Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.


VII.- Regreso.

Eran pasadas las nueve de la noche, fue a la parada del bus y se sentó cansada, hace tanto que no se quedaba hasta tarde en la universidad, no podía creer que el tiempo se fuera como agua entre los dedos. Hace dos meses que terminó sus prácticas y ya estaba por titularse, pero hace año ocho meses que Inuyasha se había ido, mientras estuvo en Panamá hablaban por Skype, pero cuando lo mandaron a Siria apenas si hablaban por teléfono y hace tres meses que no sabía nada del chico, cada vez que veía en las noticias de los conflictos en esa parte del mundo, temía por la vida de su novio.

Observó el cielo y vio la gran luna llena que había esa noche, aquello le lleno de melancolía, Inuyasha se había ido una noche de luna llena y fue lo último que vieron juntos.

Estaban en la terraza del área de comida del aeropuerto, la luna estaba completamente redonda y más grande de lo que normalmente se veía. Sin proponérselo miró la hora, en solo diez minutos Inuyasha debía entrar a la sala para esperar a abordar.

No llores.― pidió Inuyasha al ver llorar a su novia.

No estoy llorando.― negó a pesar de tener la cara llena de lagrimas.

Inuyasha la acerco a su pecho y la abrazo, quería embriagarse de su aroma antes de irse.

Te equivocaste en algo.

¿En qué?― dijo con un sollozo.

Mi más grande sueño no es médicos sin fronteras.― le levantó la cara, secó sus lagrimas y la miró a los ojos.― Eres tú, mi más grande sueño eres tú, es verdad que entrar a médicos sin fronteras lo era, pero fue antes de conocerte.

Inu...― murmuro con voz entrecortada, nunca imaginó que él le diría esas palabras.

Te amo Kagome, prometo que voy a regresar, hablaremos seguido y te aseguro que cuando regrese ya nada me va a alejar de ti.

"Pasajeros del vuelo JP125P de Japan Aerlines con destino a Panamá con horario de 23:35, favor de ir a la sala de espera."

En ese momento Kagome no se contuvo y se soltó a llorar, no quería que se fuera ¿Por qué no se lo impidió cuando pudo?

Kag, me tengo que ir.― no le gustaba dejarla y mucho menos llorando.

Promete que te vas a cuidar, tienes que regresar con bien.

Te lo prometo.― sujetó la cara de ella con ambas manos y sin importarle los espectadores, entre ellos las familias de ambos, la beso hasta que se quedo sin aliento.

Limpió unas traviesas lagrimas y subió al bus que acababa de llegar. Después de aquel día, visitaba el centro de ancianos a ver sus amigas, lo mejor era estar ocupada, pero no podía olvidarse de Inuyasha, no es que quisiera hacerlo pero... No quería sentir ese vacío en su corazón.

― Kagome ¿Qué haces viajando a estas horas?― preguntó sorprendida Kaede al verla.

― Fui a entregar mi última revisión de mi trabajo de titulación.― explicó, ese momento le traía tantos buenos recuerdos, como quería regresar el tiempo.

― ¿Y cómo vas?

― Atrasada, la redacción me cuesta mucho, si Inuyasha estuviera aquí me ayudaría.― dijo con nostalgia.

― Arriba ese animó, tu puedes.― animó Shoga.

Al llegar al hospital su corazón se oprimió, observó la calle y vio a algunos trabajadores del hospital, está vez Inuyasha no iba a subir. Al sentir las lagrimas acumularse en sus ojos, con las mangas de su suéter se tapo los ojos en un intento por no llorar.

― ¿Por qué te cubres los ojos?

Quitó sus manos de sus ojos, no creía lo que escuchaba, era imposible, ya se le había vuelto loca. Alzó la mirada y se encontró con Inuyasha, tenía el cabello hasta los hombros (un poco más largo de lo que solía usarlo), su piel estaba bronceada y algo bajo de peso; aún así, eso no le quitaba su atractivo.

― ¡Inuyasha!― gritó emocionada y se lanzó a sus brazos, abrazándolo lo más fuerte que pudo.

― Yo también te extrañe.― dijo correspondiendo el saludo.

― Regresaste antes ¿Por qué?― no es que no le gustara la idea pero tenía tantas preguntas.

― Surgió una oportunidad de ceder mi lugar a alguien más y no lo dude dos veces.

