Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.


VIII.- Viaje.

Besóel hombro desnudo de Kagome, quien en esos momentos estaba tranquilamente dormida boca abajo. Se limitó a contemplarla y sonrió como tonto al recordar la conversación que había tenido días atrás con Miroku. Era la primera vez que podía ocultarle algo a su mejor amigo, él ya disfrutaba del cuerpo de Kagome cada que podía desde aquel día en que ella enfermó. Podía recordarlo claramente.

Lavaba los platos de la comida, había logrado hacer comer un poco a su novia y ahora ella dormía de nuevo, mientras tanto Souta terminaba su tarea en la sala.

Inu onisan, voy a ir a casa de Satoru por mi libro de algebra.

¿Quieres que te lleve?― preguntó al colocar en el escurridor el último plato.

Quédate cuidando a mi hermana, no me tardo.

¿Llevas teléfono?

Aquí lo tengo.― se lo mostró sacándolo de su pantalón.

Ten cuidado.

No me tardo.

...

Preparaba un té para que Kagome se tomara con la medicina, cuando desde la ventana de la cocina observó el cielo oscurecer y pequeñas gotas llegar al vidrio, a lo lejos vio un rayo y se preocupó por su pequeño cuñado. Descolgó el teléfono de la cocina y le marco.

Souta ¿Dónde estás?.― si algo malo le pasaba jamás se lo perdonaría, en ese momento, él era su responsabilidad.

En casa de Satoru, estaba por llamarte, la señora Takeda quiere hablar contigo.

Hola, soy la madre de Satoru.― habló una mujer.― Me dice Souta que eres el prometido de su hermana y por ahora estás a cargo.

Sí.― contestó apenado de que la gente ya le fuese conociendo como parte de la familia.

No te preocupes por Souta, lo llevó al templo en cuanto deje de llover.

Está bien, se lo agradezco.

Colgó y sirvió el té en una taza, subió a la habitación de la chica y ella aún estaba dormida. Dejó la taza en el buró y la despertó con delicadeza, pasó una mano por su rostro y con la otra la movió por los hombros.

Kag, tu medicina.

Apenas abrió los ojos y dejó que Inuyasha la ayudará a sentarse, tomó en sus manos una pastilla, se la metió a la boca y se la tragó con ayuda del té.

No te vayas.― pidió al sentirlo levantarse.― Quédate conmigo.― lo tomó de la mano y le obligó a sentarse nuevamente.

No me iba a ir, iba tomar el jarabe que está en tu escritorio.― explicó, pero nada le preparó para lo que iba a ver.― ¡¿Qué haces?!― preguntó con los nervios a flor de piel al verla quitarse su playera.

Tengo calor.― contestó una vez que quedo solo con una fina camiseta que dejaba ver que no llevaba sostén.

No tienes fiebre.― dijo al tocarle la frente y sentirla normal.― Pero lo mejor es que te prepare el baño para...

Tú me provocas tener calor.― explicó al hincarse en el colchón, abrazar a Inuyasha por los hombros y darle besos en el cuello.

¡Mierda! Inuyasha tragó por los nervios, debía calmar a Kagome, por supuesto que él se moría de ganas por pasar un momento de pasión, pero ella estaba enferma, seguramente perturbada por el medicamento y no podía aprovecharse de ella.

Kag, detenerte.― pidió al sujetarla por la cintura y sentarla de nuevo en la cama.

Lo sabía, no te gusto de esa forma.― dijo queriendo llorar.

No es eso, todo lo contrario.

¿Entonces?― preguntó con ojos llorosos.

Estas enferma, te toca la otra medicina y debes descansar.

Ya me siento bien.

Descansa y te prometo que...― no le dio tiempo de terminar la frase, Kagome se había levantado rápidamente, atrapándolo con sus brazos y besándolo ardientemente.

Tú también lo quieres "ahora".― dijo recalcando la última palabra mientras le bajaba la bragueta e introducía una mano en el pantalón, logrando acariciar la erección que se formaba poco a poco.

¡Kuso, Kagome!.― adiós autocontrol, la acostó en la cama y le hizo gemir de placer por la siguiente hora.

Inuyasha y Kagome estaban acostados en la cama, ella dormía nuevamente teniendo como almohada un brazo del chico y él se dedicó a contemplarla, el sueño ya lo estaba venciendo también justo cuando un sonido en la sala llamó su atención, de inmediato culpo al gato y se acurrucó. De nuevo otro sonido y alcanzó a escuchar voces.

