum, no obstante le era inevitable no tener un oído pendiente de aquella conversación tan cultural.

Una hora antes de que empezaran a traer la cena, ambas se despidieron prometiendo una nueva visita en otra ocasión y volvieron a la 215. Por el camino, Martha abrió los ojos de par en par al cruzarse con quien reconoció al instante. Sin poder evitarlo agarró con fuerza a su sobrina por el brazo equivocado.

- ¡AU! - se quejó

- ¡Es él¡ – exclamó acercándose más a ella para que no la oyesen.

- ¿Quién?

Kate se giró unos segundos viendo a un hombre de espaldas vistiendo vaqueros y una chaqueta marrón.

- ¡ÉL! - repitió enfatizando.

Ver a su tía hiperventilando en medio del pasillo del hospital por haber visto al escritor del momento era algo bastante..., atípico. Inimaginable y raro. Extremadamente raro.

- La verdad tía no me interesa y además tengo que ir al baño... ¡y es urgente! - susurró como había hecho ella antes.

- Qué guapo es... Se le ve más delgado y todo... - continuó escrutándole caminando de espaldas.

- ¿Te das cuenta de los riesgos que comporta andar de espaldas por el pasillo de un hospital?

- Lástima que esté casado, sería un buen partido para ti. - dijo ignorándola - ¿Te imaginas? - expresó de repente emocionada – Exitoso novelista de misterio esposado por una sexy detective de homicidios... ¡sería perfecto para una obra de teatro!

- Negaré haber escuchado eso...

Sesenta minutos más escuchándola hablar de ese maldito novelista y echaría la cena. Justamente hoy que empezaba a ser más generosa...

- Deberías leerlos. Te sorprendería lo buenos que son.

- Tía, ¡ya basta!

- Sólo un último comentario. Lo prometo

Kate resopló.

- Imagínate toda la información que podría sonsacar Castle yendo detrás de un agente o detective de homicidios... Estoy segura que daría para otra saga de novelas.

- ¿No hablarás en serio?

- ¿Por qué no?

- Porqué ya tenemos bastante con el día a día... Y sinceramente, no me apetece tener que soportar a un novelista con el ego subido dando por... ¡Ni pensarlo! - se exaltó.

- No entiendo por qué te pones así. Nadie ha dicho que tuviera que seguirte a ti...

- ¡Ni se me había pasado por la cabeza! Antes me tiro por el puente de Brooklyn.

Molesta y exaltada se dirigió a la cama.

- Estás sacando las cosas de quicio, Katherine...

- No haber sacado el tema. - empezó a pegar a la almohada y la colocó en el cabecero – Y siento desilusionarte, pero esto es algo que nunca ocurrirá. Me imagino la cara del comisario al recibir tal propuesta...

Martha observó a su sobrina con el ceño fruncido.

- ¿Y si dijese que si? - insistió.

- ¡No lo haría! - exclamó segura de sí misma.

- ¿Por qué no?

- Creía que eras consciente de la de peligros que estamos expuestos cada vez que salimos a la calle, sobre todo cuando vamos en busca de alguien que ha matado a una o más personas antes.

- Lo sé – admitió bajando la mirada.

- ¿Entonces?

- Era sólo una idea. - se encogió de hombros. - Olvídalo...

- Una muy descabellada, por cierto.

- Me voy a ir.

Se acercó besándola en el pelo a la vez que la atraía hacia ella con cuidado, abrazándola.

Al separarse ambas se encontraron con su cuñado y padre, respectivamente, observándolas.

- ¿Qué estás haciendo aquí? Creo que te deje muy claro..

- ¡Papá!

- ¡Hola James! Yo también me alegro de verte...

- Te dije que te llamaría. Pero tu como siempre tenias que hacer las cosas a tú manera... - enfatizó

- No esperes que me arrepienta de haberlo hecho.

- ¿Os importaría cerrar la puerta cuando salgáis?

Los dos se giraron viendo como se tumbaba dándoles la espalda.

- Katie...

- Estoy cansada papá. Y no tengo ganas de discutir.

- Lo siento... - expresó sintiéndose culpable.

- Buenas noches.

Martha volteó la cama observándola por última vez ese día.

- Que descanses cielo.

- Gracias por venir.

Se acercó para darle otro beso y salió de la habitación.

Jim se quedó un par de minutos de pie y en silencio. Y viendo que la decisión de ir a verla a aquellas horas no había sido acertada, le deseo buenas, la besó en la mejilla y se despidió con un "Mañana te llamo".

Katherine respiro hondo cuando fue consciente que volvía a estar sola. Incómoda, se giró quedando boca arriba mirando al techo.

Hablar de aquellos libros le había removido demasiadas cosas que intentaba mantener alejadas. ¿Pero a quien quería engañar? Echaba de menos sus conversaciones nocturnas. Esos ataques de risa provocados por una estupidez, incluso en las que el uno aprendía del otro.

Con esos recuerdos en mente, sus ojos empezaron a ceder quedándose dormida pensando en él.

Richard llevaba diez minutos haciendo zapping, cambiando de canal cada dos segundos, y observando la pantalla de su portátil de reojo a la espera de ver aparecer un nuevo correo.

Era consciente a qué se debía su silencio, lo sabía, claro que lo sabía – en el fondo – por que en realidad no quería admitirlo ni siquiera planteárselo en voz alta.

Harto de la televisión la apagó dejando el mando en el suelo, ni siquiera le apetecía levantarse. Agarró su portátil y una vez situado en sus muslos abrió el correo ya existente, creando otro.

Asunto: (RE) (sin asunto)

EAllan. 29 March 2007 23:12:09

Para: Cath.

Cath... ¿Dónde estás? Y soy consciente que esto acaba de sonar en plan desesperación, pero hace meses que no das señales y empiezo a preocuparme.

Por favor, dime algo o me veré obligado a ir a NY...

Vas a contestar pronto, ¿verdad?

Buenas Noches.