CHP XXV
Nunca hubiera esperado poder retomar su relación en el punto donde la dejaron, incluso después de su reencuentro y más tarde con el asunto de Sonia y su hija. Sin embargo, precisamente desde la vuelta de Chicago, Kate intentaba hacer un hueco en su agenda para verse, fuese la hora que fuese.
- ¡Buenos días! Acabo de hacer café, ¡sírvete! Voy a terminar de vestirme.
- ¿Estás segura que tienes tiempo para desayunar? Te veo muy acelerada...
- Pueden apañárselas sin mí hasta las nueve. - respondió desde el dormitorio.
Martha dejó el abrigo y el bolso en el colgador de la entrada, tomando asiento en la mesa de la cocina.
- ¿Y este montón de papeles?
- ¿Qué papeles? - asomó la cabeza por el marco de la puerta. - ¡Ah, eso! Seguramente es lo que me dejó Alicia ayer cuando vino por la tarde. Suele recoger todo lo que dejo por ahí olvidado y cree que es importante para que yo misma le dé el último veredicto – volvió a esconderse en el dormitorio.
- ¿Te importa si le hecho una ojeada?
- La mayoría serán facturas aún por clasificar...
Con la voz de su sobrina de fondo empezó a revisar.
Dejando a un lado las facturas y la propaganda de comida rápida, a lo único que le dedico más de dos segundos fue a un papel doblado que encontró antes de un folleto anunciando la apertura de un nuevo restaurante japonés.
- Hay algo que deberías ver...
- ¿Qué es?
- Una carta.
- ¿De dónde?
- No hay sobre. Es un papel doblado...
- ¿Y no pone de quién es? - la interrumpió.
- En realidad... – se detuvo, aún asombrada de lo que había leído - La persona que firma lo hace a nombre de Richard Castle.
Del mismo modo que se precipitó a su lado y se lo quitó de las manos para leer, lo dobló y lo guardó en el bolsillo de su pantalón.
- ¿Te apetece un té, o prefieres un café?
- Té con limón... - contestó inquieta a su reacción - ¿Quieres hablar?
- No hay nada de qué hablar. - puso la tetera al fuego.
- ¿Estás segura?
- Completamente.
A pesar de aquella respuesta no dejó de observarla.
Pasados unos breves minutos envueltos de un inquietante y eterno silencio, Kate dejó la tetera en la mesa, encima de un salvamanteles, preguntando por su obra de teatro.
- Estoy muy sorprendida de lo rápido que se ha adaptado Mila con el grupo. Ella y Paul han congeniado mucho, y son geniales en todas las escenas que hacen juntos... - sonrió orgullosa - ¿Esta es mi taza?
- Sí.
- ¿Ya te has olvidado que lo tomo sin azúcar?
- ¡Mierda! - maldijo – Ahora te lo...
Martha agarró las manos de su sobrina antes de que se diera la vuelta.
- Para un momento y escúchame. Respira hondo. Ahora... Si algo he aprendido es a no meterme dónde no me llaman, aunque a veces me sea imposible no hacerlo – sonrió – lo reconozco... No sé que habrá escrito en esa carta pero es obvio que parece importante para ti. Y entiendo que no quieras hablar de ello, pero cuando quieras hacerlo, no importa cuándo, estoy aquí para escucharte.
Dejando a su sobrina pensativa, Martha terminó de prepararse el té.
- Deberías comer algo antes de irte... ¡Dios sabe a qué hora vas a comer! O si lo harás... - le aconsejó dejando una taza de café a su lado.
- ¿Quieres leerlo? - se quitó el papel del bolsillo.
- Nunca leo una carta dirigida a otra persona si ésta no la ha leído antes.
Martha se terminó la taza de té observando a su sobrina totalmente sumida en sus pensamientos mientras jugaba a doblar y desdoblar el papel sin llegar a desdoblarlo por completo. Finalmente, el teléfono la devolvió al mundo real.
- ¡Beckett! - respondió.
Sin soltar el teléfono aprovechó para beberse el café mientras escuchaba a uno de sus detectives informar de un nuevo descubrimiento en el caso con el que llevaban ocupados desde principios de semana.
- Envíame la dirección. Nos encontramos allí. – indicó antes de colgar.
