Originalmente, esta sesión era mucho más corta, pero dado el nuevo contexto, me parecía lo más apropiado corregirla y añadirle ciertas observaciones para hacer del psicoanálisis express algo más satisfactorio y completo. No obstante, sigue siendo el capítulo más arriesgado de todos, no sólo extensión sino que en contenido y ahora más que nunca, sus críticas me vendrían bien. De ustedes depende si lo vuelvo hacer el mismo capítulo para ajustarme a sus peticiones, críticas u observaciones o lo dejó tal cual para seguir con otras tres sesiones preparadas, pero como ya dije, depende de ustedes.
En esta ocasión, además de darles las gracias a quienes siguen esta historia, quiero agradecer encarecidamente a Minako Uzumaki por sus observaciones, a MIREYA DXC por su crítica (la más larga que he recibido en esta página, gracias de corazón) y a arcangel91, por aparecer justo cuando estaba por subir este capítulo y dejar tan gentiles palabras. Y por último y no menos importante, a mi amigo Red, por instarme a terminar y conservar la esencia de la historia.
Desde ya, cualquier crítica y comentario lo agradeceré, ahora más que nunca, cuando necesito saber si esta sesión está a la altura.
Abramos la consulta, demos inicio a la sesión.
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-¿Qué carajo…?
Golpes en la lejanía…golpes cercanos…golpes por todos lados…y yo no podía huir…pero claro que podía, sólo necesitaba abrir los ojos para…
-Natu…por favor, ya desperté.
Mi amigo, de pie sobre el escritorio, pareció satisfecho con el resultado y dejó de picotearme la cabeza para pararse sobre ella. Su peso me devolvía a la realidad mientras miraba el cigarrillo apagado en el cenicero desde hacía ya mucho. Estaba muerto…otro día en el paraíso…otra noche sin dormir en el cuerpo y todo cuanto quería era que la jornada acabara de una buena vez. Miré la hora…un día más largo de lo habitual a causa de…canijo, cierto, Helena me había pedido el día y no me quedaba otra que hacerle frente a todo lo que significaba el trabajo, pero solo…me había preparado mentalmente para algo así, pero vivirlo en carne propia no me hacía ninguna gracia, principalmente por la jodida perspectiva de una torre de fichas por completar y archivar cuando por lo general, hacía la mitad de ese trabajo.
¿En serio había dejado de viajar para dedicarme a eso? Los picoteos de Natu me dieron la respuesta.
-Es porque lo amo, amo mi trabajo, lo sé –musité mientras me masajeaba la sien derecha y me refregaba los ojos, buscando enfocar la vista en algún punto que no me pareciera desconocido…mataría por un café, siempre sería capaz de hacerlo.
Por otro lado, tenía que agradecer que fueran únicamente las fichas. Ella se había encargado de dejar bien en claro que ese día, el doctor no atendía a nadie, lo que me dejaba en completa libertad de acción, lo que se traduce a una torre por liquidar y un día sometido al limbo de la lucha contra el sueño…a veces me preguntaba quién mandaba realmente a quién. Ella lo ordenaba todo y yo me encargaba de que el dinero estuviera ahí, puntual como siempre.
Podría ser peor…podría estar casado.
En lugar de eso, sólo tenía las fichas, podía fumar tranquilo, Natu era un excelente despertador y…
Un tremendo portazo del otro lado destruyó la calma y tanto mi amigo como yo nos pusimos alertas. El sonido de pasos no hacía otra cosa que acabar con nuestros nervios mientras yo me ponía de pie y tomaba un palo de golf que tenía junto a una estantería…no, no es que juegue golf, simplemente es muy eficaz. Un palo de metal con una cabeza pequeña, pero contundente. A las cinco de la tarde, un tropel de… ¿Tres personas? A juzgar por el movimiento, sí, debían ser tres personas y esas pisadas hablaban de un humor de los mil demonios…
Mi amigo, preocupado, emitió unos débiles sonidos.
-Si vienen a robar, serán brutales dada la hora y el humor, así que quédate conmigo y permanece alerta –un pequeño picotazo y un nuevo sonido me hizo empuñar el palo con mayor fuerza –relájate, intentaré ponerlos fuera de combate y si no resulta…sí, con hipnosis y un potente rayo bastará para alejarlos –un sonido que mezclaba el nerviosismo y el reproche –no te preocupes por los daños, concentrémonos en salir de ésta.
Los golpes en la puerta que daba a mi consulta nos helaron la sangre. La idea de soltar mi arma y apenas emplear una mano para blandirla no me agradaba demasiado…por un segundo, se me pasó por la mente golpear sus cabezas rompiendo el vidrio de la puerta…no, golpeaban la puerta…a pesar de todo, los invasores golpeaban la puerta…corría el riesgo de fallar dado el obstáculo y perder mi oportunidad representaba un lujo que no podía siquiera considerar.
-Tranquilo –musité a Natu, quien parecía al borde del colapso mientras yo, inexplicablemente, pensaba en las ganas que tenía de fumar un cigarrillo.
La tensión, sin lugar a dudas…pues bien, mataría a todos y después fumaría, seguía siendo la mejor opción. Un certero golpe con el metal bastaría.
