-Bueno! como ven pude corregir los diálogos como corresponde :) aquí les dejo un capitulo mas. Estuve dándole muchas vueltas a este pero finalmente salio :) si tardo en actualizar no es por pereza ni nada. Es solo que no me gusta subir los capítulos hasta que me siento completamente segura de ellos porque después no me puedo dormir... xd -"chiste"- pero con este me siento cómoda así que espero que les guste. Gracias a quienes me hayan leído pues espero que tengan una linda tarde :3 Sayo!


-SeGuNdA NoChE: Una Cita Con La Muerte…

Hace un mes me instale en ese alquiler. Era un departamento pequeño que tenía vista hacia el cielo desde el balcón y hacia la autopista. No me venía mal un poco de ruido cada tanto. Me hacía sentirme acompañado por algo que no pudiera molestarme. Me quede mirando los autos de los humanos cruzara como si fueran una flecha para llegar a tiempo a sus casas o a sus trabajos nocturnos y me sonreí. Ya no tenia que preocuparme por esas tonterías.

- Si usted lo desea, también puede llamar al servicio de habitación… -exclamo el dueño del edificio.-

Me había olvidado de que se encontraba allí. Me di cuenta de que fue un gesto grosero por mi parte pero no me preocupe por su reacción y seguí contemplando por un momento la autopista. ¿Por qué se apuraban tanto cuando en realidad no tenían prisa? Encogí mis hombros y me voltee hacia el hombre anciano que sostenía una linterna para ver en la penumbra del recibidor. Le había pedido que no prendiera las luces. Especificándole que era por un problema de vista que hacia la luz me molestara.

- ¿Servicio a la habitación? –pregunte por decirle algo.-

El hombre, asintió.

- Si… si usted desea comer algo y no tiene tiempo de ir a comprar o si necesita algo o tiene algún problema con el apartamento. –empezó a decir.-

Encogí mis hombros.

- Ya veo… -dije sacando un apilado de billetes de mi bolsillo.-

El hombre centro sus ojos en ellos y desvió la mirada de mí. Yo le ignore por completo y se los tendí, evitando que tocara mis manos. Finalmente se alejó inclinando levemente la cabeza hacia mí y dio a la puerta un pronunciado portazo. El recuerdo inevitable de Riho llevándome comida a la estación de policías y avergonzándome frente a todos y su vocecita diciéndome-: Ya se… ¡no cocino muy bien… se aparecieron en mi mente y baje la mirada.

- No es divertido… -le respondí al hombre un poco tarde.-

Me recosté en el rincón más oscuro del apartamento y me quede dormido…

Shido…

Shido… -la voz de Caín se escucha en mi mente.-

De igual manera en mi mente, se dibuja una escena.

Caìn se encontraba recostado en una cama y yo descansaba mi cabeza sobre su pecho mientras acariciaba mis cabellos. Yo sentía cada roce de su fría mano enredándose con la delicadeza necesaria en cada mechón purpura. Sentía el deseo de aquel abrazo en la almohada de su pecho donde cerraba los ojos y sonreía. Sentía que besaba mis labios en un profundo beso desesperado antes de besar mi frente

- ¡No… -grito en medio de la noche.-

Despierto sobresaltado y respirando de una forma extraña como si lo necesitara. Sentía el calor que había envuelto mi cuerpo el mero recuerdo de su piel roseando la mía y despertar solo en esa habitación me mareo por unos momentos. Pero sin embargo recordaba lo sucedido y también recordaba cómo era que había llegado allí. Pero me sobresalte. Dibujada enfrente de mí, se encontraba la silueta de Riho que sostenía su bolso y me miraba pestañeando desde sus grandes y hermosos ojos. Haciendo una mueca de preocupación.

- ¡Shido-San! ¿Por qué estás tan preocupado? –Me preguntaba dejando caer el dedo índice sobre su pera e inclinándose sobre mí con su mano izquierda a la cintura.-

- ¿Riho… -murmure.-

La imagen enfrente de mi, se desvaneció. La imagen del hombre que me había enseñado el apartamento se dibujó en su lugar. Pestañe varias veces antes de aclararme la mente entendiendo que esa imagen era imposible. Ella no tenía idea de donde me encontraba y probablemente tampoco la tenía Yayoi. Leí en la mente del hombre que le preocupaba que me hubiera desmayado ya que era raro que no durmiera en una cama y que me encontrara en el suelo pero a mí donde durmiera me daba igual. Era lo mismo.