- Ya que no vas a desayunar en casa, hazlo por el camino...
Martha ya estaba en la puerta dispuesta a abandonar el apartamento cuándo Kate se le unió cerrando de un portazo.
- Siento no poder acompañarte.
- ¡No te preocupes! Ve. Yo cogeré un taxi. - se despidió besando su mejilla - ¡Buena caza!
...
Llevaba toda la noche pensando en ello y ese pensamiento empezaba a tener más presencia en su mente después de volver a revisar lo escrito la noche anterior.
¿Y si es cierto y no una forma de llamar la atención de Kyra?
No eran más de las siete y media de la mañana y su cabeza ya pedía a gritos un descanso.
- ¡No me puedo creer que aún estés con esto!
- Sí... - respondió distraída.
- ¿Vas a decirme qué te traes entre manos? - Dale la besó en la sien al mismo tiempo que echaba una ojeada a las anotaciones, fechas y años subrayados en amarillo en la libreta que reposaba a su lado.
Julia bajó la tapa del portátil y cerró la libreta o al comprobar la hora.
- Todavía no – se levantó – Pero lo haré. – añadió dándole un beso antes de salir de la habitación que con el tiempo se había adueñado cómo despacho.
Dale descendía por las escaleras cuándo el teléfono de su chica empezó a sonar en el comedor.
- ¡Julia, es Richard! - al ver que probablemente no le habría oído, cogió el teléfono descolgando mientras volvía al piso de arriba. - ¡Hola! No cuelgues, ahora te la paso.
- Vale – respondió una voz muy diferente a la que imaginaba.
- Cariño...
- ¿Quién es? - preguntó Julia saliendo del cuarto de baño.
- No estoy seguro...
- ¿¡Hola!?
- No puedo hablar mucho... - susurró una voz al otro lado de la línea.
Julia apartó el teléfono momentáneamente para comprobar el nombre que había en pantalla.
- ¿Richard?
- Soy Kyra.
- ¡Kyra! Hola... ¿Todo bien?
- ¿Leíste algo de aquello?
- ¡Oh! - sonrió - Anoche empecé, sí. Pero, escucha, ahora no puedo entretenerme con esto...
- ¡Kyra Castle! Te lo advertí antes...
Se escuchó a Richard de fondo.
- ¡Tengo que colgar! - dijo de repente la niña.
- ¡Estoy harto de que vayas por libre cada vez que te prohíbo algo! Te dije que no la llamarás y a ti te falta tiempo... ¿Me lo puedes devolver, por favor?
Hubo un pequeño ruido de fondo y un silencio a continuación durante unos breves segundos en los que Julia apartó el teléfono de su oído para comprobar sí la llamada se había cortado.
- ¡Hola! Lo siento. Espero que no te haya molestado...
- ¿!Molestarme?!
- ¿¡Julia?! - sonó sorprendido.
- ¡Sí!
- ¿Por qué mi hija te llama a ti?
- ¿Y por qué no? ¿A quién esperabas encontrar a la otra línea, Richard?
- ¡Olvídalo!
- Por ahora... - sonrió – ¡Oye! ¿Comemos juntos?
- Tengo mucho qué escribir...
- ¿Piensas quedarte todo el día encerrado?
- Probablemente.
- Vale... ¿Te importa si vengo a por Kyra? Seguro que ella apreciará que la inviten a comer y a respirar un aire distinto al acumulado en esa habitación...
- ¡Está bien! – resopló. - Doce media - una, no más tarde.
- ¡Hecho! ¡Yo hago la reserva!
- Se agradece la invitación.
- Yo encargo, tu pagas.
- Dijiste... ¡Da igual!
- No soy yo quien se puede permitir una habitación de hotel de más de trescientos dólares la noche, por decir algo...
- Mensaje captado.
...
Llevaban cuatro días buscando a ese individuo. Cuatro días tratando de encontrar su paradero y cuando finalmente le localizan y llegan al lugar, el tipo sale por la ventana huyendo por la escalera de incendios al tiempo de que los detectives irrumpen en el apartamento tirando la puerta abajo.
- ¡No sé cómo pero sabía que veníamos! ¡Voy detrás de él! - informó uno de sus agentes por radio.
