CHP XIV

Dale bajó las escaleras recogiendo la camiseta que la noche anterior había quedado olvidada en la barandilla de madera. Cruzó la esquina de la sala con ella en la mano, poniéndosela antes de llegar a la cocina. Al entrar, decidido hacer una cafetera para dos, se detuvo por unos segundos viendo a su futura mujer – algún día se lo pediría – sentada en uno de los dos taburetes situados debajo de la barra americana, con la agenda abierta delante de ella y la mirada suspendida en la nada, aunque a simple vista pareciese estar concentrada en sus anotaciones.

Entró dando los buenos días y al no escuchar una respuesta se acercó colocando sus manos en sus hombros, besándola en la mejilla.

- Te escuche bajar... - dijo, apoyándose en su pecho.

Permaneciendo a su lado, abrazados, centró la mirada en las anotaciones que tenía para aquel domingo ocho de abril. Tachado en rojo se podía leer "comida familiar" junto a "Pospuesta. No data" entre paréntesis. A continuación en letra mayúsculas y subrayado en rotulador amarillo fluorescente leyó: Quedada Ricky. 7PM. High Line.

- ¿Todo bien?

- Todo bien.

Julia hizo girar el taburete hasta quedar frente a él. Se apoyó en sus brazos y le besó.

- ¡De verdad! – remarcó, dejando entrever una sonrisa.

- Tus ojos dicen lo contrario. - repuso.

- ¿Y qué dicen mis ojos según usted Sr. Barbara?

- Dicen... - dudó – que vas a echar de menos a alguien del género masculino que no soy yo.

- ¡Oh! ¿Y eso te preocupa? - frunció el ceño divertida.

- Para nada. - repuso besando su frente - ¿Café?

- En otras palabras: estás celoso.

Cerró su agenda.

Bajó del taburete y se acercó a Dale observando cómo preparaba ambos cafés, a la espera de algo más. Él le devolvió la mirada entreviendo una sonrisa incontrolada.

- No voy admitir que estoy celoso cuando no lo estoy, si eso es lo que estás esperando que haga... - le entregó una taza de porcelana blanca con una mariposa monarca en ella.

- Sólo esperaba mi café... – confesó sin más – Me voy arriba.

- Srta Shumway...

Ella retrocedió con la taza en las manos, soplando.

Dale se acercó a la barra alcanzando la agenda.

- Te quiero – dijo tras besarle para que se la devolviese.

- Te quiero – cedió besándola de nuevo.

- Por supuesto que me quieres... – sonrió orgullosa dándole la espalda. Alejándose escaleras arriba sin dejar de soplar aquel café que parecía no querer enfriarse y ella tanto necesitaba.

...

Hacia una tarde cálida, agradable. Una de esas en las que quedarse en casa podría considerarse un delito.

Julia se despidió de su chico en el cruce entre la 10th Ave y la calle West 16th. Era temprano, su reloj marcaba las 18:45, pero le apetecía dar un paseo a solas antes de encontrarse con Richard.

...

Sonia mantuvo a su hija entretenida mientras Rick salía de la habitación a toda prisa. Llegaba tarde.

Salió del taxi dirigiéndose al acceso de la calle West 30th marcando el número de Julia a través de la marcación rápida del teléfono.

- Voy a tener que enseñarte tarjeta roja – respondió eludiendo el saludo previo.

- Lo sé, lo sé..., no tengo excusa. ¿Dónde estás?

- En la zona ajardinada y la grada de madera.

- Estoy cerca. No te muevas – colgó.

Julia se quedó mirando la pantalla del teléfono y sonrió. Empezaba a acostumbrarse a que le colgase antes de dejarla hablar.

- ¿Cómo estás pelirroja?

Richard se acercó a la carrera chocando con ella al sentarse a su lado. Besó su mejilla.

- ¿Disculpa? - le observó con una ceja levantada y el ceño fruncido.

- ¿Qué pasa? ¡Oh! - cayó en la cuenta – Perdona, no debería haberte llamado...

- No, no, no... No me molesta. Creo... Me ha sorprendido que me llamaras así.

- Seguro que alguien te habrá llamado por tu color de pelo más de una vez...

- No... Nadie excepto Dale. En realidad así fue como nos conocimos... - se sonrojó al recordarlo.

- Suena interesante... ¿Cómo fue?

- ¡Olvídalo!

