CHP XXVI

"Tengo que irme.

Cierra con llave cuando salgas y NO las pierdas.

Te llamaré.

Kate. "

Richard cogió las llaves de encima de la mesa y la nota, guardándola en uno de los bolsillos de su pantalón, y abandonó el apartamento bajando por las escaleras en vez de tener que esperar por al ascensor.

Aquella mañana había amanecido nublada, algunos neoyorquinos incluso llevaban el paraguas con ellos creyendo que el cielo amenazaba tormenta. A Richard eso le daba igual. Con o sin lluvia nadie le iba amargar aquel jueves que había empezado con una sonrisa al despertar recordando dónde se encontraba.

El taxi se detuvo en la calle anterior a la rotonda Duke Ellington, en la 5th Ave, dónde Richard se bajó y continuó a pie en dirección oeste por la 110St. dónde se encontraba el edifico de las oficinas en el que trabajaba Julia.

Con dos vasos take away en sus manos se giró de espaldas empujando la puerta de cristal hacía dentro.

- ¡Buenos días Sr. Castle! La Srta Shumway la está esperando.

- Estoy al corriente... ¡Gracias Kristal! - concluyó con un guiño.

Al verle, uno de los trabajadores empezó a aplaudir animando a los de su alrededor y demás a unirse, estos no dudaron al ver el motivo de los aplausos.

- ¡Vaya hombre! ¡Mira quien se ha dignado a aparecer! - exclamó la editora y periodista.

- ¿Son imaginaciones mías o la gente me está aplaudiendo a mí?

- ¿A quién sino? - respondió quitando uno de los vasos de sus manos, caminando de vuelta al despacho.

- ¿Y sabes el motivo, o simplemente habéis decidido...?

- Cierra la puerta, anda.

Julia dejó caer varios periódicos encima de la mesa, luego se sentó observando la reacción del protagonista del día.

- Ya veo...

- ¿Eso es todo? - se sorprendió.

- No es algo que hubiese planeado... – confesó mientras leía los titulares.

- ¡Estaba allí, Richard! Sé lo que pasó. Lo que no sé – continuó – es dónde te metiste anoche. Te estuve llamando al móvil y cada vez me saltaba el contestador. Luego llame al hotel y me dijeron, la primera vez que no habías vuelto y a la segunda que no estabas disponible...

- Me puse a escribir y no quería que me molestasen. - quiso sonar convincente.

Sin otra explicación que dar se puso a ojear los distintos artículos.

En un arrebato, Julia cerró uno de los periódicos que estaba leyendo atrapando su mano entre las páginas.

- ¿Me puedes decir a qué estás jugando? - dijo furiosa.

- ¿De qué hablas?

- Richard se más cosas de las que debería y ni siquiera tu sabes, así que no sigas por ahí...

- ¿Por ejemplo? - sintió curiosidad.

- Si no te importa voy a ser yo quien haga las preguntas. - respondió tajante – Y ahí va la primera: ¿Hay algo entre tú y Kate?

Richard se echó a reír al oír la pregunta.

- ¿De dónde has sacado eso?

- ¿Sí o no?

- Por supuesto que no... - ambos mantuvieron la mirada en el otro – No... – repitió - ¿A qué viene este interrogatorio?

- ¿Y Cath? - continuó. - ¿Sigues sintiendo algo por ella?

- ¿Qué...?

No era de los que se levantaban y se iban dejando al otro con cara de incomprensión. No obstante, y a pesar de tener motivos suficientes para hacerlo, permaneció sentado en la silla esperando una explicación que le ayudara a entender el porqué de aquel improvisado interrogatorio personal.

- ¡¿Jules?!

Trascurrieron varios minutos, antes no salieron esas palabras de su boca.

- ¡Está bien! - aceptó ella.

- Te escucho.

- Hay algo que quiero que me contestes antes – asintió él, dispuesto a colaborar – ¿Hace cuánto que Kyra se comporta cómo se comportó el otro día? Y sé que no entiendes porque te pregunto esto, pero limítate a responder.

- Tienes razón, no entiendo nada. - aseguró – No lo sé... Unos días antes de venir a Nueva York. ¿Por qué?

- Sueles releer los e-mail que te escribías con Cath. Y fíjate que no te lo estoy preguntando, sino afirmando, porque sé que por lo menos en una ocasión lo hiciste, dejándote la pantalla del correo abierta cuándo abandonaste la habitación por unos momentos. Y justo en esa fracción de tiempo tu hija entro para usar tu ordenador para buscar un video en youtube...

- No sigas. - la interrumpió.

- Sea lo que sea que estés pensando esto no tiene que ver con su madre.

- ¿No la tiene? Creía que...

- ¡No! No tiene nada que ver con Sonia, tiene que ver con Beckett – aclaró.

