Saludos!

He aquí un nuevo capitulo de esta historia

Como siempre, espero que les guste, y muchas gracias por todos los comentarios que me dejáis, no sabéis lo agradecida que estoy a todos (las contestaciones, al finalizar el chapter)

Y ahora, a leer!


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Capitulo 6 Promesas rotas

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Uno de sus vasallos había fallado en su misión.

Nada le irritaba más que eso: que la victoria que a punto había tenido en la mano se desvaneciera y se alejara rápidamente. Frunció la boca con fuerza e ira al recordar lo cerca que había estado de conseguirlo. Ahora… ahora tendría que buscar otros caminos para vencerle, para acabar con él de una vez por todas.

Aunque, en verdad, no todas sus esperanzas habían estado depositadas en ese vasallo precisamente. Más bien, ese era uno más de sus planes para derrocar la mente del chico. Pero siempre, siempre existía ese algo que le impedía ir más allá. Siempre existía esa barrera invisible que, de una forma u otra, le protegía y le impedía a él, al mago más poderoso del mundo, a Lord Voldemort, atraparle. Una y otra vez se escabullía inconscientemente y se alejaba de él sano y salvo.

Como en el cementerio. Como en el ministerio.

Una y otra vez lo había tenido al alcance, y una y otra vez ese simple e insignificante muchacho se escurría de sus dedos como si fuera arena de una playa. Tenia que hacer algo. Tenía que atraparle y no dejarle escapar… nunca más.

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Sus ojos vagaron alrededor de la habitación, deteniéndose un momento en aquella vasija que le había dado el dominio de las tinieblas, que le había permitido doblegar al dueño y señor que habían tenido hasta esos momentos. Que le había permitido mandar a ese vasallo para intentar acabar con el chico.

Si, podrían ser útiles… en un futuro, cuando se olvidasen de ellas, y no se esperasen su ataque.

Ahora no, sabia que estarían alertas y vigilantes… o, por lo menos, Dumbledore (el siempre defensor del bien, el que siempre detenía sus planes de dominio. Una ráfaga de disgustó cruzo por su mente al recordar el engaño sufrido meses atrás)… por lo menos él estaría vigilante ante aquel hecho. Parecía que siempre sabia lo que sucedía en su cabeza. Y, siendo como era de protector, ahora incrementaría las barreras y las protecciones en torno a su niño dorado.

Había sido un buen plan, de eso no había ninguna duda, pero ni él, ni la Sombra (señor y dueño de las tinieblas, el que las gobernara hasta que él mismo tomara su control) habían previsto ese insólito e inesperado desenlace. El como, de la nada, apareciera esa llama de esperanza que lograra salvar al chico. Una y otra vez esa barrera insalvable.

Tenia que hacer algo.

Contra eso y contra el director, que siempre estaba ahí para protegerle.

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Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el suave deslizar de un animal en el suelo. Nadie, excepto él, podía escuchar ese sonido casi imperceptible. Nadie, excepto él, podía detectar la presencia de su serpiente, de su mascota, de Nagini, acercándose casi invisiblemente.

Bajó la mirada hacia el animal, y pudo ver un brillo de ansia en ellos, ansia de hambre. Ella sabía mejor que nadie el castigo que solían tener los traidores: su apetito era implacable, y sabía cuando se acercaba una buena comida… como ahora.

Ondeante, se acercó hacia los pies de su Señor, quedándose sumisa al sentir su cercanía. Esperando, anhelante, su recompensa. Su lengua bífida salía una y otra vez, respirando ese aire cargada de la oscuridad anterior. Ya se había ido la Sombra, pero su presencia persistía allí, casi en el mismo sitio donde ella estaba, y donde se había arrodillado para rendir pleitesía a su amo.

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"Todos tiemblan ante mi presencia. Todos inclinan los ojos al verme. Mi poder es inmenso" esto era lo que estaba en la mente de Lord Voldemort al ver entrar uno por uno a sus mortifagos, a sus caballeros de la muerte, a sus siervos. "Sólo existen los fuertes y los débiles. Los que dominan el poder y los que se inclinan ante él, tal y como están haciendo ahora, al verme, al saber que yo siempre seré más poderoso y más fuerte que ellos. Son débiles, muy débiles. No existe nadie más fuerte que yo, sólo piedras molestas en el camino, que algún día no muy lejano apartaré, y ya nada me impedirá dominar todo cuánto existe"

No estaban todos, no. Sólo una breve, pero importante representación de ellos, los que habían demostrado mayor poder, y mayor influencia. Los que habían sido leales a él desde siempre, y los nuevos, aquellos que se habían ganado con acciones recientes su sitio junto a su señor, junto a él.

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Lord Voldemort estaba muy satisfecho consigo mismo, aunque su expresión no reflejara ese sentimiento (en realidad, nunca dejaría que nadie supiese en que estaba pensando, una debilidad humana que había erradicado de sí, como muchas otras, al renacer aquella noche en el cementerio) Ahora su ejército de oscuras sombras era amplio y se infiltraba cada vez más hondo en el corazón de la sociedad. Sus ideas de dominio y poder al principio había sido rechazadas abiertamente, pero de forma secreta muchos de los que se consideraban sangre pura (magos auténticos, con larga y extensa dinastía, que se enorgullecían de ello) se unían a él, y su ejercito ya era mayor de lo que una vez fuera… antes de su inexplicable derrota.

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Amplia era su red de araña, y si no demostraba su poder total en esos momentos era porque aguardaba a tener la victoria asegurada, sin que nada ni nadie pudiera interferir. Un golpe certero y todo seria suyo. Había aprendido de sus errores en el pasado, de las causas que llevasen a otros magos como él a fracasar en sus propósitos. No, él no fallaría. Alcanzaría el poder, y nunca se lo arrebatarían.

Ni siquiera el destino, esas absurdas palabras que le enlazaba con aquel insignificante joven llamado Harry Potter. No, ni siquiera él seria un obstáculo. Estaba decidido a vencerle rápidamente. A él y a su protector, a Albus Dumbledore, aquella persona en la que el resto del mundo mágico confiaba tanto. Ambos eran estorbos. Y ambos tendrían que morir muy pronto.

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Se levantó de su lugar destacado un segundo después de que el último de sus fieles súbditos entrará y se arrodillará ante él, situándose después en su correspondiente lugar. Él era el último al que había admitido en ese círculo cercano, y a pesar de su juventud y su reciente ascenso a mortifago, ya había demostrado con creces su lealtad hacia él. Ya había demostrado ser digno de servirle.

Miró a su alrededor: las antorchas apagadas, las túnicas negras, las máscaras blancas.

Ahí se encontraba el centro de su dominio, y a pesar de ello, era sólo una parte muy pequeña de todo el poder que tenia en esos momentos, del poder que le habían entregados horas antes las tinieblas.

Sonrió satisfactoriamente antes de alzar la varita y encender las dos débiles antorchas que tenia a su lado, aquellas con las que había probado su poder una vez obtenido. Sólo con mirarlas el fuego apareció.

Quería demostrar, una vez más, su superioridad ante sus vasallos, algo que supo que había conseguido al sentir aquel murmullo de admiración que se extendía, silenciosamente, en la habitación.

Un gesto más, sin pronunciar ni una palabra, y dos de sus súbditos salieron (¿Quiénes eran?. No le importaba mucho, tan sólo dos de los tantos que estaban en esos instantes en la habitación)

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No tuvieron que esperar mucho su regreso, pues casi de inmediato volvieron acompañados de una persona que, como ellos, vestía una túnica negra, portaba una máscara blanca… pero, a diferencia de ellos, él se encontraba prisionero. Malherido dejaba que arrastraran su cuerpo, que lo llevasen hacia la presencia de su Amo, de Lord Voldemort.

