Jueves, 01 de octubre de 2015.

Hola, hola a todos ustedes mis lindos niños y niñas; aunque como siempre mis lindos saludos van mas que todo para Ana y Sunev :D ¡Gracias niñas! Muchas gracias y bueno, para ti Ana, see ;) jajajaja, ese pervertido de Cristobadican, ¡es un sexo adicto! jajaja, pero bueno, eso es problema de él. Y a ti Sunev, pues como tú tienes cuenta nos hablamos por PM pero gracias también por el apoyo. Eres de verdad tan amable como Ana.

Los dejo con el shot de hoy. Besos y abrazos. Nos leemos después.


Ulquiorra y Nelliel, shot romántico.

Hola, hola mis divertidos juguetes sexuales y les diré. Pues los que aún siguen el "fic" (risa) saben que Cristobadican es el que más shots me pide y aunque a mí me gusta mucho escribir para él, hoy no será así. Espero no te moleste Cristobadican lindo pero Eduardo me comentó por primera vez y me gustaría hacer su shot antes que el tuyo. ¿No te molesta verdad? Sé que no y como tú eres tan hentai como yo, (risa loca) sé que no te molestará leer este lemon antes que otro de los tuyos, el de Soi Fonf y Toshiro.

Pasando ahora a otro asunto...muchas gracias lindo Eduardo por haber leído y haber comentado, te lo agradezco de todo corazón. Esto no solo va para ti amable y dulce lector, va también para todos los que han leído hasta aquí y sin importar si han comentado o no, espero les haya gustado y les guste hasta el final. Yo escribo con mucho amor para ustedes y espero de verdad poderles sacar una que otra risa o al menos despertarles alguna emoción.

Y bueno mis amores para darle paso al shot, la cosa es así.

Eduardo me dice: "...no sé, creo que los polos opuestos se atraen..." y yo creo mis lectores lemon que tiene razón. Por eso y porque suena divertido, les contaré.

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Hace mucho tiempo en la solitaria, fría y aburrida "las noches" Nelliel deambulaba por el aquel desierto en donde ella no lo sabía pero más adelante, encontraría los mejores amigos que jamás soñó con tener y que tendría. Caminando sin un rumbo fijo y con la mirada perdida, solo había una sola cosa en sus pensamientos; es decir, un espada que le quitaba el sueño.

— Ulquiorra...eres tan lindo, como me gustas.

Nelliel (esta Nelliel mis amores, pues Eduardo lo pidió romántico) era una espada muy diferente a sus demás compañeros, ella no era tan agresiva ni tan fría. Ella aunque nadie lo creyera después de verla pelear con cualquier espada o quien fuera, no era como los demás. Nelliel era muy dulce como después lo dejo ver mientras acompaño a Ichigo por todas "las noches" y si, si mis queridos niños adictos al lemon como yo, estaba muy enamorada de Ulquiorra; pues en ese momento y mientras caminaba, no pudo evitar recordar con que valentía y seriedad Ulquiorra se enfrentó a Nnoitra por ayudarla. Eso la había dejado flechada.

Flashback...

— ¡Quítate Cifer! ¡Que te quites! ¡Mi problema es con esa maldita perra que se cree mejor que yo! ¡No contigo!

— Esa no es suficiente razón, Nnoitra. — Respondió Ulquiorra tan impasible como siempre mientras que con un solo dedo, detenía el ataque de su espada.

— ¡Que te quites o a ti también te mataré! ¡Quítate! ¡Lo que más deseo en este mundo es acabar con esa perra! ¡Maldita perra!

— ¡Ya no mas Nnoitra, ya déjame en paz!— Exclamó una golpeada Nelliel con dolor. Estaba cansada de pelear con ese imbécil— ¡No más por favor! pero es que dime, ¡¿qué es lo que te he hecho ah?! ¡¿Qué?!

Ulquiorra que de verdad se podría considerar un caballero y nunca atacaba mujeres, empujo más fuertemente la espada de Nnoitra que lo amenazaba y se preparó para luchar. Pensando que ese pobre diablo era más bajo y más ruin de lo que pensaba, sonreía internamente al pensar que podría darle su merecido.

