Dolorosas Verdades
Cap 14.
Tomoyo miraba las líneas del termómetro con algo de consternación. Cuarenta grados no eran cosa de juego, mas aún en el estado calamitoso en el que de por si se encontraba Eriol. Lo examinó por tercera vez en diez minutos y le separó con una delicadeza firme los mechones de cabello humedecidos por el sudor. Su frente ardía.
Dejó el termómetro que había sujetado con la mano izquierda sobre la mesita de centro. Ni siquiera había tenido tiempo –ni fuerzas- para llevarlo a la habitación. El dolor agudo en la rodilla que parecía haber menguado y que luego había reaparecido, estaba aumentando considerablemente.
Tomoyo remojó un paño en un recipiente con agua helada y lo colocó sobre la frente de él con una mueca de preocupación. No podía salir a comprar medicinas, solo quedaba rezar porque Sakura tuviera algunas guardadas.
Caminó lo más rápido que pudo, considerando su estado, hasta el dormitorio de Sakura y abrió el armario. Rebuscó entre la ropa del segundo cajón hasta encontrar una caja de plástico azul. Tomoyo regresó a la sala y se sentó en el mueble donde Eriol descansaba.
Abrió la caja y encontró una variedad de medicinas bastante importante, el problema era que tenía que encontrar la causa de su fiebre antes de poder darle algo. Lo miró nuevamente y no notó nada extraño, hasta que casi por accidente vio los empeines de sus pies con pequeños cortecitos y gotitas de sangre. Se inclinó para revisarlos y encontró ampollas reventadas y sangrantes con restos de tierra visiblemente infectados.
Se estremeció levemente mientras buscaba un antibiótico. Encontró uno que podía servir y se lo dio en medio de sus delirios. Los siguientes minutos se dedicó a desinfectarle las la heridas de los pies y a vendarle la frente debido a un profundo golpe que había sangrado escandalosamente desde que lo trajo. Cuidó su fiebre con una paciencia poco usual en ella mientras escuchaba sus quejidos agónicos.
-Vas a mejorar Eriol, tienes que mejorar – murmuró con consternación.
Sakura estaba tan concentrada en su apasionamiento que tardó en comprender algunos instantes las palabras de su compañero y casi por inercia se tensó. Shaoran no se percató de ello hasta que sintió que Sakura forcejeaba con él con intensidad.
La soltó aún aturdido por las reacciones de su propio cuerpo y Sakura huyó de él hasta la esquina opuesta de la habitación evitando mirarlo.
-Qué demonios te pasa- gruño.
Sakura no pudo decir nada al primer intento, hasta que reunió las fuerzas necesarias para poder decir algo sensato. –Yo… yo no, yo estoy- La mirada de desagrado y confusión que moduló ella, claramente percibida por él le sirvieron de respuesta.
-No sientes nada por mí aparte de una atracción que consideras impropia- murmuró él tratando de sonar indiferente. –Tal vez cuando dejes de ser una mojigata puedas disfrutar de la vida y dejar de ser una santita frígida- espetó él, mas por orgullo que por convencimiento.
Hay un dicho muy sabio que dice que todos somos señores de lo que pensamos y esclavos de lo que decimos, y en este caso se cumplía perfectamente. Cuando Shaoran terminó de pronunciar la última sílaba se arrepintió por completo. El rostro desfigurado de Sakura por una mueca cargada con sentimientos que no alcanzaba a entender lo golpearon en el rostro.
-Vete- susurró ella tan débilmente que quedaba la duda de si realmente había sido dicho. Pero Shaoran salió inmediatamente sin esperar confirmación.
Sakura tembló levemente recordando una escena muy parecida de su pasado y se ahogó en sus tumultuosos recuerdos mientras se sentaba en el suelo y se abrazaba las piernas como lo hacia de pequeña cuando estaba triste. Solo le había querido decir –Estoy comprometida-.
Shaoran caminaba por el pasillo completamente encolerizado y dobló en la primera esquina sin saber exactamente hacia donde se dirigía. Se dio cuenta que tenía en la mano la computadora portátil y otros instrumentos y decidió continuar con la investigación. Después de todo él jamás había dejado que cosas personales interfirieran con su trabajo.
