Ha sido un caso complicado, tanto que me cuesta creer que haya terminado con él y por eso lo dejo aquí, fresco. Sin embargo, creo que ahora también me volé la barda en cuanto a absurdo y no sé si he estado a la altura, porque para bien o para mal, cada día se está haciendo más complicado seguir esta historia. Por eso y de todo corazón, suplico su opinión, queridos lectores. Estoy con el alma en un hilo, parece que he complicado más las cosas de ser posible, pero necesito saber si sigo a la altura o ahora sí ya la regué, si les sigue gustando esto o ya quieren ver mi cabeza en una pica, aceptaré las críticas con muchísimo gusto.
Quiero agradecer en esta oportunidad a mi papá (sí, en serio) porque gracias a su consejo, encontré la forma de seguir al final y por supuesto, a mis queridos lectores que han seguido esta historia y por quienes lucho por seguir adelante tratando de mantener la calidad de esta historia, en especial a
MIREYA DXC: Gracias por tus opiniones querida, siempre levantándome la moral, con tus palabras y tu extensión de comentario, eres lo máximo.
Whitemiko5: Pues sí querida, por estos lados es profanador, pero dado que Tom tiene un origen poco claro, su acento es más extraño, ya verás por qué. ¿Así que te encontraste con un profanador? Qué horror, es una locura, jejeje. Gracias por tus halagos, intento entretener y con tus palabras me motivas a mejorar más. Y por cierto, espera nomás, tengo pensadas más sesiones y con respecto a pokémon favorito…yo creo que sí es Natu, pero en primera lo pensé porque parecía más tranquilo. Espero disfrutes este capítulo.
Ariz Taerio: Gracias por leer, aunque no esperé que lo leyeras todo de tirón, jejejeje, y gracias por tus comentarios, este psicólogo tiene cada ocurrencia…pero ya verás, claro que hay más pacientes preparados, todavía no he terminado y sí, es probable que ahonde en el pasado y vida de Tom si este personaje se gana a los lectores. Gracias por todo y en cuanto a los reviews…bueno, qué le vamos a hacer, todavía emerjo, ya se verá más adelante.
Ahora sí, sin más dilación, iniciemos la sesión y que Freud nos acompañe.
x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x
No parecía un mal día.
De hecho, eso era lo que me asustaba. Por primera vez en mucho tiempo, no me quedaba dormido sobre el escritorio, el reloj estaba a punto de marcar las tres de la tarde y ningún paciente parecía dignarse a hacer acto de presencia. ¿Habría algún partido de fútbol? Ojalá, representaría la oportunidad perfecta de relajarse un poco…aunque claro, con Helena de por medio, la posibilidad parecía un poco… ¿Lejana? ¿Esquiva? Más bien imposible si ella actuaba como la guardiana permanente de todo lo que tenía que ver con fichas, expedientes, medicamentos, drogas y horarios de siesta.
Pero el letargo estaba alcanzando niveles sospechosamente altos…quiero decir, Natu apenas se mantenía despierto a causa del silencio mismo, mientras yo fingía que leía un tratado sobre las bondades de la Técnica de Ludovico cuando en realidad me limitaba a mirar a través de la puerta una y otra vez a la espera de Helena y sus expedientes, Helena y su ceño fruncido regañándome por mi pereza…pero nada, con suerte el sonido de nuestras propias respiraciones y ningún eco proveniente de las oficinas vecinas.
Hastiado, acaso con el temor de que tanto silencio me enloqueciera, me levanté dejando a mi amigo sobre el escritorio y abrí la puerta que me llevaba a la sala de espera. Ahí estaba Helena, sentada junto al escritorio mientras leía lo que parecía ser una revista sobre… ¿Qué sería? Bueno, no parecía ser del tipo Cosmopolitan dadas las fotografías en blanco y negro…tampoco parecía ser demasiado interesante como para que mi secretaria se limitara a fingir que leía, como si el leer le otorgara más puntos en nuestra relación profesional.
-Dime por favor que hay una hora para este día –gruñí mientras tomaba asiento donde usualmente se ubicaban aquellos que esperaban su turno.
-Ahí está el detalle, quien había programado una hora debió de haber llegado a la una de la tarde y después de eso…bueno, ninguna hora –incluso Helena parecía dispuesta a mandar todo al diablo.
-Ya veo –aquello no era usual. Por lo general, cada día desfilaba por la consulta la razonable suma de cinco pacientes, siete cuando los días eran mejores, pero que sólo hubiera uno en la agenda y que no llegara…algo no marchaba bien –dime Helena, ¿hay alguna final de liga o algo así?
