Tuve una encarnizada lucha con mi cerebro y mi musa a la hora de terminar este capítulo, pero estoy tan cansado y tan contento de que haya acabado que preferí subirlo de inmediato antes de que me arrepienta, lo cual no tardará en suceder, aunque debo confesar que en el desarrollo, ha sido uno de los capítulos que más he disfrutado. Y como ha sido la tónica de los últimos casos, espero saber si he estado a la altura, siempre con sus gentiles opiniones, queridos lectores.
En esta ocasión, no puedo comenzar sin darle las gracias a:
A-nmine: Gracias por tu amable crítica, me alegra saber que has seguido esta historia desde el principio mismo (cuando cometí el error de publicar por separado) y me alegra saber que el capítulo de James te agradó. Y gracias por ver en la consulta algo de potencial, es un argumento para sacar adelante los casos que tengo planeados. Espero estar a la altura de lo que leíste en el pasado y seguir viéndote por aquí.
Ariz Taerio: Pues sí, James tiene cada amistad…jejejejeje, y sí, el tipo tiene una gran resistencia, no sólo física, cualquiera en su lugar…en fin, ya me entiendes. Y puede que sí, jamás pensé que tuviera efecto sobre las chicas, en parte lo veía como un rasgo de su mala suerte, pero si lo pones de esa manera, jajajajajaja, creo que tienes razón. Por cierto que te complaceré aclarando su pasado, pero tendrás que esperar hasta que el rompecabezas esté completo y pueda dar rienda suelta a esos acontecimientos, pero descuida, esta historia no se cerrará sin antes aclarar esos años. Ah, y tan mayorcito no es, te recomiendo sumar un cuatro al primer número que encuentres en este capítulo, jejeje.
Red: Qué tal compadre, qué alegría verte por aquí, aunque ya te lo comenté por interno, jajajajajaja. James y Tom amigos sí, es extraño, lo reconozco, pero en esencia parecen opuestos y… bueno, me pareció un buen detalle. Y sí, éste parece haber nacido con una mala estrella como para aparecer en medio de la línea de fuego, ajajajajaj. Y en cuanto al final…sí, eso que sugieres habría quedado mejor, pero no sé por qué no lo pensé antes, realmente habría quedado mejor. Ya habrá más gente en el consultorio, aunque fuera de él hay más accidentes. Gracias por la ayuda compadre, en verdad me sirvió muchísimo.
Y también gracias a todos los lectores, pasados, presentes y futuros que le den una oportunidad a este humilde intento de divertir. Desde ya, cualquier crítica es recibida con los brazos abiertos, son necesarias para crecer.
Ahora, sin más preámbulo, dejemos que la locura avance y haga lo suyo.
x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x
-¿Tom?
Levanté la cabeza. Me resultaba un tanto incómodo oírla entrar con tanta delicadeza, sin portazos ni nada, pero ahí estaba ella. Aunque tampoco es como si estuviera durmiendo, simplemente fingía, acaso porque no quería estar allí, pero bueno, de alguna manera se tiene que conseguir el sustento. Por eso estaba ahí. Por eso ella estaba ahí, aunque a juzgar por su expresión, se trataba de algo diferente. No, no parecía ser el motivo un paciente o que yo fingiera estar dormido. Porque con el dolor parecía un poco difícil sin importar cuán cansado estuviera. Así pues, no sólo levanté la cabeza, también el cuerpo.
-¿Sí Helena?
-Verás…hay algo que quiero mostrarte, creo que te puede interesar…pero…bueno, todo depende ti porque… ¿Recuerdas cuando cumplí veintiuno? –De pronto, su semblante parecía rebosante de orgullo o más bien una alegría casi infantil.
-Claro que lo recuerdo, qué clase de pregunta es ésa –solté casi ofendido. Había sido hacía unos meses, imposible olvidar algo así y menos cuando mi secretaria sacaba una pokebola y liberaba su contenido.
