Polos Opuestos

Cap 22


Sakura se sintió fuera de lugar de un momento a otro. Toda la magia del momento que había tenido con Shaoran se había evaporado con demasiada rapidez. Intentó recomponerse con la poca fuerza emocional que le quedaba, pero le estaba costando mucho trabajo.

Vio como la niña se retiraba confundida a su habitación, luego de que Meiling se inclinara y le susurrara algo al oído.

Se obligó a hacerle frente a la situación.

Dignidad, Dignidad, Dignidad

-No sabía de su compromiso señorita Amamiya. Muchas felicidades- murmuró Sakura con una sonrisa falsa. Se giró hacia Shaoran y le habló con la misma cortesía distante que había usado con Meiling.

–Fue una buena experiencia el trabajar con usted. Le deseo un buen viaje- dijo mientras corría hacia la puerta y hacía un asentimiento a modo de despedida.

-Sakura, espera¡tengo que explicarte!- exclamó él avanzando hacia ella. Horrorizado por lo que seguramente estaba pensando en esos momentos. Había sido un idiota integral al no haberle explicado su situación.

Ella no se detuvo por sus palabras y abrió la puerta dispuesta a desaparecer lo antes posible de su radio de visión, para así poder echarse a llorar a gusto.

-No hay nada que explicar. Hasta luego- dijo en un hilo de voz antes de cerrar la puerta y precipitarse a llamar al ascensor que curiosamente parecía aguardarla en ese piso.

Shaoran salió tras ella pero el ascensor ya se había cerrado y comenzaba a descender.

-¡Sakura¡Sakura!- gritó mientras pulsaba el botón de llamada del ascensor.

Meiling sujetó su mano y lo miró directamente a los ojos. –¿Qué demonios has hecho esta vez Shaoran?- preguntó mirándolo con una mezcla de fastidio y ternura.

-Soy un imbécil- murmuró apoyando la frente contra la pared.

-De eso no tengo dudas- dijo Meiling frunciendo el ceño. –Entra.

Shaoran maldijo entre dientes un par de veces más, sabiendo que por mucho que intentara explicarle a Sakura, ella no creería en él. Había sido demasiado traicionada en el pasado y él no había tenido ningún derecho a volverlo hacer. Había hecho una omisión demasiado importante.

Meiling lo había llevado de vuelta al departamento. Quería detestarla por haber llegado en el peor momento. Si se hubiera demorado más…, si se hubiera demorado más…

-Tienes algo con Kinomoto¿cierto?- preguntó Meiling con naturalidad, mientras se sentaba a su lado. –Puedo perdonar una aventura Shaoran, no tienes porqué preocuparte por ello. Intentó suavizar sus palabras con una sonrisa.

Él la miró atormentado.

Meiling abrió los ojos con sorpresa. –¡Imposible!- exclamó incrédula. –Estás enamorado de la chiquilla…

Shaoran se cubrió el rostro con ambas manos e intentó controlar lo que sentía. Finalmente había encontrado a una mujer que lo aceptaba, que lo entendía, que lo hacía reír, que lo amaba…

-Lo lamento Mei- murmuró Shaoran, -no quería que te enteraras de esta forma. Yo…

-Oh, sé muy bien como funciona tu mente Shaoran- dijo Meiling poniéndose de pie y suspirando. –No tienes que disculparte conmigo, es ella la que debe estar echando chispas.

-No va a perdonarme. Debe estar creyendo que jugué con ella todo este tiempo, cuando realmente pretendía casarme contigo.

-Bueno, en todo caso la mujer engañada sería yo- dijo Meiling con una mueca de disgusto. –Ve a buscarla antes que su apresurada cabecita la meta en problemas. Cuidaré de Tammy en tu ausencia.

Shaoran alzó la vista y la miró con cariño. –No entiendo como puedes ser tan condenadamente racional y comprensiva conmigo.

-Yo tampoco cariño- le dijo ella inclinándose y dándole un suave beso en los labios. –Pero vete antes que me dé cuenta de la situación y te saque a patadas por atreverte a romper nuestro compromiso- ordenó Meiling fingiendo impaciencia.

Shaoran sonrió levemente y le dio las gracias.

-Sólo dile la verdad Shaoran. Es lo único que va poder hacer que se calme- murmuró mientras lo veía salir apresuradamente del departamento. -¡Hombres!- bufó mientras caminaba hasta una de las estanterías del salón.

Sujetó con cariño una fotografía enmarcada de un niño pequeño de cabellos castaños y sonrisa traviesa que jalaba una de las coletas de una niñita. Besó el cristal, mientras secaba una lágrima que se había escapado de su férreo control. Sonrió con tristeza antes de dejar la foto en su lugar.

Ella estaría dispuesta a muchas cosas por tener a Shaoran para ella, pero estaría dispuesta a muchas más por que él fuese feliz.


Sakura corrió por la calle con los ojos picándole por las lágrimas que se rehusaba a derramar. Había sido estúpidamente engañada nuevamente. Parecía que nunca aprendía la lección. Los hombres eran unos perros y no había nada que los cambiara.

Dobló una esquina y divisó un gran parque. Trotó sobre los caminitos de cemento, sin admirar los grandes árboles o las coloridas flores. Detuvo su marcha unos instantes para intentar recuperar el aliento y caminó aturdida hasta uno de los columpios del área de niños, que lucía extrañamente desierta. Se sentó en uno y respiró profundo.

Comenzó a mecerse, una, dos, tres veces; sintiéndose cada vez más pequeña, más tonta. Recordó a Yukito y le dio la razón. Era demasiado fácil engañarla.

Agachó la cabeza y detuvo el balanceo con los pies. Cerró los ojos con fuerza, como esperando que todo se arreglara para cuando los volviera abrir. Pero cuando lo hizo, todo seguía igual, el dolor era el mismo y la rabia no había disminuido.