- ¡Vamos! Yo puedo contarte como conocí a Sonia.

Julia permaneció en silencio, observándole.

- ¿Y ahora qué he dicho?

- ¿Damos un paseo?

Ambos se levantaron caminando en dirección a la W 19th.

- ¿Puedo serte sincera?

- ¡Claro!

- Te noto distinto. Y no sólo por lo de saludarme llamándome pelirroja. El otro día, cuando viniste por sorpresa a la oficina y fuimos a comer ya percibí algo diferente en ti.

Richard aminoró el paso situándose detrás de ella dejando pasar a quienes venían en sentido contrario. Era un paso estrecho y aquella tarde había mucha gente. Por lo que se hacía difícil caminar uno al lado del otro.

- ¡Larguémonos de aquí!

Haciéndose un hueco, se cruzó por delante de Julia agarrando su mano y tiró de ella con impaciencia. Sorprendida por su reacción, aceleró el paso al que él le estaba obligando a andar. Descendieron por el acceso que horas antes había accedido Julia y sin preguntas ni respuestas Richard la llevo, sin soltarla de la mano, hasta el Hudson River Park.

- ¡Richard frena! - exclamó soltándose de su mano.

- Creía que estabas acostumbrada a éste ritmo.

- Lo estoy. Y te aseguro que quién tendría problemas para seguirme serías tú si el calzado fuese el adecuado. - dijo mirándose sus botines de tacón.

- Perdona... – reconoció observando sus botines negros – ¿Vamos por allí?

- Me da igual mientras sea andado. No quiero llegar a casa como si acabase de correr un maratón.

Rick se echó a reír.

- Exagerada... ¡Vamos! - hizo ademán de cogerla de la mano.

- Creo que podré seguirte... - dijo rechazándolo.

Cruzaron la calle hasta llegar al parque dónde continuaron paseando en dirección al downtown.

- Ahora que disponemos de más espacio, ¿vas a añadir algo a mi observación de hace unos minutos?

- No vas a dejarlo correr, ¿verdad?

- No, cuando hay ciertos hilos que se me escapan. Además, como si hubieras olvidado con quien estás hablando.

- Está bien. - dijo girándose hacía ella, andando de espaldas - ¿Qué quieres saber?

- Me voy a reír a gusto cuando te tropiezas con alguien o algo... - comentó entre risas al imaginarse la escena.

- ¡Venga dime! ¿Qué quieres saber? - repitió recuperando su posición inicial.

- ¿Vas a responder a cualquier pregunta?

- No tengo nada que esconder. - confesó.

- Vale. Primera pregunta: ¿dónde naciste?

- Tienes que estar de coña.

- Dijiste cualquier pregunta – le recordó enfatizando el pronombre.

- Rectifico. Cualquier pregunta, excepto las relacionadas con mi infancia.

- ¿Sabes que eso sólo alimenta más mi curiosidad por ello, verdad?

Richard suspiró vencido.

- Supongo que no me queda otra...

- Para nada. No tienes por qué contestar. - admitió - Sólo quería probar a ver si sacaba algo más del Rick de antes de conocernos.

- No es interesante... Créeme. Además, en la solapa de la portada de mis libros están los datos más relevantes.

- Hmm...

- No suelo hablar de mi pasado. Pero puedo hacer una excepción.

Richard se detuvo apoyándose en la barandilla mirando hacia el Hudson River.

- No recuerdo mucho de mi infancia mayormente porque no quiero recordarla. No fue como la de la mayoría de niños que crecen alrededor de una familia y amigos. Recuerdo despertar un día en una habitación muy grande repleta de camas, literas, y al día siguiente estar en una habitación para mi sólo y de nuevo volver a despertar y ver de nuevo esas camas... No se lo deseo a nadie.

Pasaba muchas horas sólo, no sabía cómo relacionarme con los demás y en vez de intentarlo, escribía. Ahí empezó todo.

Al cumplir la mayoría llevé lo que yo creía que podía ser mi primera novela a un amigo, el único que se había dignado a acercarse en todos los años que estuve ahí. Desafortunadamente, no estuvo mucho tiempo conmigo. Él consiguió una familia y gracias a ellos, después de varios meses y años de negativas, conseguí que una editorial... ¿Y esa mirada? - dijo girándose hacia ella.

- Me siento un monstruo ahora mismo... - comentó escondiendo su rostro detrás de sus manos con los codos apoyados en la barandilla.