- ¡¿Qué?! ¿No sé supone que estaba incomunicado? - soltó cabreada.
Con el arma en la mano, Kate saltó del coche después de detenerlo encima de la acera con las luces encendidas.
- ¡Kate, se dirige hacia ti! - alertó Esposito por radio.
Antes de que pudiera levantar el arma para apuntarle, el chico cruzó por en medio de la carretera sorteando los vehículos y obligando a más de uno a pisar el freno, dando un revés a la situación.
- ¡Voy yo! - gritó la detective a su compañero saliendo corriendo detrás de él.
De todos los lugares posibles el metro era el peor en el que podía estar persiguiendo a alguien. Lo odiaba.
- ¡Policía! ¡Abran paso! - anunció sorteando a quienes se cruzaban con ella sin apartar los ojos de enfrente. - ¡Detente! - gritó.
No se detuvo. Las puertas del tren se cerraron al segundo de que él las atravesara mezclándose con el gentío de esa parte del vagón. Beckett golpeó con ira el convoy antes de que este cogiera velocidad.
- ¡Maldita sea! - maldijo para sí misma.
Al instante su móvil vibró.
"Estoy dentro" - leyó.
Kate permaneció de pie justo donde se había detenido hacia menos de un minuto, con el móvil en las manos y mirando por el túnel dónde acababa de desaparecer el convoy.
- No puede ser verdad... - murmuró para sí misma.
- ¡Hola! - saludó una voz que reconoció a pesar de llevar tiempo sin escuchar.
Aquello la alarmó aún más que el mensaje que acababa de recibir. Sin apartar la vista de ese túnel respiró hondo y dijo:
- ¡Por favor dime que no estás sola!
- No lo está – respondió una voz distinta y también conocida.
Kate suspiró aliviada enfrentándose a la situación.
Sus ojos fueron de los de Julia a la persona que había delante de ella.
- ¡Nunca jamás hagas lo que acaba de hacer el insensato de tu padre!
- ¿Está en peligro? - le pregunto.
- No... Supongo. - pensó para sus adentros.
Al instante de tener que atender a la llamada de uno de sus colegas, un nuevo mensaje de texto apareció en la pantalla.
- ¡Ryan, no cuelgues!
Dejó la llamada en espera y comprobó el mensaje.
"Próxima parada Lenox Avenue, 116St. No parece que vaya a bajar. Todo va bien."
Quería matarlo. Aquel fue el sentimiento que despertó en ella aquel mensaje informativo. Y probablemente eso es lo que haría cuando le viese de nuevo, fuese con o sin su hombre.
Instintivamente pulso la opción responder y escribió:
"Sigue vigilando. Y ten cuidado..."
...
Richard sonrió al leer el mensaje. Aunque probablemente no significase nada, aquello le gustó. "ten cuidado..." - releyó.
Acercándose a la siguiente parada, levantó la mirada encontrando al chico cerca de la puerta dispuesto a salir. Haciendo él lo mismo, se adelanto situándose varias personas por detrás de él por miedo de perderle. Aún así, ocurrió. Afortunadamente sólo por unos instantes.
- Haciendo uso de la marcación rápida llamó a Beckett.
- ¿Dime que no lo has perdido?! - respondió de mal humor.
- ¡Hola cariño!
- ¿Qué? ¡Castle no me vengas con gilipolleces! ¿Dónde estás?
- ¿Me dijiste que te llamara nada más bajar en Lenox Avenue, recuerdas?
- ¿Ha bajado para hacer trasbordo?
- Exacto, 135.
- ¡Escúchame! ¡Haz lo que sea, pero que no suba a ese tren! ¿¡Me oyes!?
- Alto y claro.
- ¡Entonces hazlo! Estoy llegando. - colgó.
- ¡Hasta ahora preciosa! - añadió aunque sólo fuese para aparentar.
No tenía tiempo. El chico acababa de acelerar el paso adentrándose por el acceso de enlace con la línea tres. Si dejaba que subiese en ese tren, era hombre muerto.
Haciendo uso de lo que tenía delante, un grupo de músicos callejeros tocando en la andén, se acercó a uno de ellos quitándole el violín de las manos al instante que el convoy empezaba a entrar.
Ahora o nunca – se repitió.
...
- ¡NYPD!
