¡Hola!
¿Qué tal les fue este inicio del mes de septiembre? Espero que bien, y que todo haya ido perfectamente, ya sea en los estudios o en el retorno al trabajo o en el fin de las vacaciones.
Yo, por mi parte, he tenido un par de contratiempos… pero ya se han solucionado de alguna manera, así que, por mi parte, todo va muy bien ahora :)
Como siempre, me alegro verles en esta historia, y me encanta los comentarios que hacéis (muchas, muchas, muchas gracias, no me cansare nunca de repetirlo) Las contestaciones al finalizar el capitulo, ya sabéis ;)
Y ahora, sin más dilación, demos paso al capitulo nuevo, y espero, como siempre, que les guste (aunque suceda lo que sucede)
Un gran saco de besos y acomódense para leer :D

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Capitulo 7 El adiós más difícil (1º parte)

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Todas las casas de ese barrio eran idénticas, absolutamente iguales en forma y color. Lo único que las hacia diferentes unas de otras eran las personas que las habitaban, e incluso eso, muchas veces, se parecían: familias con uno o dos hijos y de nivel medio alto de vida que, a veces, se podían permitir el lujo de pasar todo el verano fuera, o de no estar en la vivienda durante casi todo el día.

Quizás, por eso, fuera la poca cantidad de habitantes que existían en esos momentos alrededor de la casa. Quizás fuera por eso que nadie se diera cuenta de lo sucedido hasta la noche.

O, quizás, fuera eso lo que les salvara, pues si alguien lo hubiera visto… tampoco viviría para contarlo, al igual que los tres habitantes de ese lugar.

Tres personas que se habían trasladado allí unos meses atrás: un matrimonio y su hijo de diecisiete años. Tres personas que, hasta el momento, habían permanecido a salvo de los peligros que les acechaban pero que, por un capricho, por un enfado, habían perdido la protección de la que disponían… y con ello la vida.

Pero, para averiguar como se llegó a esta situación, a ese desastre impensable, hay que remontarse a esa misma mañana, justo al momento en que Vernon Dursley (pues así se llamaba uno de ellos), gritase fuera de si a la persona que tenia enfrente… no sabia que, con ese simple gesto, se condenaba a él mismo y a su familia a una muerte segura.

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.-. ¡No! No y no – la vena de su cuello se hinchaba cada vez más a causa del enfado y sus ojos desprendían ira y furia – ¡NO! – dijo una vez más, y al terminar, cerró la puerta de un portazo que hizo que la persona que había estado, hacia tan sólo unos segundos enfrente de él, cayera al suelo del jardín.

Sin esperar respuesta, Vernon se alejó a grandes zancadas de allí. No quería tener nada más que ver con ellos. No quería que siguieran torturándoles de esa manera. No quería que su vida estuviese ligada a… a… a esas personas. No. Nunca más les haría caso. Además, no estaban en peligro, nunca lo estuvieron, lo sucedido unos meses atrás tan sólo era un desafortunado accidente de un loco demente. No existían personas así. La… la cosa esa… no existía. No cabía en mente humana que se pudieran transformar objetos de forma y otras cosas raras que hacían. Sencillamente, era imposible. La física lo hacia imposible. La realidad lo hacia imposible… Más, lo que no sabía ese hombre aferrado a su mundo monótono era que muchas cosas no son imposibles, son improbables y eso… eso es una sutil diferencia.

.-. ¿Quién era? – Petunia Dursley, su esposa, le preguntó al verle aparecer en el salón. Como solía hacer, se encontraba apoyada en la pared, cerca de una ventana, mirando y vigilando los movimientos de sus vecinos: cuando salían, cuando volvían, que hacían...

.-. De nuevo ellos – dijo Vernon rabioso todavía y sentándose en el sofá pesadamente y encendiendo la televisión con el mando a distancia. Su gran cuerpo ocupaba toda la superficie – Ahora querían que fueras unos días a no se dónde con tu sobrino. Pero les he dicho que no – apretó con gran fuerza el mando a distancia, buscando algún canal donde dieran noticias sobre las lluvias que habían empezado esa mañana – Ah, y además, les grite que no volvieran. Que no nos molestaran más – añadió al ver como su esposa volvía a mirar hacia la calle. En esos instantes, aparecía una nueva noticia en la pantalla de la televisión:

.-. "Hoy ha sido encontrado el cuerpo sin vida del premio Nobel de Química Charles Gop en un edificio del centro de Londres. No presenta ningún signo visible de violencia, por lo que no se puede descartar un ataque al corazón. La autopsia decidirá…"

.-. Que ganas de abrir a los muertos. Es un caso claro de muerte natural. – dictaminó Vernon cambiando de canal. Ahora la imagen que aparecía era la de un partido de fútbol.

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.-. Se han ido todos – dijo la mujer tristemente al cabo de unos minutos, dejando la cortina que había agarrado hasta ese momento ligeramente en su sitio – No debiste hacer eso. Ahora estamos indefensos…

.-. No me digas que todavía sigues creyendo en esas mentiras – le cortó. Esa conversación ya la habían tenido miles y miles de veces.

.-. Son reales. Ya los viste hace meses, cuando entraron a Privet Drive.

.-. Ah, si, esos cobardes que se escondían detrás de una mascara blanca. ¿Cómo se llamaban?. ¿Mofitagos?. ¿Mortafigos?. ¿Mor…? Bueno, lo que sea. Ya sabes, los que se llaman seguidores de ese tal Voldimort…

.-. Mortifagos, y es Voldemort. Él fue quien asesinó a mi hermana y a su marido…

.-. Y él que regresó de los muertos, y bla, bla, bla. Lo sé. Ya me han contado "esos" toda la historia pero, por favor¿Quién se la cree?. ¿Quién puede regresar de la tumba? – como siempre que surgía ese tema, consideraba más interesante lo que contaban en la televisión que lo que decía su propia esposa

.-."En Bristol, los diques del lago se rompieron a causa de las lluvias. El gobierno ha mandado a efectivos del ejército a ayudar a la población…"

.-. No debiste hacerlo… – empezó a decir Petunia pero al ver que su marido la ignoraba, volvió a concentrarse en la tarea de vigilar a sus nuevos vecinos.

Así estaban las cosas en esa casa, en aquel día de primeros de Agosto: el matrimonio en el salón y el hijo, Dudley, en su habitación, jugando tranquilamente a su consola y con la música en un volumen bastante alto, aislado de lo que sucedía a tan sólo unos metros de él.

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Unos minutos después, un escalofrió recorrió el cuerpo de Petunia Dursley al ver aparecer por la calle desierta varias figuras negras que se dirigiera a toda prisa hacia esa casa. Recuerdos e imágenes pasaron a toda prisa por su mente. No podía ser. No a ellos… ellos no habían hecho nada malo… excepto…

Se dio la vuelta rápidamente para comentarle ese hecho a su marido, pero cuando miró hacia el sillón, lo único que pudo ver fueron dos ojos grises como hielo antes de caer al suelo… sin vida.

La televisión y la música procedente de una de las habitaciones fue lo único que se pudo escuchar en esa casa a esa hora. Ya no existía nadie con vida allí.

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Lord Voldemort sonrió cuando uno de sus siervos le trajo la noticia del exitoso ataque. Al fin, y después de varios meses, había logrado saber dónde se encontraba aquella familia de muggles. Al fin había logrado averiguar cuán de importantes eran aquellos. La protección que le otorgaba la sangre de su familia sería ahora, sencillamente, imposible.

Lord Voldemort sonrió complacido.

Uno menos.

Ya sólo quedaba un obstáculo más en su camino y, al fin, terminaría con aquella insignificante piedra que era Harry Potter…

Y, ahora más que nunca, tenía todo a su favor.

Nunca le había resultado tan provechosa la información extraída a un prisionero, y más aún, a un traidor.

Su reinado de terror se extendería y seria más fuerte y maligno como nunca antes se hubiera imaginado nadie.

Un brillo de triunfo brilló durante unos instantes en sus ojos.