¡Souta!, gritó su voz interna, lo había olvidado.

Se levantó y vistió lo más rápido que pudo, podía escucharlo subir las escaleras ¡¿Dónde demonios estaba su playera!? Con horror vio que estaba bajo el cuerpo de Kagome, ¿Ahora qué hacía?.

¡Inu onisan!― gritó al tocar la puerta del baño, abrió la puerta y nadie.

¿Qué hacia? No se podía permitir traumar a Souta.

Inu oni...

¿Qué paso?― preguntó al salir del cuarto de Kagome y toparse con el pequeño justo a tiempo.

¿Por qué no llevas playera?― preguntó con total inocencia.

Tu hermana no se sintió bien con el sabor de la medicina y...

¿Te vómito?― su cara de asco no se hizo esperar y dio un paso atrás.

¡No!.― negó de inmediato.― Se la di para que se cubriera la boca.

Voy a verla.― dijo al intentar entrar al dormitorio.

Déjala dormir.― le bloqueó el paso en un rápido reflejo.― Apenas logró dormir de nuevo, vamos abajo, tengo que ponerme otra playera.― lo bueno era que llevó ropa para pasar la noche.

¡Es verdad! La mamá de Satoru quiere verte.― informó al recordarlo, los había dejado esperando en la sala.

¿Y los estuviste haciendo esperar? Vamos.

Inu onisan.― le detuvo al intuir que no era buena idea que la mamá de Satoru, viera a su cuñado con el torso descubierto.― Yo voy por tu mochila, están en la sala.

Date prisa enano.

Aquel día se salvaron de ser descubiertos, claro que a Kagome no le gusto lo que se inventó, pero al explicarle la situación lo acepto, ella tampoco quería dejar traumado a su hermano y mucho menos, quería tener que darle "la charla".

― Levántate, ya es tarde.

― Otro rato.― pidió al abrazar más fuerte una de las almohadas.

― Tengo que llevarte a tu casa antes de ir a mi guardia.

Kagome abrió los ojos y le miró con reproche, odia que se tuvieran que separar hasta por más de 24 horas.

― Sabes que tengo que ir.

― Lo sé, es solo que...

― Saliendo iré por ti y venimos aquí de nuevo.― dijo al intentar animarla.

― No lo olvides.― esbozó una leve sonrisa y se giró para quedar cara a cara con su novio.

― No podría.

― ¿Ya te he dicho que te mató si no llegas a la boda?― preguntó con una sombría sonrisa y un escalofrió recorrió el cuerpo del chico.

― Muchas veces, pero ya avise y te aseguro que nada me impedirá estar puntual.― dijo al darle un pequeño beso.


Dos años después.

Miroku iba de un lado para otro afuera de la sala de operaciones, veía su celular una y otra vez ¿Cuánto tiempo más se tardaría? Aquella cirugía no debía durar más de dos horas y ya iba por la cuarta. Pero finalmente vio salir a su amigo.

― Ya era hora que terminaran.

― ¿Qué sucede?― preguntó preocupado al ver a Miroku tan ansioso.

― Kagome ya va a tener al bebé, cuando la deje sus contracciones eran más seguidas.

― ¡¿Hace cuanto que la dejaste?!.― preguntó al caminar a toda prisa al elevador.

― Como doce minutos, he ido y venido esperando que terminaras.

― En la mañana estaba bien.― no entendía que pudo suceder, además faltaba una semana.

― De hecho no se había dado cuenta, no se le pasaba por la mente que el bebé estuviera por nacer.

― ¡¿Cómo que no se había dado cuenta?!

¡Maldición no debió dejarla sola! y ¡Maldito elevador no se apuraba!

― Sango y yo fuimos a verla, apenas si estuvimos diez minutos cuando notamos que no dejaba de tocarse el vientre... La trajimos y Midoriko dijo que faltaba poco para que naciera, según ella, por ser primeriza no lo notó, pero que era probable que desde la madrugada ya tuviera las señales.

¿Y él por qué no se dio cuenta? ¡Mierda, él era médico!

― ¿En qué cuarto está?― preguntó al llegar al área de maternidad.

― Sígueme, Sango está con ella.

Llegaron al cuarto y al entrar no había nadie, el pulso de Inuyasha se acelero más por muchas cosas, nervios, miedo, angustia, emoción... Estaba por salir e ir a preguntar por su esposa y se topó el cuñado de Miroku.