- Podría haberlo adivinado...

- No lo creo – negó.

- ¡Sorpréndeme...!

- Cuándo inocentemente leyó lo que fuese que llegase a leer, probablemente frases sueltas, creyó...

- (…) creyó que me estaba escribiendo con Beckett a sus espaldas – terminó.

- ¿Ya lo sabías? - exclamó sorprendida.

- Estuvo varios días haciendo preguntas sobre ello. - afirmó restándole importancia.

- Me parece que no has entendido nada.

- ¿Hay algo más?

- ¿No te parece suficiente que tu hija crea que Cath con C es Kate con K?

- ¿PERDONA? - exclamó.

- Lo que oyes.

- Ya no sé hasta dónde puede llegar su imaginación... - se atusó el pelo inquieto.

Puertas a fuera del despacho de Julia empezó a crecer un nerviosismo no muy propio del ambiente habitual de la oficina.

Haciendo caso omiso de ello, se centró en la conversación.

- ¿Y si no lo es? O fuera... - rectificó.

- Cath y Kate la misma persona... – dijo – ¡Es de locos!

- Puede que no...

- ¿Me estás diciendo que te crees a mi hija? - se echó a reír – Julia...

- ¡Escúchame! Puede que tu hija esté equivocada, pero sinceramente creo que puede no estarlo. Y si te paras a analizar las conversaciones como llevo haciendo desde antes de ayer, una y otra vez, te darás cuenta de que la idea no suena tan disparatada como te crees. Kate puede ser Cath, Richard. Y cuando antes empieces a valorar la posibilidad... ¡Será posible...! - se levantó de la silla repentinamente.

Harta de escuchar teléfonos sin ser atendidos, ver a gente correr por el pasillo y las caras de disgusto de algunos trabajadores, se levantó dejando la conversación con Richard a medias.

- ¿Alguien puede contarme que está pasando?

- Parece que ha habido un tiroteo con múltiples heridos entre una banda y varios agentes. - le informó el chico de la paquetería cruzándose con ella en el pasillo.

- En todas las cadenas están interrumpiendo la programación para dar la noticia... - enfatizó otra compañera pasando por allí - Tiene toda la pinta de ser algo gordo.

No fue la única que tuvo ese pensamiento. La sala de reuniones, de las pocas que disponía de un televisor de plasma, se había llenado de curiosos para saber más del suceso.

Las imágenes, ocupando la totalidad de la pantalla con la voz del presentador en off, mostraban el lugar de los sucesos dónde lo único que se veía eran personas uniformadas, ya fuesen de la autoridad o del equipo sanitario.

- ¿Qué ha pasado?

Richard se acercó haciéndose un hueco al lado de Julia.

- Hubo un tiroteo en Washington Heights entre una banda y un grupo de agentes.

- ¿Heridos?

- Algunos...

De repente alguien de la oficina cambio de canal dónde mostraron un plano abierto del lugar de los hechos mientras poco a poco se iba cerrando centrándose en el callejón. Lo que salió a continuación congeló el corazón de dos de los presentes.

- Richard...

Ambos se miraron en silencio volviendo a centrar la mirada en el televisor. Acto seguido Richard dio media vuelta tan rápido como sus piernas cedieron.

- ¡Espera voy contigo! - anunció Julia, dejando algunos presentes con la incertidumbre.

Su respiración, monótona y forzada, se mezclaba con los latidos rítmicos y acelerados retumbando en sus oídos. Ya no estaba allí pero seguía viendo sus sombras, oyendo los disparos, viendo como su cuerpo se desplomaba al suelo como si de un fotograma de película antigua se tratara. Tenía la mirada fija en sus manos pero ella sólo veía la sangre que las teñía; su sangre.

Un fuerte ruido al otro lado de la puerta la hizo volver en sí.

Abrió el grifo, limpiándose las manos con ímpetu, deshaciéndose de cualquier rastro de sangre. Levantó la mirada observando su reflejo, observándose en el espejo. Quizás sus manos ya estaban limpias pero no su ropa. Ni siquiera se había dado cuenta de que seguía llevando el chaleco antibalas atado al cuerpo.

En ese momento otra visión volvió a sacudirla.

Pasados unos largos minutos Beckett salió del servicio de señoras de la zona de la planta de urgencias del Presbyterian.

Haciéndose a un lado permitiendo la entrada a dos mujeres, ambas de mediana edad, permaneció de pie, en medio de pasillo, mirando a todas direcciones buscando algo o a alguien.

- ¡Beckett!

- ¡Katherine!

- Estoy bien... – respondió al ver acercarse a su tía y a Richard por la entrada de urgencias con el miedo escrito en sus rostros - Tengo... ¡Tengo que irme!

- ¿Seguro que estás bien? - insistió Martha asegurándose de que la sangre del chaleco no fuera la suya al ver un agujero de bala en él.

