CHP XVI
Aquella noche salía de la comisaría con otro caso cerrado.
Hacer justicia por las víctimas de homicidio y ayudar a sus familiares era un deber que con el tiempo se había convertido en su máxima prioridad. Más aún desde que era ella quién dirigía a su propio equipo, hecho por el que había trabajo duro y se había visto recompensada al año y medio de la reincorporación tras la recuperación de aquel accidente.
Desde entonces su vida había cambiado. Se sentía distinta consigo misma. Todo lo ocurrido durante aquellos meses la había hecho madurar, sacando una parte de ella que desconocía. Y lo mejor de todo era que había recuperado la relación que desde siempre había tenido con su tía.
- ¿Me recuerdas por qué te di una copia de las llaves del loft?
- Vengo de la comisaria, ni siquiera he pasado por casa y están..., allí.
Kate vaciló al entrar en el apartamento encontrándose a quién reconoció como el acompañante de su tía aquella mañana en comisaría.
- No sabía que tuviésemos invitado... – le susurró al oído.
- Buenas noches inspectora. - la saludó.
Ella se irguió esbozando una sonrisa.
- Kate – acentuó – Puede llamarme Kate. Peter, ¿verdad? - él asintió – Desconozco el motivo de su visita, pero tenga cuidado con hacer tratos con mi tía, suele ser muy persuasiva. A menos que no esté aquí por trabajo, claro. – concluyó dejando sus cosas en la mesa del comedor.
- ¿Una copa cielo? - intervino Martha - He pedido comida china, llegará de un momento a otro.
- No, estoy bien. Gracias. – respondió apartando la mirada por unos segundos – Entonces... – titubeo.
- Trabajo - afirmó - ¿Nos sentamos? - propuso ocupando una plaza del sofá al mismo tiempo que Martha.
- Katherine, ¿recuerdas que en comisaria te dije que teníamos que hablar?
- Nunca me ha gustado esta expresión... – se sentó en la L del sofá.
Martha llenó sus pulmones y expulsó el aire lentamente mientras pensaba en cómo abordar el tema.
- Le importa si...
- Por favor. - le cedió la palabra.
- Cuánto misterio... ¿Debería empezar a sentir pánico? - comentó observando con detenimiento la mirada y expresión de ambos, sintiéndose como en un partido de tenis.
- No sé por dónde ni cómo empezar...
Kate volvió a ver esas miradas cómplices en los ojos de ambos y un asentimiento por parte de su tía hacia él.
- Verás Katherine..., - empezó a hablar Peter - mi estancia aquí y que conozca a tu tía se debe a Sonia Willgsburg. Probablemente te sea más familiar cómo la madre de Kyra. Soy su abogado.
Hubo un silencio incómodo durante un minuto que para ella fue eterno.
- Continua – le animó la chica.
- Lo siento, aún me resulta difícil de decir en voz alta... - se aclaró la garganta y continuó - Sonia nos dejó el pasado 16 de Junio. Llevaba unos años enferma y desgraciadamente cuándo quiso tratarse fue demasiado tarde.
Poco después al incidente en el Washington Park, – continuó – dónde os conocisteis, su ex marido la llevó a urgencias al encontrársela inconsciente en el baño de la habitación de su hotel. Lo siguiente más o menos ya lo sabes. Días después que a ti te dieran el alta, se la dieron a ella y los tres volvieron a Chicago.
- Si me disculpáis... Necesito una copa. – dijo tras dejar pasar unos segundos. - No sé qué decir. Ni de lejos me esperaba esta noticia. – confesó bebiéndose todo el contenido de un solo trago y llenando el vaso de nuevo.
- Soy consciente. Sin embargo hay algo más que debes saber.
Martha se levantó hacia el despacho regresando con el sobre marrón en sus manos.
- ¿Qué es? - dijo aceptándolo.
- Es una carta de Sonia dirigida a ti. Pero no la abras todavía. - le anunció el abogado. - Antes tienes que saber...
- ¿Tiene que ver con Kyra? ¿Está bien? - le interrumpió.