Apoyé la mano en la manija al tiempo que los golpes se repetían. Natu, sobre mi cabeza, se agarraba de mi cabello de manera dolorosa. Agradecía el dolor, me mantenía lúcido…menos nervioso que antes…si al menos fuera uno y yo estuviera menos cansado…el giro de la manija, lento, parsimonioso, se dio mientras volvían a golpear la puerta y mi amigo, todo tensión, parecía dispuesto a hacer volar a los intrusos a la mas mínima provocación…
Situación de riesgo, plan único: paso uno, abrir la puerta, guiado por las sombras y hacerse una idea rápida de las intenciones, las armas y las desventajas; paso dos, detener sus ataques, ordenar hipnosis a Natu y ver cómo perdían las fuerzas al punto de sumirlos en la inconsciencia, siendo el último paso llamar al orden público. En caso de fallar el paso uno y ver un ataque, reaccionar golpeando puntos débiles con el palo de golf y después la hipnosis. Resultado: Heridas leves, algunos golpes, pero la consulta a salvo y las posesiones en su lugar.
La tensión me mataba…no tomaban la iniciativa…lo haría yo…
Abrí la puerta un poco y…
-Doctor, ya comenzaba a exasperarnos.
Me desconcertó su presencia y de quienes conformaban el trío, mas no por eso solté el palo de golf. Natu pareció un poco más relajado, adoptando una actitud más vigilante pero menos aterrada. Abrí un poco más la puerta y me froté los ojos con tal de asegurarme que el cansancio no me jugaba una mala pasada. Porque en sí, la situación no era muy diferente de lo que imaginaba, con la notable ausencia de daños estructurales.
-Lo siento…es que no me lo esperaba –gruñí mientras me llevaba una mano a la cabeza –es que…quiero decir, qué hacen aquí…
-Bueno, queríamos hablar con usted acerca de las últimas sesiones –esta vez, una figura con pañoleta se dirigía a mí.
-¿Ahora? Es que…hoy no atiendo a nadie, me encuentro organizando fichas y en ausencia de alguna cita y mi secretaria…
-Doctor, no se trata de ninguna cita, queremos hablar con usted ahora.
La tercera voz me hizo tragar saliva al tiempo que las hacía pasar, sabiendo que no tenía otra opción. ¿Qué más podía hacer? ¿Blandir mi arma y aplicar el plan trazado? Sí, Natu me apoyaba en ese sentido, sus picotazos me lo decían…no, me decían algo más…claro, en ese estado no podía enfrentar nada, necesitaba mayor claridad y la caja de pseudoefedrina en el escritorio podía serme útil.
Mientras me dirigía al cajón, noté que cada una había tomado asiento, de manera que las tres sillas, incluyendo la que empleaba para mis sesiones, estaban ocupadas. Apenas tuve unos segundos para tomar el descongestionante con un sorbo de agua y rezar porque su efecto surgiera oportunamente. Entretanto, no me quedaba otra que analizar la situación en la que me encontraba.
Misty era la primera en todos los sentidos: la primera que alguna vez pidió hora, la primera en hablarme segundos atrás y la primera en sentarse. Vestía una ropa más o menos similar a la de la única sesión, mas no llevaba a Azurrill en sus brazos, lo cual le concedía plena libertad de acción. May, por su parte, era un sinónimo de la mayor al igual de Dawn. En las tres ese ceño fruncido no me parecía la mejor de las señales…ni los brazos ni las piernas cruzadas…conocía ese lenguaje corporal, significa discusión, una gran rabia…
Ya sabía lo suficiente de ellas como para saber que lo mejor era convencerme de que nada podía salir mal…claro que nada saldría mal, sabía lo que tenía que hacer a pesar del pánico enorme de mi fe en el caos absoluto al cual me llevaría todo aquello. Quizás por eso me sorprendió el componer una sonrisa irónica mientras dejaba tranquilamente a Natu sobre el escritorio, quien se acercó a mí y tiró de mi camisa.
-Sí amigo, estoy loco –le susurré antes de volverme a las recién llegadas y dejaba a un lado mi palo de golf –bueno, debo reconocer que me sorprende la visita de las tres…pero no hay problema, si quieren hacer una terapia grupal, permítanme que busque sus fichas y…
-¿Siempre actúa como un payaso? –Soltó Misty mordazmente, desarmándola mi gesto desdeñoso.
-La mayor parte del tiempo, por si no lo ha notado…pero bueno, dijeron que querían hablar, ¿no es así? Por un segundo, cuando entrar fui capaz de jurar que venían a destruirlo todo –me dejé caer sobre mi asiento mientras me llevaba los dedos a los ojos, sintiendo el efecto de la droga aclarando mis ideas –bueno, ustedes dirán.
-¿Por qué no nos dijo que estábamos yendo por el mismo camino? –Preguntó May con rabia, sin saber si ésta iba dirigía a mí o a sus amigas.
-Disculpen, pero creo que no estoy captando.
-¡Sabe de qué estamos hablando! –Estalló Dawn con el rostro enrojecido -¡Atendió a las tres! ¡Sabía que no todo podían ser coincidencias!
-Amiga, mi profesión me ha enseñado a no creer en nada.
-Las tres le mencionamos las bicis y las circunstancias, así que lo sabía –al escuchar el dato de Misty, fingí sorprenderme.
-Ah, se refieren a eso, claro –alcé las cejas, aparentando mis dudas -¿Hablaban de una misma persona?
