Capitulo 5:

Frente al lago


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Rose suele escabullirse en las cocinas de los elfos para cocinar junto a ellos. En primer año, la primera vez que había pisado las cocinas, los elfos, habían intentado echarla, pero al decir que era hija de Hermione Granger, la cual había sido una fiel amiga de Dobby, bastó para que la dejaran entrar cada vez que quisiera.

Mantiene en secreto sus horas en la cocina, la única que lo sabe es su madre, que estuvo encantada al enterarse, Rose sabe, que aquello no era solo por los elfos, sino por qué su madre casi se había rendido en la tarea de encontrar algo en común con ella, y descubrir algo así, les dio algo de que conversar.

También sospecha que la directora McGonagall sabe algo del tema, pero nunca le ha mencionado nada.

Durante los años que la pelirroja había disfrutado con los elfos, se había dado cuenta de que la mejor forma de aprender a cocinar era observándolos, aquel era su truco para mejorar, casi se atrevía a decir que estaba a punto de igualarlos en habilidad después de tanto tiempo.

Ahora se encuentra amasando la masa de los pastelitos con la ayuda de Bitty, la pequeña elfa, que al principio se había comportado de manera acida con ella, pero con el tiempo, había sido inevitable hacerse amigas.

-Hemos horneado muchos pastelillos hoy -dice Bitty sorprendida -, ¿Rose los compartirá con sus hermanos?

-No, con... un amigo... -responde la pelirroja sabiendo que decir el apellido Malfoy en aquellas cocinas despertaría el pánico.

-El amigo de Rose debe tener mucho apetito entonces -deduce Bitty pasándole las chispas de chocolate que la pelirroja sumerge en la masa con una sonrisa.

La verdad es que, ha decidido hornear muchos pastelitos y solo llevar los mejores en sabor y estética. Siempre ha cocinado para su familia, pero esta vez es... totalmente diferente. Rose siente un cosquilleo en el estómago cada vez que su mente repite la imagen de Scorpius pidiéndole que prepare pastelitos de nuevo.

Se ha encontrado soñando despierta en clase hasta en la cocina, si no fuera por Bitty se le hubieran quemado gran parte de los pastelitos.

-Últimamente Rose se encuentra muy pensativa -comenta Bitty con cierto aire de curiosidad mientras ambas envuelven los pastelitos en bolsas transparentes.

-Estoy igual que siempre Bitty -dice con una sonrisa y comienza a tararear aquella dulce canción de siempre, haciendo a los elfos suspirar.

-¿Es la única canción que sabe esta niña? -escucha a unos de los elfos mientras sale de la cocina.

-A mí me gusta esa canción -la defiende Bitty, haciéndola reír.

ooOoo

-Rose está de un increíble buen humor -dice Lily con una sonrisa pícara en el desayuno.

-¿Vas a decirnos por qué tienes esa sonrisa en el rostro? -le pregunta Roxanne.

Rose ve como Dominique le guiña un ojo desde lejos, todavía no le ha contado nada sobre su acuerdo de estudios con Scorpius, pero sabe que ni siquiera tiene que decírselo, ella lo deduce todo.

-Estoy igual que siempre... -carraspea la chica pasándose una mano por los rizos rebeldes.

James y Fred se sientan en la mesa. El ojiverde la mira mientras muerde una manzana.

-Yo también me pregunto porque estás tan feliz Rose, la temporada de Quidditch todavía no ha comenzado, y por lo que sé no te está yendo muy bien en las materias. Entonces, ¿qué es lo que te tiene así? -insiste su primo.

Rose se muerde la lengua, claro que en su mente la primera opción que aparece es lanzarse sobre la mesa y ahorcarlo hasta que se quede sin aire, pero McGonagall está sentada en la mesa de profesores, y otro castigo mas no se puede permitir.

Además, Scorpius también está cerca, desayunando pasivamente con un pequeño libro en sus manos, no quiere romper esa atmosfera tan... perfecta.

Así que, para sorpresa de todos, Rose vuelve a dar su mejor sonrisa.

