Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.


V.- Ya Era Hora.

Eran las cinco de la mañana y apenas regresaba de la boda de Miroku y estaba agotado, perdió la cuenta de la infinidad de chicas que lo invitaban a bailar y él ya no sabía cómo rechazarlas, ¡Detestaba bailar!. Pero aprovechando que los novios se fueron, se escapó de la fiesta.

Al llegar a su apartamento, solo se quitó su corbata y se lanzó a la cama. Recuperaría las fuerzas perdidas, ya que iría al hospital a trabajar. Apenas estaba cayendo en un profundo sueño, cuando a la lejanía escuchó su celular, abrió un poco los ojos para comprobar la hora 5:34 am. Esperó a que dejaran de llamar y suspiró aliviado al no escucharlo más pero enseguida maldijo a quien interrumpía su sueño, tomó el aparato con intención de apagarlo pero al ver la pantalla y que en ella aparecía "Sonomi", se levantó como resorte y contestó.

― ¿Qué pasó? ¿Kagome está bien?― hasta el sueño se le había ido, fue un grandísimo tonto al no haber contestado a la primera.

― Siento haberle despertado.― se disculpó Sonomi del otro lado de la línea.

― No se preocupe ¿Qué ha pasado?

― Según mi esposo, Kagome abrió los ojos solo momento.

― Ahora voy.

No quería perder tiempo, si ella despertaba por completo quería estar allí.

...

Llegó corriendo al hospital, apenas si se había cambiado por un conjunto deportivo, ahora que se veía en el espejo del ascensor, no llevaba buena pinta, si Kagome le veía en ese estado no le reconocería, iba demasiado desalineado. Pero fue lo primero que saco del ropero. Al llegar a su piso, fue al cuarto de Kagome dando grandes zancadas.

― ¿Cómo está?― preguntó al estar frente a los padres de Kagome.

― Su médico dice que es una buena señal el que despertará por lo menos un momento.― dijo esperanzada Sonomi.

― ¿Volvió abrir los ojos?― preguntó sin dejar de ver a la chica quien dormía tranquilamente.

― Cuando mi esposa te fue a llamar, al verme sonrió y dijo algo que no entendí.― explicó el padre de Kagome.

― Seguramente pregunto por los exámenes.― dijo en broma Inuyasha, pero Sonomi miró a su esposo y ambos sonrieron, Inuyasha ya conocía demasiado bien a su pequeña.

― Sabato, vamos a desayunar, aprovechemos que él la cuidará.

― ¿Quieres que te traigamos algo?― preguntó Sabato a Inuyasha.

― No gracias, comí bien en la boda.

― Te la encargo hijo.― dijo Sabato al darle una palmada en el hombro y salir del cuarto con su esposa.

― Cualquier cosa les llamo.― estaba apenado, era la primera vez que Sabato le llamaba "hijo" .

¿Eso quería decir que lo aprobaba para Kagome?

Una vez solos, se sentó en la cama y le tomó una mano a la chica, su mano de ella tenía moretones a causa de las agujas, estaba pálida y fría, al igual que la otra. Le tomó ambas manos y las puso entre las suyas, esperando con eso calentarlas un poco.

― Kagome, abre tus ojos, quiero volver a verlos.― rogó, esperando que ella le escuchara.


¡El universo estaba en su contra!

Estaba apoyando en una cirugía cuando la chica despertó, en otras ocasiones le cargaban mucho trabajo o debía cubrir a algún compañero que no había ido, cuando se desocupaba y podía ir a verla, la encontraba dormida, pero fuera de todo eso, se alegraba infinitamente que ella despertara finalmente.

En las pocas veces que pudieron tener un momento a solas, entraba una enfermera a monitorearla. ¡¿Qué no se podía esperar un par de minutos más!?

Y Cuando la dieron de alta, él estaba atendiendo a un señor que había tenido un accidente en el trabajo, por ello, no se pudo despedir.