Recorrió los interminables corredores alfombrados hasta localizarse en una de las tantas salas de lectura del barco. Cerró la puerta con seguro y desparramó los aparatos sobre la mesa de roble mientras trataba de calmar la tormenta interior que tenía. El olor a café molido y cigarros inundaba el ambiente, tal vez la última persona que había estado allí había dejado el rastro.
Revisó el programa que reportaba sucesos fuera de lo normal en los lugares donde había instalado cámaras de vigilancia sin encontrar nada nuevo, salvo una extraña y larga conversación de Touya Gaskell con uno de los miembros de la tripulación. Detuvo la imagen en un cuadro que mostraba el rostro del hombre y envió su foto para una investigación.
Meditó unos instantes en el desarrollo de la operación. No había nada que indicara realmente una actividad de la TRA. Solo estaban con un puñado de sospechosos de los cuales se había descartado a casi todos, sin nadie que mostrara alguna actitud anormal y esperando que desembarcaran en algún país del Caribe.
Tenía una espina de molestia incrustada en el pecho, un deseo de golpear a alguien que no podía contener. Había pensado que el trabajo iba a ayudar en algo pero se había equivocado completamente su orgullo estaba extremadamente dañado. Ninguna mujer rechazaba a Shaoran Li, después de todo, aunque muy dentro de él sabía que ese no era ese el verdadero motivo.
Tomoyo se permitió respirar algo más tranquila cuando la fiebre comenzó a bajar. No intentó llevar a Eriol a la habitación porque hubiera sido completamente imposible, así que se limitó a cubrirlo con unas mantas.
-Su ropa está en pésimas condiciones¡Pero no puedo cambiársela yo!- se dijo mentalmente con una mueca de frustración.
-Si tan solo Akane estuviera aquí- murmuró.
El sonrojo de las mejillas de Eriol había disminuido considerablemente, su respiración se hizo más regular y había dejado de delirar. Dormía profundamente.
Tomoyo fue al dormitorio de Sakura y acomodó un poco las cosas mientras Eriol dormía. Arregló lo más que pudo y preparo sopa.
Mientras el olor a verduras cocidas inundaba la cocina recordó a su madre, Sonomi Daidouji. La única vez que esa increíblemente poderosa mujer pisaba la cocina era cuando ella estaba enferma. Revolvió con un cucharón de madera el líquido mientras aspiraba recuerdos. Ya no sentía la opresión en el pecho de los primeros años siendo huérfana, ahora solo la recordaba con cariño. Cómo la había afectado entonces no tener a nadie, ya no.
La imagen del velorio trajo consigo la de Sakura y una preocupación inmensa la invadió.
¿Cómo iba a decirle lo de Yukito?
-Saku, aquí yo bien tomándome una sopita en tu departamento, ahhh por cierto cuando llegué encontré a tu querido Yukito con una tipa en tu cama¡pero no hay nada de que preocuparse!- realmente no sonaba a una buena opción. Después de tantas batallas por "don perfectito" finalmente tenía argumentos suficientes para separar a su querida amiga del desagradable Yuki, pero no se sentía nada bien por ello. Sabía que tarde o temprano tendría que decírselo a Sakura, el problema era Cómo.
Un sonido ronco proveniente de la sala la sacó de sus cavilaciones. Apagó el fuego con rapidez y corrió a ver si había sucedido algo. Eriol pugnaba por abrir los ojos, mientras su rostro expresaba una enorme confusión.
-Donde demonios estoy- murmuró en tono bajo mientras se tocaba la frente vendada con una mano.
-Cumplí con mi parte, estas "libre"- dijo Tomoyo, enfatizando la última palabra.
Eriol pareció no entender qué le estaba diciendo la figura borrosa frente a él, hasta que pudo enfocar correctamente a Tomoyo.
-¿Tomoyo?- preguntó desconcertado.
-Veo que lo has olvidado- murmuró ella con voz neutra. –Has estado preso durante varios años, necesito tu ayuda para un caso con la TRA y me pediste a cambio libertad-
Eriol pareció reaccionar ante sus palabras mientras buscaba sentarse en el sofá.
-Me duele la cabeza-
-Es comprensible, tenías una infección espantosa y una fiebre peligrosamente alta- explicó ella todo lo indiferente que pudo.
