¡Buenos días/tardes/noches..!
Sé que estáis ansios s de saber como continua la historia (motivos no os faltan), pero antes quería pronunciarme (por fin..) y escribir estas cuatro lineas para: en primer lugar, agradeceros los comentarios a quienes seguís leyéndome (De verdad. Muchas, muchas, muchas gracias). Y en segundo lugar, aunque no os va a gustar tanto, comunicaros que estáis apunto de leer el antepenúltimo capitulo. La semana que viene voy a subir los dos últimos (lunes o martes y jueves) y el día 22 de Octubre el Epilogo. Soy consciente que debí avisaros con más antelación, pero pienso que una vez leído este capitulo será más fácil que me lo perdonéis, jaja.. :P
Dicho esto, sólo añadir que espero que disfrutéis del 31 - y los que quedan - tanto como lo hice yo escribiéndolos.
Reto.
Ya que esto se termina... Precisamente en este capitulo hay una de mis escenas favoritas. ¿Sabréis decirme cual es?
Espero las respuestas en vuestros comentarios ;)
sorirc
CHP XXXI
No estaba segura de estar haciendo las cosas de la mejor manera, pero en ese momento era dónde quería estar y él de quien quería estar acompañada.
- ¿Así que ésta es la tan mencionada casa de los Hamptons?
Katherine sonrió para sí misma invitándole a entrar.
- Milord... - se echó a un lado.
- Gracias. Milady... - añadió siguiéndole el juego.
Su paso se ralentizó mientras miraba a su alrededor. No había visto ni una cuarta parte y ya se sentía impresionado.
Katherine recogió el correo dejándolo en el mármol de la cocina, dónde sabía que su padre lo vería, sin dejar de prestarle atención al escritor. Llevaba unos minutos de pie en la terraza, callado y mirando afuera con las manos en los bolsillos.
- Creo que me he enamorado – dijo sintiendo que estaba detrás de él.
Su corazón dio un vuelco.
- ¡Espera a ver el resto! – agregó ella aclarándose la garganta situándose a su lado. Ambos se miraron. - ¡Ven! Te haré un pequeño tour por la casa. Eso sí, no me responsabilizo de cómo puedan estar algunas habitaciones...
Kate se giró empezando a caminar en dirección a la biblioteca. A medio camino se detuvo volviéndose hacia él.
- ¿Vienes o no?
Distraído mirando algunas fotografías situadas en una esquina del mueble de la sala de estar, la miró apresurándose hasta llegar a su lado.
...
Con el recorrido finalizado, ambos se aposentaron en la terraza para disfrutar de la botella de vino que Katherine cogió prestada de la pequeña bodega de su padre.
- No es como el whisky que te ofrecí... – movió la copa haciendo bailar el vino – pero no está nada mal.
Ella dejó entrever una leve sonrisa.
- Nunca subestimes un Chateauneuf-du-pape del 2000... – añadió y bebió.
Él la miró de reojo e hizo lo mismo.
- Debes ser cercana con ese amigo tuyo – comentó de repente – Yo nunca daría una copia de las llaves de mi casa a otra persona por muy amigo que fuera. Y mucho menos dejar que éste llevase a un extraño cuándo le apeteciese y se bebiera mi vino...
- ¿De verdad, Castle? – le miró de soslayo – ¿De verdad quieres...?
- No es ningún reproche – la interrumpió sonriendo – ¡Pura envidia! – se encogió de hombros – Tienes algo con lo que siempre he soñado. Un espacio como este para poder escribir cientos de libros... Quizá varios bestseller.
- Bueno Castle, vas a sacar uno en breves y no me cabe duda que va a ser un éxito.
- ¿Qué te hace pensar que lo va a ser? - la interrumpió.
Katherine se removió sentándose de lado apoyando un pie en la silla.
- ¡Estamos hablando de Derrick Storm! - obvió encogiéndose de hombros.
- Ya veremos... – sentenció bebiendo de su copa – De todos modos lo que dije no fue únicamente por los libros...
- Lo sé. Conozco esa sensación – le miró bajando la mirada al suelo – Es como si hubiera algo en el ambiente de los Hamptons que te hiciera sentir...
- Libre – dijeron a unísono.
- Libre – repitió ella asintiendo – Protegida. Segura... – se le quebró la voz. – ¡Ahora vuelvo! - se levantó repentinamente entrando en la casa.
Sin despegar los ojos de enfrente, mirando a izquierda y derecha simultáneamente, Richard apuró la copa de vino sin prisas. La volvió a llenar, haciendo lo mismo con la de Kate. Cogió ambas, una en cada mano, y entró en la casa.
- Bebe.
- Castle... – se sorprendió, secándose las mejillas, al no oír que se acercaba.
- ¡Bebe!
Kate tomó la copa manteniéndola apoyada en sus labios antes de beber un pequeño sorbo. Él la observó mientras se sentaba a su lado, dejando un par de escalones de por medio.
- Todos tenemos algo que nos hace ser más débiles. Y aunque no queramos que los demás lo vean... A veces es bueno llorar.
- No tiene importancia.
- La tiene si...