La siguiente reacción no la esperaba. No fue sino hasta que sentí la bofetada que me di cuenta que Dawn se había puesto de pie y había empleado ese recurso, siendo detenida de inmediato por May y Misty. Por su parte, Natu había saltado y miraba a la muchacha con ferocidad, pero yo le indiqué que se calmara y ni se le pasara por la cabeza hacer algo.
-Usted es un miserable –soltó Dawn con rabia, desarmando lo que quedaba de mi compostura.
-¿Ahora yo tengo la culpa de que se enamoraran del mismo tipo? –Gruñí mientras me ponía de pie y encendía un cigarrillo, olvidando cualquier muestra de cortesía -¿Qué mierda querían que hiciera? ¿Ponerlas una contra la otra? No estudié para crear guerras.
-Nos aconsejó de la misma manera…nos guió de la misma forma sabiendo cuál era la situación –me reprochó May, aún sosteniendo a su amiga.
-Respondí a sus inquietudes, por algo soy un profesional.
-Existen formas de hacer las cosas y usted no hizo otra cosa que vernos como un ajedrez –reclamó Misty con los puños tensos.
-Estudié para ver las cosas con objetividad, muchacha, no para tomar partido por nadie y menos en una disputa tan absurda –Dawn parecía dispuesta golpearme de nuevo, pero May la sostenía, de manera que aproveché mi ventaja –se iban a enterar tarde o temprano y eso no dependía del profesional sino de ustedes, porque ustedes siguieron el mismo camino y tarde o temprano iban a encontrarse en él…y si vinieron, fue porque me vieron como el último recurso, mas no como la solución definitiva y jamás estuve obligado a serlo.
-Es fácil hablar así si no sabes lo que siente el paciente, ¿no es verdad?
El comentario de Dawn destrozó algo en mi interior. Me recordé a mí mismo a esa edad…qué miserable era, por Dios…claro, había aprendido a amar la psicología a causa de un psicólogo…a causa de mis propias heridas, acaso porque veía en esa rama una forma de escapar del daño. ¿Cómo se atrevía a llamarme miserable y a decir que no sabía nada? ¿Cómo se atrevía a abofetearme y a decir que no sabía lo que sentía el paciente? ¿Cómo se atrevían ellas a culparme de lo que yo apenas dominaba una parte?
-Son patéticas –solté con rabia, sintiendo que Natu tiraba de mí para tranquilizarme, pero ya era tarde –no tengo la culpa de que se fijaran en el mismo tipo, no podía ponerlas una contra la otra ni mucho menos tomar partido, no habría sido profesional y me lo habrían reclamado igual –las miré unos segundos antes de romper mis límites -¿Quieren algo? ¡Luchen por él! Si tanto les importa, ¡demuéstrenlo con hechos y no gritándole a la persona equivocada! ¡No tengo por qué soportar estas estupideces! ¡Ya son grandes! ¿Qué esperaban? ¡No soy familia de ninguna, busquen en la suya que es ahí donde deberían empezar, pero a mí no me carguen con sus problemas!
Natu me miraba sorprendido y yo no miraba nada, únicamente caminé hacia la puerta y la abrí de par en par mientras volvía a mi asiento. Ellas no hablaban, seguían ahí y eso me molestaba más.
-Lárguense –gruñí, mas ellas no se movieron –Lárguense, ¿acaso no he sido claro? ¡Fuera de mi vista!
No las vi marcharse, sólo tenía claro que sus pasos eran más silenciosos hasta que cerraron la última puerta, permitiéndome dejar escapar toda la tensión de mi pecho apoyando la cabeza contra el escritorio. Sabía que mi amigo estaba a mi lado, tratando de reconfortarme, a lo que yo le respondí con una débil sonrisa.
-Qué fracaso, ¿no crees?
Sí…eso era lo que me dolía por encima de todo.
El saber que había fracasado…lo único que me iba quedando era saber quién era el responsable, quién tenía la culpa de que ellas me hicieran probar le polvo del fracaso...tenía que tenerlo enfrente y saldar esa deuda, pero no con ellas sino conmigo mismo... ¿Pero cómo iba a hacer eso?
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-¿Hasta cuándo piensas seguir tocando la guitarra?
Visto así, parecía que llevaba horas…
Claro, más de tres horas. Quizás porque no podía instalar un piano en la consulta, no me quedaba otra opción. Pero, ¿qué más podía hacer? No quería volver…no, no quería mirar la consulta y descubrir con amargura que la silueta de ese pasado reciente me perseguía. En parte porque me sentía asqueado de mí mismo…no, no sólo eso, iba mucho más allá: ¿Por qué debía sentir culpa por algo que en realidad no era mi responsabilidad? Yo no les dije que se enamoraran de ese sujeto… ¿Cómo se llamaría? Qué más daba, por su culpa me encontraba sumido en esa rabia y con el ardor de una cachetada que tal vez me merecía, pero no sabía si eso era así a ciencia cierta.
-Hasta que me digas que tengo un asunto pendiente –gruñí en respuesta a Helena, quien permanecía en el umbral con esa mirada que parecía mezclar reproche y la desagradable preocupación de quien cree que sigues siendo un niño.
