CHP XXVII

Estaba amaneciendo.

La noche anterior el meteorólogo había pronosticado una mañana de las menos frías y más soleadas de lo que llevaban de invierno. Y ahora viendo amanecer, de pie en la orilla, dejando que las primeras olas de la mañana chocasen contra sus pies desnudos, sus labios se curvaron tímidamente recordándolo, sabiendo que para ella aquel lunes iba a ser totalmente lo contrario.

Las últimas cuarenta y ocho horas las había pasado sola en los Hamptons. Su padre se había ido a principios de semana y no volvería hasta la semana entrante, algo que agradeció. No era un buen momento para dar explicaciones a nadie cuándo ni ella misma podía llegar a comprender lo que estaba ocurriendo a su alrededor.

Sin apartar la mirada del horizonte se adentró en el agua dejando que ésta la cubriese justo por debajo de sus rodillas. Se inclinó hacia delante para lavar la moneda que aferraba en su mano derecha y retrocedió volviendo la vista una vez más a aquel amanecer ya completado antes de regresar. Era hora de volver.

Entrando por la parte trasera de la casa hizo una breve parada para calzarse de nuevo las botas y luego siguió hasta el garaje. Su padre había hecho un buen trabajo con ella. Estaba impecable, cómo recién salida de fábrica. Abrió el armario del fondo sacando la cazadora, los guantes y el casco preparándose para el viaje de vuelta a Nueva York.

...

No estaba seguro de estar llevando al personaje en la dirección que quería y mucho menos la historia que debería ser su nuevo best seller. Cansado de leer, borrar, releer y volver a rectificar, guardó el documento y se levantó de la cama llevándose el ordenador portátil con él, dejándolo encima de la mesa de despacho a su paso, camino a la cocina.

La decisión de dejar el hotel e instalarse en el loft le parecía más acertada ahora que en el momento que Martha se lo propuso. Y sí aceptó, aún y no estar seguro de ser una buena y/o correcta decisión, fue por su hija quien parecía de lo más entusiasmada con la idea de volver a dormir en esa cama tan grande y seguir cerca de tía Martha, como la había empezado a llamar.

La puerta del apartamento se abrió repentinamente dejando a Richard incapaz de reaccionar.

Kate se quedó clavada en el suelo al darse la vuelta tras cerrar la puerta y encontrarse a aquel inesperado inquilino tomándose un café detrás del mármol de la que durante unos años había sido su cocina. Ambos se mantuvieron inmóviles, aguantando la mirada del otro sin decir palabra durante largos segundos.

- ¡Katherine!

Martha se apresuró a bajar las escaleras y abrazar a su sobrina, dando a ambos un respiro a la tensión que se había empezado a crear.

- ¡Nos tenías preocupados!

- Ya me conoces...

- ¿Hamptons? - sonrió aliviada.

Katherine le devolvió la sonrisa bajando la mirada.

- Y has venido en moto – afirmó observando el casco que sostenía.

- Llevaba mucho sin tocarla y necesitaba...

- No tienes que darme explicaciones, ya lo sabes – la interrumpió abrazándola de nuevo - - ¿Vienes a por...?

- Sí.

- Anoche lo saqué del armario y lo dejé en tu habitación. Está todo ahí. ¿Estarás bien? - la agarró de las manos - La última vez...

- Será mejor que vaya a cambiarme. - esquivó la pregunta - Martin pasará a recogerme dentro de hora y media.

- ¿Con Royal?

- Por supuesto... – se acercó a la escalera subiendo los primeros escalones – Desde que trabajan juntos no hay quien les separe – siguió hablando mientras iba subiendo hasta llegar al piso superior dónde dejó de oírse su voz.

Richard volvió la mirada centrándose en su taza. Removió el café y bebió al tiempo que lo escupía dentro de la taza, vaciándola por el desagüe.

- Creo que me vendrá bien un poco de cafeína - dijo viendole servirse una taza – Va a ser un día largo...

Martha se acercó a la barra tomando asiento en un taburete delante de Richard.

- Parecerá una estupidez, pero me tranquiliza saber que sigue yendo a los Hamptons cuándo quiere aislarse del mundo.

- ¿Tiene amigos por allí? - tanteó.

- No que yo sepa... Le gusta ir para desconectar. Imagino que aquella casa la hace sentir más cerca de su madre.

- ¿Tenéis una casa?

- Creía que lo sabías – afirmó – Es dónde celebramos el tercer aniversario de Kyra. - bebió.

- ¡Oh! Claro...

Los Hamptons... Cath le había contado una vez que se había enamorado de la casa que un amigo tenía en los Hamptons, y Martha acababa de afirmar que ellos también tienen una dónde Beckett suele ir. Quizá se trataba de una simple coincidencia, pero por otro lado ella podría haber mentido igual que él lo hizo. La gente suele mentir por Internet...