― ¿Cómo te fue? ¿Te vas a volver a ir? ¿Cuándo regresaste?

― Me fue bien, no me voy a volver a ir y regrese ayer, antes que me reclames.― le interrumpió al ver que ella le iba a reprochar.― No te fui a ver porque estuve preparando algo, más bien estuve pensando qué lugar sería más apropiado y al final lo supe.

― No te entendiendo.― le observó confundida e intentando averiguar de que hablaba.

― Nos conocimos en el bus, me enamore de ti aquí y que mejor lugar que esté... Kag, Yo deseo que... En realidad espero que... Me harías muy feliz si... Deja de verme de esa manera.― pidió al sentir su penetrante mirada sobre él, le estaba poniendo más nervioso de lo que estaba.

― ¿Te haría feliz si no te miro?― preguntó preocupada, no le gustaba por donde iba aquello. ¿Y si estaba intentado romper con ella? Seguramente conoció a otro chica.

― No me refiero a eso.

― ¿Entonces a qué? Fue lo que dijiste.― le reclamó.

― No es lo que quería decir.― se defendió, él pensó que la cosa iba a ser más sencilla, lo estuvo ensayando por mucho tiempo.

― Si te explicas mejor te entendería, no leo la mente.

― Eso ya lo sé, pero me pones nervioso.

― ¿Ahora es mi culpa?― preguntó indignada.

― ¡Maldición, estoy intentando pedirte que seas mi esposa!― lo gritó finalmente, ese no había sido el plan.

Kagome no creía lo que acaba de escuchar, debió escuchar mal... Inuyasha no acababa de regresar y lo primero que hacía era pedirle matrimonio ¿verdad?. Estaba soñando despierta o se quedo dormida en la biblioteca, el bus o la parada, pero todo se veía tan real.

Por su parte, a Inuyasha el tiempo se le hizo eterno, Kagome no le respondía, solo se le quedaba viendo y no se movía. ¿Y si ella no estaba preparada para un compromiso tan enorme? Debió tomarse las cosas con más calma, pero ya no quería esperar, todo ese tiempo lejos de ella fue un verdadero martirio. De reojo pudo ver en las ventanas, el reflejo de las pocas personas que iban en el bus, todas les miraban atentos a lo pasaba y eso solo sirvió para su corazón se acelerara más.

― Ya acepta, al pobre le va a dar un ataque de ansiedad.― intervino Kaede al ver que ella no contestaba y el chico ya sudaba de los nervios.

Kagome volteo a ver a las ancianas, ellas tenían enormes sonrisas, lo que estaba viviendo no era un sueño o alucinación, era real, Inuyasha le acaba de pedir matrimonio y ella no le contestaba.

― ¿Qué dices?― preguntó Inuyasha, deseando que la respuesta de ella fuera afirmativa.

― Tonto... Claro que quiero.― apenas contestó, el ojidorado la abrazo y le dio un pequeño beso haciendo caso omiso a los aplausos de los pasajeros y el chofer.

― Te lo dijimos, no había de que preocuparse.― comentó Wakaba.

― ¿Cómo que te dijeron? ¿Ellas ya lo sabían?― interrogó Kagome al captar el sentido del comentario.

― Sentémonos y te lo explico.― dijo Inuyasha al percatarse que seguían parados y ya las otras personas habían regresado a lo suyo.― Fui a verte a tu casa, no estabas y le dije a tus padres lo que quería hacer, en ese momento me dijeron que habías ido a universidad y esté podría ser el mejor momento, me apresuré a ir con ellas.― refiriéndose a las ancianas.― Necesitaba que me ayudaran para poder sorprenderte.

― Lo tenían todo planeado, sabían que yo iba en el bus y se sorprendieron falsamente.― les acusó.

― No sabíamos que fuéramos tan buenas actrices.― bromeó Shoga.

― Pero te faltó algo jovencito ¿Dónde está la alianza?― preguntó Kaede.

― Tengo algo mejor que una alianza.― dijo al sacar de su bolsillo interior de la chamarra una caja negra.― La mayoría da anillos y aunque busque por todos lados el indicado, no lo encontré, pero me topé con esto.― iba explicando al abrir la caja.― En el instante que lo vi, supe que era para ti.

― Es hermoso.― exclamó con voz cortada por la emoción Kagome, en la caja había un collar de oro blanco con una perla rosada.― Muchas gracias.

