Como ya estaba listo, no valía la pena esperar más y por eso aquí está. Y es uno de los casos más difíciles porque poco se puede sacar en limpio del personaje. Una vez más, gracias a Red por estar siempre al tanto y en esta ocasión, a Minako Uzumaki por seguir la historia, esperando que todos los lectores disfruten.
Agradecería críticas, así sabría en qué debo mejorar. Ahora, que dé inicio la sesión.
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-¡Mierda!
Debe haber sido lo último que alcancé a gritar una vez noté la posición de la silla, la cual no tardó en cambiar guiada por la maldita gravedad. Y para qué hablar del golpe que me di, que seguramente resonó en cada rincón del edificio. Era normal ver tantas estrellas…Dios mío, cuántas estrellas podían surgir en un instante y a plena luz del día. Sabía que era un riesgo quedarse dormido sobre una silla con ruedas inclinada a causa de mis pies sobre el escritorio, pero qué podía hacer, buscaba algo de comodidad, ¿es eso un crimen?
Además, la culpa era de Helena. No tenía que abrir de golpe la puerta, estrellándola con tal potencia que eco me obligó a reaccionar de manera refleja sumido como estaba en el sueño. Qué maldita…por qué tenía que ser eficiente, con un demonio. De cualquier manera, estando en el piso apenas era capaz de procesar el golpe y asimilar el dolor y las estrellas mientras hacía un esfuerzo por ponerme de pie.
-¿Despertó? Me alegro –y ese todo risueño…sabe que lo detesto y lo usa a propósito…sí, podía ser una desgraciada cuando quería –Hay mucho trabajo que hacer.
-No me digas –gruñí mientras sentía los tirones de la camisa que me recordaron la presencia de mi querido Natu, el cual trepó hasta posarse en mi cabeza, manteniendo perfecto equilibrio –sólo eso podría explicar que entres así.
-Siempre entro así porque siempre está haciendo estupideces –me miró con ojo crítico antes de fruncir el ceño –ya le he dicho que debe afeitarse y cortarse un poco el cabello, parece un náufrago.
-En tus sueños, es mi libertad y hago lo que quiero con ella.
-Entre tanta libertad, siempre se comenten errores.
-¿Contratarte cuenta como error? –Recibí un fuerte golpe en la cabeza de las fichas que ella llevaba –De acuerdo, de acuerdo, lo entiendo, mucho trabajo, poco tiempo y todo lo demás, deja esas fichas si te hace feliz.
-No son las fichas, es un paciente –miré el reloj, la una y media de la tarde. Qué temprano para una hora –y sí, es la hora que pidió, así que es puntual.
-Se agradece, pero no importa, que pase de una vez –al verla acercarse a la puerta, noté algo extraño –Oye Helena… ¿Te pintaste los labios? –Sin embargo, mi pregunta quedó eclipsada por el portazo de su desaparición.
Pues bien, otro día en el paraíso. Yo muerto a causa del insomnio y poco tiempo para cerrar los ojos. Y cuando hay quietud en esta condenada consulta, siempre llega ella con sus portazos y las fichas para hacerme saltar o en el último caso, darme los golpes de mi vida después de caer de la silla o con todo y silla, ya da igual. Quizás por eso no tenía deseos de mirar la maldita ficha a pesar de saber que el paciente estaba a nada de invadir mi territorio y acabar con mi paz…Dios, cómo ansiaba un poco de paz, algo de silencio…
-Doctor…disculpe…
La voz era diferente, así que estaba obligado a abandonar la mueca de molestia, olvidar el dolor y levantar la vista. Aunque a juzgar por su tono, no lo estaba haciendo muy bien, de manera que me obligué a concentrarme un poco más y pensar que después de ella, no habría nadie más, a pesar de mentirme descaradamente. Por eso, cerré los ojos y los detalles vagos de una figura joven adquirieron mayor nitidez…así como cierto aire familiar que no podía ignorar… ¿Dónde había visto esa cara antes?
-Parece que llegué en mal momento –dedujo ella con aire risueño…demonios, no me pongas de peor humor, muchacha.