- ¡Mira quien se ha levantado!

Todos sus pensamientos quedaron a un lado cuándo vio aparecer a su hija en pijama y descalza.

- ¿Se puede saber dónde vas descalza? - la regañó.

- No tengo mis zapatillas.

- ¿Y los calcetines? – se acercó cogiéndola por debajo los brazos y llevándola en volandas hasta el sofá.

- No sé dónde están. - se encogió de hombros.

- ¿Has mirado en la maleta?

- No sé donde está. - sonrió traviesa.

- Voy a por ellos... ¡No te muevas! - enfatizó gesticulando.

Kyra espero a que su padre abandonara la sala para ponerse de pie en el sofá girándose hacia donde Martha estaba terminado de desayunar.

- ¡Tía Martha! ¿Kate ha llamado?

- Mejor que eso – se acercó al sofá sentándose a su lado. - Está arriba – señaló.

- ¿Está aquí? - preguntó con una sonrisa de oreja a oreja – ¿Puedo ir?

- Será mejor que la esperes aquí. Se está cambiando para ir al entierro del Capitán.

- Oh...

- ¿También van de negro? Yo lleve un vestido negro cuando fui al funeral de mamá.

- Cuando alguien del cuerpo de policía fallece, sea del rango que sea, todos van vestidos de uniforme.

- ¿Cómo es?

- Mira que eres preguntona – regresó su padre con unos calcetines en la mano – Cuando baje ya lo verás. ¿Ya has pensado qué quieres para desayunar?

- No tengo hambre.

- La misma canción todas las mañanas... A papá le gustaría oír algo distinto algún día, ¿crees que es posible?

...

Se había preparado para ello. Se había repetido cientos de veces "puedes hacerlo, Kate" delante del espejo y aún y mantenerse serena mientras se vestía, en el último minuto un par de lágrimas la estaban traicionando. Ignorando aquel momento de debilidad cogió la americana de la percha dejando la gorra al lado de los guantes blancos que había encima de la cama. Sin mirarse al espejo se abotonó la americana y se giró para ponerse los guantes y finalmente la gorra.

No pudo evitarlo. Su respiración se ralentizó cuando sus ojos escrutaban su propio reflejo.

" Johanna Beckett me enseñó lo que significa ser policía. Me enseñó que nos encontramos por nuestras elecciones, que somos más que errores.

Me dijo que para nosotros no hay victorias, solo hay batallas. Y al final, lo mejor que puedes esperar es encontrar un lugar donde plantarte. Y si eres muy afortunado, encuentras a alguien dispuesto a quedarse contigo..."

Unos ladridos procedentes del piso inferior rompieron aquel pequeño viaje en el tiempo, once años atrás. A pesar de todo lo vivido hasta el momento, no había olvidado aquellas palabras. Hoy, a diferencia de aquella vez, ella estaría en el atril diciendo unas palabras recordando a Edward Hines, y Roy Montgomery – autor de esas palabras – quién estaría escuchándola.

Katherine se miró por última vez en el espejo respirando hondo.

- Puedes hacerlo. Sabes que puedes y lo harás – se dijo a sí misma.

Se quitó la gorra pasando una última vez por el cuarto de baño, dónde se recogió su melena en un moño, y a continuación se dirigió al piso de abajo dónde sabía que ya la estaban esperando.

...

Royal fue el primero en darse cuenta de su presencia, seguido de Kyra quien se quedó sin habla viendo a Kate descender por las escaleras colocándose la gorra.

Martin soltó un silbido al verla.

- No estoy de humor Keller. - dijo tajante. - ¡No! ¡Siéntate! - ordenó al perro al ver que se acercaba a ella. - Me tomo algo y nos vamos.

- ¿Una copa a las once de la mañana? Antes de un funeral... - observó su compañero.

- ¡Cierra el pico Keller!

Kate se apresuró yendo directo hasta la cafetera.

- ¡Hey! - se acercó Rick – Sé que no es el mejor momento pero deberíamos hablar.

- Tienes razón, no lo es. - respondió sin mirarle.

- Quizás... ¿Mañana?

- No lo creo – apuró el contenido de la taza.

- Es importante - insistió agarrándola por el codo, soltándola al momento – Perdona...

- Déjame adivinar: Lo que tienes que decirme no puedes hacerlo por mail. – le miró de reojo intuyendo su mirada confusa – Tengo que irme. La próxima vez que quieras hablar asegúrate de saber si el que habla eres tú o tu alter ego, también llamado Edgar Allan – sentenció antes de alejarse mirándole a los ojos.

No llegó a escuchar la puerta cerrarse. En su cabeza seguía repitiéndose su voz diciendo "(...) asegúrate de saber si el que habla eres tú o tu alter ego, también llamado Edgar Allan ".

