CHP XXIV
Las tres veces anteriores que se había despertado, después de un ligero sueño de cuarenta minutos, había comprobado la hora en el teléfono confirmando que podía relajarse; no se había quedado dormida y no iba a perder el avión. Aunque esto no era lo que la seguía manteniendo despierta.
Cuarenta-cincuenta minutos más tarde Kate volvió a despertarse. Nerviosa, salió de la cama encerrándose en el baño con el teléfono en la mano. Se sentó en la tapa del inodoro y empezó a abrir y a cerrar aplicaciones a su antojo cuándo se fijó en un mensaje no leído que le había pasado desapercibido.
Castle. R. "¿Estás despierta?" - 00:16
Tras dudar unos minutos se puso a teclear para responder.
"¿Me estás espiando?" - 3:57
"No puedo dormir..." - 3:57
Minutos después un vip llegó a su teléfono.
CR. "¿Qué?" "¿Espiándote? No tengo ni idea de lo que me estás hablando..." - 4:06
BK. " Si tú lo dices..." - 4:06
CR. " No te fijaste en la hora del último mensaje que te mande, ¿verdad?" - 4:08
BK. " Culpable..." " Siento haberte despertado" - 4:10
CR. " No te preocupes" "Tampoco podía dormir y me puse a escribir" - 4:10
BK. " Yo tengo excusa. ¿Cuál es la tuya?" - 4:11
Castle. R está escribiendo... - 4:13
CR. " No tiene importancia" "¿Café?" - 4:18
BK. " ¡Por favor! Y que sea doble" - 4:20
El tiempo se iba acortando.
Visto que era imposible ocultar al cien por cien sus ojeras de panda con maquillaje, guardó el corrector en el pequeño neceser que llevaba en el bolso cambiándolo por el lápiz delineador.
Podría ser peor – susurró mirándose detenidamente en el espejo atusándose el pelo.
Con el bolso al hombro y los zapatos en la mano apagó la luz, caminando a oscuras por la habitación hasta llegar al lado de la puerta. Dejándola entreabierta, dejó lo que llevaba con ella en el suelo del pasillo entrando de nuevo para recoger la maleta, cerrando la puerta al salir. Recogió los botines y se acercó al escalón dónde se sentó para calzarse.
- Buenos días.
- Según cómo se mire... – contestó enfundándose el otro botín.
Richard subió sentándose en uno de los escalones, dejando uno de distancia de dónde ella tenía los pies.
- Café doble como has pedido – le entregó
- ¡Oh! Gracias... - agarró la taza por debajo - ¡Ven con mamá! - susurró acercándose la taza a los labios, soplando antes.
- Nadie diría que has pasado la noche en blanco... - comentó él manteniendo la vista en su taza.
Kate levantó la vista sonriendo de lado. Un nuevo vip hizo vibrar el teléfono.
- ¡Es hora! – anunció entregándole la taza - ¿Puedes bajar mis cosas? Voy a despedirme... - suspiró.
- Claro. ¡Suerte!
Viéndola entrar de nuevo en la habitación, se levantó dejando ambas tazas a un lado del escalón para recoger su equipaje.
Antes de salir, se sacó un papel doblado y un sobre del bolsillo de sus vaqueros poniéndolo en el interior del bolso de Kate.
- ¡Buenos días Richard!
- Buenos días...
- ¡Pareces sorprendido! - comentó Peter cogiendo la maleta de sus manos.
- No sabía que fueras tú quien...
Peter sonrió.
- Me hago una idea de a quien esperabas encontrarte - cerró el maletero. - Valeria nos contó que había visto a Kate con alguien el otro día antes de la pelea con tu hija... – se encogió de hombros. - Imagino que se estará despidiendo de ella.
- Sí... - asintió mirando hacia la ventana de la habitación de invitados que daba a la calle.
- Richard, si necesitas algo... Lo que sea, sólo tienes que decirlo. Olivia y yo, y las niñas, os ayudaremos en lo que haga falta.
- Lo sé y te tomo la palabra. No sé qué voy hacer sin...
- ¡Sonia sabía lo que hacía! - apoyó una mano en su hombro.
- Siempre lo supo... - admitió Rick.
- Ahora vuelvo – anunció su vecino de repente.
