CHP XXVIII

El tono de llamada entrante volvió a sonar por tercera vez.

Vestida con la misma ropa con la que había salido la noche anterior, se removió por la cama buscando algo con el que silenciar aquel ruido persistente y molesto. Con torpeza alcanzó un cojín cubriéndose la cabeza con él. Diez-quince minutos después el aviso de varios mensajes instantáneos terminó sacándola de la cama.

Ya no recordaba las consecuencias de tener que levantarse cuatro horas después de haberse metido en la cama. Y eso no era lo peor, el malestar y el dolor de cabeza amenazaba acabar con ella antes de terminar el domingo. Tumbada en el sofá después de lograr llegar hasta su dispositivo móvil, lo desbloqueó bajando la tonalidad de brillo de la pantalla para leer los mensajes, haciendo un gran esfuerzo para no cerrar los ojos.

Lanie (06:50am):

"¿Para cuándo una segunda parte de "La noche de las musas" ? Hahaha... /Foto/ Qué peligro tienes lady Beckett... xD"

Julia S. (10:55am):

"¿Habíamos quedado hoy a las 11 o he vuelto a confundirme de día y hora? Llámame.

A pesar de los vagos recuerdos de lo que había sucedido esa noche siguió riéndose de los mensajes y la foto que le había mandado su amiga mientras respondía al de Julia yendo de camino a la ducha.

"Lo siento. Llego tarde... 20 minutos y estoy allí. /kiss/"

...

No había forma de borrar la insignia de la discoteca del dorso de su mano por mucho que frotase, y tiempo era justamente lo que no tenía para entretenerse con ello. Dejó el baño igual que si hubiera pasado un batallón y salió corriendo descalza hacia el dormitorio para acabar de vestirse. Justo se estaba abotonando los vaqueros cuando llamaron a la puerta. Terminó de ponerse los calcetines mientras maldecía para sus adentros y sin tiempo para calzarse los botines se apresuró a la entrada cuando volvieron a llamar.

- ¡Hola! - abrió tras mirar por la mirilla - ¿Qué haces aquí?

- Pensé que me daría tiempo a llegar antes de que salieras y pedí el desayuno para llevar. - ¿Puedo entrar?

- ¡Claro! Pasa – se hizo a un lado – Siento que hayas tenido que venir hasta aquí.

- ¡No te preocupes! Así podemos hablar con más tranquilidad.

Julia le entregó el café que había pedido para ella con una sonrisa bobalicona en su rostro.

- Imaginé que te haría falta uno doble después de la noche de chicas con Lanie. Y por tu cara creo que he acertado – comentó aún sonriente.

- Dejaré que sea ella quien te cuente los detalles... - volvió a beber.

- Oye... Esto no puede salir de aquí – dijo de repente aferrando un sobre contra su pecho – Recomiendan esperar para decirlo, pero necesitaba compartirlo con alguien.

A diferencia de la sonrisa y la cara de felicidad de Julia, la de Kate estaba empalideciendo y no sólo por haber reconocido el sobre con el anagrama del hospital.

- Kate, ¿estás bien?

En el momento de dejar el sobre en la mesa, Kate dio media vuelta entrando corriendo al cuarto de baño. Cuando Julia entró, se la encontró sentada en el suelo con una toalla en sus manos.

- Está hecho un desastre pero no me dio tiempo a recoger. - se disculpó con voz ronca.

- Mejor no te cuento como estaba el mío antes de irme... - insinuó - ¿Estás mejor? - Kate asintió intentando levantarse - ¿Sé puede saber qué hiciste anoche? - la ayudó.

- No quieras saberlo.

Con agua fría se refrescó la frente, la nuca y las muñecas repetidas veces dándose un tiempo antes de cerrar el grifo.

- ¡Ni una palabra a Lanie de esto! No quiero escuchar el "Te lo dije" que sé que me va a soltar si lo sabe. Me avisó varias veces y la ignoré...

- ¡La próxima vez no lo harás!

- Te aseguro que estaré días sin probar el alcohol... - dejó la toalla en el cesto de la ropa sucia volviendo a la sala de estar.

- Tú por lo menos podrás brindar con champán la nueva entrada de año...

- ¡Ponte cómoda! - le ofreció ocupando parte del sofá.

- Puede que tengas que despertarme si me acomodo demasiado. Llevo días sin dormir seis horas seguidas.