- He dicho que no – replicó dando un sorbo.
Pensativo, recogió la copa que había dejado en el escalón y se levantó.
- Deberías descansar – dijo – Y yo también, así que...
Sin darle oportunidad de hablar, Richard se encaminó hacia la cocina para dejar la copa y recoger la botella de vino que seguía en la terraza. Se sentó en el sofá, descalzándose a la vez que colocaba un cojín en un extremo, y se tumbó. Con una mano por encima de su cabeza y la otra reposando en su estómago cerró los ojos.
- Espero que no te importe que me quede... – comentó sin abrirlos – Buenas noches.
- Creía que preferías "hasta mañana"... Ya sabes, por lo de ser más esperanzador.
Kate permaneció de pie detrás del sofá esperando poder reconducir y avivar la conversación.
Fueron tres minutos eternos en los que no dejó de observarle hasta que aceptó que no habría más palabras entre ellos; se había quedado dormido.
Suspiró.
- Hasta mañana, Castle. - susurró antes de darse la vuelta.
- No suena tan mal una vez lo dices, ¿verdad? - murmuró de repente sin moverse ni abrir los ojos.
- No... - respondió de espaldas a él – Pero sigo prefiriendo el buenas noches – se giró.
- Hasta mañana, Kate – sonrió moviendo ligeramente la cabeza hacia ella.
- Buenas noches – sonrió.
...
Ignoraba en la hora que vivía, pero por la poca luz del exterior aún era de madrugada.
Se incorporó momentáneamente y volvió a tumbarse al escuchar ruido en la planta superior. Haciéndose el dormido permaneció con los ojos cerrados escuchando todo lo que sucedía a su alrededor. La puerta de la terraza se abrió y se cerró volviendo a quedar todo en silencio. Dejó pasar unos minutos y volvió a incorporarse.
- ¿Beckett?
Cómo esperaba, no obtuvo respuesta. Estaba solo.
Desvelado, encendió una lámpara para comprobar la hora en su reloj de pulsera. Las 5:30am. Sin duda, aquello le iba a pasar factura a media mañana.
Ansioso por una primera dosis de cafeína, se levantó dispuesto a hacer café. Al llegar a la encimera encontró una nota firmada por Kate.
" Bajo a la playa a correr.
Haz cómo si estuvieras en tu casa.
Kate."
Richard sonrió volviendo a leer la nota un par de veces más.
Después de una quinta, la dejó en el mármol y se puso a averiguar qué escondían los armarios y cajones de esa cocina hasta encontrar lo que necesitaba para preparar el desayuno. ¡Qué menos después de aquella muestra de confianza!
...
Estaba agotada y con unas ganas tremendas de irse a la ducha, pero nada más acceder al patio trasero de la casa el olor de tortitas despertó un hambre hasta el momento inexistente.
- ¡Buenos días!
- Veo que te has tomado lo de "cómo en tu casa" al pie de la letra... – respondió sorprendida de ver desayuno suficiente para dos personas.
- Espero que vengas con hambre. Aquí tienes tu café. – le acercó la taza - Tal y como te gusta...
- ¡Gracias! - dijo perpleja – Me la llevo arriba...
Con la taza en sus manos se paró delante de un álbum de fotos abierto en uno de los taburetes de la cocina.
- ¿Y esto?
- ¡Oh...! - exclamó apartando la sartén y apagando el fuego – Volví a mirar las fotos de los marcos y..., la curiosidad mató al escritor. Ahora mismo vuelvo a guardarlo.
- ¡No, déjalo! Puedes mirarlo si quieres. Te vas a reír... - añadió antes de desaparecer escaleras arriba.
Richard se sirvió sus tortitas añadiéndoles extra de sirope de caramelo sonriendo satisfecho.
...
Alarmada al recordar que aquella mañana tenía la prueba definitiva del vestido de novia, comprobó la hora del reloj de su smartphone suspirando aliviada al ver que no eran más de las ocho de la mañana.
Con la taza vacía en sus manos y el móvil en el bolsillo trasero de sus vaqueros regresó al piso de abajo encontrando al escritor totalmente entretenido con el álbum de fotos.
- Me gusta esta.
Richard levantó una de las fotografías que no estaba pegada en el álbum para mostrársela. En ella Kate tenía una bolsa de navidad colgada en la oreja como si fuera un pendiente.
- Puedo imaginar porqué – se rió recordando aquel momento.
- Creo que te favorece - añadió buscando más fotos – Estas son mis favoritas. – se las mostró - La mujer que está a tu lado es tu madre, ¿verdad? – indicó – Os parecéis mucho.
- No eres el primero que lo dice. Si hablaras con mi padre o Martha, te diría que no sólo me parezco en ella físicamente, también en como soy y a qué me dedico.
Sorprendido por aquella respuesta, Richard cerró el álbum acercándose al sofá donde ella se acababa de instalar con su plato de tortitas.
- Me hubiera gustado conocerla.
- ¿Estás seguro? - dijo masticando.
- ¿Y por qué no?
- No lo sé... No estoy segura de que le hubieras caído bien. - se mofó conteniendo las ganas de reírse.
