Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.


IV.- Buscándote.

Espero tres buses más por dos semanas y en ninguno veía a Kagome, seguramente ya no se había quedado hasta tarde en la escuela. Y en la tercer semana decidió cambiar turno por una semana, ganando muchas preguntas por parte de Miroku.

En esos días, espero en la parada por dos horas y no vio señales de la chica ¿Estaría de vacaciones? ¿Y si ella regreso a viajar por la noche cuando él cambio de turno? Eso sí sería muy mala suerte, pero hoy que regresaba a su rutina normal, lo confirmaría con las ancianas.

Abordó el bus y se decepcionó al no ver a Kagome. Estaba temiendo que ya no la vería de nuevo.

― Joven, gusto en verlo de nuevo.― saludo Shoga.

― Buenas noches.

― Hace mucho que no coincidíamos.― señalo Wakaba.

― Lo veíamos en la parada pero no subía ¿Por qué?― interrogó Kaede, ya las tres sabían la respuesta pero querían divertirse un poco.

― Yo... Bueno... Esperaba ver a alguien.― confesó apenado.

― Tampoco la hemos visto.― respondió Kaede a la pregunta aún no hecha e Inuyasha la observo confundido.

― A Kagome.― aclaró Shoga.― Esperamos este bien.

― Yo igual.― dijo decaído, tampoco ellas habían visto a la azabache.


Era su día de descanso y decidió que iría a la parada de la azabache, con suerte la vería abordar o bajar de algún bus. Llegó a las tres de la tarde y fue a un café internet, se sentó donde pudiera ver la parada y aguardó a verla mientras fingía trabajar. ¿Cómo no se le ocurrió eso antes?

Dieron las siete de la noche y no la vio, ya hasta se sentía un acosador o secuestrador, resignado salió del local y caminó por los alrededores, con suerte la encontraría. Al girar en la primer esquina, notó unas escaleras, en la cima había un templo, tal vez sería buen momento para pedirle a Buda ayuda.

― Hola joven.― saludo una mujer de mediana edad, cabello castaño y corto.― Siento mucho esto pero hoy estamos limpiando la pagoda.

― No se preocupe, comprendo.― al parecer Buda tampoco le quería ayudar.

― ¡Mamá! ¡No puedo cerrar la llave!― gritó un niño que sostenía una manguera.

― Disculpe.― la mujer se marcho e Inuyasha decidió hacer lo mismo.

La suerte no estaba de su parte, pero debía confiar en que eso cambiaría.


Comía junto a Inuyasha en la sala de médicos, su Sanguito les preparó comida para los dos. Pero algo andaba mal con su amigo, normalmente ya hubiera devorado la comida, pero en esta ocasión solo movía la pasta sin probar bocado. Además estaba su extraño comportamiento desde hace semanas, estaba más que seguro que era por una chica, una chica que lo había cautivado.

― ¿No te gustó lo que mando Sango?― preguntó para iniciar una plática.

― Claro que no, sin duda es mejor que los emparedados, pero... No es nada.

― Suéltalo pequeña bestia.― ya iba siendo hora que le contase todo.

― La conocí en el bus.― dijo después de unos segundos, tal vez Miroku pudiera ayudarle.

― Suena interesante ¿Qué más?

― Tiene unos hermosos ojos chocolate, su cabellera larga, con bucles y color azabache, es tan linda, su sonrisa es perfecta, es un poco torpe y cuando se enoja infla con gracia sus mejillas, incluso cuando tiene manchas de pintura en la cara es adorable.

― ¿Cuando la conoceré?― moría de ganas por conocer a la chica que le robaba el pensamiento a su amigo.

― Tal vez nunca.

― ¿Cómo que nunca? Tú conoces a mi Sanguito ¿Por qué no me presentaras a la afortunada? ¿Acaso te doy vergüenza?

― Claro que no, es solo que... Hace un mes que no la veo.― decía todo decaído.

― ¿Cómo no la vas a ver? ¿Se pelearon? Si es así, ve y pídele perdón.

― No es eso, es que...

― Llámale.

― No puedo.

― ¿No tiene tu número o tu el suyo? ¿Qué pasa?― no le gustaba por donde iban las cosas.

― Jamás se lo pedí, coincidíamos en el bus y al principio la ayudaba con sus trabajos, luego nos hicimos amigos, no la veía siempre, pero si seguido... Todo cambió un día, desapareció.

― ¿Nunca la invitaste a salir?

― Sabes que no soy bueno con eso.

― ¿Ya fuiste a donde trabaja?

― Es estudiante.

― Espero que universitaria.― dijo alarmado al recordar las lecturas, ojala no fuera una adolecente.

― ¡Claro que sí!

― ¿Y por qué no vas a la universidad a ver si la ves?― sugirió.

― Soy un tonto.

― ¡¿No sabes ni eso?!