Pero ese día, sería el día, no le importaba que cayese un meteorito, hubiera un tsunami o un terremoto, nada le impediría ir a ver a Kagome, se levanto temprano y fue al templo Higurashi. No iba haber fuerza alguna que se lo impidiera.

...

Se sentía extraña, estaba en su casa pero una sensación de vacío la embargaba. Llevo sus manos a su cabeza y toco en donde había recibido el golpe del choque. No recordaba mucho de ese día, lo último que recordaba con claridad era que iba pensado en Inuyasha, quería verlo de nuevo, no importaba si él ya tenía novia, había decidido que un día se quedaría hasta tarde en la biblioteca para tener una excusa y poder verle.

Sonrió al recordar que tras el accidente los paramédicos la llevaron al hospital donde Inuyasha trabajaba, de todos los hospitales la llevaron justamente a ese. Lo había podido ver en uno de los periodos en los que recobraba la conciencia, al inició pensó que era una ilusión pero pronto se dio cuenta que era real. En sus ratos libres iba a verla y eso la llenaba de emoción, hubiera querido verlo más seguido o por más tiempo pero él tenía que trabajar.

Fue al patio a tomar aire fresco y se sentó en la banca junto al goshimboku, en definitiva era un lugar relajante, observo el follaje del árbol y veía los destellos del sol que se filtraban entre las ramas, se relajó y una corriente de aire meció sus cabellos, entonces no supo "por qué" volteo a las escaleras y vio a Inuyasha caminar a ella.

Inuyasha.

― Kagome...― le llamó al encontrarla sentada tranquilamente junto a un gran árbol, se veía tan tranquila y hermosa al estar iluminada por algunos rayos de sol.

Ella le miraba con sorpresa, su corazón latía desenfrenadamente, nunca imaginó que Inuyasha fuese al templo.

― ¿Qué hace aquí Takahashi-kun?― preguntó al salir de su letargo.

― Vine a ver como estabas.― contestó simplemente.

― Mejorando, ya no me duele la cabeza.

Un silenció inquietante se formo entre los dos, ninguno sabía qué hacer o decir. Solo estaban parados uno frente al otro observándose.

― En realidad...― comenzó Inuyasha, había ido al templo con un objetivo y no perdería más tiempo.― Sé que solo nos conocemos por ir juntos en el bus, pero... Lo que quiero decir es que... A pesar de eso, yo... Quisiera saber... Bueno, solo si quieres... Yo... ¡Vayamos al cine!― lo último lo dijo casi gritando y se reprendió por no saber dominar la situación.

― ¿Qué dijo?― ¿Inuyasha le acaba de pedir ir al cine?.

― Perdón, no quise incomodarte olvida lo que dije que sigas bien adiós.― habló rápidamente para salir del apuro, eso había sido tonto, en realidad fue estúpido ¿Cómo es que llegó y la invitó a salir de la nada?.

― ¡Espere!― le gritó al ver que se iba.― ¿Es verdad lo que dice?― no se iba a quedar con la duda.

¿Qué si era verdad lo que dijo? ¡Claro que era verdad! ¿Por qué ella lo dudaba?

― ¿Por qué bromearía?

― Bueno, usted tiene novia y...

― ¡¿Qué yo qué?!― le interrumpió sorprendido ¿De dónde había sacado esa chica que él tuviese novia?

― La joven que subió con usted al bus, el día de...

― Ella no es nada mío.― ahora comprendía.― Solo si compañera de trabajo y acosadora cuentan.

― ¿Compañera de trabajo? ¿Acosadora?

― Ella es una médico general. Ese día, hubo un convivió y se pasó de copas, como no podía manejar la llevé a su casa, siempre está intentando que salgamos, pero no me interesa.

Después de aquella explicación se formó otro largo silencio, Inuyasha ya no sabía que más hacer, habían estado hablando fluidamente y de pronto ¡Boom! Nadie decía nada. Kagome se sentía como tonta, le rehuyó por varios días y todo fue un malentendido, si no hubiera sido una cobarde no lo habría tenido que dejar de ver un mes, en realidad ya casi tres meses si contaba el tiempo en que estuvo en coma.