-Entonces tengo la excusa perfecta –aquella réplica me obligó a despegar la mirada de mi único escape –tienes una llamada, ¿la transfiero?
-¿Y por qué chingados no lo hiciste desde un principio?
-Porque curiosamente escuchas más la voz que al teléfono mismo –no podía decir que no si sabía que tenía razón.
-Ya que, pasa la pinche llamada –al desaparecer Helena, una luz roja no tardó en aparecer en el aparato, obligándome a poner el altavoz, no tenía intenciones de maltratar la oreja con quizás qué asuntos –Bueno…
-Vaya, ¿los años te han vuelto formal?
No podía creerlo… ¿Cómo había dado con mi número? Después de tantos años, parecía casi un chiste, pero ahí estaba su voz, del otro lado de la línea, hablándome con la familiaridad de siempre, como si en lugar de años, no hubiese sido otra cosa que días. Tal vez en otras circunstancias habría sonreído más ampliamente, pero en lugar de eso, escucharla apenas si me produjo reacción visible más allá de alzar las cejas mientras el tono de voz se adaptaba a la situación:
-La profesión, Delia, la profesión.
-Sí, algo oí que dejaste los trucos por los estudios.
-Pero bueno, no creo que me llames después de tanto tiempo sólo para tener conocimiento de mis actividades académicas…
-¿Acaso no puedo llamar a un viejo amigo? –La risa de ella me produjo cierto relajo –Vamos, siempre tan desconfiado…
Parecía que cuando más hundido me encontraba, la vida luchaba por obligarme a levantar un poco la mirada, aunque fuera para cerciorarme de que seguía despierto.
Delia Ketchum me había llamado a fin de que la acompañara por ser el cumpleaños número diecisiete de su hijo. Decía que quería compartir esa alegría con alguien y como ya había invitado a los amigos de su hijo, se tomó la libertad de avisar a algunos cuantos conocidos. Sólo eso podía explicar su actitud dado que no veía al muchacho desde que tenía unos tres años si la memoria me era fiel. Sabía que el chico era un entrenador prometedor y la oportunidad que me brindaba su madre parecía ser muy agradable.
La invitación llegó dos días después de lo sucedido, cuando lo único que hacía tocar la guitarra con tal de relajarme y ahuyentar en parte la culpa que sentía…porque esas chicas confiaron en mí y yo no había estado a la altura de la situación…había fallado, no había entregado una solución satisfactoria sino que las había puesto una contra la otra…sí, no era un familiar ni tampoco estaba obligado a ser la solución definitiva, pero tenía que actuar acorde al desafío y en lugar de eso, parecía un aficionado con un título falso mintiendo para ganar dinero.
Bueno, la única diferencia era que el título era verdadero…pero mentía para ganar dinero.
Sólo Natu me convenció de acceder a ir a esa fiesta. Claro que hablar con él acerca de mi vida social no era lo más recomendable dado mi estado de ánimo.
-¿Qué quieres decir con que no salgo mucho? –Él saltó a mi cabeza mientras una serie de sonidos rítmicos me daban a entender lo que pensaba -¿Cómo es eso que no tengo vida? La tengo y la empleo muy bien –nuevos sonidos rítmicos me enfurecieron -¿A quién le llamas reprimido? No estoy reprimiendo nada, incluso me estoy relajando –nuevos sonidos, llevando sus pensamientos a un nuevo nivel -¡No necesito novia y no vuelvas siquiera a insinuarlo!
Era increíble…como si eso realmente pudiera afectarme…
Me afectaba fracasar ante todo. Me afectaba no estar a la altura de la confianza depositada.
Por eso acepté la invitación. Porque alguien esperaba algo de mí y no quería fallarle. Sí, un motivo patético, pero motivo al fin y al cabo. Motivo más que suficiente para asearme, peinarme un poco, buscar ropa decente, dejar casa y liquidar el largo camino hasta Pueblo Paleta, donde al golpear la puerta indicada apareció una mujer conocida que me abrazó con alegría.
No Delia, sí me alimento todos los días…no, no necesito cortarme el cabello, trabajo independiente…me gusta mi barba, es mi orgullo…ah sí, este es Natu, te lo presento…
Si hasta se parecía a Helena…me ayudaba a recuperar ese algo familiar…
Algo que se esfumó en cuanto ellas aparecieron en mi campo de visión.
Estaban en puntos diferentes, pero cercanos. Sólo la pelirroja hablaba con el cumpleañero y las otras se encontraban a escasa distancia. Pensé en pasar desapercibido un segundo, pedirle ayuda a mi amigo para no ser notado, seguir hablando con Delia o fingir un compromiso…o perderme entre los invitados en un espacio pequeño, todo con tal de fingir, aparentar que conservaba algo de mí mismo y que ese fracaso no me afectaba tanto…
Qué sacaba si ya se habían dado cuenta.
Las vi palidecer un segundo y no tardaron en ignorarme, como quien ignora una mosca mientras intenta leer. Natu no pareció muy contento e hizo ademán de reaccionar, mas yo acaricié sus plumas, buscando calmarlo. Mi amigo solía ser muy rencoroso, de manera que no me extrañó que me mirara con desconcierto.
-Luego amigo, debo solucionar esto a mi manera.