Ulquiorra no tenía noción de la galantería, la coquetería o técnicas de seducción pero lo que si sabía, es que eso que había hecho ese idiota con Nelliel no se hacía. Verla toda golpeada y tumbada en el piso con algo de sangre por los ataques que había recibido, solo era una muestra de la cobardía y maldad de ese que se hacía llamar muy orgullosamente un espada. Feliz porque le partiría la cara y muy probablemente lo mataría como se moría por hacerlo, ni él, ni Nnoitra ni mucho menos Nelliel, tenían idea de quien llegaría después de que Ulquiorra le arrojó un poderoso cero a ese idiota en un rápido movimiento y con una sola mano.

Nnoitra esquivo el ataque pero alcanzando a herirle una mejilla, la voz que escuchó tras él hizo que se detuviera en seco.

— Vaya, hasta que por fin los encuentro.

— ¿Un shinigami en hueco mundo?— Extendió su mano Ulquiorra mientras empezaba a acercársele— ¿Quién es usted y que hace aquí?

— Soy Aizen y ellos son Gin y Kaname.

Contestó muy sonriente y señalo a sus ayudantes.

— Tranquilo, baja esa mano. No vengo a matarlos sino todo lo contrario, he venido a ayudarlos.

¿Quién será ese tipo y que querrá aquí?— Pensó Nelliel tras Ulquiorra que aún estaba a la defensiva— Ah pero eso no importa, que lindo lo que hizo Ulquiorra por mí. ¡Divino! Ay sí, es tan lindo...

Fin flashback...

Reviviendo aquellas agradables sensaciones que sintió al sentirse tan protegida y respetada por ese fuerte espada que no sonreía ni hablaba aunque lo obligaran, de pronto se encontró con él y aunque nadie lo creyera, era el único dueño de su amor y de su corazón. Se encontró de frente con Ulquiorra pero no, estoy en un error. No se lo encontró, más bien lo chocó.

— Oye, ten más cuidado Nelliel Por algo eres la espada número tres. Que cabeza tan dura.

— Eh, yo, este yo, — dijo completamente apenada y sin poder mirarlo a la cara—lo siento mucho. ¿Acaso te lastimé? No veía por donde iba y pues...

— Sí, eso se nota pero no. — Trató de mirarla aunque ella lo esquivaba—Se necesita más que tu dura cabeza Nelliel para lastimarme. Estas lejos de siquiera hacerme cosquillas, mujer.

Sonriendo ante su prepotencia y soberbia, finalmente lo miró y obvio nadie me creería pero se los juro. ¡Se ruborizó! Ella estaba tan enamorada de Ulquiorra que su sola presencia; además de su exquisito aroma que provenía de aquella chaqueta que estaba más abierta de lo que hubiera querido, la estremecía. Sentía mientras ya no podía quitarle la mirada a esos bellos ojos verdes que siempre se veían tan fríos y tan secos, tan helados y tan inexpresivos, que se sumergía en ellos. Ella sentía más que gusto por él y por eso y porque no podía quitarle la mirada, lo que dijo solo fue el reflejo de sus sentimientos y nada más que eso.

Suspiró y se le salió algo que no quería que se escuchara jamás.

— Te quiero Ulquiorra. Eres tan lindo...

— ¿Qué? ¿Que yo soy qué Nelliel?—Le preguntó igual de serio que siempre y algo confundido— ¿Qué es lo que acabas de decir?

— ¡Ay no! ¿Lo dije en voz alta? Cuanto lo siento. Yo no quería que tú...

Ulquiorra no sabía ni tenía idea de nada de lo que era el romance, la pasión, la lujuria o si quiera el amor pero algo curioso por saber si lo que producía ese sonrojamiento tan extraño en las mejillas de Nelliel era él, su sola presencia, uso un paso rápido y se acercó a ella. Tomándola completamente desprevenida y por la cintura, la miró fijamente a los ojos y le preguntó una y una sola cosa.

— ¿Qué es lo que quieres de mi Nelliel?

— Todo, todo Ulquiorra.

Nelliel se rindió a sus deseos, a sus sentimientos, a su deliciosa cercanía y lo besó. Entrelazó tímidamente sus manos al cuello y lo besó con ternura, con suavidad, con mucha dulzura. Aunque al principio no obtuvo respuesta (pues Ulquiorra no sabía lo que hacía) luego se alegró porque él no solo correspondió a su beso y empezó a acariciarla como ella quería, también entrelazó su lengua con la suya y eso, era toda una maravilla.

Halándole suavemente el negro cabello y muy caliente ante sus besos, le pidió que se lo hiciera.

— ¿Qué te haga qué?

— ¿Me vas a obligar a decírtelo de nuevo Ulquiorra?