― Hoy ya es tarde para el cine.― habló finalmente Kagome, ya no se acobardaría, la vida le daba otra oportunidad y no la desaprovecharía.

― Mañana tengo el día libre.― dijo con una sonrisa.

― Ya regreso a la escuela mañana, pero salgo a las tres, puedo verlo en la parada del hospital.― sugirió, pero a Inuyasha de inmediato le vinieron los recuerdos del accidente.

― ¡No!― rechazó por inercia y sobresalto a la azabache.― Lo que quiero decir, voy por ti a la universidad.

― Está bien, lo espero en la entrada principal.


Llego media hora antes a la universidad, no quería hacer esperar a Kagome. Dieron las tres y observo atento a verla, pasaron diez minutos y no había señales de ella, ya se estaba alterando, lo mejor era calmarse. Pasaron diez minutos más y le marcó, ella no le contestó y en su mente surgían los peores escenarios ¿Y si había tenido una recaída y ahora estaba inconsciente en algún sintió donde nadie la había notado? ¡Ya no lo soportaba! Iba a entrar a buscarla, iba a mitad del patio principal cuando la vio salir corriendo.

― Siento mucho la tardanza.― dijo agitada.― Un profesor me estaba dando los apuntes.

― No te preocupes, casi acabo de llegar.― mintió para no hacerla sentir mal.

En el momento en que llegaron a la parada, llegó el bus. Estaban por abordar cuando Kagome se quedo congelada frente a la puerta.

― ¿Estás bien?― preguntó preocupado.

― Yo... Creí que podría subir.― al ver abrirse las puertas del bus, se congeló por el miedo, su cuerpo sudaba y si no fuera por tener a Inuyasha a su lado, estaba segura que ya se hubiera desmayado.

― ¿No viniste en bus en la mañana?― preguntó confundido por el repentino ataque de pánico.

― Papá me trajo.

― Tranquila, estás conmigo.― la llevó a que se sentará a una banca, necesitaba tranquilizarla antes que entrará en shock.

― ¿Podemos ir caminando?― preguntó al saber que no iba a poder subirse al bus.

― Son diez cuadras y no es bueno que te asolees.

― Es verdad, subamos en el próximo.― ¿Qué estaba haciendo? Tenía la oportunidad de pasar toda una tarde con Inuyasha y por una tontería lo echaría a perder.

― Vamos en taxi.― sugirió Inuyasha.

― ¡Pero es muy caro!

― No te preocupes por eso.

― Pero...

― Hoy yo pago todo.― le interrumpió.

― No sería justo.

― Yo te invité.― él la había invitado y él pagaría por ella, no iba aceptar que fuese de otra manera.

― Aún así.

― No seas testaruda.

― ¿Cómo me dijiste?― preguntó ofendida.

― Testaruda...― repitió solo para poder ver su cara de enfado y allí estaba ella inflando sus mejillas.― Ya extrañaba esa cara.― confesó lleno de felicidad.

― ¿Cómo dices?― de inmediato el enojo se le fue, no entendía de que hablaba Inuyasha.

― Vámonos antes que sea más tarde.― dijo al parar un taxi, por ahora no le explicaría lo que dijo, eso se lo guardaría para otro momento.

...

Llegaron al templo Higurashi pasadas las nueve de la noche, el día se les fue como agua entre los dedos. Aún así lo habían disfrutado demasiado.

― Muchas gracias.― dijo Kagome una vez que terminaron de subir las escaleras del templo.

― Espero podamos repetirlo, pronto.

― Claro que sí.― aseguro la chica con una enorme sonrisa.

Inuyasha se inclinó y le dio un beso en la mejilla, dicho acto Kagome no se lo esperaba y se sonrojó de inmediato, al ver su reacción el ojidorado sonrió complacido, por ahora solo sería un beso en la mejilla, pero había algo que debía saber y con urgencia.

― Bueno, nos vemos.― inició despidiéndose Kagome.

― Antes de eso, quiero saber una cosa... En realidad, quiero pedirte algo...― se sentía observado por la penetrante mirada chocolate y eso le ponía nervioso.― ¿Quieres salir conmigo?