Beckett rodeada de un pequeño equipo de SEAL y uno de sus detectives – mientras el otro ejercía de niñera camino de la comisaria – llegaron hasta el punto de enlace con la línea 3 del metro; 135St de Lenox Avenue.
- ¡¿Castle?! - se abrió paso delante la multitud.
- Ahí – señaló Esposito.
Aún empuñando el arma, respiró aliviada viendo que no había nada por lo que preocuparse. ¿O sí lo había?
- ¡Ocúpate tú! - le ordenó a Javi mientras se enfundaba la glock en el cinturón caminando a paso firme y decidido hacia él.
- ¡Hey! Me alegro de que estés aquí, no habría sabido qué hacer si llega a despertarse antes de...
Kate le ofreció la mano para ayudar a levantarse.
- ¿¡No ha estado mal, eh!? - insistió risueño señalando al chico.
- ¡Vamos! Kyra nos espera en comisaría.
Sin mostrar ningún tipo de reacción o expresión en su rostro, buena o mala, la detective se puso en camino abandonando la andén.
- ¡Eh, tú! ¿Y qué hay de mi instrumento?
Beckett se detuvo obligando a Richard hacer lo mismo.
- ¿Disculpa? - se giró.
- ¡Este tío se cargo mi violín usándolo para dejar ko al otro! - explicó el músico de no más de veinte años, arropado por sus colegas.
Manteniendo el mismo semblante serio desde su llegada, se giro hacia Castle con una mirada inexpresiva que no supo interpretar.
- ¡Dame la cartera!
- ¿Cómo?
- ¡Tu cartera, Castle! ¡Vamos!
Muy a su pesar, Richard se la entregó viendo cómo sacaba todo el dinero en metálico – billetes de cinco, diez y cincuenta dólares – del que disponía, entregándoselo al chico.
- No tengo ni idea del precio mínimo de un violín, pero con esto tendrás para una paga y señal. Dile al vendedor que me llame para el resto del pago. - sentenció dándole una tarjeta de contacto.
- Gracias por no darle una de mis visas... - le susurró al devolverle la cartera.
- ¡Andando!
...
El trayecto hasta la comisaría fue en silencio.
Ella no dijo una palabra, no estaba preparada. El tampoco, era obvio que si lo hacía iban acabar discutiendo y en ese momento era lo último que quería. Kate se limitó a conducir permitiéndose mirar de reojo a su acompañante en contadas ocasiones. Richard permaneció con la vista pegada en la ventanilla, observando lo que ocurría por dónde pasaban.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron, Kate fue la primera en pisar el suelo de la oficina.
- ¿Ryan? ¿Dónde está? Se supone que debías...
- Él insistió – se encogió de hombros señalando al despacho del capitán Hines.
- ¡Beckett! - la llamó su otro compañero – ¿Qué quieres que hagamos con él?
- ¡Dos minutos! Antes tengo que ocuparme de algo.
Con la presencia de Richard en la comisaria empezó a crecer cierto murmullo acompañado de cuchicheos, miradas y risas tontas.
- ¡Parece que tu héroe tiene fans en la comisaria! - susurró Javi a Kate.
- ¡Cierra el pico!
- ¡Papá!
Kyra salió del despacho del capitán al verle.
- ¡Aquí está mi chica! - la recibió eufórico.
- ¿Estás bien? - se preocupó su hija.
- ¿Tengo pinta de no estarlo?
Ella le abrazó aferrándose a su cintura. Castle hizo lo mismo rodeándola con sus brazos.
Una sonrisa involuntaria apareció en el rostro de la detective observando aquel momento.
- ¡Beckett! Unas palabras... Vosotros dos interrogad al chico escurridizo... - les ordenó a Ryan y Esposito volviendo a su despacho.
Beckett hizo lo mismo después de una mirada rápida con sus chicos.
- Parece que hoy ha tenido un poco de ayuda. ¿No es así? - soltó antes de sentarse.
- ¿Señor?
- Su amigo novelista, Richard Castle - señalo mirándole a través del cristal.
- Fue algo totalmente inesperado. No volverá a suceder. - respondió de inmediato. - Y no es mi amigo.
