Definitivamente, me he torturado escribiendo un total de… ¿Cuántas? ¿Quince páginas? Pero lo peor es que apenas es una parte del cierre. Así es, este capítulo es el inicio del arco final de La Consulta del Caos y en el cual espero responder todas las dudas. Como su nombre lo indica, aquí me centraré en el punto de partida de la historia, ese punto que no esperaba que tuviera éxito, acaso porque Tom nació como la excusa perfecta para que personajes del universo Pokémon desfilaran por una consulta médica, sin pensar jamás que su pasado tuviera relevancia para los lectores. Sin embargo, aquí estoy, y como sé que me arrepentiré al cabo de unos minutos, he decidido dejar esta primera parte de tres (o cuatro según mi bipolar musa). Debo confesar que cada capítulo me cuesta más que el anterior y aunque no es el más largo, sí ha sido el más pesado, acaso porque no sabía cómo narrarlo y porque los estudios también pesan. Es por eso que ahora debo decir, quizás no sea tan humorístico, pero espero que siga poseyendo la misma esencia de la historia, mas no lo sabré sin vuestras opiniones, mis queridísimos lectores, porque de ustedes depende si sigo con esto o debo editar el capítulo…si lo he hecho medianamente bien o ya puedo redactar mi testamento literario.
Antes de comenzar, como debe ser, quiero agradecer a:
A-nmine: Gracias por tus halagos, eres muy amable. Disfruté escribiendo la Trilogía Rocket, pero me hace más feliz que la hayas disfrutado. Por otra parte…bueno, Helena sí tiene importancia para él, quizás porque el principio de la relación fue más allá de lo laboral y espero poder explicar aquí el por qué y en cuanto a la batalla…dentro del arco saldrá, no la he olvidado, tenme paciencia. Por otro lado, el padre tiene importancia por el valor de la música y…bueno, contarte más arruinaría las sorpresas, pero te enterarás de todo, tenlo por seguro. Y en cuanto a Zoey…bueno, esa historia es más compleja, pero sí que hizo algo, espero poder explicarlo bien sin alargarme demasiado ni caer en el tedio. Y gracias por todo, gracias por seguir la historia desde el principio y creer que leerla valía la pena, realmente espero de corazón no decepcionarte.
Ariz Taerio: Disculpa si me pasé con las palabras altisonantes…pero quería establecer ese rasgo como parte del carácter de Tom para que se notaran las diferencias con lo que…bueno, decir más arruinaría el resto. Y en cuanto a los efectos del alcohol…jejejeje, bueno, es más gracioso cuando lo has visto, sí, aunque me costó un poco porque jamás he visto a nadie borracho, jajajajaja. Y en cuanto a la chica…oh, cielos, creo que he cavado mi tumba generando expectativas, espero estar a la altura con ese capítulo. Y gracias por la invitación, me ha entusiasmado saber que escribes originales (yo también, qué coincidencia) y los leeré, palabra de honor, pero los estudios, el maldito Tom…si supieras la de sangre que he sudado…pero los leeré, es una promesa y lo mínimo que puedo hacer para agradecerte el apoyo. Gracias de corazón.
Red: Jajajajajajaja, no tuve en consideración que la cerveza fuera suave, más bien la resistencia que tienen las personas sin hábito de beber, esas se embriagan más fácil, jajajajajaja. Y de poder con sus penurias…tendrá que poder, ¿no? Ahora lo estoy haciendo protagonista, tiene que poder, jejejeje. Y en cuanto a lo que hace Natu…bueno, creo que aquí lo verás y espero que satisfaga tu curiosidad, jejejeje. Gracias de corazón amigo, por ser el primero en creer en el proyecto y animarme a seguir. Muchas gracias.
Y también gracias a todos los lectores, pasados, presentes y futuros que han apoyado esta historia, pues por todos ustedes sigo adelante y nada más.
Ahora sí, después de esta introducción, volvamos al bar, los invito a unas copitas.
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Hacía mucho que había abandonado toda creencia en el azar.