Unos pasos rápidos la hicieron alzar la cabeza.

Él estaba ahí. Tenía la misma ropa y el cabello muy revuelto. Respiraba agitadamente y la miraba directamente a los ojos.

-Vete- gimió ella intentando reprimirse. Las lágrimas contenidas comenzaron a agolparse en sus ojos y a deslizarse lentamente por sus mejillas. -Déjame conservar algo de mi orgullo y déjame en paz mientras lloro como una estúpida.

Él se arrodilló delante de ella y le sujetó las manos con fuerza. –No me eches de tu lado antes de explicarte lo que sucedió.

-Yo sé lo que sucedió- dijo ella soltando sus manos de su agarre. –Me hiciste creer que podía haber algo entre nosotros sin importarte que estabas prometido con una mujer que he visto durante años. Me pusiste tantos reparos e inventaste una historia tan triste que caí. ¿Te hace feliz saberlo¡Me engañaste¡Qué más quieres de mí!- gritó con la garganta desgarrada.

Shaoran sintió el dolor de Sakura en su propio pecho.

-Escúchame pequeña- susurró él sujetándole la barbilla para que lo mirara a los ojos. –No te traicioné. Toda la historia que conté fue verdad. Lo único que no alcancé a decirte es que luego de mi fracaso dejé de considerarme apto para encontrar esposa- sonrió recordando ese día – Mi madre intentó convencerme de aceptar a sus candidatas, pero me negué.

Sakura aún lo miraba con el desprecio clavado en sus ojos verdes.

-Mei fue la que me hizo darme cuenta que necesitaba una mujer para ser madre de Tammy. Ella me pareció la más indicada en ese momento, ya que era como una madre para ella y además siempre fue una especie de mejor amiga mía. Acordamos casarnos cuando sintiéramos que era el momento correcto, ese día nunca llegó. Seguimos estando prometidos aunque nunca hemos tenido una relación propiamente dicha.

-¿Te has acostado con ella?- preguntó Sakura con seriedad.

-No voy a mentirte Sakura. Sí, me he acostado con ella en el pasado.

Shaoran pudo ver el dolor que le produjeron sus palabras.

-Entonces sí has tenido una relación propiamente dicha con ella- murmuró Sakura, desviando su mirada.

Él le secó las lágrimas de las mejillas con sus pulgares. –No. Tanto ella como yo acordamos que nuestro compromiso quedaría roto si encontrábamos a alguien más. Sé que ella me ama, pero yo no siento lo mismo por ella. Aceptó el trato sabiendo acerca de mis sentimientos. Ella siempre será una hermana para mí.

-Yo no me acuesto con mis hermanos- dijo Sakura con la voz seca, mientras lo hacía apartar las manos de su rostro.

Shaoran bajó la cabeza. –Fue una vez hace mucho tiempo. No me arrepiento de ello, Mei es una buena mujer.

-¡Entonces porqué no te quedas con ella y me dejas en paz!

-Ella no es tú. Por mucho cariño que le tenga no puedo casarme con ella luego de haberte conocido.

-Tú no me quieres- susurró Sakura con un amargo dolor.

Shaoran la obligó a mirarlo a la cara. –Te amo.

-¡Es mentira!- chilló Sakura saltando del columpio para intentar alejarse de él. –Tú me dijiste que me querías, nada más. No me des más estúpidas ilusiones, ya entendí el mensaje.

-No seas testaruda- rugió Shaoran abrazándola con fuerza. –Te amo, pequeña tonta. Me cuesta decirlo… no soy muy expresivo.

-Apuesto que se lo dijiste muchas veces a tu preciosa Akira.

-Sí, pero ahora me doy cuenta que no era cierto. No la amaba como te amo a ti, por eso a ella podía decírselo sin sentirme vulnerable. Estoy idiotamente enamorado de ti, pero si quieres que me vaya lo haré- dijo él soltándola bruscamente. –No rogaré por amor otra vez.

Sakura vio la espalda de Shaoran cuando se dio la vuelta. Pudo ver como se alejaba de ella y sintió su corazón oprimido.

-Algunas nacemos para idiotas…- murmuró antes de correr hasta él y abrazar su espalda.

Shaoran se giró y la miró a los ojos intentando ver qué había en ellos.

-Yo también te amo- susurró enterrando el rostro en su pecho. Sakura vio como los ojos de él volvían a encenderse. –Bésame para terminar de hacer más de telenovela la situación- murmuró ella con una pequeña sonrisa.

Él también sonrió, mientras se inclinaba y tomaba sus labios en un beso suave, cargado de sentimientos que no se podían expresar con palabras.


Tomoyo sonrió al observar a su hijo corretear por el espacioso jardín, mientras las risas infantiles resonaban por toda la casa.

Sakura, estaba cerca a la mesa del pastel, abrazando a Shaoran como una adolescente enamorada mientras él intentaba quitarse el sombrerito de cartulina de colores que su amiga le había puesto en la cabeza a modo de broma. Desde hacía alguna semanas que ambos habían decidido comenzar con su relación y se veían más empalagosos que nunca. A ella le encantaba verlos tan felices, sobre todo si se tenía en cuenta que ella había sido una especie de celestina.

Divisó a Rika sentada con su esposo en una esquina mientras ataba los cordones a su sobrinita de cuatro años, para que pudiera reunirse con los demás niños.

Había sido una buena idea invitarla después de todo. No la había visto mucho después de su estancia en el hospital y cada vez se le hacía más extraño. Ellas habían sido muy amigas y por eso mismo no comprendía su actitud.

La casa entera estaba decorada con globos y serpentina. La había comprado porque era pequeña, acogedora y muy iluminada. Estaba un tanto apartada del centro de Tokio, pero les daba a ella y a su hijo un ambiente más familiar y tranquilo. Su pastelería era un éxito; poco a poco la clientela iba aumentando y finalmente ella sentía que estaba por buen camino.