-¿Qué quieres de mí entonces?- preguntó él mientras la estudiaba.
-Por ahora nada, no hay mucho que puedas hacer. Por hoy puedes descansar, pero mañana empezaremos a trabajar en el caso-.
Eriol asintió en un movimiento torpe y se volvió a sujetar la cabeza. –¿Puedes darme algo para el dolor?-
Tomoyo sacó una pastilla y se la alcanzó sin mucha delicadeza. –Traeré agua- dijo y caminó hasta la cocina.
Cuando regresó con el vaso él tomó la pastilla y luego se mantuvo quieto mirando la alfombra crema.
-Es recomendable que te cambies de ropa, pero como es prácticamente imposible que te movilices por tus heridas te la traeré aquí-
-Quiero bañarme-
Tomoyo frunció el ceño. –Por si no te has dado cuenta no puedes moverte de ahí-
-Por si tú no te has dado cuenta no puedo permanecer sin bañarme por tiempo indefinido-
-¿Acaso el señorito se bañaba tres veces al día en la prisión?- se burló.
-No, precisamente por eso- dijo él con cierta amargura.
Tomoyo se mordió la cara interna de su mejilla y asintió imperceptiblemente. -Llamaré a alguien para que se encargue-
-Akane¿donde está mi mamá?- preguntó Ryo sentado en la mesa del comedor mientras bebía una taza de leche tibia y removía sus pantuflas de dinosaurio bajo la mesa.
-Tuvo que salir a un viaje urgente por trabajo, pero me mandó decirte que cuando regrese traerá algo especial para ti-
Ryo bajó la cabeza con algo de tristeza. Su mamá siempre salía de viaje por trabajo y nunca estaba con él más de dos semanas seguidas ¡y eso! la veía unas pocas horas al día. Había estado queriendo preguntarle algo desde hace un par de meses y su madre siempre lograba evitarlo.
-Akane¿A quién llevo yo para el "Día de los papás"?- preguntó con inocencia.
Akane evitó mirarlo de frente pensando en una respuesta apropiada. –Tu mamá te lo dirá cuando regreses pequeño¡pero apúrate en tomar esa leche que se nos hace tarde!- dijo lo más animada que pudo para tratar de distraerlo de la profundidad de su pregunta y la vaguedad de su respuesta.
-Sip-
El teléfono había sonado una, dos, tres veces y nadie contestaba. Tomoyo frunció el ceño al recordar que probablemente Akane habría ido a dejar a Ryo en la escuela. Decidió que lo mejor era dejarle un mensaje en la contestadora. Giró el rostro y supervisó que Eriol no estuviera prestando atención.
Cuando oyó la voz de "deje su mensaje después de la señal" ordenó rápidamente sus ideas. El pitido que indicaba el inicio del mensaje sonó y Tomoyo demoró unos instantes más en coordinar lo que iba a decir.
-Akane, habla Tomoyo, espero que mi nota te explicara lo suficiente. Por el momento no voy a poder ir por allá- Tomó aire, iba a pedirle que fuera a ayudarla con Eriol, pero lo pensó bien y creyó que no era adecuado, mientras menos supiera era mejor. -Dile a Ryo que lo amo y que le mando un beso. Cualquier cosa llámame-.
Colgó el teléfono y regresó a la sala. Eriol lucía muy demacrado y con signos claros de haber pasado por mucho.
-¿Ahora si puedo bañarme?- preguntó él con cansancio.
-Puedes, te ayudaré a llegar hasta el baño- murmuró ella ayudándolo a levantarse. Frunció la nariz al comprobar el hedor desagradable que provenía de él pero no dijo nada.
-Se que no huelo a rosas, pero tú entenderás- espetó él apoyándose un poco más en ella para poder ponerse de pie.
Tomoyo se mordió la lengua para evitar decir algo que no debía. Eriol gritó por el dolor al rozar el suelo alfombrado con sus heridas. Tomoyo lo hizo sentar nuevamente.
-Necesito una silla de ruedas-
-¡Yo no me pienso montar en una solo para ir a un maldito baño!- gimió él.
