CHP XXI
Minutos después de que su iphone volviese a sonar por quinta vez, Richard se desperezó con la sensación de haber escuchado la alarma del despertador. Dejó caer la mano encima de él y se levantó.
Al salir de la ducha volvió a escuchar esa misma melodía, pero se detuvo antes de que pudiera llegar al comedor – desde dónde provenía – dándose cuenta de que lo que había sonado minutos antes había sido su móvil.
"5 llamadas perdidas. 1 sms.
16:10. 15 Sept., Wed."
Sus pupilas se dilataron al leer la hora y el día.
Lo último que recordaba era haberse quedado dormido en el sofá y acababa de despertar en su cama. Restándole importancia, comprobó las llamadas y el mensaje de camino a la habitación.
Llamadas:
Beckett. 14Sept. Tue. 19:43pm
Home. 14Sept. Tue. 20:15pm
Beckett. 15Sept. Wed. 9:10am
Jules. 15Sept. Wed. 11:59am
Home. 15Sept. Wed. 2:15pm
Mensaje:
"Si crees que te voy a cubrir mucho tiempo más mintiendo a tu hija cada vez que me pregunta por ti, estas muy equivocado Richard Castle. ¡Haz el jodido favor de mover tu preciado culo hasta Chicago! HOY.
Beckett. "
...
Julia empezó a reírse al terminar de leer el mensaje.
- A mí no me hace mucha gracia... - comentó Kate mientras ponía el lavavajillas.
- No me río del mensaje. Bueno, - rectificó – en verdad no puedo evitar imaginarte diciéndole eso de "Haz el jodido favor de mover tu preciado culo..." - releyó, riéndose de nuevo.
Hubo un breve silencio en la cocina.
- No te preocupes. Dudo que ignore éste ultimátum. - confesó entregándole el iphone.
- Me fastidia mucho tener que ir detrás de él. Hablamos de una persona que tiene... ¿36?
- 39 - corrigió Julia al momento.
- Los que sean. - concluyó dejando el trapo de mala gana encima del mármol.
Julia sacó su teléfono del bolsillo de la cazadora y empezó a teclear.
- El sábado vuelvo a Nueva York para incorporarme el lunes.
Antes de terminar de escribir el mensaje y mandarlo, se detuvo y bloqueando el teléfono, volvió a guardarlo en el bolsillo.
- ¿Lo sabe?
- ¡Debería! Se lo dejé muy claro...
- ¿Y Kyra?
Katherine soltó un suspiro y negó.
- Me gustaría poder hablar con su padre antes de decírselo.
- Después de veros juntas, también por la conversación de ayer... Me arrepiento de lo que te dije ese día en el parque. Y fuera de él también. - confesó con una mueca.
- Por ahora no he detenido a nadie por llamarme bruja - le guiño el ojo, sonriendo.
- ¡Oh! Eso me deja mucho más tranquila...
- ¿Qué hacéis? ¡Os estáis perdiendo la película!
Del mismo modo que apareció, Kyra desapareció corriendo hacia el comedor dónde, junto con algunos de sus muñecos, estaba viendo – por enésima vez - "How to Train Your Dragon".
...
El reloj del salpicadero del coche marcaba las 20:16pm, diez minutos más de los que marcaba cuando llegó.
Estacionado delante de la puerta de su casa, con las luces apagadas, debatiéndose cuándo salir, la luz del faro de una motocicleta aparcando justo detrás de su vehículo le alertó. Aprovechando la ocasión, y antes de que el repartidor de pizzas llegara al timbre de la casa, la suya, salió del coche llamando su atención. Le extendió un billete de lo más generoso y con las cuatro pizzas en sus manos llamó a la puerta.
- ¡A CENAR! - escuchó canturrear a su hija.
- ¡No si no te lavas las manos primero! - replicó Kate. Eso le hizo sonreír. - Julia, haz de poli malo, ¿quieres? Voy abrir. - anunció.
Las piernas de Richard empezaron a flaquear, su estómago a protestar... ¿Había dicho Julia?