Una vez cercano al Señor Oscuro, soltaron sus brazos, soltaron su agarre, y él cayó al suelo, como si no se pudiera sostener, como si sus piernas no tuvieran la fuerza suficiente para aguantar todo su cuerpo. Cayó a sus pies, derrotado y abatido. La máscara blanca se desprendió de su cara, quedando cerca de una de sus manos, en el suelo. Sin levantar la vista, el mortifago supo lo que le esperaba: oía el suave siseo del animal que se encontraba a tan sólo unos centímetros de él. Hacia tiempo que sabía lo que significaba esa situación, muchas veces lo había presenciado, pero nunca se había imaginado como protagonista. Nunca, ni en sus más desesperadas pesadillas.

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.-. Tsk, tsk, tsk. Todo lo que has sido… y ahora te encuentras… así… – por primera vez en esa noche, Lord Voldemort pronunciaba unas palabras, y éstas estaban cargadas de ironía y de rencor, de odio y de diversión – ¿No quieres hablar?. O… ¿prefieres que les cuente a los demás lo que has hecho?. Como nos has traicionado durante tanto y tanto tiempo… – su mano casi inhumana, delgada como si sólo estuviera hecha de huesos, sin rastro de carne, señaló al resto de las personas que se encontraban allí, esos espectadores que no actuarían ni harían nada, sólo mirar como un traidor era castigado – Ya veo – dijo, tras una pausa (más por puro teatro que por necesidad. Conocía demasiado bien a esa persona para saber que no pronunciaría ni una palabra… aunque ¿Quién ha dicho que necesitasen hablar?. Existían otros medios…) – Te ha enseñado bien…. Pero ahora… mira a tu alrededor. Sabes lo que te espera – Nagini, sabiendo que se refería a ella, se movió un par de centímetros hacia el condenado, sacando la lengua al sentir tan cerca el olor de la sangre del condenado, éste se estremeció al sentirla tan cerca

.-. ¿Y todavía le permaneces fiel?. ¿Dónde está él ahora?. ¿Dónde se encuentra?. Seguro que a salvo, sin preocuparse de una de sus pobres marionetas. Si, no fuiste más que eso para él. Le encanta manejar las vidas de los que tiene a su alrededor. Que hagan lo que él quiere. Que actúen a su manera. Siempre lo ha hecho. Y nunca se ha preocupado si alguno de sus muñecos sufre por sus acciones. Los deja tirados, y encuentra pronto un sustituto. Nadie es necesario para él. Todo puede se reemplazado…. Como tú… – los dos ojos rojos de Voldemort se dirigieron directamente hacia la figura que tenia a sus pies, a ver si sus palabras habían hecho el efecto necesario en el alma del hombre…

.-. No… él no…no soy una marioneta…él es… - empezó a decir el prisionero, pero las heridas causadas en su cuerpo casi no le dejaban respirar. No podía sostenerse. No podía defender a la persona que había confiado en él, cuando nadie más lo había hecho. No podía romper su promesa. No podía…

.-. Así que has decidido… callar… – dijo Lord Voldemort al ver como el hombre se cubría la cabeza con la escasa fuerza que tenia en sus brazos, como se agazapaba e impedía que le pudiera mirar. Como se resistía en aquellos últimos momentos de su vida. Le habían torturado las últimas semanas de forma implacable, y todavía se resistía a su poder, a pesar de saber que su fin estaba cercano.

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A un gesto suyo, los dos mortifagos que le habían traído se acercaron de nuevo a él, y tras una breve lucha le alzaron, poniéndole las manos a la espalda, y sosteniéndole la cabeza, haciéndole mirar a la cara de su antiguo señor, a esos dos ojos que había eludido, al poder que emanaba de ellos.

Se debatió una vez más entre ellos, intentando no tener contacto, intentando recuperar el dominio de su cuerpo… pero los brazos que le agarraban eran fuertes, y él estaba demasiado debilitado para poder seguir luchando mucho más. Y, sin embargo, sacaba fuerzas de lo más profundo de su ser, pues tenia algo que proteger, su más preciado tesoro, su más importante secreto. Aquello que, sin saberlo, le había permitido continuar existiendo cuando las sombras y el mal se habían abalanzado despiadadamente sobre él.

Y ahora, ahora no quería perderlo. No ahora que había encontrado una razón para seguir haciendo lo que hacia, y una poderosa causa para desear el fin de todo mal, el fin de su antiguo señor, de Lord Voldemort.

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.-. ¿Qué te impulsa a resistirte?. Sabes que yo puedo saber que intentas esconder…. Lo sabes… muy bien… – una sonrisa de satisfacción se dibujó en su cara, y su mente empezó a infiltrarse por los recuerdos del prisionero, que, en vano, alzaba barreras en su interior, pero que, una y otra vez, caían y se desmoronaban - ¿Qué escondes?. ¿Que intentas esconder?. – no eran preguntas, era afirmaciones.

.-. Mátame – logró decir el prisionero de forma débil, al sentir que el poder de Voldemort tanteaba profundamente en su ser, al sentir que se acercaba al pensamiento que quería esconder – Mátame ya – dijo de nuevo, en medio del dolor, su cabeza mantenida erguida con dureza (haciendo posible el contacto con aquellos dos ojos sedientos de poder) sostenido rudamente por aquellos que una vez habían sido sus compañeros. Su cuerpo no resistía permanecer en pie, y su alma ya ansiaba terminar con todo, deseaba morir ya… antes de que encontrase aquello que se resistía a desvelar. No, no le harían daño. Ninguno de ellos tenía que saber de su existencia… Ninguno de ellos tenía que saberlo… En esos instantes estaba a salvo, lejos del mal… tenia que permanecer así… Lejos de ellos…

.-. Cuanto más te resistas, peor. Ya lo sabes – Voldemort no se compadecía de él, más era la delicia de ver sufrir a aquella persona que había sido tan cercana a él antes de su caída. Ambos eran expertos en leer las mentes, en Legilimancia, así que disfrutaba al ver la desesperación en su rostro, el dolor al serle desvelados sus más terribles recuerdos…

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Un niño.

Un niño agazapado en una esquina de una habitación.

Llorando.

Su cabeza enterrada en sus pequeñas manos.

Agazapado y escondido.

Llorando sin poder hacer nada.

Y gritos.

Lloros desconsolados de una mujer.

Gritos furiosos de un hombre.

Objetos cayendo al suelo.

Pasos, carreras… bofetadas… palizas…

Y una y otra vez, los lloros protagonistas de la escena.

Lloros de un niño.

Lloros de una mujer.

…De su madre.

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.-. ¡Basta!. – dijo el prisionero, gritando desesperado al sentir ese recuerdo suyo en su mente… pero sus dos apresores no le soltaron, su torturador no dejaba de buscar, no salía de su mente. No cesaba de mostrarle los recuerdos de su desdichada infancia.

.-. ¿Qué es?. ¿Qué escondes con tanta ansía?. – volvió a repetir una vez más Lord Voldemort irónicamente divertido, al ver la resistencia con la que luchaba el traidor - ¿Qué es eso tan importante para que quieras acabar tan pronto con tu vida?.

Pero el hombre no le contestó, sino que levantó de nuevo, mentalmente, barreras protectoras para sus recuerdos. Tenía que protegerlo. Tenia que hacerlo. Y más ahora que su vida no valía nada.

.-. Jamás lo sabrás – un antiguo atisbo de orgullo Slytherin, de su casa, apareció en él. No, jamás lo conseguiría. Con dificultad, recurriendo a sus escasas fuerzas que todavía tenía, intentó apartar el rostro… pero las manos fuertes de sus apresores se lo impidieron: estaba condenado.

.-. Por más que él te haya enseñado a ocultar las cosas en tu mente – una nueva barrera cayó, revelando tras ella otro recuerdo del desafortunado – Yo soy más poderosos. Sabré finalmente que es lo que escondes.