- Crees que no es verdad...

- Quiero creerte, de verdad, y sé que debo hacerlo, pero... - intentó explicarse moviéndose nerviosa.

- Julia... - colocó sus manos entre las suyas – Escucha. Entiendo que te suene a cualquier historia que haya podido escribir. Una muy mala, eso sí. Por eso no me gusta hablar de ello. No te culpes por creer que no es verdad.

- No soy capaz de imaginarte en aquellas circunstancias sabiendo en quien te has convertido. Y te admiro por eso.

- Entonces ya estamos empatados. Yo te admiro por seguir aquí después de todo lo que te he hecho pasar estos últimos meses.

- Ni lo menciones... - comentó empujándole a un lado amistosamente. - Es a lo que me dedico Castle, no tienes que darme las gracias.

- ¿Gracias? Yo no he dicho que te diera las gracias...

- Pasare eso por alto... - repuso mirando a su izquierda antes de volver la mirada al frente.

- ¿Terminaste los e-mails?

- Me extraña que saques el tema después de tú decisión.

- ¡Como si no fueras a preguntarme por ellos!

- Quizá...

Pasaron unos minutos en silencio. Ambos mirando hacia el horizonte, metidos en sus pensamientos.

- Entonces... Se acabó.

- Eso parece.

Julia fue incapaz de esconder su reacción con aquella respuesta.

- ¿Qué te hace tanta gracia? - preguntó confuso.

- Verdadero o Falso. - le retó - Para ti no es sólo un "se acabó" con punto y final. Hay más. - Es complicado – confesó cerrando los ojos al frotarse la sien.

- Si supieras las veces que he oído esto... Y créeme, no lo es. Nosotros hacemos que lo sea. Pero... - añadió con precisión – Creo tener una ligera idea de por qué haces lo que haces.

- No estoy seguro de seguirte, pero sorpréndeme.

- Sabiendo lo de tu infancia y la existencia de una niña que comparte tu ADN, imagino que quieres darle y darte lo que tú no tuviste en su momento. Aunque eso signifique dejar atrás a cierta chica por quien sientes algo. Y eso, querido amigo, es de lo más adorable que he visto. Bueno, no exactamente, pero es muy dulce.

Richard mantuvo la compostura negándose a exteriorizar sus sentimientos. Suspiró hondo.

- Y no quiero insistir más en el tema, - prosiguió - pero tengo que preguntártelo.

- Dispara.

- Perdona si soy muy directa – le advirtió – ¿Estarías dispuesto a darte una oportunidad con ella una vez Sonia ya no esté?

- Me imaginaba una pregunta así, pero dicho en voz alta suena aún peor...

- Lo siento.

- No lo sé Jules. No creo que ahora sea el mejor momento de responder a algo así. Quiero a Sonia. Sé que no volverá a ser como antes, y me asusta la idea de volver a estar juntos en la misma casa añadiendo que ahora está Kyra... Tengo miedo que las cosas no vayan bien... - se frotó las manos nervioso - Y es curioso que ahora te esté contando todo esto cuándo sé que al estar con ellas me siento qué puedo con todo. A veces ni me reconozco...

- Definitivamente has cambiado. - se aferró a su brazo.

- ¡Culpable! Pero no se lo digas a nadie.

Julia sello sus labios como si de una cremallera se tratase.

Se estaba haciendo tarde, sin embargo, ambos quisieron seguir paseando deteniéndose de nuevo poco después, apoyándose en la barandilla para disfrutar de aquel atardecer que se iba desvaneciendo.

Julia sacó su cámara compacta del pequeño bolso cruzado que llevaba con ella. La combinación de colores reflejados en el agua con los edificios de aquella ciudad de fondo le invitaban a captar aquel momento sabiendo que una fotografía nunca sería tan perfecto como verlo con sus propios ojos. Antes de guardarla se retiró unos pasos enfocando su otro objetivo captando una última instantánea.

...

- ¡Probemos! Estira el brazo apoyando la mano contra la mía. Mantén el brazo tan recto como puedas. Ahora con el codo mirando hacia fuera intenta doblarlo manteniendo esta altura. No lo bajes... ¡Bien!

- ¡No! ¡No está nada bien! - maldijo. - ¡Debería poder hacer mucho más que esto y ni siquiera puedo repetir este ridículo ejercicio.

