CHP XVIII

Silencio.

Eso fue lo que obtuvo de Kyra desde que salieron por la puerta del edificio Alden Towers y subieron al taxi para dirigirse al aeropuerto. Y lo mismo sucedió durante el viaje de hora y cuarto hasta Chicago.

Kate empezaba a preocuparse. ¿Y si en realidad no era ella a quien esperaba o con quien quería estar? Las únicas palabras que había escuchado salir de su boca fueron casi obligatorias, cómo elegir lo que quería para comer, avisar cuándo tenía que ir al baño y pedirle si podía sentarse en el asiento de la ventanilla. Aparte de esos momentos, por otras circunstancias se limitó a asentir y/o negar y a obedecer a todo lo que ella le decía y/o pedía.

- No te preocupes, ya estamos de camino.

- No quiero abrumarte, pero estamos deseando que lleguéis.

- Yo también... - dijo en un suspiro observando a la niña, quien no dejaba de mirar por la ventanilla del taxi.

- ¿Complicaciones?

- No...

Hubo un silencio con el cuál Kate intuyó que Peter intentaba alejarse de dónde estuvieran todos, quienes fuesen, para hablar sin levantar alarmas innecesarias.

- No ha sonado muy convincente. ¿Debería preocuparme?

- Lo sé. - respondió, procurando sonreír, obviando la pregunta. - Tengo que dejarte, creo que me voy a quedar sin batería...

- Entiendo. Luego hablamos...

- Hasta ahora.

- ¡Kate!

- ¿Sí? - dijo casi al borde de colgar.

- Todo irá bien.

Colgó sin devolverle respuesta.

Todo va a ir bien – se repitió para sus adentros, observándola.

El led de notificaciones seguía parpadeando en su iphone. A decir verdad, no había dejado de hacerlo en todo el día. Las llamadas y los mensajes empezaban a acumularse, no obstante no le apetecía centrarse en empezar a dar explicaciones de dónde estaba, qué hacía, etc. tenía cosas más importantes en las que centrarse.

¿Tienes idea en dónde te has metido? - imaginó que le diría su madre de seguir viva. Y la respuesta era obvia: No. Eso lo tenía muy claro. Pero aún así allí estaba, a poco menos de media hora para llegar a casa.

...

El trayecto en taxi no fue muy distinto a los demás. Ni siquiera el conductor dijo y/o hizo un solo comentario, excepto por ciertos insultos – debido al tráfico y a conductores imprudentes – a los que, por suerte, la niña no pareció hacer mucho caso.

De repente las dudas y los miedos que vagaban en Kate respecto a la pequeña se disiparon al notar el contacto de su mano con la suya. No tardó en saber el porqué.

- Hemos llegado – anunció el taxista.

- ¿Ésta es tu casa? - le pregunto Kate a la niña señalando a su derecha.

Kyra asintió.

- Les ayudaré con el equipaje.

- ¿Vamos? - la animó decidida también a salir del vehículo.

Kate, con intención de adelantarse, salió con el monedero en la mano encontrándose a Peter hablando con el chófer al mismo tiempo que le extendía un par de billetes de los que no estuvo a tiempo de ver su valor.

- Ya veo que no vas a dejarlo estar... - comentó ella acercándose.

- Es lo menos que puedo hacer ya que no he podido ir a buscaros al aeropuerto. - repuso.

- ¿Está todo señora? - se interesó el hombre quien parecía tener prisa para irse.

- Espere un segundo... ¿Kyra?

Cargada con el bolso de Kate y su mochila, la pequeña permanecía en frente de las escaleras de su casa, inmóvil.

- Cielo, ¿lo tienes todo?

Asintió con la mirada fija hacia el porche.

- Puede irse. Muchas gracias. - indicó al chófer.

- ¡Aquí estáis!

- ¡Kyra!

Beckett prestó atención a aquellas voces viendo cómo se acercaban dos mujeres, ambas rubias y aparentemente de finales de los 70.

- Cuidado que vienen... - comentó Peter amenizando la situación.

Sin previo aviso, ni tiempo para presentaciones, la niña se acercó a Kate y tiró de ella obligándola a seguirla.

- ¡Kyra, espera! ¿No quieres saludarles? - la detuvo a mitad de las escaleras.

La niña negó, cabizbaja.

Ella miró a las tres personas que las observaban y se encogió de hombros vocalizando un 'lo siento' antes de darles la espalda.