Dejé pasar la hora mientras los invitados se marchaban gradualmente. Sabía de cuatro personas que se quedaban, siendo yo una de las cuatro por petición de mi amiga, la cual dijo que ni se me ocurriera volver dada la hora y tantos argumentos que me hicieron sentir el mocoso que no era, pero daba igual, porque si quería solucionar ese problema, tendría que trabajar hasta tarde, sin libreta ni nada, sólo con mi memoria. No obstante, asegurarse las condiciones propicias parecía casi imposible, de manera que no me quedó otra que esperar a que todos se durmieran y bajar hasta el primer piso y sentarme junto a la entrada mientras contemplaba el cielo estrellado.
Ideal para fumar, fue lo primero que pensé mientras el viento me daba en la cara y unos pasos me indicaban la presencia deseada.
-¿No puede dormir?
Sabía que el muchacho aprovecharía la calma posterior a la fiesta para estar tranquilo con sus pensamientos. Se le notaba en la expresión durante esas horas, aunque había algo de azar en mis conclusiones. Mas no di a entender nada eso, limitándome a asentir en respuesta a su pregunta.
-No alcancé a desearte feliz cumpleaños muchacho, has crecido mucho.
-Gracias –me miró con curiosidad antes de preguntar -¿Cómo lo puedo llamar?
-Llámame Tom –solté con indiferencia mientras daba una pitada.
Había captado la mayor parte de los detalles en la fiesta…
Todos los puntos a la vez: Muchacho viajero por la ropa y el cabello, los guantes como protección, se notaba que podía esperar cualquier cosa; Por la forma en que caminaba, se notaba que se encontraba en buena condición física, fruto sin duda de años y años como viajero; Seguridad en su entorno, llamar "amigo" a su pokémon también hablaba de nobleza y fuertes vínculos, seguramente un buen entrenador; Se acuesta temprano todos los días, la ausencia de ojeras marcadas lo dice…sí, ha descansado bien; La potencia de la voz habla de un chico con personalidad al cual es muy difícil intimidar…ahí aflora la naturaleza impulsiva, lo que a veces va de la mano con la inmadurez…claro, la inmadurez de viajar sabiendo sola a tu madre y no percatarse de eso antes sin que nadie se lo diga…y la densidad de alguien que no capta las indirectas de las mujeres…
Sí, ahí estaba el motivo de mis suplicios. Y con todo, se parecía un poco a su madre.
-¿Conoce de hace mucho a mi madre? –Preguntó él mientras se apoyaba en la cerca.
-Tanto como te conozco a ti, mi amigo –vi que él me miraba con extrañeza, una señal de que estaba a punto de romper con parte de mi compromiso de confidencialidad –bueno, me han hablado mucho de ti, por si te interesa saberlo.
-¿Quiénes? ¿Alguien en especial?
-Más de alguien si nos referimos a tus amigas –abrió los ojos sorprendido…sí, así es amigo, de qué te sorprendes –debo confesar que tu firma de bicicleta pararrayos es muy curiosa.
-Fueron accidentes –replicó el chico con el rostro enrojecido –y ya están solucionados…
-Comprendo, comprendo, sólo bromeaba –permanecí callado, a la espera de que él dijera algo, mas como no abría la boca, supe que debía continuar –son unas chicas muy especiales…
-¿Cómo dice?
-Tus amigas…eres muy afortunado de tener esas amistades –dejé escapar el humo de la última pitada –he aprendido a conocerte gracias a ellas y…he aprendido a conocerlas bien.
-Bueno, sí…sí son especiales –reconoció él, algo abochornado…no, había algo más tras esa expresión…un nerviosismo…claro, el nerviosismo de quien se enfrenta a algo demasiado grande.
-Tú sabes cómo te ven ellas, ¿no es así? –No obtuve respuesta más allá de su silencio y la cabeza gacha…sí, me acercaba a mi objetivo –Sabes que el tiempo y ciertas actitudes pueden acarrear ciertos efectos –lo miré unos segundos. Estaba demasiado avergonzado como para hablar –ellas decían de ti que eres denso, mi amigo…pero yo creo que no eres denso, sólo finges no saber nada porque resulta más sencillo, ¿acaso no tengo razón?
-Usted no entiende –murmuró él con angustia…sí, sí tenía razón –hace mucho que tomé una decisión, pero no sé nada de estas cosas…no sé cómo actuar…no sé qué decir…
-Entiendo –tal vez sí había "Observación" pero también había "Algo de inmadurez" e "Indecisión" resaltada por la "Falta de experiencia".
-No me gusta esto…no me gusta saber que no hago nada por temor a hacer las cosas mal y al mismo tiempo, lo estoy haciendo todo mal…
Se interrumpió, como si de pronto cayera en la cuenta de las cosas que estaba diciendo. Aquello me dio a entender un detalle significativo: Por más amigos que tuviera, con ellos no era del todo sincero, un detalle un curioso en un muchacho que a simple vista aparentaba cierta inmadurez mezclada con cierto toque de inocencia. Y era comprensible que se detuviera si consideraba lo absurda que era la situación en sí misma. Después de todo, yo era un desconocido para él más allá de cualquier vínculo que pudiera tener con su madre y él no sabía ni la mitad de lo que yo sabía de él, información que había extraído en tres sesiones diferentes y en unos pocos minutos.
-¿Quieres conversarlo?