Hacía mucho que no veía una figura tan bella y estilizada, una interesante combinación de blanco y verde junto a una mirada fascinante. Llamaba por lo estético, pero también saltaba a la vista su altísimo poder, lo cual se me confirmó cuando Natu saltó en el escritorio, incapaz de creer lo que tenía enfrente. Había algo en ella que parecía ir más allá de lo normal… ¿Cómo decirlo? ¿Conexión? Parecía ser, porque al lado de Helena…había un aire tan similar entre ambas…pero sobre todas las cosas, lo que más me sorprendía era…
-No me jodas que…
-Es el Ralts que me regalaste por mi cumpleaños, ¿no es preciosa? –Parecía muy feliz, mas no precisamente por la maravillosa Gardevoir que tenía enfrente sino por algo más –quería que la vieras, evolucionó hace poco y…y… ¿Qué opinas?
-Es hermosa –musité con voz ronca mientras me acercaba para mirarla con mayor detenimiento –así que…has crecido, ¿te has portado bien? –Gardevoir me miró avergonzada, sin duda recordando esos días pasados en los que no era más que una Ralts tímida y algo llorona que me costó trabajo capturar –Te felicito Helena, has hecho un excelente trabajo.
-¿Tú crees? –No pensé nunca que tuviera tanto valor para ella mi opinión.
-Por supuesto, se ve que la has entrenado muy bien, pero sabes que para mí eso no basta, ¿verdad Natu? –El pequeño salió de su ensimismamiento y adoptó una postura increíblemente solemne –Si logras mantener conmigo una batalla de tres minutos…
-Vaya, ¿piensas salir de tu retiro para comprobar su poder? Dalo por hecho y te aseguro que te patearé el trasero –me gustaba oírla desafiante y mucho más que Gardevoir adoptara una actitud similar –pero antes…bueno, ¿sabes que tienes un paciente?
-Diablos, justo ahora –gruñí mientras acomodaba mi brazo derecho en el cabestrillo –de acuerdo, pero ni creas que se me olvida, ¿eh? Ya mostraste tu as, la quiero ver en acción.
-No lo olvidaré, ¿por quién me tomas? Siempre llevo tu agenda, tengo mejor memoria que tú –sonreía de manera diferente mientras se marchaba junto con su pokémon…demonios, esa actitud desafiante era algo nuevo en ella…sí había crecido, no sólo Gardevoir, también ella…y estaba tan orgulloso…claro que valía la pena dejar el retiro unos minutos si así comprobaba cuánto había crecido en realidad…
-Oiga…oiga Doctor, ¿me escucha?
De pronto, una voz chillona me sacó de mis elucubraciones y me obligó a mirar al frente…pero no había nada. Qué extraño, parecía ser una voz, dudaba que mi cabeza tuviera personalidad propia… ¿Quién me habría hablado? Si tuviera que definir ese tono, parecía impregnado de personalidad, rayando casi la insolencia misma… ¿Quién sería? Estaba a punto de volver al escritorio cuando una vez más, el silencio se vio roto con sorprendente estridencia…
-¡Oiga usted! ¿Acaso piensa ignorarme?
Entonces noté un detalle curioso… ¿Venía de más abajo? Aunque al bajar la mirada, lo único que encontré fue un curioso Meowth parado en dos patas con el ceño fruncido y actitud ofendida…no, nada, ¿quién sería el soquete que decía que lo ignoraba si él mismo parecía no dar la cara? Me estaba colmando la paciencia y me daba igual mi estado, si lo pillada jugándome esa clase de bromas en mi propia consulta… ¿Qué se creía ese cabrón? Mientras tanto, el pequeño Meowth…
-¡Deje de mirarme como un bobo! ¿Acaso no ha visto nunca un Meowth?
Y esas palabras escapaban de la boca del pokémon felino…parpadeé y miré el frasco de pastillas para el dolor que tenía en el bolsillo… ¿Me habría excedido con la dosis? Porque no podía ser…madre mía, me lleva la… ¿Realmente había hablado? ¿Un Meowth? Por un momento me sentí mareado ante la magnitud del descubrimiento… ¿Y Helena no me lo había dicho? ¿No le había sorprendido? ¿Cómo era eso siquiera posible? Tuve que recurrir a toda mi fuerza de voluntad para no dejarme caer sobre la silla más cercana y mantener la postura indiferente.
-Ah, eras tú –sonreí, porque la situación no dejaba de ser graciosa –bueno, he visto a cientos de Meowth en mi vida, pero nunca uno que pudiera hablar.