Era inútil seguir evitando el tema. Era obvio que Julia estaba embarazada, aunque no lo hubiera dicho en voz alta, y cuando antes empezara a actuar como una persona que no tiene nada que ocultar, menos sospechas.

- Supongo que tu cara de felicidad disimula lo demás...

- ¿Tanto se me nota? – sonrío posando las manos en su vientre aún plano.

- Se te ve feliz. El motivo dentro de cuatro meses será más obvio. - matizó - ¿Lo buscabais?

- Lo habíamos hablado... Creo que nunca me olvidaré del momento que miré la prueba y vi que daba positivo – rió nerviosa.

- ¿De cuánto estás?

- De ocho semanas y tres días. Esta mañana tuve la primera ecografía – dijo emocionada – Ahora ya estoy contando los días que faltan para la siguiente.

Kate se levantó de repente del sofá yendo a por un vaso de agua con la excusa de ganar unos minutos para ella.

- ¿Vas a comerte el desayuno?

- Todo tuyo.

- Dale ya teme por mis momentos de antojo, - siguió hablando - y yo estoy más inquieta de que algo pueda ir mal.

- ¡Tienes que ser más positiva! – repuso haciendo un esfuerzo por aparentar.

- Este punto blanco que se ve aquí es lo que nos tiene con esta sonrisa tan insoportable todo el día – le mostró la copia en papel de la ecografía.

Empezaba a sentirse mejor de la resaca a la vez que agobiada y deseando cambiar de tema de conversación.

- Ahora vengo.

Sola en el dormitorio, se quedó sentada en la cama preguntándose si debía contárselo.

Si lo hacía, cabía la posibilidad de que el nombre de Richard saliese a la luz y eso la llevaría a escuchar esas palabras que no se atrevía ni a pensar por sí misma. De lo contrario, podía seguir aparentando estar simplemente resacosa y feliz por su embarazo con la posibilidad de acabar reaccionando mal si seguían hablando de ese tema.

- ¡¿Va todo bien?! - preguntó su amiga desde la sala al ver que no volvía.

- Sí – respondió ella distante.

Julia se acercó al dormitorio apoyándose en la puerta sin llegar a entrar.

- Kate, puedo irme si no te encuentras bien.

- ¡Ah! No, no, estoy bien – la miró distraída.

- ¿Seguro que estás bien? Y no lo digo sólo por la resaca, de esto mañana ya ni te acordarás. - se acercó sentándose a su lado – Desde que te conozco nunca te había visto actuar cómo últimamente... Y no quiero que te lo tomes mal – se apresuró a decir – pero sé que hay algo o alguien... - tanteó sin terminar la frase.

- No tengo ni idea qué te habrá contado y la verdad es que me da igual - afirmó con indiferencia.

- No hemos vuelto a coincidir en semanas. - admitió suponiendo que hablaba de Richard. Aquello llamó su atención – Ese es capaz de haber vuelto a Chicago sin decir nada.

- De ser así lo sabría.

- ¡Claro! Kyra, ¿verdad?

- Quizás... Pero no lo decía por ella, sino por mi tía. Insistió en que se instalaran en el loft y desde entonces me va informando.

- Entonces ya sabes mucho más que yo.

- Suelo desconectar cuando llega a esa parte de la conversación. - admitió indiferente.

Julia sonrió mientras la escuchaba.

- Entonces...

- Sólo lo saben mi tía y Lanie, – empezó – ella fue la primera en saberlo y le hice prometer por activa y por pasiva que no te dijera nada. No iba a contártelo y ahora tampoco debería aunque por otros motivos.

- Te mentiría si digo que no tengo ni la más mínima curiosidad por saber de qué hablas.

Kate respiró hondo antes de seguir.

- Semanas después de volver de Chicago empecé a encontrarme mal y pedí hora en el medico. Supe que se debía a la regla al ver que había manchado las sábanas la misma mañana que tenía la visita, algo poco habitual en mí, pero no le di mucha más importancia hasta que empezaron hacerme varias pruebas tras los análisis de sangre, incluida la de ultrasonido. Ahí fue cuando empecé a asustarme. – hizo una pequeña pausa notando los ojos de Julia clavados en ella – Cuando fui a por los resultados... Habría aceptado lo que fuese de lo que me estaba pasando por la cabeza en ese momento, pero lo que salió de la boca del ginecólogo...

