¡Buenas! ¡Aquí está el capítulo 5! Gracias a quienes han dejado comentarios y también a quienes me han señalado algunos errorsillos que cometí en el capítulo anterior.

¡Salud!

Capítulo 5

Después de algunos días de descanso Asami se sentía mucho mejor: su costado ya no dolía tanto, su mano izquierda se había desinflamado notablemente, y Opal se aseguraba de que su brazo derecho se mantuviera estable mientras soldaba el hueso.

La letrina se había convertido en una parte importante de su vida en los primeros días. Asami era una mujer de negocios, y cada vez que viajaba a un lugar nuevo sufría la común e incómoda diarrea del viajero. Esta no era la excepción. En su hogar, y en cualquier otra parte del mundo cagar era una actividad privada. Un tiempo en solitario para la introspección. Pero no en esta isla: como casi todas las demás, cagar era una actividad social. Varias veces se encontró acompañada mientras hacía sus necesidades.

Simplemente no terminaba de acostumbrarse a esta y otras costumbres de las habitantes de la isla. Como por ejemplo el verlas pasar desnudas o sólo con un taparrabo de aquí para allá cuando hacía mucho calor. En conclusión, parecía que estas mujeres no conocían el concepto de privacidad.

A parte de estos detalles que le resultaban un tanto incómodos, notó que había niñas, que jugaban alegremente durante todo el día, y cesaban sus juegos sólo para comer, dormir y para reunirse al rededor de las ancianas de la tribu a escuchar sus relatos al caer la tarde.

Quiso varias veces preguntar cómo carajos era posible que hubiera niñas y bebés en la tribu si no había hombres para enjendrarlas. ¡Este detalle simplemente no tenía ningún sentido! Sin embargo se abstuvo de preguntar: la reacción de Korra ante tal pregunta no había sido muy amable que digamos, así que prefirió esperar y observar. En algún momento la respuesta saldría a la luz por sí sola.

Las visitas de Korra se hicieron cada vez menos frecuentes, y a pesar de eso, cada vez que la visitaba llevaba algún pequeño regalo para alegrarle el día: algunas veces flores, otras frutas y al despedirse siempre besaba sus manos. Aún cuando no conocía las costubres de estas mujeres, le pareció que estos gestos eran parte de una especie de cortejo. O por lo menos eso es lo que le gustaba pensar.

Conoció además a otras miembros de la tribu, como Kya la médico. Ella se pasaba la mayor parte del día preparando mezclas, recolectando hierbas medicinales y atendiendo a las mujeres que sufrían algún accidente o estaban enfermas. Opal era su discípula y la ayudaba en las tareas diarias mientras aprendía el oficio. Ellas dos constituían su principal compañía cuando Korra no estaba, y de ellas aprendía poco a poco aquel idioma. Su mente ágil le permitió entenderlo bastante bien, aunque aún se expresaba muy pobremente.

Una mañana Kuvira entró a la enfermería y cruzó algunas palabras con Kya. Luego miró a Asami y se le acercó.

-Me ha dicho Kya que te encuentras mejor-

-Sí. Ya no débil, pero brazo tardar en curarse- dijo Asami lo mejor que pudo después de sólo unos días de estar aprendiendo el idioma.

-Entonces es hora de que salgas de la enfermería. ¿Qué sabes hacer?- preguntó Kuvira con aquel semblante autoritario.

-Uh...- «se diseñar construir y reparar todo tipo de máquinas, pero no creo que sea algo útil aquí...» pensó.

-¡hm! Sígueme, buscaremos una ocupación para ti-.

Asami tuvo que esforzarse un poco para seguirle el paso a Kuvira, que era firme y rápido. Mientras ella le informaba algunos detalles de importancia

-La jefa ha querido que formes parte de nuestra tribu, y yo me aseguraré de que así sea- dijo Kuvira. Asami guardó silencio, preguntándose quién sería esta jefa de la que hablaba Kuvira. -No recibirás ningún trato especial aunque hayas ganado su favor- continuó.

-Quiero conocer a Jefa. Dar gracias- dijo Asami lo mejor que pudo.

