CHP XXII
No debía haber aceptado aquella copa y mucho menos haberse animado a las dos siguientes. No debería haber accedido a saber más de lo que en realidad necesitaba saber. No debería... ¡Déjalo Kate! – se convenció a sí misma. Pasó ambos vasos por debajo del grifo, los colocó dentro del lavavajillas y cerrando todas las luces a su paso, se instaló en la salita de la entrada dónde estaba segura que el sofá era igual de confortable para dormir.
Cuando era de lo más evidente que no iba a volver, él seguía esperando escuchar algún indicio que dijera lo contrario. ¿Quién te mandaría sincerarte, Richard Castle? - se preguntó a sí mismo tumbándose en el sofá. Volvió a incorporarse, cerró la luz de la habitación y se dejó caer nuevamente en el sofá. "Mañana será otro día" - pensó cerrando los ojos. "Mañana no serás capaz ni de mirarle a la cara, y lo sabes." - admitió, deseando no haberlo pensado.
...
El olor de café recién hecho le hizo removerse en el sofá. La luz que salía de las distintas aperturas de la pared que tenía detrás de él le obligaron a levantarse; no habría podido seguir durmiendo aunque hubiese querido.
Con la misma ropa del día anterior, despeinado y descalzo se quedo parado en la entrada observando la salita. Todo en orden. Siguió hacia la cocina con un nudo en el estómago. Nadie, y también todo en orden. Aliviado, en cierto modo, se dispuso a servirse el primer café de la mañana junto a un analgésico por el dolor de cabeza que había decidido acompañarle.
- ¡Buenos días!
El saludo de Julia hizo que se atragantara. Falsa alarma.
- ¿!Estás bien?! - se apresuró a su lado.
- Sí...
- ¿Analgésicos? - comentó viendo la caja abierta en frente de Rick - Alguien dio una fiesta sin mí...
Richard la ignoró, guardó la caja en un cajón, y le sirvió el desayuno.
- Deberías darte una ducha antes de que te vea tu hija. Créeme si te digo qué asustas.
- Bendita confianza...
- De nada – respondió risueña. - Oye, ¿y Kate?
- ¿Qué?
- Que si sabes dónde está.
- A saber...
Julia permaneció en silencio con el ceño fruncido, observándole.
- ¡Ya lo sé! - dijo de repente – Deberías darte una ducha antes... - repitió
- ¡Yo no he dicho nada! - repuso.
- ¡Ni falta que hace! - soltó irritado - Me voy arriba. A ducharme – enfatizó.
Al tiempo que Richard llegaba al cuarto de baño de la habitación de matrimonio, Beckett afrontaba los últimos pasos hacia la casa andando, sofocada.
- ¡Hey!
- ¡Oh, hola! - la saludó Julia con media tostada en la boca.
- ¡Qué aproveche!
- Gracias.
- Dónde demonios estarán... - renegó en susurros abriendo y cerrando cajones.
- ¿Te ayudo?
- No, a menos que sepas dónde están los analgésicos.
- En el cajón de tú izquierda.
- Acabo de mirar y... Gracias. - dijo con la caja en la mano.
- ¿Una mala noche? - tanteó llevándose la taza a los labios.
- No he pegado ojo.
- Y aún así te vas a correr...
- Necesitaba despejarme.
- Mmhm – asintió.
- Me voy a la ducha - dijo tras tomarse la pastilla. - ¿Te ocupas de la niña si se despierta?
- Claro.
...
Aprovechando que su padre había decidido quedarse y Julia debía volver esa misma noche a Nueva York, Kate se las arregló para desaparecer antes de que la niña preguntase por ella y sin dar muchas pistas de adónde iba.
Era el primer día desde su llegada a Chicago que podía permitirse andar sin rumbo por el centro de la ciudad sin sentirse atada a nada ni nadie. No obstante, al pisar el asfalto en medio del bullicio de tráfico de transporte público, coches y personas, le faltó tiempo para alejarse yendo en busca de un ambiente más relajado dónde el paisaje le invitase a evadirse.
Caminó hasta el Lincoln Park dónde continuó hacía el Este hasta llegar al Lakefront Trail. Antes de seguir se sentó por unos segundos, rescató el mp3 del bolsillo de su cazadora, seleccionó una pista de reproducción, y continuó su paseo bordeando la costa del lago Michigan.