-Ahora que lo mencionas, creo que hoy era la final de la Liga de Fútbol entre…
-Ah claro, ni lo digas, con eso basta para que todos estén encerrados en sus casas.
Porque el fútbol movía pasiones…al menos en ese lado del mundo, donde ese deporte parecía lo único capaz de hacerle la competencia a cualquier Liga Pokémon. De todas maneras, ni me acordaba de qué equipos disputaban la final, así que daba igual. Volví a mirar el reloj y comprendí que después de esa hora difícilmente aparecería un paciente. Por lo general, cuando el apuro está presente, siempre llaman anunciando su atraso o cosas así y en este caso en particular, parecía ser que el hipotético paciente no tenía tanta prisa, lo cual quería decir que estábamos sentados en la consulta únicamente para calentar el jodido asiento. Ni siquiera nos importaba el fútbol, de otra manera habría encendido la radio.
-Helena –la aludida me miró perezosamente -¿Tienes algo que hacer?
-La verdad es que no –confesó ella en voz baja.
-Bueno, si no ocurre nada en los próximos cinco minutos, te propongo que…
No esperé que un potente estallido ahogara mis palabras, al punto que ni yo mismo supe qué acababa de decir. Un estallido que remeció un poco los muebles y nos obligó a ponernos de pie. De no ser por el estallido, habríamos pensado que era un temblor y de no ser por el temblor, habríamos pensado…qué más da, aquello no se presentaba en el edificio y el hecho de que hubiera algo así no podía significar nada bueno. Probablemente una fuga de gas, tal vez una falla estructural, lo único que podía explicar que aquellos estruendosos sonidos siguieran una trayectoria al punto de estar los suficientemente cerca como para derribar unos cuadros con su onda expansiva.
-¿Alguien está jugando con bombas? –Preguntó Helena, visiblemente atemorizada, actitud no adoptaba con demasiada frecuencia.
-Cabrones –me levanté y caminé hacia la puerta, sintiendo de pronto cómo los estruendos se mezclaban con… ¿Gritos? Parecían ser… ¿órdenes? ¿Qué chingados? Sólo podía ser…maldita sea, un asalto, no podía ser otra cosa… ¡Un pinche asalto masivo y no querían ir con pequeñitas!
No tardé en correr a mi escritorio atravesando de golpe la puerta. Ahí estaba el pequeño Natu ya alerta y listo mientras yo agarraba mi siempre confiable palo de golf, el cual hacía años que no sabía de sangre. Y quizás eso lo notó mi secretaria, la cual me miró con estupefacción. Supongo que no debía ofrecer el mejor aspecto con Natu en el hombro y armado con algo tan insólito. Parecía a punto de decir algo, pero de qué serviría…
-Pero qué piensas…
-¿Tú qué crees? –Le sonreí, sabía que eso la sacaba de quicio –Si quieres conservar tu empleo, quédate aquí.
Sin más, abrí la puerta y me adentré en el pasillo. Quizá fue ése uno de mis principales errores, acaso porque debí mirar a ambos lados como si fuera la calle de cualquier barrio. Aunque tal vez no fuera eso…no, tal era simplemente el hecho de que esperaba cualquier cosa, desde una tropa de maniáticos armados con quizás qué bombas o un grupo de adolescentes drogados en busca de la siguiente dosis o algo que les permitiera obtener tal cosa, pero en lugar de eso…
-¡Woobat, usa Tornado!
-¡Carnivalín, échales tus semillitas!
-¡Blaziken, usa Lanzallamas!
-¡Staryu, ataca con Chorro de Agua!
-¡Piplup, Remolino!
¿Y lo peor?
-Ya me ching…
Debió de ser lo último que alcancé a decir antes de comprender mi crítica situación…de ver cómo un arcoíris me rodeaba tanto a Natu como a mí, quienes vimos de pronto el viento, la luz, el fuego, el agua, las burbujas, de manera que lo único que atiné a hacer fue rodear a mi amigo con los brazos mientras… ¿El mundo entero sobre nosotros? Porque de ambos extremos de un amplio pasillo provenían los ataques, cinco comandos diferentes y todos con un único objetivo, el cual terminó por aparecer justamente ahí, en el centro, ingenuamente armado con un mísero palo de golf y sin el tiempo necesario para reaccionar a semejante avalancha de potentes ataques…
Partiendo porque no sé a ciencia cierta qué sentí…primero un impacto descomunal…un frío atroz…unos golpes durísimos, un calor y una humedad…pero un dolor tan terrible…si al menos hubiese sido uno y no cinco ataques de semejante calibre…por eso eran batallas uno contra uno y un humano no intervenía…pero de haber tenido tiempo habría…habría… ¿Qué chingados habría hecho? ¿Rezar? ¿Resignarme? ¿O pretender creer que realmente podía detenerlo todo? Porque no sé si fue la potencia del viento o el conjunto mismo el que me levantó del piso para estrellarme contra el techo…sentía algo de mí con olor a quemado mientras la cabeza me dolía a horrores…y cuando caí al piso… pero por qué…si sólo eran ataques de Pokémon…
Ah claro…formas evolucionadas…y entrenamiento…y yo indefenso…
Después de tanta luz, la oscuridad me vino muy bien. Quiero decir, es como cuando estás cansado…después de trabajar o después de un largo viaje…o después de tantas cosa…pero con insomnio, aquel sueño fue una verdadera bendición, alejando de una vez el horroroso dolor…
Y después, sólo oscuridad…
Pero claro que sobreviví, ¿verdad? Digo, si estoy explicando esto, significa que sobreviví, ¿no es así?
