CHP XIX
- Quédate dónde estás. - le ordenó viendo que tenía intención de moverse – Tu hija nos está espiando por la ventana y a menos que seas bueno disimulando...
- ¿Qué te hace pensar que tú lo eres? - levantó las cejas.
- Estoy prácticamente segura que se me da mejor que a ti. ¿Podemos centrarnos ahora en lo que realmente importa?
- ¡Soy todo oídos!
- No soy yo quién debe ciertas explicaciones... - cruzó los brazos.
- ¡Esto es gracioso! Yo tampoco considero que te deba ninguna. ¿Ves? Fin de la conversación. - sentenció decidido a irse.
- ¡No tan rápido! - le agarró por el brazo – Te recuerdo que la niña está mirando, y no nos quita ojo – le soltó – Así que... Ya que no tienes nada que decir, quiero saber qué tienes contra mí. - susurró tratando de no mover los labios.
Richard miró hacia la casa de los Bishop apoyándose de nuevo en el capó de su vehículo, al igual que hizo Kate a los pocos segundos manteniendo las distancias.
- En realidad no tengo nada contra ti.
Beckett giró la cabeza hacia él sorprendida por aquella confesión.
- No estoy segura de haber oído bien.
- He dicho...
- Ya sé – le interrumpió – lo que has dicho. Es sólo que...
- ¿Por qué eres tan complicada?
- ¿Qué? - soltó estupefacta – No soy complicada. Por lo menos, no quién lo es más de los dos.
Castle se la quedó mirando y empezó a reír.
- Vale... ¿Me vas a contar qué te divierte tanto? - volvió a girarse manteniendo los brazos a la altura del pecho.
- Nada – respondió tras unos segundos.
- Sé lo que intentas... - volvió apoyarse en el coche.
- ¿También os enseñan a leer la mente en la academia?
Resignándose a sus impulsos se apartó de su lado. Se paso la mano por el pelo mientras se alejaba unos pasos y al dar la vuelta y ver que nadie les observaba, ni siquiera alguien del vecindario, se le acercó y con una sonrisa en su rostro le cogió por el antebrazo, le obligó a girarse y lo retuvo contra el coche.
- ¡¿Has perdido la cabeza?!
- No sé quién realmente se cree que es, Sr. Castle – le habló manteniendo un tono de voz neutro – pero quién me está demostrando ser, un completo idiota que está agotando mi paciencia, es lo que hará que la conversación entre nosotros sea nula y eso acabe afectando a Kyra. Y dudo que usted quiera eso, ¿verdad Sr. Escritor de novelas de misterio?
Sin esperar una respuesta por su parte, le soltó, retirándose. Sin embargo, ella aún no había terminado con aquella conversación, simplemente esperaba que sus palabras sirvieran de algo.
El silencio se le hizo eterno. Afortunadamente, o no, estaba acostumbrada a ellos y sabía muy bien cómo afrontarlos.
Pasó largos minutos sentada en el porche contestando aquellos mensajes y correos que se le había acumulado en la barra de notificaciones. Las llamadas podían esperar.
No necesitaba apartar los ojos de la pantalla de su dispositivo móvil para tener a su objetivo controlado. Acabaría cediendo, todo era cuestión de tiempo. Incluso después de ver cómo se metía dentro del coche no perdía la esperanza.
Tras pelearse varios minutos con la contraseña de su actual cuenta de correo, soltó el teléfono encima de los cojines que adornaban el sillón de resina trenzada y estiró las piernas, dejando caer el cuerpo hacía delante como si quisiera tocar las puntas de los pies con sus manos. Necesitaba moverse. Recogió el móvil y tras situarlo en uno de los bolsillos de la cazadora se alejó del porche pensando en dar una vuelta por vecindario.
Apenas había terminado de cruzar la calle con intención de girar por la esquina, cuándo escuchó a alguien abrir y cerrar la puerta de un coche. Sonrió.
- ¡Beckett!
Controló sus emociones y se dio la vuelta.
- Haré lo que sea por el bien de mi hija – empezó acercándose –. Y si eso significa hablar contigo..., está bien. Hablemos.
Asintió.
- Camina conmigo.
- ¿Por qué?
Beckett respiro hondo antes de responder. Se negaba a decirlo en alto, pero había empezado a usar la paciencia de reserva que solía tener para emergencias, y no era mucha.
- Acabas de decir que quieres hablar. Bien. Pero resulta que justo antes de que salieras del coche y decidieses hablar, algo que he estado esperando los últimos cincuenta minutos ahí sentada – señaló el porche –, había decidido ir a caminar mientras exploraba el vecindario. ¿Crees que eres capaz de caminar y hablar a la vez?
Sin más añadidos le dio la espalda y empezó alejarse.
A la mitad de aquella calle de la cual aún no conocía su nombre, a la altura de la quinta casa empezando a contar por la primera de la esquina, dejó de andar sola.