La puerta de abrió.
Katherine retrocedió al levantar la cabeza y encontrarse con quien ya no esperaba ver. Abrió los ojos sorprendida y acto seguido se relajó, quedándose de pie al lado de la puerta con los brazos cruzados a la altura del pecho.
- Hola... - dijo él – ¿Alguien ha pedido pizza?
Sin decir palabra, Beckett le quitó las cuatro cajas de sus manos – colocando el monedero encima de la primera – y se las llevó hacia la cocina dejando la puerta abierta. Richard soltó un suspiro y se adentró en la casa.
No solamente por su ausencia en esa casa después de la muerte de su mujer, también por un ligero cambio de color en sus paredes, se sentía un extraño caminando y observando los muebles y decoración de – en aquel momento - la sala que había al entrar a la derecha. Todo le parecía nuevo, sin embargo, si las paredes hablasen... Un ruido procedente de la parte superior le devolvió al presente, eligió un álbum al azar de la estantería y se acercó a la ventana dónde había una lámpara de pie en la misma esquina. Kyra paró en seco, sin llegar entrar, y se volvió corriendo en busca de Kate. Richard, aún absorto con el álbum, se llevó una nueva sorpresa al levantar la mirada y encontrarse a su editora apoyada en el marco de la puerta.
- ¡Dichosos los ojos, Richard Castle!
- ¿Puedo preguntar qué estás haciendo en..., Chicago? - terminó.
- Últimamente no estás lo que se dice muy disponible, y en vez de esperar por esa llamada que le prometiste a Dale qué harías, preferí venir y darte una sorpresa. Pero..., quien se la llevó fui yo cuando llame aquí y hable con Kate... - comentó insinuante.
- Te debo una conversación, lo sé.
- ¡Y con detalles! - exigió levantando las cejas.
- No es por fastidiar, pero estoy hambrienta y Kyra también... - anunció Kate asomándose.
Al entrar en la habitación que a su vez hacía de sala de juegos y era dónde estaba el televisor con la pantalla más grande, Kyra ya tenía los morros manchados de tomate.
- Espero que hayas dejado algo... - la regañó Kate sentándose a su lado.
- Sólo me comí un cachito de aquí – dijo señalando el corte que faltaba.
- ¿Y de la otra también no? - apuntó mirándola de reojo. - ¿Quieres otro? - asintió - Pero mastica despacio, no hay prisa... - le acercó una porción más pequeña.
- ¡Hay que ver como huele! - comentó Julia decidiéndose por la Barbacoa, al igual que Richard.
- En la cocina queda otra, - dijo Kate cortando la Carbonara - La puse en el horno para que se mantenga caliente...
- ¡Tengo sed!
Viendo que Julia iba a adelantarse, Kate la frenó disimuladamente obligando a Castle a moverse para atender a su hija.
- ¿Cuál es tu vaso? - le preguntó sujetando la jarra
- ¡Este! Pone mi nombre, ¿no lo ves?
Pasando por alto su comentario, Richard llenó su vaso y se lo entregó.
- ¡Gracias papi!
Él y Kate compartieron una mirada rápida, ella de aprobación y él de sorpresa y alivio.
...
Tras dejar la mitad de la cuarta pizza con alguna porción de pepperoni y carbonara en la caja y ésta de nuevo en el horno, lo siguiente fue una tanda de helado e infusiones junto a una sesión doble de cine.
Finalizada la primera, elegida por la niña, la siguiente fue por votación.
- The Holiday o The Lake House?
- ¡Holiday! – eligió Julia al momento
- Lake – señaló la niña.
- Yo también Lake – decidió el padre – ¿Beckett?
- ¡Di The Holiday! - la animó Julia – ¡Por favor!
- ¿Duración?
- Similar... - dijo Richard buscando en la tapa trasera del dvd.
- Entonces la del lago que además no la he visto.
- ¡Te va a encantar! Era la favorita de mamá, y a papá también le gusta mucho aunque diga que no. - comentó acurrucándose en el sofá. - ¡Papi siéntate aquí!
