V

Hacía poco más de una hora que había comenzado a llover, me encontraba empapada de los pies a la cabeza, mi cuerpo temblaba de frío, mis dientes castañeaban, el sol se había puesto hacía un buen rato y sabía que era hora de volver a casa. Mi mente le pedía a mis pies que se movieran pero estos no respondían; llevaba un buen rato sentada sobre una roca en un parque cerca del campus. Tenía la esperanza de que estando ahí pudiera toparme con TK. Habían pasado dos semanas desde la última vez que lo vi en su casa. Intenté llamarlo pero no respondía. Era como si se hubiera evaporado, como si ya no existiera; mientras una parte de mí me decía que tenía que olvidarlo, que había sido sólo un juego, una diversión tal como muchos otros. Que no tenía nada de qué preocuparme, otra parte en mí pensaba «¿en qué andará metido? ¿Cómo estará? ¿Pensará en mí?».

24/7 vivía en mis pensamientos. Mimí me había dicho que una vez lo vio en casa Matt y que él se encontraba bien. Pero ahora por una razón a la que no quería prestar atención me había cerrado a la idea de que tenía que hallarlo, tenía que hablar con él, no quería simplemente aceptar que él no me quería en su vida.

Mi celular comenzó a vibrar nuevamente, en la pantalla aparecía el nombre de Cody. Era la cuarta vez que me llamaba y ya no quería contestar, no tenía deseos de hablar con nadie, me encontraba muy apática y así había sido desde los últimos días, incluso rechacé ir a comer pizza con Yolei en nuestro tradicional viernes de fiesta.

— Eres una idiota —me dije a mí misma.

Me levanté de la piedra sintiéndome furiosa y sin importarme cuántos charcos pisaba en el camino, me dirigí de vuelta a los dormitorios. Una vez cruzado la entrada mi cuerpo me pidió ir directamente a la cama y no salir de ahí.

— Kari, ¿estás bien? —preguntó Cody al verme llegar. Estaba acostado en la cama junto a Yolei, ambos con la laptop de ella en la cama.

— Sí —acerté a responder mientras mi mente creaba una buena excusa para justificar el por qué no quise responder sus llamadas—. Voy a darme un baño.

— Espera —mi amiga me detuvo y se puso de pie para acercarse a mí—. ¿Esto es por TK?

— No sé de qué hablas.

— Yagami, no te queda hacerte la boba conmigo.

— ¿TK? —preguntó Cody mientras se incorporaba en la cama.

— Hace días que no comes bien, te la pasas escuchando música deprimente y has faltado a clases.

— Sólo estoy cansada —murmuré fingiendo una sonrisa.

— ¿Cansada? —Yolei soltó una carcajada llena de ironía—. Te enamoraste de él —sus ojos se plantaron en mí haciéndome sentir acusada de un crimen y a manera de defensa yo me reí.

— La boba eres tú, Yo. TK no fue más que diversión de un rato.

— ¿Ah sí? ¿Y entonces por qué no has querido irte de fiesta desde la última vez que acabaste en su casa? —me percaté de que Cody nos miraba como si estuviera divirtiéndose con una escena cómica de película.

— Sólo no he querido —respondí. Ambos se miraron por unos segundos y enseguida se echaron a reír. Tenían razón, de todas las cosas posibles que pude haber respondido aquello era lo más estúpido—. Bien, ¿saben algo? No tengo qué hacerlo pero quiero. Nos vamos de fiesta hoy mismo. Me daré un baño y ustedes consigan un lugar para embriagarnos y perdernos.

— ¡Sí! —exclamó mi amigo mientras Yolei me lanzaba una mirada reprobatoria—. Llamaré a Mimí, quizás esté con Matt…

Me di un baño con agua caliente que acabó por quitarme el extraño humor en el que había estado todo el día. La verdad es que mis amigos tenían razón, yo estaba exagerando en cuanto a la reacción de TK. Si él no había querido contarme en qué líos estaba metido lo mejor sería que me apartara y siguiera como lo había estado haciendo. Él simplemente era un muchacho más. Sí, muy guapo, sí inteligente, sí divertido, sí buen besador, excelente amante…

Olvídalo, Hikari —pensé. Quizás él en este momento debía estar con otra…

Y con ese pensamiento salí de la regadera y comencé a secarme. La noche apenas empezaba.


— ¡Kari! —Mimí, en su estado de ebriedad, se acercó a darme un abrazo y casi derrama su cerveza sobre mi vestido—. Qué bueno que vinieron, chicos.

— Gracias por invitarnos —dijo Cody, y Matt simplemente sonrió. Desde que habíamos entrado al club no me había quitado los ojos de encima.

Por lo que había entendido mientras mis amigos parloteaban en el taxi era que estábamos en la fiesta de cumpleaños de un amigo de Matt, habían rentado aquél club toda la noche y el consumo que hiciéramos era gratis. Lo cual era mi parte favorita, claro está.