Mis palabras no aliviaron su tensión. De pronto, se encontraba sentado junto a la puerta y yo de pie a su lado buscando otro cigarro aprovechando la ausencia de paredes. No había diván ni escritorio, no había fichas ni la garantía de la pulcritud de Helena…ni siquiera había una hora. No, esto tenía que ver exclusivamente conmigo. Porque el muchacho podía parecer atribulado, podía brindarle la oportunidad de relajarse y explayarse, pero dentro de todo, seguía siendo algo que hacía por mí mismo, para quitarme de encima la deuda pendiente que representaba su indirecta responsabilidad en mi mayor caída profesional.
-Ni siquiera sé quién es usted –articuló el chico con incredulidad.
-Sabes que me llamo Tom, que soy amigo de tu madre, que me tiene la confianza suficiente como para invitarme al cumpleaños de su único hijo a pesar de los años que han transcurrido…sabes que conozco a tus tres amigas, privilegio que no puede tener nadie más de tu círculo cercano sin mediar tu presencia, que conozco tu estela de destrucción y sabes también que sé algunos detalles tuyos que acabo de revelar –sonreí con el pitillo encendido entre los dientes -¿Es suficiente para ti o quieres más datos?
Dejó escapar un suspiro. Cuánto me agradaba esa pequeña acción. No era más que la previa a la declaración, a dejar ir todo con la confianza correspondiente. Finalmente podría entenderlo todo…por fin…
-Comencé a viajar a los diez años…aunque dudo que eso represente una sorpresa para usted, ¿verdad? –Tenía razón, muchos chicos comenzaban a esa edad –La verdad…ninguna de las situaciones que se fueron dando al comienzo fueron normales…es decir, recibí un Pikachu como pokémon inicial, el cual no me obedecía en principio…no recuerdo nada de mi padre salvo algunas referencias vagas –yo creía recordarlo, pero mejor no hacer mención de ese detalle –pero más allá de las batallas o de los logros…bueno, sé que no son datos menores pero…
-Pero no te preocupan –completé, notando que estaba en lo cierto.
-A mis primeros amigos los conocí…bueno, a mi primer compañero de viajes lo conocí en una batalla de gimnasio, después de la cual decidió acompañarme…y para qué hablar de mi segundo compañero, él sólo quería conocer a su ídolo –eran detalles interesantes, pero se alejaba de lo que realmente conocía –pero lo cierto es…es que lo singular fue cómo las conocí a ellas.
Sí, a ese detalle quería yo llegar, a su punto de vista. Porque seamos honestos, ¿cómo chingados un mocoso de diez años se las arregla para que su primera amistad de viaje, la primera de todas, fuera precisamente con una chica? Precisamente era algo que quería saber dentro de toda mi rabia o cualquier rencor que le pudiera guardar.
-A Misty la conocí…la conocí cuando me pescó de un río –agradecí no tener la libreta en las manos que pudiera dejar caer debido a la sorpresa, aunque me obligué a morder el cigarro para no dejarlo escapar –y…bueno, supongo que sabe lo de la bicicleta, ¿verdad? Pero lo cierto es…que de haber sabido a qué me llevaría todo eso, lo habría hecho de nuevo, a pesar de las dificultades.
-Fue tu primera amiga, ¿no es así? –No necesitaba que respondiera, con la sonrisa me bastaba.
-Siempre ha sido gruñona, mandona, gritona, a ratos agresiva…pero al final, terminé por sentir afecto por esa parte de ella…acaso porque a su lado, cada día me parecía una aventura…o porque estaba allí siempre que la necesitaba…o porque en los momentos más difíciles…no sabría explicarlo, pero nunca he sido capaz de definirla con palabras…de comprender por qué cuando nos separamos, por primera vez en mi vida me sentí tan vacío…es decir, vinieron otras separaciones, pero nunca fue lo mismo.
Con aquellas palabras lo dejaba todo claro. Ya sabía qué quería sin que me lo dijera con todas sus letras. ¿A esa decisión se refería? ¿O se refería más bien al recuerdo mismo? Aunque a juzgar por la mirada…era más que melancolía, más que nostalgia, más incluso que un recuerdo de infancia. Porque cuando un acontecimiento incide hasta en las acciones más recientes, puede ser de todo menos la misma nostalgia. El chico tenía claras sus intenciones, pero había algo que lo refrenaba. ¿Sería acaso la imagen misma de esas chicas? ¿Sería acaso el temor que le inspiraban? ¿O era un temor más arraigado a sí mismo?
-Por algo se le llama crecer, ¿no? –Me sentía estúpido pretendiendo actuar como un padre, pero parecía funcionar –Fue tu primera amiga y…me imagino que influyó en tu manera de relacionarte con las chicas, ¿no es así?