La pequeña tropa que devoraba bocaditos y dulces parecía feliz con la fiesta de cumpleaños de Ryo. Seis años. Aún recordaba perfectamente la noche en la que nació, cuando vio por primera vez sus ojitos azules y lo sujetó contra su pecho. No pudo evitar sentir una punzada de tristeza al ver el rostro de Eriol marcado en el de su hijo.

Tomoyo se obligó a regresar al mundo real cuando vio a la sobrina de Shaoran integrarse al juego de los más pequeños en lugar de mantenerse alejada. Era una niña bastante agradable, aunque con algunas poses que le recordaban a cierto ex agente especial… que actualmente tenía su antiguo cargo dentro de la división.

-¡Tomoyo!- la llamó Sakura entre risas.

Ella no pudo evitar una carcajada cuando vio a Shaoran lleno de picapica y serpentinas.

-Daidouji, un poco de ayuda sería agradecida- exclamó él mirando con enfado a Sakura que aún lo aprisionaba en sus brazos para evitar que se retirara el decorado.

Tomoyo pudo darse cuenta por la forma en la que la miraba que en realidad no existía tal enfado. Ella podía notar el profundo cariño que escondía su mirada. Bien dicen que de el odio al amor… pensó ella mientras caminaba hasta la pareja.

-Me alegra que se estén divirtiendo- les dijo.

Shaoran bufó y Sakura la miró con una pícara sonrisita. Tomoyo aprovechó el instante para tomar una fotografía con la cámara que tenía colgada al cuello.

-¡Hey!- protestó Shaoran, siendo silenciado por un beso de Sakura.

Tomoyo intentó contener una punzada de envidia. Eso era algo que ella nunca tendría, pero de alguna manera el verlos felices la aliviaba.

-¿Sabes qué sucede con Rika?- preguntó mirando en su dirección. –No hemos hablado en meses y francamente me preocupa su actitud.

-Estoy en las mismas que tú- respondió Sakura desprendiéndose de Shaoran, -me sorprende el mero hecho que accediera venir.

Ambas asintieron.

¡Mami¡Mami!

Tomoyo pudo oír a través del ruido, la vocecita de su hijo llamándola. Lo divisó a unos metros de ella, buscándola con la mirada.

-¿Qué sucede?- preguntó en voz alta, sorprendida ante la excitación de su hijo, que luchaba por abrir una enorme caja envuelta en un colorido papel de regalo de avioncitos azules.

-Una amiga tuya vino con un señor y me dio un regalo- dijo Ryo sonriente.

-¿Abriste la puerta?- preguntó frunciendo el ceño.

-No mami, fue Akane. Yo vine corriendo para mostrarte mi regalo. Iré a pedirle a tía Sakura que me ayude a abrirlo- dijo antes de salir corriendo nuevamente.

¿Amiga?, pensó Tomoyo extrañada. No había invitado a nadie más que ella supiera.

Una voz familiar a sus espaldas la hizo darse vuelta sorprendida.

-Hola Tomoyo, lamento venir sin avisar- dijo Lily Storm dándole un beso en ambas mejillas mientras la miraba con una sonrisa radiante.

-¡Es una gran sorpresa! Gracias por el regalo de Ryo, estoy segura que se emocionó tanto que olvidó agradecer.

-Oh, yo no fui la que traje el regalo- murmuró Lily mordiéndose el labio con culpabilidad.-Traje a alguien que quiero que conozcas.

Por primera vez Tomoyo se percató de la otra persona que había estado parada junto a ellas y se quedó congelada. Él se retiró los lentes y la miró directamente. Tomoyo sintió los latidos irregulares de su corazón contra su pecho al ver el hermoso rostro de Eriol frente a ella. Eran los mismos ojos, tenían que ser.

Intentó decir su nombre pero se le quedó atracado en la garganta.

Él sonrió y le tendió la mano. –Un placer conocerla, señora. Soy Hiro Kawamura.

Tomoyo miró alternativamente a Lily y al hombre sin poder entender. Le dio la mano casi sin saber qué hacía y se tensó al ver que se inclinaba a besársela.

Sakura observó todo desde una considerable distancia, con los ojos extremadamente abiertos. Shaoran tenía la misma expresión de sorpresa que ella.

La única persona que parecía más aterrorizada que sorprendida estaba sentada unos metros más allá.

Tomoyo miró fijamente a Lily sin entender, con la esperanza burbujeando en su interior. No sabía si estaba soñando.

-Fue el regalo de Adrianne para Ryo, en agradecimiento por devolverle a su hija- murmuró Lily. Iré a saludar a Sakura, nos vemos luego querida, le dijo antes de dejarlos a solas.

-¿Eriol?- murmuró Tomoyo sintiendo que las lágrimas le caían incontenibles. Su cuerpo temblaba terriblemente mientras lo contemplaba.

-Hiro- corrigió él, mirándola con sus penetrantes ojos azules. –He nacido de nuevo para poder venir a verte. Quiero volverte a conocer.

Tomoyo se lanzó contra su pecho y lo abrazó con fuerza, hundiendo la cara en su camisa azul marino, aspirando el aromo a hombre y a limpio que tanto había extrañado. Sintiendo que la vida le había devuelto algo que creía perdido para siempre.

La esperanza.

Él correspondió a su abrazo y susurró palabras cariñosas contra su frente, mientras acariciaba rítmicamente su espalda. Nada lo había preparado correctamente para ese reencuentro. Había estado soñando tantas noches con el día en que podría sujetarla en sus brazos sabiendo que no estaban en peligro, que podían tener una vida normal.

Observó a lo lejos, a Sakura y Shaoran desenvolviendo el regalo que le había llevado a su hijo y sonrió con orgullo al ver al niño. Era idéntico a él y a la vez tenía tanto de ella. Amaba profundamente a ese hijo que acababa de conocer y esperaba que algún día los tres pudieran ser una familia.