- Contigo no me ha ido tan mal – contraatacó.
- Que estés aquí no significa nada. Sigues sin caerme bien – agregó indiferente mientras seguía comiendo.
- Entonces el odio es muto. ¡Bien! - sentenció él levantándose para guardar el álbum.
Ante su silencio, Katherine le observó curiosa mientras éste seguía de espaldas mirando los libros que había en la pequeña estantería del salón. Sin decir nada, recogió el plato y los cubiertos y los llevó a la cocina dónde aprovechó para fregarlos a mano.
- ¡Castle! – le llamó mientras escurría el plato. Él se giró. – Gracias.
- ¿Por qué? Si es por el desayuno...
- No. Bueno, sí, por esto también, – rectificó – pero lo digo por anoche. Por no presionarme.
- Sólo hice lo que creí que debía hacer. Sin mencionar que estaba a punto de quedarme dormido... – se sentó en un taburete delante de ella.
- Hay gente que sigue sin entender que hablar de la muerte de mi madre siga siendo un tema tabú para mí. A pesar de los años...
- ¿Recuerdas cuándo anoche te hablaba de tener debilidades? Quizá esa sea la tuya, y lo más seguro es que también sea tu fuerza. Y quizá, ahí esté la razón de que a día de hoy hayas llegado a dónde has llegado.
- No sabes cuánto odio qué hagas esto... – se mordió el labio, tirándole el trapo que tenía en las manos con ímpetu.
- "Te conozco del mismo modo que tú me conoces a mi" ¿Lo recuerdas? - citó Rick.
- ¡Lo que tú digas! – se acercó al mueble dónde había distintos marcos de fotografía y cogió uno.
- Antes has hablado de años... ¿Hace mucho? - preguntó interesándose.
- Nueve de Enero de 1999. Tenía diecinueve. - se sentó en el taburete que estaba a su lado.
- Lo siento.
- Desde entonces, ésta casa, el sitio en sí, significa mucho para mi y me hace ser quien a veces no me permiten ser.
- ¿Puedo?
- Me pasaría horas mirándolas – le entregó el marco.
- Se os ve felices, a ti sobretodo – comentó sin apartar los ojos de las dos fotografías que había en el marco; en la de arriba, Kate lleva un sombrero de ala ancha de lado y las gafas de sol de su madre, con ésta a su lado riéndose. En la de abajo, Johanna con su sombrero abrazándose mutuamente con su hija, quien seguía con las gafas puestas.
- Aquí lo era – admitió con tristeza.
- ¿Y ahora?
Era consciente del peligro de aquella pregunta, no obstante, siguió observando ambas fotografías sin darle mucha importancia a lo que acababa de decir, pensando en lo siguiente para suavizar el momento.
- Ojalá pudiera responderte a eso... – suspiró – El accidente de Martin ha removido todo lo que creía que era estable. Soy consciente que he descuidado cosas y a personas por él. La boda, a Matt... Incluso mi padre y mi tía creen...
- ¡Qué les den! – intervino sorprendiéndola – Kate, no eres tu quien debe pedir disculpas por hacer lo que hiciste, sino los demás por no ser capaces de ponerse en tu lugar.
- Estoy aquí cuando sé que debería estar metida en los últimos preparativos para la boda, Castle. Y lo único en lo que puedo pensar es en que ojalá suene el teléfono y sea Marian para decirme que su hermano ha abierto los ojos. ¿Puedes decirme en qué me convierte eso?
- Te convierte en alguien que necesita un respiro y necesita hablar con alguien..., interesante.
Katherine negó sonriente.
- ¿Habéis hablado? - preguntó reconduciendo la conversación.
- Lo intenté pero tenía el móvil apagado. Al principio no le di importancia. Ahora ya no sé qué pensar... Esperaba un e-mail o un mensaje diciendo que ya estaba en Cuba. Y Nada. Cero.
Richard le devolvió el marco y ella se levantó para dejarlo dónde estaba.
- ¿Por qué me siento como si fuera la Maléfica de esta historia? - se dejó caer en el sofá – Creía que con cuatro años de relación había entendido lo que Martin significa para mí – continuó desahogándose – Incluso tú lo sabes...
- Cualquiera que os vea juntos y sepa que no sois pareja se da cuenta que lo vuestro es de otro planeta.
Aquello la hizo reír.
- ¡Vaya! Ya me estaba durando demasiado la tranquilidad... – comentó al escuchar la melodía que tenía asignada para su agente – ¡Tengo que cogerlo! – se disculpó saliendo a la terraza para hablar en privado.
Al instante sonó el suyo.
Él fuera y ella dentro, ambos atendían sus llamadas observándose cuando el otro no miraba, sonriéndose si el uno pillaba al otro.
- ¡Acabo de empezar y ya me tienen harto! – se quejó ignorando que ella aún estuviera a teléfono.
Katherine se giró encontrándoselo detrás de ella. Tapándole la boca por acto reflejo con la mano que tenía libre vocalizó "Martha" señalando el teléfono.
- Claro que estoy sola. ¿Con quién quieres que esté? Estoy volviendo de la playa... – dijo apartándose de él.