Pero eso sí, fue algo serio. Porque nunca esperé que después de semejante avalancha, despertara en un lugar diferente. Y quizás porque no recordaba la última vez que había estado en un hospital fue una causa importante de que en principio fuera incapaz de reconocer la cama o la habitación. Apenas si podía reconocer el dolor en sí y la bola emplumada que descansaba cerca de mi cabeza, aparentemente a salvo…pero qué alivio, a él no le había pasado nada…qué bueno, porque realmente dolía tanto que era capaz de contar cada una de mis costillas…
-¿Ya despertaste cuate? –Soltó una voz a mi lado, la cual tardé en procesar, acaso porque no era la misma voz que hablaba para hacerme reaccionar.
Al lado de mi cama había un sujeto joven, probablemente unos veinte años…la edad de Helena, entonces un poco más, de cabello corto algo azulado y unos extraños ojos asustados y… ¿Emocionados? Necesité enderezarme un poco a pesar del dolor para observarlo con mayor detenimiento, sólo para comprender que…
-¿James? –Apenas podía creerlo, quizás por eso la voz escapó con tanta dificultad –Eres… ¿Eres tú?
-¿El golpe hizo que lo olvidaras? –Preguntó el medio en broma antes de que lo agarrara del brazo para poder darle el abrazo correspondiente, el mismo que ameritaba tantos años de ausencia.
-Pinche cabrón –gruñí, incapaz de contener la emoción -¿Dónde carajo has estado? Lo último que supe de ti fue que escapaste de todo.
-Escapé de todo, pero quería verte…y en cuanto tuve la oportunidad…
-Ya veo…entonces, ¿tuyo era uno de los ataques? –Mi viejo amigo asintió algo avergonzado, de manera que intenté restarle importancia al asunto, nada me importaba demasiado –Pero oye, en mi rancho se suele tocar la puerta, ¿no? ¿En qué líos te has metido carnal? Porque ese chingadazo que me dejó aquí…
-Es…es una larga historia, ¿sabes? Pero ya te la contaré, por lo pronto…
-James, no vengas con nada, estoy vivo, esos golpes me dejaron un poco aturdido, pero no es nada…además, venías a buscarme –sonreí mientras le colocaba una mano en el hombro, como en los viejos tiempos –apuesto que me buscabas como hacías tiempo atrás, ¿no es así?
Sin duda alguna, se trataba de uno de mis amigos más antiguos.
Lo conocía desde que era un mocoso millonario con una vida acomodada. Sin embargo, él siempre aprovechaba la oportunidad de escapar de todo y jugar a lo que fuera, aunque en realidad, esa vida de ricachón no le venía bien a un chico como él ni mucho menos que lo obligaran a tomar decisiones sin duda aberrantes. ¿Qué es eso de comprometer a tu hijo contra su voluntad a un matrimonio con una chica insoportable? Y el chico…bueno, mientras me la pasaba leyendo y preparando mis exámenes, aparecía él, siempre curioso por los enormes libros que nunca se atrevió a leer, siempre una instancia para relajarnos en compañía del otro, siempre escuchando las sandeces o importancias que el otro pudiera decir…hasta que claro, la presión del hogar se tornó insoportable, huyendo de todo y de todos para perderse por años sin que supiera a ciencia cierta qué estaría haciendo, cuáles serían sus pasos…
Y de pronto estaba ahí, mi cuate querido junto a mi cama, recién después de recibir el equivalente a la peor paliza de mi vida.
-Siempre has sido un buen amigo y…te echaba de menos, ésa es la mera verdad –confesó James, emocionándome con sus palabras.