- No es eso lo que me ha contando la hija del mismo. Kyra, ¿verdad? Una niña muy agradable, y con muchas ganas de hablar... - destacó - Me sorprendió la facilidad con la que contó que había perdido su madre.
Esa última mención captó su atención.
- ¿Le contó lo de su madre?
- Sus palabras textuales fueron: Una enfermedad se llevó a mamá aunque ella hubiera preferido curarse y quedarse con papá y conmigo – hizo una pausa– ¿Y sabe qué me respondió cuándo le pregunto si estaba triste? – continuo – No estoy triste, porque sé que mamá es mi ángel de la guarda y Kate está conmigo. – finalizó.
Beckett desvió la mirada hacia la oficina.
- Podría pasar el resto del día con ella si lo desea.
- Con el debido respeto, señor, hay mucho trabajo y no voy a dejar mis obligaciones...
- Sus obligaciones están ahí fuera, esperando para pasar el día juntas.
- Supongo que es inútil que me niegue.
- La verdad es que no sé qué hace todavía en mi despacho – dio por terminada la conversación con una leve sonrisa en su rostro.
...
Kate cerró la puerta de la habitación.
Con el cansancio pesando en sus pestañas, se dirigió hasta la sala dónde su tía, acomodada en el sofá, disfrutaba de un tarro de helado para ella sola.
- ¿Se ha dormido?
- Y lo que me ha costado... - aseguró dejándose caer en la butaca.
- Hoy dormirá como una reina.
- Y no será la única – bostezó.
- ¿Seguro que no quieres quedarte? Hay habitaciones de sobra y a ella le haría ilusión encontrarte aquí por la mañana.
- Y yo estoy segura de que necesito mi cama.
- No insisto más entonces. - volvió a hundir la cuchara en el tarro. - ¿A qué hora vendrá a recogerla su padre?
- No lo sé... Si puedo me paso antes de ir a la comisaria.
- Quizá me tome el día el libre mañana.
- Es bueno saberlo – volvió a bostezar. - ¿Piensas comértelo entero?
- No soportas la menta.
- Y adoro el chocolate
Le quitó el tarro de helado de las manos cambiándolo por el papel doblado que seguía llevando en el bolsillo del pantalón.
- ¿Y esto?
- Para que te entretengas mientas yo ataco a esta delicia – relamió la cuchara.
- Esto es...
- ¡Sí! - afirmó con la boca llena.
- ¿Lo has leído? - asintió – Y quieres que...
- ¡Deja de hacer preguntas y lee!
Martha observó a su sobrina por unos segundos y se dispuso a leer.
- Querida Kate... – empezó.
- Pero no en voz alta... – remarcó.
Durante los siguientes quince minutos lo único que se escucho fue el murmullo de la película que Katherine acababa de sintonizar.
"Querida Kate,
Pensando en distintas formas de empezar esta carta, la que me parece más acertada es diciendo "Gracias". Sé que no hago otra cosa que repetirlo, pero es lo que siento. Ver a mi hija enfrentarse cada día con la pérdida de su madre, me da fuerzas para decirme a mí mismo: sí ella puede yo no puedo ser menos.
Me he comportado como un sinvergüenza como padre y como persona, antes y después de la muerte de Sonia. Si antes te daba las gracias, ahora te pido disculpas por mi anterior comportamiento.
Por último...
¡Me besaste! Yo te detuve. Me besaste, otra vez. Y yo traté de detenerte de nuevo hasta que no fui capaz de volver hacerlo.
Llevaba una larga temporada sin estar con nadie de la forma con la que estuve contigo y te mentiría si te dijera que no significo nada. Estás en mi mente desde esa noche y no sé cómo evitarlo. No puedo olvidar lo que pasó, pero tampoco quiero que por esa noche, nuestra relación – sea la que sea, esté en el punto que esté – se vea afectada y lo acabe pagando Kyra con nuestro mal humor.
No necesito una respuesta, tarde o temprano (espero) volveremos a vernos.
Cuídate mucho.
Richard Castle."
Martha dobló el papel y hundió la cuchara en el tarro de helado de menta y chocolate. Pasados unos minutos sin ninguna pregunta ni comentario por su parte, Katherine rompió el silencio.
- No me creo que no tengas nada qué decir.
- En realidad me estoy mordiendo la lengua para no avasallarte a preguntas.