A punto de darle un ataque de risa por no entender el significado de las señas que Richard le estaba haciendo, salió a la terraza.
- ¡Te voy a matar! - confesó una vez hubo colgado sabiendo que estaba detrás de ella. Sé giró.
- ¿Puede ser a besos?
- En tus sueños... - añadió entrando en la casa.
- ¡Eso ya lo haces! - confesó dándose la vuelta.
- Entonces quédate con eso porqué será lo único que vas a tener – sentenció risueña subiendo al piso superior.
Cuando bajó, Castle la esperaba en la puerta, preparado para irse.
- El taxi nos está esperando – anunció abriendo la puerta de la calle.
- ¿Has llamado tú? - él asintió – ¡Gracias! Ve pasando, ahora vengo.
Katherine salió llevando con ella lo justo que iba a necesitar para ese día y cabía en el interior de su bolso.
- Podías esperarme dentro
Richard se enderezó abriéndole la puerta.
- Las mujeres primero.
Dando un paso en falso hacia el interior del vehículo se acercó para besarle en la mejilla. Sorprendido entró unos segundos más tarde después de ella.
- ¿Y ese beso? - preguntó al cerrar la puerta.
- ¿A donde les llevo señores? – preguntó el conductor mirándoles por el retrovisor.
Katherine se inclino hacia delante diciéndole la dirección del hotel en el que se hospedaba su acompañante tras ponerse de acuerdo de que iba a ser el primero en bajarse.
El taxi dejaba atrás la casa y el vecindario cuándo Richard se inclinó y la besó en la mejilla.
- ¿Qué estás haciendo?
- Beso por beso. Ahora estamos empatados.
Ella girándose hacia la ventana, a su izquierda, él hacia la suya, a su derecha, ambos se dieron la espalda sonriendo mientras pensaban el uno con el otro.
Minutos después, con los Hamptons a sus espaldas, tanto uno como el otro se había sumergido en su propio mundo.
...
La futura novia entró en la tienda con una sonrisa espléndida en su rostro y el motivo perfecto para estar llegando más de quince minutos tarde. Habló con una de las dependientas y ambas se encaminaron a la sala donde la estaban esperando las chicas.
- ¡Vaya, ya era hora!
- ¿Dónde te habías metido?
- ¡Lo sé, lo sé! ¡Lo siento! ¡Ya estoy aquí! - respondió a las quejas de sus damas de honor entrando directa al probador sin ver ni saludar a nadie.
- ¡Katherine! - la retuvo su tía preocupada por el retraso – ¿Cariño, va todo bien?
- Luego hablamos, ¿vale? – la besó sin borrar su sonrisa y entró en el vestidor.
- ¿Es cosa mía o parece más eufórica de lo habitual? – comentó Lanie.
- Lo importante es que vuelve a sonreír – apuntó Martha.
- ¡Brindo por eso! - exclamó la forense chocando la copa de champán con ella antes de tomar el último sorbo.
- Me temo que tenemos un problema... – anunció la dependienta que las atendía saliendo del vestidor – La modista le entró demasiado el vestido y es imposible abrochárselo.
- ¡No puede ser!
- Tiene que ser una broma...
- No sé que pudo pasar. De verdad que lo siento – se disculpó la chica – Voy hablar con mi encargada a ver que tenemos en el almacén que entre en su presupuesto y sea de su talla asemejándose al estilo del que iba a quedarse.
Con el vestido puesto pero con la espalda al aire, Katherine salió del probador para sentirse más acompañada.
- ¡Qué desperdicio de vestido!
- Decídmelo a mí... - admitió la novia haciendo acto de presencia.
- Oh, Cariño... – la abrazó Martha – ¡Tú no te preocupes! Seguro que el próximo será mejor – intentó animarla.
- ¿Habéis olvidado los que llegué a probarme antes de decidirme? – preguntó mirando a las tres sentándose en la tarima.
Durante un espacio de segundo hubo varias miradas entre las presentes en la sala.
- Es una pena que lo hayan estropeado. Es muy bonito.
Una de las niñas se sentó al lado de Kate, tocando la tela, pasando los dedos por el bordado y la pedrería.
- Parece que el que mueve los hilos del destino ha decidido complicarme la vida. Y aquí tienes una prueba... – desvió la mirada a sus damas de honor – ¿Se puede saber que os pasa a vosotras dos que no dejáis de...?
- Kate – se levantó la niña que estaba sentada a su lado – ¿Tanto he cambiado? - se quedó de pie delante de ella.
- ¿Nos conocemos? – preguntó confundida.
Katherine la observó detenidamente.
- ¡Oh dios...! – se llevó las manos a la cara ocultándose detrás de ellas – Tierra trágame! ¡¿Como he podido estar tan ciega?! – siguió lamentándose antes de levantarse para abrazarla.
Kyra se agarró a ella mientras la alzaba, enredando las piernas en su cintura y los brazos alrededor de su cuello.
- Te he añorado mucho...
- No has sido la única – la estrechó entre sus brazos – ¡Déjame que te vea...!