- Cariño ahí no quepo, ya me siento al lado de Jules.
- ¡No! - frunció el ceño – Tú aquí, y Kate allí.
- ¿Perdona? - se quejó. - ¿Ya me echas?
- ¡Sí! - dijo empujándola para que se levantase.
- Vale, vale... Ya me voy...
- Lo siento – le susurró Richard al cruzarse.
Cincuenta minutos después, a una media hora para el final de la película, Kyra dormía agarrada del brazo de su padre, quien seguía más pendiente de disfrutar aquel momento que de la película en sí. Julia luchaba seriamente para mantenerse despierta y Kate... Aquella película le estaba removiendo demasiadas cosas, no obstante, la trama de la historia de Alex y Kate – mera coincidencia que no le ayudaba - la mantenía pegada al sofá.
- Voy a llevarla a su habitación. - anunció Rick en voz baja – No hace falta que paréis la película.
Julia dejó pasar unos segundos hasta que Richard abandono la habitación y añadió:
- No es la única que se está quedando dormida... - comentó desperezándose.
- Puedes quedarte con la habitación de invitados, estarás mejor.
- ¿Estás segura?
- Al cien por cien. - agregó de inmediato. - Le he cogido cariño al sofá.
- Está bien. Voy arriba entonces... Quieres subir antes o...
- No... Quizá..., sí, mi bolsa de deporte. No quisiera despertarte a las seis de la mañana.
- ¿Te levantas a las seis para ir a correr?
- Cada día desde que tengo a Royal.
Kate pausó la película y se levantó subiendo a las habitaciones.
- Eso es todo. Creo...
- Kate, puedo dormir...
- No, no, no. Es toda tuya. ¡Descansa! - se precipitó hacia la puerta.
- Buenas noches.
Al tiempo que ella salía de la habitación de invitados decidida a terminar de ver la película, Rick lo hacía de la habitación de su hija.
- ¡Beckett! - se giró a mitad de las escaleras - Puedes quedarte con la habitación de matrimonio si lo deseas. Yo no puedo...
- Gracias, pero yo tampoco. - sonrió alejándose.
Richard reapareció en la sala sin llegar entrar. En aquel momento prefirió quedarse en la sombra, de pie apoyado en el marco de la puerta mientras a la vez que seguía viendo la película también la observaba a ella.
...
[Conversación en la película]:
- (…) ¿sigues escribiendo a Kate?
- No.
- ¿Por qué?
- Me pidió que no lo hiciera.
- ¿Por qué?
- Por la distancia (…)
...
- Mientras duró para mí fue lo más auténtico que me ha pasado jamás... - irrumpió en la sala recitando el diálogo del protagonista.
- ¡Oh, hey! No sabía que estabas... - dijo sobresaltada frotándose los ojos. - Creía... Puedo volver a poner el minuto donde..
- La he visto lo suficiente como para saberme algunas partes de memoria.
Ambos permanecieron en silencio hasta los créditos.
- Y... ¡Fin!
- Sí. Bonita historia.
- Lo es.
Richard se levantó para sacar el dvd.
- ¿Te apetece ver otra? Tengo...
- ¡He visto suficiente televisión por lo que queda de año! Pero gracias. - comentó cruzándose de piernas con la postura de yoga.
- ¿Cansada? - preguntó volviendo al sofá.
- Puedo estar veinticuatro horas sin dormir, sobreviviendo a base de cafeína, si algún caso lo requiere, sin embargo..., estas últimas dos semanas me he estado levantando cada día antes de las seis de la mañana y a las diez ya no era nadie. - sonrió, cansada.
- Dos semanas... Dijiste que te ibas a quedar dos semanas. - se quedó en silencio. Pensativo. - ¿Cuándo?
- En dos días.
- ¿Tan pronto? - exclamó nervioso.
- Castle... Antes de que digas nada más, por favor, déjame hablar.
En silencio se acomodó respectando lo que le pedía.
