CHP XV

Tres años y cinco meses más tarde.

Peter no podía apartar la mirada del calendario sin sentir remordimientos.

Habían pasado diez semanas y seis días desde la muerte de Sonia y según Emma – la nanny de Kyra desde que era una bebé –, con quién había hablado las últimas veinticuatro horas, las cosas no habían mejorado sino todo lo contrario.

Richard seguía encerrado en un apartamento de cien metros cuadrados en Detroit, a 455 kilómetros – aproximadamente – de Chicago. Y con él su hija, quién con sólo seis años estaba aprendiendo a vivir sin su madre lejos de dónde pertenecía.

- No puedo esperar más... - susurró en voz alta aún de pie en frente del calendario, sosteniendo una taza de café con ambas manos.

- ¡Peter!

Olivia se acercó apoyando una mano en su brazo, quitándole la taza ya vacía de sus manos.

- Perdona, estaba...

- Pensando en Kyra. - finalizó sirviéndose una taza de café.

Él asintió apoyándose en la mesa.

- Anoche te dije lo que pensaba al respecto y lo sigo manteniendo.

Durante unos minutos en la cocina sólo se escuchó cajones y armarios abriendo y cerrándose, el sonido del exprimidor, cubertería chocando contra el mármol de la encimera...

- Crees que podrás... - habló finalmente dirigiéndose a su mujer, a quien no encontró dónde la recordaba – ¿!Olivia?!

Peter salió de la cocina al darse cuenta que estaba solo viéndola descender por las escaleras hablando a voces.

- ¡No te lo voy a repetir Valeria! Te quiero en la cocina en diez minutos presentable y lista para desayunar. ¡Nos vamos a menos cuarto!

- ¿Se le han vuelto a pegar las sábanas? - preguntó asomándose.

- Lo extraño hubiese sido lo contrario.

- Hey – se le acercó rodeándola con sus brazos – ¿Crees que podrás arreglártelas si me voy dos o tres días a Nueva York?

- Creo que ya deberías estar de camino al aeropuerto. Y no lo digo por qué te esté echando. - añadió. - Sólo quiero que lo resuelvas cuanto antes. Le diste tu palabra.

- Cogeré un vuelo para esta noche. - besó su mejilla.

...

El tiempo corría en su contra. A un mes y medio para el estreno de Mary Poppins con su grupo de actores noveles – a quienes había reunido un año y medio atrás después de abrir su propia escuela de interpretación – , la madre de la niña que interpretaba a Jane Banks la había llamado la noche anterior diciendo que su hija se veía obligada a abandonar la obra por motivos personales. Martha estuvo más de una hora en el teléfono tratando de convencerla pero fue en vano. Ahora aquel vacío no sólo retrasaba la obra, sino que debía encontrar a otra niña, rubia a poder ser, que tuviese la suficiente facilidad para aprenderse el papel para el próximo 18 de Diciembre; la fecha para el estreno.

Cargada con un maletín en el que guardaba todo lo respectivo a la obra, se colgó el bolso en el brazo y abandonó el apartamento. O ésta era su intención antes de abrir la puerta del loft.

- Disculpe. No pretendía asustarla. Iba a llamar cuándo...

- No se preocupe - le restó importancia - ¿Desea algo? No dispongo de mucho tiempo.

- Sí... Siento no haber llamado antes, sé que Sonia le dijo que probablemente lo haría... - tragó saliva – Soy Peter Bishop. El abogado de Sonia Willgsburg.

Martha no supo reaccionar.

Permaneció en silencio, inmóvil tal estatua de cera en frente de aquel atractivo hombre sintiendo un extraño hormigueo recorriendo todo el cuerpo.

Suspiró.

- Lo siento... - se disculpó echándose a un lado – Por favor, pase.

- Si vengo en mal momento... Antes ha dicho que no tenía mucho tiempo...

- Olvidase de lo que haya dicho. Por favor... ¡Adelante! Si me permite unos minutos, hago una llamada y en seguida estoy con usted.