- ¡Richard!

- ¡Papá!

- ¿Richard, estás bien?

Martha se le acercó.

- ¿!Hmm!?

- No tienes muy buena cara.

- Estás muy pálido... – dijo su hija con una mueca – ¿Estás enfermo?

- Acabo de recordar que había quedado con Julia... – se inventó apresurándose en recoger el abrigo - Kyra quédate con Martha.

Cómo quien ve una estrella fugaz, Richard besó a su hija en la mejilla, luego a Martha junto con un "gracias" y desapareció dejando a ambas con cientos de interrogantes.

...

El taxi le dejó en la puerta de su casa.

Richard salió del vehículo apresurándose a la puerta, llamando con impaciencia.

- ¡Julia, abre! ¡Tenemos que hablar!

Cuando le abrió la puerta, entró sin pre aviso hasta la sala de estar dejándola totalmente estupefacta.

- ¿¡No vas a darme ni un respiro en mi primer día de vacaciones!? ¿A qué vienen esas prisas? - exigió una respuesta.

- Lo sabe. - dijo caminando nervioso por el salón.

- ¿Quién sabe qué?

- Cath. Bueno Kate... Beckett – rectificó nervioso.

- Vale... Siéntate. ¿Te sirvo algo? Voy a prepararme un zumo de naranja.

- No, estoy bien.

- ¿Seguro?

- Quizá más tarde. Ahora mismo no tengo estómago para nada...

- ¿Cómo lo has sabido? - preguntó desde la cocina.

- Me preocupa más saber cómo lo ha sabido ella. - contestó entrelazando sus dedos, cabizbajo.

- Pensé que habríais hablado.

- Sí y no.

- Vas a tener que empezar desde el principio – le pidió regresando con el vaso en las manos.

Richard comenzó contando la situación de aquella mañana mientras ella le escuchaba con atención, interviniendo cuando lo creía necesario.

Hora y media después, Cath y Kate seguían en boca de él.

- Me alegro que te divierta – repuso molesto.

- No es por ti, es por cómo lo dices. Y por qué te brillan los ojos cuando hablas de ella.

- Dijiste lo mismo cuando te hable de Cath.

- Y ahora sabes que son la misma persona.

- Aún no me hago a la idea... - murmuró ausente.

- ¿Qué vas hacer?

- Primero tengo que asimilarlo, después...

- ¿Quieres que hable con ella?

- ¡Ni se te ocurra! - se giró con una mirada amenazadora – Lo digo muy en serio.

- Tienes mi palabra. - levantó una mano en forma de juramento.

- Bien.

- ¿Ya has pensado que le vas a decir a tu hija?

- Nada... Por ahora.

- Entiendo que no quieras ponerla en medio, pero recuerda que ha sido ella quien ha abierto la caja de pandora. Tarde o temprano sospechará si no ve a Kate o le rehúyes las preguntas referentes a ella. Entonces querrá hablar conmigo, y si me comporto igual que tú sabrá que algo va mal e irá a preguntárselo directamente a Beckett. ¿Es eso lo que quieres?

- Aunque esto sucediera, ella no le diría nada.

- Vale. Pongamos que Kate hace como nosotros y le da largas. ¿Cómo crees que reaccionará tu hija? Si ha sido capaz de descubrir esto, aunque haya sido inocentemente, no va a parar hasta que alguien le diga qué está pasando.

- Quién me mandaría meterme en ese jodido foro... - maldijo en susurros.

- Míralo por el lado positivo. - dijo levantándose del sofá - Conociste a alguien que te cautivó sin ni siquiera saber cómo era y esto te sirvió de inspiración para una novela.

- Yo no lo llamaría como tal.

- Novela, historia, manuscrito... - repuso volviendo de la cocina con una barrita de cereales - Lo importante es que me gustó y sé que podría gustar si te decidieras a mover ficha. Sé de alguien que podría estar...

- Puede que ya lo haya hecho. - soltó hundiéndose en el sofá.

- ¿Lo dices en serio?

- Representa que no debía contárselo a nadie. - confesó con una leve sonrisa. - Estoy trabajando en algo.

- ¿Y ese algo tiene que ver con una agente de policía?

- Tiene que ver con Derrick Storm.

- ¿Vas a sacarlo de entre los muertos?

- Puede que nunca haya estado muerto...

- ¿Y ya tienes a tu musa para el papel de chica metomentodo? - siguió hurgando en el tema.

- ¿Qué te hace pensar que necesito una?

- ¿Derrick Storm sin una mujer a su lado? Perdona que lo dude... Así que dime, ¿a quién vas a utilizar, a la Kate que pusiste a parir en su momento o a su alter ego? O quizá a ambas, no dejan de ser la misma persona...

Había dejado de escucharla.