-Hagrid me dijo que hoy traerán de vuelta a BuckBeak, parece que solo era una enfermedad pasajera -les comenta a todos, y en parte es cierto, ayer por la tarde había visitado a Hagrid y le había dado las noticias.

-Eso es genial -exclama Lily -, tenemos que ir a visitarlo cuando regrese... hace tanto tiempo que no lo veo...

La expresión de James parece relajarse.

-Me parece bien, podríamos organizarnos para ir a verlo -se levanta de la mesa y mira hacia la dirección de Scorpius.

No, no lo digas. Cállate, cállate piensa Rose desesperada, deseando que James no le robe ese momento de suma tranquilidad al rubio.

-Después de todo... es el hipogrifo que lesionó a tu padre, ¿o no Malfoy? -exclama haciendo que bastantes alumnos suelten una carcajada -¡Voy a morir! ¡Voy a morir! -chilla tomándose el brazo imitando a Draco, como hacía Ron siempre en las cenas familiares. Más carcajadas.

Rose quiere que la trague el mundo, ¿por qué su familia tiene que ser así?

Nota como Scorpius suspira, pero aun así, no levanta la mirada de su libro y pasa de página.

-Señor Potter acompáñeme unos minutos -dice McGonagall colocando una mano en su hombro. Rose sonríe sin poder evitarlo, ¡por fin justicia!

-¿Otra vez va a ser castigado? A papá no le va a gustar eso -suspira Lily -, James también va a tener problemas en casa por ello, asique Rose, puedes dormir en paz esta noche.

La pelirroja ensancha su sonrisa, y podría hasta jurar que en un milisegundo la comisura de la boca de Scorpius también se ha levantado.

ooOoo

Rose camina por el borde del lago, el frío es casi glacial, lleva la bufanda con los colores de Gryffindor y unos guantes que gracias a un hechizo logran mantener calentitas sus manos. A causa del frío, el lugar está vacío, y aquello es justamente lo que Scorpius y ella buscan. Un lugar tranquilo para estudiar sin que nadie los moleste.

El día anterior por la mañana, en la clase de DCAO había encontrado un pequeño papel en su asiento de siempre, en el cual, el rubio le había escrito que la esperaba esta tarde en el lago y que llevara sus libros.

Decir que se había emocionado era poco, Rose había estado esperando con ansias que llegara el día y la hora acordada.

-Aquí Rose.

Aquella suave voz la saca de sus pensamientos, la pelirroja mira a su izquierda y ve a Scorpius allí, sentado sobre el tronco de un árbol caído. El verde húmedo y oscuro de su alrededor hacen que sus ojos resalten aún más.

-Hola -lo saluda mientras se acerca, todavía sigue preguntándose si es un sueño.

-¿Trajiste tu libro de Pociones? -le pregunta cuando se sienta junto a él.

La pelirroja asiente mientras saca el suyo.

Por primera vez, Pociones le parece una materia alucinante, ya que cada vez que Scorpius le explica algo que no entiende lo dice con tanta claridad y suavidad que le parece adorable.

-¿Entiendes? Es la primera vez que le explico algo a alguien -dice pasándose una mano por detrás del cuello, en un gesto que es sumamente dulce para Rose.

Ella le sonríe.

-Sí, lo he entendido todo.

-Espero que sea verdad -dice tomando un papel y una pluma -, porque te tomaré un examen de todo esto.

-¿Q-qué? ¡¿Un examen?! ¡¿Ahora?! -chilla sorprendida haciéndolo sonreír.

-Si me has escuchado como dices, con eso bastará.

Después de unos minutos, Scorpius le tiende el papel, allí Rose puede observar varias preguntas, su letra es tan prolija y perfecta que la pelirroja cuando comienza a escribir se siente mal con la suya tan grotesca.

Apenas puede escribir una oración, siente ese bloqueo mental en la cabeza que siempre le ocurre cuando tiene los zapatos puestos. Mira de reojo a Scorpius, él está leyendo el mismo libro que hoy en el Comedor, se ve tan sereno que la pelirroja no se atreve a hablar.