― Ya lo hicimos, si te refieres a otra ocasión, ya dije que sí.

― ¡No me refiero a eso!― ¿En realidad ella no le había entendió o se estaba burlado?― Quiero que seas mi novia.― aclaró.― Se que es muy precipitado, pero ya no puedo seguir negando lo que siento por ti desde hace meses... ¿Qué dices, aceptas?

Estaba seguro que tenía la frente llena de sudor, pero no podía controlarse, tenía los nervios a flor de piel, ella no decía nada y solo le observaba, en su rostro no veía algún indicio de la respuesta que le daría, ya temía que le dijera "no".

― Acepto.― la enorme sonrisa y el brillo en sus ojos delataban la enorme felicidad que sentía en ese instante.

― Te juro que no te arrepentirás.― prometió al abrazarla, ahora si podía calmarse, Kagome era oficialmente su novia.

Escucharon pasos desde las escaleras y al voltear vieron al padre de ella, él los miraba con seriedad y severidad. Inuyasha suspiró de nuevo nervioso, lo había olvidado, ahora debía infórmale a los padres de ella que él comenzaría a salir con su hija.

― Creo que hay algo que me deben decir.― dijo Sabato.― Y, tu y yo, tenemos que hablar seriamente muchacho.― se divertiría un poco, tal como lo hizo su suegro en su momento.


Al subir al bus Kaede, Shoga y Wakaba se llevaron una enorme sorpresa. Kagome estaba sentada en su lugar de costumbre. Llevaban demasiado tiempo sin verla, se apresuraron y fueron hasta ella. La habían extraño mucho.

― Kagome-chan, mucho gusto en verte de nuevo, nos tenías con el pendiente, supimos de tu accidente.― habló sin detenerse Shoga.

― Le pedíamos a Buda por ti todos los días.― intervino Kaede.

― Hola, siento haberlas preocupado.― dijo feliz al verlas de nuevo, ella también las había echado de menos.

― ¿Cómo te sientes?― preguntó Kaede.

― Mucho mejor, ya regresé a mi vida normal.

― Que alegría.― expresó Wakaba.

― ¿Qué tal la escuela?― indagó Kaede.

― Los maestros han sido muy amables y a pesar de haber perdido casi dos meses, me dan lecciones privadas, por eso he salido noche. Papá me lleva a la escuela y pasa por mí en la noche, pero en la tarde tengo que esperar a...― estaba por explicarles su nueva relación con Inuyasha, decirles que en ocasiones él la iba recoger, pero fue interrumpida justamente por el chico.

― ¿No fue tu padre?― preguntó sorprendido y alarmado al ver que Kagome iba en el bus.

― Le surgió algo de últimas.― explicó sin darle importancia al asunto.

― ¿Por qué no llamaste? ¿Cuánto esperaste para subir?― interrogó, sabía muy bien que a Kagome le daba aún miedo subir al bus.

― No quería molestar y media hora.― lo último lo dijo en voz baja, pero lo bastante alto para que Inuyasha escuchará.

― Sabes que no es molestia.

― ¿Te da miedo el bus?― preguntó Kaede al intuirlo.

― Un poco, ya no como antes, además ya debo superarlo.

― Pero es poco a poco, no por un arranque tonto de valentía.― le reprochó Inuyasha, estaba molesto, no, de hecho estaba preocupado, Kagome pudo sufrir un ataque de ansiedad.

Las tres ancianas les observaban atentas, había algo en ellos que no era igual que antes, algo había cambiado para bien, tenía una sospecha pero no querían hacerse falsas esperanzas, aún estaba el asunto de la chica que iba con Inuyasha el día se San Valentín.

Inuyasha se sentó en el asiento individual justo en frente de Kagome, claro que estaba molesto pero no por eso se alejaría de ella. Miró por la ventana y suspiró, sabía a la perfección que Kagome podía a llegar ser muy terca y de alguna forma esa faceta suya le volvía loca en el buen sentido, pero también le provocaba dolor de cabeza.

