Capitulo 3:

Sala de Castigos


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-¿Asique te ha tocado trabajar con Malfoy en Herbología? -le pregunta Albus con una sonrisa maliciosa.

Rose le da un empujón, haciéndolo reír entre dientes.

-La situación se pone cada vez más divertida -suspira el chico.

-¿Entonces fue a propósito, verdad? ¡Que me dejaste en el tren para que Scorpius me fuera a buscar! -exclama la pelirroja hecha una furia.

Albus abre su pequeño libro y esconde su sonrisa allí.

-¡Eres peor que James y Fred! -chilla, y aquel insulto hace enojar a su primo.

-Oye, tampoco para tanto... ¿sabes? Deberías agradecérmelo, se nota en tu cara que Malfoy te agrada... bastante.

-¿Sabes Albus? ¡Vete a la mierda! -grita sin darse cuenta de que la profesora McGonagall está lo bastante cerca como para escuchar la grosería que acaba de soltar.

ooOoo

Rose ya conoce la sala de Castigos, algo que a su madre claramente no le agrada mucho. Mientras que James y Fred suelen visitar la sala seguido por sus alocadas travesuras, Rose lo hace la mayoría de las veces por quedarse dormida en clase.

Esta es la única excepción. ¿Y todo por qué? Por Albus... esa pequeña serpiente que suele ser tranquila pero traviesa cuando menos te lo esperas...

La pelirroja está sola en la sala, el hecho de que es de noche y que hay pocas velas prendidas, la hacen desear dormir otra vez.

Decide mantenerse firme, esperar despierta a la profesora, pero la cabeza comienza a caérsele hacia el costado, y los ojos a cerrárseles buscando a Morfeo su dios muggle favorito...

-¿Planeas quedarte dormida en la hora de Castigo también? -pregunta Scorpius picándola con su varita en la frente.

Rose se incorpora rápidamente en la silla sorprendida. Mira hacia sus lados en busca de la profesora pero no hay señales de ella.

-¿Tú también estás castigado? -le pregunta bajando la mirada avergonzada por encontrarla así otra vez.

Scorpius suelta una suave risa.

-Te haré la tarea de Pociones el día que suceda eso -dice egocéntrico.

-Podría llegar a pasar algún día -masculla ella con una sonrisa que se esfuerza por esconder sin éxito.

Scorpius deja una pila de libros gigante en la mesa, haciéndola sobresaltar otra vez.

-Era el único prefecto libre, y como la profesora está ocupada me ha enviado a mí a supervisarte -le explica, tomándose muy seriamente su tarea de prefecto.

-Oh...

Rose está sorprendida

-¿Puedo quitarme los zapatos? -le pregunta haciéndolo fruncir el ceño.

-¿Por qué querrías sacarte los zapatos? -le pregunta intentando tener paciencia.

La pelirroja suspira jugando con su pluma, todavía con un cierto rubor en sus mejillas.

-Yo... hago las tareas más rápido si me quito los zapatos... -confiesa algo intimidada por la mirada del Slytherin.

-Eso es psicológico, además McGonagall no dejaría que te los quitaras, asique yo tampoco debo hacerlo -dice el chico seriamente -, puedes terminar tranquilamente el castigo en menos de dos horas, sin quitarte nada.

Rose suspira y Scorpius deja su tarea de Transformaciones en la mesa.

-Puedes utilizar los libros que quieras -le informa señalando la gran pila junto a ella.

-¿Gracias?

Scorpius suspira y se sienta frente a ella junto al reloj de arena. Toma un libro y se pone a leer, mientras la Gryffindor trabaja como loca intentando llegar a tiempo.

El Slytherin de vez en cuando baja su mirada a los pies de la bruja, que parecen estar bastante inquietos mientras resuelve los problemas. Rose parece bastante nerviosa con el calzado puesto.

¿Cómo a alguien le puede suceder algo así? Scorpius no lo comprende, no entiende cómo puede tener la costumbre de quedarse dormida en clases, o de sacarse los zapatos a la hora de estudiar.