-Bueno, ahora soy psicólogo, supongo que eso eleva mi rango, ¿no es así? –Miré la habitación unos segundos antes de continuar –Tal vez no sea mi consulta, pero siempre tengo tiempo para los míos…
-No Tom, tú lo que necesitas es…
-Corta el rollo, ¿quieres? Esto no es nada y tú buscabas a un psicólogo, así que qué mejor ocasión, ¿no? –Lo conocía, sabía que por eso se encontraba en el pasillo, más allá de cualquier batalla de por medio o de quiénes pudieran acompañarlo –Ha pasado mucho tiempo y quiero saber por qué me buscabas…no, no creas que no sé que me echabas de menos, pero había algo más, ¿no es así?
Sin duda alguna, sería una de las sesiones más raras de mi vida: En una habitación de hospital, tendido sobre una dura cama, sin duda con un par de costillar rotas y a uno de mis mejores amigos sentado junto a mí después de años de ausencia… ¿Y me buscaba? Sin duda debía de estar desesperado como para decidirse a algo así. Por eso no quería hacerlo esperar: Porque el cabrón tenía mucho que contarme, qué había sido de él, por qué aparecía después de tantos años…por qué ahora y no antes, cuando a veces me preguntaba qué habría sido de él, si acaso había fallado como amigo por no haberle tendido una mano antes…
Y en un segundo, podía ver a mi amigo de nuevo, con todos los puntos a la vez.
Primero, mantenía el mismo corte de cabello. Más allá del aspecto o la comodidad que aquello pudiera representar, significaba que de alguna manera, era incapaz de olvidar su antiguo hogar y los antiguos hábitos que éste le inculcara. Segundo, seguía teniendo los mismos ademanes poco aristocráticos, así como ese acento similar al mío, pero que yo había ganado en parte por herencia familiar, siendo él un caso en el cual éste no era otra cosa que la consecuencia de esa amistad que en el pasado compartimos. Y tercero, una ropa que hablaba de un chico que buscaba lo primero que tuviera al alcance, todo con tal de cubrirse un poco…o tal vez aparentar…claro, como si su condición de heredero de una gran fortuna fuera un obstáculo, como si el escapar de sí mismo fuera llevado a un nivel diferente.
-Ha pasado agua bajo el puente, ¿sabes? –Murmuró él con tristeza –Es decir…a veces me pregunto si…si realmente debí irme de casa…
-¿Pero veías otras soluciones?
-Ahora sí, pero en ese momento no…no veía nada claro, nada seguro…
-Por tu tono, parece que hay mucho que quieres contarme.
-Pues…sí –me parecía extraño ver cómo mi amigo no levantaba la cabeza –quiero decir…en el camino he hecho tonterías, ¿sabes? Tonterías que en principio parecían divertidas, tonterías que parecían alejarme rápidamente de esa realidad en la que vivía inmerso…tonterías que le daban emoción a mi vida, cosas que a veces me hacían ver el valor de seguir viviendo pero que viendo atrás, me doy cuenta que no fueron las mejores decisiones.
-Bueno, creo que te entiendo –entenderlo…claro que lo comprendía, yo mismo había hecho demasiadas estupideces en mi juventud porque me hacía sentir vivo, lleno de energía…pero al mirar atrás, me preguntaba en qué diablos estaba pensando –pero entiende una cosa, si el peso de esas tonterías te impide decirme lo que realmente has hecho, ten por seguro que lo último que haré será juzgarte, ¿está claro?
-Ay cuate, me has hecho tanta falta –murmuró el que yo recordaba como un inquieto y atolondrado muchacho, convertido de pronto en un amasijo de nervios –pues la verdad es…supongo que te preguntarás por qué no toqué la puerta, ¿verdad?
-Tendría que haber perdido la memoria para no hacerlo.
-Pues verás… ¿Te suena el nombre del Equipo Rocket?
Al instante comprendí hacia dónde quería llegar. Equipo o Team Rocket, daba igual, seguía siendo una de las tres organizaciones que conocía dedicadas al robo de Pokémon a escala nacional, pudiendo tener siempre las especies más extrañas empleando los métodos más cuestionables, llegando a considerar a algunos de sus integrantes peligrosos criminales que integraban las listas de los más buscados, ofreciendo siempre fuertes sumas de dinero como recompensa… ¿Y James se había unido a semejante banda de malandrines? Sabía que no era quién para juzgarlo, pero en parte no esperaba tanto…bueno, está bien, podría haber matado alguien, eso era peor…podría haber conservado su libertad robando como independiente, habría sido mejor.