― Hola, soy Yura.― se presentó una chica de cabello negro corto, al subir vio al chico sentado solo, era un buen prospecto y su cabello era fabuloso, entonces no perdió tiempo y fue hasta él.― ¿Qué te parece si vamos por un trago en la siguiente parada?― preguntó sugerentemente.

― No gracias.― le rechazó de inmediato, hace tanto que eso no le pasaba y tenía que pasar justo enfrente de Kagome, después de haber discutido.

― Solo una copa y haber que pasa, sin compromiso.― no se daría por vencida.

― Nada pasará.― aseguró al verla fijamente, se giró y extendió su mano hasta la de Kagome.― Jamás le sería infiel a mi novia ¿Verdad pequeña?― preguntó al verla fijamente.

Kagome no sabía qué hacer, la chica que se le había acercado a su novio le miraba con incredulidad e Inuyasha tenía una enorme sonrisa, segundos después aquella chica se bajo del bus furiosa y fue cuando se percató que las tres ancianas tenían sus miradas sobre ellos.

― Por Buda, están saliendo.― dijo feliz Kaede.

― ¿No les habías dicho?― preguntó confundido Inuyasha, él creyó que de eso iban hablando.

― Yo... Es que... Yo... ¡¿Y yo por qué?! Se supone que tú eres el que las ha visto, no yo.― le reclamó.

― Desde que lo eres, solo las he visto dos veces y no iba a llegar a decirles "Kagome es mi novia".

― ¿Entonces por qué yo sí?

― Creí que de eso iban hablando.

Iban a seguir discutiendo pero las risas de las ancianas les interrumpieron.

― Ya era hora, creímos jamás se animarían.― habló Kaede.

― Con razón estás más sobreprotector.― señaló Shoga.

― Me preocupa, solo quiero que este bien, pero es tan necia.― dijo apenado Inuyasha.

― Estoy bien, nada malo me paso.― estaba enternecida, era la primera vez que Inuyasha admitía públicamente que ella le preocupaba.

Al estar por llegar a su parada, Kagome se despedía de sus amigas cuando sintió que Inuyasha le quitaba su mochila.

― ¿Qué haces?

― Voy a acompañarte, tu padre dijo que te cuidara.― dijo al recordar la conversación que habían tenido.

― Pero, solo doblo la esquina.

― Kagome.― dijo su nombre en advertencia.

La azabache suspiró resignada, Inuyasha tenía esa mirada de "no voy a cambiar de opinión", además con su pequeño "tonto" arranque de valentía, él no la dejaría ir sola.

― No tenías que acompañarme, se te hará más tarde.― dijo al haber llegado al templo.

― Tenía que, la noche es muy peligrosa para una jovencita.― dijo una voz.

― ¡Papá!― ¿La estaba esperando? ¿O la estaba espiando?

― Si quiere mi consentimiento para salir con mi niña debe cuidarla bien ¿Cierto muchacho?

― Así es señor.

Kagome les miró con rencor, su padre e Inuyasha congeniaban bien, eran cómplices, cualquier otra chica estaría feliz de que su padre no viera con malos ojos a su novio, pero ella no, aquello no era justo, ambos complotaban contra ella.

― Ya me estaba preocupando al ver que no llegabas, debiste hacerlo hace veinte minutos, ya iba a buscarte.

― Inu tardo en llegar, ya sabes que tiene su horario.― ante la explicación de Kagome, Inuyasha le observaba confundido, eso no había pasado.

― Eso me dijo tu madre... Sonomi cocinó ramen ¿Quieres muchacho?― le ofreció para agradecerle.

― Me encantaría.

― No le digas la verdad.― pidió en voz baja Kagome a Inuyasha.― Para que no se preocupara le dije que te llamaría.― explicó apenada.

― Con una condición.― por esta ocasión la cubriría, pero iba a poner acuerdos.― No vuelvas hacerlo, sin importar que llámame, si yo no puedo ir Miroku ira.

― Lo haré, pero no quiero seguir con miedo.