- Deberías dejar que... - se preocupó Richard

- ¡Tengo que irme! – repitió – Estoy bien... – acentuó con una sonrisa forzada.

- No... No lo estás... – pronunció Martha en voz alta viendo como su sobrina se alejaba – Tiene que haber alguien que pueda decirnos qué ha pasado. Acompáñame, ¿quieres? – le pidió – A ver si encontramos a alguien conocido de la doce.

Llevaban horas buscándola. Nadie la había vuelto a ver desde el comunicado oficial de la muerte del Capitán Edward Hines. Y aunque ella hubiera preferido no ser encontrada, había alguien de quien no podía esconderse.

Ambos se habían hecho inseparables, pasaban muchas horas juntos durante el día, no obstante, el vinculo que Royal tenía con Kate era inquebrantable.

Martin aceleró el paso al ver que el perro se metía por el callejón que daba por detrás del hospital, subiendo por la escalera de emergencia. Al llegar al rellano de entre el segundo y tercer piso, Keller encontró a Kate abrazada a su fiel amigo. Subió los dos últimos escalones y se sentó a su lado dejando reposar la mano en su hombro.

- Lo siento mucho.

Royal empezó a lamerle la cara logrando arrancarle una breve sonrisa cuándo se separó de él.

- Gracias por encontrarme.

- Royal pensó que necesitarías mimos perrunos.

No estaba de humor pero aquello la hizo volver a sonreír.

- Antes de que se me olvide... - le entregó las llaves del apartamento, las que había dejado a Richard – Y el mensaje es "ya sabe de qué va".

- Lo sé. Gracias – se las guardó.

- ¿Estás bien?

Kate negó mientras sentía como las lágrimas aparecían de nuevo en sus ojos.

- ¿Quieres hablar?

- No dejo de... Sé que habría podido hacer algo por salvarle la vida y no lo hice.

- ¿Cómo? ¿Cómo crees que le habrías podido ayudar? - la animó hablar.

- No lo sé... Quizás... ¡Tenía que haber hecho algo! - rompió a llorar con rabia – ¡Y no hice nada!

Martin se acercó más para abrazarla.

- Sé que no me vas hacer caso y nada de lo que diga te va hacer sentir mejor, pero lo que ocurrió hoy no es culpa tuya y mucho menos la muerte del Hines. Os tendieron una emboscada y lo que no entiendo es cómo no ha habido más bajas de la manera en como os llovieron los disparos.

- No estabas allí.

- Han cogido a dos de la banda, uno de ellos lo estaba grabando en video para subirlo después a la red. Por lo que sé están trabajando en el video.

- Perdí a todo el mundo de vista cuándo empezaron los disparos. Ni siquiera recuerdo haber caído. Pero recuerdo su respiración, sus pasos y luego esa voz oscura y áspera diciendo "están muertos, vámonos!".

- Eso va a ser un avance para la investigación si conseguís acercaros a ellos. - comentó.

- Por un momento creí que estaba muerta o me quedaba poco para ello. Vi sangre a mi alrededor, mucha... Trate de levantarme y entonces le vi, tumbado en el suelo rodeado por un charco de sangre que había llegado hasta a mí. Aún respiraba cuando me acerqué para ayudarle.

- Has hecho todo lo que otro en tu situación habría hecho. Le mantuviste vivo, Kate. Estuviste a su lado hasta que llegasteis a urgencias.

- Y ahora está muerto.

- Becks, llevar una placa y una pistola colgada del cinturón no te convierte en una superheroína. Pero eres muy buena en esto, y lo sabes. O deberías... Y Royal opina lo mismo. ¿Verdad chico?

Tumbado delante de ellos el perro dirigió la mirada a ambos y volvió a descansar la cabeza a ras de suelo.

- Puede que fuera así antes, pero ya no.

- ¡No digas tonterías!

- Voy a dimitir.

- ¿¡Qué!? Kate...

Su reacción asustó a Royal quien se puso en pie al mismo tiempo que ella.

- Pero... ¿Vas a tirar toda tu carrera, todo lo que has conseguido hasta hoy por no poder evitar la muerte de Hines?

- Te dije que no espero que lo entiendas.

- Kate...

- Tengo que irme.

Sintiéndose impotente delante de aquel revés, Martin vio como se despedía de Royal y descendía por las escaleras alejándose de él, del mundo que les había unido cometiendo un grave y estúpido error.

Él la había salvado, inconscientemente, y ella no había podido hacer lo mismo por él, se repetía en su cabeza jugando con la moneda que le había dado antes de que les sacaran del callejón. "Tú turno" había murmurado.

Katherine levantó la mirada, mirando a su alrededor. Las luces estaban apagadas casi en su totalidad, los pocos agentes y detectives que había cuando llegó se habían retirado, ahora solo quedaba ella.