-No me jodas que tú…
-Me uní a ellos…porque quería aventuras y un lugar que representara la última opción de búsqueda para mi familia –pues había elegido bien, dudaba mucho que sus padres pensaran siquiera en la posibilidad de que su querido hijo formara parte de las filas de semejante agrupación –y en principio…en principio me pregunté si realmente valía la pena lo que hacía pero después…después las cosas cambiaron.
-¿Serías tan amable de decir cómo cambiaron? Porque realmente me cuesta imaginar…
-Hice amigos…es decir, después de ti, ellos se convirtieron en mis primeros y mejores amigos –había tanta alegría en su voz que me costaba creer que realmente lograra algo así en un grupo como ése –amigos que no sabían de la fortuna de mis padres y que cuando lo supieron, siguiendo siendo los mismos conmigo…amigos con los cuales compartí en las buenas y en las malas y que hasta el día de hoy siguen conmigo.
-Entonces algunos de esos ataques eran de tus amigos, ¿verdad?
-No pensé que mejorara tanto –confesó él, cambiando ligeramente el semblante –pero sí, era de ella…
-Ah, con que con esa novedad me sales –sonreí palmeándole el hombro –pero bueno amigo, si lo ves por el lado de la amistad, creo que…
-Es que va mucho más allá, porque no todo ha sido tan bonito –inesperadamente, su semblante se tornó serio, haciéndome ver cuán importante era lo que estaba a punto de decir –Tom… ¿Has sentido alguna vez que durante años has perseguido una meta y por ella no has progresado como persona?
Palabras tan atormentadas no podían salir de la boca de James… ¿Quién era ese sujeto y qué le había hecho a mi amigo? No, no podía ser tanto…pero entonces, ¿por qué se sentiría así? ¿Sería por haberse unido al Equipo Rocket? No, tenía que haber un trasfondo. Tenía que haber algo más que lo tuviera así de… ¿Triste? ¿Frustrado? ¿O ambas?
-Más de una vez…pero contigo…
-Es que creerás que te estoy tomando el pelo, pero lo cierto es…que llevo con mis amigos algo obsesionado por un pokémon muy especial…
-Ah bueno, si es legendario…
-Es un Pikachu, Tom, el Pikachu más poderoso que jamás hemos visto y…llevamos persiguiéndolo desde hace años…
No sabía qué me había sorprendido más: Que era un simple Pikachu o que James hablaba de años… ¿Cómo podía tener tanta paciencia si yo con suerte había sacado una carrera en unos años y creía que me volvería loco? Pero un Pikachu… ¡Habiendo cientos y cientos y a él se le ocurría perseguir a uno! Ni que tuviera el secreto de la sabiduría misma. Ya me sentía capaz de hacer un diagnóstico, aunque parecía que tras la confesión había mucho más.
-Lo vimos por primera vez en un viaje…le pertenecía a un bobo novato y nos venció la primera vez…y prácticamente todas las veces que hemos intentado robarlo, sin importar el invento que utilicemos, siempre nos manda a volar y siempre estamos pensando en qué haremos la próxima vez para capturarlo…siempre siguiéndolo allá donde vaya él y el bobo de su entrenador, el cual ha cambiado de compañeros de viaje, de ropa, incluso su estilo, pero siempre parece que va un paso adelante.
-Y dime una cosa James, ¿han pensado ustedes en qué harán después de capturarlo?
-Bueno, entregarlo y…
-No, creo que no me has comprendido –me acomodé un poco en la cama, sintiendo cómo mis costillas aullaban de dolor –llevan años tras el mismo objetivo, siempre pensando en cómo hacerse con él…pero supongamos que llega un día en el que pueden capturarlo y lo entregan al jefe, vamos a suponer que todo concluye en un triunfo…después de tantos viajes e intentos a los que has hecho referencia, ¿qué harán cuando todo acabe?
-Pues…nosotros…o por lo menos yo… -durante un largo segundo permaneció incapaz de articular palabra, confirmando así mis teorías.
-James, por lo que me has dicho, más que pertenecer al Equipo Rocket, más que atrapar o robar pokémon, lo que sea que hagan, ustedes todo lo que han hecho ha sido enfocarse en Pikachu, pero me parece que no por una obsesión sino porque les gusta el desafío a ratos imposible, les gusta perseguir…o por decirlo de alguna manera, ¿has visto esos Houndoom salvajes que persiguen autos en las calles? ¿Crees que piensan en qué harán una vez los atrapen? –A mi amigo no pareció hacerle mucha gracia la comparación, pero la entendió a la perfección –Ustedes persiguen al Pikachu porque les gusta moverse, les gusta viajar, les gusta correr tras ese auto pero jamás han pesado en qué harán después…e incluso soy capaz de apostar mi mano derecha a que se han encariñado no sólo con Pikachu sino también con ese bobo, ¿no es así?