Katherine apareció cerrando la puerta de la entrada detrás de sí.
- ¿Cómo ha ido?
- Te lo puedes imaginar... – comentó pasando por su lado.
- ¡Kate!
- ¿Y Peter? Vamos a llegar tarde - se dio la vuelta soltando un suspiro.
- Se había olvidado algo... - la observó – ¿Estás bien?
- Lo estaré cuando hayamos llegado al aeropuerto – respondió mirando su reloj de pulsera.
- Siento si te he... Sera mejor que vaya a ver como está. ¡Cuídate mucho! ¡Buen viaje, Beckett! – se despidió encaminándose con las manos en los bolsillos.
...
- ¿Y ya está? - protestó Olivia al lado de su marido.
- ¿Qué esperabas? - la miró riéndose.
- No esperaba que se besaran, pero... - suspiró.
Peter abrazó a su mujer por la cintura besándola en la mejilla.
- ¡Debo irme! No quiero llegar tarde.
- ¡Peter Bishop no des ni un paso más!
- ¿Por qué?
...
Katherine se apresuró a detenerle.
- ¡Castle, espera! ¡Castle! ¡Vale! Me merezco que me des la espalda y no hace falta que te des la vuelta pero ¿podrías por lo menos dejar de caminar y escucharme?
- ¡Kate! Cuando quieras... - anunció Peter entrando en el coche.
- ¡Sólo un minuto!
- Deberías irte. No quiero ser el responsable de que pierdas el vuelo...
- Castle...
- ¡Estamos bien! Sin rencores... - le tendió la mano con una sonrisa.
- Bien... - encajó la mano con la suya. - ¡Gracias!
- ¿Eso debería decirlo yo, no crees? - añadió sin soltar su mano.
- Ha sido un placer... ¡Cuida de Kyra! Y no dudéis en...
- ¡Claro! Di algo cuándo llegues; por ella...
- Lo haré... - soltó su mano - Adiós Castle.
- ¿Y por qué no "Hasta pronto"? Suena mucho más esperanzador... – sonrió levantando las cejas.
- Supongo que adiós tiene un significado diferente para mí...
Richard se acercó inclinándose ligeramente para besarla en la mejilla.
- En este caso... - le susurró al oído - Adiós, Inspectora Beckett.
...
No podía negar que estaba encantada de estar sentada en unos de los asientos de primera clase, sin embargo, estaba cabreada con Castle por no haberla avisado de que había anulado su billete en clase turista. Al recordar ese momento y la cara que debía haber puesto, por la reacción de la chica que la atendió, le entró la risa, lo que disimuló mirando por la ventana.
Antes de que las azafatas empezaran con las habituales instrucciones de seguridad y le obligaran a apagar el móvil, se puso a teclear.
"Te salva que esté cómodamente asentada en mi asiento de primera clase y sin nadie que me pueda molestar... ¡De lo contrario no respondía de mis actos!
No tenías porque hacerlo... Gracias (: "
Lo releyó varias veces y finalmente lo mandó guardando el teléfono en el bolso. Respondiese o no, lo sabría cuando estuviese camino de su apartamento; en Nueva York.
- ¿!Kate?!
- ¡Matt! - soltó sorprendida – Hola.
- ¡Qué sorpresa! No esperaba encontrarte...
- Bueno... Sabías que volvía a Nueva York – le recordó.
- Pero no que iba a encontrarte en este vuelo. ¡Qué coincidencia! - sonrió.
- Sí... - le devolvió la sonrisa.
- ¡Disculpe señor! - se acercó una azafata – Debería ocupar su asiento, saldremos en breve.
- ¡Claro! - asintió – Bueno, nos vemos luego. - se despidió de Kate.
Katherine se abrochó el cinturón y dejó caer la cabeza hacia atrás cerrando los ojos hasta que el avión empezó a moverse. Con la vista fija en la ventanilla no pudo evitar empezar a recordar momentos vividos en las últimas dos semanas.
...
...
OCHO SEMANAS DESPUÉS.
Lanie se acercó con paso decidido dónde la había citado su amiga.