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Todo era silencio en la habitación. Los mortifagos que no participaban de alguna manera contenían el aire al ver la escena, al ver a su señor doblegando despiadadamente a un traidor de entre ellos. A pesar de que algunos de ellos habían tenido relación con él, a pesar de haberle conocido durante años y años, siendo compañeros, conocidos, amigos… ahora veían su sufrimiento merecido. Era un traidor, y los traidores se merecían aquel castigo. Ninguno de los que le habían conocido en su anterior vida movió un músculo al verle caer al suelo, ahora presa de convulsiones, lleno de dolor al sentir mil agujas ardientes en su interior. Nadie, absolutamente nadie, mostró piedad por aquel hombre. Ya no les importaba nada.

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.-. Dime ¿como es ella de importante para ti?. – Lord Voldemort apuntaba con su varita al prisionero que se debatía silenciosamente en el suelo. Sin pronunciar ni una palabra, ni un grito, pero mirándole con odio e ira en sus ojos: había logrado, finalmente, llegar muy cerca de su más querido secreto. De su razón para querer el fin de la guerra, y la derrota de mal - ¿Quién es ella?.

Y, de nuevo, el dolor se incrementó en su interior, recorriéndole de arriba abajo, circulando por su columna vertebral, apoderándose de todo su cuerpo. Tuvo que morderse los labios para no dejar escapar los gritos desesperados que nacían en su interior. Sintió en su boca el amargo sabor de la sangre. Al fin Voldemort había averiguado que lo que él escondía tan decididamente era una persona, pero no le permitiría saber más, no le permitiría hacerle daño. Antes… moriría él.

Aunque… no había contado que, en medio de su dolor, no podía mantener esas ultimas barreras en su mente. Que no podía mantenerla totalmente aislada de la inclusión que hacia despiadadamente Voldemort.

.-. Ya veo. Es… una niña… – anunció triunfante el Lord, viendo la imagen difusa que tenia el prisionero en su mente - ¿Quién es ella?. ¿Qué es para ti?.

Él también lo pudo percibir, pudo ver como la imagen empezaba a delimitarse, a ser más clara, a distinguirse unos pequeños detalles aquí y allá: la túnica que llevaba, la forma de permanecer de pie… su cara… su cara todavía era algo borroso, pero muy pronto dejaría de estarlo.

.-. No – dijo balbuceante el prisionero, en medio de sus espasmos de dolor. Sus ojos todavía permanecían en contacto con él, gracias al implacable agarre de uno de sus antiguos compañeros.

.-. ¿No?. – dijo malévolamente Voldemort, la imagen empezaba a mostrar algunos de sus rasgos…como su pelo negro… Un poco más y sabría como era ella. Si le importaba tanto a ese traidor, tendría que morir después de él. No había duda que era ella una de las razones de su traición.

.-. Déjala… tranquila… déjala… vivir… - recurriendo a sus ultimas fuerzas logró crear una ultima barrera entre él y la imagen. Sus ultimas fuerzas. Un ultimo sacrificio. Era joven, muy joven. No podía dejar que él la capturase… No se lo permitiría. No….

.-. Sabes lo que quiero. Sabes que busco. Dámelo… y… ella vivirá. Además, eres un traidor. Que más da si lo haces una vez más. Traiciónale cómo me has traicionado a mí.

.-. ¡Jamás!.

.-. ¿Jamás?. – otra vez ese tono interrogativo en su voz y en la mente de ambos ese rostro empezó a tomar forma, muy lentamente, como si le costara mucho esfuerzo a Voldemort derribar esas ultimas barreras.

El prisionero se debatía, ahora más desesperadamente, entre los brazos de sus apresores. Quería abandonar el contacto de esos ojos despiadados, quería cortar cuanto antes. No quería que le descubriera su secreto. Sin embargo, el agarre no había disminuido, es más, había aumentado, y sentía ahora como ellos cerraban sus dedos en torno a su cuello, como le apresaban y agarraban, sin importarles si le dejaban marcas, deteniéndose en el punto exacto para que no le faltase el aire, pero haciéndole imposible poco más que el respirar y hablar débilmente.

.-. Déjala…

.-. Traiciónale. Dime lo que quiero – en la voz del Lord existía un gran ansia y una gran determinación - Y… ella... vivirá… - susurró acercándose a su rostro, mostrándole su sonrisa triunfante al saber que tenia la victoria al alcance de su mano. Con uno de sus dedos, apoyado en la barbilla del hombre, alzó su rostro, sosteniéndole la mirada, sus ojos a muy pocos milímetros uno del otro. Ambos sabían que muy pronto derribaría esa ultima barrera… que muy pronto sabría quién era ella para el prisionero, dónde se encontraba.

Y, al final, tras una dura lucha, tanto físicamente como mentalmente, ésta terminó con unas simples palabras. Si, le salvaría la vida… pero ¡a qué coste!. Ojalá le perdonasen algún día por lo que estaba a punto de hacer… En su mente sentía derrumbarse poco a poco esa barrera que había puesto.

.-. Si… si… lo haré… Te lo entregaré… Te diré cómo puedes atraparlo… - su voz no era más que un susurro muy débil, pero Voldemort sonrió al escuchar estas palabras, tan cerca como estaba.

Después, soltó su agarre, sus apresores le soltaron también, y Severus Snape cayó al suelo, sin fuerzas para seguir luchando, ya no tenía fuerzas, ya no tenía que luchar más.

El control mental había terminado. El ser prisionero había terminado. Todo había terminado.

"Se que te hice una promesa, Albus. Pero era ella o él. No he podido resistir. Ojalá perdones mi traición. Ojalá comprendas, algún día, porque tuve que romper la promesa que te hice de no ceder nunca ante el Señor Oscuro. De permanecer fiel a la Orden… De protegerle siempre…" fueron sus últimos pensamientos antes de sucumbir al abrazo implacable del desmayo.

Viviría, pero desde aquel segundo odiaba lo que era, lo que había sido, y lo que siempre sería: un traidor.

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El inicio del mes de Agosto fue lluvioso. Por todos los lugares de Inglaterra caía una débil pero interminable y fina lluvia, sin visos de querer acabar. El cielo mostraba un color uniforme blanquecino y las nubes permanecían quietas en su sitio, sin un leve rastro de viento que las moviese…

Y, sin embargo, a nadie le sorprendía este tiempo. Era aquello que habían previsto los avances meteorológicos: la borrasca permanecería unos días sobre el país, dando paso después al buen tiempo.

Por las calles los paraguas formaban un insólito paisaje, y las pocas personas que habían olvidado ese cambio de tiempo (anunciado durante días y días antes), se veían como solitarios caminantes en ese bosque de colores, empapándose irremediablemente con la lluvia que caía.

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Bastantes personas caminaban a esas primeras horas de la mañana por esa calle céntrica de la ciudad de Londres, así que no fue difícil a uno de estos solitarios caminantes empapados escabullirse de su perseguidor y esconderse en uno de los callejones cercanos. Había notado que le seguían, y sólo hacia unos minutos que sabía el porqué. Tenia que tener más cuidado la próxima vez ya que no se podía permitir esos despistes, y más ahora que todo estaba en la cuerda floja.

Apoyando todo su cuerpo en la pared, escondiéndose entre las sombras que le proporcionaba ese lugar, asomó ligeramente la cabeza hacia la calle por la que había entrado, comprobando con satisfacción que su perseguidor le había perdido la pista: había pasado de largo su escondite.

Ahora, los papeles se iban a invertir. Ahora sería él quien le perseguiría, se convertiría en el gato, y el otro hombre en el ratón… pero antes…

Dio un ligero vistazo a su alrededor, comprobando que nadie, absolutamente nadie, le pudiera ver. Que no había nadie en el callejón… algo fácil con ese tiempo, pues ni a los vagabundos les agradaba permanecer bajo esa irritante lluvia que nunca cesaba.