Y sin desaprovechar un segundo más, Inuyasha le colocó alrededor del cuello el collar a Kagome.


Le dolía todo el cuerpo, tenía mucho frió, quería llorar por el dolor de cabeza y tenía hambre, pero todo lo que comía le sabía mal. ¡No le gustaba estar enferma!. Lo peor era que sus padres no estaban, se habían ido a un pequeño viaje por todo el fin de semana, por lo que solo ella y Souta estaban en casa. Se suponía que ella vigilaría a Souta y la cosa terminó al revés, su hermanito la estaba cuidando a ella.

Vio la hora y apenas si pasaba el medio día, lo mejor era intentar dormir y esperar que las medicinas hicieran efecto. Y en el momento en que estaba por quedarse dormida, escuchó a alguien entrando a su habitación. Espero un momento pensado que era Souta y se sorprendió al ver a Inuyasha.

― Yasha ¿Qué haces aquí?― preguntó al verle tomar asiento en la cama, junto a ella.

― Souta llamó, me dijo que tus padres habían salido de fin de semana y habías enfermado, así que vine a cuidarte.

― Se supone que no debes atender personas cercanas y ya vino un médico.

― Dije que vine a cuidarte, ¿Cómo te sientes?― preguntó al apartarle un par de mechones de su cara, ella se veía pálida y eso le preocupo.

― Me duele la cabeza.

― No tienes fiebre.― dijo al poner su mano sobre la frente de ella.― ¿Ya comiste?― preguntó mientras revisaba los medicamentos que le habían recetado, con todo lo que le indicaron se pondría bien, pero debía esperar a que le hicieran efecto.

― Casi nada, todo me sabe mal.

― Traje para hacer caldo de pollo, vas a comer eso, te tienes que alimentar.

― ¿Te vas a quedar aquí todo el día?― preguntó esperanzada, no quería que Inuyasha se fuera.

― El tiempo que quieras y por el trabajo no te preocupes, cobre algunos favores y tengo el fin de semana libre.

― ¿Podrías acostarte junto a mi?

― Lo que quieras.― se acomodo en la pequeña cama, la abrazo y le daba caricias.

No paso mucho tiempo para que Kagome cayera dormida, tener a Inuyasha junto a ella le había relajado y le hizo sentir mejor. Y una vez que el chico se cercioro que ella se quedara profundamente dormida, se levantó con mucho cuidado, no quería despertarla, quería aprovechar aquello para ir a preparar el caldo, su pequeña necesitaba comer y él la obligaría.


Después de ocho horas finalmente tenía un momento de paz y lo aprovecho para ir a comer. A toda prisa fue a la sala de médicos, donde al entrar al primero que vio, fue a Miroku a la mesa y dos enfermeros durmiendo en los sofás.

― Por tu cara puedo decir que no has descansado ¿Cierto?― comentó Miroku a modo de saludo.

― Hoy es uno de "esos" días.― un día en donde no sabían de dónde salía tanta gente enferma o con lesiones inexplicables.― Pero tú no puedes quejarte, nunca alargan tu horario.― hablaba mientras calentaba en el horno su comida.

― Pero tengo pacientes que no respetan la privacidad, me hablan a mitad de la noche para que los tranquilice.

― ¿Cómo se lo toma Sango?― preguntó al sentarse junto a su amigo.

― Hasta ahora con tranquilidad... ¿Me das?― pidió al ver la pasta que comía Inuyasha.

― Tú ya comiste.

― Solo un poco, no seas envidioso.

― Es lo único que te daré.― advirtió al ponerle un poco en la tapa de su refractario.

― Faltan dos meses, pero ¿Nervioso por la boda?

― Lo normal, supongo.

― ¿Kagome ya tiene todo?

― Hace tres semanas, mi madre y Sonomi la llevaron a comprar el kimono.

― ¿Y tú qué tal? ¿Ya tienes el tuyo?

― El mío lo entregan la próxima semana.

― Para serte honesto, jamás creí que llegaría ese día.― dijo con melancolía.

― ¿Cuál día?

― El día de tu boda.

― Yo debería haber dicho eso, tú eras el mujeriego.

― Pero si me veía casado, junto a una linda esposa y con hijos, ahora tengo a mis hermosas gemelas y un niño en camino... Pero tú, amigo mío, eras el eterno soltero.

