III
"Y de pronto había caído a mí como un costal de 30kg de papas recién cosechadas. Me tumbó. Me atontó. Me hizo reír hasta de la más mínima estupidez cotidiana. Me hallé a mí misma preguntándome qué debía vestir ese día en caso de que lo viera e incluso comencé a lavarme el cabello a diario. Respiraba de tal forma que los olores se habían intensificado y ahora podía reconocer a unas diez cuadras de distancia su perfume. No dormía sin leer su mensaje de «buenas noches», al menos, claro está, que estuviera durmiendo con él.
Compartí mi tiempo. Compartí mi espacio. Lo dejé entrar a cada rincón de lo que llamaba vida, y esta vez fue diferente, él no se burló, él no miró la suciedad ni el desorden, por el contrario, entró, curioseando aquí y allá, se sentó en la cama y me preguntó si podíamos pedir una pizza para ver películas clásicas de terror. Lo abracé cuando sentí frío sin importarme lo que fuera a pensar. Utilicé su hombro y su pecho ene cantidad de veces cuando quería dormir en el camión o durante aquellos paseos en tren que solíamos hacer sin pensar. Me aferré a la sonrisa que me regalaba cada vez que íbamos al mercado y me ponía a cantar como loca entre los pasillos vistiendo una bufanda de colores, un sombrero mexicano y una máscara de luchador, para cuando él viajaba a ver su familia y teníamos que separarnos unos días.
Mi corazón latía a un ritmo contagioso cuando escuchaba su nombre, cuando alguien me preguntaba quién era él, cuando veía su nombre aparecer en la pantalla de mi celular al recibir un mensaje o llamada. Andaba de aquí para allá pregonándole al mundo entero que tenía todo bajo control, que yo sabía que lo nuestro era cosa del momento y en ese momento lo único que deseaba era disfrutar su compañía. Andaba de aquí para allá como si el invierno no fuera a llegar. Creyendo que cada día sería verano mientras estuviera a su lado.
Y entonces pasó. Tan inevitable como predecible: el día de decir adiós. Y está tan presente que ahora, a unos días de cumplir los cuatro meses de no verlo, siento tan viva la sensación que tenía en el momento de despedirnos."
Miré a TK quien terminaba de fumar un cigarro a mi lado y sonreí.
— ¿Y bien? ¿Qué piensas?
— Es bastante bueno —respondió él y me acerqué a besarlo. Adoraba el olor de su perfume mezclado con el tabaco—. Creo que es hora de que vayas pensando en escribir para una revista o incluso publicar un libro.
— ¿Yo? —me eché a reír a carcajadas—. No bromees. No soy tan buena aún.
— Kari, ¿qué dices? ¡Eres perfecta! —me mordí el labio inferior y le ordené a mi sistema nervioso central que detuviera el enrojecimiento en mis mejillas antes de que él notara que me había gustado lo que dijo—. Hazme caso. Sé que a todo el mundo le encantaría leerte —negué con la cabeza y dejé mis cosas sobre el buró a un lado de mi cama. Era domingo a mediodía y ambos nos hallábamos en ropa interior. Hacía menos de una hora que habíamos despertado y lo único que habíamos ingerido era café y tabaco.
— ¿Y qué me dices de ti? ¿Alguna vez has pensado conseguir un empleo de verdad en alguna oficina y no vivir a costa de tus papás? —TK esbozó una media sonrisa pero no respondió. Como a toda pregunta que evadía, se acercó y me besó intensamente, mordiendo mis labios de tanto en tanto—. Tranquilo —murmuré sonriendo y él me acarició una mejilla.
— Vamos a salir de aquí.
— ¿A dónde? —inquirí sentándome sobre él y revolviendo su cabello.
— Pues, podemos ir a Tokio, Odaiba, Taiwán, Singapur o bien volar hasta Alemania… —sonreí simplemente sin dejar de mirarlo y poco a poco sus mejillas comenzaron a enrojecer—. ¿Qué? ¿Dije algo gracioso?
— ¿Volar hasta Alemania? Apenas y tengo dinero para sobrevivir de aquí a fin de mes que llegue mi cheque de manutención. De verdad que estás loco Takaishi —en ese momento su celular comenzó a vibrar debajo de la almohada y él se movió, empujándome a un lado, para contestar pero apenas y vio quién le llamaba se puso de pie deprisa.