― Kohaku ¿Dónde está mi esposa?― preguntó al joven que iba en su encuentro.

― En la sala de partos.

― Inuyasha, no puedes pasar, ya comenzó.― le detuvo Miroku.

― ¿Con quién está?

― Con mi hermana.― contestó de inmediato Kohaku.

― Tranquilo, estarán bien, vamos a la sala.― sugirió Miroku para intentar calmarlo, ya suponía los nervios que debía tener su amigo, él mismo los había tenido en su momento.― Kohaku ¿Puedes traernos algo de beber?.― el chico asintió y los dejo solos.

― Me perdí el nacimiento de mi bebé.― dijo con pesar y culpabilidad al sentarse en un sillón, él quería estar ahora con Kagome.

― No es verdad, estás aquí... Ya entendí.― se apresuró a decir al ver la mirada que le daba Inuyasha.

― No quiero perderme sus cumpleaños, festivales de la escuela, sus primeros pasos, su primer palabra...

― No lo harás, encontraras un equilibrio entre tu trabajo y familia, mira que yo sé de eso, no por nada ahora tengo tres hijos.― su intento por bromear y alegrarlo no funciono, Inuyasha estaba decaído.

― Miroku, en la graduación de Kagome estaba en quirófano, en dos de sus cumpleaños desde que comenzamos a salir en quirófano, cuando supo qué sería nuestro bebé en...

― En quirófano, ya entendí... Pero no puedes hacer nada, eres cirujano.

― Hace un mes la esposa de Tatewaki lo dejo porque no pasaba el suficiente tiempo con ella, cuando ella lo dejó ya se había conseguido a otra persona... No quiero que eso nos suceda, no quiero perder a Kagome.

― Tatewaki engañaba a su esposa con Kikyou, tu no engañas a Kagome.

― ¡Jamás lo haría!

― Eso es bueno, ella sabe que la amas y sabe las desventajas de tu profesión, deberías hablar con ella, decirle todo esto.

― Inuyasha.― le llamó Kohaku.― Dicen que ya puede pasar a los cuneros y en cuanto Kagome este de nuevo en su cuarto nos avisan.

― Gracias.

― Vamos a conocer a mi sobrino.― animó Miroku e Inuyasha sonrió de felicidad al darse cuenta que después de tantos meses, podría tener en sus brazos a su bebé.


Observó desde la puerta del dormitorio a su esposa acostada en la cama con Tadashi a su lado. En ocasiones no podía creer que ya tuvieran dos semanas con su hermoso bebé, que en palabras de Kagome era una copia de él. Se acercó hasta la cama y lo observó dormir tranquilamente, por ahora era un niño muy tranquilo y eso le calmaba, así Kagome no tenía que batallar tanto con él.

Aquel era el primer fin de semana que podía compartir por completo con su familia. Y se sentía culpable, ni un día tenían de tener a Tadashi cuando debió pasar casi dos días en el hospital haciendo guardias y Kagome sola en casa con un recién nacido. Claro que ambas abuelas estuvieron con ella pero, ¡No era su responsabilidad era de él!.

Se acostó a la espalda de su esposa y la abrazó, acomodando su cabeza en el hombro de ella. Dormiría un rato junto a ellos y luego irían a comprar las cosas que hicieran falta, si mal no recordaba, debían ir por víveres, pañales, toallitas y jabón hipoalergénico para la ropa de Tadashi.

― Inuyasha.― llamó Kagome al sentirse en los brazos de su esposo.

― Creí también dormías.

― Lo hacía.

― Perdón, no quise despertarte.― Kagome debía estar agotada y él despertándola.

― No lo hiciste tu, en verdad.― agregó al notar que no le creía.― Ya no tengo sueño.

― ¿Te digo un secreto?― preguntó al darle un beso en una mejilla y ella asintió.― Cuando entre al hospital mi padre iba a darme uno de sus coches, pero debía esperar que me asignaran lugar en el estacionamiento y cuando finalmente me dieron lugar lo rechace.

― ¿Por qué?.

― Porque tres ancianas hicieron que conociera a una chica de hermosos ojos chocolate y si llevaba coche ya no podría verla.

Kagome abrió grande los ojos por la sorpresa y volteó a verlo, no creía lo que escuchaba, Inuyasha no pudo fijarse en ella desde el primer día ¿O sí?.

― Si me hubieran asignado lugar un solo día antes y no al siguiente de eso, jamás te hubiera conocido.