- Perdonad que haya tardado... – apareció la dependienta cargada con varios vestidos con la ayuda de uno de sus compañeros – He encontrado algunas opciones interesantes. ¿Empezamos?
Sin soltarse de la mano Kate le dio un beso a Kyra, y viceversa, antes de volver al probador.
...
No muy lejos, en la zona de caballeros de esa misma tienda le estaban tomando las medidas a Richard para el traje que iba a llevar en la presentación de su libro. Sería uno más de los que colgaban en su ropero, pero rompiendo con el tópico de llevar la camisa blanca o negra, esta vez se había decidido para darle un toque de color a su look.
Satisfecho con su elección, guardó la cartera tras pagar un anticipo y se marchó.
- ¡Papá!
- ¡Kyra!
Padre e hija se encontraron cuando ella junto a Emma y Julia salían del servicio de señoras.
- ¡Hombre Richard! Es bueno verte, últimamente estás muy desaparecido.
- ¡Hola tito! – saludó con la mano la hija de Julia.
- ¿Qué hacéis por aquí?
- Estamos con Kate que se está probando vestidos de novia.
- ¿A estas alturas y aún sin vestido? – comentó divertido.
- Lo tenía, pero se lo han estropeado – susurró Kyra encogiéndose de hombros.
- Vaya...
- La compañía es muy agradable, pero necesito sentarme – se acercó al escritor despidiéndose con un beso – Y haz el favor de hacernos un eco en tu apretada agenda, ¿quieres?
- ¡Tomo nota!
- ¿Vienes Kyra?
- ¿Tú también me abandonas? – dijo su padre haciendo un puchero.
- Kate me necesita, papá.
Aquella respuesta le sorprendió gratamente.
- ¿Tanto le está costando elegir? ¿Se ha probado muchos? – se interesó.
- Bufff... ¡Unos cuantos! ¿Vendrás luego al loft?
- ¿Cenamos juntos?
- ¡Genial! Me voy – le besó y se alejó corriendo.
- ¡Sé buena!
Richard sonrió viéndola alejarse.
No podía negar que era un hombre afortunado por ser padre de alguien cómo Kyra. No había sido fácil, nada fácil, y seguía aprendiendo con ella día a día, pero la relación que tenían en esos momentos no la cambiaba por nada. En especial ahora que volvía a sonreír y a ser feliz al reencontrarse con Kate. Esta vez no se lo iba a quitar. No tenía motivos. Ahora ya no.
Richard salió de la tienda deteniéndose en el escaparate observando el vestido de novia que vestía uno de los dos maniquís. Tentado por sus pensamientos volvió a entrar en la tienda.
Mientras tanto, Katherine regresaba al probador por enésima vez para probarse el siguiente de la larga lista que llevaba.
- ¡Mami tengo hambre! - se quejó la pequeña Emma por segunda vez.
- Ya lo sé cariño, y tu hermano Alex también – respondió acariciándose la barriga – Enseguida nos vamos.
Katherine apareció con una nueva opción.
- Creo que ya los veo todos iguales – confesó Lanie.
- Bueno... – intervino su tía – Quizá...
- ¡Podéis decirlo! ¡Es horrible! – dijo, cansada de estar ahí.
- Kate, el vestido no es horrible, pero es obvio que no es para ti – Intervino Julia – Además creo que todas necesitamos un descanso.
- Tu amiga tiene razón – habló la dependienta – Podéis tomaros un descanso y volver más tarde a ver si podemos hacerte un hueco o mañana por la mañana...
- Celia, querida, – una mujer de unos cuarenta y cinco años entró de repente en la sala con un vestido en las manos – ¿Puedes ir al otro probador? Yo me ocupo de ella.
La chica salió cumpliendo con lo que le decía su jefa.
- Vamos a probarte este, ¿de acuerdo? – se dirigió a la novia – ¡Prometo que va a ser el último! - se giró a las chicas sonando demasiado convincente.
Emilia, la encargada y dependienta en ese momento, le abrochó el vestido e hizo un recogido improvisado con su pelo, manteniéndola de espaldas a los espejos.
- ¿Cómo te lo sientes?
- Mejor que muchos de los que me probé – admitió sorprendida.
- Esto ya está... ¿Lista para darte la vuelta?
- Me muero de hambre así que sí – confesó riéndose y contagiando a la mujer.
Con su ayuda por el volumen de la falda, Katherine empezó a girar despacio hasta estar enfrente del espejo.
Durante un minuto ninguna de las dos dijo nada. Emilia la observo sonriente.
- ¿Crees que puedo salir y decirles que ya tenemos vestido?
Incapaz de soltar palabra sonrió asintiendo mirando a Emilia a través del espejo.
...
Su estómago protestaba, y ella no veía el momento de quitarse el vestido. Su vestido.
Unos golpes en la puerta no le impidieron seguir en las nubes, observándose en el espejo y admirando los bordados y detalles con encaje que éste tenía.
- ¡Estás preciosa!
Kate fijó la vista en el espejo encontrándose a Richard asomándose por la puerta.
- Castle, ¿qué estás haciendo aquí? – frunció el ceño a la vez sorprendida.
