CHP XXXIII

No solía quedarse hasta tan tarde, pero llevaba días queriendo poner los pies en el cuarto de tiro para autoevaluarse. Echaba de menos estar activa, en la calle, persiguiendo a alguien, la incertidumbre de estar en medio de una operación con una vaga idea de lo que te puedes encontrar... Pero no podía negar que estar dónde estaba también tenía sus ventajas.

Satisfecha con los resultados volvió a su despacho para recoger el desorden que tenía encima de la mesa e irse a casa. Nada más entrar, aún rozando el marco de la puerta, se quedó perpleja al encontrar un centro de flores – con lilium, iris y strelitzias – decorando el centro de su mesa. Dando un paso atrás se dio la vuelta mirando en todas direcciones de la oficina diáfana. Con sus sentidos en alerta y evitando dar la espalda a alguien, si es que ese alguien seguía cerca, entró en su despacho andando de espaldas, situándose al otro lado de la mesa. Acercó el centro de flores por la base hacia ella y buscó la nota que esperaba que tuviese. Guardada en un pequeño sobre blanco, extrajo la tarjeta y leyó:

"Sólo existe un motivo..."

- Ajá... ¿Un motivo para qué? – dijo como si la misma tarjeta le fuera a responder.

Poniendo la tarjeta dentro del sobre y luego a un lado de la base, admiró con interés las distintas flores y verdes que componían aquel centro. "Espera a ver las vistas que tendrás cuando veas dónde te pondré" dijo entre sus pensamientos con una sonrisa en los labios al pensar qué parte del apartamento sería el más apropiado.

- Esto era justo lo que quería.

Beckett no tardó en abrir el cajón dónde guardaba el arma al escuchar una voz masculina que no reconoció hasta que éste se dejó ver, apoyándose en el marco de la puerta con una sonrisa satisfactoria.

- ¡Joder Castle...! – respiró hondo aún con la tensión del momento en su cuerpo – ¿Te das cuenta que podría haberte disparado?

- Uhm... Si alguna vez ocurre asegúrate que me quedé cicatriz – bromeó.

Al escuchar ese comentario se llevó una mano al hombro acariciando la cicatriz del disparo que había recibido años atrás.

- ¿Cómo supiste dónde encontrarme? - preguntó de repente tras cerrar el cajón con un giro de llave.

- Usé el sexto sentido de los escritores – respondió con soltura.

- Claro... – sonrió incrédula – Ahora en serio, ¿cómo lo supiste?

Richard se encogió de hombros y sacó el teléfono del bolsillo del pantalón.

- Con esto.

Escéptica ante aquella respuesta, permaneció en silencio sin apartar la mirada de él.

- Mientes.

- Puedo enseñarte la aplicación que he usado si quieres.

- Seguramente la tienes, pero no la usaste conmigo. Y más te vale no intentarlo a menos que quieras saber qué se siente estando esposado – le advirtió sonando convincente.

- ¿Cómo lo haces? – se interesó sentándose en la única silla vacía que había.

- ¿Hacer qué?

- Saber que miento.

- Contacto visual, Castle – sonrió satisfecha poniéndose a organizar la mesa.

- ¿Eso es todo? ¿Miras a alguien y sabes si dice o no la verdad?

- Es lo que yo llamo el sexto sentido de los policías – agregó divertida.

- ¡Oh! Touché – exclamó acomodándose en la silla sin indicios de volver a levantarse.

Continuando con la recopilación de archivos y carpetas, Richard se apropió de una hojeando el contenido sin reparo.

- ¿Qué te crees que estás haciendo? – exclamó alzando la voz al mismo tiempo que se la quitaba de las manos antes de que pudiera leer una palabra más – ¿Te dice algo el término confidencial?

- Perdón – se limitó a decir recomponiéndose.

- Aún no me has dicho que haces aquí – manifestó entre molesta porque había hurgado en sus cosas y nerviosa por tenerle sentado observándola.

- Dijiste "Espérame". Y es lo que estoy haciendo.

- Yo... – empezó hablar, pero desistió ignorando el comentario.

Aislada en su propio mundo dejó la mesa despejada guardando dos de las carpetas en el maletín. Se lo cargó en el hombro y cogiendo el centro de flores salió del despacho diciendo:

- Puedes quedarte si te apetece... Yo me voy a casa. He tenido suficiente por hoy.

Richard se levantó yendo detrás ella.

- ¿Tienes hambre? Yo estoy hambriento... ¿Sabes que Remy tiene abierto hasta tarde, verdad? Podríamos ir...

Viendo que se detenía de repente, Castle reaccionó y frenó retrocediendo unos pasos. Se quedó en silencio mientras se sentía claramente observado por aquellos ojos por los que sentía cierto respeto.

- O no... – agregó dudoso de que su propuesta hubiese sido acertada.

Katherine se hizo de rogar un par de minutos más y dejó entrever una pequeña sonrisa en sus labios.

- Hmm... ¿Por qué no? – accedió acercándose al ascensor.