-Pues es eso o te quedas ahí- dijo Tomoyo completamente ofuscada mientras iba a buscar la silla de ruedas que Sakura usó cuando la atropelló el camión repartidor de gomitas en forma de ositos "Dulcilandia". El solo recordarlo le calmó un poco el ánimo y hasta le hizo hacer una mueca que con algo de trabajo podría parecer una sonrisa.
La encontró refundida en el cuartito de los trastos y se sorprendió un poco de que aún estuviera en buen estado considerando lo descuidada que era Sakura con las cosas que pensaba que no iba a volver a utilizar.
La llevó empujando hasta la sala, donde Eriol la esperaba con una molestia mal escondida y dolor por las heridas. La llevó hasta ponerla a su costado y lo miró.
-Te ayudaré a subir- dijo mientras lo ayudaba a alzarse hasta la silla de ruedas sin pisar el suelo. Cuando finalmente lo hubo conseguido, Tomoyo empujó la silla por el estrecho corredor hasta llegar al baño. Afortunadamente el marco de la puerta era lo suficientemente amplio como para que el pasara con comodidad.
-Creo que con esto podrás movilizarte, dormirás en la habitación contigua, ahí esta una maleta con tu ropa- indicó Tomoyo mientras lo dejaba junto a la bañera. –Te traeré una muda limpia y toallas-
Eriol no dijo nada y se limitó a acercarse hasta la tina y a abrir los grifos de agua.
Tomoyo salió en busca de lo dicho a la habitación de Sakura. Había cambiado la ropa de cama y puesto todo en orden nuevamente. Buscó unas toallas en la maleta que Rika le había dado y encontró un par de toallas azul marino bastante gruesas, las colocó sobre la cama mientras preparaba una muda de ropa. Encontró una pijama también azul de algodón, bastante bonita y la colocó sobre las toallas. También extrajo una bata blanca muy gruesa de una tela que lucía abrigadora y algunos productos indispensables y llevó todo eso hasta el baño. Se las ingenió para poder girar la perilla con todas las cosas que llevaba encima.
Cuando ingresó, Eriol acababa de meterse en la tina y ella clavó la mirada en las lozas del suelo. –Traje lo que necesitas- dijo, dejando todo sobre la silla de ruedas mientras recogía la ropa que él había dejado ahí, sin mirarlo claro está. Eriol notó su incomodidad y decidió no hacer ningún comentario.
Tomoyo salió tan rápido como sus piernas se lo permitieron dejándolo solo. Cuando estuvo en el corredor respiró aspiró la mayor cantidad de aire que pudo, inundando sus pulmones. No había alcanzado a ver nada y lo prefirió, no quería recordar cosas que no debía.
Caminó hasta la cocina nuevamente con la ropa andrajosa que Eriol se había retirado. Eran solo dos piezas, Tomoyo no quiso ponerse a analizar nada y decidió tirarlas a la basura.
Se sentía agotada física y mentalmente, y solo en ese momento la siempre fuerte Tomoyo Daidouji se permitió sentarse a curar sus propias heridas.
Sakura no se había movido del lugar en el que se encontraba desde hacía un buen rato, los recuerdos que habían desatado las palabras de Shaoran habían causado un efecto devastador en ella.
Recordaba una escena vivida cuando ella era todavía casi una niña. Tenía dieciséis años y había hecho su primer viaje en crucero, con sus padres: Nadeshiko y Fujitaka Kinomoto, los mejores padres que una niña podría haber tenido. En ese fatídico viaje ambos habían muerto en un penoso accidente, ella había terminado en un hospital y sus únicas visitas fueron las de sus mejores amigas Tomoyo y Rika. La madre de Tomoyo, Sonomi, fue casi una segunda madre para ella por mucho tiempo y la ayudo muchísimo, aunque ese dolor fue muy difícil de superar.
Yukito, el hijo de unos amigos de sus padres había estado muy cerca de ella desde siempre y habían terminado siendo novios poco antes de que ella se fuera a ese viaje. Unos meses después del accidente cuando todo aparentemente había sido superado recordó que Yukito había ido a visitarla muy entrada la noche a su casa y la había besado y acariciado de un modo que a ella le desagradó mucho, la quiso llevar a la fiesta donde había estado antes –cosa que ella notó por su aliento a alcohol- pero ella rechazó su propuesta recordándole la reciente muerte de sus padres.