- Me gusta, – entró cerrando la puerta – pero le falta algo.
- Al vestido no le falta nada. Es perfecto – sonrió – Oye, aún no me has respondido. ¿Qué haces aquí?
- Cierra los ojos.
- ¿Qué? ¿Por qué?
- Ciérralos – repitió paciente.
- No voy a cerrarlos – replicó poniendo los brazos en jarras.
- Deja de comportarte como mi hija y haz lo que te digo.
- Dime a qué viene tanta insistencia y quizás lo haga... Además, sigo esperando una respuesta.
- Tendrás tu respuesta, lo prometo, pero antes debes cerrar los ojos – le sonrió – ¡Confía en mí!
A pesar de la inseguridad del momento terminó cediendo.
- Que sepas que voy armada... – le advirtió cerrando los ojos.
- ¡Qué sexy! - se mofó.
- ¡Castle! – abrió los ojos.
- ¡Perdona! – se disculpó – Vuelve a cerrarlos, por favor.
Asegurándose de que no veía nada, sacó una bolsa de terciopelo de color azul marino del bolsillo interior de su americana, vaciando el contenido en su otra mano.
- Vas a tener que darme tu mano izquierda. Y ni se te ocurra abrir los ojos ahora – se apresuró a decir.
Respiró hondo y obedeció.
- Estás temblando... – comentó – Relájate, no voy a hacer nada que pudiera perjudicarme. Como por ejemplo besarte – sonrío divertido.
- Tienes razón no te conviene. – espetó – ¿Puedo abrirlos ya?
- Impaciente... – se situó detrás de ella – Hazlo si quieres, pero voy a pedirte que no te mueves si no quieres que te pinche.
Inmóvil y haciendo uso de su instinto supo que le estaba colocando alguna especie de pasador para el pelo.
- No sabía que se te daba bien la peluquería.
- Aunque creas que me conoces aún tienes mucho por descubrir Srta Beckett.
- ¡Lo mismo digo! – repuso.
- ¡Lista!
Kate abrió los ojos moviendo la cabeza a un lado para ver qué era lo que le había puesto.
- ¿Es algo azul?
Con el iphone en la mano, volvió a situarse detrás de ella e hizo varias fotos al pasador.
- Aquí lo tienes – le cedió el teléfono.
- Guau, Castle... ¡Es precioso!
- Al vestido no le faltaba nada, – confesó – pero a ti sí. Ahora ya tienes algo azul, sólo te falta algo prestado y algo viejo. Lo nuevo lo llevas puesto.
- ¿Puedo preguntar por qué una mariposa azul?
- La vi y supe que era perfecta para ti – ella sonrió sonrojándose volviendo la mirada al espejo – Lo mismo me pasó cuando vi la pulsera... – añadió cogiendo su mano al ver que todavía no había reparado en ella.
- Richard... – musito atónita admirando la joya.
- Antes de que lo digas... No acepto cambios ni devoluciones.
- Pero es...
- Un regalo de boda.
- Pues es el mejor que he tenido hasta ahora... – se rió abrumada.
Richard sonrió con disimulo al reconocer la canción que empezó a sonar por la salida de audio. A su lado, Kate le observaba divertida mientras le veía mover los labios.
- ¿También eres fan de Carly Rae Jepsen?
Dando un paso hacia ella le ofreció la mano.
- ¿Qué?
- Baila conmigo.
- ¿Qué? ¡Ni hablar!
Ignorando su negativa, Rick la cogió de la mano haciéndola girar sobre si misma.
- Castle...
- Considéralo un ensayo.
Sin soltarse la atrajo hacia él pasando la otra mano alrededor de su cintura, mientras ella se apoyaba en él. Sin previo aviso, al comienzo del estribillo, él la inclinó como si fuera a tocar el suelo a lo que ella se agarró con más fuerza. No era un espacio demasiado grande, pero les permitía moverse sin mucha dificultad a pesar del vestido.
Sintiéndose cada vez más cómodos con la cercanía del otro permanecieron agarrados a lo largo de la siguiente canción; en silencio. Katherine alzó la vista al espejo mirando lo que éste le estaba mostrando: a ella bailando abrazada al hombre con el que menos se imaginaba que lo iba a hacer.
"The miles are getting longer, it seems, the closer I get you to.
I've not always been the best man or friend for you.
But your love remains true. And I don't know why.
You always seem to give me another try."
Aquel último párrafo antes del estribillo hizo reaccionar a Richard.
- Debería irme.
- Claro... Yo también debería...
- Gracias por el baile – se encaminó a la puerta – Ha estado bien.
- Sí. Lo ha sido.
- Bueno... Cuídate.
- Tu también... Y gracias por los regalos.
La puerta se cerró antes de que pudiera terminar de hablar.
Suspiró.
Dispuesta a desabrochase el vestido la puerta volvió a abrirse sin previo aviso.
- ¿Sigues vestida? - se asomó Rick con los ojos cerrados.
- Sí...
- Bien – los abrió – Se me olvidó recordarte que sigues llevando el pasador.