Rose es realmente un caso extraño a sus ojos, porque él es tan diferente... en todos los aspectos. Nunca se ha dormido en clase, y puede estudiar en cualquier situación, y los libros... nunca le aburren.

Las dos horas pasan y la chica parece no haber terminado ni la mitad de los deberes. Scorpius comienza a tener hambre, haciendo que varias veces mire a la chica, poniéndola nerviosa.

Rose apoya su cabeza en el escritorio entre suspiros, sintiendo la cara más roja que un tómate.

-Puedes sacarte los zapatos... si quieres... -masculla Scorpius mirando hacia otro lado.

La chica no puede evitar una sonrisa, se los saca en menos de un segundo, dejando sus pies completamente descalzos.

Aquello mejora notablemente el humor de la pelirroja, quien se pone a tararear esa canción otra vez mientras termina los deberes, moviendo los pies dulcemente.

Scorpius no puede evitar esa sonrisa que tira de sus comisuras... es algo imposible de manejar...

-Prefecto Malfoy -lo llama Rose casi de forma graciosa.

-¿Hmm?

-Necesito saber si está bien lo que puse en el punto... seis.

El chico deja su libro, se levanta de su silla y camina hasta sentarse junto a ella. Toma la hoja y lee lo que la bruja ha leído, pero casi le parece una tarea imposible, porque ella no deja de mirarlo con atención.

Scorpius mueve su rostro hacia ella y al darse cuenta de lo próximos que están, ambos se ruborizan, en especial Rose, que con su cabello parece un tomate vivo. La chica acerca una mano a su camisa y roza en la parte de su hombro.

-Tienes una mancha de sangre... -murmura tan bajito que Scorpius tiene que procesar sus palabras.

-Oh... no es nada.

Vuelve su vista a la hoja, intentando ignorar a la chica que no se ha conformado con su respuesta.

-¿Ha sucedido algo? -le pregunta, esta vez mas alto, claramente alarmada al recordar a Fred y James riéndose esta mañana.

-No -responde seco.

-¿Fueron ellos, verdad? -insiste apretando los puños, sintiéndose avergonzada de su familia.

Scorpius suspira y con la varita se borra la mancha de sangre de la camisa, enojándose por no haberse dado cuenta de ese pequeño detalle. Rose, sigue esperando su respuesta, pero el rubio no está dispuesto a contarle nada.

-Esto está bien, aunque claro, podría estar mejor -comenta revisando la hoja -, te has tardado más de dos horas, me has hecho perder la cena, pero por lo menos no está tan desastroso como imaginaba...

Scorpius se levanta de la silla y comienza a ordenar los libros con su varita mientras Rose Weasley lo mira sintiéndose impotente.

-Creo que ya está todo en orden, le entregaré la tarea a McGonagall mañana por la mañana -le asegura guardándoselas en su mochila -, nos vemos luego...

Pero antes de salir por la puerta es detenido por Rose, que lo toma de la manga de la camisa. Scorpius gira sorprendido, sus ojos caen en ella curiosos cuando rebusca algo en su bolso.

-Debemos ir a dormir antes de que algún profesor nos quite puntos... -le advierte él, pero la pelirroja no le hace caso.

Después de un momento, Rose saca de su bolso un pastelito rosado del tamaño de su mano, envuelto en un bonito papel.

-Toma -musita ella, entregándoselo con la mirada baja.

Scorpius mira el pastelito con asombro, y la pelirroja vuelve a hablar:

-No quiero que por culpa mía vayas a la cama con el estómago vacío, no soy muy buena cocinera y no sé cómo me ha salido pero no debe estar tan... mal.

El chico la observa sin saber que decir, pero Rose vuelve a adelantársele primero.

-Y si fueron mis primos los que te hicieron eso, lo siento, les daré una paliza mañana...

Y con esas palabras Rose abandona la sala como alma que la persigue el diablo, dejando a Scorpius realmente atónito.

Aquel pastelito se lo comió antes de ir a dormir, y el sabor estaba increíble. Otra cosa que descubría más de Rose Weasley. Es una buena cocinera y tal vez... la más dulce e impredecible de los Weasley.

Nunca deja de sorprenderlo.