Porque era tan sencillo como suponer que recientemente se había celebrado un Concurso Pokémon y uno de los integrantes del grupo había ganado, por lo que no se les ocurrió mejor cosa que celebrar en ese punto en particular…pero de haber sabido que la conocían…de haber sabido que ella llegaría…de haber sabido antes muchas cosas, con toda certeza habría hecho otras tantas, pero no era el caso. Porque Zoey seguía siendo la prueba viviente de aquello que debí haber hecho y no había tenido el valor o el cerebro suficiente para llevarlo a cabo…la prueba de la ironía que me empujaba a sonreír con cierto cinismo, intentando olvidar la rabia a pesar de ser Natu quien la percibía con mayor claridad.
-Intento creerlo, Tom, pero tus acciones contradicen tus palabras…
-¿O será que la conciencia te remuerde lo suficiente como para creer tamaña estupidez? Ve tú a saber –alejé la jarra de cerveza, sabiendo que más alcohol podía aflojarme la lengua, pero podía jugarme en contra –Así que eres la última persona que podría decirme cómo y por qué hago algo.
-Creo conocerte lo suficiente, Tom.
-Crees conocer lo que fui hasta el día en que apareciste.
-Por más que aparentes lo contrario, sigues siendo tú mismo, eso jamás cambiará.
-Soy un mismo hombre que se ha visto obligado a pensar diferente si quiere sobrevivir –eché una mirada a mi espalda, comprobando el grupo que había encontrado mesas y miraba amenazadoramente al trío con el que había hablado previamente –aunque…pensé que ellas llegaron aquí por Ash, pero puedo ver que el principio mismo tuvo que ver con ellas.
-Yo no les dije que te buscaran ni sabía que habían logrado algo así –al sonreír, me dio la sensación de que parecía azorada –simplemente…te quería ver.
-Pues ya me viste –gruñí, sabiendo que corría más riesgos de los necesarios únicamente hablando con ella –no sé qué más puedes esperar de mí si ya me has visto y crees saberlo todo.
-Quiero que hablemos…
-¿Hablar? ¿Ahora? ¿En serio? –La sola insinuación me colmó la paciencia –Ha pasado tan poco…y apenas me ves… ¿Qué quieres hablar, eh? Ya está todo dicho, ya no hay nada más que podamos decirnos –sonreí ante la absurda posibilidad que acababa de considerar –entonces… ¿Qué? ¿Me vas a decir que ahora sigues mis consejos?
-Debí…debí seguirlos desde el principio, lo sé –ya no sonaba tan segura…comprensible, incluso lógico –pero…entiende que era una chiquilla…
-Y yo demasiado idealista creyendo en las buenas intenciones de la gente –me levanté del asiento y la miré fijamente –no te guardo rencor, Zozo, no serviría de nada ni me devolverá la vida…pero al menos alejarme de ti me ha traído algo de paz y me ha enseñado a ir con un poco más de calma…no, más que calma, a no tomar nada en serio…es decir, ¿de qué me sirve tomar la vida en serio si ya sé su final? Lo único que puedo hacer es no adelantarlo.
-La vida no es como la vez, Tom –me hablaba con tanta suavidad…como si fuera un niño perdido… ¿Qué se creía? –Nunca fue mi intención arrebatarte tanto…
-Lo hiciste, ya hablamos, ya cerramos todo –miré a mi viejo amigo, el cantinero –sírvele una cerveza, va por mi cuenta –la miré una última vez –cerré tu caso, guardé la ficha, ya ha sido suficiente, haz lo que tengas que hacer, pero no vuelvas a aparecer más.
-No creo que sea posible si conservas mi ficha –sonrió con tanta seguridad que me costó creer por un segundo que fuera ella la misma chica que había conocido –lo quieras o no…siempre estaré.