― Claro que lo sé.― lo sabía porque los libros eran de la biblioteca y traían los datos de la escuela.― Pero nunca se me ocurrió.

― ¿Qué esperas? Son casi las tres, ve a esperarla.― le animó― Yo te invento algo para cubrirte.

― Gracias Miroku.― estaba cogiendo sus cosas, cuando uno de sus supervisores entró.

― ¡Takahashi! ¡Te necesito en urgencias!― dijo un hombre de unos cincuenta años, alto y cabello atado en una pequeña coleta alta.

Inuyasha no podía creer su suerte, dejo su mochila de nuevo y siguió al médico Suikotsu.

― ¿Qué paso?

― Lo único que se, es que una persecución se salió de control y el fugitivo choco contra un bus.― explicaba a toda prisa.― Enfermera ¿Ya sabe cuántos vienen?― preguntó a la mujer que estaba en recepción.

― Diez personas, aún no se la condición de todas.

― Tres ya murieron en el camino.― dijo un joven que acaba de colgar una llamada.― Doctor la ambulancia de Goryomaru trae a una mujer en estado grave.

― Atenderemos esa.

No paso ni un minuto cuando las puertas se abrieron de golpe. Los paramédicos luchaban por mantener estabilizada a la chica que traían.

Inuyasha se acercó a la camilla y se quedo petrificado, no era posible lo que veía, no podía ser verdad, debía estar en una pesadilla. Ella no podía estar llena de sangre y en esa camilla.

― ¡Inuyasha!― gritó Miroku al ver que su amigo no respondía a los llamados de Suikotsu.

― Es ella...― logró decir.

― ¿Qué dices?

― Kagome.― dijo su nombre finalmente, no había querido pronúncialo porque significaría que lo que veía era verdad.

― ¿La conoces Takahashi?― preguntó Suikotsu, si la conocía él no podía ir a ayudarle.

― Es su amiga.― contestó Miroku.

― ¡Fujioka, tú me ayudaras!― gritó para llamar a otro de los internos.― Y Takahashi, atiende al siguiente, no te preocupes por ella, la salvaremos.― dijo antes de seguir su camino al quirófano.

― No puedes ir.― le detuvo Miroku al ver la intensiones de Inuyasha.

― Miroku, ella... Si algo le pasa, yo... Jamás le dije...

― Se lo dirás cuando esté bien, ahora concéntrate, ya llega el siguiente.― dijo Miroku al escuchar la siguiente ambulancia.

...

El área de urgencias ya estaba en la calma usual y eso le inquietaba. Eran pasadas de las ocho y no había visto al médico Suikotsu, no sabía nada de Kagome y eso le exasperaba. Salió a dar otra vuelta por los pasillos, subió a los pisos superiores y al abrirse las puertas del elevador en el cuarto piso, se topó finalmente con la persona que buscaba.

― Suikotsu-san ¿Cómo está Kagome?

― Tiene un fuerte trauma en la cabeza, debí ponerla en coma.― dijo con pesar.

Inuyasha abrió grandemente los ojos por la sorpresa ¿Él había dicho: coma?

― Ella no es solo una amiga, ella te gusta.― si fuera solo una amiga, no estaría tan alterado y no se hubiera quedado petrificado cuando la vio llegar.

― ¿Tan obvio es?― preguntó sorprendido de que todos se estuvieran dando cuenta.

― ¿No me digas que lo querías ocultar?― por la expresión del chico, era un rotundo "Si".― Ahora todo depende de ella, sus padres están por allá, por si los quieres ir a ver.― dijo al señalar a una pareja que estaba en la sala de espera.― Ten fe.― aconsejó antes de seguir su camino.

Inuyasha miraba a la pareja que Suikotsu le indicó, no podía ir hacía ellos, simplemente no podía llegar y decir "Hola soy Takahashi Inuyasha, ustedes no me conocen, pero conocí a hija en el bus y ella me gusta" lo tomarían por loco.

...

Aguardo a que no hubiera nadie con Kagome y al rededor de las once de la noche, la madre de ella salió del cuarto, fue entonces que aprovecho para entrar y verla.

Al entrar no la vio de primeras, puesto que una cortina le bloqueaba la vista, caminó hasta la cama y cuando la vio su corazón se oprimió, Kagome estaba entubada para ayudarla a respirar y en las manos tenía tubos por los que le suministraban suero. Era una imagen que no quería haber visto nunca, si no fuera por el pitido de los aparatos no estaría seguro si aún seguía con vida.

― Tonta... Tienes que despertar.― dijo al sentarse junto a ella y tomarle de una mano― No te veo en un mes y cuando al fin se algo de ti es porque tuviste un accidente...― guardo silencio por un momento, se le había hecho un dudo en la garganta.― Más te vale que despiertes pronto, tengo algo muy importante que decirte y no tengo mucha paciencia.