Él le sacó en cara esa noche lo "niña", "tonta", "puritana"y "santurrona" que era y reconoció que tal vez lo mejor era esperar que fuera una "mujer de verdad" paratener algo con ella. Al día siguiente se disculpó y ella aceptó sus disculpas pero sus palabras se quedaron marcadas a fuego en su memoria. Nunca se volvió a sentir femenina y mucho menos sexy como veía a Tomoyo, su concepción de sí misma se vio muy empobrecida desde entonces.
Sakura tembló al recordarlo mientras gruesas lágrimas eran derramadas por sus mejillas. Tal vez sí era una mojigata completa, pero ella era así y no había nada que pudiera o quisiera hacer al respecto. Su vida estaba organizada y no iba a permitir que viniera un Shaoran Li a revolverlo todo. Lo detestaba, más que antes, pese a la gran atracción que reconocía sentir por él y que la hacía odiarlo aún más.
-Vete con una "mujer de verdad" si eso te hace feliz Shaoran Li, porque de mí no vas a conseguir nada- gritó interiormente con una extraña rabia burbujeando en su interior.
Shaoran todavía fastidiado avanzaba por los corredores del barco dando grandes zancadas. Su ceño fruncido hacía notar su creciente molestia. No estaba dispuesto a malograrse la noche por una niñita, pensaba ir y enfrentarse a Sakura Kinomoto así muriera en el intento.
Entró sin llamar a la puerta y vio la habitación vacía. Fue hasta el baño pero tampoco estaba allí. Se frotó inconscientemente las manos hasta que se dio cuenta que la mampara del balcón estaba abierta.
Se acercó para intentar cerrarla cuando divisó una figura femenina recostada en la baranda contemplando el horizonte. El viento fresco de la noche temprana le daba en el rostro y agitaba unos mechones castaños.
-Sakura- murmuró sin darse cuenta.
Ella alcanzó a oír su voz y giró el rostro lentamente. Su mirada estaba cargada de una tristeza oculta que él logró percibir. Su mente se quedó en blanco por algunos instantes. Toda la furia ciega que había sentido estaba empezando a desvanecerse. Recordó vagamente la forma cómica en la que se habían conocido, todas las situaciones de lo más disparatadas y los comentarios picantes; le pareció imposible que esa fuera la misma mujer conflictiva y graciosa que había conocido.
-Vete por favor- suplicó ella con voz cansada.
-Lo lamento, no quise herirte- murmuró aún en contra de lo que su inmenso orgullo le dictaba.
-No has dicho nada que no sea cierto, realmente soy una mojigata- Sakura miró nuevamente hacia el horizonte con aire ausente.
Shaoran no sabía que hacer en un momento como ese, no era muy bueno en esas labores así que se acercó hasta Sakura y le sujetó un hombro con algo de torpeza.
-Me agradas así-
Sakura ladeó un poco la cabeza para mirarlo y esbozó una pequeña sonrisa triste.
-Gracias… supongo- Sus ojos parecían empañados por una bruma que los hacía ver apagados y Shaoran comenzó a preguntarse si ahí había algo más que él no sabía.
-Sé que no nos llevamos bien la mayor parte del tiempo y casi siempre busco hacerte enfadar, pero realmente siento haber dicho lo que dije-
-No importa- contestó Sakura intentando por todos los medios contener las lagrimas que pugnaban por ser derramadas.
-Sí importa- exclamó Shaoran obligándola a darse vuelta mientras le sujetaba el rostro. Sentía la garganta seca y el pecho oprimido. Estaba furioso con él por sentirse así de preocupado por ella, por tenerle tantas consideraciones. Molesto porque Sakura Kinomoto le importaba.
Sakura abrió los ojos por la impresión, dejando resbalar algunas lágrimas en el proceso.
-Dime qué te sucede-
-Nada, Nada- murmuró ella bajando la mirada e intentando safarse de su agarre.
Shaoran maldijo. –Qué no entiendes que no puedes pasarte la vida lloriqueando- explotó.
-Eres un bruto- chilló ella corriendo hasta la habitación e intentando encerrarse en el baño. Shaoran se lo impidió con su cuerpo y entró con ella al baño cerrando la puerta con seguro y bloqueando la salida con su cuerpo.