Vio una mujer llorosa que se acercaba corriendo hasta ellos. Pudo reconocerla casi al instante. Debería odiarla, sabía que debería; pero era demasiado feliz en esos momentos. Le sonrió con condescendencia y ella detuvo su marcha a unos pasos de ambos.

-Tomoyo, tengo que contarte…- murmuró desesperada al ver a la pareja abrazarse. Si no decía algo pronto, Tomoyo la odiaría. Ella no soportaría ese odio, se dijo Rika a sí misma.

Eriol negó con la cabeza. Y le hizo una señal de silencio mientras apretaba más a Tomoyo contra su pecho. Rika cayó de rodillas llorando en silencio al entender que él no la expondría al odio de sus mejores amigas, que no la condenaría. Sintió unas manos cálidas que la hacían levantarse y caminar hacia un lado.

Lily habló con voz suave. –Ambos necesitan ser felices desesperadamente. No es tiempo de revelaciones. Eriol te ha perdonado, nadie más necesita saber lo que sucedió. Ese será un secreto que deberás guardar y superar sola.

Rika la miró con los ojos enrojecidos por el llanto, asintiendo en silencio mientras recordaba lo que había sucedido esa noche, esa horrible noche…


Rika había emprendido el viaje de regreso a Japón. Hacía dos horas que había dejado a Tomoyo y a Eriol en el crucero, pero aún tenía un mal presentimiento. Las cosas no iban bien y ella podía sentirlo. Tensó las manos alrededor de los controles y miró al frente.

El cielo aún estaba muy oscuro y las nubes se iban haciendo cada vez más densas.

Algo malo sucedería esa noche y no habría retorno.

Una decisión fue tomada en unos segundos. Rika, conteniendo el aire, dio vuelta a la nave y usó la máxima velocidad para dirigirse al puntito titilante en el radar. El crucero.

Sabía que de una u otra manera no era una estupidez. Ella siempre fue una mujer práctica y firme, pero en esos momentos más dudas y temores la asaltaban. Pensó fugazmente en su esposo, su querido esposo, sabiendo que él habría hecho lo mismo por sus amigos.

Rompería la regla de oro. Nunca antepongas tus emociones al bien de la división Pero no importaba.

Viajó con una gran opresión en el pecho, intentando tranquilizarse a sí misma, intentando convencerse que solo estaba siendo paranoica; sin conseguirlo realmente.

Una hora después, con el cuerpo cansado por la velocidad a la que estaba viajando, el pequeño punto brillante en el mar azul fue acercándose poco a poco. El bello crucero surcaba las olas con tranquilidad, sin aparentar ningún problema. Pero el presentimiento seguía ahí, carcomiéndole las entrañas.

Sobrevoló por algunos minutos más convenciéndose así misma que no sucedía nada. Si la hubieran necesitado le hubieran informado. Rika se abstuvo de intentar contactarlos, en una misión, una distracción de ese tipo podía costarles la vida y eso era lo último que quería.

Ligeramente más aliviada Rika fue alejándose del crucero. Ella llegó demasiado tarde para ver a Sakura y Shaoran partir en el Halcón y demasiado temprano como para presenciar la explosión.

Fueron casi cinco minutos después, cuando ella ya había podido relajarse y emprender finalmente el viaje de regreso, que sucedió todo.

-Eres una idota Rika- se dijo mientras aumentaba la velocidad. –Fue una tontería regresar.

Miró nuevamente el puntito que marcaba el crucero en su radar y sonrió.

No había terminado de formar el gesto, cuando el punto desapareció del radar. La sangre comenzó a congelársele. Hizo un giro peligroso y usó la máxima velocidad para llegar ala ubicación donde lo había visto por última vez.

Observó con horror los trozos del barco desperdigados. Los pisos superiores habían estallado en pedazos y el casco aún flotaba en las aguas oscuras, envuelto en llamas, mientras era atrapado por las olas.

-No…- murmuró envuelta en lágrimas. –¡Demonios no puede ser!- gritó descorazonada.

Hizo una maniobra un tanto imprudente y se acercó a las aguas para examinarlo mejor. Encendió unas grandes luces de búsqueda que tenía la nave e intentó encontrar algo entre las aguas.

-Dios santo¡cualquier cosa!

Pudo ver el agua de un sector, levemente coloreada de rojo. –¡Oh no!- gimió siguiendo el rastro. Esa era la reacción causada cuando un traje especial era sometido a altas temperaturas, protegía el cuerpo, pero en el proceso dejaba libre un rastro similar.

-Por lo menos merecen que encuentre algo de ellos- murmuró en silencio mientras se limpiaba las lágrimas. Continuó buscando minuciosamente hasta que encontró una masa flotante, similar a un cuerpo.

Dejó la nave volando a esa altura, gracias a un sistema que tenía incorporado, que permitía manejar a control remoto algunas funciones. Se deslizó con una especie de camilla de rescate sujeta a una cuerda ultra resistente. Al llegar al agua se unió al equipo con unos ganchos de metal y buscó a tientas lo que había logrado identificar desde la nave y lo encontró a escasos metros. La única teoría que podía encajar era que quien quiera que fuese, había saltado del crucero justo a tiempo y el traje le protegió lo suficiente como para preservar en parte el cuerpo.

Se acercó con cautela y tocó la gran masa oscura que descansaba en las aguas teñidas.

-No puede ser…- murmuró sorprendida al ver que eran dos cuerpos y no uno solo. Tomoyo y Eriol, identificó segundos después. Sus trajes se habían fusionado por la ola de calor que seguramente siguió a la explosión.

Agradeció infinitamente que esos trajes no permitieran el hundimiento a menos que así lo decidiera el agente que lo usaba, ya que eso fue lo único que le permitió encontrarles.