- No hay problema. Tómese su tiempo.

Dejó sus pertenencias en el sofá y se alejó hasta el despacho que en su día fue de su hermana. Cerró la puerta tras de sí y alcanzó el inalámbrico marcando el número de su ayudante, Patrick. Hoy iba a tener que encargarse él del casting y los ensayos, ahora su mayor prioridad era aquella visita inesperada – aún y siendo consciente que éste día llegaría - y a su vez tan temida.

"Katherine..."

Su sobrina fue en lo último que pensó antes de que su ayudante respondiese al otro lado de la línea telefónica.

Tras salir del despacho se acercó al sofá dónde Peter permanecía sentado concentrado en la pantalla de su iphone.

- Todo solucionado. ¿Puedo ofrecerle algo? ¿Un café, té, infusión...?

- Quizá más tarde. Acabo de desayunar.

- También tengo whisky si le apetece... Yo con su permiso me serviré una copa.

- No suelo beber por la mañana, pero se lo agradezco.

Haciendo tiempo, sacó un par de cartas con los sobres de distinto color de su maletín para entregárselas.

- Esto es para usted.

Martha se sentó a su lado salvaguardando las distancias. Dejó el vaso en la mesa de centro y aceptó ambos sobres.

- Son de...

- Al entregármelas me hizo prometer que le diese nuevamente las gracias por aceptar ser el tutor legal de su hija.

Ella bajó la cabeza y con una leve sonrisa negó.

- ¿Acaso se ha echado atrás?

- No. Nada de eso. - afirmó – Es sólo que ha habido un mal entendido.

- ¿Pero usted es Martha Rodgers, no es así?

- Así es, pero, en un principio, no debería ser yo quien aceptase la tutela, sino mi sobrina Katherine. Ella es de quien hablamos con Sonia para que fuese la tutora legal de Kyra.

- ¡Oh! Entonces...

- Es con ella con quien debe hablar, sí. No obstante, quiero que sepa que si por razones que desconozco no aceptara, yo misma me haría cargo.

- Entiendo por sus palabras que su sobrina no sabe nada de esto. ¿Me equivoco?

- No... - confesó soltando un profundo suspiro.

Peter se enderezó aclarándose la garganta.

- Creo que ahora sí le voy a aceptar esa copa...

- Por supuesto.

Sabía que la estancia en Nueva York no iba a ser ni mucho menos agradable, pero tampoco se esperaba ningún revés como el que acababa de saber. ¿Cómo podría haber interpretado mal las instrucciones de Sonia?

- Aquí tiene.

- Gracias. - lo aceptó dando un largo trago.

- ¿Cuándo ocurrió? - se sentó alcanzando el suyo.

- Hoy hace once semanas.

- Siento mucho su pérdida... ¿Cómo lo lleva la pequeña?

- No lo sé. - confesó preocupado.

- Tenía entendido que eran vecinos...

- Así es..., mejor dicho éramos. - hizo una pausa antes de continuar - A la semana y media después del funeral mi mujer vio como Richard cargaba algunas cosas en un coche y poco después se iba con la niña. Creímos que iban a pasar el día fuera y no quisimos darle importancia, pero iban pasando los días y todo seguía desierto. Poco después supimos que se habían mudado a Detroit.

- ¿Mudado? ¿Por qué? - soltó desconcertada.

- Ojalá pudiera responderle.

Ambos permanecieron en silencio durante unos segundos.

- Ella siempre lo supo. Sabía que Richard se iba a sentir perdido una vez ella no estuviese. Y ahora siento no haber venido antes, pero con mi mujer creímos que era bueno darle un voto de confianza, darle una oportunidad... Hace dos noches cuando Emma, la nanny de Kyra, llamo diciendo que la niña la había llamado llorando diciendo que no le gustaba estar ahí y quería volver a casa...

- Menudo desgraciado... - murmuró llamando su atención – Disculpe.