- Entonces... – tanteó ofreciéndose a llevar el centro de flores que ella sostenía entre sus manos.

- Tú invitas. Yo pongo la casa.

No fueron necesarias más palabras. Kate entró en el ascensor y Richard la siguió situándose a su lado sintiéndose satisfecho, ignorando en aquel momento que ella le estaba mirando de reojo y compartiendo el mismo sentimiento.

...

En aquel momento ninguno de los dos se veía capaz de levantarse. En la mesa sólo quedaban los restos de la cena de Remy, las bebidas, las servilletas y los vasos.

- Creo que voy a...

- ¡Ni se te ocurra! – lo interrumpió haciendo el esfuerzo de levantarse para recoger la mesa – El baño está en la habitación de invitados. Al fondo del pasillo a la izquierda, la puerta de la izquierda.

- No tengo intención de vomitar. Pero se agradece la información – aclaró levantándose, alejándose por el pasillo.

Tanteando la idea de hacerse una infusión que la ayudara a digerir el festín que se había permitido, abrió el armario dónde guardaba las tazas y dudó antes de coger una segunda. Dejando la suya en el mármol se acercó a la habitación de invitados deteniéndose en la puerta.

- Si quieres te lo presto.

Richard se giró sobresaltado al escuchar su voz.

- ¡Vaya...! No quería...

Sintiéndose culpable por haber hurgado dónde no debía, recogió la funda donde iba protegido el vestido de novia para volver a guardarlo.

- Me había olvidado de él por completo. No suelo entrar mucho en esta habitación – explicó sentándose al borde de la cama mientras él volvía a dejar el vestido encima de ésta.

- Me ha sorprendido ver que lo sigues guardando.

Ella le miró de soslayo reprimiendo una sonrisa.

- No soy de las que desprecia un regalo, Castle – añadió levantándose para volver a la cocina.

- Me he dado cuenta. Sigues llevando la pulsera que te regalé – observó caminando detrás de ella.

- ¿Te apetece una infusión?

- Claro – aceptó sentándose en el alfeizar de la ventana de la cocina, observando afuera.

- Iba a devolverlo – retomó la conversación – También pensé en venderlo si en la tienda no me lo aceptaban.

- Y sin embargo lo guardaste. ¿Puedo preguntar por qué?

- Sólo si tú me dices el significado de "Sólo existe un motivo..." – reiteró recordando las palabras de la nota del centro de flores; el cual ahora decoraba el centro de la mesa del comedor.

Katherine se dio la vuelta para entregarle la taza.

- Responde a mi pregunta y lo haré.

- Mi casa. Mis normas – repuso, tomando asiento en el banquillo del piano. Dejando la taza encima de éste, protegiendo la superficie con un posavasos.

Richard guardó silencio observando al exterior sin mantener un punto fijo en concreto mientras pensaba en qué estaba listo para confesar y qué era mejor guardarse bajo llave.

- Tu sonrisa – dijo rompiendo el silencio – Sólo existe un motivo para haberte regalado las flores... Verte sonreír – completó la frase – Te toca. ¿Por qué sigues guardando el vestido?

- Hay algo más...

- Dijiste... – empezó a decir – Está bien. Tu casa, tus normas – repitió cediendo.

- ¿Verdadero o Falso? Dedicas los libros a aquellos que te importan o consideras especiales en tu vida.

Richard esbozó una sonrisa.

- Recuerdo haber leído algo parecido en el foro de mi página web... – insinuó.

- Vas a tener que preguntárselo a Martin. Fue él quien me lo dijo – explicó animándose a tocar algunos acordes aleatorios en el piano con una mano.

- Entonces dile a Martin de mi parte que no se crea todo lo que lea en ese foro. Aunque reconozco que eso es de las pocas verdades que hay escritas.

Un escalofrío recorrió su cuerpo al escuchar esa última parte.

Richard se apoyó con los codos en el piano con la mirada puesta en sus manos.

- ¿Te gustó?

- ¿La dedicatoria o el hecho de verme reflejada en una agente del FBI?

- Ambas – vaciló.

Beckett bajó la tapa del piano. Recogió la taza y se levantó dirigiéndose a la cocina sin pronunciarse.

- Esto significa que..., ¿no te gustó? – tanteó – Puedes decirlo. Se encajar una mala critica. Me ayudan a mejorar, siempre y cuando sea constructiva.

Manteniendo su voto de silencio, salió de la cocina escondiéndose en su habitación sabiendo que Richard la seguía de cerca.

- ¿Te importa si me sirvo una copa?

- ¡Cómo si estuvieras en tu casa! – respondió ella desde el otro lado de la puerta.

...

Martin tiene razón, pensó, hay secretos que no pueden quedarse enterrados para toda la vida, y mucho menos si hay otra persona implicada pero ésta aún no lo sabe.

Colocándose de puntillas para llegar a la parte superior de uno de los armarios de su propio vestidor, rescató el sobre marrón de debajo las mantas. Sin abrirlo, salió del dormitorio sujetando el sobre con decisión.