Intentó subirlos a la camilla naranja de rescate, y en el intento pudo darse cuenta que respiraban muy levemente. Comprobó sus signos vitales y pudo darse cuenta que aún seguían vivos ambos, aunque por la forma en la que lucían no habían muchas esperanzas.

-No voy a dejar que mueran- juró en silencio, mientras accionaba un dispositivo en un control remoto que hacía que la cuerda los subiera de nuevo a la nave.


-¿Quién eres tú- preguntó Rika con voz entrecortada.

-Lily Storm- respondió la otra mujer mientras le alcanzaba un vaso con agua. Casi en silencio la había arrastrado al interior de la casa, para evitar que alguien se percatara aún más de lo que sucedía. –Ayudé a Sakura y a Shaoran con su misión.

-¿Cómo lo encontraron?- preguntó Rika aún sin entender.

-Tú lo rescataste y luego se lo vendiste a Clow- murmuró Lily perdiendo toda su suavidad anterior.

-¡Eso es mentira!- dijo Rika, estallando en una furia histérica.

Lily arqueó una de sus delgadas cejas y la miró con desagrado. –Tú le mentiste a Tomoyo diciéndole que había muerto.

-Fue una orden directa de Clow. ¡Desobedecerlo me hubiera costado la vida!

-¿Así que no te importó enviarlo a manos de un traidor con tal de salvar tu sucio pellejo?- preguntó Lily mordaz.

-No fue así- dijo Rika en un susurro mientras contenía las lágrimas. –Yo no sabía que era un traidor cuando lo llamé para avisarle que había rescatado a Tomoyo y a Eriol. Él me dijo que los llevara a una base médica cercana para atenderlos. Me dijo que llamaría para dar instrucciones en esa base, me ordenó que no mencionara que rescaté a Eriol porque era un traidor. Dijo que si Tomoyo seguía involucrada con él, terminaría… presa o muerta.

-Le creíste- murmuró Lily en un tono bajo.

-¡Cómo iba a imaginar que me estaba engañando! Confiaba en él. Fue mi jefe por años. ¡Mi padre era amigo suyo!

-Entiendo- dijo Lily instantes después. Intentó suavizar su tono al volver a hablarle. –Logramos rescatar a Eriol cuando capturamos a Clow. Él se lo llevó de la base en la que tú lo dejaste. Lo habían mantenido estable hasta que Clow llegase a verlo morir. Ese miserable quería estar presente.

-No puede ser…

Rika se veía incrédula y débil, sentada en el taburete de la cocina de Tomoyo.

Lily le sujetó una mano. –Ya no hay nada que podamos hacer por cambiar el pasado. Eriol tuvo una segunda oportunidad. Ahora es Hiro y tiene la posibilidad de empezar de nuevo.

-Tengo que confesarle mi mentira a Tomoyo, merece saberlo- dijo Rika poniéndose de pie.

-No querida, no merece saberlo- afirmó con certeza. –Confesarlo te haría más bien a ti que a ella. Debes aprender a vivir con eso.

-Pero…- intentó decir Rika.

-Tu esposo te espera- la cortó Lily dedicándole por primera vez una sonrisa sincera, al tiempo que señalaba la figura masculina que había ingresado por la puerta del jardín. –Intenta ser feliz tu también.

-Gracias- murmuró Rika dándose vuelta y corriendo a los brazos de su esposo, quien la abrazó un tanto confundido por su reacción.

-Es así como tiene que ser- susurró Lily para sí, mientras comía uno de los potes de gelatina de fresa que había preparado Tomoyo.


Aún no podía salir de su estupor. Hacía algunos segundos que Shaoran y Sakura se habían acercado discretamente para saludar al recién llegado y ella no había podido contener las lágrimas al ver a su hijo apretarse contra sus piernas, viendo con algo de temor y curiosidad a su padre.

-Hola- dijo el niño sin entender bien qué sucedía y porqué repentinamente todos le prestaban atención al hombre.

-Hola- respondió de igual forma Eriol, mientras se ponía a su nivel y le daba la mano.

Ryo dudó un instante antes de responderle el saludo, como un pequeño caballerito. Parecían dos gotas de agua.

-¿Qué tienes en el rostro?- preguntó Ryo señalando una quemadura a la altura de su cuello. -¿Te duele?.

Tomoyo contuvo la respiración al darse cuenta por primera vez de la horrible quemadura que tenía medio escondida con el cuello de la chaqueta.

-Una quemada- dijo Eriol con naturalidad, mientras le revolvía el cabello con cariño. –pero no duele.

Ryo frunció el ceño, pero cambió de actitud al instante. –¿Te gustan los aviones?

-Sí, incluso piloteé algunos de verdad- respondió Eriol.

-¿Sí?- preguntó Ryo asombrado, soltándose de su madre por primera vez y caminando hacia el extraño que tenía frente a él.

-¿Quieres jugar con mi nuevo avión?- preguntó esperanzado.

-Claro. Si a tu mamá no le importa- preguntó alzando la mirada hacia Tomoyo y pidiéndole de cierta manera permiso.

Esa actitud que respetaba todos los años que ella había estado sola con el niño la hizo sonreír. –Por supuesto, pero regresen para la hora de partir el pastel.

Ambos sonrieron al mismo tiempo y a Tomoyo se le llenó de ternura el corazón.

-Gracias mami- dijo el niño, mientras tomaba de la mano a Eriol y lo llevaba hacia otro sector del jardín.

-Santo cielo Tommy- dijo Sakura abrazándola. Shaoran y ella se habían mantenido a una pequeña distancia durante la escena familiar.

-¿Puedes creerlo?- preguntó intentando calmar su llanto.

-La verdad es que no- respondió Sakura con una sonrisa. –Pero me alegra mucho.

-Era todo lo que deseaba- dijo Tomoyo con los ojos brillantes por primera vez en años.