-Pues aquí estoy, bobo, el único de mi especie –dijo con orgullo –y tú debes ser…
-¿Psicólogo? Claro, ¿o viniste únicamente para presumirme el hecho de que puedes hablar? –Me agradó ver cómo el pokémon guardaba silencio, súbitamente avergonzado –Ya veo… ¿Te quedaste sin orgullo?
-Ah, cállese…
-Por algo viniste, ¿no es así? –Me acerqué al escritorio, permitiéndole a mi desconcertado amigo que trepara hasta ubicarse en mi hombro –bueno, ¿quieres comenzar o prefieres seguir con la discusión? –El aludido asintió de mala gana –Bueno… ¿Por qué no te tiendes en el diván? Haz el favor de no arañarlo, ¿sí?
Suponía que el que le dijera algo así no debía de hacerle gracia, pero ¿qué me podía importar a mí? Si había comenzado de mala manera, no pensaba cambiar el camino, culpa suya. Por lo tanto, lo único que me quedaba era agarrar la libreta y sentarme junto a él mientras le echaba una rápida ojeada a él y a la situación, intentando captar todos los puntos a la vez lo más rápido posible…
Más allá de poder hablar o la posición bípeda, lo que me sorprende es el volumen de su voz, todo con tal de llamar la atención. A eso se le podía añadir el carácter orgulloso. Ciertamente se trataba de un pequeño de temer, porque más allá de valerse de los ataques físicos, prefería usar su afilada lengua, confiando más su defensa a su labia que a otra cosa…y al hecho de ser excepcional, lo cual quedaba demostrado al emplear esa condición para quedar a la par ante alguien como yo. Sin embargo, también probaba ciertas carencias…ah bueno, no se necesita ser ningún genio para saberlo, después de todo, acudió a mí, ¿no? Eso probaba las carencias ya mencionadas. Nadie que se sienta pleno, sea humano o pokémon, acude a un psicólogo.
-Bueno, debo reconocer que es extraño, pero la frontera del lenguaje no existe para nosotros, así que todo será más sencillo –ya sentado, me resultaba extraño mirar a mi insólito paciente ya más tranquilo –por cierto, ¿quién te recomendó que vinieras?
-Mi amigo James… ¿Lo recuerda?
-Ah, así que eres su amigo también, me alegro –anoté ese pequeño vínculo –entonces tú perteneces al Equipo Rocket, ¿no es así?
-¿Cómo dice? –Súbitamente la rigidez invadió su cuerpo, obligándome a salvar la situación.
-No, tranquilo, eso a mí no me importa, simplemente confirmo deducciones –porque mientras no me robaran a mí, podían hacer lo que quisieran –bueno…si no sabes por dónde comenzar, ¿por qué no me cuentas sobre ti?
-Quiere saber cómo aprendí a hablar, ¿verdad? –Murmuró el pokémon con melancolía.
-Quiero saber por qué decidiste buscar un psicólogo, así que todo me sirve.
-Bueno…aprendí a hablar y a caminar en dos patas porque estaba enamorado –vaya, sabía que el amor podía llevar a idioteces, pero nunca a "Progresos" –verá, ella se llamaba Meowzy y era de una vieja ricachona que la consentía…y no sé si fue por ella o por otras personas, pero prácticamente idolatraba a las personas, así que pensé que se fijaría en mí si me parecía a los humanos –una lógica aceptable, aunque nunca pensé que alguien la llevara a tales extremos –y no negaré que me costó, pero una vez lo logré, creí que podría conquistarla…pero fue ingenuo de mi parte…
-¿Ingenuo? –Solté, interrumpiendo su relato –Pero si aprendiste a hablar y a caminar y ella adoraba a los humanos, ¿no habría facilitado eso tu conquista?
-Me vio como un fenómeno, una burda imitación de humano –gruñó Meowth con una mezcla de tristeza y rabia –prefirió a un mugroso Persian que a mí…después de todo lo que luché…dejando incluso de ser lo que era…
-Debo suponer que te enorgullece hablar y caminar así…pero en el fondo lo ves como una carga, ¿me equivoco?
-Me ha abierto puertas…es decir, me permitió entrar al Equipo Rocket, conocer amigos, vivir grandes aventuras…pero ahora mismo, si le soy honesto, no sé quién soy ni dónde encajo.