— ¿Si? Claro, dime… ajá… sí, entiendo. ¿Hoy?... —me miró y se mordió el labio. Sabía que era hora de decir adiós. En las escasas dos semanas que teníamos viéndonos, pasaba que cada vez que alguien misterioso lo llamaba él desaparecía hasta el día siguiente o por lo menos dos días no sabía de él hasta que llegaba a mi dormitorio con una pizza o simplemente me llamaba para decirme que estuviera lista porque iríamos a una fiesta. No me molestaba, a decir verdad. TK me gustaba mucho y aquello… bueno, aquello era mutuo. Pero aún no me atrevía a preguntarle sobre su vida personal o por qué esa persona era tan importante que me dejaba para ir a verla. Quizás tenía novia y yo no lo sabía. La pregunta era: ¿debo preguntarle?—. Tengo que irme, bonita —anunció como si fuese algo nuevo. Asentí simplemente y me levanté para buscar una blusa que ponerme—. Te llamaré mañana, lo prometo —comenzó a vestirse y yo me acerqué a la puerta, antes sujetando su cinturón que buscaba debajo de la cama. Sonrió cuando se percató de que yo lo tenía y enseguida se acercó a mí— ¿Está todo bien? —sus profundos ojos azules me miraban atentos. Sentí un nudo en la garganta. Quería poder hablar, poder preguntarle si en verdad le interesaba estar conmigo o era yo un juego más con el que engañaba a su novia. Quería poder decirle que en ese tiempo había tomado la repentina decisión de pasar mis días y noches a su lado, y no había vuelto a acostarme con alguien más. Pero tenía miedo. Miedo a que si decía lo que sentía él fuera a desaparecer, como todos, huyendo de los sentimientos que una chica de Odaiba tenía.
— Sí. Te veo mañana —me acerqué rodeándolo con mis brazos y lo besé con ganas. Realmente no quería que se fuera.
— Adiós, preciosa —sonreí mientras él me besaba la frente y enseguida salió de mi dormitorio. Aquella sería una larga tarde de domingo.
Mi celular comenzó a vibrar en mi cabeza y me levanté bruscamente. La habitación se hallaba oscura a excepción de la luz que se colaba por la ventana. Miré la pantalla de mi laptop que se había quedado sin pila y recordé que no había terminado de escribir un ensayo. Me había quedado dormida sabría Dios cuánto tiempo y ahora me dolía la cabeza a montones. Cogí el aparato que no paraba de sonar y contesté.
— ¿Si?
— Yagami, ¿dónde te has metido? —la dulce pero chillona voz de Yolei se dejó oír por el otro lado del auricular—. Te he estado llamando toda la tarde, señorita.
— Hola, Yo. También me da gusto escucharte —bromee—. Me quedé dormida. Lo siento.
— Como sea, ¿tienes en qué anotar?
— ¿Eh?
— Bueno, no importa —mi amiga parecía alterada aunque sonaba de buen humor—. Te enviaré por mensaje la dirección de la fiesta. Necesito que vengas ahora mismo, Hikari Yagami.
— ¿Fiesta? —miré la pantalla de mi celular—. Son las 10:00pm, Yo. Y tengo clase mañana…
— Claro, como digas, linda. Te veo aquí en un rato. ¡Te amo! —sin darme tiempo a responder cortó la llamada. ¿De qué iba todo eso?
La fiesta se llevaba a cabo en una casa de Tokiwadai, no muy lejos del campus. Aparentemente el motivo de celebración se debía a que era domingo. Así es. Los chicos de básquetbol decidieron que por ser domingo se debía armar una buena celebración como si al día siguiente muchos de nosotros no tuviéramos clases que atender o tareas que terminar.
Al entrar me hallé con un caos del bueno. Apenas y podía pasar entre el pasillo para llegar a la sala de entre tanta gente que había. Yolei se hallaba en el baño y al entrar la vi vomitando junto al retrete.
— Kari, ¿eres tú? —preguntó sin poder voltear.
— Así es. ¿Marihuana y alcohol? —ella asintió simplemente y yo sonreí—. Te he dicho infinidad de veces que no deben mezclarse.