-Es gracioso que lo diga de esa forma…pero las cosas se dieron diferentes –no me cabía en la cabeza de qué forma podían serlo si cuando se enojaban… -verá, todo tenía que ver…porque cuando conocí a May, me di cuenta de que a pesar de tener todo para empezar mejor, era peor que yo cuando era un novato…es decir, ¿empezar un viaje de entrenamiento pokémon cuando detestas a los pokémon? No tiene lógica, no podría tenerla y a pesar de todo, ella quiso viajar conmigo y…y Dawn…bueno, ella se parecía un poco más a mí, pero en más de una ocasión no fui capaz de entenderla cuando ella a mí sí y…
-¿Te atormenta el no poder entender a tus amigas? –Ni siquiera le dio para asentir…pobre chico, que tuviera que presionarlo para que me dijera su problema…que otras personas tuvieran que llevarme hasta él y no él buscar la ayuda…tal vez ya no lo odiaba tanto, pero la deuda seguía estando –Ash…nadie dijo que fuera sencillo…es decir, ellas mismas parecen no entenderte y…
-Oh por favor, no las ha visto…
-¿Por quién me tomas? Vengo informado, claro que lo sé y ellas no entienden tus acciones, no entienden cómo otros pueden captar lo obvio pero tú no…y aquí estás, demostrándome desde el principio que sí entiendes lo obvio, pero que has preferido todos estos años hacerte el despistado porque resulta más sencillo…o porque directamente te da miedo afrontar esa decisión que tomaste…
-¡Yo no tengo miedo! –Sí, me gustaba ver que, a pesar de todo, podía apelar a su orgullo.
-Entonces, si tomaste una decisión, ¿por qué no has hecho nada?
-¡Porque no quiero hacerle daño a ninguna! –Esperaba cualquier cosa menos una respuesta de ese tipo…tal vez sí había algo de "Nobleza" más allá de "Cobardía" –He compartido con ellas los mejores años de mi vida y…y…la sola idea de que por mi culpa puedan terminar destrozadas…que por mi decisión…
-¿Y no has pensado que tu silencio puede ser más destructivo que la respuesta en sí? –Ash me miró confundido, la misma expresión del paciente cuando soltaba una frase que parecía resumirlo todo –Piensa que ha sido mucho tiempo…piensa que ellas esperan algo de ti, no una acción, no un regalo, ni siquiera una mirada, más bien tu decisión, tu pensamiento y sentimiento y no me mires con esa cara, siempre será así porque a veces, mi amigo, una respuesta puede ser muy dolorosa, pero es la verdad al fin y al cabo y ésta vale por sí misma, se agradece eso a una agonía que no termina.
-Lo dice como si fuera muy sencillo –gruñó el chico y por primera vez, su expresión se desdibujó ante mi borrosa mirada…
Es fácil hablar así si no sabes lo que siente el paciente, ¿no es verdad?
Ah no, no me iba a salir con esa gracia…y maldita mocosa, ¿por qué tenía que aparecer en mi cabeza? Cuando creía tener la cabeza fría, venía ella y me recordaba por qué estaba furioso…y por qué hacía lo que hacía…pero dentro de todo, las dudas del chico seguían teniendo un fundamento sólido. Porque realmente no sabía nada de mí. No sabía que todo aquello lo hacía no por él sino por mí. No sabía que mientras lo atendía, lo único que esperaba era redimirme de mi propio fracaso y encontrar una explicación para todo aquello…una razón que explicara por qué tres chicas con familia buscaban la ayuda de aquel que parecía destinado a comprender menos sobre asuntos del corazón y más sobre la cabeza…
Por qué ellas confiaron en mí a pesar de todo…
-¿Acaso crees que son una niñas caprichosas a las que no se les puede decir que no? Si ésa es la idea que tienes de tus amigas, me sentiría muy decepcionado de lo poco que las conoces -¿De dónde salía todo eso? Por supuesto que de ningún libro de texto –Misty puede ser terrible cuando se enoja, pero te aseguro que eso no es otra cosa que un mecanismo de defensa que ha empleado porque la vida la ha golpeado duro y teme volver a ser herida si revela ese lado amable que la vuelve una muchacha encantadora; May es una chica que se ha sentido inferior a lo largo de su vida por ser incapaz de estar a la altura de las expectativas, que se siente culpable de perseguir sus propias metas, pero que oculta en esas acciones el valor para ir contra todo lo establecido, sin por eso dejar de ser una chica dulce; y Dawn…bueno, posee una fiereza de los mil demonios, un lado rudo y presumido desarrollado con tal de estar a la altura de un mundo a veces demasiado cruel al que le puede temer, pero que enfrenta a pesar de todo…tal vez no quiera demostrar demasiado ese lado sensible porque quiere parecer fuerte ante los demás, en especial ante las personas que admira, dejándose de lado todo este tiempo, sin permitirse ser quien es con tal de no defraudar a quienes han puesto su confianza en ella, aquellos que todo le han enseñado…olvidando sin querer la ternura que forma parte de ella…que en el fondo, sigue siendo más alma y corazón que ninguna –me detuve, asombrado de todo lo que había dicho…sí, me había arrancado del guión para crear un discurso resaltando virtudes…una verdadera oda a mis pacientes…qué ridículo, ni que fuera poeta…pero al parecer había funcionado, porque Ash me miraba con los ojos abiertos al máximo –son fuertes mi amigo, tú les has enseñado a ser fuertes y por eso, sea cual sea la decisión que tomes, piensa que tiene valor por ser la verdad y sabrán enfrentarla.
-Gracias Tom –murmuró el entrenador con alivio, como si lo realmente importante ya estuviera hecho cuando en realidad, no era así. Y eso lo notó en cuanto puse una mano en su hombro.
-Aunque déjame advertirte que si lo dilatas más y ellas salen perjudicadas, te buscaré y te estrangularé con mis propias manos –al verlo palidecer, no pude evitar soltar una carcajada y palmearle la espalda –estoy bromeando, relájate.