- No pasa nada... - esbozó media sonrisa - Todos quienes sentimos aprecio por esa pequeña pensamos lo mismo. ¿Cree que Katherine sabrá cómo...?

Martha desvió la mirada hacía unas fotografías.

- Debo confesar que tengo pánico a su reacción, pero le doy mi palabra. Nadie mejor que ella puede sacar a la niña de ese apartamento.

- ¿Es ella? - se interesó siguiendo su mirada centrada en una fotografía en la que no estaba sola - Sí. - se levantó - Aquí tenía 19 años - su rostro se ensombreció – Y esta es su madre, mi hermana, meses antes de morir.

- Oh... Lo siento mucho...

- Está superado, por mi parte por lo menos. Ella... - guardó silencio antes de continuar – ¿Quiere conocerla? Le aseguro que nada más verla se le disiparan todas las dudas que ahora pueda tener.

- Cuándo usted quiera – aceptó levantándose.

- Una cosa más – añadió ella dejando el marco en su sitio – ¿Le importa si dejamos de hablarnos de usted?

...

Llevaba despierta desde las ocho. Aún acurrucada entre aquellas sabanas que no olían ni de lejos a las suyas, las que tenía en la casa de Chicago, la casa de mamá, esperaba en silencio que ocurriese lo de cada mañana.

Eran las nueve. Sabía que su padre salía a esa hora y volvía a los veinte minutos de haber salido.

Al escuchar crujir la madera del suelo cerró los ojos cubriéndose casi en su totalidad, hasta los ojos. La puerta de su habitación se abrió y tras unos segundos volvió a cerrarse. Contó hasta diez una vez oído el golpe de la puerta del piso al cerrarse y el giro de la llave.

"... ocho, nueve y diez" - finalizó mentalmente.

A oscuras y descalza salió disparada hacia la habitación de su padre, dónde tenía el ordenador.

Subió la tapa del portátil apretando una tecla al azar con la esperanza que estuviera en modo "Hibernar". La pantalla se iluminó encontrándose la página de correo ya abierta con un e-mail a medio escribir. Tal y cómo le había enseñado su madre, guardo aquel e-mail como borrador y tras acceder de nuevo a la bandeja de entrada abrió un nuevo mensaje en el que introdujo la dirección de destinatario: i12thbecks ...

" Kate, te escribo desde la cuenta de papá.

Soy Kyra.

Hace mucho que no veo a mamá. Papá dice que se fue de viaje y que por eso nos hemos mudado a Detroit. Yo sé que todo es mentira. Mamá no volverá...

Quiero volver a casa.

¡Kate sácame de aquí! "

Se secó las lágrimas con la mano, le dio a la opción de enviar y dejando de nuevo el e-mail que su padre tenía en pantalla, bajó la tapa del portátil y corrió a su habitación cerrando la puerta tras de sí. Se metió en la cama y cerró los ojos.

Richard entró en el piso con una barra de pan de molde ya cortada envuelta en papel y una bolsita, también de papel, con algunos cruasanes pequeños para su hija, junto con el periódico. Viendo que aún no se había despertado, lo dejó todo en la mesa de la cocina y se dirigió a su dormitorio para acabar lo que había dejado a medias.

Abrió la tapa del portátil y tras activarse de nuevo la pantalla volvió a leer lo que había escrito hasta el momento y continuó escribiendo.

Asunto: (sin asunto)

EAllan 1 de Septiembre de 2010

Para:Cath

No me resulta fácil escribirte. Ha pasado mucho tiempo. Y aunque no ha habido día que no me haya acordado de ti, cabe la posibilidad de que tú si hayas logrado pasar página.

Perdona. No te escribo para recriminarte nada, ni mucho menos. Te escribo para contarte que mi mujer (volvimos a casarnos) falleció hace once semanas.