Si, acabaría con él… muy pronto.

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Acababan de llegar a la casa y el panorama que ofrecía aquella parte era desolador. A pesar de que los dementores ya se retiraban, poco a poco, por los embistes de los miembros de la Orden del Fénix que llegaron con Dumbledore, la niebla que dejaban atrás era espesa e impregnaba cada parte del cuerpo, creando una sensación de desasosiego en el interior difícil de olvidar.

El sudor descendía cada vez más por la frente de los combatientes, que enviaban sus patronus contra aquellas criaturas del mal, sin saber que aquel ataque no era el principal, que ocultaba el grave hecho sucedido en el otro extremo de la casa: en la entrada, donde una varita rodaba por el suelo, y otra estaba quieta, permaneciendo en el mismo lugar donde se le había caído a su dueño.

El resplandor que uno de los habitantes y combatientes iniciales había visto: el gran, impotente y resplandeciente fénix que les había protegido cuando ya estaban al limite de su fuerzas, la luz que les había rodeado, ahora estaba obligando a retroceder a los dementores, obligándoles a irse lejos, a desaparecer por el bosque del que habían aparecido, a alejarse de aquellos cuatro jóvenes que ahora permanecían desmayados, apoyándose unos con otros, en las parejas que el amor había creado.

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Nadie, absolutamente nadie, había pensado en algo como aquello, en un ataque a la luz del sol… pues, desde que Harry (el principal objetivo de Voldemort) se había trasladado a esa casa, a un lugar apartado… sólo por las noches algunos y desentrenados aprendices de mortifagos atacaban, más por demostrar que el Señor Oscuro sabia donde estaba y para demostrar que sus redes eran amplias y poderosas (pues… todos los que habían capturado confirmaron esa teoría) Y por el día, la tranquilidad. No pasaba nada, no necesitaban defensas, no necesitaban a nadie que no estuviera en la casa…hasta ese instante

Si, ese día… las cosas habían cambiado. Y mientras los dos adultos responsables de la seguridad (los únicos, los que estaban con ellos todo el día), salían al exterior por la puerta delantera para encontrarse con algo que no esperaban, los jóvenes (los únicos que estaban además de ellos en la casa) descubrían otra amenaza desde la cocina: los dementores que atacaban desde el otro extremo.

Eran dos fuerzas, dos ataques con un único objetivo: desconcertar y causar el máximo daño a una persona

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Al fin, cuando todo terminó, Albus Dumbledore (sudoroso, exhausto) miró a su alrededor: acababa de ver a alguien que no debería estar allí… o, mejor dicho, a varias personas que deberían estar en otro lugar, protegiendo a otras personas. Habían llegado minutos después de que llegara él y varios miembros de la orden a la casa. Con preocupación, se aproximó hacia una de ellas: tenía un mal presentimiento.

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Tonks, ajena a la persona que acercaba a ella, se inclinaba hacia Harry, que se había desmayado unos minutos antes. Su rostro estaba surcado de lágrimas. En sus manos sostenía una varita… una varita que no era suya. Otra, que tampoco era la propia, le asomaba por uno de sus bolsillos. Envolviendo la varita que sostenía en la mano se encontraba una nota, un pergamino… empapado de sus lágrimas.

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.-. Entonces, es más grave de lo que imaginaba – Alastor Moody se sentó abatido en la silla, frente a él el director de Hogwarts, Albus Dumbledore, presentaba un aspecto bastante desolador después de las noticias que le habían dado unos instantes atrás: la muerte de los Durleys.

.-. Por desgracia no se puede estar en dos sitios a la vez – reflexionó éste en voz alta – Y, aun así, en los dos lugares hemos tenido pérdidas muy importantes para una única persona. No se si logrará vencer esto ahora. Es demasiado para él, aun siendo Harry Potter – terminó de decir con la voz demasiada baja, que incluso su acompañante tuvo que agudizar el oído para comprender esas ultimas palabras. Quizás fuera por la relación que tenía con su alumno. Quizás fuera porque era alguien muy especial que había sufrido desde su infancia y que ahora se merecía gozar, disfrutar un poco… o quizás fuera por el cansancio que parecía aumentar en el hombre segundo tras segundo. No lo sabia de forma cierta, pero en su interior Alastor, intuía que a Albus no le quedaba mucho tiempo… y que estaba esforzándose por encima de sus fuerzas.

.-. Lo tiene que hacer. Es nuestra única posibilidad – dijo al fin, rompiendo el silencio que se había adueñado de la estancia. Eso es lo que todos pensaban, lo que todos deseaban – Nadie más tiene el poder, tal y como dice la profecía…

.-. El destino, que cosa tan misteriosa ¿verdad? De entre todos los magos que existen ahora, sólo un muchacho de diecisiete años puede acabar con la mayor amenaza que haya existido sobre la faz de la Tierra – volvió a reflexionar el director en voz alta – Ni tú ni yo, que somos los que más experiencia tienen en esta casa en la lucha contra el mal, puede hacerle siquiera un rasguño a Tom, y es Harry, que apenas ha experimentado la vida, quien está destinado a vencerle. Amarga y agridulce es la vida para algunos – sus ojos, ya casi carentes del brillo que tuvieran antaño, se dirigieron hacia la puerta, más allá del trozo de madera que aislaba ese lugar, más arriba, hacia una habitación donde ahora descansaba aquel sobre el que debatían en esos momentos. Si, amarga y agridulce era la vida para él.

Felicidad y dolor que se entrecruzaban una y otra vez.

¿Cuándo acabaría todo aquello?

Cuando todo ese mal terminará.

Cuando diera fin esa era.

¿Cuándo sería?

Eso es lo que no sabía.

Y, quizás, nunca lo llegara a ver.

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Lo último que recordaba Harry era la sensación de estar sano y salvo, rodeado por una luz cegadora y protectora, nada más. Lo sucedido hasta ese mismo instante (cuando sentía la cama bajo su cuerpo) era tan sólo como una niebla borrosa en su mente. No recordaba nada, ni porque ahora sentía su cuerpo agotado, ni porque sentía un vacío en su interior que se agrandaba a cada segundo que recobraba la conciencia. Un vacío cada vez más y más grande. Un vacío, una sensación, que sentía tremendamente conocida, pero a la cual no alcanzaba a identificar del todo… como si su mente quisiera no creer en aquello. No lograba saber el motivo. Sus pensamientos estaban bloqueados, encerrados detrás de una alta e inescrutable barrera que su inconsciente había alzado. ¿Qué había ocurrido?. ¿Por qué sentía ese vacío en su interior?. ¿Por qué había algo que se escondía en su mente, de igual manera que se esconden las cosas intentando hacer que nunca hubieran sucedido?. ¿Por qué sentía ese vacío atrapándole?

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Instantes después, cuando pudo comprobar que desgraciadamente no podía averiguar a qué se debía ese vacío en su estomago, recordó algo un poco más de aquella situación nublosa, de lo ultimo que recordaba antes de despertar tan agotado y exhausto en la cama: llantos, alguien que se aproximaba hacia él llamándole… sollozos, lagrimas que se mezclaban ahora en el presente, junto a él, al lado de su cama. Era la misma persona. Ella había sido la última que había visto antes de desmayarse y ella era la primera que veía al levantarse. La sensación en su estómago se incrementó al reconocer a la dueña de esas lágrimas. Ese vacío parecía querer llenar por completo su interior de forma incontrolable. Los duros y firmes extremos de la barrera que tenia alzada le impedían descubrir a que se debía… aunque… sabia que antes, mucho tiempo antes, había conocido esa sensación, la había sufrido, le había acompañado un tiempo antes de desaparecer por completo. ¿Cuándo? No lo sabía. De nuevo, su inconsciente le impedía conocer la respuesta. Tenia que confiar en averiguarlo… aunque algo le decía que lo dejase, que no siguiese adelante, que no descubriese la razón que se escondía detrás de ese velo misterioso que se alzaba en su mente… que no averiguase la razón por la que experimentaba ese vacío en su interior…

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.-. Tonks… – al final, y tras reunir unas pocas fuerzas que tenia en su cuerpo, abrió los ojos y se incorporó lentamente en la cama. Como siempre, las ansias de conocer y averiguar lo sucedido ganaron a la prudencia que le dictaba su mente.