Su entrenador físico - un chico de unos treinta, corpulento y el motivo por el que muchas se apuntaban al gimnasio, aunque él lo negase – sé sentó ahorcajas delante de ella ocupando el otro extremo del banquillo de ejercicios.

- Te exiges demasiado a ti misma Kate. Y si no bajas el ritmo la recuperación va a ser el doble de eterna de lo que ya se te está haciendo.

- ¿Podemos intentarlo de nuevo? - pidió haciendo un puchero.

- Odio cuando me pones esta cara...

El chico se levantó para volverse a sentar, ésta vez detrás suya, manteniendo la suficiente separación entre sus cuerpos para ayudarla con el ejercicio.

- Vale... Vamos allá. Sin forzar. Mi mano te guía. Despacio... - le iba hablando mientas sujetaba su brazo con la mano derecha y mantenía la otra apoyada en su hombro.

De pronto el cuerpo de Kate empezó a temblar de forma continuada, cada vez más, hasta verse inclinada hacia delante muerta de la risa.

- ¿Ya empezamos? - se quejó contagiándose.

- Lo siento – repuso intentando controlase – Una más por favor.

- Ya veremos...

Sin llegar a rozar su piel, Katherine estalló a carcajadas llevándose ambas manos a su rostro.

- Creo que por hoy hemos terminado... - concluyó levantándose.

- ¡No! Jason, por favor... - suplicó aún riéndose.

- ¡Te veo mañana Beckett!

Se despidió con un rápido gesto con la mano sin molestarse a darse la vuelta.

- ¿Sigue en pie lo de esta noche? - elevó la voz.

Jason giró sobre sus talones dando unos pasos al frente.

- ¡Nada de lo que intentes va a funcionar y lo sabes...! - murmuró dejando la toalla que llevaba alrededor de sus hombros en los suyos antes de irse.

- Ya veremos... - murmuró sin dejar de sonreír.

...

Llegó a casa soltando la bolsa del gimnasio en la entrada y las llaves en la encimera de la cocina, donde se dirigió nada más entrar para coger una lata de refresco cargada de azúcar de la nevera, y salió al patio trasero sentándose en el primer escalón.

Por unos instantes sintió que se le cerraban los ojos dejándose llevar por el cansancio.

- ¡Katie!

La voz de su padre la previno de darse de bruces.

- ¡Hola papá! - saludó llevándose el refresco a los labios.

- ¿Qué tal ha ido hoy? ¿Cansada?

- ¡Bien! No... Estoy bien. ¿Necesitas que te ayude en algo?

- No te preocupes. - la besó en el pelo – ¡Oye! ¿Te parece si pedimos algo para comer? He estado metido en el garaje toda la mañana y...

- Puedo preparar algo rápido. Creo que quedó...

- ¡Olvídalo! No quiero verte cocinar.

- ¿Ni siquiera vas a dejar que lo intente?

- He dicho que no. Coge el folleto que hay en la nevera y pide lo que quieras.

- Está bien... - aceptó a regañadientes sacando el teléfono de la base para marcar el mismo número al que había llamado ocho veces aquellas últimas tres semanas. - ¿Puedo pagar yo hoy por lo menos?

- ¡Ni se te ocurra! Creo que hay cuarenta dólares en el bote. ¡Cógelos! - gritó alejándose de nuevo al garaje.

Katherine entornó los ojos.

- Lo que tu digas... ¡Y ten cuidado con mi moto! - chilló para que le escuchara.

- ¡Está todo controlado!

- Todo controlado... - repitió para sí misma sentándose en un taburete.

Quería a su padre, pero aquel exceso de protección estaba consumiendo sus fuerzas y la paciencia; la poca que le quedaba.

¿Habría sido una mala idea pasar los dos meses de recuperación en los Hamptons conviviendo con él? Empezaban a crecer algunas dudas en ella.

Sé pasó tres minutos al teléfono, dos de los cuales fueron para decidir lo que iba a comer esta vez, dijo la dirección y colgó.

"De treinta a cuarenta minutos" - susurró para ella.

Sin relajarse demasiado cogió la bolsa de deporte y se precipitó al piso de arriba.

Al entrar en su habitación – y antes de encerrarse en el cuarto de baño – cogió un rotulador de entre lo que había esparcidos en aquel pequeño escritorio y marcó con un tik en la última casilla del mes de Abril.