No quería oírla más…no sentía deseos de envenenarme antes de caminar cerca del escenario, ignorando a esa muchacha, sabiendo que quizás tenía razón…porque conservaba la ficha y las cicatrices… ¿Cómo podría olvidarlo todo? Lo peor es que Natu rígido, mudo por primera vez, no me ayudaba demasiado. Ni siquiera necesitaba que me picotera la oreja o hurgara en mi mente en busca de recuerdos que compartíamos. ¿Qué más podía hacer salvo intentar olvidar sabiendo que aquello era imposible?
Después de todo, soy psicólogo. La mente me obliga a recordar todo…la música aleja el recuerdo.
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Que Tom me dejara en una mesa mientras él se disponía a subir al escenario no me parecía una buena señal. Después de todo solía mantenerme alejado cuando algo lo perturbaba, al punto de distanciarse para así no transmitirme esos sentimientos negativos, dándose tal situación en contadísimas ocasiones. Sabía que ella podía causar tal efecto…sabía que él podía ser de todo con tal de negar sus verdaderas emociones…lo conocía mejor que nadie. Tal vez Helena lo conociera tanto como yo…quizás un poco menos, pero en ese bar sólo estaba presente yo y ese amigo al que encargó mi cuidado.
-¿Así que eres Natu –Ese felino no hacía otra cosa que hacer notar lo obvio para romper el hielo que amedrentaba tanto a Jessie como a James.
"¿Acaso eres ciego? Claro que lo soy".
-Sé que lo eres, lo siento, pero de alguna forma tenía que romper el hielo –Meowth no dejaba de mirar a mi amigo subir hacia el escenario con la guitarra al hombro –nunca pensé que lo vería con esa actitud.
"Es porque no sabes lo que siente…y dudo que alguien lo entienda".
-¿Qué le pasó a mi cuate, Natu? –Preguntó James con cierta melancolía –Es decir…nunca lo había visto…hablarle así a nadie…ha cambiado tanto…
Aquella forma de hablar hizo clic en mi mente. Después de todo, se trataba de un amigo de Tom, lo recordaba perfectamente y dentro de todos los pacientes que había tenido en el último tiempo,él seguía siendo el mejor, acaso por el lazo que en el pasado los había unido…a caso por tantas, tantas cosas que quizás nunca supiera…pero él seguía siendo lo más cercano a una figura humana en la que podría confiar, una imagen que le podría dar un punto de vista razonable… ¿Razonable viniendo de James? Sí, quizás no pedía demasiado. Además, Tom no me había pedido que guardara el secreto, nada más guardaba silencio por respeto…y seguía sintiendo tal respeto, sólo que sentía que, de alguna forma, les debía una explicación a aquellos de los cuales sabía tanto, pero ellos no sabían nada, al menos de una parte de su pasado.
"Meowth, tradúceme por favor" fue lo primero que pedí. Porque quería llegar a ellos. No quería transmitir mis recuerdos con un ataque. Prefería recurrir a la forma oral…la misma que Tom me había inculcado…
Si hasta en eso nos parecíamos…
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-¿Qué te parece? –Mi respuesta no se hizo esperar –Sabes que no podemos permitirnos mucho, así que es normal que sea pequeña…y por lo tanto, viviremos y trabajaremos aquí.
Al fin y al cabo, se trataba del comienzo, por lo que no podía esperar demasiado. El alquiler era asequible y si lo veía bien, pocos podían pensar con un escritorio destartalado, un casillero para los papeles y el único diván que había encontrado en una tienda de antigüedades, que personas como nosotros vivían en un lugar así más allá del trabajo. Lo único que podían pensar era que servía de algo cruzar la puerta puesto que una placa con su nombre y ocupación figuraba en ella, sin contar el diploma, el mismo del que se sentía orgulloso…el mismo que lo confirmaba como psicólogo…demonios, sonaba extraño, pero después de tanto trabajar…si al menos hubiese sido sólo el estudio, pero también era el trabajo y después de tres años…maldita sea, tres años en lo mismo, tres malditos años…pero ya había pasado y finalmente podía trabajar, aunque realmente parecía todo un poco complicado…
Tom se había graduado hacía algunos meses con los honores que le permitía la falta de tiempo, el trabajo y el agotamiento. Apenas superaba los veintiuno, pero había sido el primero de su generación, acaso porque cuando se proponía algo, costaba mucho que alguien le quitara esa idea de la cabeza. Y lo primero que apareció fue eso, una carrera poco conocida para reemplazar las batallas. A ratos me preguntaba qué le había gustado tanto de esa carrera en particular, sobre todo porque su curso estaba compuesto de siete estudiantes…aunque bueno, eso también representaba una enorme ventaja.