- Sonia y yo somos..., éramos vecinos – rectificó con un nudo en la garganta – Poco después de su funeral vimos salir a Richard, su marido, con la niña y desde aquel día no han vuelto. Lo último y único que sé ha sido por Emma, la nanny de la niña. Kyra la llamó y le contó que estaban viviendo en Detroit.
Katherine alzó las cejas al oír aquello.
- Guau... ¡Gran elección, si señor! - ironizó.
- Esta semana la niña la volvió a llamar diciendo que quería irse.
- ¡No me extraña...! - comentó para nada sorprendida - De todos modos, no entiendo qué tiene que ver todo esto conmigo. Y no sé si quiero saber lo que viene a continuación, pero sea lo que sea mi respuesta es no.
- Kyra te necesita, Katherine - intervino su tía.
- ¿Por qué a mí? Hace meses que no sé nada de ella. - se tensó – Kyra ya tiene a su padre, no es culpa mía que él haya decidido llevársela de Chicago. Tengo casos más importantes por resolver que ir hasta allí en plan heroína para rescatarla del ogro. - se dirigió a su tía. - Todo cometemos errores...
- La niña acaba de perder a su madre. - enfatizó.
- ¡Y afortunadamente sigue teniendo a su padre! - contraatacó – Su padre, sus decisiones. - hizo ademán de levantarse - Además, parece mentira que paséis por alto que no quiere ni escuchar a su hija mencionar mi nombre, y es gracioso, me pasa exactamente lo mismo con él. Mirad, no le conozco, personalmente, – argumentó - ¿Quién no ha oído hablar ya del famoso escritor Richard Castle? - ironizó – y no tengo ni la más mínima intención de hacerlo.
Con la carta aún en sus manos, la dejó en la mesa de centro y cogió el vaso vacío levantándose, caminando hacia el mueble dónde guardaban el alcohol.
- ¿Cambiarías de opinión si Sonia te hubiese dejado como tutora legal de la niña?
Cerró la puerta del mueble con un pequeño portazo involuntario, quedando de espaldas a ellos por unos instantes.
¿Había escuchado bien lo que acababa de oír? Probablemente no.
Cogió su vaso y regreso al sofá mientas se llevaba la copa a sus labios, mojándolos con aquel líquido entre dorado y marrón.
- ¿Y por qué haría eso? No hay ninguna razón.
- Aparentemente... – intervino Peter – ella si creyó que la había. - admitió el abogado – Katherine, nunca habrías sabido de mi si las cosas hubieran sido normales, incluso si estuviera viviendo en otra ciudad, esto es lo de menos. Y Sonia me insistió mucho en que debía venir a avisarte al más mínimo problema con la niña. - hizo una pausa y continuó – Quiero que entiendas que no es una decisión que no puedas reflexionar. Tómate tu tiempo. Puedes aceptar o negarte, la decisión es tuya.
Nadie dijo una sola palabra hasta que Kate se enfrentó a su tía.
- Necesito que me des una razón, una muy buena, para que entienda lo que has hecho.
Martha levantó la mirada sin apartarla de la de su sobrina.
- Sonia me llamó diciendo que quería hablar conmigo. Me lo contó todo y...
- …y entonces te faltó tiempo para contárselo.
- Sí, se lo conté. - confesó – Pero no ese día. Le dije que...
- ¡Cómo si eso fuese a cambiar algo!
- Cielo, nunca tomaría una decisión que...
- Será mejor que no sigas por ahí... No puedo con la gente que miente. - se levantó repentinamente recogiendo la carta, dirigiéndose hacia la mesa del comedor. – Y por si lo habías olvidado... – se volvió, camino a la puerta – dieciocho años atrás te fuiste sin tenerme en cuenta, igual que ahora con la propuesta de Sonia creyendo que podría ser una buena opción debido al parecido de la situación. ¡Claro! ¿Por qué no, verdad? ¡Compliquemos un poco más la vida de Katherine! – guardó silencio – Sí de verdad quieres apartarla de su padre por no saber cómo hacer las cosas, ¡adelante! Ve a Detroit, a Chicago, no me importa. Pero no pretendas meterme en una lucha que no es la mía. Nunca lo fue.
