CHP XXIII

Se había acostumbrado a abrir los ojos escuchando la alarma del teléfono de fondo. Hoy todo estaba en silencio y estaba segura de la hora que marcaba el reloj. Llevaba siete años levantándose a las seis de la mañana, en ciertas ocasiones cinco o diez minutos antes, pero nunca pasadas las seis. Intrigada, alargó la mano hacia dónde dejaba habitualmente el teléfono golpeándose los dedos con algo inesperado. Empezó a palpar lo que tenía delante de ella hasta que la vista se acostumbró a la oscuridad y se dio cuenta que había pasado la noche en el sofá de la sala de juegos. Se movió colocándose boca arriba a la vez que subía la manta que la cubría notando un ligero escalofrío. Incapaz de moverse, tragó saliva al ser consciente de la inexistencia de ciertas prendas de ropa en su cuerpo. Con el corazón latiéndole acelerado y los nervios aflorando, giró lentamente la cabeza hacia su izquierda lo suficiente para ver la espalda desnuda de Richard, durmiendo boca abajo.

Haciendo el menor ruido posible, se envolvió el cuerpo con la manta en forma de vestido a la vez que se sentaba en el sofá sin poner los pies en el suelo. Respiró hondo, recogió la ropa que le pertenecía de la que estaba esparcida por el suelo y descalza y de puntillas subió a la que ahora volvía a ser su habitación. Se vistió y cinco minutos después ya estaba en la calle alejándose como si la persiguiera el diablo sin dejar de repetirse a sí misma: "¿En qué narices estarías pensando anoche?"

...

4 HORAS ANTES.

Harta de dar vueltas en la cama, se sentó, cogió la manta que había a los pies de esta y envolviéndose con ella bajó a la sala de juegos dónde no esperaba encontrar a nadie a aquellas horas. A tientas, se acercó al mueble para abrir el televisor bajando el volumen prácticamente al mínimo al instante. Se sirvió una copa de lo primero que encontró y se instaló en el sofá empezando a hacer zapping.

Ni siquiera con un juego nuevo de sábanas podía llegar a conciliar el sueño en esa cama. Iba a tener que hacer algo al respecto, por el momento, esa noche la iba a pasar de nuevo en el sofá. Se puso una bata y salió de la habitación con el máximo silencio posible.

Aquello no se lo esperaba. La tele estaba abierta prácticamente sin sonido y la luz de cada fotograma de los anuncios que daban en aquel momento iluminaba a quien parecía haberse quedado dormida.

- ¿¡Kate?! - la llamó sin levantar mucho la voz.

Se acercó a su lado, ella se movió y al mismo tiempo que iba a llamarla de nuevo, abrió los ojos y se apartó hacia un lado.

- Da gracias de que no lleve la pistola encima – habló resoplando aún notando el corazón en la garganta. - Empiezo a dudar en cuanto a que no quieras acabar conmigo... - añadió.

- Ni se me pasaría por la cabeza.

- Sólo bromeaba... - dijo acercándose a la vez que le entregaba un vaso vacío.

- Al final voy a tener que cobrarte comisión por cada copa - repuso serio.

Katherine se lo quedó mirando mientras él sonreía divertido mirando hacia el televisor sin prestar atención a lo que daban. La miro de reojo permaneciendo pendiente de su reacción, viendo cómo se servía una generosa copa y ponía los pies encima de la mesa que había delante, hundiéndose en el sofá.

- ¿Quieres hablar? - rompió el silencio.

- ¿Tanto te interesa cómo me siento después de que tu hija me haya dicho que me odia? - le miró de reojo.

- Me hago una idea de cómo te debiste sentir - repuso - Quizá no te acuerdes, pero pasé por algo similar no hace mucho.

- Lo recuerdo, y créeme que no es nada comparado con...

- ¿De verdad quieres que nos pongamos a comparar cual de las dos situaciones ha sido peor?

- No soy capaz de pensar en otra cosa... Cada vez que cierro los ojos o me quedo pensativa... - suspiró.

- ¿Otra copa?

Beckett le miró con ojos cristalinos y sonriendo.

- ¿¡Tú todo lo arreglas con alcohol?!