- La llave está debajo del jarrón. - le susurró al oído.

Kate se acercó a uno de los dos jarrones de la entrada y miró debajo encontrando una bolsita transparente con dos llaves en su interior.

- ¿Cuál de las dos?

- Son iguales. Creo... - añadió indecisa.

- Vamos a probar.

Cogió una de las llaves, la introdujo en la cerradura – sin problema –, y giró un par de veces abriendo la puerta de par en par.

- ¡Adelante!

- Tú primero.

- Está bien...

Beckett entró pausadamente haciendo lo que mejor se le daba, observar, y buscar los interruptores para poder iluminar la estancia aún cuándo la luz natural entraba.

Preciosa – pensó.

Tras recorrer algunos espacios de la casa en la planta baja, y abrir las puertas que daban al porche de la entrada para ventilar, volvió a la entrada.

- ¡¿Kyra?!

- Ha subido arriba – anunció una de las mujeres.

Aquella respuesta la llevó a mirar escaleras arriba.

- Me alegra poder poner cara a tu nombre. Desde hace un tiempo en casa se ha hablado mucho de ti.

- Deja que os presente – intervino su marido – Kate, esta es Olivia, mi mujer.

- Y yo soy Emma – se introdujo a sí misma.

- Un placer – las saludó.

- No sé si preguntarte por cómo te ha ido con su padre... - tanteó Emma. - Imagino que no ha sido fácil.

Antes de que pudiera responderle, un ruido procedente del piso de arriba les alerto. Kate subió por las escaleras como si la persiguiera el demonio dejando a los tres sin tiempo a reaccionar.

- ¡Kyra! - la llamó mirando en una de las habitaciones, que resultó ser la de la niña, sin encontrar a nadie, e insistió – Kyra, ¿dónde estás?

Tras mirar en otra habitación sin éxito, decidió abrir las puertas de la que por lógica tenía que ser la de matrimonio. No sin llamar antes.

- ¿Puedo entrar?

A los pocos segundos la niña abrió la puerta quedando de pie delante de ella hecha un mar de lágrimas.

- No está... – dijo con la voz entrecortada y una foto de su madre en las manos - Se ha ido...

Ella más que nadie sabía que las palabras servían de poco en un momento como aquel, por lo que en silencio, le cogió la foto y se sentó en el suelo, apoyándose a un lado de la cama, ofreciéndole su regazo. La niña no tardó en abrazarse a ella.

...

- ¿Kate?

Olivia se quedó en la puerta esperando alguna respuesta o movimiento por su parte.

- ¡Hey! - saludó en susurros.

- Se ha quedado dormida – comentó.

- Sí... - asintió.

- ¿Estás bien? - se arrodilló a su lado.

- Bueno, llevo un buen rato sin notarme el culo y empiezo a sentirme las piernas entumecidas si eso te sirve. Por lo demás, ando en ello.

- ¡Bien! - exclamó. Ambas sonrieron. - Necesitas estarlo. Ahora más que nunca.

- Lo sé...

- No me refiero a largo plazo, sino a ahora mismo.

Kate frunció el ceño.

Olivia soltó un suspiro y siguió hablando.

- Richard está aquí.

- ¡Vaya, qué rapidez!

- Sí, pero no está sólo... Deberías bajar.

Dejó pasar unos segundos antes de hablar.

- Por favor, dime que no ha sido tan estúpido de llamar a..

- Lo ha hecho. - afirmó la mujer de Peter antes de que pudiera terminar la frase.

- Vale. Necesito un par de minutos. ¿Puedes ocuparte de la niña?

- Por supuesto. La llevaré a su habitación.

Olivia cogió la niña en brazos procurando no despertarla.

- Gracias.

Kate trató de levantarse tan rápido como sus piernas y su espalda le permitieron. En pie, hizo el esfuerzo de llegar hasta el cuarto de baño de la habitación de matrimonio dónde estuvo unos minutos de pie apoyada en el lavabo mirándose en el espejo. Abrió el grifo, se refrescó la cara pasándose las manos mojadas por la nuca y después de secarse con una toalla que encontró en uno de los armarios, la dobló dejándola en el mármol del lavabo, y abandonó el cuarto de baño y la habitación.

- Buenas tardes.

Saludó bajando del piso de arriba a los dos agentes que estaban hablando con Emma.