Vuelve su mirada a la hoja, siente los pies atrapados en aquellos zapatos, se muerde el labio, se mueve inquieta, se rasca la cabeza...

-Puedes sacarte los zapatos si quieres -dice de repente Scorpius sin siquiera levantar su mirada del libro.

-Gracias... -musita ella, y con un movimiento se saca los zapatos dejando que estos caigan en el césped junto con sus medias.

Rose suelta un suspiro de alivio y estira sus pies descalzos ahora ya relajada. Toma la hoja y durante unos cuarenta minutos se dedica a escribir sin parar.

La pelirroja no se percata de ello, pero Scorpius varias veces levanta su mirada del libro y la observa, tiene que morderse los labios para no soltar una carcajada cada vez que la ve arrugar la nariz o fruncir el ceño cuando está muy concentrada, y eso no es todo, Rose tiene la particularidad de mover extrañamente los deditos del pie.

Al principio se había sorprendido con tal extrañeza, pero luego se había encontrado observándolos más de lo que debería...

-¡Listo! -exclama Rose haciéndolo saltar y ruborizar, pero ella parece no haberse dado cuenta.

Scorpius toma la hoja y por unos minutos corrige todo muy concentrado, aunque muchas veces tiene que pedirle que le diga que dice allí.

-Tu letra es espantosa -suspira -, aunque no me sorprende.

-Y tu letra es demasiado prolija -dice, pero no hay rencor en su voz, solo curiosidad -, ¿cómo puedes escribir así?

Scorpius levanta la mirada y se encuentra con aquellos grandes ojos azules. Rose tiene el cabello pelirrojo atado a una coleta pero un par de risos rebeldes se escapan de esta cayendo dulcemente en sus mejillas.

Al pensar aquello, el rubio se enoja consigo mismo y aparta la mirada.

-Cuando era pequeño mi padre me obligaba a sentarme por horas en su escritorio para practicar mi caligrafía -confiesa -, hasta que logré lo que él quería.

Rose se sorprende, ¿tan exigente solía ser su padre?

-Oh... vaya... ¿en las... en las vacaciones también? -se atreve a preguntar.

Otro suspiro de parte de él.

-Sí.

Scorpius continúa corrigiendo, Rose se queda pensando en ello, se lo imagina de pequeño en verano encerrado en el despacho de su padre, luego piensa en sus vacaciones, su madre solía ser un poco exigente con el estudio pero nunca la había hecho hacer tal cosa... cada verano toda la familia se reunía en la Madriguera, y ella y sus primos solían ir al pequeño lago que había cerca, la pasaban tan bien que sus padres tenían que ir a buscarlos para que volvieran a cenar.

Siente pena por Scorpius, siendo hijo único, e hijo de un mortífago... ¿algún día tuvo la oportunidad de jugar con un niño de su edad? Rose duda mucho eso.

-Veo que entendiste todo -dice el rubio sacándola completamente de sus pensamientos.

La pelirroja lo mira sorprendida e ilusionada.

-¿De verdad?

-Sí. Sabes... me pregunto si tus malas calificaciones se deben a eso... -comenta curioso mirando sus pies descalzos -, cada vez que estás en clases tienes los zapatos puestos...

Rose lo mira con una sonrisa, es la primera vez que Scorpius se ve tan curioso y confuso por algo. Aquel brillo cómplice en sus ojos grises le parece divertido.

-El profesor nunca dejará que me saque los zapatos, un día lo hice y me gané un castigo por ello -dice la pelirroja suspirando.

-Podría... -Scorpius mira hacia otro lado y se ríe, de una forma tan melodiosa que deja a Rose aturdida por un momento.

-¿Podría...?

Él la vuelve a mirar, sin borrar esa sonrisa.

-Podría hacer un encantamiento. Nunca lo he practicado pero he leído sobre él... podría hacer que todos a simple vista vieran que tienes zapatos puestos pero en realidad no -suelta emocionado dejándola con la boca abierta.

Al ver su expresión Scorpius borra inmediatamente su sonrisa y carraspea.