- Los dos sabemos que no tuvimos lo que se dice "un encuentro cuco" cómo dice alguien en The Holiday, ya sea por lo de hace años, el día siguiente o por la decisión que tomó Sonia con respecto a Kyra. Admito que me equivoqué pensando mal de ti - Julia me lo dijo y no quise escucharla -, no obstante, que sepas que no me arrepiento de la decisión que tomé en su momento, al igual que no me arrepiento de nada que tenga que ver con Kyra. Ella... Tienes una hija adorable, Castle. Y te aprecia, admira y quiere lo que ni te imaginas. Te ha echado de menos, supongo que ya te has dado cuenta, aunque al principio no te lo haya demostrado...
- Si no llega a ser por el repartidor de pizzas quizás aún estaría allí afuera pensando en qué decir cuando ella o tu abrieseis la puerta... - se ruborizó.
- Adorable... - se burló.
- No recuerdo haber pasado tantos nervios antes. Ni en mi boda... Ambas.
- ¿!Te va el dramatismo, verdad?!
- Si fueras... - se detuvo ordenando las palabras
- Si fuera madre... ¿qué? Porque es eso lo que ibas a decir, ¿verdad?
- Olvídalo. A veces debería..., simplemente no decir nada. - concluyó él.
- Tienes razón. - se encogió de hombros. - No soy madre. No sé por lo que estarás pasando, no sé si estabas tan nervioso como dices estar, no sé..., muchas cosas que son entre padre e hija. Pero... ¿Quieres saber el verdadero motivo por el cual vine en plan al rescate de Kyra, Rick?
- Sonia te lo pidió.
- No. Ella sólo me dio el visto bueno de lo que si quería, sólo si quería, podía hacer. En ningún momento fue una orden.
- Entonces... Por mi hija.
- Y por ti. Y sí, soy consciente de cómo suena esto... - dijo apartando la mirada.
- ¡Oh! ¡Qué bonito...! - se burló él.
- ¡Eres imposible! No se puede tener una conversación seria contigo... - comentó haciendo ademán de levantarse – Puedes quedarte aquí yo buscare otro sofá.
- ¡Espera! - la agarró por la muñeca antes de que saliera. - Beckett... ¡Por favor, quédate! Soy un estúpido. No estoy acostumbrado a esto... Con mi mujer era todo muy fácil, a ella le gustaban mis bromas... Ella estaba acostumbrada a esta clase de comentarios. No quería ofenderte. Lo siento.
Richard la invito a sentarse.
Ella aceptó, justo a su lado.
- No es culpa tuya, Richard. Esto tampoco es algo con lo que trate a menudo. Sólo quería que supieras que si acepté no fue por fastidiarte o quitarte a Kyra, lo hice para daros espacio y que pudieras pasar el duelo por separado.
- Pensarás que soy un mal padre pero estas dos semanas sin la niña... ¡Joder, las necesitaba! Había pensado escribir, pero en realidad no he hecho nada... Simplemente deprimirme y... ¡da igual!
- Sólo espero que mis vacaciones en Chicago te hayan servido para entender lo que te espera a partir de ya mismo.
- ¿Te vas el sábado?
- En dos días, sí.
- ¿Muy pronto?
- Después de comer, no recuerdo la hora exacta.
- ¿Lo sabe?
- No... Lo hubiera hecho mañana de todos modos, aparecieses o no. Pero me alegra de que estés aquí, será mucho más fácil para ella cuándo me vaya... Totalmente lo contrario para mí. - añadió con la voz rota.
- No hace falta decirte que por mi puedes quedarte, ¿verdad?
Beckett se contagió de los nervios de Castle riendo y llorando a la vez
- No me arrepiento de estas dos semanas. - confesó – Pero es hora de volver.
- ¿¡Echando de menos poner a los malos entre rejas, eh!?
- No es todo tan fácil como decirlo. - repuso sentándose de lado.
- ¿Una copa? - le ofreció Rick de repente.