.-. Oh, Harry, lo siento mucho – la auror estaba, efectivamente, a su lado no se había equivocado de persona. Llevaba mucho tiempo repitiendo esa frase, como si fuese lo único que había hecho durante horas y horas, como un mantra que le alejara de la realidad. Su mano le acariciaba el pelo suavemente, de igual modo que si estuviera consolando a un niño pequeño. Su tono de voz era muy bajo y triste… y tremendamente apenado, como si hubiera sufrido una gran pérdida, una pérdida irreemplazable. Una y otra vez repetía esa frase: "Lo siento mucho. Lo siento mucho"

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La auror, al sentir como se despertaba, al verle moverse en la cama, al ver como la escudriñaba en busca de respuestas (aunque Harry mismo no conocía las preguntas), se volteó rápidamente, ocultando su rostro. No quería que le viera llorar, no quería que le viera sufrir, no quería que descubriera ya, tan pronto, lo sucedido… Pero, aunque no le miraba directamente a los ojos, aunque no podía verle el rostro surcado de miles y miles de rastros de lágrimas, Harry pudo percibir inmediatamente la gran angustia que tenia en su interior, la desesperanza y la desolación que existía dentro de ella. Y, aunque no podía verle tampoco sus ojos, supo que éstos estaban totalmente rojos y tristes de tanto llorar.

El silencio se había hecho dueño de la habitación, ya no se escuchaba nada, pero el eco de las palabras repetidas a lo largo de horas y horas, permanecía en ella. "Lo siento" parecían decir todos y cada uno de los objetos que existían en la habitación. "Lo siento" "Lo siento"… mirara a dónde mirara, todo parecía decir lo mismo. Todo a su alrededor parecía lamentarse por algo. Todo a su alrededor parecía saber algo que él mismo no conocía… o quizás, no quería creer que fuera verdad lo que empezaba a dibujarse entre las sombras de su mente.

.-. ¿Qué ha sucedido? – volvió a preguntar, sentándose completamente, mirándole en busca de la verdad. Quería saber, quería conocer porque sentía en su interior ese vacío, ahora ya tan grande que el solo hecho de abrir los ojos y enfrentarse a la luz le dañaba.

Al no recibir respuestas, tan sólo un sollozo ahogado de Tonks que ahora se había tapado la cara con las manos, escondiéndose de él, dio un vistazo a su alrededor, y pudo ver otra cama en la habitación. El pelo rojo que asomaba de ella, la posición tan conocida de las sabanas al dormir… no hizo falta nada más para reconocer a la persona que estaba descansando allí, junto a él en el cuarto, pero que a diferencia de él, se encontraba durmiendo apaciblemente.

Los recuerdos de lo ocurrido en el ataque vinieron de forma repentina a su mente, pues había visto a Ron resbalando por la pared agotado y exhausto, había visto a Hermione a su lado, apoyándose en su hombro y desmayándose al igual que él… Su mente retrocedió unos segundos más: recordó el sentir entre sus brazos el cuerpo sin energías de Ginny, el dulce abrazo que le dio antes de depositarla en el suelo. Recordó su cansancio, y el agotamiento en su interior. Recordó la llegada de la luz, la forma de la luz… Recordó porque estaban afuera, porque estaban agotados, porque no podían más y se dejaban caer desmayados al suelo… porque estaban solos los cuatro, porque sólo se enfrentaban ellos nada más a los dementores….

"No, no sigas recordando" una voz desesperada en su interior se alzó. Su tono era de ruego, de súplica. "No, no quieras saber" Y las barreras que escondían ese recuerdo de lo sucedido antes de salir de la cocina se redoblaron y se incrementaron. No querían que conociera.

Pero, ya había ido demasiado lejos, había encontrado un resquicio minúsculo en todo aquel alto muro, pues la presencia de Tonks, sus palabras, sus lloros, sus gestos hacia él… todo le indicaba una única dirección, un único motivo.

La voz de su interior clamó desesperada, en un último intento: "No, no quieras saber"

Y, sin embargo, el daño ya estaba hecho, la sospecha ya estaba creciendo, el muro ya se estaba derrumbando irremediablemente… ya conocía la respuesta antes incluso de preguntar: el vacío de su interior se lo indicaba. No quería creerlo, quería pensar que era imposible, que no sucedía eso…

No, no podía ser. No ahora…

La voz de su interior se retiró sollozante: había sido derrotada.

Se mordió el labio inferior inconscientemente, ahogando un llanto que quería salir, proveniente de ese vacío de su interior.

.-. Tonks¿Dónde están…? – empezó a preguntar inseguro, aunque conocía la respuesta antes incluso de empezar a formularla: todos los signos apuntaban a la misma dirección.

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Al escuchar su nombre, al reconocer la intención de la pregunta, la auror salió corriendo de la habitación, todavía llorando desesperadamente. Ella tampoco quería admitir lo sucedido, ella tampoco quería decirlo en voz alta, como si de esa forma impidiesen reconocer la cruel y dura realidad.

El aspecto sombrío que tenia, las únicas palabras que le había oído pronunciar mientras pensaba que estaba dormido, la forma de irse de la habitación… agrandaron sus sospechas de que algo le querían ocultar, igual que la voz que había murmurado en su interior… E intuía que era algo que quería creer que no era cierto, que no había sucedido en realidad… que no… que no… que no era aquella la causa por la que sentía aquel vacío en su estomago, aquella sensación de faltarle algo muy importante, de haber perdido una parte muy importante de su ser…

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El ruido de pasos apresurados en el piso de abajo, los susurros, los sonidos que llegaban a sus oídos, las conversaciones apresuradas… todo era por un único motivo, bien lo comprendía ahora que el muro de su mente había terminado de caer.

Durante casi un mes había vivido en esa casa con su padrino y con Remus. Nunca habían necesitado más protección que la necesaria por las noches, cuando sufrían ineficaces ataques de aspirantes o mortifagos novatos. Nunca habían necesitado nada más cuando el sol ya estaba en el cielo. Nunca había existido tal alboroto en la casa por el día si no fuera porque… porque… porque ellos ya no estaban.

Y ahora, a su mente, regresaba una frase oída tan sólo unos segundos antes… antes de que todo cambiase

"Aunque ya seas legalmente mayor de edad, yo siempre estaré cuidándote y protegiéndote, por algo soy tu padrino"

Y, viniendo de no sabia que lugar, unas palabras se formaron en su mente, unas palabras del pasado… y supo, al oírlas, que ya las había escuchado mucho tiempo atrás, pero que entonces, era tan sólo un bebé, un niño de apenas unos meses. Su padre las había pronunciado en su presencia…

"- Eres más que un amigo para mí, eres mi hermano. El padrino de mi hijo. Su segundo padre. No hay nadie más a quién pueda confiar tan ciegamente su vida. Y siempre sé que estarás a su lado. Siempre"

Siempre.

No, ya no era siempre.

Ya no podría seguir siendo siempre.

Ya no existía el siempre.

Igual que su padre y su madre… Sirius y Remus… ya… ya no estaban… a su lado.

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Agarrando la sábana de su cama, echándosela por encima para ocultarse de la otra persona que estaba en la habitación, en un vano intento de aislarse del resto del mundo que le rodeaba, empezó a llorar quedamente al comprenderlo todo. Ellos ya no estaban. Ellos habían desaparecido de su lado. Y ahora el dolor de la pérdida de Sirius era más fuerte de lo que había sido hacia tan sólo poco más de un año, al final de su quinto año, pues le había conocido mejor en esos días juntos. Le había llegado a querer como un padre, como alguien con quién se sentía seguro y a salvo.