― Fue cuando me golpe en la ventana.― dijo al recordar aquel evento.

― No, fue cuando Kaede me pidió algo para su dolor de articulaciones, me llamó la atención que no me voltearas a ver y el día que solo coincidimos nosotros dos, no tienes idea el gusto que me dio, pero luego tu no querías que te ayudara en tus lecturas, no te dabas cuenta que era un pretexto para estar contigo.― confesó apenado, pero todo aquello tenía una razón, quería recordarle lo importante que ella era para él.

Kagome sonrió, desde entonces Inuyasha se había preocupado por ella y nunca lo notó, se estuvo martirizando por mucho tiempo y debió suceder su accidente para darse valor.

― Pequeña, si sientes que en algún momento los descuido o se sienten desplazados por mi trabajo, dímelo.

― Tranquilo, yo lo entiendo.― posó una mano en la cara de su esposo y le sonrió.

― No quiero perderlos.― finalmente le estaba confesando sus temores.

― No lo harás, se las desventajas de haberme casado con un estupendo médico, algunas veces me siento triste por ello, pero eso no cambia el que te ame como lo hago.

― Promételo, hablaras conmigo antes de buscarte a alguien más.

― No digas tonterías, no te cambiaría. Y tú no te fijes en alguna colega.

― ¿Cómo podría si me esposa ocupa mi mente?

― Más te vale.

Inuyasha se inclinó a besarla y pronto sintió que Tadashi se agitaba a su lado, para comenzar a llorar.

― Creo que alguien tiene hambre, ya te dan de comer, no llores.― pidió Inuyasha al cargarlo y esperar que Kagome se acomodara.

― Es igual de hambriento que tú.― cogió a su hijo en brazos y lo acerco a su pecho, Tadashi no tardo en succionarlo para obtener su alimento.

― ¿Quieres ir de compras o te quedas aquí con Tadashi?

― Quiero salir.

― Termina de comer y nos vamos.― se recostó a un lado de su familia, aprovecharía para descansar un poco, la verdad es que moría de sueño, pero quería aprovechar esos momentos, porque en cualquier momento podían llamarle por una emergencia.

Kagome asintió, pero se percato que Inuyasha tenía cara de cansancio, él trataba de ocultarlo pero no era muy bueno, sus ojeras lo delataban.

― Podríamos ir mañana, te ves cansado.

― Estoy bien, quiero despejarme un poco.― respondió al aún tener los ojos cerrados.

― También tienes que descansar y...― calló al ser interrumpida por el celular de Inuyasha.― ¿No vas a contestar?.

Inuyasha se estiró y contestó de mala gana, ese día no pensaba ir al hospital. Se merecía un descanso y estar con su esposa e hijo.

― ¿Qué? ¡Papá! No... Todo bien... Pensé era del hospital... Vamos a ir al súper... Está bien, adiós.― colgó agradeciendo que solo era un ansioso abuelo.― Mis padres nos verán en el súper y luego vendrán a la casa, quieren pasar tiempo con Tadashi.

― Ya terminó de comer ¿Podrías sacarle el aire en lo que me cambio?.

― Lo que quieras.― cargó a Tadashi, lo colocó en su hombro y no tardo en hacerlo eructar.― ¿Ya te dije que me alegra que nacieras? Te quiero pequeño demonio.― dijo mientras juntaba sus narices y provocaba que su hijo se agitara.

― ¡Eres tan tierno!― exclamó Kagome quien regresaba del baño y había presenciado tan tierna escena.

― Cállate, te espero en la sala con Tadashi.― dijo al salir de la recamara completamente apenado.


Cinco años más tarde.

Inuyasha y Kagome, estaban fuera del kinder donde asistía su hijo mayor, estaban esperando que partiera a su primera excursión al acuario. Y Kagome le repetía por segunda vez a Tadashi las recomendaciones.

― Tadashi, quiero que te portes bien, obedeces a los maestros, no te separes del grupo, aquí tienes tu almuerzo y...

― Y solo utilizo el celular en caso de emergencia.― interrumpió el niño a su madre, ya había escuchado la primera vez.― ¿Por qué Kenta no puede ir?― preguntó al mirar a su hermanito que estaba sobre los hombros de su papá.

― Solo van los niños más grandes y tu hermanito apenas tiene tres años.

― Es que yo...

― ¿Qué pasa?― preguntó Inuyasha al ver a su hijo fruncir el ceño.