-Lo mereces- dijo Shaoran palmeándole el hombro en un gesto de apoyo.

Tomoyo los miró con agradecimiento y sonrió ampliamente. –¿No son esos Rika y su esposo?- preguntó de repente señalando a una pareja que se abrazaba bajo un árbol.

Sakura asintió sorprendida. –Pensé que tenían problemas.

-Me da gusto por ellos- dijo Tomoyo recorriendo el lugar con la mirada. –Hoy ha sido un buen día.


Esa noche, cuando todo estuvo desierto, Tomoyo se sentó en una de las sillas plásticas que había colocado en el jardín y observó a Ryo y a Eriol jugar dentro de la casa. La noche estaba muy tranquila y el barullo del día parecía que había dejado una estela de felicidad que seguía expandiéndose.

Caminó de regreso a la casa, escuchando las risas de sus dos más grandes amores en la vida cada vez más cerca.

-Ya es hora de dormir- dijo con cariño al verlos tumbados en la alfombra.

Ryo frunció el ceño en un gesto muy parecido al de Eriol, pero obedeció sin replicar.

-¿Crees que pueda acostarlo yo?- preguntó Eriol inseguro.

Tomoyo se sorprendió de lo vulnerable que era él con respecto a su hijo y asintió en silencio. –Subiré en un rato a darte un beso- le dijo Tomoyo al niño mientras este subía las escaleras junto con Eriol.

Quince minutos después, Tomoyo entró al cuarto de Ryo y lo observó comenzar a dormirse con el cuento del "Elefante mentiroso" que Eriol aparentemente se había inventado.

Ella había tenido el tiempo suficiente para ponerse ropa de dormir y una gruesa bata blanca que le llegaba a los tobillos. Eriol se levantó cuidadosamente y se quedó de pie en el marco de la puerta mientras Tomoyo se acercaba y le daba un beso a Ryo en la frente.

-Mami- murmuró el niño cerrando lo ojos.

-Dime cariño- le susurró ella arropándolo y colocando a su lagartija de peluche Norman a su lado.

Ryo sonrió y abrazó a Norman. –Me gustaría que Hiro fuera mi papá- dijo en un pequeño murmullo que ambos pudieron oír.

Ella contuvo unas lágrimas y giró el rostro para ver a Eriol que la esperaba en el mismo lugar, con una mirada igual de esperanzada que la suya.

Caminó fuera de la habitación y cerró la puerta cuidando no despertar a Ryo.

-Tomoyo…- murmuró Eriol, -te dije que quería que empezáramos todo de nuevo…

Ella sonrió y le dio un suave beso en los labios. –No podemos hacer borrón y cuenta nueva. El pasado juega una parte importante en el presente, pero no dejaremos que nos vuelva a dañar el futuro.

-Te amo.

-Lo sé- susurró ella besando la quemadura en su cuello. Él se estremeció levemente. –Yo también te amo.

Eriol la cargó en brazos y la llevó hasta su habitación, mirándose a los ojos y susurrando las palabras de amor que habían reprimido por tantos años.


Unas risas suaves inundaban el departamento. Sakura estaba sentada en la gran alfombra del salón de estar de Shaoran, viendo videos.

Cuando se retiraron del cumpleaños de Ryo, Tammy insistió en que quería que Sakura la acompañara al departamento de Shaoran para mostrarle el diseño del vestido que su tía Meiling le haría para su cumpleaños. Tamara y Sakura habían formado un vínculo de amistad casi de inmediato.

-¡No puedo creer que ese sea Shaoran!- exclamó Sakura intentando no atorarse con la gaseosa que estaba bebiendo en esos momentos.

Tammy reía a carcajadas al ver la cara enfurruñada de su tío Shaoran ante sus burlas.

-Sakura¿podemos parar ese video de una vez?- preguntó por enésima vez. Verse a sí mismo interpretar a Elvis a los seis años, no encajaba con su concepto de diversión.

-¡NO!- gritaron Sakura y Tammy al mismo tiempo, subiéndole el volumen al televisor.

Shaoran contuvo una maldición. –Tienes que reconocer que es muy gracioso- dijo Sakura secándose las lágrimas de los ojos.

La sugerencia de ver videos había partido del propio Shaoran, pero él se había referido a películas. Tammy había sido la que había querido enseñarle los videos que le había regalado Meiling hacía unos años en los que salía Shaoran.

Conforme se hacía más tarde, las risas comenzaron a cesar. Tammy se fue a dormir un rato después asegurando que estaba muy cansada y que al día siguiente tenía cosas importantes que hacer. Teniendo en cuenta lo que para una niña de diez años podía ser importante, claro está.

Sakura se quedó un rato más con Shaoran viendo las últimas escenas del video. Sakura sonrió ante lo tierno que se veía Shaoran vestido de pollito en una actuación del primer grado. Cuando la pantalla quedó en negro Sakura se giró a ver a Shaoran.

-Te veías realmente mono con ese trajecito amarillo- le dijo Sakura intentando hacer que se sentara con ella en el suelo, en lugar de mantenerse sentado en el sofá con la espalda rígida y la frente arrugada.

-Sakura... no le sigas jalando la cola al león- dijo en tono de advertencia.

Ella sonrió y se subió al sillón. –Te verías casi tan lindo si dejaras de hacerte esos surcos en la frente- murmuró con una sonrisita.

Shaoran relajó su expresión al verla tan divertida y la atrajo contra su pecho.

Ella dejó de reírse automáticamente y cerró los ojos al sentir que comenzaba a besarla. Sakura separó los labios y lo instó a adentrarse en su boca, mientras acariciaba su espalda con las palmas de las manos.

Shaoran emitió un gruñido bajo e introdujo una de sus manos por debajo de la blusa rosada de ella. Sakura sintió un escalofrío recorrerle al sentir que comenzaba a acariciarle el estómago, mientras ascendía hasta rozarle…

Un sonido cercano los hizo separarse automáticamente.

