Espero que disfruten este capítulo. Habrá más acción en el próximo *guiño, guiño* iiiii9iuoooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo eso lo hizo la gata que pasó por el teclado. Salud!

Capítulo 6

-¿Ves esta ristra?- decía Zhu Li, -las semillas están separadas en grupos de cuatro, y son cuatro grupos- Asami escuchaba y observaba con interés, y antes de que Zhu Li terminara de explicar, ella ya había descifrado que se trataba de un sistema hexadecimal posicional: con sólo cuatro dígitos se podía representar cómo mínimo cuatro mil noventa y seis unidades.

Estaba concentrada en la tarea de memorizar los símbolos que representaban los números cuando una sombra la distrajo. Alzó la mirada, su estómago dió un vuelco y su alma se alegró. Ahí estaba Korra con aquella sonrisa que hacía sentir a Asami tan emocionada. Al recordar que Korra era la jefa, suprimió la sonrisa que quiso asormarse en sus labios, y en su lugar se levantó e hizo una profunda reverencia al igual que Zhu Li.

-Buenos días, Jefa Korra- dijo Asami. La sonrisa de Korra se desvaneció: No era ésta la reacción que esperaba. No era la reacción que quería. -Agradecer hospitalidad- continuó en aquel tono serio y formal.

El mundo de Asami era el mundo de los contratos, de los pactos y los intercambios. Una palabra mal dicha, un gesto inadecuado, incluso una mala postura, eran suficiente para arruinar un buen negocio. Estaba habituada a un mundo dónde eran indispensables las formalidades. Y Korra odiaba las formalidades. A pesar de tener la responsabilidad de dirigir a su tribu y mantener el balance entre sus gentes, la diplomacia la exasperaba.

La manera en la que Asami se comportaba era como la de la mayoría de la tribu: distante. Como echar un puño de tierra, enturbiando el agua que debía ser transparente y crsitalina.

Korra no le respondió, por que su saludo y agradecimiento en ese momento eran vacíos. Era pura cortesía. En cambio se volvió a Zhu Li: -¿Qué están haciendo?-. -La comandante me ha asignado a Asami como mi asistente, así que la instruyo en lo relacionado a mi oficio- respondió Zhu Li.

-Eso está muy bien- dijo Korra sonriendo nuevamente -Llevar las cuentas de la isla es una buena forma de conocer tu nuevo hogar-. Asami sintió una mezcla de ternura y ansiedad. Por un lado la se sentía halagada de que Korra la considerara parte de su tribu, pero por otro lado, no podía esperar para recuperarse y volver a Ciudad República, a su casa.

-Gracias por hospitalidad- repitió, -Cuando brazo curarse, volver a mi casa- dijo para aclarar que no quería aprovecharse se su amabilidad por más tiempo del necesario.

-¿Volver... a tu casa?- preguntó insegura. -¿Cómo es tu casa?-

-Oh, es diferente. Casas mucho más grandes. Mucha gente. Pocos árboles. Mucho humo y ruido- respondió recordando su ciudad con nostalgia: Un buen bourbon y un cigarro perfumado. Una melodía alegre de un piano triste. La vida nocturna, el frío y los vapores que le daban ese aire misterioso e interesante. El espectáculo: desde el teatro simbolista, hasta el prestidigitador callejero. El estremecimiento de los rieles bajo el peso del ferrocarril. El sonido de los motores de los que se sentía tan orgullosa: «¿Oyes ese ronroneo? ¿Puedes sentir su potencia?, Yo lo diseñé».

Quiso dar una descripción más detallada pero le pareció complicado e inecesario. Sin embargo a Korra le bastó para imaginarse aquel hogar como un lugar horrible. «¿Quién querría volver a un lugar dónde hay pocos árboles y mucho humo» pensó.

-No se oye bien- comentó frunciendo el seño.

-Continuemos- interrumpió Zhu Li.

A Zhu Li le incomodaba perder el tiempo tanto como a Korra le incomodaban las formalidades. De manera que continuó explicándole a Asami aquellas cosas sobre las que se mantenía contabilidad.