Kuvira se detuvo en seco y se volteó para mirarla con una expresión de incredulidad- Korra es la Jefa- dijo.

Asami tardó un rato en procesar las palabras que acababa de escuchar. «¿¡Korra es la jefa de la tribu!? La mujer que me ha visitado y traido flores, la que ha besado mis manos siempre al despedirse !¿es la persona más importante de la isla?!» pensó entrando en pánico. En ese momento se sintió torpe y maleducada: no se había comportado a la altura ante la presencia de alguien tan importante y pensó que iba a morir de vergüenza en ese mismo instante.

La expresión de Asami era invaluable y Kuvira quiso reir a carcajadas. Pero decidió no hacerlo sólo para empeorar el sentimiento de congoja de la pobre muchacha. De modo que se mantuvo seria y al dar la vuelta para seguir caminando esbozó una sonrisa burlona que Asami en su estupor no alcanzó a ver. -No te quedes ahí parada. ¡Sígueme!- ordenó.

Después de andar un rato se detuvieron frente a una de las chozas.

-Esta es la casa de Kya. A partir de hoy vivirás aquí- le dijo. Asami observó a través de la puerta. La choza era amplia, muy amplia para una sola persona.

Asami no notó que Kuvira continuó su camino mientras ella inspeccionaba la choza.- ¡Eres más lenta que una tortuga! ¡Apresúrate!- gritó Kuvira. Asami empezaba a perder la paciencia con esta mujer. Si supiera hablar más fluidamente ya la hubiera puesto en su lugar.

Debido a que Asami aún tenía su brazo inmovilizado decidió que su ocupación no podía ser manual. Así que buscó a la persona más indicada para darle un trabajo que hacer: Llegaron hasta otra choza, una más pequeña que las demás, pero también más alta y con una puerta de verdad. Kuvira tocó y desde adentró se escuchó una voz que le indicó que era permitido pasar.

Al entrar había un grupo de mujeres sentadas en círculo. Eran un montón de viejitas, entre las que se encontraba Katara, y una mujer más joven.

-Buenos días Sabias honorables- dijo Kuvira mientras hacía una profunda reverencia. Asami la imitó.

-Buenos días comandante- respondió Katara- ¿A qué debemos su visita?- preguntó amablemente.

-Necesito hablar con Zhu Li-

Al escuchar su nombre la susodicha se levantó e hizo una reverencia a las ancianas -disculpen- dijo, y se volteó hacia Kuvira.

Salieron las tres de la chocita para hablar más tranquilamente.

-Estoy muy ocupada, comandante. ¿Qué es lo que necesita de mí?-

-Ella es Asami- la joven se volvió y saludó con su mano.- Es la mujer que llegó el día del estruendo. Necesita un oficio y su brazo está roto. Así que me pareció lo más lógico que trabaje contigo- explicó Kuvira.

-Yo no necesito una ayudante- respondió secamente Zhu Li

Kuvira se acercó peligrosamente a Zhu Li, pero esta no se intimidó. -Korra me ha encargado que le busque un oficio y eso es lo que estoy haciendo.- dijo apretando los dientes.

Zhu Li suspiró resignada. Se volvió hacia Asami y puso su mano derecha en el vientre -Zhu Li- dijo con desgano. Asami le respondió de igual manera.

-Bien- dijo Kuvira- Debo irme a supervisar la guardia- hizo una corta reverencia y se marchó.

Zhu Li miró a Asami de arriba a abajo con curiosidad.- ¿Sabes contar?- preguntó. Asami se quedó desconcertada, jamás había escuchado la palabra contar. -¿Escribir?- intentó de nuevo -¿Números?- Sólo recibió el silencio de la extranjera: no entendía ninguna de estas palabras -¡¿Sabes hablar si quiera?! -preguntó de nuevo perdiendo la paciencia.

-¡Sí, hablar!- respondió Asami feliz de haber entendido algo de lo que esta mujer le decía.

Zhu Li se sobó la frente, llena de frustración -¡Que Raava me ayude!- exclamó.

N.A.: La leyenda de Korra, pertenece a sus respectivos autores. Este es sólo un trabajo de ficción meramente recreativo.