Aquella ocasión era perfecta para hacer esas llamadas pendientes que había estado posponiendo desde su llegada. Sacó el teléfono del otro bolsillo con su número en mente, pero al desbloquear algo la freno. La imagen del fondo de pantalla había cambiado, ahora una sonriente Kyra con pintura en la nariz, las mejillas y la frente y con una brocha en la mano la ocupaba en su totalidad. Kate sonrió con tristeza sintiendo una punzada y un nudo en su estómago. Bloqueó el teléfono y lo guardó.
¿Te meterías en medio de un tiroteo sin importarte las consecuencias, y no eres capaz de hacer una simple llamada de teléfono o hablar con una niña de seis años? ¡Increíble! - se debatió consigo misma.
- ¡CUIDADO!
El grito y alguien abalanzándose sobre ella fue lo único que recordó al abrir los ojos y encontrarse en el suelo llena de arena.
- ¡Oh dios, lo siento! Quise desviar el balón y... Lo siento, de verdad. ¿Se encuentra bien? - se interesó una voz masculina.
- Eso creo... - dijo quitándose los auriculares aún tumbada boca arriba.
Sin apreciar su rostro debido al reflejo del sol, se agarró a la mano que alguien le ofrecía para levantarse e ignorando la leve inclinación del suelo, se precipitó hacia delante chocando contra él.
- Perdona... - se excusó separándose.
Una sonrisa se abrió paso en su rostro al reconocer al chico que la miraba y sonreía del mismo modo.
- Supongo que debo darte las gracias... - dijo avergonzada.
- Tengo una idea mejor.
Kate le miró intrigada.
- Verás... Hoy a las cuatro de la tarde inauguramos una exposición con los dibujos que han hecho los niños que han estado o aún están en el hospital luchando por su enfermedad. ¿Te gustaría acompañarme?
- A menos que consideres que no voy apropiada para la ocasión... ¿Por qué no?
- ¿De verdad? - se sorprendió él – Si tienes planes, no tienes...
- No los tengo.
- ¡Genial! Quieres... Vivo cerca de la galería. Te invito a comer y... A menos que... - vaciló.
Beckett no puso evitar reírse.
- Cualquiera diría que está nervioso Dr. Baker.
- ¿Tanto se nota? - confirmó riéndose.
- ¿Vives cerca de aquí?
- ¿Por? - dijo confundido.
- Bueno, según dónde tengas pensando ir a comer, no tengo muy claro que te dejen entrar tal y como vas – insinuó mirándole.
- No, por supuesto. Tengo un apartamento en el East Village, en Woods St. De todos modos tenemos tiempo...
- ¿Tiempo para ir al centro y entrar en un par de tiendas a ver si encuentro algo más decente para ponerme?
- ¡Yo te veo estupenda! Pero... - añadió al ver su reacción – Sí. Podemos ir.
...
Había ignorado el teléfono desde que habían salido del apartamento de Matt camino al restaurante y más tarde a la galería, disfrutando del momento y de la compañía.
A las 6:18pm la galería seguía llena, aunque la mayoría empezaba a retirarse. Katherine se disculpó para atender una llamada, librándose así de uno de los compañeros de instituto de Matthew.
- Siento interrumpir... - apoyó una mano en el hombro de Matt atrayendo su atención. - ¿Podemos hablar?
- Claro... - le sonrió – Ahora mismo vuelvo. - se dirigió al grupo de padres con los que estaba hablando.
Ambos se retiraron lo suficiente para hablar en privado.
- ¿Ocurre algo? - se fijo en el teléfono que aún sostenía entre sus manos.
- Había olvidado por completo que... ¿Podrías llevarme al aeropuerto?
- Supongo... ¿Cuándo?
- Ahora.
- ¿Ahora? ¿Ahora mismo?
- Sí... Lo sé, es muy precipitado y probablemente quieres quedarte...
- ¡Espérame en la entrada! No tardo – le guiñó el ojo alejándose.
Los siguientes veinte minutos de trayecto hasta el aeropuerto, Katherine se los pasó pendiente del teléfono; escribiendo, leyendo, respondiendo, etc.
