-Me alegra poder decir que esta historia llega a su capitulo tres sin ningún arrepentimiento de haberse aparecido de la nada y sin ningún recado. Esperemos que siga así. Aprovechando que estoy inspirada les dejo uno mas :) Sayoo! ;)


-TeRcErA NoChE: La Cortina desaparece...

Riho se había quedado mirando el sitio por donde Shido se había desaparecido. No se había movido de ese lugar ni un segundo. Sabía que iba a volver a aparecerse en cualquier momento. No podía haberlas dejado para siempre. Eso no era propio de él. Sentía que un vacío comenzaba a envolverle y sentía que moriría en cualquier momento si no le devolvía el abrigo de su abrazo. Esta vez de verdad.

- Riho… si sigues quedando allí…

- ¡Que me pasara!? Ya no siento nada Yayoi. Nada que no sea amor por Shido y si se va enserio… ¡Entonces, no me queda nada! – le dijo cubriéndose el rostro y volvió a largarse a llorar.-

Yayoi se quedó contemplando el sitio por donde Shido se había desaparecido. No se explicaba porque al igual que ella. No podía creerse lo que había pasado. Pero sabía al mismo tiempo que desesperarse no era la solución. Sabía perfectamente que Shido volvería y que mientras tanto no le gustaría que Riho estuviera así. Pero, ¿Qué podía hacer para animarla? No le conocía tanto como para saberlo por más que había aprendido a apreciarle.

- Riho… por lo menos espérale dentro. A él no le gustara verte así cuando regrese… -murmuro preocupada.-

Yayoi tenía un mal presentimiento de todo eso. Guni sobrevoló sobre ellas y se sentó sobre el hombro de Riho. Apartándose un mechón de su cabello verde detrás de la oreja. Conocía demasiado bien a Shido como para no pensar que alguien podía estar detrás de todo eso e intercambio una mirada de incógnita con Yayoi.

- Bien… de todas formas, estoy cansada de tanto llorar. –suspiro Riho por milésima vez en el día.-

Finalmente accedió a seguir a Yayoi dentro de la oficina. Ella con la mirada en el suelo era seguida por Guni que ahora se sentó sobre sus cabellos y se escondió entre ellos cuando escucho ruidos provenir desde dentro de la oficina. Yayoi sacó un arma que llevaba en el tobillo debajo de la pollera larga que traía esa tarde y abrió de costado la puerta. Se encontró con que los miembros de la N.O.S estaban revisándola. Apunto su arma sin recados a su jefe que se quedó paralizado enfrente de ella y levantó las manos. Pero las armas de todos los que estaban a su alrededor fueron apuntadas a su vez hacia ella.

- ¿¡Que está haciendo!? –grito frunciendo el ceño.-

El jefe de la N.O.S se dio lentamente la vuelta hacia ella. Pero todavía sostenía en alto las manos. Se quedó con los ojos centrados en el gatillo que Yayoi acababa de preparar. Una sonrisa se dibujó en su rostro y estallo en una carcajada sobre exagerada de hartazgo. Ya estaba cansado de las actitudes de la joven.

- ¿De verdad quiere saberlo? Porque no mejor lo confiesa y me lo dice… ¿Dónde está el vampiro que está protegiendo? ¿¡Donde demoños, esta Shido Tatsuhiko!?

Riho levantó la mirada ante la mención del nombre de su Amo y Yayoi le miro preocupada antes de volver la vista hacia el hombre y recorrer la habitación con la mirada para encontrarse con la ventana abierta que se encontraba detrás del escritorio de Shido. "Un punto débilpensó." Y una amplia sonrisa se dibujó en sus labios.

-: ¿De qué está hablando? ¡Ya le he dicho hasta el hartazgo que Shido cuenta con mi mayor confianza! ¡Es mi ayudante! ¡De otra forma no le habría involucrado en el caso, Breed! –Las manos que sostenían el arma le temblaron de ira.-

Siguió a su propio jefe con su arma mientras se acercaba al escritorio de Shido y le enseño una carpeta de madera que abrió. Los ojos de Riho se centraron en la fotografía de una joven que aparentaba estar dormida y que se encontraba recostada contra una pared de ladrillos que reconoció como una vieja amiga del colegio y se cubrió la boca con una mano. A medida que las fotografías pasaban, empeoraba la situación en la que se encontraban las víctimas y se le revolvió lo que le quedaba de estómago.

- Una tras otra… los asesinatos comenzaron casualmente en la misma fecha que me dijo que el Señor Tatsuhiko abandono la oficina. –murmuro.-

Riho, gruño.

- ¡Shido, no haría algo así! –Le defendió.-

El jefe de la N.O.S le miro de soslayo. Yayoi le había contado mucho sobre la joven y lamentaba ser quien le diera la mala noticia. Pero extrajo un sobre del bolsillo de su saco que traía su apellido y ella centro su temblorosa mirada en él. Decía entre paréntesis debajo del suyo, el nombre de sus padresy el rostro de Yayoi se transformo en una mascara.