-Nuestra tarea es mantener un registro de cosas como la población, el número de nacimientos y de embarazos; las herramientas y armas: las que están en buen estado y las que deben ser remplazadas; los alimentos que se producen al trabajar la tierra: su almacenaje para el consumo y para el comercio...-

-¿Comercio?- interrumpió Asami confundida- ¿Con quién?-

Antes de que Zhu Li pudiera responder Korra interrumpió -¡Con Zao Fu!-

-¿Zao Fu?-

-Es una aldea lejana de la tribu- contestó Korra rápidamente para que Zhu Li no pudiera intervenir en la conversación, -las mujeres de Zao fu forjan nuestras armas y nuestras herramientas-.

-Así es- continuó Zhu Li, - y además...-

-¡Y además nos proveen de sal!- volvió a interrumpir Korra alzando la voz más de lo necesario.

Zhu Li comprendió que había algo que Korra no quería que Asami supiera.

-El sol ya se está elevando- dijo Korra cambiado de tema- y ya me dió hambre. Ven a comer conmigo- le dijo a Asami.

Zhu Li suspiró resignada, sabiendo que Korra quería pasar toda la tarde con la extranjera -Muy bien, continuaremos mañana- dijo, y se retiró.

Asami ya se había habituado a la forma en que la estética y el sabor de la comida no coincidían. El guiso de gallina que devoraba era simplemente sabroso a pesar de que se veía como una vomitada. Comían en la parte trasera de una de la chozas cercanas junto a otras quince mujeres bajo la sombra de los árboles.

Cuando terminaron de comer Korra tomó una fruta. La partió en gajos con un cuchillo corto y le ofreció uno de ellos. Asami iba a decir «gracias Jefa» pero el suave roce de su mano le hizo olvidar sus modales: Sonrió y se sonrojó involuntariamente. Korra estaba complacida con aquella sonrisa que valía más que cualquier palabra.

La fruta era roja y se veía apetitosa. Asami la mordió con avidez. De nuevo, con respecto a la comida, las apariencias engañan. La fruta era ácida, terriblemente ácida. Arrugó la cara y su boca se hizo agua. Escuchó a Korra reir. Su risa era contagiosa. La miró con reproche fingido: la situación era cómica realmente.

Cuando al fin pudo pasar el bocado, vió que Korra se comió un gajo entero de un sopetón, y lo masticó con gusto. -¡Mmm, esta deliciosa!- dijo con la boca llena. Asami estaba desconcertada. Y Korra volvió a reir mientras de entre sus ropas sacaba una pequeña semilla verde y se la enseñó. La aproximó a Asami y ésta dudó un poco antes de recibirla en su boca. Sus labios tocaron sin querer los dedos de Korra y por un momento olvidó el ácido en su paladar. Sus miradas no se separaron ni un instante.

Masticó la pequeña semilla y Korra le ofreció otro gajo de la misma fruta. Asami la miró con desconfianza, pero la otra insistió -Come, confía en mí- dijo. Y apesar de la ácida experiencia anterior ¡¿Cómo era posible no confiar en esa sonrisa y en esos alegres ojos azules?!. Asami agarró el gajo y tomó un gran respiro. Mordió, cerró los ojos y esperó lo peor. ¡Sorpresa!, la fruta tenía ahora un sabor dulce, era deliciosa.

-Es... es...- Asami no encontraba una palabra adecuada para su asombro.

-¡Impresionante!- sugiró Korra

-Impresionante- repitó Asami sonriendo.

Korra se levantó, tomó la mano de Asami y agradeció a las mujeres que habían cocinado. Ellas le respondieron con una reverencia.

Caminaron hasta casa de Katara, Korra nunca dejó ir su mano. La choza era más pequeña que las demás. Korra se asomó y le hizo señas a Asami para que esperara a unos metros. Llamó- ¿Katara?- no hubo respuesta. Así que ingresó y salió unos segundos después con un jícaro de tamaño mediano cerrado con un tapón de madera. Fue hasta dónde estaba Asami con la sonrisa de quien ha cometido una travesura.

Tomó la mano de Asami y echaron a correr. Era simplemente adorable.

-¿Qué es?- preguntó Asami mientras caminaban

-Licor- respondió Korra. Asami no conocía esta palabra.

Se sentaron a la sombra de un árbol y Korra quitó el tapón. Le ofreció el recipiente a Asami y esta tomó un pequeño sorbo. No era muy fuerte, no para ella que estaba acostumbrada a destilados con concentraciones entre el treinta y treinta y cinco porciento de volumen de alcohol. El líquido era dulce y ligéramente ácido.