-¿Puedo pasar? –En el umbral apareció la única imagen que parecía hacer falta en ese lugar. Claro que a Tom no le hacía mucha gracia verla en ese estado, con el pelo revuelto y los lentes torcidos.
-Vaya Helena, ¿no se supone que tenías clases?
-El profesor está enfermo, además quería pasar, tenía que hacerlo –inesperadamente, sentí el remezón causado por la chiquilla que se le colgaba del cuello y lo estrujaba, sin darme cuenta del momento exacto en el que había lanzado el bolso lejos –felicidades por pasar tu examen, doctor.
Por supuesto…ella quería estar presente…después de todo, aparte de Tom, no tenía a nadie más y lo mismo pasaba con él. Aunque seguía creyendo que era una locura que se hiciera cargo de la muchacha…bueno, se entendía que no tuviera a nadie más, pero él tampoco se encontraba en posición de mantener a nadie salvo a sí mismo. Bastaba con ver sus ojeras y su delgadez…aunque dentro de todo, parecía ser que el título le confería nuevos aires, desde el cabello peinado hacia atrás, el rostro afeitado y esa sonrisa que se apreciaba no sólo en los labios, también en la mirada…esa mirada entusiasta que recordaba desde el momento en el que lo aceptaron en la universidad…un entusiasmo que parecía ir más allá de cualquier cosa…
Y es que antes de que Helena llegara, mi amigo se disponía a marchar para cumplir su primer día de trabajo.
¿Cuál era la principal ventaja de ser el mejor de una clase tan pequeña? Sin duda el hecho de tener trabajo asegurado, más si éste venía de uno de los profesores de mayor prestigio. Y ese trabajo no podía ser mejor, si bien la meta de mi amigo era ser independiente…aunque claro, dicha independencia tendría que esperar hasta que forjara su reputación como especialista. Aunque no dejaba de parecerme extraño que las Ligas y Grandes Festivales decidieran analizar psicológicamente a los entrenadores o coordinadores, lo cual venía a representar un gran trabajo. Dentro del siguiente mes, todos aquellos que pretendían concursar debían acercarse a uno de los nombres que les serían designados, los cuales debían extender el certificado de aprobación, siendo el mismo Tom uno de los encargados de la labor.
Un trabajo que ya comenzaría, por eso nos encontrábamos ahí. El más cercano parecía ser el Gran Festival de… ¿De qué región? ¿Unova? Al parecer, pero daba igual. Mi amigo ya se preparaba para la ronda de sus primeros pacientes, cinco confirmados. Y como figuraba como empleado de la Universidad, ellos estaban obligados a pagarle por el servicio prestado.
Claro que no esperábamos que el primer paciente apareciera media hora después de que Helena se marchara, esgrimiendo su atraso y sus próximas clases.
Era cómico ver a Tom tan nervioso, incapaz de articular palabra debido a la inminencia de un paciente, el primero más allá de cualquier práctica profesional, de manera que no tardó en ajustarse el nudo de la corbata, acomodar su cabello y adoptar una postura más profesional que de costumbre, como si quisiera transmitir la seguridad del profesional, intentando disimular la falta de experiencia, el nerviosismo y en parte la misma ansiedad.
Pero claro, no esperábamos que fuera una muchacha la primera paciente.