Katherine abandonó el loft compartiendo una última mirada de disculpa hacia Peter. Realmente lo sentía.
...
Cómo había llegado hasta la W 59 St era un hecho del que en ese momento no quería preocuparse.
Viendo lo cerca que estaba de Central Park tiró de la correa de Royal y ambos cruzaron la Gran Army Plaza para adentrarse en él.
Un montón de recuerdos y pensamientos luchaban para posicionarse como prioritario en su mente. ¿Qué razón llevaría a alguien, con quién la única relación cara a cara que mantuvo fue en su estancia en el hospital, a dejar por escrito su nombre al lado de "tutora legal"?. No escondía que esa niña le hubiese robado el corazón pero, ¿le daba eso derecho a estar en igualdad de condiciones que el padre? Beckett lo tenía claro: ni de coña. No obstante, según Peter, Sonia pensaba justo lo contrario. ¿Pero por qué ella? ¿Qué tenía de especial que no tuviera Emma? Esa chica la conocía cien veces mejor que ella...
Un fuerte tirón por parte de Royal obligándola a acelerar el paso la volvió a la realidad. En un punto dónde el camino se bifurcaba en dos se detuvo observando ambas opciones. ¿Derecha o Izquierda? - pensó. Ninguno de los dos. Tiró del perro guiándole hacia los bancos que tenía delante de ella.
Por uno de esos caminos, llevando el mismo ritmo constante que había cogido desde que había salido de casa, Julia se acercaba a esa misma intersección. Rodeó los bancos y tras haber pasado por delante de ellos, frenó de repente girando sobre sí misma. Retrocedió acercándose a quien había creído reconocer.
- ¿!Kate?!
Ésta, distraída con Royal a la vez que con su circo de pensamientos, levantó la mirada confundida.
- ¡Oh! ¡Hey! - dijo esbozando media sonrisa.
- No estaba segura que fueses tú...
- Eso sería genial. No ser yo, quiero decir... - soltó sin más acariciando a Royal.
- No pensaba que vivieses cerca de Central Park...
- Washington Park me queda mucho más cerca, pero empecé a andar y cuando me di cuenta había llegado hasta aquí... - sonrió sin ganas - Imagino que tú sí vives cerca.
- Sí... bueno, unos veinte minutos - dijo desconcertada por su actitud. Dudosa, tomó asiento sentándose a su izquierda, en el banco de al lado – Sé que no es asunto mío y que no sueles hablar de lo que te preocupa, según Lanie, aún así... ¿Va todo bien?
- Ojalá lo supiese. Ahora mismo lo único que sé es que me encantaría poder chasquear los dedos y desaparecer en cualquier otro lugar dónde poder... ¡Olvídalo! - Negó con la cabeza - No quiero amargarte la noche.
- No lo harás. - respondió moviendo los dedos ágilmente por la pantalla del teléfono – Soy toda oídos siempre y cuando quieras desahogarte. - concluyó guardándose el smartphone.
- No sabría por dónde empezar.
- Entonces el protagonista es un hombre. - repuso segura de sí misma.
- ¿Debería? - la miró
- No lo sé. ¿Lo es? - sonrió expectante.
- No exactamente... O puede que sí – rectificó.
- ¡Explícate! - se sentó de lado, con las piernas a ambos lados del banco. Kate, hizo lo mismo, apoyando su pierna izquierda flexionada en el banco.
- Conocí a una mujer y a su hija hará unos tres años en el Washington Park después de recuperar su bolso que un pardillo le había robado. Fue el mismo día en el que ocurrió el atraco en la joyería.
- Lo recuerdo.
- Esa mujer estuvo ingresada en la misma planta que yo por motivos por los cuales no tenía ni idea, hasta hace unas horas. Si hubiera sido por mi probablemente ni las habría reconocido, ya tenía bastante con aceptar lo que me había pasado, pero la niña, Kyra, me reconoció y desde entonces...
