CHP XX

A pesar de repetirse a sí misma, en varias ocasiones, que tenía que levantarse e irse, el cansancio hizo que terminase dormida manteniendo la misma posición con la que se había acomodado cuándo la niña le pidió que se tumbase con ella. Desde ese momento habían pasado cuatro horas.

- ¡MAMÁ!

Kate se despertó de inmediato, alarmada y sintiéndose desorientada. Lo que hizo que, olvidando que estaba casi al borde de la cama, acabase en el suelo al querer girarse hacia el otro lado.

- Fuck! - maldijo tumbada encima del parquet.

- ¡No te vayas! - grito la niña.

Dolorida y aún confusa, se levantó acercándose al otro lado de la cama dónde Kyra permanecía echa un ovillo.

- ¡No! - seguía hablando en sueños.

- Kyra, despierta. - se arrodilló

- ¡Mamá!

- Soy yo, Kate. - la acarició - Estabas soñando. O quizá fue una pesadilla...

- ¿Kate? - susurró abriendo los ojos con dificultad.

- ¡Hola! - sonrió.

- ¿No está aquí verdad?

Negó con la cabeza.

- Era muy real.

- A veces los sueños pueden parecer tan reales que cuando despiertas es como si lo hubieses vivido de verdad. Pero no es así... ¿Me lo quieres contar?

- Corría hacía ella, pero nunca la alcanzaba. Y sí corría más rápido, ella se alejaba... - empezó a sollozar.

Kate se levantó, subió a la cama y volvió a sentarse a su lado, consolándola. La niña se acurrucó a su lado.

- ¿Te quedas?

- Me quedo.

Se inclinó y la besó en la sien.

- Todo va ir bien. - susurro transmitiéndole paz.

A un cabezazo de volver a caer dormida, Kyra la sorprendió aún despierta y con ganas de hablar.

- Kate. ¿Sigues despierta?

- Claro... Dime. - se aclaró la voz.

- ¿Dónde va la gente que muere?

- Bueno... - comenzó sorprendida.

- ¿Es verdad que están todos en el cielo?

- Seguramente no todos, pero...

- ¿Dónde crees que está mamá?

- Ojalá lo supiera... ¿Sabes que me decía mi madre sobre esto?

- ¿Qué?

- Le gustaba recordarme que no hay nada que sea para siempre, incluidas las personas, y solía hacer especial mención en que cuándo alguien muere, éste se convierte en el ángel de la guarda de alguien cercano a esa persona.

- ¿Y se puede ser ángel de la guarda de más de una persona?

- No lo sé. Probablemente...

- ¿Mamá se fue para protegerme?

- Mamá os quería muchísimo, a ti y a papá. Estoy segura que hubiera preferido curarse a tener que irse, pero a veces... A veces simplemente no podemos elegir.

- La echo de menos.

- Lo sé. - la besó en la frente – Papá también la echa mucho de menos. Llevaban mucho tiempo juntos.

- ¿Por eso que te gritó antes? ¿Por qué echa de menos a mamá?

- Él... Él necesita tiempo para acostumbrarse a ésta nueva situación. Igual que tú.

- Pero yo te tengo a ti. A mamá le gustabas por eso quiere que me quede contigo.

Katherine tuvo la sensación de empezar a perder el control de la situación.

- Creo que va siendo hora de dormir... Es muy tarde y mañana tenemos mucho qué hacer.

- ¿Limpiaremos la casa?

- Y supongo que incluso podríamos darle una capa de pintura a algunas habitaciones...

- ¡Eso mola! - dijo entusiasmada - ¿Te quedas conmigo?

- Me quedaré hasta que te hayas dormido. - la arropó - Yo también necesito descansar, ha sido un día largo.

- Buenas noches Kate.

- Descansa – susurró besando su mejilla.

...

Sin darse cuenta se había vuelto a quedar dormida.

Kate abrió los ojos con dificultad. Necesitaba saber en qué hora del día vivía.