Ante los comentarios de Miroku, Inuyasha sonrió, todo lo que decía era verdad.

― Tal vez lo único que te faltaba era encontrar a la persona que estuviera al otro lado de tu hijo rojo.

― No me veo ya sin Kagome, la vida nos dio otra oportunidad y no la desperdiciaré.

― Así se habla... Ahora dime algo.― dijo al poner cara de seriedad, Inuyasha aguardo pacientemente, debía ser algo importante.― ¿Hasta dónde han llegado la señorita y tú?

― Imbécil, pensé me dirías algo importante.― dijo completamente rojo.

― ¿Y no es importante?

― Eso no es tu incumbencia.― continuó comiendo para ignorarlo.

― Quiere decir que no lo han hecho.― dijo con serenidad.

― ¡Deja de examinarme!

― Tranquila pequeña bestia... Pasando a otra cosa ¿Cómo le va a Kagome en su trabajo?

― Dice que bien, pero la noto cansada y se duerme tarde para preparar la comida.

― ¿Cómo que prepara la comida? ¡¿Ya viven juntos?!

― ¿Te quieres callar?― pidió al ver que casi despierta a sus compañeros.― No vivimos juntos, me he quedado en su casa, mi apartamento lo están remodelando.

― Es como si ya vivieran juntos, y ya estás preparando tu nidito de amor ¿verdad picarón? Lo sé, cierro boca.― se apresuró a decir al recibir una mirada asesina de Inuyasha.

― Takahashi, una emergencia en el cubículo tres.― dijo una enfermera al irrumpir en la sala.

― Ya se habían tardado, ¿Podrías guardar mi comida en el refrigerador?― pidió a Miroku.

― Por supuesto.


Kagome observaba divertida como era que varías ancianas se le acercaban a su novio y "le coqueteaban", pero lo más gracioso era la épica cara de Inuyasha, con la simple mirada le suplicaba que le sacara de aquel lugar.

― ¿No preferirías a alguien con experiencia? Yo tengo mucha.― dijo una mujer y a Inuyasha se le subieron los colores a la cabeza.

― ¿Qué tiene él que nosotros no?― intervino un anciano.

― Juventud.― contestaron varias mujeres para luego reír.

Kaede, Shoga y Wakaba salían de su juego de bingo, cuando vieron a Kagome e Inuyasha en el recibidor del centro de ancianos, el cual estaba lleno de compañeros. Al llegar al alboroto, se percataron del espectáculo que estaban dando algunas de sus amigas.

― Dejen al chico el ya tiene dueña.― medió a manera de broma Wakaba.

― ¿No será que lo quieren para ustedes?― bromeó igualmente otra mujer y todos al rededor rieron.

― Los dejamos, pero esperamos verte pronto.― dijo otra anciana al guiñarle a Inuyasha.

― Lo siento Yasha, si hubiera sabido que esto iba a pasar...― decía en voz baja Kagome, al final la culpa le invadió.

― Ya no importa, hagamos lo que venimos a hacer.― todavía sentía su cara arder por la vergüenza, pero su pequeño espectáculo ya había acabado.

― Muchachos, cuánto tiempo.― saludo Shoga.― ¿Qué los trae por acá?

― Les venimos a dar esto.― dijo Kagome al extenderles tres sobres, uno a cada una.

Las ancianas los examinaron, se vieron entre ellas y luego a la joven pareja.

― ¿Pasa algo malo?― preguntó preocupada la azabache.

― Creímos que solo querían familia con ustedes.― dijo un poco conmocionada Kaede.

― Queremos que ese día estén presentes, gracias a ustedes estamos juntos.― explicó Inuyasha al tomar a Kagome se una mano.

― Inu tiene razón, sin su intervención nada de esto hubiera sido posible. Y, tienen razón, en la boda solo tendremos familia, amigos muy cércanos, personas importantes de nuestras vidas... Ustedes son importantes para nosotros.― aclaró con una enorme sonrisa Kagome.

― ¡Hay estaremos!― dijeron emocionadas hasta las lágrimas.


¡Gomen! Siento muchísimo el atrasó, no sé que me paso. Ojala la espera valiera la pena y miles de gracias por sus mensajes, en verdad, de corazón.

Y Hossana me sorprendiste mucho, que alguien de habla portuguesa leyera la historia y más que dejara un mensaje, muchas gracias y me alegra que te sea fácil de entender.

06/06/2015