- Buenas tardes. ¿Es usted Kate Beckett?

- La misma. ¿En qué puedo ayudarles?

- Hemos recibido una denuncia por parte del Sr. Richard Castle diciendo que se había llevado a su hija sin su consentimiento. ¿Es eso verdad?

Beckett sonrió con desgana, negando con la cabeza.

- No sé si están al tanto de la situación, pero se la resumiré encantada. La mujer del denunciante y madre de la niña, a quién él dice que he 'secuestrado' – remarcó haciendo comillas con los dedos – falleció hace unas semanas. A raíz de esto él decidió llevarse a su hija de aquí y empezar de cero en Detroit. Sin embargo, la situación se complica cuando la misma niña empezó a llamar a Emma, aquí presente, diciéndole llorando, – remarcó – , que quería volver a casa. Y eso ha sido lo que he hecho una vez he sabido lo que estaba pasando y que tenía derecho para hacerlo.

- ¿Puede concretar? ¿A qué se refiere con "tenía derecho para hacerlo"

- Eso será mejor que lo hablen con el abogado de la Sra. Willgsburg...

- ¡Castle! Sra Castle, si no te importa.

Richard apareció de la nada junto a Peter, quien llevaba un sobre marrón en sus manos.

- Pardon... - exclamó ella en francés con un tono vacilante, saliendo al exterior.

- ¿Todo bien? - se preocupó el abogado.

- Eso creo... Ahora les decía que hablasen contigo en cuanto a mis derechos sobre Kyra.

- Derechos... Si de mí dependiera no tendrías ninguno – murmuró el padre.

- Afortunadamente, esto no depende de ti. Así que cierra el pico. - repuso sin poderse controlar.

- ¿Lo ven? Ya les dije que su actitud era impropia...

- ¿Qué te digan la verdad en la cara lo llamas tener una actitud impropia? - contraatacó la niñera.

- ¡Emma! Mantente al margen. – le aconsejó Kate.

Después de varios minutos en un tenso silencio dónde sólo se oía la voz de Peter hablando con la policía, Castle se alejó de su coche dirigiéndose a los agentes.

- No quisiera parecer impaciente, pero tengo asuntos a los qué atender y me gustaría acabar con esto cuánto antes.

Los dos agentes se miraron entre sí y seguidamente al abogado a quien le devolvieron la carpeta.

- Sentimos las molestias que le hayamos causado Sra Beckett.

- No por favor, nada de Sra. En realidad no somos tan distintos... - Kate se arrodilló y se subió la pernera dejando al descubierto una funda tobillera dónde llevaba su placa – Inspectora Beckett, NYPD. - se la mostró.

- ¡Ahí va! Haciendo alarde de su estatus... – murmuró Richard.

Ella le ignoró.

- Nadie nos dijo... - intentó excusarse uno de los hombres.

- No tenían por qué. No estoy de servicio.

- Agente Russov – se presentó –, agente Thomas – señaló a su compañero -. Un placer conocerla Inspectora.

- Lo mismo digo.

- Una vez más lamentamos el malentendido.

- Disculpas aceptadas.

- Ahora si nos disculpan, nosotros si estamos de servicio. Disfrute de Chicago.

- Lo haré, gracias.

- ¿Y ya está? ¿No van hacer nada? - se quejó Castle interponiéndose en su marcha.

- Sr. Castle no hay nada qué hacer. La carta dirigida a la Srta Beckett es legal, no hay dudas que la firma es la de su mujer, es la misma que la del testamento y sus otros documentos legales. Lo sentimos, pero ella tiene los mismos derechos que usted en cuanto a su hija. Buenas tardes.

A pesar de estar más pendiente de quienes la apoyaban, no pudo evitar sentirse aliviada después de escuchar la respuesta del agente Russov.

Con el coche patrulla dejando la zona, Richard tomó sus propias medidas.

- No te creas que voy a dejar que te quedes con mi hija – la amenazó.

- Ya estamos de nuevo... - comentó en voz baja, resoplando. - ¿Aún no te has dado cuenta que toda esta estúpida e innecesaria lucha contra mi te está perjudicando? - replicó Kate.

- Tiene razón Richard – admitió Peter – Nadie te está quitando tus derechos de padre, no te equivoques. Sonia sólo quería lo mejor para la niña y creyó que ella podía ser un gran apoyo en el que aferrarse, en el hipotético caso de que tú, por los motivos que fueran, no pudieses estar con ella. En ningún momento me habló de que quisiese apartarla de ti.