- ¡Para delante de ese Toyota! - ordenó tras minutos de silencio – Pero no te quedes aquí, seguramente te echen si estás más de cinco minutos. Cuando salga te llamo... - salió del coche y se volvió hacia él – a menos que no quieras...
- Estaré por aquí – afirmó.
...
Julia arrastró su equipaje de cabina hasta situarse debajo de los paneles informativos. Resopló fastidiada al leer "con retraso" en su vuelo.
- Eso es porque aún no saben que ya he llegado. Ahora iré a decirles que lo cambien... - se le acercó Kate por detrás.
- ¿Qué demonios haces aquí? - dijo sobresaltada
- Desearte buen viaje.
Sin soltar sus pertenencias se le abalanzó para abrazarla.
- Casi se me olvida... - dijo apartándose de repente, sin soltarla. - ¿Hay algo que deba saber? O quieras contarme...
- ¿Cómo qué? - respondió confundida.
- Anoche – empezó – Cuándo me fui a dormir..., tú y Richard...
- Espero que no estés insinuando lo que creo que... ¡Dios!
- ¿!Eso es un sí?!
- ¡NO! - soltó molesta.
Se separó caminando hacia una silla vacía justo detrás de Julia y se sentó dejando la mirada perdida en otra dirección.
- Lo siento. Tengo por costumbre meterme dónde no me llaman... ¡Cuestión de genes! - bromeó.
- No tengo ni idea de qué te habrá contado él, pero si quieres mi versión... - respiró hondo – Al salir de la habitación me lo encontré y me ofreció la habitación de matrimonio, pero le dije que no. Terminé de ver la película, él se presentó casi al final, hablamos, me ofreció una copa, le dije que no, él insistió y yo acepté... Después vino otra, seguimos hablando y otra más y...
- Y... - la animó a seguir.
- Y nada. - concluyó con una sonrisa nerviosa – Le dije que ya había bebido suficiente, me llevé los dos vasos a la cocina y me fui a dormir en otro sofá. Fin de la historia.
- Debo irme – señaló Julia escuchando la llamada para el embarque de su vuelo.
- ¡Nos vemos en Nueva York! - volvió abrazarla. - Cuídame a Richard, ¿vale?
- Puede cuidarse solito. No necesita ninguna niñera...
Esperó hasta que pasó por el control de seguridad y después de un último adiós con la mano, Kate dio media vuelta acordándose en ese instante de que alguien seguía esperándola en alguna parte y a la vez a su llamada para salir a su encuentro.
...
Matthew se apresuró a bajar del coche para abrirle la puerta a su acompañante.
- Señorita... - la invitó a salir.
- Gracias... - sonrió sorprendida. - Espero que todo esto no sea por algo a cambio – tanteó.
- Podría aceptar otro día como el de hoy, si se diese al caso, pero no soy de esa clase de chicos.
- ¡Oh! - exclamó asintiendo.
- Gracias por acompañarme a la exposición.
- Tu esquivaste un balón que iba directo a mi cara, pagaste mis compras - dijo mirándose los pantalones negros, el cinturón y la blusa roja -, y además me has acompañado al aeropuerto cuando no tenías porqué hacerlo...
- Ha sido un placer. - sonrió.
Kate exhaló un suspiro, sonriendo, al tiempo que bajaba la mirada.
- Amable, educado, simpático, atento... ¿Realmente eres así o estás sacando todas tus armas para conquistarme?
- Mhmm... - murmuró acercándose - ¿Funciona?
- Necesitaba un día así – confesó encogiéndose de hombros.
- Me alegra oírlo. Y lo que dije antes, lo decía de verdad. No me importaría repetirlo.
- Me temo que no podrá ser...
- No tiene que ser mañana, puede ser..., otro día. No quiero que creas...
- Matt, no es por nada de lo que te estés imaginando. El sábado vuelvo a Nueva York y aún tengo cosas pendientes qué hacer antes de irme.
- Entonces...
Matthew guardó silencio al ver a una niña de pie en el porche mirando a Kate intensamente. Kate se dio la vuelta después de un breve gesto del chico con la mirada.