Después, sacando un objeto largo y fino de uno de sus bolsillos, pronunció unas palabras mientras lo apuntaba hacia sí. Un instante más tarde, en lugar del joven se encontraba un gato callejero, idéntico a los miles y miles que existían a lo largo y ancho del país, idéntico a cualquiera que se pudiera encontrar en las calles en aquel día lluvioso.

Ahora si, ya podía empezar de nuevo la persecución.

Con un maullido de satisfacción, el animal echó a correr hacia su objetivo.

Pronto, muy pronto, tendría algo más de información para la Orden.

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El sonido de la lluvia en la ventana fue lo que finalmente le despertó. Eso y que su cuerpo ya no necesitaba estar más tiempo tumbado, en la cama, como si hubiera pasado horas y horas allí. Ahora se quejaban todas sus extremidades, reclamando un poco de actividad.

Tanteando ligeramente sobre la mesilla que tenia al lado, agarró el reloj y se lo acercó bastante hacia la cara. Quería ver que hora era exactamente. Luego, le costó varios segundos comprender que lo que mostraba el aparato era, definitivamente, correcto… y demasiado tarde ¿cómo le habían permitido dormir hasta entonces?. De un salto, salió de la comodidad de las sábanas, del refugio que le proporcionaban éstas, sintiendo el frío del suelo inmediatamente en sus pies.

Fue entonces cuando la vio.

Allí, enfrente de él, encima de la mesa, se encontraba una especie de caja alargada.

De aproximadamente 30 centímetros más o menos de largura y muy pocos de anchura.

"Exactamente la medida exacta para contener una varita" pensó al darle un primer vistazo.

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Se encontraba cerrada, pero con una nota encima de ella. Una nota en la que ponía su nombre: "Harry"

Inmediatamente, sin percatarse de que todavía seguía descalzo, se acercó a la mesa. Algo le decía que lo que había pensado, lo que se le ocurría en esos instantes por su mente, era verdad. Que su varita volvía a sus manos, que se la devolvían. Que podía hacer magia a partir de entonces, en ese primer día de su mayoría de edad, tal y como había planeado

Alargando la mano, antes incluso de abrir el estuche, una súbita sensación se apoderó de él. La sensación de que no era su propia varita, pero que, con ésta que le proporcionaban ahora, haría grandes logros, que le funcionaría de forma parecida a la suya, pues con esta varita también existía un vínculo muy especial.

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Una vez que la tapa cayó hacia atrás, y la caja reveló su contenido (exactamente lo que había previsto: una varita), la sensación de conocer ese objeto se incrementó todavía más en su interior, a pesar de que era la primera vez que la veía (de forma consciente, de saber que era exactamente)

Ahí, destacando sobre terciopelo rojo, se encontraba la varita de su madre, la varita de Lily Evans.

Una varita que él ya había tenido entre sus manos antes, cuando era un simple e inocente bebé, cuando jugaba despreocupadamente ese ultimo día en compañía de sus padres, cuando los había visto reír, jugar y disfrutar con él, instantes antes de que toda su vida cambiase, de que ellos muriesen protegiéndole.

El peso de estos recuerdos que acudían a su mente ahora (recuerdos, imágenes difusas que ya había visto y sentido el dolor de ellos a principio de verano, cuando asediaban su mente implacablemente), ese peso hacia que sus piernas ya no le pudieran sostener más, que su cuerpo cediese, y cayese de rodillas ante el peso de todo lo que le abrumaba en esos instantes. Había sido tan feliz entonces, había disfrutado tanto, y en unos minutos todo le había sido arrebatado por unas simples palabras.

Nunca antes había sentido tanta sensación de pérdida, nunca antes había sentido que los necesitaba tanto como hasta ahora. Había aprendido a defenderse solo, había logrado crearse la ilusión de que podía vivir sin ellos, pero ahora… ahora que los recuerdos acudían a su mente, ahora que ya era oficialmente mayor de edad en el mundo mágico, se sentía como un niño muy pequeño que necesitaba la mano de sus padres para que le guiasen por las tinieblas de la adultez…

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Así fue como le encontraron instantes después las personas que entraron en la habitación, al oír un ruido procedente de ella. Si, se habían asustado bastante al escuchar el sonido de un golpe. Habían pasado bastante tiempo preocupados por lo sucedido en las últimas horas de la fiesta, de su cumpleaños. Preocupados por el estado en el que despertaría, y si la insólita experiencia que había tenido le había dejado o no alguna secuela.

Harry, arrodillado en el suelo, sosteniendo la varita contra su pecho, con los ojos cerrados y recordando los rostros de los seres amados y perdidos a tan tierna edad, no escuchó nada. Ni la puerta abriéndose, ni los pasos apresurados de la gente entrando, ni sus respiraciones aliviadas al ver que no sucedía nada grave. Sólo, cuando notó una mano encima de su hombro, sólo cuando escuchó su nombre siendo dicho a su altura (una de esas personas se había arrodillado junto a él), sólo cuando sintió unos brazos rodeándole… salió del trance en que se había sumido al descubrir la varita.

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Ladeó ligeramente la cabeza, y por un instante, pasado y presente se fundieron en sus ojos, pues creyó ver, junto a él, a su madre. Su pelo rojo, su expresión preocupada, su sonrisa sincera, sus ganas de vivir… Sus ojos… no, no eran verdes, sino pardos, castaños. Fue eso lo que logró hacerle regresar al tiempo del ahora. No, su madre había muerto para protegerle cuando era un niño inocente. Había muerto para darle un futuro… y en ese futuro también existiría una persona con el cabello del color del fuego, aquella que estaba junto a él en esos instantes.

Sin decir una palabra, dejó que su cabeza se apoyase en el hombro de Ginny, dejó que sus brazos le rodeasen por completo en aquel abrazo protector, dejó que ella fuese la fuerte en aquel momento de debilidad… y dejó que las lagrimas corriesen libremente por su rostro, mezclándose con aquel pelo que le había hecho recordar tan claramente a su madre…

Nadie más de las personas que habían acompañado a Ginny permaneció en la habitación una vez que habían visto que Harry permitía el contacto. Ninguno de ellos había dudado ni un segundo en dejarles solos, pues ambos supieron inmediatamente que las penas más profundas del corazón son difíciles de sanar… y que la cura sólo se encontraba en el amor, como siempre sucedía.

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.-. ¿Qué crees que habrá pasado?. – le preguntó Ron al sentarse en la mesa de la cocina, después de haber subido corriendo a la habitación de Harry al oír un ruido proveniente de allí. Al menos ahora ya estaban más tranquilos sabiendo que nada malo había sucedido. Ellos cuatro eran los únicos que estaban en esos momentos en la casa.

.-. No lo sé – dijo Hermione sentándose a su lado – Pero creo que tiene relación con la varita que tenia en sus manos. No era la suya, te has fijado ¿no?. Además… - de improviso le vino a la mente unas palabras escuchadas unas semanas atrás, antes de que, tanto Harry como Ginny (que se había quedado arriba con él), se comunicaban a través de los espejos – Ron, tenemos que ayudarle – pronunció finalmente, con angustia, mirándole directamente a los ojos.

.-. ¿Qué?. Siempre le hemos ayudado

.-. Si, pero ahora es distinto. Tenemos que permanecer siempre a su lado, pase lo que pase. Está en peligro. Lo se. No me preguntes como lo se, pero siento que le pasa algo.

.-. Creo que exageras. A Harry no le sucede nada. Y si, sabes que siempre estamos a su lado – acompañó sus palabras apoyándole las manos en los hombros y acercándola hacia él, hasta que finalmente se abrazaron – Prometimos hace tiempo que nada ni nadie nos separaría, ya lo sabes. No creo que pase nada que nos aleje de él. Siempre estaremos juntos, pasase lo que pasase... Ni siquiera Voldemort nos podrá separar… Eh¿de que te ríes Hermione?. – dijo de pronto al intuir una sonrisa en la cara de la chica.