-Bueno…es muy simpático –confesó James con una sonrisa azorada –él y todos los amigos que lo acompañan…hemos tratado con ellos y realmente son muy agradables…y a ratos llego a pensar que este juego me hace sentir más vivo que el hecho de pertenecer al Equipo Rocket…
-Y te sientes estancado porque más allá de perseguir un único objetivo, no has hecho nada más, ¿me equivoco? –Que asintiera probaba que tenía razón –Bueno James… ¿Tan difícil es partir de nuevo? Quiero decir, todos lo hacen, ¿por qué tú no si tienes años por delante?
-Lo haces parecer tan fácil…pero si tú lo hiciste, creo que mis amigos y yo también, ¿no es así? –Hacía años que no veía su expresión de gratitud…no sabía que podía extrañar tanto a un viejo amigo –Oye…gracias por todo y discúlpame por…
-No, no, no te preocupes, no pasa nada –sonreí a pesar del dolor de la cara –mientras no intentes robar nada mío, todo perfecto.
-Ni se me pasaría por la mente…
-Pero sí tengo una duda –me divirtió verlo súbitamente rígido ante mis palabras –Me preguntaba algo, ¿por qué iniciaron una batalla en el edificio? Es decir, haciendo más espacio y llegan ustedes a…
-Bueno…es un detalle algo gracioso si lo miras así, pero nos encontramos en el mismo piso, ellas nos reconocieron y empezó todo, fue algo reflejo, la costumbre…
-No me digas que han peleado más de una vez…
-¿Bromeas? Si acompañaban al bobo en todos sus viajes, aunque no todas juntas, siempre en regiones diferentes, pero siempre estaban con él.
-No jodas, ¿en serio? –Solté una carcajada incrédula –Pero oye, qué suertudo él, ¿no? Mira que cambiar de compañera en cada región y…
-Pues tú también eres afortunado, ¿no? –La expresión divertida de James me desorientó, ampliando más su sonrisa –Qué, ¿no lo sabías? Venían a verte, por eso coincidimos, así que si conoces a esas tarugas, fijo que conoces al bobo de Ash…
Con eso me bastó para recordar dónde y cómo me dolía. Repasé mentalmente los ataques recibidos…y si descartaba Tornado y las semillitas…claro, fuego y agua por dos y si mis expedientes estaban en lo cierto…al mirar mis brazos cubiertos de vendas que recién noté, comprendí que se trataba de… ¿Quemaduras? Claro, un Blaziken, pero aunque no fuera el fuego, debía de ser el agua hirviendo de un Staryu…y uno de los golpes de un remolino generado por Piplup…me lleva la…
-Debes estar equivocado –articulé mientras intentaba ordenar los datos –quiero decir…que coincidieran en el piso no quiere decir…
-Sabían tu nombre y fueron las primeras en asustarse y gritar cuando te vieron hecho polvo en el suelo…aunque tu secretaria estaba lo suficientemente enfadada como para apartarlas diciéndoles que…bueno, si te llegaba a pasar algo, nos estrangularía a cada uno de nosotros y ese Natu tuyo… -James se estremeció, como si realmente hablara de algo escalofriante…parecía serlo –y de aquí no se ha movido nadie, particularmente Helena que se ha encargado de mantener a todos los demás apartados…
-¿Y cómo chingados le hiciste para entrar?
-Bueno…ella fue a buscar algo de comer, tan simple como eso –con eso me aclaraba todo…aunque jamás imaginé que algo así –Llevas dos días aquí y nadie ha querido irse.
-No puede haber sido tan grave.
-Pues a juzgar por sus caras, parece que sí –mi amigo se puso de pie y me miró con aire culpable –pero bueno cuate, me alegra que esté bien…aunque la verdad, prefiero irme, no sé cuándo llegue ella.
-Vuelve cuando quieras, a ver si me quitas el aburrimiento –solté en broma al verlo irse, pudiendo oír el eco de sus paso a través del pasillo largo del hospital…pasillo, pasarían años antes de que pudiera ver un jodido pasillo con tranquilidad sin pensar en la muerte a la vuelta de la esquina.
Increíble… ¿Hacía cuánto que no terminaba en un hospital? A decir verdad, años, cuando solía escapar en el sentido literal, sufriendo tropezones en el camino, algunos cortes o cosas así, pero esto…esto no tenía ni punto de comparación, iba más allá de la lógica y mis propios recuerdos…porque no recordaba nunca haberme fracturado las costillas ni pasar por semejante martirio ni mucho menos que Natu me picoteara desde un colchón.