- ¡Lo siento chica! Hubiera llegado antes si... No tienes buena cara, ¿va todo bien? - se sentó a su lado viendo como Kate negaba con la cabeza - ¿Son los resultados de los análisis? - señaló el sobre que sostenía en sus manos. Asintió – Vale, chica..., ¡me estás asustando! ¿Qué ocurre?
- Dejaré que lo leas tu misma. - los guardó - ¿Puedes llevarme a casa?
Katherine no volvió abrir la boca hasta llegar a su apartamento dónde su perro se acercó dándole la bienvenida sin dejar de merodear a su alrededor.
- ¡Royal! Vas hacer que me caiga...
Dejó el bolso en la mesa del comedor, lo abrió para recoger el sobre de los análisis siguiéndole otro papel doblado que cayó en el suelo. Antes de que el perro fuera a por él, Kate le frenó recogiéndolo y guardándolo en el bolsillo del pantalón.
- Aquí los tienes – le entregó el sobre, sentándose en el sofá descalzándose.
La forense empezó a revisar la primera hoja de las tres que contenía el sobre. Al finalizar las tres hojas, volvió a empezar, y así hasta cuatro veces.
- Por más que lo leas los resultados no van a cambiar – comentó Kate con las piernas cruzadas encima del sofá, aferrada a un cojín.
- Aún así prefiero seguir creyendo que los nuevos productos con los que trabajo producen efectos secundarios... Alucinaciones.
A Kate le entró la risa.
- Supongo que me alegro de que tengas ánimo para reírte. - comentó Lanie.
- Me ha hecho gracia lo que has dicho, eso es todo. - se encogió de hombros.
Incómoda sentada cómo estaba, puso el cojín, que hasta ese momento estaba abrazando, en un extremo del sofá, tumbándose y apoyando la cabeza en él.
- No sé qué decir. Tampoco puedo... ¿Cómo no pudiste darte cuenta?
- Yo misma no dejo de hacerme esta misma pregunta. Cuándo al levantarme vi la mancha de sangre, no hice mucho caso a la cantidad, más bien me alegre... Imagine que al retrasarse podía ser normal... ¡Yo que sé Lan! - flexionó las piernas haciéndole un hueco en el sofá. Lanie la invitó a que estirara las piernas de nuevo encima de su regazo. - Desde que volví al trabajo, el lunes hará nueve semanas, no he parado. Sólo me cogí unas horas libres para ir al ginecólogo, visita rutinaria, y fue cuando me mandó hacerme unos análisis.
- ¿Se te pasó algún momento por la cabeza?
- Primero me extrañó... Luego me asusté. Me ha costado dormir desde que me hice los análisis y luego la prueba de ultrasonido... Creo que por mi cabeza pasó cualquier posible enfermedad menos haber tenido un aborto espontáneo.
- ¿Cómo te sientes?
Se encogió de hombros.
- ¿Cómo representa que debería sentirme? ¿Deprimida? Ni siquiera sabía que estaba de tres a cuatro semanas. ¿Alegre? No me siento con muchas ganas de fiesta ahora mismo... - sonrió contagiando a su amiga.
- Entiendo que no quieras hablarlo, aunque tarde o temprano te lo voy a sacar...
- ¡Ya estabas tardando en preguntármelo! - intervino risueña.
- ¿Le conozco?
- ¿Qué importancia tiene?
- ¡La tiene! - remarcó.
- Sólo porque te estés muriendo de ganas de saber con quién me acosté no lo hace...
- Voy a pensar qué conozco al sujeto en cuestión cómo sigas dándome largas.
Una sonrisa que no fue capaz de esconder la delató.
- ¡Estás sonriendo! ¿Le conozco?
- ¿Podemos dejarlo?
Kate hizo ademán de irse, pero su amiga se aferró a sus piernas.
- Lan... ¡Por favor! De verdad que no quiero hablar de ello.
- Haberlo pensando antes de acostarte con... él. Quienquiera que sea.
- Es obvio que no tienes ni idea por lo que estoy pasando, de lo contrario, simplemente lo dejarías estar... - admitió tapándose el rostro con las manos.
- Entonces... ¿Le conozco?
Suspiró.
Inspiró, expiró...
- Sí, si te has leído sus libros y me consta que...
- ¡OH DIOS MIO! - exclamó de repente alertando a Royal quien se incorporó ipso facto – ¡Espera! No puede ser él, demasiado viejo...