- También tengo refrescos, zumo, agua..., ¿prefieres vino?

- Con esto me sobra – levantó su vaso aún lleno.

- Hablando de alcohol... Te pido disculpas por lo de anoche. - se sinceró.

- Ya que sacas el tema – intervino incorporándose para dejar el vaso en la mesa – ¿Se puede saber qué le contaste a Julia?

- No te sigo – expresó confuso.

- Fui a despedirme al aeropuerto y me soltó que si había algo entre..., ya sabes... nosotros.

- ¿¡Qué!?

- Imagínate cómo me quedé yo.

- No tengo ni idea porque te lo preguntó, pero te prometo que no es por algo que le haya dicho. Lo juro.

Kate se encogió de hombros.

- ¿Qué le dijiste? - se interesó.

Se tomó unos minutos saboreando el whisky escocés y contestó:

- Nada.

- ¡Nada! - repitió.

- Que bebimos y charlamos hasta que me fui.

- Entonces no le dijiste...

- ¿Qué? ¿Qué me tiraste los tejos? No, Castle, no se lo he dicho... - sonrió divertida.

- Yo no te... - repuso nervioso.

- Tampoco que te van las chicas con uniforme... - se levantó apoyando una mano en su muslo.

Beckett se mordió la lengua cuándo estuvo de espaldas a él. En vez de servirse otra copa, dejo el vaso dando un repaso a las películas en DVD del armario de su izquierda.

- Tampoco me disgustan las que van ligeras de ropa. - declaró él.

Kate bajó la mirada.

¿Eso iba por ella? - pensó.

- ¡Qué más quisieras...! - comentó al instante sin más.

- Sobre todo cuándo visten con camisetas masculinas... – añadió – ¿Alguna qué te resulte interesante para verla?

- ¡No! - se giró volviendo al sofá con actitud despreocupada.

- Tengo una pregunta. - se animó Rick quitándose la bata, dejándola a un lado del sofá.

- Dispara – dijo sentándose de lado fijándose de forma inevitable en los brazos semi desnudos y el torso de Rick; todo lo que la camiseta dejaba entrever.

- Es personal... - tanteó

- ¡Denegada!

- Aún no he hecho la pregunta...

- !Está bien! Hazla, pero no te prometo una respuesta.

- El chico que vino a acompañarte es... ¿algo?

De todas las preguntas personales por las que temía esa era con la que menos contaba. Escucharla la hizo sonreír y reírse durante un buen rato.

- Sí, definitivamente es alguien, y no algo. Igual que tú y yo... - respondió tumbándose boca arriba con las piernas flexionadas – Nos hemos encontrado en dos ocasiones y en ninguna me ha parecido mala persona, más bien todo un caballero, pero no.

- ¿¡No?!

Katherine inclinó la cabeza hacia atrás para verle el rostro y él se acercó dejando que apoyara la cabeza en su muslo.

- Ya que pareces interesado...

- ¿Quid pro quo?

- Quizá, y sólo quizá, podría llegar a tener algo con él, pero una relación... No funcionaria.

- En mi opinión tiene toda la pinta de ser uno de esos que compran a las mujeres con regalos. No vale para ti.

- ¿Vas a decirme que tú si sabes qué tipo de hombre sí vale para mí? - se incorporó de lado - Siento cierta curiosidad por oírlo... - se tumbó apoyando la cabeza en su muslo sin pudor alguno.

- Bueno... te mereces a alguien que realmente valore lo que haces del mismo modo que tú le valorarías a él. Y por supuesto, alguien que supiera que no debe contradecirte a menos que estés desarmada ya que tiendes a ser claramente peligrosa. - sobre actuó.

Richard tosió con las manos en el pecho después del suave puñetazo de Kate cómo respuesta a lo que acababa de decir.

- ¡Repítelo si te atreves! - agarró su manta cubriéndose hasta el pecho.

- Me he fijado que sueles actuar así cuando alguien tiene razón. Es tu forma de hacer creer a la otra persona lo contrario o simplemente despistarle. Igual que cuando te pones el pelo detrás de la oreja o te muerdes el labio. Son puntos de distracción para la persona con la que estés hablando y eso te da unos segundos/minutos para pensar en lo que dirás a continuación...