- ¡Me lo prometiste! - le gritó - ¡Dijiste que nunca te irías y le acabas de decir que te vas el sábado!
- Kyra, vamos dentro y habl... -
- ¡Eres una mentirosa! - la interrumpió, gritándole - ¡Todo era mentira! ¡Nunca te he importado!
- ¡Eso no es verdad! - trató de defenderse.
- ¡Si te importara no te irías! - le reprochó con la mirada cargada de lágrimas.
- Kyra, escúchame – la agarró por el brazo agachándose
- ¡DÉJAME EN PAZ! - forcejeó liberándose y empujándola hacia atrás con rabia – ¡TE ODIO!
Richard, quien había escuchado los gritos desde el patio trasero y acababa de presenciar esa escena, intentó detener a su hija quien huyó corriendo al interior de la casa.
Matthew, aún al lado de Kate después de evitar que cayera de espaldas, la ayudó a levantarse pero le rechazó poniéndose en pie.
- Estoy bien. Puedes irte, de verdad. Gracias por todo. - se esforzó para sonreír.
- De nada... - dijo incómodo por la situación.
Antes de que Matt llegará al coche, Kate entró en casa por la puerta principal evitando cruzarse con Castle, quien seguía de pie con las puertas de la salita que daban acceso directo del porche abiertas. Éste espero a que el coche aparcado delante de su casa desapareciese y entró.
...
Richard llamó a la puerta de la habitación de su hija varias veces sin respuesta. Intento abrirla, pero había pasado el pestillo y a menos que ella abriese o él tirase la puerta abajo no veía forma de entrar, así que insistió.
- Cariño, se que preferirías que papá te dejará en paz y estar sola, pero soy tu padre, y los padres pueden ser muy pesados cuando sus hijas se encierran en su habitación. Y no me importa esperar. Mira, voy a sentarme.
Apoyado en la puerta permaneció allí paciente hasta que la puerta se abrió por sorpresa y se dejó caer hacia atrás arrancándole así una sonrisa.
- ¡Oops! - dijo frotándose la cabeza aún tumbado en el suelo. - ¿Puedo entrar ya?
- Ya estás dentro...
Rick se medio incorporó viendo parte de su cuerpo dentro y el otro fuera. Se levantó permaneciendo justo al borde de la puerta y repitió.
- ¿Puedo entrar?
Kyra asintió y se alejó de la puerta volviendo a la cama, dónde se acurrucó junto a sus peluches. Él entró y la cerró volviendo a pasar el pestillo.
- ¿Me haces un hueco? - le susurró agachado al lado de la cama.
La niña negó con la cabeza.
Richard se levantó del suelo, la cogió en volandas – haciéndola protestar – y se sentó en su cama con ella aún en brazos, pero por poco tiempo, en seguida se liberó quedando en pie al lado de la cama.
- ¿A qué viene esa cara? - empezó a chincharla y a hacerle cosquillas.
- ¡Para! - se enfadó tirándole el peluche que estaba abrazando.
- ¡Pobrecito! - dijo él atrapándolo - ¿Qué te ha hecho el Sr. Oso? Yo creo que nada...
Kyra resopló y se sentó al lado de su padre, dándole la espalda.
En vez de seguir molestándola, se entretuvo jugando con el peluche y otros juguetes y muñecos que tenía cerca.
Al rato la niña subió a la cama acurrucándose y abrazando a su padre quien no dudo en devolvérselo, acariciándola.
- ¿Tú también te irás?
- ¿Irme? ¿A dónde? Yo vivo aquí, contigo.
- Mamá también vivía aquí y ya no está...
- Ella no quería irse... Tenía miedo de dejarte sola conmigo. Sabía que no iba a ser muy buen padre al principio, pero ahora no lo hago del todo mal, ¿verdad?
- No quiero que vuelvas a Detroit.
- ¿Recuerdas el apartamento? - ella asintió – Papá lo ha dejado. El fin de semana iré a recoger las cosas que dejé allí para traerlas aquí. ¿Querrás acompañarme?
- Vale. Yo también me dejé cosas...
- Podemos ir el sábado o domingo, te dejo elegir. Recogeremos todo lo que sea nuestro y lo traeremos a casa. Y después... ¡Ya veremos!