...
Ninguno de los dos habló durante un buen rato. Castle seguía sus pasos, mirando al suelo, a veces al frente, pero nunca a ella. De lo contrario, a Beckett se le hacía difícil no mirarle de reojo de vez en cuando, cuándo creía que no se daba cuenta.
- Creía que querías hablar - se detuvo de repente quedándose atrás.
Richard se dio la vuelta al darse cuenta.
- Supongo que esa era la idea.
- ¿Y?
- Quizá...
- Quizá podrías contarme por qué aún me guardas tanto rencor por algo qué te dije hace siete años, cuándo debería ser yo quién sintiera lo que intuyó que sientes hacía mí, después de provocar que me suspendieran durante tres meses. - intervino, sintiéndose liberada por ello.
- Entonces... Lo recuerdas.
- No. Tú hiciste que lo recordara. Pero la verdad es que había conseguido dejarlo en una zona oscura de mi memoria.
- Yo... Lo siento.
- Claro... Aunque un poco tarde para eso. - bajó la cabeza mirando al suelo. Levantó la mirada y poniéndose las manos en los bolsillos de sus pantalones, siguió hablando – Lo superé hace tiempo de todo modos. Así que disculpas aceptadas.
Castle guardó silencio, observándola.
- ¿Qué? - preguntó mirándose a sí misma.
- Gracias.
- Espero que no lo digas por lo que acabamos...
- ¡No! - la miró a los ojos - ¿Te importa si seguimos...?
Kate se acercó sin quitar las manos de los bolsillos y ambos retomaron el paseo.
- Antes de decir el motivo de ese gracias, quiero disculparme por cómo te hablé antes, incluyendo en Detroit. He intentado hacer lo mejor por ella, lo juro, pero tener que dormir en el dormitorio dónde... El día a día se convirtió en una losa en mis espaldas, por eso me fui. - Rick recogió una rama del suelo y la tiro lejos, con rabia - Me aferré a lo de ciudad nueva, vida nueva. Incluso acabé convenciéndome de que todo iría a mejor, que todo era cuestión de tiempo..., hasta hoy.
- Culpable
- Sí... Y por muy contradictorio que parezca, es por eso que te dije gracias. Es obvio que ninguno de los dos siente ni pizca de simpatía por el otro, pero a Kyra le gustas. Llevaba semanas sin verla sonreír y cuándo te ha visto se le han iluminado los ojos; sin olvidar mencionar cómo te ha defendido antes.
- En otras palabras... ¿Estás celoso? ¿De mí?
- No creo que estar celoso sea...
Beckett se echó a reír.
- ¡Esto es ridículo! ¡Eres ridículo!
- Sonia solía decírmelo a menudo. - comentó sin más.
- ¿No más amenazas estúpidas?
- No creo que pueda escoger.
- ¡Bien! - concluyó con una leve sonrisa
Katherine cruzó la calle dejándole atrás.
A pocos pasos por detrás de ella, Richard se dirigió hacia su coche. Abrió la puerta, y antes de despedirse dijo:
- ¿Crees que podemos empezar de cero?
- No creo que pueda escoger.
- Touché. - sonrió – No sé cuándo podré volver, pero lo haré. Sólo necesito...
- Lo entiendo. - le cortó. - Tómate tu tiempo. Pero recuerda que sólo dispongo de dos semanas.
- No es mucho tiempo... - murmuró
La detective se acercó por el lado del copiloto entregándole una tarjeta por encima del capó.
- Asegúrate de no perderla.
El escritor sostuvo la tarjeta en sus manos sin quitarle ojo.
"New York City Police Department
Katherine Beckett, Detective
12th Precinct - New York (NY) "
Al escuchar cómo alguien llamaba a la puerta de los Bishop, levantó la mirada.
- Procuraré no perderla – dijo llamando su atención.
- Aún así... No te sería muy complicado encontrarme. Buenas noches.
- Hasta pronto, Inspectora.
...
Cada minuto de más que permanecía allí se le hacía más difícil irse.
Cogió su teléfono del asiento del copiloto y marcó su número. Al sexto tono descolgó, pero no quién esperaba oír y eso de algún modo le alivió.
- ¿¡Hola?!
- ¡Dale! Soy Richard.
- ¡Oh! ¡Hola! Perdona, no me fije en...
- No te preocupes. ¿Tienes a Julia por aquí cerca?
- Lo siento. Salió a correr y se ha dejado el teléfono, y las llaves... Verás cuando sepa que has llamado...
- Voy a conducir. Dile que la llamaré en cuanto esté en casa.
- Okay. Gracias por llamar, la tienes preocupada... Ah, y... Siento muchísimo tu pérdida.
- Lo sé. Y gracias.
Colgó.
Aún con la tarjeta de Beckett en sus manos memorizó algunos datos en el teléfono. Una vez hecho, lo dejó de nuevo en el asiento del copiloto y tras guardarse la tarjeta en el bolsillo de la americana puso rumbo a Detroit.