Y Remus, Remus era como otro padre para él. Siempre pendiente de él, siempre ayudándole a superarse, siempre velando por su bienestar. El recuerdo de las clases que le diera en su tercer año, esas clases en las que le enseñara a defenderse de los dementores (¡Cuánto le habían servido desde entonces! Sin aquello, quizás todo hubiera sido diferente, quizás no hubiera estado vivo él ahora, quizás nunca…)

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El gran agujero de su estomago empezó a agrandarse y expandirse de forma incontrolada en su interior. Una angustia como nunca antes había tenido, casi parecida a la que sintiera a principio de verano, cuando viese esas imágenes de sus padres, alegres y felices, sabiendo él lo que les sucedía después. La angustia de no poder hacer nada, de no poder intervenir… La felicidad rota en unos pocos segundos.

Todo por su culpa.

Siempre sucedía algo malo a las personas que estaba a su lado, junto a él.

Él, y sólo él, tenía la culpa por lo sucedido.

Él y sólo él hacia que todos sufriesen por su culpa.

Todos los que se relacionaban estrechamente con él, con Harry Potter, desaparecían para siempre: sus padres, Cedric… y ahora, Sirius y Remus, los dos a la vez, llevándose un trocito de su corazón, de su felicidad, con ellos.

¿Quién seria el siguiente?

¿Quién caería para protegerle?

¿Quién se sacrificaría por él ahora?...

Preguntas que torturaban su mente.

Preguntas que quería que nunca tuvieran respuestas.

Pero… ¿Cómo impedir el avance del destino?

¿Cómo hacerlo?

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.-. Harry ¿estás bien? – la voz de Ron sonaba bastante preocupada. No se había dado cuenta que sus sollozos escapaban de su refugio, y alguien los había llegado a oír. Ahora, como siempre, Ron se encontraba a su lado, y de pie, esperaba a que asomara la cabeza y respondiera a su pregunta – Ah, y no me digas que estás bien, que no me lo creo – añadió, sentándose en la cama, junto a él. Los dos se conocían bastante bien para saber que algo sucedía en esos momentos. Que si lloraba a escondidas era porque sufría, y si sufría, allí siempre estaban sus amigos para ayudarle, como siempre, como en esta ocasión, siempre estaría Ron a su lado, siempre estarían juntos. Su amistad era irrompible.

Tras unos segundos en que dejó que Harry se calmase hasta el extremo de incorporarse en la cama junto a él (sus lagrimas, a pesar de todo el esfuerzo que había puesto, marcaban profundas y sentidas sendas en su rostro), Ron volvió a hablar.

.-. He oído a Tonks. No hace falta que me lo expliques, creo que se lo que ocurre – dijo en un tono que lo decía todo: pena, compasión, rabia hacia lo que le sucedía a su amigo, a Harry. Siempre se había negado a creer en algo que muchas veces le decía Hermione cuando hablaban confidencialmente, pero ahora, esas palabras que había escuchado y no creído de su amiga y pareja, se marcaban a fuego en su interior. Qué de razón tenían:

"Siempre que encuentra algo de felicidad, ocurre algo que le destroza el corazón y el alma" decía tristemente ella, refiriéndose a Harry.

Y, en esos momentos, comprendía Ron cuanta razón llevaban esas palabras, pues había visto a Harry tan feliz, tan dichoso, tan pletórico de alegría en el día de su cumpleaños… y ahora…

Si, siempre sucedía algo que le destrozaba la felicidad que tenia.

Quizás era eso lo que le quería decir Hermione, justo antes del ataque, cuando comprendiera la magnitud de sus palabras, cuando supiera que, de algún modo, iba a suceder algo que destrozaría la felicidad de Harry, cuando recordase (tal y como lo estaba haciendo él ahora) el poco precio pagado al final del cumpleaños. No, tanta y tanta felicidad y dicha que había sentido… necesitaba un pago más alto que lo sucedido en aquel lugar de tinieblas del que había logrado salir y escapar sin ni siquiera un rasguño.

Y, por desgracia, el precio había sido la pérdida de dos personas tremendamente queridas por su amigo, de Sirius y Remus, de los adultos a los que su amigo consideraba tan cercanos a él como los padres perdidos hacia ya tanto tiempo.

Sin decir una palabra más, Ron apoyó su mano en el hombro de Harry. Un gesto que éste agradeció gratamente, pues supo, en ese mismo instante, que siempre, pasase lo que pasase, todavía quedaban personas muy cercanas a él que permanecerían a su lado, preocupándose de él, cuidando de él.

.-. Gracias Ron – dijo en un murmullo de voz antes de que el cansancio por lo sucedido con los dementores y el cansancio al comprender lo ocurrido antes le hiciesen volver a cerrar los ojos y dormir… pero esta vez, en un sueño apacible en el que aparecían tres rostros que le sonreían y animaban. Tres personas que eran ahora las únicas que consideraba cercanas, las únicas que existían en su corazón…las únicas que estaban todavía a su lado, junto a él.

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Un segundo después de que viese a Harry sumergirse apaciblemente en el mundo de los sueños, Ron salió de la habitación despacio. Quería también apaciguar ese vacío que sentía ahora en su interior, quería dejar salir ese dolor que había empezado en su pecho al levantarse… pero no quería que nadie le viera, quería esconderse y no ser encontrado hasta que todo terminase.

Sus pies le llevaron inconscientemente a un lugar que él consideró adecuado. Era justo lo que necesitaba. Entró en el baño y cerró la puerta con un hechizo. Allí nadie le molestaría ahora. Nadie pensaría que estaba en ese lugar. Se encontraba a salvo del revuelo que existía en la casa.

Nada más entrar, apoyó las manos encima del lavabo y se miró atentamente al espejo, como si buscase algo en concreto. Éste le devolvió la imagen de un joven de diecisiete años. Un adolescente en la plenitud de la juventud, con una vida por delante…

"Eso si sobrevivo a la guerra" pensó.

Después, miró con detenimiento su pelo: rojo, como toda su familia.

"Una gran familia. Una familia muy unida"… y un sentimiento de culpabilidad hizo que bajase avergonzado la cabeza, apartando sus ojos del cristal "Una familia que nunca ha tenido Harry. Una familia que nunca ha podido disfrutar"

Miró sus manos, miró la varita que siempre llevaba desde que recordase. Era un mago, pero también era un ser humano lleno de dudas, preguntas que azotaban su mente ahora en el cenit de la adolescencia.

"Siempre he querido ser otra persona. Siempre he deseado ser importante, conocido. Siempre he creído que nunca de lo que hiciese valía nada. Siempre he estado a la sombra de mis hermanos mayores. Todo lo que podría hacer, ya lo habían hecho ellos antes…Y ahora¿Qué puedo hacer yo? Tan sólo soy una persona que duda ante un futuro incierto. Tan sólo confío ciegamente en una única cosa: en la amistad, en la lealtad ante los amigos. Pero¿de qué puede valer eso cuando el mal nos acecha en cada momento¿Cómo podemos sobrevivir en esta guerra? No soy fuerte, ni tan valiente como se piensa. Tengo miedo, tengo miedo de fallar, de no estar a la altura…de morir..."

Sin darse cuenta, sus miedos más profundos se estaban formando en su mente. En sus ojos empezaban a aparecer lágrimas de rabia y de ira ante la cruel realidad. Las mismas palabras, y los mismos sentimientos que le habían embargado al sentir la proximidad de los dementores. Esas mismas dudas, ese mismo pesimismo… pero, en cambio, esta vez acudían a su mente sin que nadie las obligase a salir.

Tenía miedo.

Había visto la muerte tan de cerca esta vez.

Había sentido tan cercano el aliento de ésta… que la sensación de no saber nada, de dudar por todo se había quedado impregnado en su ser.

Cuando se quiso dar cuenta, ya estaba sentado en el suelo, abrazándose las rodillas y escondida la cara entre sus manos.

"Miedo"

Esa era la única palabra que conocía ahora, la única que estaba en su mente.