-Ooops- dijo una vocecita a unos metros de distancia.

-Tammy, tú…- comenzó a decir Shaoran sintiendo que se sonrojaba como un adolescente pescado in fraganti por el padre de su novia.

Sakura por su parte se sentía pequeña… muy pequeña. Intentó acomodarse el cabello y la blusa lo más rápido posible.

-Tío, veo películas y telenovelas - comenzó a decir la niña con total tranquilidad. –Me voy a dormir, buenas noches.

La pequeña figurita desapareció por el corredor, con su taza de Mickey Mouse en una mano.

-No puedo creerlo…- murmuró Sakura apoyando la cabeza contra el hombro de Shaoran.

-Esa niña…- comenzó a decir Shaoran.

-Ya metimos las cuatro patas así que mejor me voy a mi casa- murmuró Sakura poniéndose de pie.

-No me parece buena idea, ya se hizo muy tarde- dijo Shaoran cambiando su semblante incómodo por uno severo.

-Papá, ya soy una niña grande- dijo Sakura haciendo un mohín.

Shaoran la miró de pies a cabeza. –De eso ya me di cuenta- dijo recuperando su sonrisa pícara.

-No esa sonrisa- murmuró Sakura cerrando los ojos. –Tammy ya nos ha pillado así que…

-¡Señorita! No le estoy haciendo una propuesta indecente- exclamó con un falso tono ofendido. –Soy un caballero.

Sakura arqueó una ceja y cruzó los brazos. –Aja…

-Puedes quedarte en la habitación que está junto a la de Tammy. Es la de invitados.

-Ah, en ese caso acepto- dijo Sakura más tranquila, caminando hacia el corredor por el que había desaparecido Tammy minutos antes.

Shaoran la siguió de cerca y ambos se detuvieron frente a la puerta.

-Buenas noches Shaoran- murmuró Sakura dándole un casto beso en los labios.

-Buenas noches Sakura- susurró Shaoran en su oreja, aspirando su perfume.

Sakura se estremeció mientras entraba a la habitación y cerraba la puerta.

Shaoran contempló unos instantes más la puerta cerrada y sonrió. –Será mejor que me de un largo baño con agua helada- murmuró al sentir la presión en sus partes privadasDefinitivamente ese debería ser considerado el efecto Sakura.

Rebuscó en el bolsillo de su pantalón y extrajo una pequeña cajita de terciopelo, la abrió y vio un delicado anillo con una esmeralda en el centro. Recordó por unos instantes toda la actuación que habían tenido en ese compromiso falso dentro del crucero. –Esta vez será real- murmuró acariciando la joya, al tiempo que entraba a su propia habitación.


6 meses después

Tarde, tarde, tarde

Sakura salió prácticamente volando de su departamento. Se había acostado terriblemente tarde luego de hablar durante horas por teléfono con Tomoyo que había estado en medio de su Luna de miel con Eriol y quería saber si había ido a visitar a Ryo, cómo estaba Tamara y cómo iban los preparativos de su matrimonio.

Sakura sonrió levemente. ¡Se casaba!

Pero esta vez no iba a ser con el soso de Yukito Tsukishiro y su alter ego ultra malo y poderoso. Ahora tendría al ex agente especial Li Shaoran, para amarla y respetarla todos los días de su vida.

Una piedrita en el camino hizo que recuperara el sentido de la realidad. Se golpeó mentalmente por estar fantaseando con su altamente comestible y brutalmente sexy (Y miren que para decir eso le llevó mucho tiempo de meditación y terapia) novio.

Caminó aún más rápido intentando no arrollar a nadie en su intento de encontrar un taxi. -Algunas cosas nunca cambian- dijo en un suspiro intentando alcanzar el carrito amarillo que estaba casi frente a ella.

-¡Victoria!- dijo corriendo hasta el automóvil, para terminar siendo embestida por una ancianita que terminó llevándose su taxi.

Sakura frunció el ceño y observó incrédula cómo la historia se le repetía. Caminó hasta la esquina para ver si por ahí había más taxis, pero nada sucedió.

Intentó mover el pie derecho nuevamente, pero le fue imposible. Al revisar lo que sucedía, se dio con la horrible sorpresa que estaba atracada en una rejilla de ventilación de un subterráneo.

-Esto no está sucediendo- murmuró, como recitando un mantra. Lo peor de todo era que se encontraba en media pista, lista para ser arrollada por cualquier conductor imprudente. No podía quitarse el zapato por temor a que no la vieran y la atropellaran así que comenzó a pedir ayuda a las personas que pasaban por ahí y que la ignoraban como si fuera una loca suelta en la plaza.

Sakura se alisó nerviosamente el cabello.

El ruido de un motor le puso los nervios de punta. Sabía que el automóvil iba a velocidad y comenzaba a acercarse peligrosamente hasta ella. El temor comenzó a recorrerle la sangre, cuando la situación pasó rápidamente de vergonzosa a peligrosa.

Se vio incapacitada para gritar, parecía que la voz se le había ido. Agitó los brazos desesperada, intentando desatracar el tacón de su zapato; pero por más intentos que hacía, parecía que sólo conseguía atracarse más.

Contuvo la respiración mientras cerraba los ojos esperando el impacto que sabía era inminete. Imágenes de su vida pasaron rápidamente frente a sus ojos.

El rugido del auto cruzando el asfalto a gran velocidad, un chirrido.

Tres, dos, uno…

Nada.

Sakura abrió un ojo esperando ver lo peor, pero el auto se había detenido a unos centímetros de ella.

Respiró hondo, con el corazón latiéndole al máximo. Si no hubiera frenado…

El conductor bajó rápidamente de la reluciente camioneta y se acercó sonriente y con paso fluido hasta ella.