A simple vista, la chica parecía baja de estatura…bueno, todas me parecían bajas si estaba encaramado en un metro noventa de ansioso psicólogo primerizo. Pero me resultaba extraño apreciar tanta seguridad en ella. Por supuesto que vestía de manera casual, como era su estilo, apenas unos jeans y una camiseta debido al calor, acompañada de cerca por un Glameow muy elegante. Recuerdo que de ella me llamó la atención el cabello rojizo corto y la mirada divertida que se posó en mi amigo apenas lo vio.
-Buenas tardes –incluso el saludo pareció desarmar a mi amigo –busco a…el doctor Tom Santos.
-Para servirla –demasiada educación por parte de mi compañero –entonces debo suponer que usted es…
-Mi nombre es Zoey y he venido aquí porque así lo solicitan los organizadores del Gran Festival…
-Ah, sí, ya veo, me informaron de su visita, pase por favor, pase –las palabras salían atropelladamente de su boca, como si le costara trabajo distribuir el aire, mostrar seriedad…no, eso último apenas le salía y lo comprobé al percibir el gesto divertido de la que sería la primera paciente debido a los torpes movimientos de mi amigo –tome asiento, tome asiento, qué modales los míos, póngase cómoda.
Me parecía extraño. En principio, mi amigo parecía más alto y mayor, pero ante ella…ante ella el nerviosismo parecía ganar terreno, viéndose él menor si lo comparaba con la tranquilidad y madurez que parecía manar de la chiquilla llamada Zoey, de la cual no se borraba la sonrisa.
-De acuerdo…ehm…bueno, supongo que la informaron del procedimiento que debo llevar a cabo, un simple cuestionario…y en base a sus respuestas emitiré un informe que llegará a la Comisión, la cual dará su veredicto al cabo de un par de días –mi amigo blandió la pluma, temblándole en la mano –ya tengo su nombre completo, su edad… ¿Alguna experiencia previa en algún Gran Festival?
-Gané el Gran Festival de Sinnoh y participé en Kanto y Hoenn –fue la tranquila respuesta de la chica.
-Bien…número de integrantes de su equipo…
-Seis… ¿Debo decir sus nombres?
-Es irrelevante, descuide –con rapidez, Tom tomaba nota de las respuestas –me gustaría saber por qué optó por los Concursos en vez de las Batallas de Gimnasio.
-Bueno…debo reconocer que siempre sentí debilidad por la belleza estética…por el arte si le parece más adecuado el término…y a mi parecer, los Concursos permiten apreciar mejor la belleza de cada pokémon y el potencial de sus habilidades –a pesar de su semblante pensativo, algo parecía iluminar su mirada cuando hablaba –si bien es importante el rendimiento físico…siempre preferí ver a mis amigos iluminados y parecer ser que los Concursos le permiten liberar ese brillo...y me gusta que el público los vean tan maravillosos como lo son para mí…eh, disculpe, creo que me he extralimitado –soltó de golpe, algo avergonzada por la extensión de su respuesta.
-Debo reconocer que es un pensamiento fascinante –articuló mi amigo apenas, incapaz de alejar la mirada de la libreta de apuntes –en base a los Festivales me puedo hacer una idea de la experiencia y…seis integrantes del equipo… ¿Alguna aspiración a futuro?
-Simplemente participar en Unova y…bueno, lo demás se verá más adelante –lo decía con tanto relajo…y mi amigo apenas era capaz de mantener la calma.
-Bueno…será suficiente, pasemos a la segunda parte –ah, mi parte favorita, porque simplemente me encantaba el Test de Rorschach –Le presentaré las siguientes fichas y usted debe decirme qué ve en ellas –dicho esto, sacó las láminas y presentó la primera mancha de tinta –dígame qué ve.
-Veo…una pelota lejos del piso –qué raro, yo veía una explosión de petardos, aunque en la segunda… -veo…dos Beautifly jugando –y yo veía el rayo de un Zapdos –bueno…un Skitty persiguiendo su cola –y yo veía un Forretress girando –un Chimchar lanzando fuego, sin duda –imposible, ahí había un Xatu bailando.