.-. Se hace raro verte hablar de forma tan adulta, parece que vas madurando ¿sabes?.

.-. Claro, soy mayor de edad – dijo Ron orgulloso.

.-. Eso no quita que todavía seas un poco infantil – le contestó Hermione, separándose de él en medio de la frase… pues tal y como había previsto, al terminar Ron se abalanzó sobre ella con el objetivo de hacerle cosquillas.

Rápidamente, empezó a correr hacia el salón, dejando las sillas en medio del camino como obstáculos. Ya antes había sucedido lo mismo en la Madriguera, y sabía que Ron no pararía hasta que la atrapase… algo que sucedió cuando tropezó súbitamente con la alfombra del salón, y cayó encima de uno de los sillones.

.-. Ya eres mía – anunció triunfante Ron, tirándose también encima del sillón… y de ella, por supuesto.

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Fue así (uno encima del otro y riendo) como les encontraron las personas que aparecían por la chimenea en esos instantes. Como era normal después de una fiesta, se necesitaba reponer recursos y Remus había ido a comprar, junto a Sirius (éste en forma de perro, como últimamente lo hacia para pasar desapercibido en las calles).

Tras unos segundos de incredulidad, un carraspeo sonó alta y claramente en la habitación.

.-. Chicos, arriba tenéis habitaciones… - empezó Sirius de forma divertida al verlos.

.-. Profesor Lupin. Sirius – dijo rápidamente Hermione, con la cara toda colorada de vergüenza – No es lo que pensáis… sólo era que… - de un empujón hizo que Ron se quitara de encima suyo. Como ella, también Ron parecía un tomate bien maduro, hasta llegar al extremo de que no se distinguía donde empezaba su pelo y donde acababa su cara.

.-. No hace falta que te disculpes Hermione, sabemos que a la edad que tienen ahora las hormonas están muy alborotadas. Además, sabiendo como son los dos, seguro que tiene una explicación razonable – comentó Remus dirigiéndose hacia la cocina con los bultos que llevaba y quitándole importancia al asunto – Y no te preocupes por Sirius, siempre ha tenido una mente muy perversa – dijo antes de entrar por la puerta, y dando una mirada hacia su amigo, con el significado de que le siguiese y no dijese absolutamente nada… cosa que éste hizo al pasar al lado de los dos, pero llevando una sonrisa que lo decía todo.

.-. Pero eso no quita que tengan sus habitaciones arriba – replicó finalmente Sirius entrando en la cocina al seguir sus pasos… y dejando tras de sí a dos jóvenes adolescentes muy, pero que muy colorados y llenos de vergüenza al ser pillados de esa manera… aunque no estuviesen haciendo nada malo, la sensación era idéntica.

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En medio de la calle y de la lluvia insistente que caía, un solitario gato parecía mirar con decisión (si eso fuera posible en un animal) una ventana determinada de ese edificio, y después, el árbol que existía a su lado. Tras unos segundos, dio un gran salto, se apoyó en el tronco y se posó en la rama que estaba más cercana a él. Sin pausa, siguió dando saltos, alejándose cada vez más del suelo, hacia la delgada y escuálida rama que estaba a la misma altura de la ventana que había estado antes observando.

Al llegar a esa altura supo que su intuición era correcta: se escuchaban voces en el interior, voces de dos personas distintas… y una de ellas era de la persona que había estado siguiendo hasta el edificio de oficinas (supo que era ella al distinguir su silueta en la estancia, la otra persona parecía ser anciana, debido a su figura demasiado baja y encorvada, como pudo observar al moverse ésta)

Con cuidado, caminó por la precaria rama hasta situarse cerca de la ventana y poder oír lo que se decía en el interior, que para eso era por lo que había seguido a ese hombre durante más de una hora. Agudizó sus oídos, esperando que todo lo que escuchase allí, a esa hora, resultase interesante.

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.-. Hay que tener muchísimo cuidado con eso que me pides – parecía que decía el mayor de los dos. Por la oscuridad reinante en la habitación (sólo un par de lámparas alumbraban débilmente el lugar) no pudo ver a lo que se referían. Con cuidado, avanzó un par de centímetros para intentar distinguirlo, pero un ligero crujido en la rama le hizo desistir en su intento – Ya sabes que si se pasa de la dosis, aunque sólo sea una gota, causa la muerte…

.-. El señor Oscuro sabe a lo que se arriesga – le contestó tajantemente el hombre.

.-. Ya, ya. Lo se. Pero… si el prisionero necesita esta poción es que está prácticamente al borde de la muerte. Seria más humano dejarle morir y…

.-. Deje de hablar – dijo de forma dura el otro y acercándose a él le susurró algo que el gato no pudo llegar a percibir ni con todos sentidos animales en alerta.

.-. De acuerdo, de acuerdo – pronunció el anciano, como si se estuviera disculpándose. Después, tras unos segundos de silencio, se escuchó el abrir de armarios y el entrechocar de varios frascos – Aquí tienes la poción, pero yo no me hago responsable si te encuentran con ella. Ya sabes que esta sumamente prohibida y….

Interrumpiendo lo que decía el anciano, se escuchó una carcajada en la habitación, un golpe y lo que el gato distinguió como la caída de algo al suelo. Seguidamente, silencio en la habitación: la persona, el mortifago, que había seguido hasta ese lugar había desaparecido.

Despacio, pues la rama crujía a cada paso que daba, se acercó un poco más hacia la ventana, podía imaginar muy bien lo que había ocurrido en el interior: los ruidos que habían llegado a sus oídos no dejaban lugar a dudas. Aunque sabia que encontraría a esa persona muerta, tenía que averiguar de quien se trataba, pues como el mortifago se le había escapado, por lo menos conseguiría la información de dónde había estado.

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Cuando estaba tan sólo a menos de medio metro, pudo observar cómo aparecían llamas en la chimenea que existía en la habitación, cosa que significaba que alguien llegaba. De un salto, se posó en el alfeizar, saltó hacia el interior y se acurrucó en una esquina muy oscura (confundiéndose con las sombras) para que el recién llegado no se fijara en él, pero si poder observar lo que sucedía con detenimiento.

Las luces de la habitación estaban ahora todas apagadas, por eso el hombre que acababa de llegar no vio nada extraño al llegar. Sólo cuando empezó a caminar por la habitación, con la varita en alto y alumbrando un poco el lugar, pudo distinguir un cuerpo en el suelo. De inmediato, el hombre le dio la vuelta y el gato, desde la posición desde la que se encontraba, pudo distinguir que era la misma persona anciana que había entrevisto en las sombras desde el árbol. No había ninguna duda: el mortifago le había asesinado después de conseguir lo que había ido a buscar, tal y como él había imaginado.

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Al ver como el recién llegado se dirigía hacia la chimenea para pedir ayuda (no le había visto sus rasgos, sólo pudo distinguir la ausencia total de su pelo), se dirigió rápidamente hacia la ventana intentando no hacer nada de ruido: tenia que salir de allí antes de que le encontrasen, pues no podía desvelar a nadie su misión, ni el motivo por el que se encontraba allí a la hora de un crimen.

Concentrado como estaba en saltar rápidamente hacia las ramas inferiores, no pudo ver como el recién llegado se asomaba a la ventana y llegaba a distinguir la silueta de un gato corriendo cojeando bajo la lluvia, pues la ultima rama se había roto al llegar a ella…

Este gesto, sin que él lo supiera, le ponía en un grave peligro, a él y a las personas que le rodeaban… no por nada, la persona que le había visto empezaría, desde ese instante, a intentar averiguar todo sobre aquel gato que, por el modo de comportarse, sabia que no era realmente un gato.