-Sí, sí era James, un viejo amigo –Natu volvió a picotearme la mano herida…parecía quemada también –pues anda en lo suyo, pero no creo que lo volvamos a ver en un tiempo…lo cual es una pena –volvió a hacerme notar cosas innecesarias –sabía que estabas despierto, no tienes que decírmelo –volvió a hablarme con esos gestos, haciéndome ver lo que pensaba –ya he dormido suficiente, no necesito descansar más…
-¿Doctor?
La voz, alejada de la conversación y diferente a la más reciente que pudiera oír, nos sobresaltó tanto a Natu como a mí. Y es que la verdad, ya había pasado un tiempo…bueno, quizás no tanto tiempo, pero cuando no veo una cara suelo borrarla parcialmente de mi memoria, sin importar lo que haya hecho previamente, todo con tal de tener más espacio en mi disco duro para otras cosas. Tal vez por eso cuando la vi sentí en principio que no debía estar allí, mas apenas pasaron unos segundos su presencia volvió a ser familiar para mí…aunque digo familiar porque sabía quién era a grandes rasgos a pesar de lucir diferente en cuanto a expresión…una expresión que me perturbó.
-May…qué…qué sorpresa –ella, sin embargo, parecía incapaz de hablar…incluso de mirarme –May…pero qué te…
-Tom…lo siento tanto… -madre mía…he oído disculpas antes, pero esta me asustó.
-Pero de qué estás…
-De no haber sido por el Lanzallamas…tú…
-¿Blaziken es tu pokémon? –Ella apenas pudo asentir desde su ubicación…pobre chica, ¿tan grave creía que había sido? Aunque bueno, con las vendas en los brazos se podía pensar cualquier cosa –Vamos May, dudo que lo hayan hecho a propósito, deja de atormentarte…
-Pero…tus brazos…
-Bah, nada incorregible, todavía los siento en su lugar –intenté incorporarme, pero tardé en arrepentirme debido a las fracturas –no seas tonta, esto no fue nada…
-¿No fue nada dices? –Uy, ese tono no podía ser el mejor –Recibiste una avalancha de ataques, te quemaste los brazos, te fracturaste tres costillas y el golpe en la cabeza fue tan grande que estuviste inconsciente dos días… ¿Y dices que no fue nada?
-Bueno…sigo vivo…entiendo tu preocupación, pero no fue nada, así que gracias por…
-¿Cómo que gracias eh? ¡Es normal! ¡Nadie recibe tantos ataques y vuelve como si nada! ¡Lo más normal es que cualquiera se preocupe!
Sus gritos me estaban asustando. ¿Tan grave había sido como asustarla a ese punto? No, no sólo estaba asustada, porque en sus mejillas se apreciaba rastro de… ¿Llanto? ¿En serio? Ni que hubiera recibido un balazo. Pero claro, yo lo había recibido todo y estaba bien, podía tomármelo con toda la calma que el mundo me permitía, pero ella no. Ella me había visto caer, me había visto recibir ataques mortíferos para un humano si los recibía en mala posición. Su pokémon había inutilizado temporalmente mis brazos, más el derecho que el izquierdo y había sido ella la que había estado todas esas horas con la incertidumbre de si despertaría o no…y yo, ya despierto, notaba que más allá de las heridas, me había tocado la parte más sencilla.
-May, acércate –la chica estaba a unos pasos, pero parecía incapaz de moverse, de manera que me vi obligado a ser un poco más severo –May, acércate con un demonio.
Tal vez me había excedido, pero en cuanto lo hizo, comprendí que era lo mejor. Porque por vez primera vi en ella la chica que había descrito en la primera y última sesión…la misma chica valerosa y dulce, la misma que a ratos parecía cargar con más responsabilidades de las necesarias únicamente para agradar a los demás…y al demonio la ética profesional, no podía dejar de comprender su estado de ánimo. No podía dejar pasar el hecho de que al ponerme en su lugar, captaba algunas cosas y la captaba a ella misma tal y como era…y ese miedo que generaba en ella el sentirse responsable de algo que en estricto rigor, al menos para mí, carecía de importancia.
-¿Te eché de la habitación? –Ella no contestaba, de manera que la presioné –Responde, ¿te eché de la habitación? –Ella negó con la cabeza -¿Te he dicho que tengas la culpa? –Ella volvió a negar –May, no pongas palabras en mi boca ni te sientas culpable por un accidente, a veces las cosas pasan, te sorprendería hasta qué punto, pero no por eso debes sentirte miserable, ¿de acuerdo? –No levantaba la vista, incluso me pareció notar que temblaba, lo cual no me hizo ninguna gracia –Oye, ese Blaziken tuyo es muy fuerte, no pensé que con un Lanzallamas fuera capaz de hacer tanto –puse una mano en su brazo, a pesar de no sentir demasiado –eso habla bien de ti, ¿sabes? ¿A qué le temes tanto? ¿Qué es esa inseguridad? Puedes hacer lo que sea, ¿me oyes? Lo que sea.