Moviéndose de manera precavida a la hora de abandonar la cama – no quería despertarla después de lo que había costado que se durmiese – se puso en pie. Cogió los botines, el teléfono y salió de la habitación procurando que ninguna tabla del parquet la delatara.

Al entrar en la habitación de invitados lo primero que hizo, aparte de dejar los botines en el suelo, fue dejarse caer en la cama y cerrar los ojos, suspiró. Y así estuvo durante unos minutos, pero enseguida volvió abrirlos dándose cuenta de que aún y desearlo con todas sus fuerzas, su cuerpo acababa de decidir que ya había dormido todo lo que tenía que dormir. Se incorporó en la cama y desbloqueó el smartphone para comprobar la hora. 6:13am. Eso lo explicaba todo. Cada mañana desde la llegada de Royal a su vida, sobre las 6:30 salían al parque que tenía cerca del apartamento. Era eso o encontrarse una sorpresa en el comedor y tener que perder las pocas horas libres que tenía por la mañana – no siempre – limpiando y ventilando la habitación.

Veinte minutos más tarde salía de casa los Bishop vestida para hacer deporte.

Apenas llevaba cuarenta y ocho horas en Chicago, mucho menos en el vecindario, y después del paseo de anoche sentía que ya lo había visto todo. Por eso, tras recorrerlo de nuevo cómo pre calentamiento, siguió por la carretera. Necesitaba sentirse libre por unos instantes.

Correr por una zona que desconocía y llevar su propia playlist reproduciéndose aleatoriamente le ayudó a mantener la cabeza despejada. Lo suficiente para decidir que era suficiente tras un largo recorrido y volver.

A pocos metros de la entrada redujo el paso y continuó andando. Un coche en el que ella no dio reparo se detuvo en medio de la carretera tras cruzarse con ella. Tras observarla unos segundos a través del retrovisor, dio media vuelta regresando de dónde había salido.

Kate se detuvo delante de la casa de Sonia aprovechando para hacer unos estiramientos. El coche paro en la calle contigua, en una zona dónde sabía que no molestaba. Paro el motor, el conductor bajó y se le acercó.

- Disculpa.

Tuvo que insistir antes de darse cuenta de que alguien le estaba hablando.

- Perdona, no pretendía asustarte. - se disculpó con una sonrisa envidiable.

- No... - dijo mientras se quitaba los auriculares – No esperaba... - dio unos pasos hacia atrás - Da igual.

- Lo siento, de verdad. Sólo quería saludar.

- Hola.

Katherine retrasó una de sus manos palpando el arma que llevaba en la espalda.

- Hola – saludó él – . Matthew Baker – se presentó –. Matt para los amigos y Dr. Baker para una gran mayoría.

- Kate – retiró la mano de su espalda, relajando la otra – Kate...

- Beckett. Lo sé.

- No recuerdo haberte dicho mi nombre completo, y dudo que nos conozcamos. - comentó desafiante frunciendo el ceño, volviendo a palpar el arma.

- En realidad, nos conocemos. Anoche estuve aquí visitando a domicilio, justo en la casa de la esquina – la señaló –, y vi parte de la pelea.

- Tampoco recuerdo haber hablado contigo anoche. Ni siquiera estoy segura de ser quien crees que soy, a pesar de acertar con mi apellido...

- Lo eres. Y siento si te estoy pareciendo un acosador, pero no sé cómo hacerlo mejor – sonrió avergonzado.

- Si dices que soy quien crees que soy..., sabrás que soy de -

- Nueva York. Trabajas en la comisaria 12th cómo inspectora de homicidios y hace unos años tuviste un accidente, un disparo en el hombro, mientras perseguías...

- ¿Quién cojones eres? - le cortó amenazante dispuesta a sacar su glock.

- Supongo que debería de haber empezado con que trabaje como enfermero durante unos años en el hospital dónde estuviste ingresada. Marian Keller fue mi jefa. - dijo de carrerilla con las manos en posición de defensa.

Beckett dio unos pasos hacia atrás.

- Sólo recuerdo haber tratado con un chico, un enfermero un tanto...