― Te voy a ayudar a superarlo, pero...

― Poco a poco.― interrumpió al saber lo que él diría.

― Exacto.

― Vayamos por tu ramen.― le tomó de la mano y entraron a la casa.


Ese domingo iba a disfrutar de otra tarde con Inuyasha, le encantaba salir con él. Como siempre el chico llegaba puntual y la esperaba bajo el goshimboku. Iban a ir al acuario, verían un espectáculo de delfines y luego irían a comer pizza.

― Te tengo un regalo.― dijo Inuyasha al sacar una caja de su mochila.

― Sabes que no debías traerme algo.― no le parecía correcto que Inuyasha le estuviese dando regalos solo porque sí.

― Tenía que, más desde que me enteré de algo.― Kagome le miró sin comprender.― Tres aves me contaron que gastaste tus ahorros para comprarte ropa nueva. Así es, me lo dijeron todo.

― No debieron hacerlo, ese era un secreto...― se quejó abochornada.

― Morí de celos, pensé que irías a una cita o habías tenido una.― confesó para que ella no se sintiera incomoda.― Acéptalo, después de todo compraste esa linda ropa por mí.― dijo con una sonrisa de lado y a Kagome se le subieron los colores.― Abre tu obsequió.

― Esto... Es más costoso que la ropa.― dijo sorprendida al ver el celular que su novio le había dado.

― Lo que me recuerda, me debes unos chocolates, ¿Con eso estamos a mano?

― ¿Y si un día de estos te preparo ramen?― sugirió al saber que Inuyasha prefería sobre todas las cosas aquella comida.

― Muchísimo mejor que los chocolates... Ahora, démonos prisa o no llegaremos al espectáculo de delfines.

...

Esperaban bajo un árbol a que diera la hora y entrar a ver a los delfines, cuanto Inuyasha recordó algo que había querido saber desde hace mucho.

― ¿Me dirás por qué no me creías que quería salir contigo?.

― No.― contestó simplemente, no le diría nada.

― ¡Kagome!― él tenía derecho a saberlo.

― No te lo diré.― dijo decidida cruzándose de brazos.― ¡Bájame!― gritó al ser alzada por Inuyasha como si fuese un costal de papas.

― Dímelo.

― ¡No!

― Conseguiré que me lo digas.

― No lo creo.― no daría su brazo a torcer, tenía su orgullo.― ¡Bájame! Ya están entrando.

― Entonces tendrás que decírmelo.― aquello estaba siendo divertido, era una suerte que Kagome llevara pantalón, estaba por asustarla y hacerle creer que iba a tirarla, pero su celular sonó.

― Tienes que contestar.

― No tengo que hacerlo.― dijo decidido, pero el maldito aparato no dejaba de sonar, de malas bajo a Kagome y contestó.― Diga... ¿Ahora?... ¿Tan urgente es?... Está bien, llegó en veinte minutos...― colgó y miró con pena a Kagome.― Perdón...

― Tienes que ir.― ya sabía a qué se refería Inuyasha, iban a cancelar porque tenía que ir al hospital.

― Sí, pero... He hecho lo mismo las últimas ocasiones.― dijo al sentirse culpable por cancelar su cita por quinta vez en el mes, al menos esta vez había logrado estar juntos unos momentos y no la dejo vestida y alborotada.

― Ve a salvar vidas.― le animó.

― Te amo, te llamaré cuando terminé y juro que estaré contigo en la fiesta de graduación.

― Más te vale.

― Démonos prisa, tengo que dejarte en el templo.

Kagome asintió y le observo con tristeza, tenía que admitir que le dolía cuando cancelaba sus citas, pero también entendía que eran los gajes de su profesión.


Hola gente bonita. Siento la demora, pero les traigo un capítulo más largo en recompensa.

Aquí se explica lo que ocurrió en Sn. Valentín, como alguien comento "malditos malos entendidos" (o algo así XP).

Espero fuese de su agradó, nos estamos leyendo y miles de gracias por sus mensajes :).

10/05/2015