Lo escuché reír nerviosamente antes de pisar la colilla y entrar en la casa. Aunque había algo de verdad…porque claro que lo estrangularía si volvía a ver a una de esas tres en mi consulta…no, no lo estrangularía, lo pondría en mi lugar, a ver si le gustaba la idea que por tipos como él, tipos como yo sufrían lo indecible. Aunque a decir verdad, todo habría sido muchísimo más sencillo de haber sido él el primero en asistir a mi consulta. Me habría ahorrado rabias y bofetadas…sobretodo bofetadas. Claro que ellas no notarían nada, aunque tampoco lo deseaba. Por muy egoísta que pudiera sonar, todo lo hacía con tal de quedar bien conmigo mismo y probarme que, a pesar de todo, sí era capaz de estar a la altura de cualquier desafío.
Ahí estaba, la fuente de todos mis males…y seguía siendo un chiquillo asustado de la vida a pesar de la experiencia que le brindaba tanto recorrido…de pronto, todo el origen del problema parecía absurdamente sencillo, al punto que me resultaba imposible ocultar cierta paz interior, cierta tranquilidad…más allá de saber que has cumplido con tu deber o contigo mismo, la satisfacción residía más en arrebatarle la amenazante máscara al problema que te torturaba en el pasado para revelarlo tal y como era desde el principio: Un pequeño bache en el camino, nada más, nada menos.
Eso ameritaba un cigarrillo de la victoria…un habano me parecía más apropiado, pero el cigarrillo estaba bien…no, un habano y un vaso de whisky…no, no había nada de eso, así que el cigarro…
Me detuve a unos pasos de la puerta de mi habitación al ver quién estaba apoyada en ella…
-¿Dawn?
La chica llevaba puesto un pijama rosa y el cabello suelto. ¿Tan tarde era? No tenía noción del tiempo, así que venía a dar lo mismo. Lo que sí me extrañó fue su expresión cohibida y el sonrojo en su cara. Me transportó a nuestra única sesión…ay no, otro problema…
-Doctor… -apenas la escuché, así que me acerqué con el ceño fruncido.
-¿Qué sucede muchacha? ¿Pasa algo?
-Quería…pedirle disculpas por lo que pasó en su oficina.
-¿Qué? –Sólo la mirada avergonzada de la muchacha, fija en mi expresión interrogante, me ayudó a ver la luz –Ah, eso, te refieres a eso –sonreí, ya nada me quitaba la expresión alegre del triunfo y mi cigarro de la mente –no te preocupes, no hay nada que disculpar, en realidad me comporté como un idiota y…
-Tom –la tensión en su voz y el hecho de que me llamara por mi nombre y no por el título me cortó el aliento –todo eso que dijiste…todo… ¿Es verdad?
-¿Qué? –Una pregunta como ésa no parecía encajar, de manera que no era capaz de asimilarla.
-Todo lo que hablaste con Ash…lo que le dijiste sobre mí…todo eso… ¿Es verdad?
¿Había escuchado? ¿Había escuchado la conversación? Bueno, eso era lo de menos, porque en realidad me incomodó la pregunta. ¿Acaso me creía capaz de mentir? No, ésa no era la pregunta correcta… ¿Acaso la había ofendido? ¿O realmente me creía un mentiroso de los peores? Demonios, ¿qué había hecho para cagarla esta vez? Repasé mentalmente mi discurso, rápidamente palabra por palabra, en particular todo aquello que hacía referencia a la muchacha frente a mí…y no, no sabía de ninguna ofensa, a menos que realmente le ofendiera mi descripción de su personalidad…de una u otra forma, la había cagado en algo y no tenía otra forma de averiguarlo que afrontando la pregunta para la cual sólo tenía una respuesta…
-Bueno…sí…
De pronto sentí algo extraño…un impulso repentino de la gravedad que tiró de mi cabeza con brusquedad y un calor intenso en la mejilla derecha. Había sucedido todo tan rápido que tardé demasiado en asimilar lo que en realidad ocurría y cuando lo hice, sentí que algo me arrancaba de cuajo las entrañas, dejándome vacío.
Era un beso…Dios mío, la muchacha me estaba besando la mejilla. Apenas había sido un segundo, pero me pareció eterno acaso porque yo no estaba ahí, mas cuando sucedió vi que la chica me miraba decidida a los ojos y esbozaba una sonrisa, sin desaparecer el rojo de sus mejillas. La observé sin ver cómo caminaba hacia su habitación y al llegar a ella, contuvo una risita…tal vez mi expresión de asombro era cómica…
-Buenas noches Tom.
Incluso después de cerrar la puerta, permanecí ahí incapaz de creer lo que había sucedido. Esperaba una bofetada, un puñetazo, una patada en mi punto débil básico… ¿Dónde demonios encajaba eso? ¿Qué quería decir? Quería sacar conclusiones, mas ninguna parecía encajar ni con la situación ni con el perfil psicológico que tenía de la muchacha.
Lo peor es que Natu, al verme entrar, me miró con expresión socarrona, sin duda al tanto de lo que había ocurrido y su conclusión no me hizo mucha gracia:
-¡Qué mierda quisiste decir con eso de pederasta!