- ¿En serio? Castle... Me levanto a las seis para ir a correr.
- ¡Sólo una! No me gusta beber solo...
- ¡Está bien! - aceptó tras hacerse de rogar - Sólo una, y me quedo el vaso menos lleno...
Llenó dos vasos y tras guardar la botella en el armario se encaminó hacía el amplio sofá, cuyo espacio que había entre los dos era cada vez menor.
- Toma.
- Castle, te dije...
Sin dejarle tiempo para que le reprochase la cantidad de whisky que le había puesto, le mostró el suyo lleno hasta la mitad, dos dedos más que en el de ella.
- Mañana cuando me veas con un humor de perros no quiero protestas porque saldrás perdiendo... - concluyó bebiéndose la mitad del contenido de un trago.
- Deberías beberlo despacio. Se saborea más... - bebió.
- ¡Cállate! - dijo señalándole mientras vaciaba el vaso.
- ¡Increíble!
- ¿Qué? ¿Nunca has visto a una mujer bebiendo Castle?
- No de la forma en cómo acabas de beber uno de los mejores whiskys escoceses - levantó su vaso en forma de brindis y bebió.
Katherine esbozó una sonrisa que terminó en una risa silenciosa.
- ¿Qué es eso tan gracioso?
- Por un momento me he imaginado la escena en dónde invitas a tomar una copa de este..., como se llame – dijo señalando su vaso – a una mujer diciéndole exactamente lo mismo... Me pregunto si funciona.
- No te sigo.
- ¿Me tomas el pelo? Entiendo que no quieras hablarme de tus ligues, tampoco me interesa, pero no me creo que no hayas usado eso antes.
- ¿Te refieres a que use la excusa del whisky para ligar? ¿Es eso?
- Es obvio que lo haces - afirmó convencida acomodándose en el sofá.
- Me halaga en cierto modo que creas que soy quien en realidad no soy.
- ¿Me vas hacer creer que no hubo otras antes de Sonia? O..., después de divorciaros...
- No. Bueno, hubo algo antes, como la gran mayoría de personas antes de encontrar a esa persona, pero no después.
- Un hombre leal – dijo mirándole divertida.
- Casi... - dijo avergonzado.
- Qué pena... Por un momento me lo creí.
Beckett se levantó, cogió su vaso y se acercó al mueble donde había visto a Castle guardar la botella.
- Y yo creía que habías dicho que sólo ibas a tomar una copa.
- No quiero tener remordimientos por no haberlo saboreado como se merece. Pero a cambio vas a contarme más sobre esa chica, mujer...
- ¿Qué chica, mujer...?
- Acabas de confesar no eres tan leal como dices ser...
- Oh, eso. No fue nada.
- Pero hubo alguien más a parte de Sonia, ¿verdad?
- De no saber a qué te dedicas tendría ciertas sospechas con esta especie de interrogatorio.
- Tienes razón. No es asunto mío, perdona. - dio un pequeño sorbo.
- No me importa contarlo, pero no me vas a creer...
- Prueba.
- Okay...
Antes de seguir hablando se levantó para llenarse el vaso de nuevo. Guardó la botella y volvió a sentarse a su lado no muy seguro de hacer lo correcto.
- Fue antes de divorciarnos. Tuvimos una bronca monumental por algo que ya ni recuerdo. Esa noche tenía una invitación para un evento y en un momento de la noche la pille con otro. Me cabreé tanto que empecé a beber y me fui de la fiesta para acabar en otra que daban en una sala del lado y ahí fue... Pero no pasó nada. Solo hice el ridículo y encima tuvo consecuencias... - soltó avergonzado terminándose el whisky.
Ella hizo lo mismo permaneciendo con el vaso en los labios más tiempo de lo habitual con la cabeza en otra parte.
- ¿Por casualidad la chica con la que estuviste, según tu, flirteando, iba con uniforme?
- Mhmm – asintió incapaz de mirarle a los ojos.
- Deberíamos dejar de beber... - dijo recogiendo ambos vasos.