Estoy hecho polvo. Tuve que mudarme de Chicago, porqué todo en esa ciudad me recordaba a ella y ya no digamos la casa... Ahora vivo en un apartamento de cien metros cuadrados en Detroit.

Hay muchas cosas que quiero contarte, pero no por aquí.

¿Crees que existe alguna posibilidad de que nos encontremos?

Sí me das un sí por respuesta, voy a tener que confesarte algo que puede acabar con esta peculiar amistad, pero estoy dispuesto a correr ese riesgo. No quiero seguir mintiéndote.

Sea cual sea tu respuesta, incluso si no quieres responder, lo entenderé.

Te deseo lo mejor.

Edgar.

Con un nudo en la garganta y en la boca del estómago hizo un nuevo repaso y tras darle el visto bueno se lo mandó.

Alea iacta est – se repitió pasándose las manos por su rostro.

Antes de seguir en busca de nuevas ideas para su próxima novela, se levantó para hacerse el segundo café de la mañana junto al desayuno de su hija.

...

Las puertas del ascensor de abrieron descubriendo el lugar en el que trabajaba su sobrina.

- ¿Sigues teniendo dudas?

Martha salió con una sonrisa en su rostro al observar la reacción de Peter, quien la seguía de cerca mientras sus ojos analizaban y observaban al detalle aquella oficina diáfana llena de policías yendo arriba y abajo, otros sentados en sus mesas, teléfono sonando...

La mujer se detuvo señalando en dirección a su mesa, en la que estaba sentada hablando con un chico de aspecto latino. Justo en ese momento otro chico entró llamando su atención.

- ¡Beckett! Acaban de llegar las cintas.

- ¿Te pones con ello?

- ¡Eso está hecho!

- Gracias Ryan. ¡Y encuentra algo, lo necesitamos! - dijo alzando la voz para que le escuchase - ¿Puedes ocuparte tu de esto? - dijo al otro detective entregándole una carpeta.

- ¿Te vas a la morgue?

- ¿Qué te hace pensar que voy? - repuso risueña

- Sueles ir... - dijo yéndose a su mesa.

- No te preocupes, le daré recuerdos de tu parte. Y ahora ponte con los extractos bancarios.

- ¡Ahora mismo jefa! - levantó la mirada ya sentado – ¡Por cierto tienes visita! Me alegro de verla Sra Rodgers – saludó.

- ¿Qué te dije la última vez al respecto, Javier? - repuso ésta.

- La costumbre. Lo siento.

- ¡Hey! ¡Deja de hablar! - se dirigió hacia Esposito - Quiero todo lo relacionado con el dinero desaparecido para ya mismo. - ordenó la inspectora sabiendo que su superior, Edward Hines, solía controlarlo todo desde su despacho.

- Tía... - se giró hacia ella besando su mejilla - Sabes que no me gusta que te presentes aquí por sorpresa.

- Lo sé querida... Y no hubiera venido si esto no fuera importante. Mira, te presento a Peter Bishop. Es abogado.

- Encantada. - le tendió la mano – Katherine Beckett.

- Inspectora – remarcó Martha – Katherine Beckett.

- Sí, bueno... Bienvenido al departamento de homicidios.

El teléfono fijo de su mesa dio por concluida la presentación.

- Si me disculpáis... - se abalanzó sobre el auricular – ¡Beckett! (…) Ya sabes que soy fan de las buenas noticias – sonrió escuchando a la forense – Perfecto. Ahora mismo vengo. - colgó.

- Tienes que irte...

- Sí. Lo siento... - se disculpó cogiendo la americana de la silla. - ¿Hablamos más tarde?

- Ven a cenar al loft esta noche. Tenemos que hablar.

- Hecho. - besó su mejilla - Haz algo sencillo, nada de grandes comidas. ¡Oh! Y encantada de conocerle Sr. Bishop – se despidió ya en el ascensor. Éste la devolvió el saludo.

- ¿Y bien? - le miró.

- Tenía razón. Sí alguien puede sacar a Kyra de ahí..., es ella.