— Siempre me pasa —la ayudé a ponerse de pie y se enjuagó la boca en el lavabo—. ¡Me alegra que hayas venido!
— Gracias por invitarme.
— Ven. Tienes que conocer a Jake. Viene de California y está hecho un bombón —me reí mientras mi amiga me arrastraba de vuelta a la fiesta. Atravesamos la sala a como pudimos hasta subir a la planta alta en donde nos encerramos en un cuarto. Adentro estaban Cory, Mimí, Matt, Jake y otro chico que no conocía de cabello negro y ojos verdes.
— ¡Kari! —Mimí se lanzó sobre mí para abrazarme y tuve que sujetarla fuerte para que no fuera a caerse.
— Hola, Tachikawa.
— Ven, siéntate —pidió Cody y yo obedecí—. Tienes que probar esto —me extendió una pipa encendida.
— No, gracias. Hoy no tengo ganas…
— Pruébalo —pidió Matt, y en ese momento en que voltee a verlo me pareció ver a TK. Tomé la pipa inhalando de ella y en cuestión de segundos mis manos y piernas comenzaron a hormiguear. Le di otras dos caladas antes de pasársela a Yolei.
— Mierda —murmuré, sonriendo. Esa cosa es…
— Un obsequio del hermanito de Matt —dijo Mimí antes de dar su respectiva entrada a la poderosa hierba. Cerré los ojos y me dejé llevar por la música. De pronto el espacio en donde me hallaba se convirtió en una pista de baile y me hallé a mí misma moviéndome al ritmo de una música que al parecer sí estaba proyectándose pues mis amigas también se levantaron a bailar.
Poco a poco el efecto fue incrementándose en mi sistema y ya no podía ver con claridad. Todo lo que sucedía en mí y alrededor mío tenía una magnificencia intensificada a la enésima potencia. Podía sentir cada célula de mi cuerpo reproduciéndose e interactuando con otras. Miraba mis manos y como si tuviera visión de rayos X podía percibir las venas palpitando debajo de las capas de piel. La música me gritaba una sola cosa: placer. Y entonces salí del cuarto en el que creía que aún seguía encerrada y me hallé con la entrada de la casa y el aire helado golpeándome el rostro. Cogí mi celular y marqué al primer número que tenía en mi lista de llamadas.
Un timbre.
Dos timbres.
Respuesta.
— ¿Kari?
— ¡Hola, guapooo! —estaba arrastrando las palabras pero no me daba cuenta. Todo sucedía en cámara lenta para mí.
— ¿Estás bien?
— Necesito verte.
— Ahora no puedo.
— No, no me digas eso. En serio quiero verte y yo no sé… es una fiesta pero estoy caminando…
— ¿Qué fiesta? ¿A dónde vas?
— Está todo oscuro. Puedo sentir el agua cayendo del cielo, ¿tú crees que está lloviendo?
— Kari, escúchame. Necesito que dejes de caminar y vuelvas a la fiesta, ¿si?
— Pero no quiero estar sola, TK. Tengo miedo…
— Kari…
— ¡Porque todos me dejan sola! ¡Y ya estoy harta! —me tapé los ojos desesperada y me limpié las lágrimas intentando ver con mayor claridad si el semáforo estaba en verde o rojo.
— No hagas esto, bonita. No puedo ir por ti ahora.
— Claro. Es porque estás con otra. Ya lo sabía, eres como todos. Sólo buscan un rato de diversión pero nadie está dispuesto a quedarse…
— Kari, no es eso... —pero para entonces yo ya no escuchaba y comencé a llorar sin saber siquiera en dónde me hallaba.
— Quédate con ella. Seguro es más bonita e inteligente que yo. De todos modos no es como si estuviera enamorada de ti, no. Y de todas maneras al carajo lo que yo sienta, ¿verdad? Porque claro, yo debo esconder lo que siento para poder estar con quien quiero.
— ¿De qué estás hablando, bonita?
— Adiós —colgué la llamada y miré a mi alrededor. Las calles estaban vacías, desiertas. No tenía idea de dónde me encontraba o cómo regresaría a casa, pero ya me las arreglaría.
Gracias por sus reviews! He estado muy inspirada! Espero que les guste :D