-¡Soy un bruto entonces, pero me vas a decir que demonios te sucede!- Shaoran sabía que estaba lastimándola, pero era la única forma en la que conseguiría que ella soltara todo y finalmente pudiera librarse de ese peso.
-Tú eres igual que él y que el resto de hombres, no les interesa lo que uno sienta, solo son sus insititos básicos y nada más. Sexo, sexo, sexo. Si una no es una regalada es una mojigata. No entienden acaso cómo nos hacen sentir.¡Si no quieres hacerlo eres un ser asexuado al que no besas en la boca ni porque te vas a casar!- gritó Sakura dejando correr gruesas lágrimas por sus mejillas.
Shaoran no entendió en un principio pero comenzó a formarse algunas ideas. –¿Ese tipo con el que parece te vas a casar es el imbécil por el que te sientes así?-
-Pero tiene razón después de todo ¿no?- dijo Sakura con amargura. – Soy una niñita, una puritana, una tonta, nada femenina como para poder hacer que un hombre se interese en mí-
-¿Sabes las idioteces que dices?- Exclamó Shaoran casi al límite. No entendía como se le podía ocurrir una barbaridad semejante, Sakura Kinomoto destilaba femineidad y sensualidad por cada poro. Que su prometido fuera un reverendo imbécil era otro asunto.
-¡Claro que lo sé! He llevado atragantado durante muchos años el que el hombre que dice amarme no me mire con deseo. Nos llevamos bien, tenemos cosas en común, pero no siente eso, o por lo menos no da esa impresión. Lo rechacé una vez y me catalogó de frígida. Pero qué le iba a importar que yo me sintiera mal por la muerte de mis padres…- Sakura cayó de rodillas en las baldosas del baño llorando amargamente.
Shaoran entendió muchas cosas en ese reclamo enredado que ella había expuesto.
–Me gustas como mujer Sakura Kinomoto, por eso te dije que te deseaba- dijo Shaoran colocándose a su altura. -¿Puedes entender eso?-
-Puedo-
Shaoran se mordió la lengua pero no pudo evitar seguir hablando. –Pero yo no soy lo suficientemente bueno para competir con tu prometido, porque a pesar de hacerte sentir así lo crees mejor que yo-
Sakura se secó las lágrimas con el dorso de la mano y lo miró a los ojos. –Solo iba a decirte que respeto el compromiso que tengo con Yukito, me gustas como hombre, pero… pero… yo me voy a casar con otro-
Shaoran la miró con intensidad. –No te cases con él. Rompe el compromiso-
-Yo… yo no puedo. Lo siento- dijo muy bajito Sakura mirando hacia otro lado.
Shaoran se levantó y salió del baño aprisa dando un sonoro portazo. Sakura se recostó contra la pared y oyó que abrían y cerraban la puerta del camarote.
-Yo… no puedo- murmuró Sakura con la vista clavada en las lozas del baño.
Luego de terminar de bañarse Eriol intentó volver a la silla de ruedas pero se apoyó mal y terminó golpeándose fuertemente quedando recostado contra la bañera mojada sin poder hacer nada para volver a sentarse.
Tomoyo oyó la exclamación desde el baño y algo reticente decidió ir a ver que sucedía. Tocó un par de veces a la puerta, pero no oyó respuesta. Intuyendo que algo había sucedido giró la perilla y fue entrando al baño.
Vio la silla de ruedas volcada y corrió hasta la bañera encontrando a Eriol con la cabeza ladeada y medio cuerpo salido.
Corrió hasta él e intentó ayudarlo, olvidando tal vez que estaba desnudo, o que era su ex marido traidor.
-Gracias Tomoyo- murmuró Eriol sin mirarla.
Tomoyo percibió la ira y la frustración que llevaba adentro por sentirse un inútil y lo miró con seriedad.