El chico carraspeó apartando la mirada avergonzado.

- Sí – confesó

- ¡Es imposible! - negó de inmediato.

- Soy consciente que he cambiado, y no sólo en lo personal, también físicamente, corte de pelo incluido. De lo contrario – siguió hablando tras un corto silencio – Tú no has cambiado nada.

- Supongo que debo tomarme eso como un elogio... - sonrió despertando de su estado de ensoñación.

- Por supuesto.

Olivia les saludó desde la entrada a la vez que se despedía de su marido.

- ¡Buenos días! – saludaron los dos a unísono.

Ambos se miraron al momento echándose a reír.

- Vaya... - comentó él incómodo – Yo... Debería irme.

- Sí, yo también. - dijo señalando hacía la casa de los Bishop.

- No sé si voy a estar mucho tiempo aquí, estoy pendiente de un traslado, pero cualquier cosa...

Matthew se palpó el pecho y los bolsillos sin éxito de lo que tenía en mente encontrar.

- Creo que esto servirá – dijo prestándole su teléfono.

- Ahora sí debería irme – insistió tras esperar a que ella hiciese una llamada perdida al número que acababa de guardar en su lista de contactos. - Ha sido un placer detective Beckett. - le tendió la mano.

- Lo mismo digo, Dr Baker. - encajó la mano con la del chico.

- ¡Que pasen un buen día! - se despidió dirigiéndose a Peter y a su mujer.

Kate se quedó absorta mirando cómo se alejaba, entraba en el coche y haciendo maniobra desaparecía del vecindario.

A los pocos segundos el teléfono vibro entre sus manos. Acto seguido colgaron. Kate sonrió. Comprobó que era él y entró en casa, justo después de Peter. Probablemente Kyra estaría despierta, o estaría a punto, y antes necesitaba tener un par de minutos más a solas. Demasiado por hacer.

...

No había nadie de quien pudiese quejarse por hacer demasiado ruido y no dejarle concentrarse, ni siquiera de sus vecinos. No obstante, no era capaz de escribir una maldita línea. Llevaba una semana con esa idea en la cabeza y todo lo que había guardado desde un principio en un documento word, lo había terminado borrando al día siguiente y así sucesivamente hasta hoy.

Cabreado consigo mismo se levantó hacia la cocina. Abrió la nevera y resopló. Un día más seguía vacía, por lo tanto un día más que iba a tener que elegir uno de los tres números registrados en la lista de llamadas recientes.

- ¿Te das cuenta? Me he convertido en un yonkie del fast food desde que no tengo a la niña... - confesó cerrando la nevera con desdén.

Cogió el último botellín de cerveza que había al lado del microondas, y abriéndolo sin esfuerzo, caminó unos pasos hacia el sofá dónde se dejó caer tirando la cabeza hacia atrás.

- Ojalá estuvieras aquí para decirme qué debo hacer... - dijo en voz alta mirando la fotografía de su mujer situada al lado del televisor.

Permaneció observándola y recordándola tanto tiempo que no fue consciente en que poco a poco sus ojos se fueron cerrando, acomodándose al sofá hasta quedar dormido.

...

Apoyada en una columna colgó en vista del éxito para probar suerte con otro número, el que le había dado en caso de emergencia.

Al tercer tono alguien descolgó.

- ¿¡Sí, dígame?! - respondió una mujer.

- Buenas tardes, ¿podría hablar con Richard? Richard Castle – concretó.

- Lo siento, el señor Castle no se encuentra aquí en estos momentos.

- ¿Sabe cuándo volverá? He intentado llamarle al móvil pero no hay manera de localizarlo...

- Espere un minuto, por favor.

Cansada de esperar a alguien al otro lado de la línea, tomó asiento arrastrando su equipaje; una maleta de ruedas con las medidas obligatorias para no tener que facturar.

- Siento haberla hecho esperar. - dijo una voz distinta a la anterior - Me han dicho que intenta localizar a Richard Castle...