- ¿De verdad? Porqué es realmente lo que ha pasado. Dejándola entrar – señaló a Kate con el dedo – en la vida de Kyra ha hecho que mi hija no quiera ni verme. Me he convertido en el malo mientras ella se lleva todos los méritos... ¡Perfecto! - exclamó cabreado – No te haces idea de lo difícil que fueron los primeros días sin Sonia, y ahora que por fin...

- Si Kyra hubiese sido feliz en Detroit no me hubiese llamado llorando diciendo que quería volver a Chicago, ¿no crees? - volvió a intervenir la niñera.

- ¡Emma! Déjalo estar.

- ¿Estás de coña? - repuso perpleja.

Katherine no le devolvió respuesta.

A diferencia de Emma, ella sí se había dado cuenta de que ya no eran los únicos adultos presentes en aquella conversación.

- ¿Por qué gritáis tanto?

Todos enmudecieron.

- ¿No dices nada?

- Tenía entendido que no querías que me interpusiera entre tu hija y tú. Y es lo que estoy haciendo. Nada. - dijo manteniéndose de brazos cruzados. - ¿Eso también te molesta?

Richard resopló.

- ¿Sabes lo que realmente me molesta? - dijo acercándose – Que el destino haya querido que sigas cerca de mi hija. Esto y que cada vez que nos encontramos no me traes más que problemas. - le susurró a pocos centímetros de su rostro - ¿Recuerdas esas palabras?

La niña, molesta por lo que estaba viendo, bajó las escaleras dirigiéndose decidida hacia su padre.

- ¡Déjala en paz! - gritó poniendo todas sus fuerzas en apartarle de Kate.

Beckett, por otro lado, seguía abrumada por aquellas palabras.

Habían ocurrido muchas cosas desde ese día. Pocas veces pensaba en ello, pero cuando lo hacía lo recordaba con todo detalle, o eso creía hasta el momento.

- Kyra, ¿por qué no vas con Emma a jugar en casa de los Bishop? Yo vengo enseguida.

- ¡No! ¡Yo me quedo! - respondió con el ceño fruncido.

- Por favor.

- ¡No!

- Creía que te lo pasabas bien con ellos.

- Iré si tú vienes.

- Iré, lo prometo. Pero antes quiero...

- ¡No te creo! Mamá me prometió que se quedaría conmigo para siempre y se ha ido. Y ya no podre verla más.

Kate se arrodilló para consolarla.

- Mamá estaba enferma, lo sabes, ¿verdad? Sé que ella te lo dijo.

Asintió con lágrimas en los ojos.

- La echo de menos.

- Lo sé – le secó las lágrimas con el dedo pulgar – Y estoy segura que ella también a vosotros; a ti y a papá. Entiendo que ahora estés enfadada con él, pero sabes que papá y mamá se querían mucho, ¿verdad? - Asintió – ¿Y sabes por qué papá se pelea conmigo? - se encogió de hombros - Porque te quiere un montón y quiere lo mejor para ti. Y también porqué echa mucho de menos a mamá.

- Tú no te irás, ¿verdad? ¡Yo no quiero que te vayas!

- Por ahora me quedaré, pero con una condición: ir ahora con Emma a jugar en casa de los Bishop.

- Vale - la abrazó con fuerza.

- Antes de irte ve darle un beso a papá.

- ¿Por qué?

- ¡Vamos! - la empujó hacia él.

A regañadientes se acercó a su padre y le besó en la mejilla.

- Te quiero papi, pero ahora mismo no me gustas nada – dijo con soltura.

Los cuatro se miraron entre sí. Aquello les acababa de pillar tan desprevenidos que ninguno supo hacia dónde mirar, ni dónde esconderse, ni tan siquiera cómo frenar las ganas de reír. Richard, por otro lado, se quedó pasmado al lado de su coche sin saber cómo reaccionar a lo que le acababa de decir su hija.

- Bien jugado – le susurró Olivia al pasar por su lado.

No fue hasta que el abogado cerró la puerta de su casa tras de sí, cuándo Kate, mentalizándose en lo que venía a continuación, empezó a caminar hacia él con la intención de enterrar el hacha; algo poco probable viendo su comportamiento, pero no imposible.