La idea de revivir al personaje que le había dado el salto a la fama fue algo a lo que empezó a dar vueltas poco después de que Kate se fuera de Chicago.

Durante su estancia, sin darse cuenta había empezado a crear a un personaje pensando en ella, en su carácter, y en algún momento de aquella creación se había acordado de Derrick. Ahora sabiendo que Kate y Cath eran la misma persona, eso iba a dar más jugo a su personaje.

- ¿Me estás escuchando? - insistió Julia viéndole sonreír sin motivo aparente.

Totalmente absorto no dejaba de darle cuerpo a ese personaje, recordando cuando empezó a hablar con Cath, los buenos momentos con Kate en Chicago, la relación que tenía con su hija y esa noche... Esa noche se le había quedado grabada como si de un tatuaje de tratara.

- ¡Hey, Kate! - alzó la voz simulando hablar por teléfono.

Al oírla, Castle centro toda su atención en ella, reacción que provocó que Julia empezara a reírse.

- Tendrías que verte... - comentó dejando el móvil en la mesita de centro. - ¿Quieres un consejo? Habla con ella antes de volver a Chicago. Empiezo a conocerla y quizá quiera perderte de vista un tiempo, pero debéis arreglar esto que tenéis si es que hay algo por su parte, por la tuya te tiene hasta las trancas.

...

Acababa de despedirse de "los inseparables" como había empezado a llamarles - Keller y Royal - que a pesar de su insistencia para hacerle compañía, les había convencido de lo contrario.

Había querido que aquel día acabase cuando ni siquiera había empezado y ahora en cambio se sentía vacía. "A lo mejor tener un rato de compañía no habría estado mal" - pensó observando aquel silencioso apartamento. Terminándose la copa de vino de un solo trago, la dejó en la mesa de la cocina dirigiéndose al cuarto de baño del que salió casi media hora después con el albornoz anudado en la cintura, caminando descalza hasta su habitación.

La posibilidad de encontrárselo en el loft la echaba atrás y quedarse encerrada hasta el día siguiente significaba demasiado tiempo sin hacer otra cosa que pensar. Aún seguía debatiéndose qué hacer cuando cerró la puerta de su apartamento llevando con ella poco más que las llaves y el teléfono.

- ¿¡Kate!? ¡Kate Beckett!

Al escuchar su nombre, nada más salir del edificio, volvió la cabeza a derecha y a izquierda averiguando de quien se trataba.

- ¡Hola! - saludó sorprendida.

- ¡Hey! ¡Qué casualidad! No esperaba encontrarte por aquí... - la saludó con dos besos.

- Lo mismo digo... ¿Qué te trae por Nueva York? ¿Vacaciones, trabajo...?

- ¿Recuerdas esa entrevista de trabajo qué te comenté el día que nos encontramos en el avión?

- ¡Conseguiste el trabajo! - afirmó.

- Llevo casi un mes viviendo aquí. - confirmó.

- ¡Enhorabuena!

- Gracias. Perdona...

Matthew se apartó para atender a una llamada mientras ella esperaba de pie en medio de la acera.

- Me temo que tendremos que dejar la charla para otro momento – se acercó guardando el teléfono – He quedado para cenar con unos colegas y ya voy tarde...

- Por supuesto. Otro día.

- ¿Conoces el restaurante Almond?

- Claro. Está a dos minutos, sólo tienes...

- ¡Ven conmigo!

- ¿Qué? - le miró asombrada.

- ¡Olvídalo! - se disculpó – Tendrás tus planes...

- En realidad... - se tomó unos segundos antes de responder – No. Pero no creo que sea apropiado presentarme...

- ¡Yo invito! Necesito una excusa por estar llegando tarde.

- ¡Oh! Así que es sólo por eso... - sonrió volviendo la mirada atrás.

- Solo bromeaba. Sabes que no es así. - dejó caer sin apartar la mirada de ella – ¿Qué me dices?

- Voy a tener que subir y cambiarme.

- ¡Pueden esperar cinco minutos más!

- Enseguida bajo... - aceptó riéndose al mismo tiempo que él.

Detrás de sus gafas de sol a pesar de ser noche cerrada, Richard se quedó en pie en medio de la acera nada más bajar del taxi, observando a Kate charlando amistosamente con el mismo tipo de Chicago. Al igual que él, el escritor esperó tras ver como Kate volvía a entrar en el edificio, viéndola salir arreglada diez minutos después, yéndose aferrada de su brazo en dirección este.

Se negaba a sacar conclusiones de lo que acababa de ver.

Sin pensarlo, les siguió de lejos, deteniéndose en la distancia cuando vio que entraban en un restaurante; acercándose despacio poco después mirando hacia el interior. Antes de que pudiera ser visto, dio media vuelta y se alejó cruzando la calle.

Había visto suficiente.