...
"Tenía razón" era en lo único que podía pensar en aquel instante, acordándose de las palabras de Julia referentes a Richard en su último casual reencuentro.
- ¿He sido demasiado dura? - pronunció en voz alta sabiendo que no estaba sola.
- No hasta donde yo he estado presente – respondió Peter. - ¿Una copa?
Katherine se apartó de la ventana después de ver cómo el coche se alejaba. Aceptó el vaso.
- ¿Y por qué tengo la sensación de...?
Bebió el contenido de un trago y dejó el vaso al lado del mueble bar.
- ¿Otra? - le ofreció.
Negó.
- Si quieres mi opinión, creo que no hiciste nada para arrepentirse sino todo lo contrario. Además, la charla con él no parece que haya ido tan mal. ¿Me equivoco?
- No... - se dejó caer en el sofá, sentándose de lado.
- ¿Entonces?
- Y si... ¿Y si no estoy preparada para esto? Quiero decir, es obvio que no, pero...
- Puedo hacerme una idea de cómo te sientes - dejó su vaso en la mesa – En el momento que supe que iba a ser padre, me pase el primer trimestre buscando información, comprando libros, todo lo que puedas imaginar; estaba aterrado. Sin embargo, cuándo nació Etta y la pude coger en brazos algo cambió, y lo mismo le paso a Liv.
- Te agradezco la confianza, pero la situación con Kyra es muy distinta.
- Para nada.
- Tiene razón, no lo es - Olivia se unió a ellos sentándose al lado de su marido. - Fui la primera en decir lo absurda y poco responsable que me parecía su decisión. Lo confieso. Recuerdo estar escuchando a Sonia y decirle que se había vuelto loca. Pero no dejaba de ser la opinión de alguien que no te conocía. Afortunadamente, y ahora que ya he podido tratarte, puedo afirmar que todo lo que he visto hasta el momento es suficiente para entender su decisión. Y cómo madre te digo que estás más preparada de lo que crees.
- Ojalá tuviera esa seguridad... - sonrió frotándose la frente.
- La tienes. De lo contrario no estarías dónde estás. - repuso - ¿Tienes hambre? Puedo prepararte...
- No, no. Gracias, pero tengo el estómago cerrado. Aunque quisiera...
- Entonces, arriba hay alguien a quien le gustaría un beso de buenas noches. Arriba a la derecha. Le preparé la habitación de Etta. La tuya es la de al lado, la de invitados. Dejé la puerta abierta, así que no tiene pérdida.
- Si no siempre puedo usar el gps...
...
Una tormenta inesperada la obligó a regresar antes de tiempo.
- ¡Joder! – maldijo tras subir los escalones, aporreando la puerta.
El móvil no era lo único que se había dejado olvidado en casa; las llaves le hacían compañía.
- ¡Sabía que estarías al llegar!
Dale le abrió la puerta entregándole una toalla.
- Gracias. ¿Quieres un abrazó? - bromeó.
- Mejor no...
- ¡Me voy a la ducha! - le besó
- Te han llamado hace... - consultó el reloj siguiéndola.
- Ahora me lo cuentas... Cinco minutos.
- ¿No quieres saber quién era?
- ¡Luego! – repitió subiendo las escaleras corriendo.
- Se llama Richard Castle. - insistió apoyado en la barandilla del principio de la escalera - Ha dicho que volvería a llamar.
Dale volvió al sofá dónde minutos antes estaba haciendo zapping y bebiendo cerveza.
- ¿Estás seguro que era él?
Julia apareció delante de él luciendo su albornoz grisáceo con el iphone en sus manos. Él sonrió.
- Creía que querías hablar luego – bebió directamente de la botella.
- ¡Cállate! - estampo un cojín contra él – Hablo en serio.
- ¿Te he mentido alguna vez?
- Bueno...
- Está bien, lo diré de otra forma. ¿Crees que te mentiría sabiendo lo preocupada que estás desde que hablaste con la amiga de Lanie?
- No. Tienes razón... – se acurrucó junto a él.
- Antes de que me lo preguntes, le noté muy interesado en hablar contigo. Distante cuando le dije que sentía su pérdida. Lo normal supongo.
- ¿Y su hija?
- No hemos profundizado tanto. Ha preguntado por ti, le he dicho que habías salido a correr, me ha dicho que tenía que conducir y que te llamaría luego. Después de darle mis condolencias ha colgado.
- ¿Conducir?
- Eso ha dicho. - bajó el volumen del televisor.
- Me voy a la ducha. Dejo el móvil aquí. Si llaman y es él, avísame.
- Lo que usted mande Srta Shumway.
- ¡Hablo enserio! - frunció el ceño.
- Yo también – sonrió.
- Eso espero... - concluyó dirigiéndose al piso superior.