-Siempre es un mal momento –solté impulsivo, lo cual pareció desarmarla en un segundo…idiota, es un cliente, paciente, como sea, más respeto –pero no es su culpa, es mi secretaria la que saca lo peor de mí.
-Entiendo –relajo…sí, pareció notar la escenita que montó Helena minutos atrás y mi caída…bueno, al menos lo entendía.
-Así que… -extendí la mano, la cual estrechó de inmediato –usted es…
-Me llamo Dawn, ¿no figura en la ficha?
Dawn…no, no me sonaba demasiado salvo de algunos concursos que había visto en la tele…ah, claro, otra coordinadora por aquí, destacada por cierto, pero no, su cara me sonaba de algo más y no sabía por qué… ¿Qué otra cosa podía ser que no fuera esos concursos? Si era una niña, la primera vez que llegaba a mi consulta y… ¿De dónde demonios me sonaba esa cara?
-Sí, sí figura, disculpe, es que el golpe no me tiene claro, así que mejor siéntese antes de que pueda cometer otra torpeza con usted –apenas la vi ubicarse, tomé mi lugar mientras sacaba la libreta y el lápiz del bolsillo, apuntando el nombre en lo más alto de una hoja en blanco –así que…primera vez en la consulta…qué curioso, así que si me permite una pregunta, ¿cómo supo de mí? Porque no se trata…
-De una especialidad muy requerida, sí –completó ella, sorprendiéndome con una nueva versión de mis propias palabras –pero lo cierto es que…bueno, tenía tres referencias de su nombre.
-¿Tres? –Eso era nuevo. Por lo general, todos daban con mi nombre por casualidad, pero de ahí a encontrar tres fuentes con la misma referencia…lo admito, representaba todo un orgullo –Debo conocerlas si me recomendaron.
-Bueno, dos son amigas... ¿Le suenan los nombre de May y Misty?
No sabía si reír y llorar… ¿A eso me llevaban esas dos? ¿A atender a una tercera? ¿Tan buen concepto tenían de mí? ¿O acaso el estar juntas no hacía otra cosa que contagiar esa pseudo locura? ¿Acaso el estar juntas les hacía ver supuestas carencias y esas cosas? Dios mío, cómo podía siquiera imaginar que atender a una me llevaría al mismo sitio pero con una cara diferente.
-Sí, claro que me suenan –en menos de dos semanas había atendido a las dos y ahora aparecía ella–pero usted habló de tres referencias.
-La tercera es mi madre Johanna…dijo que si la mencionaba, se acordaría de ella inmediatamente y que si no la recordaba, tomaría cartas en el asunto.
Pero claro…de ahí me parecía familiar. ¿Cómo pude olvidarla? Si la hija era el vivo retrato de la madre. Claro que cuando la conocí, ella llevaba algo más de tiempo en esas cosas de la coordinación, siendo la cuarta vez que la viera cuando…mi Dios, si yo tenía dieciséis cuando vi a esa mocosa recién nacida…y ahora estaba delante de mí. Recordaba haberla visto con el bultito en brazos e incluso la tomé, desarmándome el hecho de sostener a una recién nacida…claro que la recordaba. Las recordaba a ambas, pero en particular a la madre por haber sido una amiga…y ahora recordaba a la muchacha frente a mí.
-Ha pasado mucho tiempo, sí –reconocí con cierta nostalgia –y tú has crecido más de lo que imaginé…sí, sí ha pasado mucho tiempo…pero ella no tenía forma de saber qué había sido de mí.
-Bueno…siempre encuentra forma de saber cómo están sus amigos y usted no es la excepción –al sonreír me recordó mucho más a su madre –y apenas salió su nombre…bueno, dijo que usted es de confianza.
-Tal vez, pero ella lo es mucho más –intento frenar el avance de la nostalgia y sacar lo profesional, lo que me importaba de momento –y por cómo me hablas de ella…bueno, todo me lleva a preguntar qué haces aquí, porque tú sabes qué es lo que hago y seamos honestos, soy el último recurso cuando la confianza en el mundo se ha acabado –la miré a los ojos un momento, buscando alguna señal –tus amigas…bueno, entiendo ahora que hayan venido, después de todo, lo de ellas partía de la familia…pero tú, mi amiga…no llevamos demasiado y me hablas así de tu madre… ¿Hay algo que me quieras contar o vienes a recordarme viejos tiempos?