-Con eso me basta –murmuró Tom, guardando las fichas apresuradamente –bueno, creo que hemos concluido la evaluación, ¿tiene alguna consulta?
-Sólo una –dicho esto, la sonrisa volvió a sus labios – ¿Soy tu primer paciente?
-¿Qué? –No sabía que podía sorprender más, la pregunta en sí o el hecho de que lo tuteara.
-Creo que mi pregunta fue clara, ¿verdad?
-No, es sólo que…demonios… cómo… ¿Cómo te diste cuenta?
-Bueno…estabas tan nervioso que apenas me has mirado un par de veces en toda la sesión, no me has preguntado la edad, te has reprochado por tus modales…y la mano no ha dejado de temblarte, incluso cuando escribías –dejó escapar una risita –en realidad…tienes esa vibra de novato.
-Ay, qué linda –gruñó mi amigo, dejando caer un poco la cabeza, por lo cual casi pierdo el equilibrio –bueno…eres la primera paciente a la que trato después de mi práctica…aunque dudo que te pueda considerar paciente si no tienes problemas –se puso de pie de un salto, acción que Zoey no tardó en imitar –no te preocupes, estarás dentro…bueno, sé que no debería decirlo, pero es un hecho…es decir, no debería confirmarlo, pero no veo razones…
-Entiendo a qué quieres llegar, descuida –incluso cerca de la puerta, ya a punto de terminar, seguía pareciendo más segura y mayor que Tom –aunque… ¿Estarás muy ocupado?
-La verdad es que sí, vendrán otros Coordinadores y debo emitir los informes…sin contar que me harán describirlos en presentaciones, argumentar a favor y en contra de los puntos de vista…diablos, creo que me estoy excediendo –a pesar del nerviosismo, me gustaba verlo irradiar tanto entusiasmo, hacía mucho que no lo veía tan feliz…como si describir tamaña situación lo llenara de gozo –pero bueno, te deseo la mejor de las suertes en el Gran Festival.
-Ah, lo sabrás muy pronto, espero que volvamos a vernos –y sin decir más, desapareció tras la puerta, dejando que mi amigo pudiera liberar todo el aire contenido durante esos largos minutos.
-Bueno…fue mejor de lo esperado…aunque debo mejorar mi actitud –no tardó en dejarse caer sobre el diván polvoriento, apenas pudiendo mantenerme sobre su cabeza –es decir…creo que será divertido…éste y todos los años.
Y yo, por mi parte, quería creer que sería así.
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-¿Esa boba fue su primera paciente? Vaya, pensé que tenía más experiencia –reconoció Meowth con cierta incredulidad –pero…me cuesta creer que estés hablando del mismo Tom.
"¿Qué quieres decir?"
-Es decir… ¿Sonriendo así? ¿Nervioso? ¿Peinado y afeitado? ¿Es en serio? –Me resultaba extraño ver a Meowth incapaz de creer algo así…tal vez porque yo mismo ya lo había visto así –Tuvo que ser algo muy grande para que haya pasado a ser…bueno, ése que conocemos.
"Bueno, esto tiene que ver con algunas lecciones de la Universidad" expliqué al trío que me escuchaba y a los metiches de atrás que, sabía, también estiraban la oreja lo más posible. "Los profesores decían que lo más importante para un psicólogo es no inmiscuirse más de la cuenta en la vida de su paciente, que el deber de todo profesional es ser capaz de mantener una distancia prudente, siempre manteniendo apartados los sentimientos, las opiniones propias…regirse por los códigos por sobre todo…pero bueno, Tom creía que las cosas debían ir un paso más allá, porque según él, el especialista debe ser capaz de ponerse en el lugar del paciente, aceptar su dolor como propio y luchar por encontrar una salida, siempre prestando el apoyo moral y profesional, pero sobre todo el moral".
-¿Creía esas cosas? –Soltó Meowth, después de traducir, con los ojos abiertos como platos soperos.
"Exactamente…las creía hasta que Zoey lo defraudó".
-Habla claro, plumífero, déjate de trabalenguas –exigió James, un tanto molesto.