-Es natural que no te encuentres en condiciones de valerte por ti mismo como antes, pero recuerda que esto es temporal-
-No tienes que hacerme sentir mejor, no está incluido en el trato-
Tomoyo frunció el ceño y cerró los ojos para canalizar lo que sentía y no gritarle unas cuantas cosas. –Como quieras Hiraguisawa. Mira tú como te subes a la silla de ruedas, como te cambias, como te cocinas y como estas en veinte minutos en la sala, que hay que empezar a trabajar-
-Habías dicho que…-
-No había dicho nada, haces lo que digo o ya sabes lo que sucederá-
-Entendido Daidouji-
Tomoyo lo miró de medio lado. Sus músculos muchísimo menos marcados, pero aún con rastros de aquella alguna vez imponente figura. Vio una cicatriz desde un poco más debajo de la mandíbula que cruzaba por el pecho y se estremeció imperceptiblemente.
Caminó hasta el pasillo y cerró la puerta.
Eriol vio la puerta cerrada y golpeó con el puño cerrado la bañera. Cerró los ojos y maldijo con voz atragantada.
Sakura estaba sentada sobre la cama, abrazándose las piernas. Pensó una y mil veces en lo que había sucedido con Shaoran Li y en todo lo que había vivido con Yukito. Sabía que a pesar de todo Yuki la quería, no era muy apasionado pero lo hacía, estaba segura de eso, de lo contrario jamás hubieran estado en planes de boda. Shaoran por el otro lado carecía de muchas virtudes que Yukito poseía, pero tenía unas que la atraían y mucho. La hacía sentirse viva.
Tenía un lío en la cabeza, y necesitaba despejarlo con desesperación. La duda de casarse o no casarse se había instalado en su pecho demasiado rápido. Su intuición le decía que eso era precisamente lo que Tomoyo había querido, pero también tenía claro que ella jamás se imagino que su juego iba llegar a ese punto.
Sakura abrió su armario decidida a resolver la situación esa misma noche.
Shaoran había estado recostado contra una barandilla que daba hacia la piscina desierta durante mucho rato. Estaba conciente que no tenía planeado tener algo serio con una mujer, por lo menos a corto plazo. Pero aún así no pudo evitar pedirle a Sakura que dejara al idiota del novio. Él no le había prometido nada, era cuestión de ella. Pero tenía la pequeña esperanza de que ella lo prefiriera a él. Al recién llegado con el que no llegaba nunca a ningún acuerdo, que tenía un carácter de los mil demonios y tenía una fijación inexplicable por molestarla cuando generalmente era una persona bastante responsable y seria en el trabajo.
Una voz susurrante y cálida llegó hasta sus oídos. Shaoran despegó la vista del mar oscuro y fijó su mirada en la mujer a sus espaldas.
-Pensé que estarías aquí- dijo ella con una sonrisa.
-Hola Kaho-
Shaoran no estaba seguro de porqué ella pudo encontrarlo pero tampoco lo cuestionó por mucho tiempo. Prefirió sumergirse en una conversación vana y completamente superficial con la pelirroja.
Kaho había ido decidida a todo y eso fue precisamente lo que hizo en cuanto vio a Sakura, la novia de Shaoran, deambulado por la piscina. Al parecer buscaba a alguien y ella supuso que era al mismo Shaoran al que quería encontrar. Ella se encargaría de que lo ubicara.
-No estoy seguro Kaho- había respondido Shaoran cuando sintió la voluptuosa figura de Kaho apretada contra él. Abrió los ojos por la sorpresa e intentó decir algo pero Kaho se le adelantó.
Kaho se aseguró de gemir sonoramente y golpear con el tacón la barandilla metálica. Mientras besaba a Shaoran estaba seguro que Sakura Kinomoto los estaba viendo.
Shaoran nunca llegó a corresponderle. Ella misma fue la que se separó aunque estaba segura que él estuvo a punto de hacerlo.
-No creo que sea lo mejor- dijo Shaoran, antes de voltear a ver a una figura femenina salir corriendo con rumbo desconocido.
Él dejó a Kaho plantada en su lugar y salió corriendo tras Sakura. Ella se mantuvo sonriente y se apoyó cómodamente contra la baranda, aspirando sonoramente el aire salado.
Sakura salió corriendo sin saber a donde. Había sentido de todo mientras veía a Shaoran besarse con aquella maldita mujer. Le había dicho tantas cosas y lo primero que hacía era irse con otra. Tenía la sangre hirviendo de cólera y una espina clavada en medio del pecho. Estaba furiosa, frustrada, decepcionada, rabiosa, y triste; todo combinado en una mezcla extraña.