- Yo… me preocupo venir a preguntarle si deseaba el servicio de limpieza o no Señor y encontrar la puerta abierta. Como no tenía las llaves quería pedírsela. ¡Pueden robarle Señor! ¿No pensó en eso? –me recordó.-

Pestañee y me levante.

- Perdóneme. Estoy cansado del viaje. Pero le pido por favor que me deje solo. No estoy de ánimo para las conversaciones ni mucho menos para un servicio de limpieza o para las visitas. Tengo cosas que hacer y si no puede respetarlo, perderá a un buen cliente. –dije recordándole la cantidad de dinero que le había dado anoche como pago por la habitación.-

Pareció entender el mensaje porque me dejo solo. Me levante. Volviendo a ponerme los lentes de sol y me acerque a la ventana del apartamento. Faltaba poco para el amanecer pero tampoco era demasiado tarde aun. Entrecerré los ojos y me senté en el borde de la ventana. Antes de deslizarme por ella y saltar hacia el suelo de la vereda vacía de la entrada. Me acomode mis ropas que se habían desordenado con la brisa y comencé a caminar, con la única compañía de la luz mortecina de las farolas.

Todavía recordaba cómo se hacía…

La miserable que tuvo la suerte de caer en mis redes, fue una joven que estaba llorando sentada sola en un banco. Era una dama pálida que tenía sus cabellos negros pasándole los hombros y los ojos marrones. Vestía su uniforme escolar y llevaba el bolso de su colegio. Me acerque a ella. Me dije que después de tanto tiempo conteniéndome,, me merecía divertirme. Si quería encontrarme a mí mismo como vampiro tenía que ignorar mi "vocecita de la culpa".

- Disculpe… -murmure apareciéndome delante de ella y la joven levanto la mirada.- si se queda aquí mucho tiempo más, se resfriara. –me excuse para hablar con ella.-

Era cierto. Claro estaba que yo no sentía el frió. Pero si sabía que lo hacía por el simple hecho de que al salir me había encontrado con que la poca gente que se encontraba despierta a esas horas caminando por las calles de aquella oscura y triste ciudad en la que comenzaba a pensar que no encajaba, se encontraban abrigadas hasta las narices con sus bufandas y camperones de moda.

Lloro.

- Lo siento… es que… estoy esperando a alguien. O eso, se suponía. -trago saliva.- Vera… mi novio no ha venido.

Le mire confundido. ¡Ah… cierto que las jóvenes solamente pensaban en eso. Recordaba que me sonreía cada vez que un grupo de colegialas iban pegadas entre si enfrente de mi mientras hacía mis investigaciones personales y conversaban sobre los muchachos que les gustaban como si la vida se les fuera en ello. La verdad es que siempre me había hecho reír en silencio la cantidad de maneras diferentes que se habían inventado los humanos para perder el tiempo.

- Ah… ya veo. Pero ya es muy tarde y es peligroso. ¿Porque no regresa a casa?

Ella lloro aún más y negó. Cubriéndose el rostro con las manos. La verdad es que era desesperante que pensara que una estupidez como esa era una tragedia comparándola con todos los males que envolvían el mundo.

- No… puedo. Dije en casa que no regresaría hasta las cuatro de la mañana y si regreso antes se enfadaran. Me echaran en cara que lo arruine otra vez. –Suspiro.-

Se me ocurrió una idea…

- Entonces, ¿Por qué no viene a tomar un café conmigo? –Levanto la mirada y su corazón comenzó a latir irregularmente por los nervios.- sería una lástima que una dama tan hermosa como usted, pasara la noche sola. –le sonreí.-

También sonrió.

Dudo por un momento. Pero para mí, era todo demasiado fácil. Simplemente tomaba la mano de la dama que deseaba y caía rendida ante mi. Rodeo mi brazo y recordé que cerca de allí había un bar café al que solía acompañar a Yayoi. Conversamos sobre el frio que hacia esa noche y nos quejamos del tránsito. Cosas que eran temas normales de conversación, para los humanos. Nada de lo que en realidad me pasaba. Pero entramos animadamente al bar y nos sentamos en una mesa contra la ventana.

Lo que más me gusto de esa noche, es que en esa ocasión no debí preocuparme por sentarme en las mesas más alejadas de todos que se encontraban entre las sombras y los dos pedimos lo mismo: un café con crema y chocolate "para calentarnos los huesos".