"Bueno…imagina el lazo que se forma en los primeros amigos…imagina el apego que existió entre Zoey y Tom, más después de esa primera sesión, más después de ser ella más capaz de revelar sus flaquezas…más después de los compromisos, cuando ella decidió visitarlo con la frecuencia que le permitía la distancia, siempre llamando en busca de un consejo…que para él, ella comenzaba a ser alguien especial…más allá del peso de ser su primera paciente, comenzaba a tener un rol emocional en su vida equivalente al de Helena, a quien conocía desde mucho antes…
¿Sabías que Tom perdió a sus padres antes de cumplir los diez años? De su madre apenas tiene recuerdos, murió cuando él tenía cinco años. Y su padre…bueno, su padre murió cuando tenía siete. Ambos eran extranjeros, él mexicano y ella italiana y vinieron a parar aquí…él jamás se ha sentido en casa, mucho menos después de perder la única familia que tenía. Y cuando nací yo…bueno, él ya se las arreglaba para sobrevivir en las calles valiéndose de la guitarra de su madre…porque el piano, el mismo que le había enseñado su padre, no lo podía cargar.
Imagina el vacío con el que creció todos esos años, luchando por sobrevivir, sabiendo que nadie lo esperaba…sabiendo que nadie se preocupaba por él salvo yo y aún así no era lo mismo, porque tardamos mucho en establecer el lazo que nos permitiría comunicarnos como lo han visto. Por eso…por eso las cosas cambiaron en parte cuando conoció a Helena…sí, la misma Helena que han visto antes la conoció cuando tenía dieciséis y ella unos once, aunque por aquél entonces, ella tenía familia…y vino a convertirse en la primera amiga…quizás ahora la única y la más fiel, la misma que terminó cuidando al cabo de unos años.
Pero Tom siempre, siempre sucumbía cuando alguien reconocía su esfuerzo…cuando alguien valoraba su consejo cuando lo único que quería era ayudar…no, más que ayudar, sentirse útil, sentirse alejado de esos años en los que se vio obligado a robar para sobrevivir…a ser de utilidad, acaso para sentir que sus padres se sienten orgullosos de sus esfuerzos y olviden que alguna vez él hizo cosas incorrectas…"
-Pero estaba solo, ¿qué más podía hacer? –Articuló Jessie, súbitamente entristecida.
"Él no lo ve así, dudo que lo vea…o no lo veía en aquel entonces, cuando apareció Zoey…su primera paciente, una amiga más…una amiga a la que, estoy seguro, comenzó a querer de otra forma, sólo que él nunca tuvo el valor de reconocerlo. Una amiga que lo llamaba cuando tenía problemas, que reconocía sus conocimientos…una amiga a la que él quería y apoyaba en la distancia…una amiga que lo visitaba con frecuencia y que fue la primera, después de Helena, en conocer acerca de su pasado y no juzgarlo por nada…"
-Entonces, si se llevaban tan bien, ¿qué fue lo que pasó? –Aquella pregunta por parte de Meowth me causó cierta gracia, sobretodo porque quizás él lo entendiera mejor que ninguno.
"Bueno…sabiendo el pasado de alguien, sus más profundos secretos, dudo que si ese alguien depositó su confianza en ti, seas capaz de defraudarlo, pero ¿cambian las cosas si te enamoras de una persona que te pide esos secretos?" y como era de esperarse, la pregunta hizo palidecer a los tres. "Creo que Tom ha perdonado mucho…pero si hay algo que no puede perdonar es que le hayan dado la espalda sacando a la luz ese pasado a sus rivales".
-Hablas como si Tom hubiese sido un criminal buscado –murmuró James, desconcertado.
"Tal vez no a ese nivel…pero sí se hizo enemigos grandes… ¿O creías que llevaba ese palo de golf porque sí?" y la sola idea de que pensaran algo así me parecía absurda. "Tal vez no me creas, pero estoy seguro de que has oído de él como Tom El Hada de los Dientes."