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Y supo, en el mismo momento en que dijo esa palabra en un murmullo casi inaudible, que era la causa de esa sensación en su interior, de ese vacío que existía dentro de él… y ya no tuvo más miedo, no más de lo que tuviera una persona en la situación en la que se encontraban ahora, no más que la que tendrían sus hermanos, o sus padres, o la gente que conocía.

Un nuevo sentimiento empezó a brotar de las cenizas que el miedo irracional había dejado al ser destruido, una nueva sensación. Ahora sabia que, ocurriese lo que ocurriese con él, pasase lo que pasase, si moría al día siguiente o si era la semana siguiente, o cuando fuera a causa de aquella guerra que no distinguía adultos o jóvenes, disfrutaría de cada segundo de la vida que tenia. Haría que todos los que le rodeaban también compartieran ese sentimiento de gozar la vida con plenitud.

Y empezaría por los más cercanos a él, por sus amigos y por su familia, por sus seres queridos.

Por todos ellos no tendría miedo ya nunca más, no más del necesario para sobrevivir.

Levantando la vista, vio reflejado en el espejo su rostro, y supo lo que había estado buscando antes, al entrar en el lugar. Si, ahí estaba ahora, recién aparecido dentro de él. Justo ahí. Decisión en sus ojos.

Sonrió al ver que el cristal ya no reflejaba a un atolondrado adolescente como lo había sido hasta unos segundos atrás, sino que ahí estaba ya el reflejo de un adulto, de una persona con las ideas fijas.

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Al salir de esa habitación, tras la transformación interior que había experimentado (nada en el exterior la delataba, pero era muy, muy profunda y sería decisiva para el transcurso de la guerra, algo de lo que él ni nadie sabia nada todavía), se tropezó con su hermana. Ginny estaba saliendo de la habitación que les habían asignado a las chicas (la que perteneciera a Tonks cuando todavía vivía allí). Se veía también agotada por el esfuerzo que habían hecho todos ellos en la lucha contra los dementores. Ni siquiera las pociones que les habían suministrado para dormir hicieron evadirse esa sensación de pesar y abatimiento.

Y Ron supo, nada más verla, que también sufría del mismo mal que le había embargado a él minutos antes, y del que se había recuperado hacia tan poco. De la misma sensación de temer morir muy pronto, de haber estado tan cerca de la muerte que todavía sentía su aliento cerca de la nuca.

Sin decir nada, se acercó a ella, a su hermana… y le abrazó.

Un abrazo protector y a la vez vivificador.

Estaban vivos.

Ahí y ahora.

Lo demás no importaba.

Tenían que disfrutar de la vida, del instante presente.

Poco a poco, como si despertara de un sueño, Ginny respondió al abrazo, pasó sus brazos alrededor del cuerpo de su hermano mayor, y se apoyó en él.

Y el miedo que existía en su interior desapareció mientras sentía ese calido abrazo protector.

- Gracias Ron – murmuró a la vez que cerraba los ojos y caía en un sueño libre de pesadillas y de miedo.

Éste, al ver como se dormía de forma tan apacible entre sus brazos, al ver que había escuchado lo mismo que hacia unos minutos por otra personas a la que conocían muy bien ellos dos, sonrió, una sonrisa sincera, y supo que ambos estaban destinados el uno al otro.

Con cuidado para no perturbarle el descanso, alzó el cuerpo dormido de Ginny (¿Cuándo había sido la ultima vez que hiciera eso?. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que los dos eran tan sólo unos niños despreocupados? La vida pasaba demasiado deprisa) y se dirigió hacia la habitación por la que él había salido. Merecían estar juntos.

Le depositó despacio en la cama que ya estaba ocupada y le arropó. Al ver como su hermana pronunciaba un nombre, esbozó una sonrisa. Ni en sueños se dejaban de querer.

En su mente quedó grabada esa imagen de su hermana y su mejor amigo, de Harry, felices y abrazados (de forma inconsciente éste le había pasado la mano en torno a su cintura y le había atraído hacia él… y Ginny, como ya hiciera en el día del cumpleaños, había apoyado su cabeza sobre su pecho). Estaban apaciblemente dormidos, libres de las preocupaciones que existían a su alrededor. Libres del miedo.

.-.

Ligeramente, se fue apartando de la cama, con cuidado de no hacer ruido, y salió del cuarto. Después, entró con sigilo de la habitación de la que había salido su hermana y se aproximó a la única cama de las dos que estaba ocupada. Conocía quien estaba allí, conocía a quien pertenecía ese cabello enmarañado y castaño. Conocía a su dueña, y la quería más que a su propia vida.

Sentándose en la cama, le apartó un mechón de pelo que había caído en su rostro y le depositó un ligero beso en la frente. Seguidamente, con cuidado, recorrió su rostro una y otra vez hasta que grabó también en su mente esa imagen de la eterna paz. Si por alguien sacrificaría su vida, seria por esa persona que ahora dormía frente a él.

.-.

Sin hacer ruido, tal y como se había sentado, se levantó, pero algo le impidió dar un paso. Se dio la vuelta y se encontró con que la persona que había creído dormida le miraba con ojos llenos de ternura y le agarraba de la camiseta, impidiéndole avanzar y marcharse…

- Quédate a mi lado Ron – le suplicó Hermione, haciéndose a un lado, y dejando sitio en la cama para los dos. Y así, uno al lado de otro, abrazados, volvieron a dormir todos, cada uno con su pareja, y en un sueño de paz, libres de miedo y libres de las preocupaciones de la guerra.

Disfrutaban un poco de la cara amable de la vida.

Sin preocuparse… sin saber lo que el destino les tenía preparado… por desgracia.

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o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

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.-. Enhorabuena, Black. Todo ha salido incluso mejor de lo que me esperaba. De nuevo volveré a ser yo su mano derecha – el propietario de esa voz que arrastraba las palabras detuvo fuertemente a la alta y soberbia figura negra que caminaba por los oscuros pasillos de la mansión.

.-. Apártate Malfoy – dijo ella, dando un paso atrás – Nadie osa ponerme una mano encima – con un gesto orgulloso y lleno de soberbia apartó la mano que el rubio había puesto sobre su brazo. Cuando se dispuso a seguir su camino de nuevo sintió como le agarraba fuertemente - ¿Qué quieres? – preguntó con rabia en su voz, volviéndose hacia el otro mortifago, que a diferencia de ella levaba puesta la máscara blanca, pero su voz… su voz la reconocería en cualquier parte y situación.

.-. Sólo ver esos ojos por última vez – contestó él – Tan llenos de orgullo. Tan llenos de odio. Sabes tan bien como yo lo que sucederá cuando cruces esa puerta – dijo refiriéndose al lugar hacia donde se dirigía la mortifago – Sabes que él no está contento con lo que hiciste…

.-. Él me ordenó que hiciera exactamente eso – dijo interrumpiendo su desagradable discurso – Él me lo ordenó. Yo sólo hice lo que me mandó que hiciera.

.-. Lo sé – asintió Lucius ladeando ligeramente la cabeza – Yo estaba presente cuando lo dijo. Pero… - una sonrisa malévola se dibujó en su cara tras la máscara – Pero yo les hubiera hecho sufrir un poco más. Y le hubiera traído a él también. Estaba desprotegido, cosa de la que se dio cuenta el Lord cuando supo que los dementores llegaron a la casa sin que nadie se lo impidiera. Sólo estaban ellos, nadie más. Ahora está tremendamente furioso contigo por no darte cuenta a tiempo…

.-. Cállate – le volvió a interrumpir furiosa Bellatrix con rabia en su voz, intentando soltarse de su agarre. Si, se había dado cuenta de aquello… demasiado tarde, cuando, al irse, viera llegar a ese fénix, esa maldita luz, a la casa y comprendiera lo ocurrido. Había estado tan obsesionada con su primo, que cuando quiso darse cuenta ya estaba en la cuerda floja de los que fallaban al Lord. Las informaciones que tenían sobre la casa y sobre sus ocupantes habían resultado no totalmente ciertas – Piensa lo que quieras, pero yo…

Lo siguiente que iba a pronunciar fue acallado por el sonido que hizo la puerta al abrirse, y los dos mortifagos cayeron al suelo debido al gran poder que pareció emanar de su interior. Las sombras que les rodeaban parecieron espesarse, un súbito terror les inundó al sentirse observados… y estudiados. Una carcajada surgió de la oscuridad más profunda, y antes de que se dieran cuenta, se alejó de ellos rápidamente, dejándoles desconcertados por lo que había ocurrido.