- Kyra... - murmuró.
- Sí, pero esto es lo de menos. Cuando te diga quién es su padre... ¡Dios! ¡No le soporto! Y es gracioso pensar que ahora cabe la posibilidad de que tenga que verme las caras con él... ¿Te puedes crees que su difunta mujer me ha dejado como tutora legal de la niña?
- Kate...
- Por más vueltas que le doy e intento entender esta sandez de decisión... ¡Es que es de locos!
- Kate.
- Me encantaría saber qué vio en mí para que llegase a tomar tal decisión. ¿Qué puedo ofrecerle yo a una niña que acaba de perder a su madre? Y esto no acaba aquí. – Continuó – Según parece su padre la ha sacado de Chicago para irse a vivir a Detroit. ¿Te lo puedes creer? ¡Hay que ser estúpido para elegir una ciudad como esa! - comentó con menosprecio – Y ahora, el abogado de Sonia y mi tía, con quien no tengo ninguna intención de hablar sabiendo que está metida en todo ésto, pretenden que vaya allí y saque a la niña de Detroit por unas llamadas a una tal Emma diciéndole que ella no quería estar ahí, que odiaba a su padre que por si no te lo he dicho es...
- Castle. - respondió – Richard Castle.
Katherine enmudeció.
- ¡Oh! Parece que las noticias vuelan...
- No... Nadie sabe cierta información a menos que le conozca.
- No creo que quiera saber más de lo necesario. - advirtió.
- Seguramente no, pero deberías saberlo.
- Bueno... Es obvio que le conoces.
- Estuvo trabajando conmigo durante dos años. Escribía columnas de opinión que yo misma hacía llegar...
- ¿Intentas decirme que eres su agente?
- Supongo que durante un tiempo lo fui. Sí.
- ¡Genial! ¡Adelante! Ódiame... - exclamó levantándose.
- ¡No voy a odiarte! - repuso.
- Mister Castle y tú sois ex compañeros de trabajo, amigos, probablemente amigos cercanos, y acabo de confesar que le odio...
- Estoy segura que detrás de quienes mueren por conocerle o hacerse una foto con él, hay muchos más que ignoran sus libros aún y el display de tamaño real que hay en algunos escaparates.
Tanto Beckett como Shumway permanecieron en silencio mirando al frente sentadas con las piernas cruzadas, una de ellas con ambas encima del banco.
- No voy a juzgarte - declaró la pelirroja – No sabía nada de todo lo que has dicho. Llevo mucho sin hablar con él. Las veces que intento llamarle no me lo coge o salta el buzón de voz.
- ¿Crees que es verdad?
- No creo que el abogado de Sonia haya venido hasta aquí para decirte algo que no lo sea.
- ¿Era él de quien nos hablaste a Lanie y a mí la noche del atraco en la joyería?
- Sí.
- Resulta gracioso si lo piensas... Debimos conocernos ese día y después de varios años, parece que lo acabaremos haciendo. ¡Qué emoción! - exclamó sin emoción alguna.
- ¿Lo harás?
- ¿Tengo elección?
- Quizá si hablo con él antes...
- Te lo agradezco, pero yo en tu lugar me alejaría de todo esto. De hecho, de haber sabido lo que sé te lo hubiese ahorrado.
- Podré lidiar con ello.
- No es tu lucha Julia. Le aprecias, sois amigos. Tú misma has dicho que hace tiempo que no sabes de él. Si ahora le llamas advirtiéndole que una loca va a venir a llevarse a su hija por qué la niña no es feliz en esa ciudad... ¿Te das cuenta? Suena horrible.
- El Rick que conozco nunca haría nada que pudiera hacerla infeliz. Incluso aceptó volver a Chicago con su ex mujer para darle una familia.
- La gente cambia...
- Sí, y él lo hizo. Kyra le cambió. - insistió – Créeme. Sé qué tipo de persona puede parecer de puertas afuera, pero haría cualquier cosa por su hija, Kate.