Reímos bastante. El café llego y sentí que alguien familiar me observaba desde las sombras. Pero como en todas las ocasiones donde me lo encontraba ignore su presencia y seguí conversando con la dama.

- ¿Es gracioso, verdad? En otra ocasión nunca habría aceptado salir con extraños. Ahora que le conozco, pienso en mi novio y me pregunto si realmente es lo correcto. ¿Nunca le ha pasado estar completamente enamorado de alguien que le ama también pero que después de un tiempo ya no le hace sentir lo mismo? –Me pregunto mientras rompía distraídamente una servilleta en pedacitos que acumulaba sobre la bandeja como si fuesen una montaña de nieve.-

Inevitablemente el rostro de Riho riéndose se apareció en mis pensamientos.

- A veces es inevitable… a veces es mejor aceptar que hemos perdido a alguien a tiempo, antes de intentar atarlo para siempre a nosotros y esperar que esa sea la única forma de darnos cuenta de que eso no era lo que buscábamos. –me lamente.-

Ella me miro preocupada.

- Al parecer, ya ha pasado por eso… -se dio cuenta.-

Sonreí.

- Era muy buena persona. Pero con el tiempo me di cuenta de que le había obligado a estar a mi lado cuando en realidad ella debió irse hace tiempo. Pensé que no podría aceptar que muriera para mí y tome la decisión equivocada. Perdió de su ser, todo lo que me había enamorado de ella de repente, como si jamás hubiera existido. –le conté.-

La joven bajo la mirada y por unos segundos se concentró en contemplar la galleta de chocolate que venía con su café.

- Yo solo quiero alguien que me ame hasta el final… -comento la joven quebrando su galleta en dos.- pero eso nunca sucede. –sonrió, tristemente antes de comérsela.-

Y yo sonreí.

Nos levantamos y abandonamos el bar después de pagar. Para entonces ya faltaba menos para el horario en que la joven había prometido regresar a casa y me concentre en lo que quería de ella en realidad. Si, estaba siendo tan egoísta como esos humanos que describía. Pero me había aguantado tanto y me había exigido tanto ignorando la sangre humana que ya no lo podía soportar.

- Lamento haberle hecho perder el tiempo… -se disculpó.-

- No me ha hecho perder el tiempo. Ha sido agradable hablar con alguien que me comprende. –mentí.-

La joven sonrió y se sonrojo. ¡Ahsus reacciones eran tan obvias que me enfermaban! No pude aguantarme más y le tome delicadamente de la cintura y entonces escuche que su corazón latía con más fuerzas cuando le empuje contra la pared del bar y le bese. Ella cerró los ojos y ni siquiera se dio cuenta de lo que estaba pasando en realidad hasta que comenzó a perder las fuerzas, pero ya era demasiado tarde para resistirse y finalmente cerró los ojos entre mis brazos y yo me sonreí. No había perdido la técnica. No había dejado caer ni una sola gota de más como en los viejos tiempos.

Le deje allí. Sentada en medio del callejón y mire hacia ambos lados pero no había nadie. Me acomode nervioso las gafas y contemple a la joven que aparentemente solo parecía estar durmiendo y me sentí mejor. Me sentí completo. Sentí que había vuelto a nacer y cuando di un paso hacia delante, escuche una risa desagradable ante la que no pude evitar gruñir.

- ¿Por fin te has aburrido "de tu corazón humano", Shido? –Dijo Caìn delante de mí.-

Metí las manos en los bolsillos de mi capa de viaje y pase de él. Molestándome en empujarle cuando pase y ni siquiera le respondí.

Pasaron varios días así. Donde solamente me bastaba con intentar algo con una dama diferente cada noche y encerrarme nuevamente en el hotel. Dando una buena paga de dinero robado al hombre para que se asegurara de que no me molestase nadie y para que no irrumpiera con tonterías tales como el servicio de limpieza o el servicio de habitación de modo que me dejara descansar en paz durante el dia..

Solamente eso era lo que necesitaba por un tiempo. Estar solo. Dedicarme a mí mismo y no a los demás para que después me acusaran de lo que se habían hecho a sí mismos en lugar de darme las gracias por salvar sus vidas y estar en compañía de mí mismo para intentar entenderme a mí en lugar de escuchar lo que los demás esperan de mí.

Y descansar…

Especialmente, descansar entre las sombras.

Volví a recostarme en el rincón. Sin molestarme siquiera en quitarme las gafas y me quede dormido enseguida. Y esta vez, no tuve sueños extraños.


_Daiyamondo_