.-. Sabes Black, me gustaría estar delante cuando te torture el Señor Oscuro – terminó de decir Lucius Malfoy levantándose del suelo, sacudiéndose el polvo de la túnica que llevaba, y entrando en el salón de la casa, en el lugar donde les esperaba a ambos Lord Voldemort.

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o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

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Si a cualquier persona le hubieran dicho que en ese lugar, en ese mismo sitio, donde se encontraba ahora de pie una joven, observando detenidamente la casa que tenia enfrente mientras el sol estaba en lo alto reflejando los colores del lugar, en ese mismo barrio tan pacifico, unas horas antes se había producido una tragedia… no lo hubiera creído. Pero era así, allí mismo había sucedido aquello de lo que nadie quería hablar. Como si evitando hablar de ello consiguieran hacer que no hubiera sucedido… pero había pasado, y ahora se culpaban todos de aquello.

.-. Tonks – dijo alguien detrás de la joven, apoyando su mano en su hombro. Sabia lo que estaba pensando, conocía la razón por la que miraba la casa con los ojos empañados – Tú no tienes la culpa. Nadie pudo pensar que sucedería.

.-. Pero yo…yo les abandoné… hice caso de lo que me dijo… pensé que… que…

.-. No Tonks. Nadie, ni siquiera yo, pensó que podría suceder esto: que Voldemort les mataría, que sabia donde estaban exactamente y esperase un leve fallo de nuestra parte… – la auror se dio la vuelta y se encontró cara a cara con la expresión cansada de Dumbledore que miraba, al igual que ella, hacia la casa donde habían asesinado a los Dursley.

"Cada día que pasa se le ve más agotado" pensó ella al ver como el director ya no tenia el brillo que le caracterizaba en los ojos, al notar como su mano sólo se posaba en su hombro, sin la fuerza de antaño.

.-. Y ahora¿que va a pasar con Harry? – preguntó con la voz rota – Eran todo lo que tenía.

.-. Ahora su familia somos todos nosotros. Es la Orden entera. Todos estaremos con él para protegerle y cuidarle. Y tú también te tendrías que cuidar, llevas una vida en tu interior. No puedes arriesgarte como hasta ahora.

.-. Lily Potter estuvo luchando en la guerra hasta casi el mismo día en que dio a luz – dijo ella con fiereza. Sabia la historia porque todas las personas que habían estado luchando en esa época la contaban una y otra vez al elogiar a la joven pareja – Yo no voy a ser menos…

.-. Eran otros tiempos. Ahora la amenaza es más grande. Tom tiene más fuerza que antes. Ha logrado ser más poderoso que ningún otro mago, ni siquiera Grindewald llegó a tener tanto dominio del mal como tiene Voldemort ahora…

.-. No puedo Albus. No puedo permanecer parada mientras otros luchan y mueren. No puedo cruzar los brazos sabiendo que quizás no vuelva a ver a las personas a las que quiero, a mi familia – sus ojos se empañaron al dar la vuelta y mirar hacia la casa.

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.-. Sirius y Remus son muy especiales para ti ¿no? – dijo el director al cabo de un rato de silencio.

Tonks no respondió, pues se estaba limpiando con furia las lágrimas de su rostro. Todavía en sus bolsillos llevaba aquellas dos varitas tan preciadas para ella ahora – Sé fuerte. Todos necesitamos ahora ser fuertes. Por ellos, y por los que no están.

.-. Albus ¿les volveremos a ver? – preguntó todavía con la voz quebrada dándose la vuelta, y dejando la casa vacía detrás de ella. Allí donde habían asesinado a la única familia que le quedaba a Harry.

Albus Dumbledore no respondió, tan sólo hizo un ligero gesto con la cabeza y desapareció del lugar.

Un segundo más tarde ella hizo lo mismo.

El silencio se hizo dueño de esa casa y de esa calle.

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Las lechuzas entraron puntualmente a través de la ventana de la cocina. Traían, como siempre, el periódico entre sus patas. Era lo único que había permanecido inalterable en medio de la guerra que tenia lugar a lo largo y ancho del mundo mágico. Sólo la puntual llegada de esos animales no había cambiado, pues las noticias que venían día si y día también en las hojas interiores hablaban de ataques, de muertes, y de desapariciones. Cada vez más eran los nombres que se añadían a la ya larga lista de bajas de esa segunda guerra en el mundo mágico. Cada vez más. Y siempre había un nuevo nombre, una nueva tragedia que añadir cada día.

Una de esas lechuzas (habían entrado tres, una para cada persona que estaba ahora en la casa subscrita al envío) se dirigió hacia la entrada de la habitación. Las demás entregaron el periódico a las personas que les correspondían y se fueron al cobrar el servicio, como siempre, como cada día, las noticias llegaban a sus destinatarios, noticias que hablaban de desgracias y del mal creciente.

Antes incluso de que esas personas desenrollaran el periódico y leyeran lo sucedido (aunque, muchas de las cosas referidas a ese país, a Inglaterra, ya las conocían: habían estado en medio de aquellos ataques, defendiendo, ayudando junto a compañeros de la Orden), antes incluso de que descubrieran la noticia más impactante de todas las ocurridas en el mundo mágico, antes incluso de eso… oyeron un ruido en la entrada de la casa.

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Al salir al exterior, con las varitas alzadas y dispuestos a lanzar hechizos defensivos, donde todavía quedaban rastros del ataque del día anterior de los dementores… se encontraron con una persona herida. A duras penas había logrado llegar hasta ese lugar, pues su pierna mostraba una profunda herida y manaba de ella bastante sangre. La caída que sufriera unas horas antes había sido bastante más grave de lo que había pensado en un principio: le había costado llegar hasta esa casa. Aparecerse no había sido posible hasta unos minutos atrás, cuando recuperara las fuerzas totalmente y fuera capaz de concentrarse en ese lugar.

Por desgracia, el auror se desmayó antes de poder contar lo que había visto y observado el día anterior en una vivienda de Londres, antes incluso de explicar porqué causa tuvo una estrepitosa huida a través de las ramas de un árbol, porque huía… a pesar de no conocer a la persona que encontrase el cadáver.

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Y, mientras Kingsey y otra persona trasladaba al joven animago, al prometido de Tonks, a una de las camas de la casa para que se repusiese, Mundungus Fletcher se fijó en la noticia que presidía la portada del periódico que acababa de caer al suelo:

"Edward Gop nombrado Ministro de Magia.

"Hombre poco conocido fuera del ministerio, el señor Gop se encargaba, hasta estos momentos, de coordinar la administración de éste desde hace años con bastante acierto, cosa que le ha valido la victoria ante el resto de sus contrincantes, personas más conocidas que él, por un margen muy pequeño de votos.

Como recordarán, fue una de las personas que logró desmantelar…"

La fotografía, en movimiento como todas las del mundo mágico, mostraba a un hombre ausente de pelo, y con la cara llena de arrugas. A pesar de su aspecto anciano (lógico cuando uno tiene más de cien años, según ponía en la noticia), se veía decisión en sus ojos, y una sonrisa triste se dibujaba en sus labios mientras estrechaba las manos de las personas que se acercaban a él para felicitarle por su nuevo nombramiento.

Mundungus gruñó interiormente al ver la noticia, no le conocía personalmente, pero desde ese mismo momento, sentía un extraño y funesto presentimiento ante ese hombre que sonreía. Algo le decía que tendrían futuros problemas con él. No sabia que de razón tenía su subconsciente respecto a la amenaza que seria aquel hombre a la Orden del fénix.