- Yo no le llamaría viejo precisamente... - comentó entre dientes.
- ¿Cuántos años tiene?
- Treinta y tantos... Cuarenta...
- ¿Cómo es? ¿Título de alguna novela?
- ¿Conoces A Rose for Everafter...?
Lo único que se escuchó durante unos breves minutos fue la respiración de Royal; tumbado en la alfombra, feliz y relajado con las caricias de su dueña.
- Katherine Beckett... ¡ERES UNA MALDITA ZORRA! - le lanzó un cojín - ¿¡Te acostaste con Richard Castle?! ¿¡Por qué no me lo contaste?!
- ¡Acabo de hacerlo! - argumentó riéndose de su reacción.
- ¡Ahora! ¡Ahora no vale! ¿Cómo le conociste?
- ¿Prometes no volver a gritar y asustar a mi perro?
- Lo siento... - se disculpo mirándolo. - ¡Culpa suya! – señaló a Kate.
- Podría dejarte sin explicación por esto... - la amenazó.
- Está bien. ¿Cuál es la historia?
- Kyra. - empezó siendo interrumpida.
- Creía que ibas a...
- ¡Sí! - repuso – Lo haré si no me interrumpes. Y aunque creas que Kyra, la niña por la que me fui dos semanas a Chicago, no tiene nada que ver con él..., la tiene. Richard es su padre.
- ¿Richard Castle tiene una hija?
- Y muy adorable... - sonrió al decirlo.
- ¿Tienes idea de lo afortunada que eres, Katherine Beckett?! Millones de mujeres de saber lo que ahora sé, se harían amigas tuyas para conseguir una foto, una firma, una dedicatoria o simplemente una sonrisa de ese hombre.
- No será que no has tenido oportunidades de conseguir lo que dices...
- ¡Más quisiera yo! Las veces que ha estado firmando libros he estado trabajando.
- Habérselo pedido a Julia.
- ¿Qué tiene que ver Julia con Richard Castle? ¿Qué no me estás contando?
- Está bien... - aceptó sabiendo que acababa de irse de la lengua - Julia conoce a Richard. No desde hace mucho, pero si lo suficiente para considerarse amigos.
- ¿Y cómo sabes tú eso?
- Me lo contó antes de que decidiera irme. Fui a dar una vuelta por Central Park y me la encontré. Empezamos hablar, él salió en la conversación y simplemente me lo contó.
- Demasiada información para un sólo día... - se levantó.
- Te ha molestado que..
- ¿Qué crees que tengo, diez años? - se giró de repente con una botella de vino en la mano – No estoy molesta, Kate. ¡Me alegra de qué os lleváis bien! Simplemente estoy... ¿Julia lo sabe? - pregunto yéndose de contexto.
- ¡No! - negó con rotundidad – No por mí... - añadió pensativa.
- Ósea, que seguramente sí lo sabe... - bebió de la copa de vino que se sirvió.
- ¡Lan! No lo sé... Llevo semanas sin hablar con ella y no tengo ni idea de las conversaciones que tiene con Richard.
Lanie sonrió.
- ¿Qué? ¿Por qué sonríes?
- Es interesante escuchar cómo te refieres a él.
- Richard... - repitió – Es cómo se llama. Del mismo modo que podría referirme a él llamándole Castle.
- ¡Es bonito!
- Lo que tu digas – rodó los ojos – Tienes que prometerme una cosa, y ahora hablado enserio. - su facciones se tensaron – ¿Me lo prometes?
- ¡Sabes que lo haré! ¿De qué se trata?
- ¡Ni una palabra a Julia de esta conversación! - enfatizó.
- ¿Insinúas que de saberlo podría decírselo a Richard y...?
- ¡Y nada! - sentenció – Lan... Nada.
- Mi boca está sellada.
...
...
Con la maleta de ruedas ya en sus manos se adelantó alejándose del lado de su padre sin darle tiempo a recoger la suya de la cinta para ir detrás de ella.
- ¡Kyra! ¡Ven aquí!
- ¡Ya me sé el camino! - respondió sin detenerse.
- ¿Estás segura?! No creo que llegues muy lejos si sigues por ahí...