- La gente también cambia cuando de la noche a la mañana deja de tener en quien sostenerse...
- Deja que hable con él. Por favor. No voy a decirle nada, sólo me aseguraré cómo está antes de...
- No es él quien me preocupa, Julia. Es Kyra. Esa niña ha perdido a su madre y no tengo ni idea de que le habrá contado su padre al respecto, pero no creo que alejarla de Chicago haya sido la solución, ni siquiera para suavizar las cosas entre ellos. - se levantó – Si finalmente hago lo que creo que voy hacer es por qué nunca he fallado a quienes han confiado en mí, y ésta no será la primera vez.
...
Royal se tumbó delante de la puerta del apartamento esperándola. Mientras, en el piso inferior, Katherine afrontaba el último tramo confiando en que sus pies y la poca energía que le quedaba la llevarían hasta su puerta.
Dentro, rellenó ambos recipientes con agua y comida para su perro y se dirigió hasta la habitación dónde se dejó caer sobre la cama.
La melodía que creía escuchar le era muy familiar, sin embargo se escuchaba demasiado lejana para tratarse del tono de su teléfono. No tardó en volver a escucharla. Ésta vez Royal se encargó de ello. De un salto subió a la cama dónde Kate yacía adormecida localizando de dónde procedía la música. Se acercó al bolso y lo tiro al suelo vaciándose por completo.
- ¿!Royal, que estás haciendo¡? - murmuró.
Éste ladró en respuesta, andando nervioso de un lado a otro.
La melodía que había dejado de sonar, volvió hacerlo a los pocos minutos. El perro volvió a ladrar acercándose a ella para despertarla.
- Ya me levanto... - dijo somnolienta.
Bostezando se desperezo sentándose el borde de la cama. Se inclinó para alcanzar el teléfono, pero él se le anticipo, entregándoselo.
- Gracias – sonrió.
La pantalla marcaba tres llamadas y dos mensajes. Lo revisó. Nada que no pudiese esperar. Soltó el teléfono encima de la cama y volvió a tumbarse, ésta vez sólo medio incorporada, apoyando la espalda en varios cojines que tenia de decoración.
- ¡Royal deja eso! - le advirtió viéndole hurgar en las cosas esparcidas por la alfombra. - ¡Royal! - le tiró un cojín.
Tomándoselo como un juego, éste salió corriendo hacia el salón-comedor cogiendo prestado algo del suelo entre sus dientes.
- ¡Serás ladrón! ¡Ven aquí!
A pesar de sus pocas ganas, Kate saltó de la cama detrás de él.
- ¡Devuélvemelo! Vamos...
Con el sobre marrón entre sus dientes se tumbó en el suelo y se puso a jugar con él.
- ¡No te atrevas! - le amenazó tratando de quitárselo sin éxito. - ¡Muy bien! Tú lo has querido...
Katherine se acercó a la cocina, abrió el armario dónde guardaba su comida y buscó el bote en forma de tubo en el que guardaba sus galletas.
- Royal... - le llamó sacudiendo el bote.
El perro dejó de prestar atención al sobre que estaba destrozando poniéndose en pie de inmediato. Ladró. Kate puso el pie en la palanca del basurero simulando la acción de lanzar el bote. Royal lloriqueó.
- ¿Vas a dejar de destrozar ese papel?
Se giró mirando el desastre que había hecho y se acercó a ella sentándose a sus pies observando el bote.
Kate retiró el pie de la palanca. Aún con el bote en la mano recogió los trozos de papel esparcidos, los dejó en la mesa de centro y volvió hacia dónde seguía sentado premiándole con una galleta.
A las doce de la noche salía de la ducha con un hambre que rozaba al desmayo. Se acercó al frigorífico y se alegró de abrir el congelador y encontrar dos packs de comida precocinada - tagliatelle a la carbonara y braseado de verduras con pollo – y el calzone de jamón y queso casero sobrante de dos noches anteriores.
Con la ayuda de un trapo retiró el envase de pasta del microondas, dejándolo encima del salvamanteles que había situado en la mesita de centro. Se sirvió una copa de vino y empezó a comer ante la atenta mirada de su compañero de piso.