-He venido porque sé lo que hace –por un segundo, el gesto alegre tembló en sus facciones mutando gradualmente en seriedad –de hecho…le pregunté a mi madre por usted, pero no sabe que he venido aquí.
Muy bien. Eso no decía mucho, pero era algo que me decía que existía una base sobre la cual podría apoyarme. Así que con un gesto le indiqué que se recostara en el diván mientras la claridad volvía a mí y aprovechaba de hacer un examen rápido en el exterior para intentar dilucidar algo del interior. Así pues, tienes unos segundos entre los pasos al diván, los segundos previos de presentación, la conversación…y sí, la veo apenas lo necesario más allá de los parecidos, recordando su identidad y pensando…
Correcto, todos los puntos a la vez, la curiosa forma de llevar el cabello, porque esos pinches amarillos y la forma de llevarlo hablan de esmero, pero el gorro blanco puede pasar por protección contra el clima…no, no sólo eso, me recuerda mucho a May, protección y vanidad, pero en ella va un poco más allá, no sólo por la forma de tomarlo sino porque es más largo y más cuidado…una cuota importante de vanidad, no me cabe duda. Ahora bien, el pañuelo en el cuello… no parece lo suficientemente grueso para proteger de algo como el frío… ¿Simple accesorio? Por qué no, si hasta combina con la blusa negra, la falda rosada…ahí tocamos un punto interesante, al menos si la comparo con sus referencias, antecesoras, amigas o lo que sea, porque ella no lleva nada parecido a un pantalón, hablamos de falda, algo corta vale decir, pero falda al fin y al cabo…qué interesante que haya encontrado la forma de viajar cómoda y conservar el toque femenino…bueno, el rosado también me diría lo mismo, al igual que las botas del mismo color que le llegan hasta las rodillas…qué interesante, botas, una buena forma de protección y el desgaste…pero claro, una caminante… ¿Acostumbrada a correr? Quizás, eso explicaría la falda corta, pero…pero con botas…no, sí puede dado que son blandas, las he visto muchas veces…
Entonces, ¿a quién tengo? A una viajera como las anteriores, pero de alguna forma, denota el entusiasmo en pequeñas cosas como el lucir bien incluso en una cita con un psicólogo que es un desastre…y el lucir bien habla de vanidad ya mencionada…y el sonreír a alguien que no luce de buen humor…bueno, alegría evidente, entusiasmo…quizás algo infantil, porque yo en su lugar lo pensaría mejor antes de viajar así, pero qué digo, ya no viajo hace mucho, así que no recuerdo cómo funcionan esas cosas…y coquetería, por qué no, o existiría otra razón para el cabello y la ropa salvo que sepas que puedes emplear eso a tu favor y ella lo sabe, no sólo con detalles como esos sino también los mismos gestos, la misma sonrisa…claro, encandilar no demasiado, pero sí lo suficiente para que a alguien le resulte difícil enojarse con ella…
Natu picotea mi cabeza…sí, está resultando difícil dilucidar demasiado que no sepa, como si fuera capaz de leer la mente…pues no, no lo soy y por eso soy lo que soy.
-Pues bien…yo apenas sé una parte del comienzo, pero preferiría que me hablaras de lo que quieras, por lo que puedes tomar final, principio, lo que se te dé la gana.
-Es que…es difícil saber por dónde comenzar, ¿sabe? –De pronto recordé un detalle interesante que había pasado por alto en los otros casos: adolescencia. Quizás con qué ridiculez me saldría, pero pagaba, así que me aguantaría todo.
-Por algo has venido, muchacha, así que…
-Siento que no llego a nada, ¿sabe? Quiero decir…que he hecho tanto…tanto para no llegar a nada…
-Mi amiga, me temo que no estamos llegando a ninguna parte.
-Bueno, es que mis comienzos no guardan nada de extraordinario, simplemente llegué al laboratorio, tuve dificultades pero elegí mi pokémon inicial como todos.
-Nada extraordinario.
-Como también es normal no avanzar mucho en los primeros concursos teniendo una madre coordinadora, ¿no es así?