- ¿Algo más señor detective? - comentó mordiéndose el labio.

- Sí... - vaciló - Hay algo... Hay algo que vaga por mi cabeza desde hace días y me gustaría preguntarte. - manifestó jugando con las puntas de su cabello - Ah, y no es personal... - añadió.

- Soy toda oídos.

- ¿Por qué policía? Me refiero al porqué lo escogiste. ¿Antecedentes quizás? Es una tontería pero a simple vista, si no supiera a qué te dedicas, diría abogada o cualquier otro cargo autoritario dentro de una empresa, por ejemplo.

- Castle, no siempre existe un porqué para todo. - se incorporó sentándose de caras a él a la vez que se abrazaba a un cojín - A veces simplemente te gusta algo y lo haces.

- Sí. A veces... Pero creo que no es tu caso.

- ¿Sacando el novelista que llevas dentro?

- ¿Puedo?

- Si te hace ilusión... - aceptó con indiferencia.

Se levantó a por su vaso, olvidado en el mueble, para llenarlo mientras él empezaba su narración.

- Viviendo en Manhattan deduzco que debes ser de buena familia, más que nada por el detalle de la camiseta. No todo el mundo puede entrar en Stanford. - Kate se acercó colocándose en frente, tomando asiento en la mesa, con el vaso entre sus manos haciendo bailar el whisky. – Habrías terminado la carrera sin problemas, buenas notas seguramente, pero no lo hiciste. Algo que sucedió durante..., los dos primeros años, quizás, te llevó a dejarlo y entraste en la academia. Quizá no te sucedió a ti, sino a alguien..., cercano.

Richard levantó la mirada encontrándose a una Kate cabizbaja, inmóvil, con la mirada ensombrecida y fría fija en el vaso, el cual sostenía con firmeza. Sin saber muy bien qué hacer al respecto – intuyendo que acababa de acertar en algo que había dicho – se agachó a su altura colocando las manos alrededor de las suyas temiendo a que le rechazara.

- No debí...

Verla en aquel estado, peor de cómo la había visto horas antes, le hacía sentirse un monstruo. Quitó el vaso de sus manos y permaneció junto a ella sin soltarle las manos.

- No pensé que pudiese... !Lo siento!

Castle le acarició la mejilla secando alguna que otra lágrima traicionera.

- Lo siento mucho. De verdad.

Ella levantó ligeramente la cabeza, mirándole.

- ¿Estás bien? - su voz transmitía preocupación.

Incapaz de decir una palabra asintió pegando la frente contra la suya. Ninguno de los dos se movió durante lo que fueron cinco largos minutos.

Rick volvió a colocar una mano en su mejilla, se separó, y antes de que las palabras que tenía en mente pudieran salir por su boca, los labios de Kate se posaron en los suyos.

No lo vio venir. No en aquel momento.

- Kate... - la frenó.

Sólo podía oír su respiración yendo descompensada con respecto a la suya. Kate tragó varias veces con dificultad sin dejar de mirarle y antes de que Rick, quien aún intentaba entender aquel beso, levantara la mirada, volvió a besarle.

- Esto no está bien... - susurró él con ambas manos alrededor de su rostro. - No sé sí...

No le dejó terminar. Agarró el rostro de Rick con sus manos apoyando los labios en los suyos, besándole con ternura. Se separó y esta vez fue él quien busco de nuevo sus labios casi al instante.

La camiseta de Rick fue la primera en acabar por el suelo seguida por la de Kate, quedando medio colgada por el canto de la mesa...

...

Beckett se detuvo jadeando en medio de la acera. Se irguió con las manos al lado de la cadera mirando a su alrededor y sintiendo pavor al no reconocer lo que estaba viendo.

- ¡Céntrate, ¿quieres?! - se exigió.

Sin saber cómo, había llegado a un punto sin salida. A parte de estar rodeada por un montón de vegetación solo había dos señales, un panel informativo de madera y un camino de tierra y hierba cerrado con una cadena y una placa dónde se leía closed.