-Entiendo –"Problemas serios de identidad" y no era para menos, el habla y esa personalidad no iba de la mano con alguna especie pokémon –debe haber alguna razón para que te sientas así…
-Dejé mis acciones salvajes, ¿se da cuenta? Dejé de correr por las calles, de usar las cuatro patas…dejé de hacer muchas cosas…una vida que en el fondo me hacía feliz porque me sabía parte de algo, pero cuando ella apareció, lo dejé todo y ya no hay vuelta atrás…es decir, no puedo dejar de hablar ni de pensar en ese idioma ni mucho menos volver a desplazarme como solía hacerlo y…para peor, sigo siendo un Pokémon y no un humano…y al mismo tiempo, el hablar no me hace un Pokémon…estoy atrapado en la frontera de ambas especies, ¿lo entiende ahora? Sigo siendo el único de mi especie que puede hacer estas cosas…el único pokémon no legendario que hablar, pero no por repetición sino porque realmente puedo hacerlo, ¿de qué me sirve algo así con mis congéneres si todos me ven como una cosa rara?
-Bueno Meowth, es sorprendente en principio, pero nada de lo cual te debas avergonzar…
-Pero sigo sintiéndome solo –dicho así, sonaba en extremo doloroso, pero parecía formar parte de sus reales sentimientos –extraño esos días…esos días en los que sabía quién era…pero ahora, a pesar de mis amigos, me siento alejado…puede que extraordinario, pero cuando te enamoras… ¿Cómo le haces ver a quien amas que no eres un fenómeno sino alguien como ella a pesar de todo?
-No se lo haces ver porque tampoco debiera de importarle –no conocía a esa tal Meowzy, pero ya sentía un profundo desprecio por ella por arruinar así la vida de mi paciente –verás Meowth, en esencia comprendo ese ab abatimiento…esa soledad es natural, pero cuando hablamos de amor, querido amigo, las carencias, las faltas o aquellas cosas que te puedan hacer diferente del resto pasan a segundo plano porque lo único que realmente importa es el sentimiento, el hecho de poder estar juntos –sí, leía demasiada poesía, no porque me gustara, más bien para saber cómo hablar de amor a aquellos a los que les atormentaba tal sentimiento –ella no te quería, pero te reveló tal cual…quiero decir, en el fondo eres por ella y deberías agradecerle.
-¿Cómo así? Suena como si me tomara el pelo…
-Amigo, puedes hablar, aprendiste por tu propia cuenta, ¿eso no te hace extraordinario? Muchos pokémon pueden intentarlo, pero tú lo lograste, lo cual no sólo prueba que tienes un intelecto superior al resto, también prueba tu enorme fuerza de voluntad, tu capacidad de concretar cualquier cosa y lo más importante es que te confiere una personalidad única, una identidad que está más allá del resto –puse una mano sobre su peluda cabeza antes de afirmar lo que me venía dando vueltas en la cabeza –porque muchos en el pasado podrán haberte visto como un Meowth, pero tú, querido, eres El Meowth y ninguno puede compararse contigo.
-¿De veras lo cree? –Musitó con voz quebrada y los ojos brillantes.
-Es normal sentirse solo, todos nos hemos sentido así, pero porque somos diferentes, más allá de nombre o de los rasgos, siempre seremos diferentes, así que ¿de qué te preocupas tanto? –Me levanté del asiento, sin dejar de mirarlo –todos son diferentes, únicos…pero tú estás un peldaño por sobre ellos porque puedes hacer cosas con las que ellos sueñan y jamás alcanzarán…sigues siendo un pokémon, así que la ventaja no es algo de lo que debas avergonzarte, ¿está claro?
-Sí Doctor…gracias –musitó mientras saltaba del diván y me extendía la pata que no tardé en estrechar con la mano izquierda, la única que podía usar –de verdad James tenía razón, usted sabe qué decir.
-Bah, no es nada, limítate a no olvidar nunca quién eres, ¿de acuerdo? Y ahí ves si quieres una nueva sesión, lo hablas con mi secretaria.
-Claro…ah, por cierto, me alegra ver que se ha recuperado de los…bueno, de los ataques del otro día.
-Había olvidado que estuviste presente...claro, como amigo de James, no podía ser de otra manera, pero no fue nada –le palmeé la cabeza, el único punto que tenía cercano sin la necesidad de agacharme –ahora ya vete, la sesión acabó.