-Tom…
-Así que corta el rollo, ¿sí? A mí no me pasó nada grave y no tienes que sentirte mal, ¿de acuerdo? Pronto volverá todo a la normalidad.
-Estás loco, ¿sabías? –Maldita sea, intentaba hacer las cosas bien y ella me venía con semejante tontería –Recibes todos esos ataques y aquí estás, como si nada…
-¿Prefieres que te saque de aquí? –Ante mi sugerencia, ella pareció esbozar la primera sonrisa a pesar del llanto contenido –Te puedes ver muy bonita cuando lloras, pero ya sécate esas lágrimas, ¿quieres?
-Tom…discúlpame…
-Y vamos a seguir…
-No, discúlpame…por las estupideces que te dije hace unos días y…y culparte de todo, en especial de mis problemas…
-¿Es eso? Bah, tranquila, he enfrentado cosas peores y…
-Nunca pensé…que pensaras esas cosas de mí –aquellas palabras me cortaron la idea, sabiendo de pronto adónde me llevaría todo –que supieras cuáles son mis temores, cuáles han sido mis dificultades…que vieras en mí virtudes que ni yo misma sabía que tenía…que incluso le vieras algo bueno a que llore como una tonta…
-Le das demasiada importancia a pequeños detalles. –gruñí, luchando por aparentar indiferencia.
-Son esos pequeños detalles los que pueden hacer la diferencia –aquella última oración me cayó pesada, aumentando exponencialmente el dolor del pecho –Tom…
-Te escucho –sin embargo, no pude hacer sólo eso, pues en un segundo sentí una presencia demasiado cercana, ya sabía quién era. Sin embargo, no fue hasta su mano se posó sobre mi mejilla que caí en la cuenta de cuán frío estaba a causa de la falta de movimiento y de que ella buscaba que levantara la mirada para que pudiera mirarla a los ojos, los mismos que seguían húmedos…los mismo ojos que parecían incapaces de contener lágrimas…
-Gracias.
No quería que me lo agradeciera, acaso porque me hacía sentir un gran mentiroso. ¿Realmente pensaba todo eso de ella? No, todo lo había hecho para quedar bien conmigo mismo y en ese afán egoísta había sacado todo aquello que ella indudablemente había oído. Le daba gran importancia a un acto mezquino, al hecho de que en el fondo, muy en el fondo, ni siquiera había pensado en alguna de ellas o en la ética, sólo en mí mismo…porque así había sido, ¿verdad? ¿O acaso había algo de verdad en todo eso?
Lo cierto es que no me quedó un segundo para pensar, porque de pronto sentí el tacto de algo inusual en la cara, algo que en principio no reconocí y que después fui capaz de interpretar correctamente…pero no sabía si estaba demasiado aturdido, confuso, afectado por los golpes, no tenía nada claro…o tal vez era la sorpresa de algo así lo que me impedía reaccionar…claro, la sorpresa de que algo así no se ajustara al perfil psicológico que de ella tenía…o porque realmente era largo, más largo de lo que imaginé y ella no parecía tener intenciones de dejarme ir por un lapso que casi parecía infinito… ¿Por qué un beso en la mejilla me tenía que sumir en semejante estado de idiotez? Y lo peor de todo es que ese estado se aferró a mi conciencia con ferocidad, porque seguía ahí a pesar de que ella ya no establecía contacto y se alejaba lentamente hacia la puerta, volteando únicamente para mirar hacia atrás por última vez…
Y sonreír…
-Descansa, ¿sí?
Descansar… ¿Cómo chingados iba a hacer eso? Primero el dolor, ahora esto… ¿Qué había hecho esta vez? Quería entenderlo, pero parecía ser que la psicología no me servía de nada…May llorando… ¿Llorando? Y luego el beso… ¿Acaso el golpe me había mandado lejos de la Tierra a una dimensión paralela? No sabía si el mareo era por mi estado o por lo sucedido y lo peor de todo era que Natu parecía empeñado en sacar conclusiones absurdas:
-Así que eso piensas, ¿eh? –Los picotazos me aclararon sus pensamientos –Y crees que son buenos argumentos, ¿no? –De pronto estaba tan cansado que no podía manifestar mi enojo de manera convincente –Vuelve a decirme asaltacunas, maldito cabrón y juro que mi venganza será terrible.