Antes de acercarse al panel descubrió un camino escondido que daba a la calle paralela de dónde se encontraba, recordando haberla recorrido alguno de los doce días anteriores. Atravesó por en medio teniendo que esquivar algún que otro obstáculo. Una vez al otro lado, volvió a coger el ritmo escogiendo la calle que la llevaría a dar la vuelta más larga para volver a casa.

...

En pijama, recién levantada, sin perder el tiempo en lavarse la cara, Kyra salió de su cuarto muy atenta a cualquier sonido.

Al llegar a la cocina con éxito – sin haberse encontrado a nadie – se paró pensando en todo lo que necesitaba para lo que quería hacer. Primero la bandeja, después las tostadas, la mermelada, el zumo, etc. Dándose cuenta que le sería imposible llevarlo sola, vació la bandeja y empezó a hacer viajes de la cocina a la entrada y viceversa, hasta que volvió a quedar presentable y digna de un buen desayuno. Contenta con el resultado, se escondió dónde podría controlar que su padre no le fastidiara la sorpresa.

Cansada de esperar, sentada en el suelo aburrida, escuchó cómo se abría la puerta levantándose ipso facto, espiando y volviéndose a esconder.

Katherine se quitó los auriculares al cerrar la puerta con las llaves en la mano, deteniéndose justo a tiempo de poner el pie encima de una bandeja la mar de apetecible situada en el tercer escalón. Al ver todo lo que contenía su estomago rugió. Se agachó para coger la tarjeta con su nombre, le dio la vuelta y leyó:

Lo siento mucho, mucho, mucho.

¿Me perdonas?

TQ. K.

Suspiró.

Luchó por no hacerlo, pero cuándo Kyra salió de su escondite y se le tiró al cuello – cómo le había hecho prometer su padre – no pudo evitar emocionarse.

- Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento... - empezó a repetir continuamente. - ¿Me perdonas?

- ¿Tengo otra opción?

- ¡No! - sonrió.

- Es la primera vez que me preparan un desayuno... - cayó en la cuenta – Oye, ¿lo has preparado tu sola?

- ¡Claro! - afirmó orgullosa – Sólo falta el café, pero no sé cómo te gusta y tengo prohibido acercarme a los fogones... – se encogió de hombros.

- Así está perfecto. - admitió besándola en la mejilla – Voy a ir a ducharme. ¿Lo vigilas para que nadie se lo coma?

Tras dejar la bandeja en la cocina, y beberse el zumo de naranja para calmar el apetito, dejó a la niña haciendo de policía mientras ella se precipitaba al piso de arriba.

...

Saliendo de la habitación se encontró a Kyra sentada, ya vestida y peinada, en el último escalón.

- ¡Kyra! ¿Y mi desayuno?

- ¡Te estaba esperando! Papá está haciendo gofres y pancakes.

- Creía que tenía tostadas con mermelada...

- Claro, pero...

Kate frenó evitando chocar con la niña, quien se había detenido justo a la entrada de la cocina, viendo como su padre se comía entera la mitad de una tostada con mermelada.

- ¡PAPÁ! - gritó con el ceño fruncido asustándoles a ambos; a Kate que seguía detrás suya y a su padre quien vertió el café por el mármol.

- Me cago en la... – maldijo – ¿Qué maneras son esas?

- En esta casa no se dicen palabrotas, ¿recuerdas? - le reprochó imitándole - Las tostadas eran para Kate. ¡Ves! Ahí lo pone, K-A-T-E – deletreó. - Y si supieras leer, sabrías que pone KATE – enfatizó al decir su nombre.

No se atrevía a interrumpir aquella pelea doméstica por lo que se acercó a la barra dónde había una taza de café esperándola, sirviéndose un gofre y añadiéndole sirope de fresa.

- ¡FUCK! - soltó al beber el primer sorbo – Perdón – agregó instantáneamente.

Desconocía cómo lo habría averiguado, pero aquel café sabía a su café.

Hasta ese momento, Richard había ignorado totalmente su presencia. La risa de su hija le devolvió la consciencia. A ambos.

- ¿Y a ella no la riñes? - siguió con la conversación.

- ¡No! - respondió dándose la vuelta para sentarse al lado de Kate.