Prefería que se marchara antes de que me diera por hacer más preguntas. Después de todo, no siempre te topas con un pokémon parlante y menos tienes la oportunidad de psicoanalizarlo…tal vez debí aplicar la Prueba Voight-Kapff sólo para comprobar su nivel de empatía…no, qué tonterías pensaba. Pero no dejaba de ser algo fascinante a simple vista y por donde se le viera…no me extrañaba que fuera tan independiente, al punto de carecer de entrenador…
Natu y sus observaciones, siempre leyendo mi mente en base a los dibujos incoherentes que hacía en la libreta a pesar de usar la zurda, la que menos empleaba.
-Bueno, es fascinante un pokémon con el que te puedas comunicar –unos picotazos en mi oreja y sus sonidos como réplica –oye, tú no cuentas en la lista y perdóname que te lo diga, pero es la verdad –sus argumentos hablaban de molestia que tuve que contener –pero si es cierto, sólo yo te puedo entender y a veces Helena, pero porque le he enseñado a captar tus mensajes –mostró sorpresa con un comentario que me hizo sonreír –claro que le he enseñado, he aprendido a descifrarte, te conozco desde que eras un huevo, pero jamás lo hará tan bien como yo, sigues siendo mi amigo –se mostró parcialmente halagado, pero seguía ofendido por Meowth –él aprendió no sé cómo chingados, algún eslabón perdido en la cadena de evolución, pero si quieres sentirte superior, ¿por qué no aprendes el idioma de una jodida vez y dejas de reclamar? –No tardó en retractarse ante mi desafío, sin duda algo descabellado –no es tan sencillo, ¿verdad? Si yo lo hablo es porque lo aprendí cuando no sabía nada…
-¿Pasa algo Tom? –Helena una vez más. Y al parecer, no tenía pensado devolver a Gardevoir a su pokebola.
-Nada, simplemente discutíamos sobre humanidad –y por lo mismo, no tardé en fruncir el ceño –Me encantaría saber por qué chingados no me dijiste que mi paciente era un Meowth parlante que…
-Quería que te sorprendieras –confesó ella con una sonrisa de la cual hizo eco su compañera.
-Y no te sorprendió verlo…
-Porque ya lo había visto cuando recibiste todos esos ataques –otra explicación lógica, por no decir obvia, que no había considerado previamente –vaya Tom, parece que estás perdiendo facultades…
-Es natural cuando las últimas vacaciones que te tomas tienen relación más con un accidente que con tu propia voluntad –doblé los dedos de la mano derecha, sacándola del cabestrillo con tal de comprobar su real estado –con algo de precaución, creo que podría retomar la guitarra y después el piano…
-¿No sería mejor al revés? Esa guitarra tuya no resistirá mucho –curiosamente, la misma guitarra estaba ahí, apoyada en un costado del estante donde guardaba todos mis libros, leídos o no. La tomó y la examinó unos segundos para tendérmela, sorprendiéndome con tal acción -¿Acaso no lo harás si te digo que no lo hagas?
-Sabes que no te haría caso –gruñí mientras la tomaba, dándole la razón para mis adentros. Daba igual cuántas veces le cambiara las cuerdas, simplemente ya no podía resistir más y a pesar de todo, seguía dando de sí entre mis manos, al igual que mis propios dedos quemados ansiosos de volver al camino –sabes…que la guitarra es más cálida que el piano.
-Sabes que nunca aprendí nada de eso aunque lo intentaste –al sentarse en el diván, acompañada de cerca por Gardevoir, pareció captar la nostalgia en mí –era de tu padre, ¿verdad?
-El piano era de mi padre, la guitarra era de mi madre –corregí, intentando sonreír –claro que ella no alcanzó a enseñarme demasiado…pero eso nunca importó –mientras hablaba, me quité las vendas de la mano, comprobando que el daño no alcanzaba ni siquiera para hacerme fruncir el ceño –ya que estás aquí… ¿Quieres escuchar algo?
-Bueno… -inexplicablemente miró hacia la puerta, como si en ella encontrara alguna respuesta, pero al hacerlo, lo hizo con una extraña sonrisa en los labios que fui incapaz de interpretar –no lo sé… ¿Tienes algo en mente?