-Amiga, porque seas el hijo del mejor en el área, no naces experto –"Indecisión, peso materno" aunque por sus palabras, no parecía cobrar tanta importancia –así que eres coordinadora como tu madre… ¿Nació ese deseo por ella?
-En realidad, siempre quise ser tan buena como ella –bueno, por algo se empieza, de ahí nace el amor por ciertas cosas –desde niña que ella fue mi ejemplo a seguir…y de alguna forma, si amo lo que hago ahora, es gracias a que ella estuvo presente.
-Muy bien –en el centro de la hoja, un enorme signo de interrogación –pues qué quieres que te diga, mi amiga, nada extraordinario…los comienzos de los novatos suelen ser adversos, pero veo que lo has sabido llevar gracias a la experiencia y…
Me detuve y recordé…pero claro, si había algo interesante en todo eso era que las dos anteriores se parecían entre sí… ¿Por qué no podía haber alguna relación entre las tres? Tres personas no pueden compartir tanto entre sí y sólo por casualidad. No, aquí debía haber algo que ella no se atrevía a decir del todo...ay mi Dios, yo no soy madre, ¿es que no podía acudir a ella y ya? Pero qué le vamos a hacer…
-Mencionaste que has hecho mucho para no llegar a nada –me acerqué un poco, viendo cómo ella miraba el techo, distraída –sé lo suficiente como para creer…no, creer no, afirmar que no tiene nada que ver con los concursos, ¿no es así?
-Bueno… -Última sílaba larga, dubitativa…sí, me acercaba a la confirmación.
-Vamos chiquilla, valor no te falta para hacer lo que sea –o al menos eso me dice tu manera de actuar y mis propias conclusiones –superaste el proceso de novata, no son los concursos, entonces dime qué es lo que te tiene así.
-Dígame algo –murmuró ella con un hilo de voz que me obligó a inclinarme para escuchar mejor -¿Alguna vez ha sentido deseos de…encerrarse en su habitación y deshacerse de los recuerdos que lo hacen llorar?
Vaya, dicho así…bueno, todos nos avergonzamos de algo de nuestro pasado…no, avergonzarse no, lamentar algo en particular. Y llorar…vaya, ya creía entender por qué había acudido a mí. Porque si la memoria no me fallaba, ella estaba sola con su madre y no quería preocuparla…ah claro, ¿cómo le explicas a la madre que la hija siempre alegre está hecha añicos? Será la madre, pero es muy difícil afrontar algo así, sobre todo porque sabes que la hija casi nunca está…pero claro, la distancia, las aventuras, los caminos diferentes…no necesitaba confiar en mí, ¿no es así? Sólo una pared con cara que te escucha… ¿O el ser conocido de su madre podría interpretarse como parte de la familia? No, difícilmente…pero ¿qué podría tenerla así?
Ay cabrón…no me jodas que…
-Dime algo muchacha, ¿viajaste sola durante el todo ese tiempo?
-No, no habría podido…viajé con dos personas de las que aprendí mucho.
-Dos personas…muy bien, imagino que ahora son amigos más que personas.
-De quienes aprendí mucho, ¿sabe? Quiero decir…uno era como…cómo decirlo…bueno, a veces se comportaba sin pensar, pero la mayor parte del tiempo siempre fue muy maduro…y sabía mucho sobre crianza.
-Ah, entiendo –qué bien, una "Figura paterna". Por cómo hablaba de él, traslucía cierta admiración similar a la de la madre…o yo exageraba –y la otra persona…
-Bueno, de él aprendí todo lo demás –mierda, qué familiar me parecía esa afirmación…peligrosamente familiar –quiero decir…cómo capturar, cómo combatir…
-Lo elemental, ¿no es así? –Al verla asentir, sentí que la respuesta era cada vez más evidente, incluso sin nombre ni cara al menos en mi mente –hábleme de él.