- Muy bonito... - protestó su padre. - ¿Te sirvo un pancake?

- ¿Kate me sirves un pancake? - se dirigió a ella – Y con el sirope de chocolate me dibujas tu placa, como aquel día para merendar...

- Beckett... - intervino Richard – ¿le puedes decir a mi hija, que por favor deje de ignorarme?

Incapaz de aguantarse la risa con aquel panorama se sintió aliviada cuando su teléfono empezó a vibrar, iluminándose con el nombre "Partner" en la pantalla.

- ¡Salvada por el Sargento Keller! - manifestó girando sobre el taburete y saliendo airosa de la cocina.

...

De nuevo en la habitación de invitados, Katherine iba del cuarto de baño a la habitación dónde su maleta estaba abierta de par en par, con la ropa revuelta alrededor.

Richard llamó a la puerta y entró cauteloso encontrando la habitación vacía sin pasar por alto la maleta encima de la cama.

Kate salió del cuarto de baño con el neceser en las manos sobresaltándose al verle de pie en la puerta.

- Lo he vuelto hacer... - admitió avergonzado.

- No te preocupes. - le quitó importancia.

- Tienes el desayuno en la cocina si quieres... Kyra me ha prohibido tocarlo.

- Prefiero terminar con esto. Además no tengo mucho apetito... – volvió a retirarse.

Richard hizo lo mismo o esa era su idea cuando reconoció dos prendas encima de la cómoda.

- Fue idea de Kyra. Lo dejé aquí para luego bajarlo con el resto de la ropa sucia.

- No hace falta... Puedes quedártelo si quieres.

- Gracias, pero... - negó.

- Supongo que debería empezar a pensar qué haré con toda su ropa... Y tiene bastante... - sonrió melancólico – Si te apetece echar un vistazo...

- ¿De qué estáis hablando?

La niña se abrió paso colgándose del brazo de su padre.

- Le decía que puede quedarse con el pijama que le prestaste.

- ¿El de mamá? - él asintió. - ¡Claro!

- No vais a dejar que me vaya si no me lo llevo, ¿me equivoco?

Padre e hija se miraron con una mirada cómplice.

- Está bien... - aceptó poniéndolo en otro departamento.

- ¿Cuándo te vas? - preguntó con tristeza.

- Mañana a las 6:30am.

- Es muy pronto... - protestó. - No me gusta madrugar...

- No tienes por qué hacerlo.

Kyra frunció el ceño.

- ¿Te vas a ir sin despedirte? - le tembló la voz.

- ¿Tan mala crees que soy? - le sonrió.

- No...

Beckett dejó lo que tenía en las manos y le extendió la mano para que se acercara.

- Antes de irme vendré a tu habitación para despedirme y darte un beso y un abrazo gigantes - la abrazó rodeándola por la cintura.

- ¿Y papá? ¿De él no te vas a despedir?

- En el aeropuerto. - intervino.

- ¿Por qué él sí y yo no? - protestó. - Yo también quiero ir...

- Nadie va a venir a despedirme en el aeropuerto. - manifestó. - ¿De acuerdo? - les miró a ambos.

- ¿Podemos ir hoy a Detroit? - propuso la niña.

- ¿No prefieres ir mañana o el domingo? - replanteó su padre.

- Si vamos hoy podría acompañarnos... - insinuó ella mirando a Kate.

- El piso sigue siendo mío hasta que no entregue las llaves... ¡Vosotras decidís!

- ¡Genial! ¿Vienes?

- Me encantaría pero quiero terminar de...

Kyra se zafó de sus brazos y se fue dejándola con la palabra en la boca.

- ¡Kyra...! - la llamó ella resoplando.

- Se ha ido a esconder en el dormitorio de matrimonio. - informó Richard apoyado en el marco de la puerta - Solía esconderse en el vestuario de su madre cuando era pequeña – sonrió.

- Será posible... - bufó pasando por el lado de Richard sin mirarle. - Kyra, me quedan menos de veinticuatro horas en Chicago, y te aseguro que no quiero pasarlas yendo detrás tuya por... Jo-der – exclamó al abrir la luz del vestidor de Sonia.