- ¡Oh! – se llevó la mano al pelo – Es verdad... Gracias, ahora lo guardo. ¿Algo más?
- Mmm..., no. A menos que necesites ayuda con... – señaló el vestido.
- ¡Lárgate! – exclamó risueña viendo la misma expresión en él antes de cerrar la puerta.
Breves minutos después, Katherine salía del probador.
...
Al final del día, el cúmulo de emociones y el cansancio hicieron que al acomodarse en el sofá ni Katherine ni Kyra llegarán a la mitad de la película que daban en la televisión.
- Si supiera donde he dejado mi teléfono les echaba una foto – murmuró Martha.
- Yo apenas tengo batería... – comentó Richard mirando el suyo.
- Qué le vamos hacer... – suspiró volviéndose a sentar.
Escuchando una melodía que le era familiar Katherine se despertó.
- Mi móvil... - musito frotándose los ojos.
- ¿Estás segura? Yo no oigo nada...
- Castle, puedes...
Sin que tuviera que terminar la frase levantó a su hija llevándosela a la habitación.
Adormecida caminó hasta donde había dejado su bolso, quedándose en pie cerca del armario de la entrada mientras comprobaba las notificaciones.
- Me tengo que ir.
- No entiendo como siendo la capitana te hacen salir a estas horas para un...
- No es por trabajo. Es Matthew – se acercó a la cocina a por un vaso de agua.
- ¿Qué tal le va por Cuba – preguntó su tía.
- Quizá hoy lo sepa...
- ¿Te vas? – observó Richard regresando de la habitación.
- Sí...
- ¿Te importa si compartimos taxi?
...
Camino al 150 del sur de Central Park Katherine no dejó de estar pendiente del móvil y de los semáforos que se iban encontrando en rojo.
- ¿Estás bien?
- Lo estaría si ya hubiésemos llegado – respondió tajante.
Visto que era mejor no seguir preguntando, Richard se movió ligeramente hacia la puerta manteniendo la vista fija en la ventana del coche.
Al llegar bajó para sostenerle la puerta mientras salía.
- Buenas noches, Kate.
- Castle – le detuvo sujetándole por el brazo – Perdona. No tenía que haber sido tan borde contigo.
Asintiendo se dirigió al taxista pidiéndole que le esperara y cerró la puerta.
- Vamos, te acompaño adentro.
Ambos entraron por la puerta giratoria. Una vez en el hall del edificio ella se detuvo a las puertas del ascensor.
- En otra ocasión te invitaría a subir pero...
- No esperaba que lo hicieras – apretó el botón llamando el ascensor por ella – Tengo suficiente con saber que vas a estar bien.
- Ojalá lo supiera... - respondió bajando la mirada de nuevo pendiente del móvil – Quiere hablar.
- Entonces deberías subir. No le hagas esperar.
Los dos miraron hacia el interior del ascensor cuándo las puertas se abrieron.
- Buenas noches, Castle.
Richard se inclinó besando su mejilla.
- Buenas noches.
Kate entró en el ascensor a la vez que Richard se dirigía a la puerta giratoria. Una vez dentro selecciono el número correspondiente observándole hasta que las puertas se cerraron.
...
Al entrar en el apartamento fue directamente a la mesa de la zona del comedor para encender el ordenador y abrir el programa de videollamada.
A los cinco minutos de estar conectada escuchó el tono de llamada. Dejó el vaso de agua en la pica y se apresuró al comedor. Sin llegar a sentarse hizo click en aceptar.
- ¿Matt? No estoy segura de que esto funcione – dijo aún sin verle – ¿Me oyes?
- Y te veo – confirmó apareciendo de repente en pantalla – ¡Hola guapa!
- ¡Hey! – sonrió aliviada por estar hablando con él.
- ¡Te veo bien! ¿Cómo van las cosas por Nueva York? ¿Alguna novedad de Martin?
Aquella pregunta le gustó.
- Sí – sonrió feliz – La verdad es que sí.
- Por tu sonrisa imagino que son buenas noticias. Me alegro mucho.
- ¡Más que buenas! Ha despertado del coma.
- ¿De verdad? Eso es fantástico. Cuánto me alegro nena.
- ¿Y tú? ¿Cómo estás? ¿Cómo va todo por Cuba?
- Bien. Demasiado bien...
- Seguro que les tienes impresionados – comentó quitándole importancia a su última respuesta – ¿Cuándo vuelves? Sé que dijiste que ibas a estar una semana pero no...
- De eso es de lo que quería hablarte.
- ¿Qué ocurre?
- No sé cómo decirte esto... – se pasó la mano por el pelo.
- Prueba a empezar por el principio.
De repente, el alivio que sentía segundos atrás se había convertido en miedo, en incertidumbre...
- Me han ofrecido un puesto de trabajo...
- ¿Trabajo? Pero tú ya tienes tu puesto de trabajo aquí – intervino sin dejarle terminar.
- No tiene nada que ver con lo que tengo en Nueva York. Esto es..., distinto. La gente, el ambiente... Si estuvieras aquí te encantaría. Lo sé. – hizo una pausa antes de seguir hablando – Querían que les diera una respuesta inmediata, pero les dije que antes necesitaba hablar contigo.