-Bueno, es un inmaduro la mayor parte del tiempo…e impulsivo por sobre todo –no me digas…me recuerda a alguien que está sentada en el diván –recuerdo que…bueno, indirectamente él destruyó mi bicicleta…
Ay cabrón…sí me jodió…y de qué forma…no, tres veces ya no es coincidencia. Ni que hubiera una banda dedicada a la destrucción de bicis. O sea, que así partió todo para ella. Él le enseñó todo al punto de forjarse tal cual…él con más experiencia, ella sin saber nada. ¿Pero acaso todo aquello no sería otra cosa que gratitud? Porque la mayor parte del tiempo, la gratitud se puede confundir con…bueno, sí, es perfectamente posible si consideramos que a veces esa misma gratitud nos puede llevar a magnificar e idealizar a esa persona… ¿Idealizar? Por favor, lo primero que me decía era que era inmaduro e impulsivo, eso no es idealizar, es una imagen increíblemente aterrizada y realista de cualquier joven que viaja.
-Pero bueno, sabía que era un accidente...no lo iba a usar como excusa…viajar con él sólo para que me la pagara, ¿no es así?
-No es tan estúpido, sé de gente que lo ha hecho –solté de manera vaga, intentando reprimir una sonrisa al recordar a una paciente en particular –Pero bueno…inmaduro e impulsivo…no puede esperar a un hombre sabio si es joven, ¿no cree?
-Si al menos sólo fuera eso…
-No me diga que hay más.
-Los primeros días sólo discutíamos…
-Cosa normal…
-Pero con el transcurso de…del viaje, fue revelando otras facetas, como su alegría, la pasión por lo que hacía, la nobleza…e incluso me hizo revelar a mí facetas que desconocía.
-Bueno mi amiga, las personas suelen ser así, capaces de sacar lo mejor o lo peor de nosotros…
-¿Y dónde encaja vestirme de animadora para apoyarlo en sus batallas?
Por poco se me cae la libreta de las manos mientras mi mente volaba autónoma a la imagen de la muchacha vestida de animadora. Tuve que morderme la lengua para que no se me escapara una carcajada. Pues sí, eso se podía considerar… ¿Qué otra palabra podía usar que no fuera cómico? Tal vez hilarante…no, que encajara en el perfil psicológico…ah sí, "Personalidad e histrionismo". Increíble, qué clase de brujería era aquella…
-Bueno…sí reveló algo nuevo en lo que a psicología se refiere –intenté contener el tono risueño, pero me fue imposible –de hecho, es un gesto muy tierno de su parte…mas no es algo que haga todo el mundo…
-Pero él no lo ve así… ¡Ni siquiera lo toma en cuenta! –Un cambio de humor… ¿Sería oportuno anotar "Irascible"? -¡No nota nada! ¿Acaso me cree capaz de vestirme así para alguien más?
-Disculpe…pero, ¿qué debería notar? –Se detuvo en seco, como si realmente pensara la interrogante que había dejado en el aire –Mi amiga, lo cierto es que él no está obligado a notar nada…y si no lo ha dicho en voz alta…
-Bueno, con lo denso que es…no debería esperar gran cosa…
-Él ha sacado de usted facetas diferentes, lo cual es algo interesante, mas no es consciente porque dudo que él vaya por el camino con la intención de alterar todo aquello que mira…y bueno, el disfrazarse de animadora sí es algo…
-¿Y dónde encaja sentir celos de un señuelo?
¿Qué mierda? ¿Sentir celos de qué cosa? Sobre mi cabeza, Natu casi pierde el equilibrio ante esa confesión. ¿Existían parafilias relacionadas con objetos así? No, más allá de eso, podía creer que fuera una persona, incluso un pokémon, pero ¿un señuelo? Bueno, parecía ser algo…fuera de lo común.
-Valoraba más el señuelo que le dio su amiga…y a mí… -dejó escapar un suspiro –es patético pensar…que me sentí celosa porque no me dejó tocar esa estúpida cosa…
-No tiene nada de malo –mentiroso, ya empiezo a pensar que enloqueció –pero mi amiga, celos sólo surgen cuando es familia que se aleja de uno a causa de un tercero, hermanos por ejemplo, o cuando… -Sí, venía a lo mismo…maldita sea, venía a lo mismo y ahora ella se daba cuenta. Adolescentes…sí, debía especializarme en esa área o colocar un cartel diciendo que no estoy especializado.