- ¡Adelante! – se rió.
- ¿Cómo te sentiste cuándo le volviste a ver esta tarde en el metro?
Katherine dejó el tarro en la mesa que tenía delante. De todas las posibles preguntas, aquella no estaba en su top 5.
- Sentí... - comenzó – Miedo.
- ¿Miedo de sentir? Conozco la sensación.
- Aún no sé lo que siento. Pero sé que me importa, quizás por la unión con Kyra o no... No sé por qué lo hice...
- No puedes cambiar el pasado, ¿qué sentido tiene que sigas pensando en ello?
Martha se le acercó al ver que sus ojos empezaban a negarse de lágrimas.
- ¿Esto es por qué sientes más de lo que te gustaría sentir?
- No...
- Sea lo que sea, sabes que no te voy a juzgar cariño.
Le llevó su tiempo decidiendo cómo y/o por dónde empezar hasta que simplemente lo soltó.
...
Llegar hasta el ascensor y luego caminar hasta la puerta de su apartamento le parecía demasiado lejos en comparación con sus fuerzas. Necesitaba un mínimo de ocho horas para volver a ser la misma persona activa que solía ser y algo en ella le decía que eso no iba a ser posible.
Al salir del ascensor se paro en medio del pasillo observando a la persona que se estaba levantando al verla.
- ¡Hola! - saludó avergonzado.
- Alguien debe odiarme a muerte para no querer que mi día acabe... - comentó para sí misma caminando hasta la puerta.
- No estaba seguro de qué fueras a venir.
- Ni yo de encontrarte sentado en el pasillo de mi apartamento a estas horas de la noche. - hundió la llave en la cerradura y entró – ¿Qué quieres Castle?
- Sé que esto te va a gustar cuándo te lo diga. - miró al suelo.
- Richard déjate de acertijos y dime qué es lo que quieres. Estoy demasiado cansada para perder el tiempo aquí de pie cuándo ahora mismo podría estar metiéndome en la cama. - manifestó de forma contundente.
- Créeme que yo deseo lo mismo.
- Entonces, ¿qué haces aquí? - preguntó tajante.
- ¿Puedo quedarme esta noche?
- ¿Necesitas a alguien que te proteja de tus fans Castle? - bromeó.
No respondió.
Kate se hizo a un lado al darse cuenta de la situación.
- Mi sofá no es tan cómodo cómo una cama de hotel pero estarás a salvo.
Richard dudó antes de poner un pie adentro.
- Nadie va abalanzarse sobre ti, Castle. ¡Todo despejado! - no pudo evitar bromear - Royal ya no vive conmigo.
- ¿Qué pasó?
Esperando una respuesta sus ojos recorrieron todo el apartamento centrándose en algunos detalles de la decoración y en las fotografías.
- Pasó – comenzó - que el Sargento Keller ya no es sargento y mi labrador a pasado a formar parte de la unidad canina de la policía.
Concluyó saliendo de su habitación vistiendo un pantalón de chándal y la ya habitual camiseta de Stanford. En sus manos llevaba unas sábanas y una manta para él.
- Vaya... ¡Gracias! - lo aceptó.
- Voy a prepararme una infusión y me iré a la cama, ¿quieres?
- Más que una infusión me comería un buey.
- ¿No has cenado? - exclamó dejando la tetera encima de los fogones con demasiado ímpetu. - Pues no sé qué puedo ofrecerte...
- No te preocupes, con la infusión tengo suficiente.
- Lo qué tu digas... – respondió rebuscando en el congelador – Tengo este pre-cocinado, fideo con pollo y verduras. En unos minutos estará listo.
- No sé como agradecértelo.
- ¡Pues no lo hagas!
Con la taza entre las manos, le entregó la suya a Rick retirándose al sofá esperando por su cena.
- Puedo arreglármelas si me dices...
- Si vuelves abrir la boca para decir un sólo gracias más o algo que se le parezca acabaras durmiendo en el pasillo Rick... - le amenazó relajando sus piernas en el sofá con una sonrisa burlona en el rostro.
- ¡Gracias por dejarme...! - la provocó.
No terminó la frase.
El cojín que descansaba detrás de ella salió disparado hasta su cara provocando con esto una risa mutua.