- ¿Hablar sobre qué? ¿De como de la noche a la mañana ha dejado de importarte la boda? – dijo tratando de procesar la información.
- Te recuerdo que hace unos días tampoco parecía que te importase mucho.
- ¿De verdad vamos a tener esta conversación de nuevo? – soltó molesta – Hace menos de veinticuatro horas la persona a quién quiero como a un hermano estaba entre la vida y la muerte. No te atrevas a compararlo con que te acaben de ofrecer un trabajo que requiere estar lejos de todo lo que tienes aquí y por lo que luchaste durante meses. Incluida yo.
- Aún no he dicho que sí.
- Por cómo has hablado antes está claro que te lo estás pensando, de lo contrarío ya les habrías dicho que no.
- Esperaba que...
- ¿Qué? – soltó a la defensiva.
- ¡Vente conmigo! Podemos casarnos aquí y empezar de cero. Mucha gente lo hace...
Asombrada por lo que estaba oyendo se rió sin ganas.
- ¿Tienes idea de lo que me estás pidiendo?
- Te quiero nena.
- Si me quisieras no me estarías pidiendo que renuncie a mi vida en Nueva York para irme contigo a Cuba cuándo sabes lo que significa para mi estar dirigiendo mi propia comisaria a mis treinta y cinco. Pero imagino que esto será parte de tu estrategia para quedarte allí.
Reprimiendo las ganas de cortar la llamada se levantó sin decir nada.
- ¿Vas a aceptar? – preguntó sentándose de nuevo con el vaso de agua en sus manos.
- Me incorporo en cuarenta y ocho horas.
- ¡Bien! – dijo manteniendo el control volviendo a beber – Acuérdate de mandarme un e-mail con tu nueva dirección para que pueda mandarte tus pertenencias. Y otra cosa – añadió antes de que pudiera hablar – Ya que dispones de cuarenta y ocho horas antes de empezar con tu nuevo trabajo, espero que las aproveches para ir cancelando todo lo referente a la boda. Imagino que van a querer una explicación y quién mejor que tu para dársela, ¿no crees? Y no te preocupes por mi familia, de eso me ocupo yo. Eso es todo.
- Cariño...
- Katherine para ti, si no te importa. Y lo siento, pero debo irme. Buena suerte en tu nueva vida... Adiós Matthew.
- Nena espera...
Kate bajó la pantalla del portátil con decisión dejándolo con la palabra en la boca.
Con un nudo en la garganta y varios sentimientos acumulados durante la conversación agarró el vaso y lo lanzó contra la pared, seguido del bolso que voló hacia el sofá cuando al levantase se tropezó con él olvidándose de que lo había dejado en el suelo al llegar.
Incapaz de moverse se dejó caer al suelo apoyándose en la pata de la mesa. Flexionó sus rodillas hacia su pecho y se abrazó a sus piernas. Al ver el anillo de compromiso luciendo en su dedo rompió a llorar mientras intentaba quitárselo. Sin importarle dónde, lo lanzó quedando escondido en algún rincón de aquella sala.
...
A diferencia de lo que en realidad le apetecía llamó a su tía cuando se vio preparada para hacerlo. Fue una conversación corta sin entrar en muchos detalles de lo que acababa de ocurrir. Sin pedírselo y de la misma manera que se había ocupado de la mayor parte de la preparación de la boda, Martha se ofreció a hablar con sus familiares después de que su sobrina le dijera que de lo demás se ocupaba él.
Katherine soltó el teléfono a un lado del sofá.
En cuestión de minutos había pasado de estar prometida a sentirse traicionada. ¿Era posible que ella tampoco le conociese como creía? ¿Había perdido cuatro años de su vida con alguien que en el fondo lo único que le importaba era su trabajo? Katherine sonrió al darse cuenta que ella era igual; o lo había sido. ¿Como había podido estar tan ciega?
Con todas estas preguntas bailando por su cabeza y rebobinando lo que había sido su relación llegó al punto de partida. ¿A quien quería engañar? Todo había sido por él y había salido bien. Hasta hoy.
Al incorporarse vio las gafas de sol y el fular en el suelo. Se levantó y agachó para recogerlo y al tirar del pañuelo algo cayó de dentro.
- ¡Mierda! - musitó al ver de qué se trataba.
Por suerte la mariposa azul del pasador estaba intacta salvo algún pequeño rasguño.
- Algún día... – dijo en susurros mirando y acariciando el accesorio para el pelo.
Katherine rescató el bolso del lado del sofá metiendo lo que había recogido dentro, dejándolo en la mesita que tenía delante. Justo al lado de dónde había dejado la mariposa.
...
Poco después de que hubiera hablado con su tía oyó como le llegaban algunos mensajes al móvil los cuales ignoró. No tenía ganas de hablar con nadie, aquella noche no.
Sumida en sus pensamientos no dejó de juguetear con la pulsera que llevaba en la muñeca izquierda. Había una pregunta en la que no podía dejar de pensar y al mismo tiempo le asustaba la respuesta: ¿Y ahora qué?