- Kate me tienes atacada de los nervios y en mi estado no es nada bueno – soltó tajante.

- No voy a morir de esto... - quiso tranquilizarla lo que hizo que se llevara un pequeño empujón por su parte.

- ¡Eso ni en broma! – la regaño – Va, ¿qué te dijo? - exigió.

- Aborto espontáneo.

A diferencia de la reacción que esperaba por su parte le sorprendió verla tan callada.

Sin saber qué decir mientras trataba de procesar la noticia, Julia la rodeó con sus brazos, cogiéndola totalmente desprevenida. No tenía intención de soltarla cuando el teléfono de Kate empezó a sonar y tuvo que levantarse para atender la llamada.

- Entiendo que no quisieras hablar del tema...

- No te preocupes – intervino antes de que pudiera acabar de hablar, acomodándose de nuevo en el sofá dónde se la encontró al salir del baño. – Supongo que te estás preguntando de cuántas semanas estaba cuándo pasó...

- Sí y no...

- Cada mujer es un mundo, Jules. En mi caso no tenía que ser y a las cuatro..., prácticamente cinco semanas, tuve el aborto. A pesar de ello tuve la suerte de tener un aborto completo.

- ¿Le conozco?

"¡Ahí está!" – pensó cuando lo escuchó.

La tímida sonrisa y la breve caída de ojos fue suficiente para que Julia reaccionará.

- ¡Maldito cabrón! - se levantó sentándose de nuevo con una pierna flexionada. - ¡Y a ti ya te vale! ¿Lanie lo sabe?

- No me quedó otra... - se encogió de hombros - ¡Ya la conoces!

- Si por ti fuera seguiría en el anonimato, por supuesto.

- Ocurrió. Fin de la historia.

- ¡Y una mierda! - exclamó divertida – Créeme si te digo que estáis los dos para que os encierre en una habitación.

- Y yo te digo que esto no va a pasar.

- ¿Y cómo pensáis arreglar vuestras diferencias? A menos que tengáis otras preferencias... – insinuó aún en shock por el notición.

- Haré cómo si no estuviera escuchando...

- ¡Me lo has puesto en bandeja! - intentó disculparse mientras no podía contener la risa – - Mira, le prometí que no iba a meterme pero creo que debes saberlo por mí. – hizo una pausa y se lo contó - Sé que sabes que el chico de los e-mail era él bajo el seudónimo de Edgar Allan.

- ¿Te lo dijo él?

- Digamos que tenía mis sospechas desde antes de que él me lo contara. Es una larga historia...

- ¡Ahórratela!

Beckett dejó de prestarle atención para centrarse en la pantalla de su móvil y los mensajes que acababa de recibir. Antes de que pudiera volver a contestar, Julia se arrimó a ella para averiguar qué la tenía tan sonriente y distraída.

- ¿Quién es Matt?!

Sobresaltada de verla prácticamente encima de ella leyendo de la pantalla, se levantó para poder acabar de escribir con tranquilidad, algo que le resultó difícil con Julia persiguiéndola por toda la sala.

- ¡Déjame ver la foto de perfil!

- Cuándo haya acabado de hablar...

Haciéndose con el móvil se apresuró a mirar la foto antes de que su propietaria se lo quitara de las manos.

- ¡Madre mía! ¿De dónde ha salido este monumento? - Kate se limitó a reírse de su reacción tras ver la foto – ¿Hay algo que quieras contarme?

- No hay nada que contar.

- Por esto tenéis una foto juntos...

- ¡Eres una cotilla!

- Lo soy cuando sospecho que me están ocultando algo.

- ¿Te suena lo de vida privada? Pues eso.

- Captado. Sólo una pregunta: ¿Salís juntos? - insistió.

Kate resopló dándose por vencida.

- ¡Eres peor que Lanie!

- ¿Sí o no?

- Nos hemos encontrado un par de veces y hemos pasado un rato juntos, eso es todo. – comprobó si tenía mensajes nuevos y lo bloqueó – Cuando estoy con él siento que puedo olvidarme de todo lo que últimamente me está ahogando... - admitió – A veces pienso que si no me hubiera encontrado con Sonia mi vida habría sido distinta...

- ¿Te arrepientes de aceptar su propuesta?

- A veces..., pero sé que volvería a hacerlo por ella.