Pero esta mocosa o era igual de densa que el muchacho o lo hacía por molestar o directamente no se atrevía a aceptarlo en voz alta. Cualquiera que fuera el motivo, no tardó en enrojecer…si hasta en eso se parecía a las otras dos…
-No te lo puedes sacar de la cabeza, ¿no es así?
-Si desde que nos separamos…sentía deseos de llorar…y los deseos no se han ido desde entonces…
-¿Y cuánto hace que lo asumiste?
-Ahora –sí, su problema era "Reprimir emociones", lo cual termina por hacer daño…pobre muchacha, ¿tanto le costaba aceptarlo? –Hablando con usted…le pude dar un nombre a todo esto.
-¿Y era tan malo como para venir hasta aquí? –Porque me hiciste perder tiempo valioso a causa de algo banal, niñita loca. Bastaba con contárselo a su madre, sin duda ella sabía más de eso que yo, que sigo soltero después de tantos años y no tengo intenciones de alterar esa paz. Pero bueno, la chica lucía avergonzada…no era para menos –Mira, por ser sólo esta vez, no te cobraré nada…bueno, por eso y por respeto a tu madre.
-Doctor… -ahora me miraba incrédula y con la cara teñida de un rojo brillante.
-Sólo por eso, porque si vienes por segunda vez, mis honorarios no te los quita nadie –dejé caer mi mano sobre su cabeza mientras sonreía para tranquilizarla –pero bueno, no esperes que te diga qué hacer, seguro que ya lo sabes…y si no, pregúntale a Johanna…ah, y no te preocupes, ella no se enterará que viniste aquí.
-Se lo agradecería mucho –parecía algo aliviada ante tal promesa. Qué podía hacer, les debía confidencialidad a mis pacientes.
-No tienes nada muchacha…salvo que eres un poco más complicada que tus amigas –la ayudé a levantarse mientras le acomodaba el gorro con un movimiento rápido –así que…sigue siendo la de siempre, busca soluciones y apresúrate, porque uno nunca sabe.
-¿Qué quiere decir?
-Nada, nada, sólo que te relajes.
La vi marcharse con una sonrisa azorada mientras yo mismo me sentía un poco culpable. Porque necesitaba ser un imbécil para no asumir que se trataba de la misma persona en los tres casos…quiero decir, el destruir una bici tres veces es lo suficientemente llamativo como para convertirse en una peculiar firma… ¿Y esas tres estaban así por lo mismo? Las sabía tranquilas, pero no existía forma de saber hasta cuándo duraría esa paz. Lo cierto es que Natu, sobre mi cabeza, me tiraba el pelo reprochándome lo mismo que me remordía la conciencia, pero ¿qué podía hacer? ¿Decirles que usaran sus mejores cartas? ¿Ponerlas una contra la otra? No, imparcialidad…y a mí qué me importaba, no iba a tomar partido por ninguna salvo por mí mismo, para que me dejen tranquilo y me paguen, que sólo por eso las escucho…
Bueno, por eso y por respeto a los viejos tiempos.
-¿Qué querías que hiciera Natu? Soy psicólogo, no padre de familia –él volvió a tirar de mi cabello y emitió un sonido de molestia –Lo sé, lo sé, pero deja que pase un tiempo, ya son grandes, maduras y sabrán lo que hacen –volvió a manifestar su molestia –cierto, si fueran tan grandes y maduras, no habrían acudido a mí.
Agotado, agarré la ficha de la muchacha y me dirigí a mi secretaria, quien charlaba animadamente por teléfono. Al verme, cortó de inmediato y me miró con las cejas alzadas, gesto más que claro.
-Archiva la ficha y me avisas cualquier cosa –miré el reloj con desinterés –y ya es tu hora de colación.
-Lo sé, gracias –miró rápidamente la ficha y frunció el cejo -¿Otra vacía? ¿Es una broma?
-Lo mismo me habría gustado preguntarles a las tres, ¿sabes? –Ella me miró desconcertada mientras me apoyaba en el umbral –Realmente te lo digo, espero que les vaya bien, pero si todos mis pacientes fueran así, me retiraría al cabo de un año.
-Creo que exageras.
Misty, May y Dawn… ¿Exagerar yo?
Mujer, por favor…