-Tengo muchas cosas –gruñí mientras afinaba el instrumento, a pesar de lo inútil que parecía ser la labor dado el estado en el que se encontraba –bueno…tal vez no esté bien, pero sigue teniendo valor y tocaré…hasta que muera, tal vez, sigue siendo mamá después de todo… -tiré de una de las cuerdas, la cual no tardó en cortarse produciendo un sonido agudo –me lleva la chingada, otra vez.
-Deberías considerar que su tiempo ya pasó –murmuró Helena sin despegar los ojos de la guitarra.
-Puede ser…pero no tengo pensado comprar otra a menos que sea quemada y eso no ha pasado –fruncí el ceño, imaginando aquella posibilidad –si alguno de esos ataques le hubiera hecho daño…entonces la historia habría sido muy diferente.
-No sé por qué te creo –dicho esto, se puso de pie con la intención de cruzar la puerta, no sin antes voltear y mirarme con cierto fastidio –tienes un talento natural para meterte en líos, ¿verdad Tom?
Estuve a punto de replicar cuando mis ojos se fijaron en la cuerda rota de la guitarra…
Primero Misty con palabras que no entendía y con unos líos…sí, ella como la base de la llegada de May y Dawn…
Todo lo que hablaste con Ash…lo que le dijiste sobre mí…todo eso… ¿Es verdad?
Demonios, otra vez no, ya tenía suficiente con verla en mis peores pesadillas… ¡Maldita sea, hasta en el sueño! ¡Por eso estaba cansado y me dormía en el escritorio en el último tiempo! Porque sentía un inmenso calor en la mejilla derecha…claro, era como una llama encendida latiendo junto a mí mientras giraba y giraba…y se parecía tanto a…no, no guardaba demasiado parecido, pero era irónico…es decir, ella no era tan impulsiva como…no, qué chingados, el parecido era innegable y a pesar de todo…
Descansa, ¿sí?
A pesar de todo seguía primando una calidez inusual…el contraste de mi propia frialdad…y el hecho de ver lágrimas… ¿Y había un aroma inusual o el fuego había distorsionado mis sentidos? Porque podía ser que ese aroma no fuera otra cosa… ¡Mierda! ¡No, no otra vez! Si no era la sensación, era el aroma del cual no me podía alejar, como un fantasma, como una silueta permanente o como un…
¿Nunca le ha pasado que por estar cerca de una mujer o debido a una acción de su parte, usted siente que todo se pone de cabeza?
No, de cabeza no, más bien…más bien…una visión onírica de la realidad, al punto de sentir el cambio mismo de la esencia y sentir el sabor de un recuerdo ambiguo presente en el silencio de la reflexión que…
Maldita sea, ¿en qué estaba pensando? No podía ser que él tuviera la razón, una posibilidad absurda, ridícula, sencillamente no podía considerarla…
Pero Natu parecía dispuesto a emitir su veredicto:
-¿Cómo que tiene razón? No hay nada que lo pruebe –unos sonidos burlones me sacaron de quicio –Basta, ¿sí? No estaba pensando en nada, no tienes ni idea de lo que pudiera estar pensando –señalar acciones inconscientes no hacía más que empeorarlo todo -¡Que me lleve la mano a la mejilla no significa nada! –Un nuevo gesto me desquició -¡Yo no me sonrojo, condenado plumífero presumido! –Pero no perdía su posición –Por última vez… ¡Esos besos no significan nada! ¡Nada! –Sabía hacia dónde llevar la situación -¡No estoy furioso! ¡Simplemente me colpas la paciencia! –Maldito cabrón, no se callaba -¡Tampoco estoy gritando! ¡Deja de chingar! –Un sonido rítmico fue lo último -¡No estoy nervioso! ¡En tus sueños!
Aquello era increíble… ¿Nervioso yo? Ja, ¿y por qué? ¿Acaso porque un par de muchachas me mostraban señales ambiguas no era capaz de interpretar y que parecían ganar terreno gradualmente en mis sueños sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo? ¿Porque todas las noches desde el inicio de cada uno de los sucesos despertaba sudando frío porque las caras aquellas y voces familiares aparecían de pronto, siendo incapaz de conciliar el sueño? Ja, se necesitaba más para doblegarme…
Maldito Natu… ¿No podía cerrar el pico de una buena vez?
-¡Si me vuelves a decir pederasta, te usaré como plumero en la limpieza de primavera y esta vez va en serio!