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Una hora y media más tarde de la llegada de Sirius y Remus, cuando ya estaban recogiendo la comida que habían puesto para todo el mundo que existía actualmente en la casa, dos personas aparecieron por la puerta de la cocina cogidas de la mano. Eran los dos únicos que no habían aparecido a la hora de comer.

.-. Buenos días chicos – saludó una de ellas, que todavía tenia aspecto de recién levantado. No quedaba ni rastro de lo sucedido un par de horas antes: los malos recuerdos parecía que se habían evaporado tras la larga conversación que había tenido en la habitación, conversación en la que revelara sus miedos más ocultos a la persona que ahora estaba a su lado apoyándole incondicionalmente, como siempre lo hacia.

.-. Ya casi es "buenas tardes", Harry – dijo Ron burlonamente desde la silla donde estaba sentado, al ver a su amigo aparecer – Pero no te preocupes, te hemos dejado comida. Para ambos – añadió dando un vistazo a su hermana, que se sentaba a su lado ahora.

.-. No te preocupes, no tengo hambre… - empezó a decir Harry sentándose a la mesa, pero inmediatamente Sirius se puso frente a él con los platos que habían preparado para ambos,

.-. Ah, no. Tienes que comer. Eso lo digo yo – y se sentó en una silla enfrente de él – No me moveré hasta que lo acabes todo. Anteayer no cenaste, ayer te pasaste todo el día durmiendo – añadió para asombro de Harry, pues pensaba que sólo había dormido unas pocas horas más de lo habitual - … así que no pienso permitir que te mueras de hambre. Y no me pongas esas caras, las conozco demasiado bien: no me moveré hasta que vea el plato vacío. Aunque ya seas legalmente mayor de edad, yo siempre estaré cuidándote y protegiéndote, por algo soy tu padrino. Y ahora, empieza a comer.

.-. Remus… - dijo Harry, volviéndose hacia donde estaba el hombre lobo, en búsqueda de auxilio, pues el plato que tenia delante de él… bueno, se podría decir que tres personas podían comer de ahí… y aún sobraría algo.

.-. Lo siento – se disculpó Remus desde su silla y alzando una de sus manos inocentemente del periódico que estaba leyendo. No, no podía hacer ni decir nada, pues, en esa situación, él también estaba de acuerdo en las argumentaciones de Sirius.

.-. Nosotros tampoco podemos hacer nada – dijo Ron al ver como dirigía su mirada hacia ellos dos – Ya hemos sufrido su "tortura" – y con un gesto señaló su estomago. Seguidamente, miró al tablero de ajedrez que tenía enfrente de él, movió la dama negra una casilla y anunció, para desesperación de su adversario: – Jaque Mate. De nuevo te he ganado, Sirius.

.-. Lo siento Harry, pero creo que ellos llevan razón ahora – añadió Hermione a su lado, levantando un momento la vista del libro que estaba leyendo ("Encantamientos Extremos. Nivel avanzado").

Y así, siendo observado por cuatro pares de ojos (cinco, si añadimos la persona que estaba a su lado, también comiendo) tuvo que terminarse el plato a rebosar que le había dado su padrino.

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Justo entonces, cuando estaba llevándose a la boca el último bocado, sonó un ruido en los jardines. Inmediatamente, Remus y Sirius sacaron rápidamente sus varitas, y haciéndoles un gesto para que no se movieran, salieron de forma sigilosa hacia la puerta principal. Habían revisado las defensas instantes después de llegar, habían renovado los sistemas de alertas, habían hecho todo lo que estaba en sus manos para no ser cogidos de improviso… y lo que había sonado no era alentador: algo raro había sucedido.

Así que, rememorando los tiempos en los que se enfrentaban a los peligros, junto a gente y amigos ya desaparecidos, salieron por la puerta… para encontrarse con algo que no esperaba ninguno de los dos… Algo que, ni en toda su vida, habían podido esperar. Algo que cambiaria sus vidas para siempre… aunque ellos no lo supieran en ese instante. Alzando las varitas, los dos amigos, los únicos supervivientes de aquel grupo inseparable que una vez fueran en Hogwarts, fueron a enfrentarse al peligro inminente que estaba frente a ellos.

En la cocina se quedaron las dos parejas, todos ellos también con la varita en alerta, dispuestos a luchar si algo malo sucedía. Todos, excepto una de ellos, ya podían hacer magia legalmente, y estaban dispuestos a demostrarlo.

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Harry, viéndose por primera vez libre, fuera de su habitación cuando sucedía algo extraño en los jardines, se acercó hacia la ventana para observar mejor… y, aunque no pudo ver nada, una súbita sensación de terror le hizo retroceder un par de pasos, cayendo arrodillado después al suelo y llevándose las manos a la cabeza: un fuerte dolor empezaba de nuevo en su interior, un dolor que él ya bien conocía.

.-. ¿Qué ha pasado?. – fue lo que exclamaron a la vez Ron, Hermione y Ginny al verle caer. Y mientras los dos primeros se acercaban cautelosamente a la ventana, Ginny se acercó hacia él, esperando que no sucediera lo mismo que en su cumpleaños, cuando fuera presa de las tinieblas y la oscuridad, tal y como les había relatado al volver.

.-. ¿Ves algo?. – preguntó en voz baja Ron al mirar de reojo por la ventana. Desde donde estaba él no percibía nada extraño.

.-. No – negó Hermione con la cabeza – Pero lo sientes ¿verdad?. – añadió en voz baja al ver como, en las esquinas del cristal de la ventana empezaba a formarse, poco a poco, pequeños cristales de hielo. Era una señal indudable de su presencia, además de la sensación de desasosiego que les empezaba a embargar…

.-. Dementores – confirmó él, y sus ojos empezaron a buscar entre las sombras del bosque que tenían cerca de la casa. Por la sensación que empezaba a recorrer por su interior, era una gran cantidad la que se acercaba… y tan sólo ellos eran cuatro (más los dos adultos que no sabían donde se habían metido)… no podrían hacer frente a todos ellos. No eran suficientes.

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.-. Hola querido primo – de entre las sombras que se erguían frente y alrededor de los dos hombres salió una voz cargada de maldad y crueldad – No puedo decir que me alegra verte de nuevo entre los vivos – terminó burlonamente.

.-. Hola Bella – dijo en el mismo tono de voz Sirius, dando un vistazo hacia atrás. Desgraciadamente habían comprendido demasiado tarde que era una trampa: estaban rodeados de negras sombras y máscaras blancas les miraban por doquier… sin posibilidad de escapatoria.

.-. No sabia que también el licántropo estaba contigo – volvió a hablar la mortifago, dando un paso al frente, y mirando desafiante a Remus – Menuda sorpresa. Aunque… no se porque no me extraña – rió, y su risa sonó irónica – Dos piezas por el precio de una. Mi señor se pondrá muy contento.

.-. No permitiremos que entréis en la casa – intervino Remus, alzando la varita y apuntándola hacia su pecho. Lucharía por proteger a los que estaban dentro. A todos y cada uno de ellos.

.-. ¿Quién te ha dicho que haremos eso?. – Bellatrix Black seguía mirando a su pariente. Era la única que no llevaba puesta la máscara y sus ojos desprendían odio mirara donde mirara – Nuestro objetivo es más suculento que el niñato ese…

.-. Harry no es un niñato. Se enfrentó contigo en el ministerio…

.-. Y me dejó escapar – terminó la frase ella altiva – Todavía no se que interés tiene el Lord con él, pero no me gustaría estar en su piel cuando le llegue la hora… que será… muy pronto – añadió de forma confidencial a escasos milímetros de la cara de Sirius (el movimiento le había cogido tan de improviso que no pudo hacer nada), y éste pudo percibir más que nunca la maldad que desprendía ella, sus ansias de poder, sus ojos sedientos de venganza… – Pero, bueno, ahora hemos venido a por ti. Basta ya de charlas sin sentido – dijo apartándose de él y empujándole al suelo con bastante brusquedad.