Korra por su parte, no tenía mucho aguante. Habían consumido la mitad del recipiente y la Jefa estaba ya bastante ebria.

Asami sólo reía de las historias, evidentemente exageradas, que Korra le contaba. Como la vez en que mató de una pedrada a un ciervo de metro y medio de alto y lo cargó ella sola hasta la aldea para hacer un gran banquete.

-No era tan alto- se escuchó una voz detrás de ellas- y no fue con una piedra, sino con una flecha, y además, lo llevamos entre cuatro hacia la aldea. Lo del banquete sí es cierto- rió la voz.

Era Kuvira. Intercabiaron saludos y se les unió, tomando y escuchando las absurdas historias de Korra. Entonces Kuvira contó la historia verídica de cómo había encontrado a Asami.

-Quiero ir- dijo la extranjera. Necesitaba saber cuales eran los daños reales del accidente y si había alguna posibilidad de reparar la nave o idear algo para volver a su casa.

-¡Entonces vamos mañana!- dijo Korra sin razonarlo realmente. No se dió cuenta en ese momento que la intención de Asami era buscar una manera de abandonar la isla. Si hubiera estado sobria talvez lo habría notado y expuesto un millón de excusas. Pero no, estaba ebria y en modo de cortejo.

Kuvira frunció el seño:- No puedes ir. Acabas de volver de Zao Fu. Debes dar informe al consejo de las Sabias honorables- dijo Kuvira, que estaba ya un poco afectada por el licor.

-Eso puede esperar- respondió Korra molesta

-¡No puedes hacer a un lado tus obligaciones por un capricho!- gritó.

Korra se levantó molesta. Asami se empezó a sentir incómoda con la situación.

-Ey, no tiene que ser mañana. Puede esperar- dijo queriendo evitar una confrontación.

Kuvira y Korra se miraron largamente. La comandante sabía que Korra no daría su brazo a torcer, era realmente terca. -¡Bien!- dijo molesta- Yo la llevaré hasta el lugar y tú darás tu informe mañana- dijo Kuvira dando por terminado el asunto.

-¡No, - gruñó - yo la llevaré!-

-¡No seas terca! Cumple con tus obligaciones. Eres la Jefa, comportate como tal!-

-¡No me digas lo que tengo que hacer!- dijo Korra empujando a Kuvira. Kuvira la empujó de vuelta y pronto estuvieron forcejeando el el piso.

«¡Oh demonios!» pensó Asami.

-¡Ya basta!- gritó separando a ambas mujeres a punta de patadas, las cuales se desconcertadas por la inesperada fuerza de Asami se hicieron a un lado en el instante. Pero no dejaban de mirarse amenazantemente.

Tomó a Korra del brazo. -Mírame- le dijo y Korra la miró, -Dar informe mañana, ¿de acuerdo?-

-Bien- resopló de mala gana la Jefa

-Y tú llevarme a lugar de accidente- dijo dirigiéndose a Kuvira. Ésta alzó una ceja y cruzó los brazos, incrédula de lo que estaba escuchando. «Oblígame» pensó decir. Pero no quiso tener más problemas con Korra. -Ya me había ofrecido a hacerlo- respondió en cambio- Iremos mañana temprano- Dió media vuelta y se fue.

Cuando se hubo calmado, Korra sintió vergüenza de su actitud. Ciertamente su inexperiencia y el alcohol le jugaban una mala pasada. «La prudencia es una virtud importante» escuchó las palabras de Katara en su cabeza.

-Perdón por patear- dijo Asami, aún un poco incómoda con lo sucedido.

-No, yo lo siento- respondió Korra - Es sólo que es una tontería: fui a Zao fu en una visita diplomática. Realmente no hay nada que contar. El informe de mañana es otra absurda formalidad- hizo una pausa, y suspiró-, pero supongo que es mi deber.

Asami suspiró aliviada al ver que Korra entraba en razón. -Sí, yo sé lo que es eso- dijo recordando todas las ocaciones en que su impaciencia había arruinado algún negocio de la compañía.

Korra se alegró de tener a Kuvira a su lado en ocaciones como ésta en la que perdía la perspectiva de la situación. Eran una buena yunta, la Jefa y su comandante.

N.A.: La leyenda de Korra, pertenece a sus respectivos autores. Este es sólo un trabajo de ficción meramente recreativo.