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Una vez que llegara de nuevo a la casa, Albus Dumbledore tuvo que hacer frente a las recientes noticias: la llegada del joven auror, y el encierro que se había auto impuesto Tonks al llegar. No quería hablar con nadie, no quería hacer nada desde lo sucedido… y la conversación que él había tenido unos minutos atrás con ella sólo había logrado que regresase a la casa, pero la tristeza no se había ido de su rostro. Se culpaba interiormente y su innata alegría parecía haberse esfumado aquel día del ataque. No parecía la misma, y la tristeza y abatimiento se habían apoderado fuertemente de su interior. No por nada, ella era una de los encargados de la protección de los Dursley… y era la prima de Sirius.

Sirius.

Ese pensamiento le llevó de nuevo al joven que seguía durmiendo apaciblemente en el piso de arriba de la casa, junto a sus amigos, y sin saber que la separación que rompería su corazón estaba tan próxima ya: en su bolsillo llevaba la orden de su traslado de Hogwarts. El curso que comenzaría dentro de unas semanas ya no sería entre las paredes del castillo que había conocido el primer año… Ya no

Tenían que hacerlo, tenían que separarle de lo que más amaba para hacerle más fuerte, para sacarle todo el potencial que tenia en su interior para poder derrotar a Voldemort, tenían que fortalecerle… pero¡a que precio! Quizás nunca comprendiera que todo era por y para el bien del mundo…

Que dura era la vida con algunas personas.

Y más con la guerra que tenía lugar en esos momentos en el mundo, cuando los jóvenes no tenían tiempo de disfrutar de todo lo que tienen y poseen.

Si, seria una dura separación, un difícil adiós, concluyó Albus Dumbledore al subir las escaleras que le aproximaban poco a poco hacia ese joven tan especial.

Tenia que hacerlo, tenía que decírselo.

Tenia que comunicarle la pérdida que había sufrido y la separación que sufriría dentro de unas semanas.

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Al llegar al piso de arriba su respiración era fatigosa. Sus fuerzas estaban mermando día tras día, y sentía que todo por lo que luchaba se desmoronaba a su paso, pues… ¿no había sentido que los esfuerzos por apoyar a Alastor como nuevo Ministro de Magia habían sido vanos?. ¿No había sentido que las personas preferían antes a alguien conservador que se ocupara de las defensas nada más, que a una persona que se encargaba de luchar y de atacar siempre?. ¿No había visto como todos sus esfuerzos no valían nada?

El mundo mágico estaba empezando a derrumbarse sin que se dieran cuenta… y tan sólo unos pocos veían el desastre que se avecinaba, y eran a aquellos que nadie hacia caso, por las mentiras y engaños que había sembrado la prensa años ha sobre ellos y sus pensamientos. No podían permanecer como lo hicieran antes, no podían seguir pensando que las cosas se arreglarían si las ignoraban…

Tenían que hacer algo… antes del fin.

Así, si dejaban que todo siguiese como hasta ese momento, que las ideas se quedasen y no fuesen eliminadas, si ganaría el mal de todas formas, aunque Voldemort fuese derrotado, pues los pensamientos perdurarían, y habría alguien, quizás pronto, quizás tarde, que siguiese su senda…

Aunque… aún quedaba la posibilidad de que la gente reaccionase a tiempo, que viesen su error y rectificasen.

Si eso fuese posible pronto… antes de que su tiempo acabase…

Bien podrían acabar con Voldemort, bien podría ser vencido, pero lo importante, las ideas que transmitiera, esas eran lo que temía que hicieran que todo acabase para el mundo mágico tal y como lo conocían…

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Con estos pensamientos llegó hasta la habitación donde dormía Harry apaciblemente. Llevaba así desde la noche anterior, cuando el patronus en forma de fénix que había invocado protegiera a los más jóvenes del ataque de los dementores. Cuando se crease un escudo protector ante ellos.

Y, entonces, una repentina idea apareció en su mente, algo de lo que no se había dado cuenta antes, o no había querido darse cuenta de ellos antes. ¿Cómo, si estaban los cuatro adolescentes solos en la casa, no les habían atacado a ellos después de atacar a los adultos?. ¿Cómo habían podido no darse cuenta de que, en la otra parte de la casa, estaban indefensos y combatiendo ellos solos a los dementores?

¿Seria, acaso, un error?

Pero no, Voldemort no cometía errores…

Entonces¿Qué?. ¿Por qué lo habían hecho así?

¿Por que había sucedido de aquella forma?

¿Por qué dos ataques a la misma hora, y los dos dirigidos hacia las personas más cercanas a Harry?
Inesperadamente, en ese instante supo la respuesta.

No, Harry no era su objetivo. No todavía.

Lo que quería era destruir al chico desde su interior, como lo había intentado en su cumpleaños, como lo había intentado con el veneno que, débilmente, todavía corría por sus venas…

Eso último le llevó a acordarse de otra persona, de Severus Snape.

No habían tenido noticias de él desde el inicio de verano. Desde que dejase Hogwarts. Desde su última conversación entre ambos, en la que no terminaron muy bien por los secretos que el director había guardado desde inicios de año.

Secretos.

Siempre secretos.

Con unas personas y con otras.

Siempre, al desvelarlos, sentía un ligero alivio, pero también una ligera culpabilidad por lo que había hecho… aunque fuera necesario en esos momentos para el bien de la otra persona.

¿Terminaría algún día siendo libre de las cosas que ocultaba?

¿Se darían cuenta de que siempre que había hecho eso era porque lo creía necesario?

Camino fácil y camino difícil.

Una complicada elección siempre, y más cuando los secretos están en medio.

Dejando esos pensamientos atrás, levantó la mano para llamar a la puerta y entrar a comunicarle a Harry esas malas noticias que traía consigo: la muerte de sus familiares… y…

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o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

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Lo último que recordaba era la sonrisa llena de maldad y crueldad de Bellatrix al ver su expresión desconcertada cuando… cuando viera a Remus caer al suelo. En ese mismo instante supo que había sido asesinado, que uno más de sus amigos había muerto, que él seria el ultimo de aquellos cuatro inseparables en permanecer con vida…y que ahora le tocaba a él su turno de despedirse de la vida para siempre… de abandonar a Harry de nuevo, pero esta vez para siempre…

Pero… cuando vio dirigirse el rayo hacia él, lentamente, como si el tiempo se hubiera congelado y sólo transcurriera a una cámara muy lenta, rayo que su prima le había lanzado… observó, con sorpresa en sus ojos al verlo acercarse a su pecho, que no era verde, sino de un tono más claro, una sutil diferencia, pero que significaba la diferencia entre la vida y la muerta: éste no era el rayo de la muerte sino un hechizo aturdidor, un hechizo de magia oscura que servia para inmovilizar, desmayar… y causar dolor, no tanto como los crucios pero lo suficiente para que, al despertar, se sintiese todo el cuerpo como si le hubieran dado una paliza. Pero no iba a morir. No todavía.

¡Y era el mismo rayo que había alcanzado unos momentos antes a Remus!

Antes de caer desmayado al suelo, antes de ser alcanzado por un dolor como nunca antes lo había sentido, se permitió un rayo de luz, un segundo de felicidad: Remus no había muerto. Estaba vivo, como él. No, ninguno de los dos iba a morir en esos momentos.

Después, perdió el conocimiento. Se abandonó a los brazos del desmayo, pero sabiendo que, a partir de ese instante, haría todo lo posible para regresar junto a los seres que más quería en el mundo: junto a su familia, igual que hiciera el año anterior… regresaría con ellos.

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Y dolor, eso exactamente lo que le sucedía en esos momentos, cuando tan sólo el simple gesto de levantar la mano hacia su cara le producía un dolor difícil de describir. Cuando tan sólo el leve movimiento de respirar se le hacia casi imposible. Dolor y más dolor. Pero, lo importante, era que estaba vivo. ¡Vivo! Adolorido, pero vivo. Eso era lo que importaba. Una sonrisa resignada a causa del dolor se dibujó en la cara de Sirius al comprender esos pensamientos.