Antes incluso de que Sirius se pudiera levantar, una docena de varitas le apuntaban directamente.

.-. Siempre has estado por debajo de mí – dijo Bella orgullosa dándose la vuelta y lanzando un rápido hechizo hacia Remus, que se desplomó de improviso en el suelo.

.-. ¡No!. – gritó Sirius al ver lo sucedido. No podía estar sucediendo eso. No, no podía…

.-. Si – anunció triunfante la mortifago, y seguidamente, dirigió su varita hacia el pecho de su primo.

.-. No, no te atreverás – musitó él, mirándole desafiante a los ojos y agarrando su varita rápidamente del suelo. Todavía seguía aturdido por lo sucedido – No a tu propia sangre…

Un instante después, la varita de Sirius caía al suelo y se aproximaba rodando a sus pies.

.-. Si ya lo hice una vez¿cómo no voy a volver a hacerlo?. – anunció triunfantemente Bellatrix Black dando un puntapié a ese objeto – Patéticos – añadió volviéndose de espaldas al lugar de los hechos y guardando su varita en la túnica.

Y, con un gesto, desaparecieron del lugar: habían hecho su trabajo eficazmente.

Todo había sucedido en cuestión de segundos.

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.-. Ya estoy bien. No te preocupes – dijo Harry al cabo de unos instantes, levantándose ayudando por Ginny. El dolor persistía, tan sólo había sido la primera impresión la que había causado aquella reacción en él, el resto de cosas podía soportarlas (las voces, el dolor punzante en su pecho, como casi siempre le sucedía en presencia de esas criaturas). Mirando hacia sus amigos, supo que ellos ya habían averiguado que era lo que sucedía - ¿Cuántos?. – preguntó, acercándose a dónde se encontraban y aferrando la varita con fuerza. A su lado se situó Ginny con decisión: ella también lucharía junto a ellos.

.-. No los puedo contar – dijo Hermione – Me alegra que te hayas recuperado – añadió con una sonrisa en el rostro mirándole contenta.

.-. Dijimos que siempre estaríamos juntos, pasase lo que pasase.

.-. Cierto compañero – habló Ron desde su lado – Siempre permaneceremos juntos.

.-. Ya están apareciendo – anunció Ginny al ver como las sombras del bosque se extendían poco a poco, traspasando los limites normales que dictaba la lógica.

.-. ¿Dónde están?. – murmuró Harry preocupado por la ausencia de su padrino y de Remus, al ver como poco a poco la oscuridad tomaba forma: unas conocidas siluetas que ya viera en su tercer año, que ya luchara contra ellas en el verano de su quinto año… Y ahora estaban ahí: una gran masa de dementores que se aproximaban hacia la casa implacablemente.

De nuevo su mente empezó a pensar en su padrino y en Remus… habían salido tan sólo cinco minutos antes, y no aparecían… ¿Dónde estaban?. ¿Qué había pasado con ellos?. ¿Por qué tardaban tanto en regresar?. Una amarga sensación empezó a crecer en su interior, la sensación de que algo iba mal, terriblemente mal. Un instante después, las formas de los dementores se delimitaban, separándose de las sombras del bosque.

.-. ¿Preparados?. – preguntó entonces al ver como los dementores se aproximaban hacia donde ellos se encontraban. Sabían lo que tenían que hacer y ahora todos ellos tenían las varitas agarradas con decisión, dispuestos a salir cuando estuviesen al alcance… tal y como ocurría en esos instantes – ¡Ya!. – gritó, saliendo por la puerta de la cocina que daba al jardín. No tenían miedo, lucharían por sus vidas.

Un segundo después, un gran ciervo plateado se dirigía raudo y veloz hacia las negras sombras, siendo acompañado por una nutria, un pequeño perro y una masa de forma indeterminada, proveniente de la más joven de los atacantes.

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Su ataque conjunto, aunque poderoso, no pudo abrir ni una brecha en los atacantes, pues aunque varios cayeron por efecto de los patronus, fueron rápidamente reemplazados. Parecían crecer a cada segundo que se acercaban a la casa… y la sensación que desprendían hacia mella en ellos cuatro cada vez más profundamente: sus esperanzas y los sentimientos positivos estaban siendo absorbidos lenta e irremediablemente. Sentían en su piel el frío que desprendían. Sentían en su mente la sensación angustiosa que producía su presencia, ese sentimiento de pesimismo que lanzaban, esa sensación de no querer luchar, sólo dejar que se acercaran, sólo dejar que se acercaran. No luchar, no resistirse... Pero ellos cuatro no eran así, no dejaban nunca de luchar por sus vidas, y esa no era la primera ocasión en la que demostraban que lucharían y se defenderían hasta el final, incluso hasta la misma muerte…

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.-. ¡Ahora!. – gritó de nuevo Harry, apoyándose contra la pared y lanzando su patronus una vez más pero, a pesar de todos sus esfuerzos, los dementores avanzaban inexorablemente… y no había ni rastro de Sirius ni de Remus ¿Dónde se habían metido?. ¿Qué había sucedido con ellos?. ¿Dónde estaban?. No podían estar… Desechó rápidamente esos funestos pensamientos de su mente. Ahí y ahora necesitaba concentrarse en cosas positivas para poder vencer a los dementores. No podía dejar que los pensamientos negativos ganasen terreno. Para reunir fuerzas, apretó ligeramente un poco más la mano que tenia cogida a Ginny. El amor y la felicidad a su lado era lo que le daba fuerzas para crear aquel magnifico, majestuoso y poderoso ciervo que arremetía con fuerza a los dementores y conseguía derribar a varios en cada ataque.

Justo a su lado podía distinguir también, entre la neblina de frío e infelicidad que empezaba a rodearles, a sus dos mejores amigos que, como ellos dos, se daban la mano y permanecían juntos luchando. Los cuatro permanecían siempre juntos, pasase lo que pasase. Juntos pelearían hasta el final.

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Si, estaban ahí, cuatro jóvenes contra un ejército de sombras cuando, de repente, una gran figura plateada descendió en picado del cielo y se posó enfrente de ellos, haciendo de escudo, y desprendiendo un gran poder. Su luminosidad les cegó a los cuatro, y les rodeó una gran calma, junto con la sensación de estar ya a salvo. Ya no estaban en peligro, ya no

En ese mismo instante, cuando la luz les rodeaba a todos, sintió como la mano que daba a Ginny se aflojaba, y dándose la vuelta rápidamente, logró coger su cuerpo desmayado antes de que cayera al suelo. Alzando la vista, pudo ver como Ron le miraba, y agradecía su gesto silenciosamente, antes de apoyarse en la pared y dejarse resbalar, también desmayado. A su lado, Hermione se sentía igualmente desfallecida por el esfuerzo, y siguió su ejemplo: sentándose junto a él en el suelo, dejó que el desmayo le alcanzase.

Antes incluso que Harry pudiera distinguir con sus ojos cansados de que animal se trataba (un fénix), supo que varios miembros de la Orden habían llegado a la casa, y con ella el director, pues tal poderoso patronus le pertenecía a él. Así que, desfallecido como estaba, agotado y exhausto, empezó a cerrar los ojos lentamente.

Un segundo antes de que estos se cerraran, una persona corría hacia dónde se encontraba él, hacia esa entrada de la casa. No distinguía de quien se trataba, pero una vez que llegó a su lado, antes de desmayarse completamente, y resbalar por la pared, pudo escuchar sus sollozos angustiados.

Era una mujer.

Una mujer joven.

Una voz que conocía, y que ahora se encontraba llorando por una pérdida… pero nada más supo ya que los brazos del desmayo se cerraron en torno a él en esos momentos.