- Deja de mirarme así... Esto no es para ti. Además tú ya has cenado.
Las noches como aquella, en las que cenaba sola, la televisión siempre la acompañaba. Siempre eran series con las que evadirse de la realidad y en las que no hiciese falta pensar mucho. Sin embargo aquella noche nada de lo que daban lograba evadirla de sus pensamientos; la muerte de Sonia, Kyra, Detroit, Peter, su tía...
A punto de quedarse dormida con el mando en las manos se obligó a levantarse. Al recoger la mesa, quitando todo lo que hubiese en ella, papeles incluidos, lo que leyó en uno de los trozos le llamo la atención.
Apartó el sobre marrón en el que había escrito su nombre en el dorso de este y sentada en el suelo y con la ayuda de cinta adhesiva pego el resto de la carta tratando de recomponer aquel puzzle.
"Querida Kate,
Si estás leyendo esto significa que has conocido a Peter, mi abogado, y te ha contado que algo va mal. Sí, me puse muy pesada haciéndole prometer que bajo ningún concepto dejaría a Kyra en manos de su padre si las cosas se ponían feas. – Vaya, eso ha sonado muy mal – No quiero que pienses que mi marido es un maltratador o algo parecido, para nada. Richard me ha dado los mejores últimos tres años de mi vida. Y sé que va a ser un padre estupendo para ella. Sin embargo, todo el tiempo que hemos estado juntos disfrutando en familia, me da miedo que se vea afectado una vez deje de estar presente. Ella sabe que mamá está enferma. Quise contárselo personalmente y desde entonces cada día me pregunta como estoy. A veces veo miedo en sus ojos a que un día me lo pregunte y yo ya no sea capaz de responderle o regalarle una sonrisa.
Soy consciente, más de lo que crees, que no tengo ningún derecho en haber dejado por escrito que acepto que tú, Katherine Houghton Beckett, tengas los mismos derechos que mi marido con respecto a la niña. También es cierto que habría podido elegir a Emma, su niñera desde hace años, pero después de conocerte, todo lo que vino a continuación me hizo pensar. Sólo hay que ver todo lo que, sin apenas conocernos, habéis hecho por nosotras...
No hay día que no me hable de su tercer aniversario en la casa de los Hamptons cuándo hace dos meses que cumplió los seis. Te echa de menos. Ojalá me sintiese más valiente para coger un avión y llevarla a Nueva York, pero me canso con facilidad, eso y que el médico me lo tiene prohibido. Intenté hablar con mi marido, pero no quiere ni oír hablar de ti. Lo siento. No entiendo porqué. Vas a tener que tener mucha paciencia. No te lo va a poner fácil.
Acabo de darme cuenta que estoy dando por hecho que aceptarás pasar a formar parte de la vida de mi hija, y no debería. Perdóname. Y ya que de forma directa es muy difícil, ya sea por la distancia, tu trabajo... Si me gustaría que indirectamente estuvieses a su lado. A lo largo de su vida va a pasar por situaciones que no creo que quiera contar a su padre. Estaría bien que tuviese a un ser femenino de confianza para ello.
En pocas palabras:
Decidas lo que decidas, gracias por cruzarte con nosotras en Washington Park la mañana del 22 de Marzo de 2007. Por eso, y por ser la inspiración de mi hija.
Algún día lo entenderás.
Para siempre,
Sonia Willgsburg."
No dejaba de repasar ciertas líneas de aquella carta.
Sin darse tiempo a pensar en lo que estaba decidida a hacer, se levantó alejándose hasta su dormitorio, regresando con una tarjeta en sus manos y el teléfono en otra. Marcó el número y llamó. Esperó y al saltar el contestador maldijo para sus adentros. Colgó. Volvió a llamar y al encontrarse con la misma situación dejo un mensaje:
"Hola Peter, soy Kate. Kate Beckett. Perdona por la hora, acabo de darme cuenta. Deberíamos hablar. Llámeme. Buenas noches. "