Corrió aún más rápido queriendo llegar a un lugar donde pudiera estar lejos de él para poder pensar. Y se fue hasta el otro lado del barco, como si realmente esa fuera una distancia infranqueable.
Shaoran corría sin saber muy bien hacia donde había ido ella. Tratando de seguirla por pura intuición, con un deseo desesperado de explicarle… de aclararlo todo.
Sakura llegó hasta la parte trasera y se apoyó en las barandas, sintió los ojos aguados y las lágrimas amargas intentado escaparse de sus ojos. El sonido de su celular la desconcentró.
-¿Hola?-
-¿Dafne?-Preguntó Tomoyo preocupada porque no estaba segura de quien estaba contestándole.
-Soy yo Eva-
-Lo lamento Saku, pero no estaba segura que eras tú y es mejor prevenir- se excusó Tomoyo.
-Lo entiendo¿Qué sucede?-
-¿Te sientes bien?- preguntó Tomoyo dándose cuenta que el tono de voz de Sakura sonaba diferente.
-Sí claro, estoy un poco resfriada pero eso es todo-
Tomoyo no le creyó mucho pero prefirió dejarlo pasar. –Tenía que decirte algo muy importante, pensé esperar a que regresaras, pero… pero… hay cosas, bueno… hay cosas que no deberían ser habladas por teléfono pero…-
-Tommy si es tan importante, dímelo ya, no hay problema-
-Pero…- Suspiró. –Es sobre Yukito Tsukishiro-
Sakura se tensó instantáneamente. –Dime-
-Ahora estoy instalada en tu casa con Hiraguisawa y está todo bien pero cuando llegamos, encontré algo o bueno a alguien aquí-
-Si no hubieras mencionado a Yukito pensaría que fue un ladrón-
-No. Era Yukito y… ¡ay Sak! No se como decirte-
-Solo dilo. Puedo oír cualquier cosa- Sakura se sentó en el suelo y apoyó el rostro en una de sus manos.
-Tsukishiro te estaba engañando con otra mujer, los encontré a ambos en tu dormitorio- Tomoyo habló rápido pero aún así Sakura entendió perfectamente cada palabra.
-Disculpa Tommy no puedo seguir hablando- murmuró Sakura antes de cortar la comunicación.
Sakura sintió las pequeñas gotitas de lluvia caerle en el cabello al mismo tiempo en que sus lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas. No se sentía más triste, sino por el contrario, estaba dejando de sentir muchas cosas. Se puso de pie y clavó la mirada en el océano. Pensó en lanzarse y recordó como había visto hacerlo a "Rose" en la película "Titanic". Sentía los ojos hinchados, las piernas muertas y la mente anulada.
Y tomó una decisión.
Fin del cap
HOLA A TODAS!
Sorry sorry sorry sorry sorry! Se que las he dejado esperando mucho tiempo, tal vez demasiado... Tuve millones de inconvenientes para poder escribir y actualizar este cap. (las que quieran saber que sucedio exactamente, explicación detallada esta en mi profile...). Lamento muchisimo haberme tardato tanto, espero que puedan comprenderme y quieran seguir leyendo la historia. Lo que sucedio fue completamenete anormal, no planeo demorar tanto para las actualizaciones, una vez por semana es lo ideal, salvo que este muy inspirada...
Bueno ahora refiriéndome al capítulo, finalmente supimos un poquito más del pasado de Sak, de la muerte de sus padres y de como ella se siente con respecto a sí misma por ese episodio con Yukito. Mmmmm no se que opinen de la relacion Tomoyo Eriol... Shaoran por su parte parecía que iba bien y la terminó malogrando horriblemente por culpa de Kaho... el problema aqui esta en la decisión que ha tomado Sakura.
Qué creen que pase con esos dos? Lean el siguiente capítulo a la misma hora y por el mismo canal de su novela favorita, Tormenta de Pasiones II
Mentira, ahora si poniendome seriecita, quiero agradecer a todos aquellos que me dejaron review en el capítulo pasado y a todos los que leen el fic (así no sepa quienes son).
Gracias por su apoyo, espero con ansias sus comentarios y especulaciones.
Con cariño
Kate