- ¿!Kate!? - reconoció su voz.

- Lo siento. ¿Nos conocemos?

- ¡Jesús! Kate, soy Julia. Julia Shumway

- ¡Oh! - exclamó desconcertada – ¡Hola!

- ¿Tienes idea de lo raro que es hablar contigo sabiendo al número que he llamado? Por cierto, ¿está por ahí?

- No... Lo último que sé es que volvió a Detroit. O eso creo...

- Creía que estaba en Chicago... - sonó decepcionada – ¡Espera! ¿Entonces os visteis? ¿Y la niña? ¿Está contigo?

- ¿Versión corta? Sí a ambas preguntas.

- Vale... Oye, ¿sería mucho pedir que pasaras a recogerme al aeropuerto? No es que me quiera ahorrar el transporte público...

- ¿Estás en Chicago? - dijo al mismo tiempo que miraba la hora en su reloj de pulsera.

- Llegué hace media hora.

- Veré que puedo hacer. - volvió a comprobar el reloj - Tienes mi número, ¿verdad?

- Sí.

- Perfecto. Ahora te llamo.

- Sino con decirme la dirección... - propuso

- Dame unos minutos y te digo algo.

Colgó.

...

Hora y media después.

Kate aparcó el Jeep cerca de la entrada dejando los cuatro intermitentes puestos y salió al encuentro de Julia, quien nada más verla le hizo señas.

- ¡Nena, estás estupenda! Eso de hacer de madre parece que te sienta genial... – la saludó con dos besos, recíprocos.

Sin comentarios que añadir por su parte, se hizo con la maleta de Julia llevándosela hasta la parte de atrás, cerró el maletero y ambas se metieron en el coche.

- Deberías haber llamado. - dijo Kate para romper el hielo

- Supongo que lo habría hecho de saber que estabas aquí.

- Sabias que iba a venir.

- Sí, pero no que aún estuvieses.

- También es verdad – respondió distraída, concentrada en la carretera.

- Quizá si hubiese sabido que Richard estaba en Detroit...

- No sé dónde está. Nadie lo sabe. Creo que ni siquiera él...

- Te dije que apartarlo de su hija no era la solución.

- No soy yo quien le esta apartando, ¿sabes? Ya lo hace por su cuenta... - se hizo el silencio por unos segundos – Hace una semana que no sabe de él, ni una llamada...

- Dale tiempo.

- La niña se enfadó con él porqué escuchó y vio cómo me gritaba, incluso le empujó diciendo "déjala en paz"...

- Me imagino su cara...

- Mi intención no fue nunca separarles. Sólo acepté la voluntad de Sonia creyendo que con dos semanas podría ser útil para arreglar su relación. Servirles de puente a ambos para pasar el luto.

- ¿Cómo está Kyra?

- Bien – sonrió – Está empezando a entender y asimilarlo. Hemos pasado noches muy malas. Ahora lleva dos días durmiendo sola y sin pesadillas... Espero que siga así...

- Richard me llamó hace una semana, casualmente el día que me había dejado el teléfono en casa cuando salí a correr. Lo único que sé es que le dijo a Dale que volvería a llamarme y sigo esperando...

- Por eso has venido.

- Sí... Tiene que haber alguna forma de contactar con él. Quizá si le llamas tú...

- Quizá...

Tras esa respuesta las dos permanecieron en silencio escuchando la emisora de radio que había sintonizada.

- Entiendo que no quieras contestar, pero tengo que preguntártelo – intervino de repente – ¿Hay algo entre vosotros que no sepa? Quiero decir... Le odias por algún motivo, ¿verdad? Me cuesta entender que sólo sea por la niña. ¿Es por lo que escribe?

Kate se rió en silencio, sin mirarla, manteniendo los ojos pegados a la matricula del porche de delante.

- Es complicado... – suspiró.

- Si crees que con esa respuesta lo voy a dejar correr, no me conoces. - se la quedó mirando.

- ¿Te importa si antes de ir a casa, pasamos por el supermercado? Me irá bien un poco de ayuda.