Se escuchó la pueda abrirse y de inmediato Inuyasha se levando, lo último que quería era que pensaran que era un pervertido.

― Buenas noches.― saludo una mujer, que enseguida Inuyasha reconoció como la madre de la azabache.

― Buenas noches, debe ser su madre. Vine a ver como estaba, todo está estable, con permiso.― era hora de irse, la mirada de aquella mujer le inquieto un poco, parecía como si le estuviese analizando.

― Espere...― le detuvo al notar que ya había visto a ese joven antes.― Es el joven que fue al templo el otro día ¿Cierto? Vaya coincidencia.

Inuyasha la observo mejor, ella tenía razón, era la mujer del templo. Eso quería decir que aquel día dio sin querer con la casa de la azabache y que estuvo por encontrarse con ella, si solo hubiera esperado un poco más.

― La conoce ¿Verdad?― preguntó al tener una corazonada, ese joven miraba de una manera especial a su hija.― Usted debe ser el joven que la ayuda en el bus con sus tareas.― se aventuró a adivinar. Además, ¿Cuántos jóvenes médicos de ojos dorados podría conocer?

― ¿Ella le habló de mi?― preguntó sorprendido.

― Al inicio no, pero ya no podía explicar como es que de la noche a la mañana mejoró con sus lecturas, era claro que algo le pasaba. Pero que falta de educación la mía, soy Higurashi Sonomi.― se presentó.

― Takahashi Inuyasha.

― ¿Tiene algo que hacer?

― No, de hecho ya debí haberme ido.

― ¿Podría quedarse un rato más? Hablemos un poco.― sugirió al querer conocer a su futuro yerno, porque si, algo le decía que ese joven iba a formar parte de la familia muy pronto.

Inuyasha tomó asiento, no podía negarse, después de todo, no quería separarse de Kagome y aprovecharía para conocer un poco más sobre ella.

― ¿En aquella ocasión la fue a buscar? ¿Por qué no me dijo?.

― Yo no sabía que fuese su casa, yo... En realidad, ella jamás me dijo donde vivía... Hace tiempo no la veía y me preocupe, solo camine por los alrededores esperando verla...

Sonomi sonrió, los miedos de no ser correspondida de su hija eran tontos, era más que claro que aquel joven sentía lo mismo por ella. Cuando su Kagome despertará estaría muy feliz.


Miroku entró a la sala de médicos con cansancio, de último momento debió cubrir a un colega y ahora que tenía un rato libre iría a descansar, pero al entrar se encontró con Inuyasha recostado en el sillón.

― ¿Acaso ya vives en el hospital?.― preguntó al percatarse que lo había visto desde temprano y siempre le veía irse hasta tarde.

El ojidorado volteo a verlo, su amigo tenía razón, solo iba a su casa a bañarse y a dormir unas horas por la noche, pero todo eso tenía una razón, quería estar al pendiente de Kagome.

― Hace un mes que ya no debía estar en coma.― dijo decaído, temía que no despertará y la desconectaran.

― Lo importante es que esta viva, con los signos en que llegó ella debería estar...

― ¡No lo digas!― gritó al incorporarse, no quería pensar en esa posibilidad.

Hubo un largo silencio hasta que Miroku hablo de nuevo.

― Tu madre me llamó, está preocupada por ti, dice que no le has devuelto sus llamadas y quiere saber si irás a su cumpleaños... Si algo importante pasará con la señorita Kagome, su madre te llamaría.― agregó al ser consciente de que la familia Higurashi le había tomado mucha confianza y afecto a su amigo.

― Le llamó más tarde a mi madre y quedo con ella.

― Otra cosa, no había querido decírtelo por la situación pero... Me casó en dos semanas.

― ¡¿Tan pronto?!

― ¿Ya olvidaste que desde hace un año Sango y yo lo estamos planeando?

― Perdón Miroku, yo...― era verdad, esa boda se llevaba planeando desde ese tiempo, si que la vida se iba volando.

― Te comprendo, por eso no quería decirte, pero es importante que vayas, eres mi padrino.

― No te preocupes, iré.

Como le gustaría poder ir con Kagome como su acompañante, pero aunque despertara ahora mismo, no estaría para fiestas. Lo único que quería en ese momento era que ella estuviera de nuevo bien.


Aquí un nuevo capítulo, es posible que las cosas se den un poco rápido (a pesar de estarle metiendo cosas), pero como sería originalmente un OneShot pues imagino que eso tiene un poco que ver.

También se que Kag es muy linda y la razón de que la escribí así, es porque eso suele pasar, me refiero a que una chica se enamora de un chico y no se tiene la suficiente confianza como para acercársele.

Bueno, creo que es todo, espero lo disfrutaran y muchísimas gracias por los mensajes que no dejan de sorprenderme.

05/05/2015