— Sí, claro que sí.

Tomándola fuertemente y de un suave salto que dio, llegó con ella a la que era su habitación. Ulquiorra no sabía mucho de esas cosas pero siguiendo los consejos que no solo Aizen le dio aquella vez, la llevó hasta su habitación y la encerró. Queriendo comprobar si su muy querido Aizen-sama tenía razón, la tumbó sobre aquella suave cama y se hizo sobre ella.

Subiendo una de sus frías manos por una pierna, se detuvo antes de llegar a sus caderas.

— Ah sí, oh si Ulquiorra mas. Tócame más por favor.

Sin detenerse porque tenía su total aprobación, subió más esa fría mano por todo su abdomen y llegó hasta donde quería llegar desde el inicio. A uno de sus grandes y suaves senos. Apretándoselo con algo de fuerza mientras no le podía quitar la mirada, se reía mentalmente de todo lo que pasaba.

No se reía de su posición ni tener a una sonriente y excitada Nelliel bajo el pidiéndole atención, se reía de recordar a Aizen explicándole lo que estaba haciendo y lo que más risa le daba, era que tuviera razón. Que tonto y lento había sido hasta ese momento, pensó.

Aizen-sama, Aizen-sama, tenía usted toda la razón. Esto en verdad es mucho más divertido y emocionante que agarrarse a golpes con cualquier espada. Es mucho mejor.

—Ulquiorra, oh Ulquiorra te quiero, te quiero tanto mi amor. Ah sí, ah...

Sin dejar de besarla por todo el cuello y sobre ella, prosiguió a hacer lo que Aizen y Gin le habían mostrado en aquel video aquella vez.

Bajándole el ajustado traje de espada a Nelliel por el pecho y dejando sus senos completamente descubiertos, se inclinó aun sobre ella y con mucha ansiedad y necesidad (aunque su rostro no reflejaba ninguna emoción como si lo estaba haciendo su pantalón) se llevó un erizado seno a la fría boca. Chupándolo y haciéndolo muy lentamente, la estaba haciendo ver el cielo.

— Oh, ah, oh sí Ulquiorra. Es como siempre soñé que seria. Ah...

Succionándole uno para después pasar al otro, la escuchaba gemir y gritar de emoción.

Sintiendo un extraño calor emanar de ella que luego lo cobijo, paró de succionar sus erizados pezones sonrojados y pasó a hacer lo que había visto y le habían enseñado. A descender para quedar en medio de sus piernas y quitarle el interior para humedecerla.

— ¡Ah Ulquiorra, oh mi amor!

Gritando y gritando con todas sus fuerzas cuando Ulquiorra le destrozó aquel blanco interior y se hizo en medio de sus piernas, no era consciente de lo alto que gritaba y gemía por estar sintiendo su fría lengua atenderla. Halándole con pasión el ya muy desordenado cabello por todas sus caricias, reía, disfrutaba de su lengua recorrerla y gemía y gemía, gemía y gemía de puro gusto y alegría.

— Oh Ulquiorra, oh si Ulquiorra. Que delicia mi amor, que delicia mi vida...

Teniéndolo bajo ella saboreando de todos sus fluidos, no pudo contenerlo más cuando después de un poco más de cinco minutos de recibir tan deliciosa y hábil atención, se corrió y se corrió entre risas de satisfacción.

Feliz, jadeante y llena de dicha, lo miró muy sonriente y le rogó que lo hiciera. Le dijo sin dejar de verlo a los impasibles y serios ojos que tanto le gustaban que se lo metiera.

— ¿Entonces eso quiere decir que ya estas lista?

— Oh si cariño. —Lo tocó por las manos y lo haló hacia ella— Muy lista mi amor, mi Ulquiorra.

Y tomándolo en una mano para introducirse por primera vez en la tibia intimidad de una mujer, Ulquiorra estaba inocente mientras se hundía lentamente en ella, de que esa también era la primera vez para ella. Completamente dentro de ella y sintiéndose de maravilla, pronto empezó a moverse con algo de rapidez.

— Oh, ah, oh si Ulquiorra ummmm, oh Ulquiorra mi amor, ah...

— ¿Te gusta? ¿Así está bien?— Le preguntó muy serio mientras no dejaba de embestirla— Dime, ¿esto es suficiente o hay algo más que quieras y que yo deba hacer?

— Bésame, bésame mientras lo haces y bésame otra vez por favor mi amor.