-Claro, iría contra las reglas... no deberíamos...

-¡¿Qué?! ¡Me ha encantado tu idea! -grita la pelirroja tan fuerte que lo hace sobresaltar -¡Es increíble!

En aquel grito Rose ha puesto sin pensarlo sus manos en sus hombros. Al darse cuenta, ella se ruboriza de pies a cabeza y lo suelta rápidamente.

-Podríamos... podríamos hacerlo... claro si estás dispuesto al... riesgo -dice la leona tan bajito que apenas la escucha.

-Si lo hacemos tiene que hacerse perfecto... nunca me han mandado a la Sala de Castigos y no quiero que lo hagan nunca.

Rose recuerda los pastelitos, con cierta timidez, abre su bolso y saca de allí una bolsita donde los tiene a todos juntos.

Scorpius se sorprende al ver aquello, pero intenta mantener neutral su expresión. Aunque cuando Rose le tiende uno, no puede evitar un ligero rubor en sus mejillas.

-Espero que los haya hecho tan delicioso como la otra vez -musita ella mirando su pastelito entre sus manos.

Scorpius se lleva el suyo a la boca, el sabor dulce y mágico invaden su boca, haciéndolo suspirar de placer. El sabor se siente aún mejor que la anterior vez, el rubio nunca ha probado algo tan delicioso, y eso que en casa tiene a los mejores elfos.

-Si el sabor es feo puedes tirarlo... -dice Rose rápidamente al escuchar aquel suspiro, su rostro está tan rojo como su cabello.

-¿Qué? ¡No! -exclama Scorpius al darse cuenta de que ha gritado se siente avergonzado -Es decir... está... está delicioso... de verdad...

A Rose se le escapa una sonrisa ante aquello, clava su mirada en sus pies descalzos y se anima a probar el suyo, ha comido tantos pastelillos en su vida que ya le cuesta identificar si está bueno o no, pero decide confiar en su compañero.

Comen en silencio el resto de los pastelitos, lo único que se escucha es el sonido de los árboles cada vez que el viento sopla.

Y con cada minuto que transcurre la pelirroja se pone más nerviosa. Casi parece una cita lo que están teniendo, puede imaginarse la horda de rumores que podían despertar en el colegio si los vieran de esa manera, comiendo, juntos, frente al lago...

A su padre le daría un infarto.

El sol comienza a esconderse marcando el final de aquel encuentro.

Ambos comienzan a caminar hacia el castillo, mientras el cielo se tiñe de un color rosa y anaranjado. Los dos magos ya están preparados para despedirse, hasta que pasan cerca de la casa de Hagrid y Rose ve a BuckBeak atado allí mirándola con esos misteriosos ojos oscuros.

La pelirroja suelta los zapatos que lleva en las manos y corre descalza hacia la criatura, olvidándose por completo de la presencia de Scorpius. Le da un dulce abrazo al hipogrifo y este le picotea suavemente la cabeza en respuesta.

-¡Rose! -exclama Hagrid saliendo de su casa -¿Lo ves? ¡Yo te dije! ¡Volvió sano y salvo!

El guardabosque de repente borra su sonrisa al ver al hijo de Draco Malfoy allí. Rose recuerda su presencia y gira hacia él.

-¿Quieres... quieres tocarlo? Es inofensivo si... -comienza la pelirroja pero Scorpius niega con la cabeza, sintiéndose algo incómodo.

-Tengo que estudiar. Te hablaré luego para organizar lo de los zapatos, ¿de acuerdo?

La pelirroja asiente y observa como el rubio se aleja.

-Rose... ¿crees que le dirá algo a su padre? -murmura Hagrid algo asustado.

-No, él es... diferente Hagrid -suspira Rose, algo triste, porque Scorpius sea donde sea lleva la marca de su padre prácticamente pintada en la cara -, él es un buen chico...

El guardabosque le despeina el cabello.

-Si tú lo dices Rosie te creo... ¿quieres ayudar a alimentarlo? -le pregunta y BuckBeak aletea sus alas emocionado.