Agarré una cerveza y le dije a Cody que iría a rondar por el lugar. El club era de dos pisos, al centro, en la parte inferior, estaba la pista de baile y a su alrededor mesas, sillones y salas lounge. Mientras bebía la deliciosa cerveza dulce y me paseaba entre la multitud de personas, mis ojos buscaban ansiosamente a una en específico. Era difícil poder ver entre la oscuridad y luces parpadeantes, pero mis ganas de verlo…

— ¡Basta! —me dije a mí misma. No había ido esa noche a buscar a TK sino a divertirme y no lo estaba haciendo.

Me dirigí hacia una mesa en donde estaban unos seis muchachos, pertenecientes al equipo de básquetbol. Estaban mirando a las porristas, quienes, desde lejos, les enviaban miradas provocadoras y me pregunté por qué ninguno de los dos grupos se acercaba al otro. La gente solía ser muy estúpida cuando se trataba de coquetear.

— Hola, chicos —me senté al lado de Josh, el chico más estúpido en mi clase de Diseños en papel. Venía de Texas.

— Yagami. ¿A qué debemos tu presencia? —preguntó William, un australiano con el que me había acostado a principios de año. Tenía los ojos color gris y el cabello castaño claro.

— ¿Tienen coca? —entre ellos se miraron y enseguida enfocaron su vista en Will quien sólo sonrió. Sacó una bolsita de su pantalón y me la dio—. Son ustedes muy amables —sonreí.

— Espera —dijo Keane cuando vio que me puse de pie. El chico venía de Filipinas y era muy amigo de Cody—. Takaishi y tú están saliendo, ¿verdad? —su pregunta me tomó de sorpresa y fruncí el ceño preguntándome a qué venía su curiosidad.

— ¿Por qué?

— Debes tener cuidado con él, Kari —me advirtió el moreno.

— Keane, cállate —le espetó William.

— ¿Cuidado por qué? —pregunté, hacienda caso omiso del ojigris.

— Tú sabes en lo que anda metido, ¿no? —asentí a pesar de que no lo sabía. Mejor era mentir y hace que siguiera hablando a que se callara para que no me enterara—. Desde hace días lo andan buscando y una vez que lo hallen van a acabar con él y todos con quien él ande —mi corazón saltó mortificado y agradecí que no hubiese suficiente luminaria para que no vieran mi rostro palidecer. Porque así me sentía. La sangre se había ido hasta los pies y sentí perder fuerza en las piernas.

— Ten mucho cuidado —dijo Will y enseguida le dio un trago a su cerveza.

— Lo haré. Gracias nuevamente.

Me dirigí hacia los sanitarios sintiéndome más convencida que nunca de que tenía que hallar a Takeru.


Las luces eran muy brillantes. Muy brillantes. Sobre mí caía lluvia aunque sabía a cerveza. Mi cuerpo se movía con los beats de la música electrónica y al cerrar los ojos me perdía en la basta oscuridad espacial donde me hallaba. Los brazos y piernas me hormigueaban y cada cierto tiempo sentía pulsos en todo el cuerpo al pegarme los efectos de la marihuana. Me encantaba andar high. Me encantaba poder percibir el tiempo en su máximo esplendor, estar consciente de todo lo que sucedía en mi cuerpo.

Alguien me pegó en el cuerpo. Sentí que me jalaron del brazo y al voltear vi un par de ojos azules.

— ¿TK? —pregunté, intentando enfocar bien mi vista y ordenándole a mi mente ponerse clara en ese momento.

— Ven, bonita —me tomó de la mano y me arrastró fuera de la pista de baile. Caminamos al fondo del lugar y nos metimos a un cuarto en donde había una sala enorme.

— ¿Qué pasa? —y como forma de respuesta él se giró y me besó con ganas. Enredé mis dedos en su cabello y me pegué a su cuerpo sintiendo aquél beso con mucha intensidad.

— Te necesitaba tanto —murmuró contra mis labios y yo sonreí y seguí besándolo por lo que me pareció una eternidad.

— ¿Por qué desapareciste? —él se apartó y me miró sin saber qué decir. Soltó un profundo suspiro y se encogió de hombros. Por inercia me paré de puntitas y lo abracé fuertemente sabiendo que él lo necesitaba.

— Ven conmigo y te lo explico todo. Aquí no puedo hablar.

— ¿A dónde? —acaricié su rostro, reprimiendo el deseo de volver a lanzarme a sus labios y besarlo.

— ¿Confías en mí? —lo miré por lo que me pareció una eternidad de tiempo. Se veía demasiado guapo, con su playera blanca y el cabello alborotado. No dejaba de sonreír y me percaté de que la respuesta la tuve sin necesidad de pensar en ella.

— Sí.


Feliz viernes! Salgan a divertirse y cuéntenme todooo! Jajajaja