Sakura frunció el ceño y lo miró irritada. -¡Casi me matas!- gritó encolerizada golpeándole el pecho con los puños.

-Calma, mi bella dama en apuros- susurró Shaoran burlón mientras le acariciaba el cabello. –Deberías agradecer que decidí venir a buscarte, suponiendo que tendrías problemas para encontrar un taxi un día lunes por la mañana.

Sakura frunció el ceño aún más de lo que ya lo tenía. –Tu camioneta estaba prácticamente por arrollarme, no sabes la sensación horrenda. Si no hubieras frenado a tiempo…

Shaoran le dio un beso en la frente y se puso en cuclillas delante de ella. Retiró con cuidado su zapato rosado de tacón alto de su pie. Sakura se apoyó en su hombro, intentando no ensuciar sus medias de nylon en el proceso.

-Debo haberte dado esa impresión, pero puedes estar segura de que no había ninguna posibilidad de que te hiciera daño.

Él desatasco el zapato de la rejilla y le masajeó el tobillo antes de volver a colocarle el zapato.

¿Estas bien?- preguntó poniéndose de pie nuevamente y mirándola a los ojos.

Sakura pudo observar la preocupación debajo de esa máscara de burlona jovialidad y asintió con la cabeza. Sabía que sus últimamente demasiado alterados nervios habían maximizado la situación. Desde niña siempre había temido ser arrollada por un automóvil, puesto que así había muerto su hermano mayor. Suspiró más relajada al saber que a él le importaban sus sentimientos más de lo que quería reconocer.

-Mi horrible y troglodita jefe no pasará por alta otra tardaza- dijo bromeando, para intentar relajar la tensión entre ambos.

Shaoran borró todo rastro de preocupación ante la atrevida insubordinación. En su cargo, había terminado siendo jefe automático de Sakura, lo que causaba que ella le hiciera algunos comentarios como esos de vez en cuando, sobre todo por su política estricta con los horarios que hacía que ella zapateara fastidiada todos los lunes por la mañana en su oficina.

-Creo que esta vez su horrible y troglodita jefe se lo pasará por alto, e incluso accederá a darle un día libre con la condición de que lo pase con él- murmuró él besándola sorpresivamente.

Sakura abrió los ojos incrédula mientras correspondía a su beso, algo avergonzada por el público que o se detenía a mirarlos como bichos raros, o les silbaba, o les gritaba cosas desagradables.

Sintió sus manos gentilmente apoyadas en sus caderas y algo… dejémoslo en algo presionándole el muslo. Tembló levemente y se apretó más contra su pecho musculoso. Shaoran la hizo separar los labios con sutileza y entró en su boca con arrebatadora maestría. Sakura comenzó a sentir que le subía la temperatura, y no precisamente por el sol.

-¡Muévanse!- gritó un hombre detrás del automóvil de Shaoran que no podía avanzar, debido a que ellos se habían detenido a media calle.

-Consíganse un hotel- gritó un jovencito desde una ventana mientras unas ancianitas los miraban con desaprobación.

Sakura se apartó abochornada y Shaoran la condujo hacia el auto con una sonrisa de oreja a oreja.

-A veces eres tan insoportable- murmuró Sakura cuando él se sentó a su lado, aún con esa sonrisa satisfecha que le ponía el humor de perros.

-Hace un momento no te estabas quejando- dijo él arrancando y mirándola de reojo.

Sakura se sonrojó furiosamente y cerró la boca.

Shaoran 1, Sakura 0.

El marcador de ese día no empezaba realmente bien para ella. Ya se encargaría de revertirlo, pensó Sakura, sonriendo malévolamente.

El señor banana la tendría realmente difícil. No podía esperar para casarse y hacerlo oficial. Shaoran por su parte estaba concentrado pensando en las formas más apropiadas para evitar ir a trabajar esa mañana. Oh, él también tenía en mente muchas cosas.

Sakura acarició con el pulgar el anillo de compromiso que Shaoran le había dado cuatro meses atrás y lo miró de reojo.

Él sonrió como sabiendo en qué estaba pensando ella. Acarició el brazo de Shaoran y él sujetó su mano con una de las suyas, para luego llevársela a los labios y depositar en ella un suave beso. Ambos sonrieron y miraron el horizonte intentando ver en él qué les deparaba el futuro.

La camioneta plateada aumentó de velocidad y se perdió en el convulsionado tráfico de Tokio.

El que dijo alguna vez que los polos opuestos se atraían, estaba condenadamente en lo cierto… ¿verdad?

FIN


HOLA A TODOOOOOOOOS!!!!

Antes que nada GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS por todo su apoyo a lo largo de este año y pico que ha durado la publicación de esta historia. De verdad chicas no sé que hubiera hecho sin ustedes. (Kate se limpia una lagrimita molesta que se escapó de uno de sus ojos)

Pues bien chicas, aquí les traje el esperado final. No sé si cumplió o no sus espectativas (cruzo los dedos) pero puse todo mi esfuerzo en este último cap. Como vieron al final todos los trocitos sueltos y pistas terminaron encajando.Ya sabemos qué sucedió con Rika, que era la duda final. Y sí, ERIOL VIVE!!! jajajaja no me dio el corazón para acabar con él. (aunque generalmente en mis historias siempre alguien importante termina en el otro mundo o seriamente herido...) Como ven, la historia de Tomoyo y Eriol también fue casi central aunque claro, Saku y Shao eran los protagonistas. La última parte de este cap es una especie de epílogo, aún no sé si haré algún tipo de extra... depende como me vaya en mi primer ciclo de universidad (a la que entro el 1 de abril!!!)

Nuevamente muchísimas gracias por estar conmigo y animarme a seguir. Espero sus comentarios finales con ansias y saber más de todas ustedes, que de una u otra forma fueron pare de Katelau y de Crónicas.

Hasta una nueva oportunidad.

Con cariño

Kate