Hubo un largo silencio.
Richard se quedó mirando el rostro de su hija acariciando su mejilla a la vez que secaba algunas lágrimas con el pulgar.
- ¡No quiero que se vaya! - dijo con la voz rota.
- Ella tampoco quiere irse..., pero debe hacerlo. Nueva York es dónde vive, tiene a sus amigos, a su familia, su trabajo... Y hay muchas familias a quien debe ayudar. Personas que han perdido a alguien querido por culpa de otras que deberían estar en la cárcel por hacer lo que han hecho, y ella es quien puede hacer eso, encerrar a quien lo merece. Hacer justicia.
- ¿Y si se va antes?
- ¿Por qué debería irse antes?
- He dicho cosas horribles... Y la empujé.
- Reaccionaste mal porque no sabías que se iba el sábado, pero no pasa nada. Seguro que ella en el fondo lo sabe y no lo tendrá en cuenta.
- ¿De verdad?
- Mañana cuándo te levantes, le pides perdón y le das un achuchón de esos que le gustaban a mamá. ¿Sabes a cuáles me refiero?
Kyra sonrió, se puso de rodillas encima del colchón y se agarro al cuello de Rick con todas sus fuerzas.
...
Empezaba a refrescar aún así Katherine seguía en el patio trasero de la casa, sentada en una de las sillas hablando por teléfono.
- Llevamos más de media hora hablando, ¿sabes la factura que eso supone?
- ¿Así es como consuelas tú a los amigos?
- No. Suelo darles un fuerte abrazo, a menos que se llamen Beckett de apellido. En ese caso prefiero ser insoportable, sobre todo si es por teléfono y dicha persona no puede darme una colleja.
- ¡Qué idiota eres!
- ¡Ves! A eso me refería...
Sonrió.
- Hmm... ¡Estás sonriendo! Me gusta.
- No es verdad.
- Lo es.
- No puedes verme. No puedes saberlo.
- Becks, te conozco más de lo que crees. Y estabas sonriendo.
- Si tú lo dices...
- Sabes que siempre tengo razón.
- ¡Ja! - exclamó.
- ¿Te das cuenta de lo absurda que está siendo esta conversión?
- Sí... Y sonará estúpido pero lo necesitaba. - sollozó.
- Más te vale no estar llorando otra vez o cojo un vuelo hasta Chicago.
- No niego que me encantaría...
- Y a mí para poder salir de este despacho.
- Ahora mismo te lo cambiaba.
- Kate, voy a tener que dejarte. - anunció cambiando el registro de voz - ¿Sigue en pie lo de mañana?
- Tengo que llamar para saber si puedo adelantar el vuelo.
- Esperaré impaciente tu llamada – bromeó – Y, ¡oye! No te preocupes. Todo se arreglará.
- Que tenga un buen servicio Sargento Keller.
- Nos vemos mañana, detective.
Kate colgó permaneciendo abstraída por todo lo que pasaba por su mente en aquel momento con la mirada fija en algún punto de ese patio.
- Vas a coger frío.
Inconsciente de que Richard llevaba observándola más de cinco minutos debatiéndose en si hablar o no, su voz la sobresaltó.
- ¡Maldita sea Castle! - maldijo resoplando – Quieres acabar conmigo y no sabes cómo hacerlo...
- Si quisiera eso que dices, no te traería una manta.
- Estoy bien, gracias.
- ¡Ya! Por eso estas tiritando – se acercó colocándola en sus hombros. - Y, de nada. Estoy preparando algo para cenar, si quieres...
- No tengo hambre.
- Si quieres hablar...
- Gracias por la manta y la cena... Sólo quiero esta sola.
Richard asintió alejándose.
- Sabía que te tenía mucho aprecio, – se apoyó en la barandilla de la escalera - de lo contrario no se habría ido contigo aquel día en Detroit, pero después del incidente de antes... Hablando con ella me he dado cuenta de lo mucho que te quiere. Tiene miedo que te vayas antes de tiempo por su culpa. Y lo hayas pensado o no, sí es así... - suspiró dándose unos segundos para reorganizar sus palabras - ¡Piénsalo bien antes de tomar una decisión!