― No quiero que la maestra me siente con alguna niña loca, siempre quieren ver mis ojos.― contestó molesto, le fastidiaba que siempre le pidieran ver sus ojos o no paraban de hacerle preguntas.

― Es porque tienes los ojos tan hermosos, como tu papá.― elogió Kagome, provocando un sonrojo a su hijo y esposo.

― Cachorro no te preocupes por eso, tu prima va contigo.― dijo Inuyasha al ver a la pequeña de dos coletas castañas y ojos miel que estaba con ellos.

― Te vas a divertir con Sakura y entre los dos se cuidaran.― agregó Kagome.

― Yo la cuidaré, soy el mayor.

― Solo por tres meses.― se defendió la pequeña con orgullo.

― Pero no dejaré que algún niño aprovechado se te acerque, se lo prometí al tío Sesshoumaru.― dijo son seguridad, dejando sorprendidos a los adultos.

― ¿Eso te pidió Sesshoumaru?― preguntó Inuyasha con un tic en el ojo, su hermano que clases de cosas le pedía.

― Y te traeré algo Kenta.

― Quielo un delfín, ¡No! Una foca.― decía emocionado.

― Tadashi nos llaman.― dijo Sakura al ver a la maestra hacerles señas.

Ambos niños fueron hasta los buses escolares y abordaron juntos, su maestra los había dejado juntos y eso les alegro.

― Tranquila, van a estar bien, con suerte en un viaje en bus conocen al amor de su vida.― dijo divertido Inuyasha al ver la cara de preocupación de su esposa, él estaba nervioso, pero estarían bien.

― Dudo mucho que vallan tres señoras locas.― contestó con una sonrisa.

― Nunca se sabe.

Una melodía que ambos conocían los distrajo, era celular de Inuyasha.

― ¿Es el trabajo?

― No, es Sesshoumaru.― dijo al ver el nombre anunciado.― ¿Qué pasa?.

+ ¿Ya se fueron? ¿Cómo está Sakura?

― Todo bien, están por partír. Ella está bien, se fue contenta con un compañerito.― dijo divertido, le gustaría ver la cara de su hermano en esos momentos.

+ ¿Con quién le toco? ¿Preguntaste su nombre?.

― No seas tan celoso, Tadashi la acompaña, van juntos.

+ Te golpearé cuando regrese.― dijo claramente molesto.

― Lo que digas, pero te lo mereces.

+ Ya tendrás una hija.― contraatacó.

― Muérdete la lengua.

― Dile que disfrute sus vacaciones con Rin.― pidió Kagome.

― Salúdame a Rin y disfruten sus vacaciones, te llamó cuando regresen de la excursión.― finalizo antes de cortar.

― ¿Por qué siempre tienen que pelear?

― Es divertido.

Kagome suspiró, recordaba que se enteró que su prometido tenía un medio hermano, un día antes de la boda. Fue una gran sorpresa, hasta ese día nadie había hablado de él, debido a la no tan buena relación que tenían ambos hermanos. Cosa que debió cambiar al ella y Rin (en ese entonces novia de su cuñado) congeniar bien desde el primer momento. Además, meses más tarde, supieron que ambos hermanos serían padres casi al mismo tiempo.

― ¡Paaaapaaaaá!― llamó Kenta que ya estaba comenzando a aburrirse y jaló a su papá de los cabellos.

― ¿Qué pasa?

― Quelo comel.

― Vamos a la casa, pero antes saluda a tu hermano.― pidió al ver que los buses ya se iban.

― ¡Taachi! ¡No ovides mi fooca!

Una vez que los buses se alejaron, subieron al coche y emprendieron el camino de regreso a casa. Inuyasha observo a su hijo más pequeño por el retrovisor, con los últimos años había logrado mantener un balance entre su trabajo y familia, dándole por supuesto mayor peso a su familia y dejando el área de urgencias. No podía quejarse, había estado en los momentos más importantes con sus hijos y esposa.

Lo que inicio un día como un viaje aburrido de regreso a casa en el bus, se había convertido en el viaje más increíble que hubieran podido desear, y que querían seguirlo hasta el final juntos.

FIN


Yep, lo sé. Les he cortado el lemon, pero es clasificación "T", no iba a cambiarlo y no llegó la inspiración para escribir uno.

Pero espero que les gustase, después de tanto tiempo de no poder terminarlo.

Nos leemos y deseo que estén bien.

29/11/2015