Richard sonrió con disimulo al escuchar/ver su reacción. Tenía que admitir que su hija sabía cómo matar dos pájaros de un tiro.

Impresionada por la cantidad de ropa colocada de forma en la que lograba una combinación perfecta de colores, se dejó llevar, entrando y echando un ojo a las distintas prendas llegando a detenerse en algunas más que en otras.

- ¿Por qué no te la pruebas? - considero la niña al lado de su padre viendo como miraba una prenda en particular.

- No es necesario...

Kyra se acercó al vestuario, tiró de la cazadora haciendo caer la percha al suelo y se la tendió.

- ¡Vamos, pruébatela!

Sin rechistar aceptó la cazadora tejana con las mangas imitación piel de color negro y acomodada en su cuerpo se miro al espejo vertical que había en la puerta de un armario.

- ¡Te queda genial! - declaró eufórica. - ¡Mira! Esta es parecida... No es tejana, el tejido es diferente pero las mangas también son de cuero. Y esta es mi favorita...

Richard abandonó la habitación con una sonrisa observando cómo su hija de tan solo seis años y medio acababa de atrapar a Kate en una mañana de probadores en el vestuario del que en su día fue de su mujer.

...

Agotada era la palabra que mejor definía el estado de Beckett al cruzar la puerta de casa.

Sin decir una sola palabra se dirigió a su dormitorio para cambiarse. Al entrar quiso volver a cerrar la puerta. Con la mañana prácticamente secuestrada por la niña y el resto del día en Detroit rellenando cajas con las pertenencias de Richard y algunas otras de Kyra, tener que terminar de hacer la maleta, después de la cena que se habían pegado los tres en una pizzería, le parecía un esfuerzo sobrehumano cuándo lo único que le apetecía era tumbarse y no levantarse hasta que volviera a sonar el despertador, esta vez mucho más temprano.

La maleta y su bolsa de mano era lo único que por el momento quedaba de su paso por aquella habitación. Satisfecha de haber terminado con el empaque antes de irse a dormir, se dejó caer en la cama feliz de poder disfrutar de su merecida tranquilidad.

Dos minutos después alguien llamaba a la puerta. Kyra abrió asomándose.

- ¿Kate..., puedo dormir contigo esta noche?

- ¡Kyra! ¿Que acabo de decirte?- escuchó a Richard quejarse - ¡Te he dicho que no la molestaras!

- ¿Molesto? - le preguntó ignorando a su padre.

- ¿Prefieres esta cama a la tuya? - la niña asintió – ¡Venga, va!

- ¡Buenas noches, papi! – le deseó cerrándole la puerta en las narices.

Richard abrió sin llamar encontrándose a su hija ya dentro de la cama.

- ¿Estas son maneras?!

- No me importa, Castle – confesó saliendo del cuarto de baño con la camiseta de Stanford puesta – Tengo asumido que no voy a dormir mucho esta noche, así que... ¿Estás bien? - le preguntó a Kyra.

- ¡Mucho! - sonrió sacando los brazos a fuera.

- Hazme un hueco anda...

- ¿Me das un beso por lo menos? - le insistió a su hija.

Kate se metió en la cama por el lado derecho después de apagar la luz del cuarto de baño, con el teléfono en las manos.

- ¡Buenas noches, cariño!

- ¡Buenas noches, papi!

- ¿Apago la luz?

- Sí, gracias. - dijo ella pendiente de los mensajes que le llegaban de Martin, poniéndose de acuerdo para ir a recogerla al aeropuerto.

- ¡Qué descanséis!

- Buenas noches.

Confirmada la recogida en el aeropuerto con Martin y el trayecto hasta el aeropuerto con su chófer, se aseguró de tener la alarma a la hora correcta y lo bloqueó quedándose a oscuras. Dejó el teléfono en la mesa situada en ese lado y se acomodó de lado, dando la espalda a la niña, escuchando su respiración y pensando en lo que no había dejado de pensar desde esa mañana.

Hacía mucho que alguien no te hacía sentir como él lo hizo anoche, y lo sabes – admitió en silencio entre sus pensamientos.

Sonrió.