Y oyó, como si estuviera a kilómetros de distancia el sonido de la respiración fatigosa de otra persona, aunque estaba casi a su lado, en el mismo lugar, en la misma celda. Al igual que él, su débil voz sonaba como si el propietario hubiera recibido una dosis de dolor muy grande, como si le hubieran torturado hasta la extenuación, como si en su cuerpo sólo existiese dolor y más dolor..

Y era una voz que ya había oído antes.

No era Remus, de eso estaba seguro, a éste le había identificado unos segundos después de escuchar esa respiración desconocida. Estaban tres en la celda, y el desconocido era alguien a quien había conocido muy bien, alguien cercano a ellos de alguna manera… un rayo de conocimiento llegó a su mente.

- ¿Quejicus? – preguntó a las sombras y a la oscuridad que le rodeaban, incorporándose con dificultad y dolor hacia el centro de aquel debilitado sonido.

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Contestaciones a los comentarios (muchísimas gracias a todos por ellos)
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Celina Hola guapa (y espero que muy morena, que hayas aprovechado todos los rayos de sol últimos del verano) Y… jejeje, creo que eres de las únicas que han acertado con Sirius, como veras al finalizar este capitulo :D Y… bueno, si, lo reconozco, no soy mala, soy muy mala, pues me encanta sorprender con cosas que nadie espera (y eso me encanta … y de nuevo te he vuelto a sorprender ¿no:P) Me ha gustado eso que has puesto, pero yo también tengo que decirte que una gran felicitación a ti también por comentarme, eso es lo que me hace más feliz. Ah, y me uno a tu club, yo ahora estoy ya en la busca y captura de un empleo (bueno, me queda el proyecto fin de carrera y un par de cosillas, pero en eso estamos) Y creo que mis bolsillos agradecerán si encuentro algún sitio que me contrate :) Ya me despido hasta el próximo mensaje (en el cual espero que me alegres y me digas que has encontrado un curro :D) Desde aquí mucha energía positiva hacia esas islas afortunadas. Besotes.
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MaryGin Hola y bienvenida al fic! Y, bueno, yo no considero que escriba bien, ni siquiera excelente (altos piropos para alguien que no se los merece y que se pone colorada tan sólo al leerlos) porque yo sólo dejo suelta a mi musa y es ella la que guía mis dedos aporreando el teclado :P En fin, que me alegra verte por aquí. Si, efectivamente, el fic mezcla cosas alegres con cosas tristes, y desgraciadamente, va a continuar así, pues la vida no es del todo rosa ni del todo negra. Lo siento. Sobre Sirius y Remus, creo que obtendrás tu respuesta al final de este capitulo (que espero que te guste como todos los demás :D, aunque también sea alegre y triste a la vez). Lo de que van a suceder cosas duras, en eso tienes mucha razón, y hay muchas que creo que nadie espera o que no les gustaría que ocurrieran, pero han de suceder :S Harry… ahí si que no voy a abrir la boca :P (aunque sea con una varita apuntándome y bajo pena de dolores inimaginables… hasta el ultimo capitulo no sabréis lo que sucede, jejeje, lo se, soy mala)
Peter… si, a pesar de que su actuación en esta historia había terminado, me apetecía hacer un pequeño resumen de lo que hizo y volverle, como dices, bueno otra vez (para tu curiosidad, eso sucedió en la historia que hice alternativa del sexto libro, como pongo en el inicio del fic, pero, como también añado, no hace falta haber leído aquella para comprender ésta, pues todas las cosas importantes las introduciré de algún modo, como ha sido el caso de Peter :D)
Ahora ya me despido, y espero que este nuevo capitulo te guste.
Besos miles
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Belen Hola! Si ha pasado o no lo que imaginas, lo averiguaras al finalizar este capitulo ;) (si ya decía yo que me iba a ganar un saco de howlers al escribir esa parte, jajaja) En fin, espero que todo te vaya genial por allí, y que todos mis deseos de felicidad para ti se hayan cumplido. Sobre lo de actualizar rápidamente… pues he tenido un par de dificultades estas semanas, pero, como siempre, no me olvido de este mágico mundo, y continuo con la historia. Ah, y espero que te haya gustado lo que ocurre en el capitulo (bueno, algunas partes, porque otras :P) Un gran besazo y un montón de abrazos.
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Dark Lady Evans Saludos mi querida Dama Evans! Si, como le he comentado a alguien antes, sabia que me iba a ganar un buen par de reprimendas al escribir esa escena precisamente… que espero que se calmen (por lo que sucede al final de este capitulo) hasta… hasta… bueno, ya se verá hasta cuando, pero creo que va a ser muy pronto (nota: en estos momentos estoy cerrando la compra de un bunker en lo mas escondido de la tierra media, jejeje) Ah, aunque me alegra ver que al menos me dejas vivir hasta que termine, muchísimas gracias, jajaja. Sobre el porqué ha sucedido eso, creo que hay una explicación razonable dentro de este capitulo, y verás como explica todo (aunque no lo parezca en un principio :P) Oh, y pobre, no mates a Snape (no todavía), que tiene un par de cosillas pendientes (yo todavía sigo pensando que toda esa mala fama en el sexto tiene una explicación muy razonable… o espero que lo sea, porque si no… creo que iría a quejarme a Jk de eso, jajaja… creo que como todos) Por cierto, muchísimas gracias por haber leído el otro fic (ideas locas que se me ocurren en los lugares menos pensados, ay, madre mía¿Cuándo lograre apartar a esta loca musa de mi lado, o al menos, que se alejara unos metros, jajaja)
Y, bueno, no te preocupes, que seguro que estarás muy atareada con todo, así que, cuando puedas, no te preocupes, lo importante es que todo te vaya a las mil maravillas :)
Un gran saco de besos y abrazos.
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Mariet Malfoy Hello! Si, ahora empieza lo bueno, como dices tú :D Sobre todo, muchas apariciones de tus personajes favoritos a partir de ahora, jejeje. Sobre si le pasó algo a tu lobito y perrito preferidos… al final de este capitulo averiguaras la respuesta… jejeje, si ya sabia que me iba a ganar un buen par de maldiciones al escribir aquello, pero como todo, tiene una buena explicación… que ya averiguareis :) Un besote muy grande y espero que este nuevo capitulo también te haya gustado. Muacks
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Nimmy-isil Hola! Si, soy muy mala, me encanta hacer sufrir a los personajes:p Y sobre lo que dices de Lily, pues no, no ha vuelto, es una de las cosas que no puede hacer la magia (resucitar a los muertos), sólo sucedió que Harry vio un reflejo de su madre en Ginny (pues estaba recordando al recibir la varita de Lily y salió de ese "sueño" al entrar todos en la habitación) Lo de desconfiada, si, también mucho, pero es que me encanta sorprender, y hacer cosas que nadie espera (y las que quedan, jajaja – risa Slytherin-) Resolverse todo… uhmmm… creo que aun falta un poco, pues todavía seguimos estando en Agosto, por desgracia, y quedan muchas cosas que tienen que suceder (y, como dices, malas y buenas, no todo es rosa ni negro en la vida)
Muchas gracias de nuevo por tu mensaje, y si, siempre recuerdo (o intento hacerlo) a cada una de las personas que han leído o leen alguna de mis historias, pues cada uno de vosotros sois tremendamente especiales para mí de alguna manera (uy, un poco cursi me ha quedado, jajaja, pero es la realidad :D)
Y no me tendrías que dar las gracias a mi por escribir, yo soy la que te tendría que dar las gracias a ti por leer y por escribirme tan maravillosos comentarios (comparto tu afición, pero yo no leo libros, yo los devoro, jajaja)
Un gran beso y nos vemos (espero que te haya gustado este nuevo capitulo) Muacksssssss
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