Apoyando el peso de su cuerpo sobre aquel cómodo colchón que los estaba recibiendo, cayó completamente sobre el sudado y excitado cuerpo de Nelliel para hacer lo que esta le había pedido con tanto amor, con todo su amor. Cayó sobre ella y sin dejar de besarla y recibir sus ahogados gemidos sobre su boca que lo besaba como si no fuera a haber un mañana, disfrutaba de las fuertes caricias que ella le daba en la espalda.

En una perfecta unión de cuerpos se encontraban estos dos poderosos espadas que, era una casualidad, se seguían. El serio y muy siempre Ulquiorra era el número cuatro pero ella era el número tres. Un número que Ulquiorra muy pronto iba a conocer pero no porque la iba a girar sobre esa cama y la iba a tomar también de esa forma, no, no por eso. Era porque ese era el número de veces que ella se iba a correr con su poderoso y muy sabroso miembro dentro de ella.

Como estaba a punto de suceder luego de muchas embestidas y besos con lengua.

— Mas, mas, mas Ulquiorra mi amor. No dejes de moverte que yo, yo, yo ah sí, ¡sí!

Dilatándose sus pupilas del susto porque hasta donde recordaba que le habían enseñado hacer correr a una mujer era muy difícil, no dejó de moverse con rapidez sobre ella e involuntariamente y aunque él no quería ceder, no pudo evitarlo. Al sentirla tan caliente, tan excitada y tan feliz entregándose a él, se entregó al igual que ella a todo lo que su calor le había provocado. Llegó por primera vez en su vida a un sensacional orgasmo y de inmediato se hizo adicto a esa agradable sensación de placer.

Al desparramarse largamente dentro de ella y dejarla muy contenta, salió y mirándola como si en vez de pedirle algo la estuviera fuera regañando, le pidió permiso para hacérselo de nuevo.

— Más Ulquiorra, si quieres más, mucho más te doy mi amor.

Saltando de emoción pero en su interior por su afirmativa respuesta, la tomó por las caderas y la giró sobre la cama. Pidiéndole que se arrodillara y levantara el gran trasero, se acomodó tras ella y se detuvo un momento a apreciar la belleza de su marcada espalda pero más que nada, de su imponente tatuaje. Viendo con algo de disgusto que ella era superior a él y que aquella vez había estado de más que él la hubiera defendido, lo tomó en su mano y se preparó para penetrarla otra vez.

Ya dentro de ella y sin dejar de moverse...

— Oh Ulquiorra, oh si, si, como me gustas. Como me está gustando todo lo que me has hecho y todo lo que me haces mi amor...

— Eso, esta, muy, bien.— Le contestó jadeando porque aunque ustedes no lo crean, estaba prendido de sus caderas dándole con todas sus fuerzas.

— ¡Ah si Ulquiorra mi amor! ¡Ulquiorra!

Satisfecho por escucharla gritar y gemir, se alegraba de estarlo haciendo bien; pues no quería seguir siendo la burla ni de Kaname ni de Gin.

Penetrándola con todas sus fuerzas y disfrutando de su aroma, de sus quejidos, de sus gemidos y de todo lo que hacía y le decía mientras el muy hábilmente la hacía suya, no se aguantó y llevando sus frías y diestras manos hasta su pecho, la haló con suavidad al suyo. Quería besar su espalda y hablarle al oído para hacer que se excitara más de lo que ya estaba. No sabía cuánto tiempo más iba a poder resistirlo y quería hacerla llegar primero que él.

Teniéndola completamente cerca de él, le corrió el largo y verde cabello que tanto le gustaba para darle un beso. Un beso algo diferente al de antes. Un beso ya no tan apasionado sino uno más tierno, más de enamorados.

— Ummmm ah, oh Ulquiorra, oh mi amor...

— ¿Te podrías acostar de frente de nuevo? Quiero verte a los ojos mientras lo haces otra vez.

— Sí, sí, lo que digas mi amor. — Sonrió y saliendo de él, se giró y se acostó en la cama para quedar frente a él— Todo lo que tú quieras mi frio Ulquiorra.

Flexionando las piernas sobre la cama y recibiéndolo una vez más, volvía a sentirse de maravilla. Así él no expresara nada ni con sus ojos ni con su boca; sin poder ver en su rostro lo que ella sentía al estar así con él, lo sabía y además lo sentía. Podía sentir mientras entrelazaban sus manos en un símbolo de amor y pasión; de entrega total y des comprometida, que él sentía lo mismo que ella. Que se sentía de maravilla.