- Kyra es un amor.

- Sí... - sonrió con tristeza – No la he visto desde el día del entierro de Hines. Y sé que le pregunta cada día por mí a Martha.

- No volveré a insistir, pero creo que tendríais que hablar. Y sé lo que me vas a contestar, que no tienes ni pizca de ganas de cruzarte con él, pero hazlo por la niña. Esa cría te adora Kate. Eres lo más cercano a una madre para ella.

- ¿Entiendes ahora porqué necesito un poco de aire fresco de vez en cuando?

- Voy a ahorrarme el comentario... - sentenció Julia riéndose de sus pensamientos, contagiando a Kate.

...

No era asidua de salir a cenar entre semana, pero Matt había vuelto a insistir después de rechazarle la invitación el domingo por la noche y no aceptaba un no por respuesta. Desconocía dónde la llevaba y tras pasarse la noche anterior rebuscando en el armario sin encontrar nada que la convenciera, hizo una llamada a quien mejor podía solventar aquella emergencia. Y aunque tener que pasarse por el loft era lo último que le apetecía en ese momento, era dónde tenía la ropa para cambiarse.

Al llegar al loft no pasó de la puerta cuándo Kyra se le tiró, literalmente, encima al verla.

- Parece que alguien me ha echado de menos...

- ¡Mucho! - enfatizó la niña apretando sus brazos alrededor de su cintura. - ¡Mira, ven! - cogió su mano tirando de ella - Estamos haciendo galletas con tía Martha.

- ¿Vais a montar una tienda? - comentó ella viendo la que tenían montada.

En la barra dónde desayunaban no cabía una bandeja más, y todas ellas llenas.

- ¡Sí! Se llamará Caskett's Delicious.

- ¿Caskett?

- Por los apellidos Castle y Beckett – explicó.

- Me gusta, pero tía Martha no se llama Beckett, es Rodgers.

- Vaya... ¡Pensaré otro! – se encogió de hombros.

Dejándolas ocupadas con su nuevo proyecto, Kate se retiró al piso superior para arreglarse. Cuando bajó, el sonido de los tacones a cada escalón que pisaba hizo que dos pares de ojos se fijaran en ella mientras Richard los mantenía fijos en la pantalla de su tablet.

- ¡Qué guapa! - exclamó la niña.

- ¡Estupenda! - aprobó su tía emocionada observando cómo los vaqueros color tierra y la blusa holgada rosa palo le quedaban como un guante combinado con los botines negros y el abrigo gris oscuro jaspeado.

- Sabía que podía contar contigo - besó su mejilla – ¡Gracias!

- ¿Ya te vas? - preguntó la pequeña.

- ¡La que se va eres tú, pero a la ducha! - dijo su padre interponiéndose.

- Cuando se vaya Kate.

- De eso ni hablar. ¡Vamos!

Richard avanzó hacia el dormitorio mientras su hija permaneció en el sofá sin moverse.

- ¡Kyra! - volvió a llamarle la atención su padre. - Por favor...

Desde la cocina, Kate observaba aquella escena permaneciendo callada con una copa de vino en la mano. Al igual que su tía mientras guardaba todas las galletas en los botes que habían comprado para ello.

- ¡No te lo voy a repetir! ¡O empiezas andar hacia el cuarto de baño o te irás a dormir sin cenar!

- ¡No es justo! ¿Por qué no puedo esperar a qué se vaya Kate?

- ¡Porque lo digo yo que soy tu padre! - sentenció.

Mosqueado por la tozudez de su hija, la agarró de la muñeca llevándosela a rastras.

- ¡Déjame! - gritó intentando zafarse de su mano.

Podía llegar a entender su posición pero su actitud empezaba a rozar lo ridículo. Se terminó el último sorbo de vino de un trago dirigiéndose directa al ojo del huracán.

- ¿Podemos hablar? - se interpuso entre él y la niña.

- No tengo nada de qué hablar contigo.

- Yo creo que sí.

Aprovechando ese momento de distracción Kyra se zafó de su padre alejándose hasta dónde estaba Martha. Beckett esperó que Rick entrara en el dormitorio yendo detrás de él cerrando la puerta con decisión.

- ¿Puedes explicarme lo que acaba de pasar ahí a fuera?

- Tu misma estabas presente no creo que deba...