Observándole de espaldas respiró hondo mientras caminaba hacia él.

- Castle... – dijo apoyando una mano en su hombro.

- ¡Hey! Kate, siento lo del libro. Debería habértelo comentando antes... - empezó a disculparse convencido de su error cuándo ella le cortó.

- El libro no tiene nada de malo, Castle. ¡Es perfecto! – admitió.

- Pero...

Con un simple gesto con su mano le obligo a callar.

- Ya habrá tiempo para hablar del libro, ahora... Esto es importante – alzó el sobre a la altura de su pecho – En un primer momento no iba a contártelo, tampoco hubieras podido hacer nada y visto nuestra extraña relación... Sin embargo, ahora creo que tienes que saberlo. Quiero que lo sepas. Supongo que es mejor tarde que nunca... Eso sí, vas a tener que leerlo tú mismo – sonrió nerviosa entregándole el sobre.

- Sea lo que sea no me va a morder, ¿verdad? – bromeó abriendo el sobre con expectación.

Al reconocer el anagrama del hospital, dejó el sobre encima del piano centrándose en la lectura de aquellos informes con un ligero desconcierto.

Como Lanie en su día, leyó las páginas una y otra vez sintiendo que le faltaba el aliento, teniendo que desabrocharse dos de los botones superiores de la camisa.

Katherine se le acercó con dos vasos de whisky en la mano, uno para cada uno.

- Bebe.

Richard lo aceptó vaciándolo de un trago.

- ¿Cómo pudiste esconderme algo así? – habló notando aún un leve escozor en la garganta.

- ¡Piénsalo...! – se apoyó en el alfeizar dando un pequeño sorbo – Hice lo posible para ignorar lo que había pasado. A las ocho semanas empiezo a sangrar en exceso y a través de unas pruebas me dicen que he tenido un aborto. ¡Ni siquiera sabía que estaba..., estuviera – rectificó – embarazada, Rick! – exclamó enfadada al recordarlo – No te puedes imaginar cómo me sentí... Estuve una temporada sin querer hablar del tema a pesar de no dejar de ver bebés y mujeres embarazadas por todas partes. ¡Lo único que me apetecía era matarte! – expresó bebiéndose el resto del contenido sin respirar.

- Lo que más me fastidia es que hayas tenido que pasar por esto sola...

Sorprendida por lo que acababa de escuchar, se irguió dejando caer su mano en su brazo con un simple roce.

- Yo quise que fuera así – dijo dejando el vaso en un extremo de la mesa del comedor, volviendo a apoyarse en el alfeizar; esta vez dándole la espalda – Lanie fue quien lo supo el mismo día que fui a por los resultados. Días después a mi tía, me dio un bajón en su casa y no tuve otra alternativa. La última en saberlo ha sido Julia.

- Lo siento...

Estar a pocos centímetros de ella, después de saber que estuvo gestando a su hijo durante tres meses, le volvía loco. Deseaba abrazarla, consolarla por todo lo que no había podido, pero en cierto modo tenía miedo de que si intentaba tocarla le rechazaría. Cerró los puños con fuerza desviando la vista para leer, una vez más, aquellas hojas que empezaba a saberse de memoria.

Katherine dejó de prestar atención a lo que veía en el exterior. Se acercó a él apoyando su mano derecho en uno de sus bíceps y la otra en su hombro. Pudo notar como su cuerpo se tensaba al tenerla tan cerca.

- Los dos cometimos el error. Ahora estoy bien.

Con un nudo en la garganta, Richard se olvidó de los papeles dándose la vuelta para abrazarla.

Había añorado la sensación de tenerla de nuevo tan cerca. No iba a ser él el que decidiera cuando separarse.

- Te parecerá una estupidez pero creo que necesitaba abrazarte.

Escuchándose hablar en voz alta cerró los ojos deseando haberse mordido la lengua. Se escuchó una risa silenciosa por parte de Richard mientras ella se ruborizaba aún acurrucada en su pecho.

- Quién iba a decirlo...

Empezando a sentirse incómoda, Katherine volvió a apoyarse en el alfeizar, recostando su espalda contra el cristal de la ventana.

Una melodía envolvió el silencio que se había creando entre ellos mientras no dejaban de tontear acariciándose las manos.

- ¿Es el tuyo? ¿No vas a cogerlo?

- No – respondió risueño jugando con la pulsera que le había regalado – Preciosa... - susurró.

- Podría ser importante.

- ¿Más importante que estar pensando en besarte?

- Bueno... – sonrió nerviosa – Depende de lo mucho que consideres importante querer besarme.

- Muy..., pero que muy, muy, muy, muy... Muy importante – susurró a centímetros de sus labios.

Richard todavía podía sentir su risa inquieta a través de aquel beso. Un beso distinto al último, deseado y en el que ambos habían sentido algo distinto a aquella primera vez y a los que seguirían.