La comisaría doce estaba de luto. El despacho de Edward había quedado desierto, ya nadie más iba a verle trabajar desde su interior. Y en unos días tampoco la iban a ver a ella sentada en su mesa.

Dispuesta a irse, mantuvo ese pensamiento a un lado, y cargó la caja en la que ella personalmente había guardado las pertenencias de Hines para llevarlas a su familia.

- ¡Beckett!

- ¡Tori! - saludó sorprendida - Creía que no quedaba nadie.

- He aprovechado que esto estaba vacío para trabajar en lo tuyo.

- El portátil... - dijo viéndolo en sus manos – Me había olvidado completamente.

- Te he instalado el programa que usamos aquí, difícilmente van a poder hackear tus cuentas y contenidos. También entré en las cuentas de correo que me dijiste y les cambié todas las contraseñas, te las deje anotadas en un documento adjunto en el escritorio.

- ¡Muchas gracias!

- Si tienes cualquier duda, llámame.

- Lo haré.

- Kate - volvió a dirigirse a ella antes de irse – Siento mucho la pérdida.

- Yo también – miro hacia su despacho.

- Hasta mañana.

- Buenas noches.

Nadie dijo que fuera a ser fácil. Tampoco que fuera a ser tan complicado mantenerse entera mientras en el rostro de los familiares del fallecido se percibía la desolación por la inesperada tragedia. Hay cosas que simplemente se aprenden con el día a día, y en su trabajo mantener los propios sentimientos a un lado a la hora de dar el pésame a los seres queridos de la víctima era una de ellas.

Tumbada en la cama no dejaba de girarse una y otra vez sin lograr conciliar el sueño. Se levantó cubriéndose con la manta que tenía a los pies de la cama, y se dirigió a la cocina para prepararse otra infusión, la segunda de aquella noche.

A la espera de que el agua empezara a hervir, Beckett acercó el portátil a la mesa encendiéndolo para comprobar los e-mail que le habrían llegado desde la última vez.

Empezó por la cuenta que se había creado recientemente en la que aparte de spam y algunos avisos de descuentos de tiendas de ropa y demás páginas web en las que estaba registrada no encontró nada irrelevante. La cerró e introdujo la contraseña de la siguiente. Se sirvió la infusión y mientras se enfriaba se puso a revisarla. En ella encontró correos de Lanie, de su tía, de su padre y uno de Kyra además de lo habitual; spam y correos sin importancia, de los que te limitas a eliminar sin leer.

Tras una rápida lectura a los de su familia y amiga se centró en el de la niña. Lo leyó dos veces, la primera riéndose con la última parte"¡Kate sácame de aquí!". Antes de cerrar la cuenta comprobó la dirección de correo desde dónde había sido enviado llevándose una inesperada sorpresa.

- eallanp ... - leyó en voz alta - Tiene que ser una broma... - murmuró leyendo el mensaje de nuevo.

" Kate, te escribo desde la cuenta de papá.

Soy Kyra.

Hace mucho que no veo a mamá. Papá dice que se fue de viaje y que por eso nos hemos mudado a Detroit. (…) "

No terminó de leerlo. Hizo un copiar-pegar del e-mail en un documento nuevo de word, cerró esa cuenta y accedió a la que usó durante el tiempo que estuvo hablando con él. Hizo click en el único correo marcado como no leído, prestando atención a la fecha del mismo - 1 de Septiembre de 2010 – y comenzó a leer.

"No me resulta fácil escribirte. Ha pasado mucho tiempo. Y aunque no ha habido día que no me haya acordado de ti, cabe la posibilidad de que tú si hayas logrado pasar página.

Perdona. No te escribo para recriminarte nada, ni mucho menos. Te escribo para contarte que mi mujer (volvimos a casarnos) falleció hace once semanas." - se detuvo para hacer sus cálculos, escribió unas notas en el word y continuó.

"Estoy hecho polvo. Tuve que mudarme de Chicago, porqué todo en esa ciudad me recordaba a ella y ya no digamos la casa... Ahora vivo en un apartamento de cien metros cuadrados en Detroit.

Hay muchas cosas que quiero contarte, pero no por aquí.

¿Crees que existe alguna posibilidad de que nos encontremos?

Sí me das un sí por respuesta, voy a tener que confesarte algo que puede acabar con esta peculiar amistad, pero estoy dispuesto a correr ese riesgo. No quiero seguir mintiéndote.

Sea cual sea tu respuesta, incluso si no quieres responder, lo entenderé.

Te deseo lo mejor.

Edgar."

Había sido un día muy intenso emocionalmente hablando y en ese momento alguien acababa de detonar los pocos sentimientos a los que se aferraba y la sostenían.