- Vale, pero...

- Nos conocemos de antes. - dijo de carrerilla.

- Sigue – la animó.

- Fue hace años, yo aún patrullaba por las calles aunque llevaba meses planteándome dejarlo para subir de rango. La misma noche que le conocí habíamos recibido una llamada anónima a un posible atentado contra el alcalde en la gala benéfica que se iba a llevar acabo esa noche, así que ya te puedes imaginar qué hacía yo allí. Todo lo que vino a continuación... La versión corta es que vino hacia mí, borracho, y empezó hablarme a la vez que escuchaba lo que me estaban diciendo por el pinganillo. Desafortunadamente, cuándo realmente debería haber estado allí para el alcalde me gire a pegarle la bronca al tipo que no dejaba de acosarme y en esa milésima de segundo alguien disparo. Fin de la historia.

- Recuerdo la noticia, fue en 2003.

- Sí... Aquello me supuso estar tres meses suspendida.

- Entiendo que al verle, saber quién era y lo de la niña...

- Hay algo más. Nos intercambiamos el café la mañana después del suceso cuándo ya llegaba tarde al trabajo y cuando me detuvo, me giré y le vi... Si sigue vivo es porque en ese momento no iba armada. Eso sí, la bronca que le eché la sigue recordando. – sonrió de lado.

- Resumiendo: tenéis un encuentro fatal, el borracho y tú de servicio y eso hace que acabes un tiempo sin curro. Os encontráis a la mañana siguiente en la misma cafetería, coges un café que no es tuyo, él va detrás de ti y al reconocerle le echas la bronca.

- Mhmm – asintió – Ah, y me olvidé mencionar que esa mañana él no se acordaba de nada. - concluyó aparcando en una plaza del parking del supermercado.

- Eso me habría gustado verlo – confesó – Entonces... ese odio viene por...

- No, no por eso. - dijo apagando el motor – No fui consciente de que eran la misma persona hasta hace una semana. Imposible, lo sé, pero es verdad.

- ¿Tan cambiado estaba?

- Más delgado, bien afeitado... no sé, diferente.

- Antes me ha parecido entender que hablasteis...

- Fui a Detroit, intente hablar con él, acabamos a gritos, la niña al verme dijo que quería volver a casa, me la lleve y al poco tiempo de estar en Chicago vino la policía y él detrás.

- Menudo circo...

- Peter, el abogado y amigo de Sonia, me ayudó a intentar conversar con él, pero siguieron los gritos. La niña estaba durmiendo arriba después de un mal momento, se despertó y cuando bajó fue cuándo le gritó defendiéndome.

- Y después...

- Después la intente convencer que se fuera con los vecinos, Peter y su mujer, Olivia, y me dejara hablar con su padre. Y no por placer, pero antes de que su hija le gritara me había soltado la misma frase, sino parecida, a lo que le había dicho hacía siete años y eso me...

- Lo importante es que hablasteis. - sentenció.

- No estoy cabreada con él, o quizá sí, pero no quiero estarlo por ella. Lo que yo pueda pensar de él no quiero que se vea reflejado con la relación con su hija.

La sonrisa de Julia se fue agrandando a medida que la escuchaba hablar, hasta acabar riéndose.

- ¿He dicho algo gracioso? - se contagió

- No me hagas caso. Cosas mías – bajó del coche.

- Y creo que prefiero no saberlo... - concluyó cogiendo el bolso del asiento de atrás. - ¡Julia! - esta se giró – Nada de lo que te he contado...

- Mi boca está cerrada.

- Ni siquiera a Lanie. Hace días que no hablamos, incluso dudo que sepa que estoy en Chicago. Y no es la única...

- Ya tendrás tiempo para contárselo cuándo vuelvas, a ella y a quien sea... ¡Vamos! - tiró de ella – He tenido una idea. ¿Qué te parece si mañana comemos los cuatro? O quien quiera apuntarse... Podríamos hacer una barbacoa... Claro que antes deberíamos contactar con Rick...