La niña se giró con el ceño fruncido. Se puso de nuevo detrás de la maleta y la empujó con las dos manos hacía dónde estaba su padre, caminando a su lado.
A la salida, Julia les esperaba apoyada en su coche.
- ¡Hey! ¿Cómo ha ido el viaje?
- Aburrido – respondió la niña dejando su maleta al lado de Julia y entrando en el coche.
- Ha estado bien – se acercó Richard saludándola con un beso en la mejilla.
- No la veo muy entusiasmada... ¿Qué le pasa?
- Ojalá lo supiera...
De vuelta al despacho, Julia consiguió relajar la tensión entre padre e hija comprando un batido y unas pastas a la niña aún con la negación de Richard. A la entrada del edificio Kyra se dirigió a las escaleras mientras ellos iban hacia los ascensores.
- ¡Kyra! ¿Donde crees que vas? - le llamó la atención su padre.
- ¡No me gustan los ascensores!
Richard resopló.
- Respira hondo – le susurró Julia.
- Va acabar conmigo... - musitó.
- ¿Sabes qué? Voy contigo. ¡Nos vemos arriba! - le guiño un ojo de espaldas a su hija.
- ¿Hay que subir muchas? - quiso saber la niña a la mitad del primer piso.
- Hasta el quinto.
Kyra se detuvo de repente con el vaso aún en las manos.
- Son muchos...
- Podemos bajar y coger el ascensor si quieres.
- ¡No! - negó y siguió subiendo.
- ¿Puedo saber qué ha hecho tu padre para que estés tan enfadada con él?
Sin respuesta alguna, siguieron subiendo hasta llegar al cuarto piso, dónde Kyra se sentó en uno de los escalones.
- Hice algo que no debía.
- ¿Él o tú? - quiso asegurarse Julia sentándose a su lado.
- Yo.
- Entonces debería ser él quien estuviera enfadado contigo, y no al revés.
- Quería volver a ver un video en Youtube, uno que vimos en clase, y se abrió su cuenta de correo con un e-mail en pantalla...
- No deberías haber usado su ordenador sin permiso, eso es verdad, pero aún así, no entiendo por qué eres tú la que está enfadada con él y no él contigo.
- Encontré esto.
Kyra se sacó un objeto pequeño del bolsillo de sus pantalones.
- ¿Esto es un pen drive? - la niña asintió – ¿Y lo que hay dentro es el motivo por el que estás enfadada con tu padre?
- ¡Si sabe que se lo robé me va a castigar!
- ¿Puedo saber qué hay dentro?
- Conversaciones entre él y Kate.
- ¿Kate? ¿Te refieres a Beckett? No sabía que siguieran hablando. - confesó sorprendida.
- No. Son viejas. Y son raras...
- ¿Raras?
- Sus nombres no son sus nombres.
- ¿Qué nombres? - tanteó Julia con el pen drive en la mano.
- Cath y Edgar.
- Y entiendo que... - empezó buscando las palabras adecuadas si es que las había. Tosió antes de seguir hablando - ¿Esto se los has dicho a tu padre?
- Le pregunté por qué él y Kate se hablaban usando otros nombres y cuando me pregunto qué nombres y se los dije se enfadó mucho – confesó cabizbaja – Y ahora cada vez que saco el tema no me contesta.
- ¿Por qué crees que Cath en realidad es Kate?
- Hablan de mamá, de la casa que tiene Kate en los Hamptons y de Royal, el perro de Kate.
- Eso no demuestra que sean ellos Kyra. Incluso siendo obvio que Edgar sea tu padre... Puede tratarse de una coincidencia.
- ¿Tú también crees que me lo invento?
- No... Sólo quiero entenderte. ¿Hacemos un trato? - la niña se encogió de hombros - Leo lo que haya aquí dentro – le mostró la memoria usb - y cuándo lo haya terminado buscamos una excusa para pasar el día juntas, lo volvemos a leer y vamos marcando todo lo que a ti te hace pensar qué son ellos. ¿Qué me dices?
- ¡Trato hecho! - sonrió por primera vez desde que estaba en Nueva York.
- Será nuestro secreto – comentó Julia guardándose la memoria usb en el bolsillo del pantalón.
- Con mamá también tenía secretos...