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.-. Siempre estaré a su lado para protegerle – decía un hombre. En sus brazos llevaba un pequeño niño.

.-. Lo se. Confío en ti Canuto. Si algún día Lily y yo faltásemos, sabemos que queda en muy buenas manos. En las tuyas, amigo mío – dijo el otro hombre que le acompañaba, acariciando la pequeña cabeza de su primer hijo, donde ya se veía que tendría el mismo tono de pelo que él, su padre, y la misma rebeldía, pues todos los mechones seguían desordenados a pesar de los grandes esfuerzos de su madre por peinarle en ese día de su bautizo.

.-. No lo dudes, Cornamenta. Pero… - con un delicado gesto, devolvió al niño a los brazos de su padre - … pero a vosotros nunca no os pasara nada. Harry siempre os tendrá a su lado… igual que a mí. Siempre estaremos junto a él – James Potter sonrió agradecido. En ese instante, el bebé se despertó, mirándoles a ambos medio dormido y desvelando el color especial de sus ojos: verdes como los de su madre. Un segundo después, se llevó uno de sus pequeños dedos a la boca y volvió a sumergirse en el pacifico sueño que estaba teniendo.

.-. Eres más que un amigo para mí, eres mi hermano. El padrino de mi hijo. Su segundo padre. No hay nadie más a quién pueda confiar tan ciegamente su vida. Y siempre sé que estarás a su lado. Siempre.

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Contestación a los comentarios/reviews:

belen Saludos!.!. Muchas gracias por el review. Me alegra un montón que te siga gustando :D (y, bueno, espero que no me mates al terminar de leer este capitulo) Ah, y espero que tu también disfrutes con lo que queda de vacaciones, que ya es cada vez menos. Besos miles.

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Dark Lady Evans Hello my dear!. No, no te disculpes (además, que es el segundo de este capitulo, se nota como influyen las vacaciones… jaja) En fin, que me alegra ver tus palabras por aquí :D (y suerte en el regreso a las clases, que sea leve) Sobre lo que comentas del capitulo (el cinco, el del regalo de cumpleaños, jeje), si, creo que mucha gente ha querido estar en su lugar, jajaja. Ah, y yo a veces, a esas horas de la madrugada es cuando todavía estoy aporreando las teclas, jajaja), asi que… conozco el estado del cerebro :p Bueno, centrándonos (que ya empiezo a delirar como siempre) de nuevo me haces sonrojar siempre lo haces XD (espero que con este nuevo capitulo no se sume un nuevo sentimiento hacia mi… como puede ser el de querer asesinarme, jajaja, si has leído el capitulo sabrás a que me refiero) Nos vemos (ay, que hoy mis neuronas están de huelga y no se me ocurre nada más que poner, pero ya sabes que cuando están al 100 soy una cotorra, jaja :P) Cuídate y muchos besicus.

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Celina Saludos!. Me alegra mucho que el capitulo te haya gustado (sobretodo el inicio, jejeje, a mi también me encanta muuucho, no sé porqué :P) Sobre lo de Harry, ya verás, ya verás (creo que sé a que te refieres, no creo que falte mucho para que lo sepamos) Me apunto tu propuesta de guía turística por esa encantadora isla… ahora sólo falta que me toque la lotería, que eso es lo difícil (porque, sinceramente, con los escasos ingresos que tengo como pobre estudiante universitaria, es difícil que lo haga pronto :S) Bueno, guapa, espero que tu también estés disfrutando de estos últimos días de sol (ponte muy morena), y que te haya gustado este nuevo capitulo. Un montón de besos y abrazos :)

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Mariet Malfoy Y cuando pensábamos que todo era paz y tranquilidad aparece… (si has leído el capitulo sabrás a que me refiero BB … me lo has dejado que ni clavado) Me ha gustado este comentario :D, creo que eres de las pocas personas que les gustan los malos malísimos, y si, este lo es y mucho, jajaja (en cierto sentido, son muy "monos" ellos, jaja) Sobre el resto del capi, pues si ya están juntos (Harry y Ginny), y si, Tonks va a aumentar la familia. Ay que ver, que poca cabeza tiene esta chica, quedarse embarazada en medio de una guerra. En fin, que muchas gracias por el comentario, y espero que te guste este nuevo capitulo (aunque creo que aumentare las ganas de matarme al final de él) Besos miles.

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SabriWeasley Saludos querida Sabri. Me alegro mucho verte por el messenger :D y creo que si en el capitulo anterior me querías matar… en este nuevo… mejor sólo te digo que me he mudado a un bunker por las consecuencias de mis actos :p Me alegro que te emocionaras tanto con la escena del reencuentro de ese par de tortolitos :D Y para mi también es un inmenso placer leer tus palabras y tener a esta lectora tan fantástica y agradecida :D (todos sois fabulosos, no me merezco los bonitos y gratificantes comentarios que me hacéis) Sobre las suplicas… en fin, que ya las iras desvelando según avance la historia, porque yo no puedo decir nada :x Como te dije, fue un inmenso placer verte por el Messenger, así que espero que pronto nos volvamos a encontrar (buff, como se nota hoy que mis neuronas no quieren trabajar, están de huelga :p…) Muchos besos y cuídate mucho!.!. Pd: No se cómo lo haceis, pero siempre acabo colorada al terminar de leer los reviews que me dejais :p

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Nimmy Saludos mi niña dinamita :p (espero haber acertado, aunque no me fío de mis neuronas… sobre todo hoy, jajaja) Gracias por haber puesto lo de spoiler, que aunque yo me lo haya leído (tal y como puse en un capitulo), hay mucha gente que no, y asi sabe a lo que se arriesga... y mas cuando en tu mensaje dices una de las cosas mas importantes del libro :P Para no desvelar nada aquí tampoco, sólo decirte que lo que comentas, cierta parte de mi intuía que seria eso lo que sucedería, pero no esperaba que fuera de ese modo y con él… (ya sabes a qué y a quién me refiero) Pobrecillo, no pienses eso de él, que todo (como ya sabemos) tiene una explicación en la (perversa) mente de JK :p y creo que en el 7 sabremos todo (porque si no lo hace…) En fin, que no se si te va a gustar mucho el inicio de este capitulo (el seis… y bueno, el final creo que tampoco)… pero espero que los anteriores si te hayan gustado mucho y vea pronto tu impresión :D Lo que me preguntas… pues te diré que tengo muchas teorías, todas con base a lo sucedido en los libros… y cada vez que los releo, veo algo que afirma o niega algunas… asi que, todavía no se que pensar de ello :p (cada dos por tres pienso que es lo que dices, y cada tres por dos, pienso lo contrario… hay que ver quien me comprender). Bueno, ya me voy despidiendo. Muchos besos y disfruta de estos últimos días de vacaciones. Ciao

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isaurita Mi querida isa!. Who are you?. Ya veo que te has vuelto multi bilingüe (menos mal que con la lectura de HP 6 mi nivel subió un poquito, jajaja, que ya casi lo tenia olvidado :p… mira algo bueno de ese libro, jaja) Lo de cosas interesantes, si, unas pocas, pero ya sabes como soy de enredada (y a ver si no se crea un nudo al desenredar, jaja… no creo, o eso espero :p) Sabes, el otro día me conecte… a tiempo para ver como desaparecías, joo, por una vez que tengo tiempo para conectarme por las noches y no puedo hablar contigo. A ver si nos vemos pronto, que ya tengo muchas ganas de volver a hablar contigo :D Lo de la sombra, pues al principio no lo sabia, pero ahora creo que tengo una idea de dónde la ha "sacado" mi musa loka… ya te comentare cuando te vea. Ah, y me encanta que todo te vaya estupendamente, me alegra realmente un montonazo. Y si, el mundo loco tiene sus ventajas ;) Nos vemos. Cuídate y muchos besos para todos.

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