- ¿Está segura? Esto ya sucedió una vez. ¿Por qué no sucedería de nuevo? –le pregunto mirándole fijamente.-

- Riho… ¡No leas eso! –grito y le arranco el sobre a su jefe de las manos.-

Pero Riho fue más rápida. Le piso. Tomo el sobre que cayo de sus manos entre las suyas y salto el escritorio evadiendo los disparos de los demás. Sus cabellos largos y castaños acompañaron en un oleaje el movimiento que hizo al caer sobre el borde del escritorio, antes de saltar desde el mismo por la ventana. Yayoi corrió hacia ella aterrada pero le miro sorprendida cuando cayó completamente de pie y luego de dedicarle una mirada envenenada, se desapareció.

Yayoi intento darle un golpe a su jefe de llano pero los hombres que lo rodeaban le tomaron de los brazos y le quitaron su arma. Intento zafarse para deslizarse por la ventana que había mirado y por la que debería haberse escabullido mucho antes y su temblorosa mano derecha se extendió hacia ella.

- ¿Por qué no me acompaña y lo comprueba por si misma… Señorita Matsunaga? –pregunto levantando su ceja derecha.-

No era una opción. Los hombres de la N.O.S le arrastraron por el pasillo de la oficina de Shido hasta un vehículo. Ya ni siquiera tenía energías para zafarse. No haría algo inútil y se dejó arrastrar. Le metieron dentro de él y cerraron la compuerta. El jefe golpeo la puerta y el vehículo arranco, siguiendo a otro. No quería ver. No quería aceptar que Shido era capaz de algo así. ¿Eso ya había sucedido antes? No comprendía a que se refería su jefe con esas palabras. ¡Necesitaba saber! Necesitaba saber para poder creer que eso era cierto y ver en que le podía ayudar. Shido no se merecía eso. El había salvado muchas vidas como para…

El vehículo se detuvo y le arrastraron hacia un edificio. Se dio cuenta de que era un hotel y su jefe fingió que caminaba con mayor normalidad al entrar. Pero una vez en el pasillo comenzó a correr arrastrándole y junto a ella que iba a los tropezones hacia la habitación donde sabía que el vampiro se encontraba y dio una patada a la puerta.

Yayoi se quedó inmóvil. Contemplando aterrada lo que tenía enfrente de ella. No quería creer lo que veía. Simplemente no podía estar sucediendo. No podía estar pasando. Le había defendido tanto tiempo que se había creído sus propias excusas y ya no podía taparlas más.

- Shido… -murmuro.-

Se encontraba sosteniendo entre sus brazos a una joven que estaba desnuda. La muchacha le abrazaba con fuerza y sus manos temblorosas tomaban sus ropas desde la espalda. La joven se encontraba llorando y el sonido de su llanto era el único que se escuchaba en la habitación mientras el bebía lentamente su sangre. Cerrando los ojos con gracia y con delicadeza. Y todas las armas de los miembros de la N.O.S se posaron sobre él.

- ¡Déjela y apártese de ella! –ordeno –

Shido no hizo el menor caso. Cuando las fuerzas de la joven se unieron completamente a las suyas y sus manos soltaron sus ropas, le dejo con delicadeza sentada sobre el rincón. El cadáver de la joven era realmente hermoso. Una sonrisa se dibujó en sus labios. Se sentía alegre al saber que él le había dado paz a una joven que le había confesado que se quería morir pero que tenía miedo. Lo había hecho placentero para los dos y le había tratado como a una dama de porcelana antes de devolverle la paz.

- Shido… ¿¡Que demoños estás haciendo!? –grito Yayoi.-

El le sonrió y se limpió un hilo de sangre que había resbalado desde sus labios y soltó una leve carcajada que Yayoi desconocía en el. No era el mismo... Pero ¿Qué estaba causando que se comportara así? No entendía nada. No podía ayudarle, si no podía entenderle. Unas lágrimas silenciosas resbalaron por sus mejillas. Yayoi no quería aceptarlo. No quería aceptar que todo estaba perdido.

- ¿¡No he pedido que nadie me molestara!?

Clavo su mirada en Yayoi como una cuchilla y ella lloro aún más. No quería verle así. No podía…

- ¡Ya es suficiente! ¡Hay que terminar con esta tontería... ¡Mátenlo!

Yayoi le dio un codazo a los hombres que la amarraban y recibió dos disparos en su lugar que le dieron de llano en el pecho. Por un instante la expresión de Shido volvió a ser la de antes y tembló en silencio mirándose las palmas de las manos. Dándose cuenta de que no quería regresar a eso otra vez y mientras pensaba en eso, sintió que alguien le abrazaba desde atrás tomándole desde la cintura y que le elevaba en el aire...

- Es hora de que comience… el Dorado Amanecer. –Murmuro Caìn a su oído.-

Yayoi grito su nombre...

Shido se quedó sin fuerzas entre sus brazos. Dejo descansar su cabeza sobre su codo y soltó unas lágrimas ensangrentadas silenciosas que ya no pudo contener tomándose con fuerza desde su abrigo antes de que una sonrisa sádica se dibujara en los labios de su Amo y los dos se desaparecieran juntos.

Lejos de los humanos

Y esta vez, para siempre.


_Daiyamondo_