- ¿Te crees que no sé que todo ese circo de la ducha es por mí? - lo interrumpió – ¡Al menos podrías mantener a la niña al margen!

- ¿Has acabado?

- Querías una oportunidad para hablar. ¡Te la estoy dando!

- No sé de qué tendría que hablar contigo, así que si me disculpas... - hizo ademán de irse cuando Beckett le detuvo agarrándole del brazo.

- ¿De verdad quieres seguir con esta estúpida guerra en vez de hablar?

- Pasado mañana volvemos a Chicago. Es dónde Kyra pertenece y dónde Sonia querría que nuestra hija creciera. Y no te preocupes por tus derechos con ella, he hablado con mi abogado y se puede anular. - anunció sin un sólo fallo en su voz.

- ¿Lo sabe?

- Le guste o no soy su padre y hay decisiones que van por mi cuenta hasta que cumpla la mayoría de edad.

- Entiendo... De todos modos creo que hay algo que no tienes en cuenta. Kyra es feliz aquí.

- También lo será en Chicago. Ha pasado demasiado tiempo fuera de casa y lejos de los suyos.

Todo lo que se había prometido a sí misma se esfumó al escuchar su última frase, enfureciéndola hasta el punto de soltar todas las cartas pendientes encima de la mesa como quien saca una escalera real de color en una partida de póker en el último momento.

- ¿Sabes Richard? Te estás equivocando. Y lo sabes, porque todo esto es por nosotros. Por los e-mail de hace años y las mentiras que nos hemos soltado. Y... - se detuvo – Quizás incluso por esa noche que ninguno se ha atrevido a mencionar.

- Deberías irte o tu cita empezará a preocuparse...

- ¿Has escuchado lo que acabo de decir? - respondió molesta – ¡Y no es ninguna cita!

- Te he escuchado. - sonrió con la mirada fría. - ¿Quieres saber mi opinión?

- Me encantaría – se cruzó de brazos .

- Nunca ha habido ni hay nada entre nosotros. Lo que pasó pasó. Deberías olvidarte de todo y vivir tu vida Kate. Nosotros lo haremos en cuanto volvamos a Chicago.

- Esto no es tu opinión. - frunció el ceño - Es lo que tu mente te hace decir, pero no lo que sientes.

- No me conoces.

- Te conozco igual que tú me conoces a mí, Rick. Estuvimos hablando lo suficiente como para darme cuenta de que el que habla no eres tú, ni siquiera tu otro tú, es alguien que está herido y se protege diciendo palabras vacías.

- Tengo mucho que escribir y tú una cena a la que ir, así que...

Richard pasó por delante de ella dirigiéndose al despacho dónde le esperaba su MacBook Pro.

- Antes de que cruces por esa puerta, mírame a los ojos y dime que no sientes nada por mí.

Dudó. Cuando lo hizo, se encontró con los ojos de Kate mirándole de un modo que no estaba acostumbrado.

- Lo siento... - pronunció perdido en sí mismo.

- Vale... – asintió cabizbaja y sonriendo para ocultar su decepción. - Adiós Mr. Castle – se despidió sin apartar la mirada de él antes de abandonar el dormitorio por la otra puerta.

El corazón de Castle se deshizo en pedazos al escuchar el portazo de la puerta de la entrada.

Acababa de perderla. Había visto cómo su mirada se volvía cristalina al despedirse.

Habría podido detenerla y decirle que aquel lo siento no significaba lo que ella había interpretado, sino un lo siento a lo que había dicho desde que habían empezado hablar, sin embargo, su voz le había fallado cuando debió seguir hablando, su cuerpo se había quedado paralizado cuando tenía que haber ido tras ella.

¿Por qué lo había hecho? ¿Por qué le había mentido? Eran preguntas que no dejaba de cuestionarse creyendo encontrar la respuesta en las lágrimas que había visto en sus ojos al despedirse. Sentía algo por él. Y ahora aquellos sentimientos iban a ser remplazados e incluso olvidados.

Faltaban menos de quince días para fin de año. Kyra iba a odiarle por apartarle de Nueva York, de Martha, de Kate y los demás justo en esas fechas, pero aunque ahora no lo entendiera, quería pensar que con el tiempo lo haría y le acabaría perdonando por lo que en su día hizo. Era su hija e iba hacer todo lo que estuviera en su mano para que fuera feliz; se lo debía.

¿Año nuevo, vida nueva?