Lo sabía porque su caliente y viscosa esperma, la llenó con mucha más fuerza que la primera vez.

— Oh si, así Ulquiorra mi amor. ¡Así amor, así!

Luego de haberle dado rienda suelta a toda su pasión escondida y que no tenía ni idea que tenía, se quedó junto a ella viéndola sonreír. Para nada cansado pero prefiriendo dejarla descansar, decidió quedarse unos minutos con ella hasta que se durmiera para poder salir e irse. Aizen y sobre todo Gin, habían sido muy enfáticos al haberle dado ese consejo.

"Nunca, nunca se vista y salga corriendo después de coger a una mujer. ¡Ni se le ocurra marica!"

"Si Ulquiorra, Gin tiene razón. Las mujeres son muy sensibles y les enoja que uno las coja y luego las deje tiradas en una cama como si nada hubiera pasado; como si a uno le hubiera valido mierda haberse acostado con ellas. Usted acaba, le da un besito bien tierno y luego prestándole su pecho como si de una almohada se tratara, espera a que se duerma y luego si se va. Créame, le estamos ahorrando un problema"

No pues si ellos lo dijeron… — pensó mientras la tenía completamente desnuda y sobre su pecho— por algo es. Bueno pero pensándolo bien, no es tan malo estar así. Qué bonita se ve así también, muy bonita.

Más cómodo con su compañía y decidido a quedarse ahí, no contaba con lo que iba a ocurrir.

Ulquiorra, Ulquiorra, ¿estás ahí? Necesito que vengas un momento por favor.

— Un momento Aizen-sama. Deme un momento por favor.

Ulquiorra estaba muy cómodo acostado con el hermoso y muy bien formado cuerpo de Nelliel sobre su pecho pero removiéndose un poco y con eso despertando por completo a una adormilada Nelliel, se dispuso a levantarse para vestirse y luego ir con el impertinente y metido de Aizen.

Sorprendido con lo que escuchó, se giró y la miró después de recoger su poca ropa del suelo.

— ¿Te vas?

— Aizen-sama me necesita Nelliel. — Respondió al tiempo que se vestía.

— Oye pero, ¿puedes volver después de que te desocupes? Haberlo hecho contigo fue delicioso mi amor pero más rico es, dormir sobre tu pecho. ¿Te gustaría volver o no?

Ulquiorra no dijo nada, pues no debemos olvidar que era el espada más frio de todos los espadas que hayamos conocido. En cambio, acercándose hasta la cama en donde ya Nelliel estaba sentada cubriendo su bella desnudez con una cobija blanca, la tomó por la barbilla y la besó. Luego se levantó y mientras abría la puerta, asintió con la cabeza y con eso ella quedó más feliz que cuando se corrió y se corrió gracias a todas las habilidades de este bello e irresistible espada. Volviendo a acostarse y abrazando una suave almohada, suspiró su nombre con el mismo gusto de siempre. Con todo su amor.

—Ulquiorra, oh Ulquiorra mi amor, que rico todo lo que pasó entre nosotros hoy. Delicioso mi amor.

Y se acabó el shot mis amores. Esa noche Ulquiorra fue a Karakura a conseguirle unas botellas de whisky y unas nenas que Aizen necesitaba para distraerse porque estaba cansado de acostarse con arrancars. Esa noche quería cambiar. Pero luego de cumplir a cabalidad con la orden que Aizen le había dado; es decir, con el favor que le había pedido porque Aizen se las daba de bueno y dijo que nunca los obligó a nada, volvió a la habitación con ella, con Nelliel.

Desvistiéndose y acostándose a su lado, la abrazó con fuerza y respiró de su singular olor a fruta fresca y durmió junto a ella como nunca antes había dormido. Sin saber que al otro día el idiota de Nnoitra la golpearía tan fuerte en la cabeza que eso le produciría amnesia y la alejaría, si se puede ser algo dramático, para siempre de él, durmió sin saber nada de lo que pasaría. Inocente de lo que ocurriría y sin saber que no volvería a tener sexo hasta que apareciera Orihime en "las noches" disfrutó el tiempo que pudo de su agradable calor y su dulce compañía. De verdad le había gustado acostarse con ella y haber dormido junto a su cálido cuerpo toda esa noche, toda esa noche junto a ella.