Bueno, chico/as, aquí está el siguiente capitulo del fic.
Ahora mismo están empezando las fiestas de mi ciudad :) así que me disculpen por no poder contestar vuestros valiosos comentarios (no saben lo que me entristece esto), pero no quería demorar más el poner el capitulo, pues si no lo ponía en estos instantes… a saber cuándo :p
Así que, en el próximo (espero que sea pronto :D), me pondré al día (vuelvo a decir, me entristece no poder ponerme ahora a contestar a todos y cada uno de vosotros), y, como siempre, espero que disfruten y les guste este nuevo chapter :)
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Capitulo 8 El adiós más difícil (2º parte)
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.-. ¿Quejicus – preguntó a las sombras y a la oscuridad que le rodeaban, incorporándose con dificultad y dolor hacia el centro de aquel debilitado sonido.
No le podía ver, no podía distinguir nada en las sombras que reinaba en aquella celda, pero la respiración entrecortada, ese sonido lleno de dolor, había hecho que descubriese al fin al tercer prisionero en el lugar. Tantos y tantos años había sido el objetivo de sus bromas. Tantos y tantos meses atormentándole junto a James, riéndose de su aspecto, de su forma de ser (retraído, apartado de los demás)… tanto y tanto tiempo observando cada reacción suya, cada debilidad para convertirla en burla y humillarle… tantas y tantas cosas que, al final, en aquel lugar privado de luz, le había reconocido sólo por la forma de respirar.
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Al incorporarse y apoyarse sobre el brazo derecho sintió un latigazo de dolor recorrerle el pecho entero, justo en el lugar donde la maldición de su prima había hecho impacto. Donde había comprendido que viviría y todavía no moriría. Al intentar moverse un poco más, el dolor se incrementó a lo largo de su cuerpo. No era la misma sensación de haber sufrido un crucio, pero sólo por muy poco esa maldición no se había convertido en la cuarta imperdonable. Sólo por una cuestión de votos… y de historia.
Si, pues hasta aquel entonces, esa maldición sólo se conocía por los libros, por referencias vanas y sin sentido en las hojas y pergaminos: hacia tanto tiempo que no se utilizaba que casi parecía haberse extinguido y olvidado. Y sólo, cuando Voldemort había alcanzado todo su poder en la primera guerra, se supo de casos de magos que la volvían a utilizar (mortifagos siempre y Voldemort, como no, pues a ninguna otra persona se le hubiera ocurrido utilizar hechizos para dañar tanto y causar tanto daño y dolor… como las imperdonables)
Y de esos seguidores del mal, sólo había tres que habían sobrevivido hasta esa segunda guerra: su prima, su marido, Rodolphus Lestrange, y el mismo Señor Oscuro. Los tres eran personas que disfrutaban dañando y causando el mayor dolor a las personas a las que se enfrentaban. Los tres gozaban al ver las expresiones de sus victimas al sentir aquel temor de morir al ver dirigirse ese rayo tan parecido al de la muerte. Más, y eso también lo sabía bien Sirius, todos lo sabían, Voldemort se había decantado por la maldición cruciatus, pues ésta le permitirá ver el dolor de la persona, no como aquella que le había lanzado su prima, que desmayaba inmediatamente… dando un despertar doloroso.
Esa era una de las diferencias más significativas entre aquellos dos seres del mal. La otra era que uno no dejaba victimas vivas (excepto por un inocente bebé que causo su caída y el fin de la primera guerra mágica); mientras que los Lestrange gozaban al dejar a las personas vivas, pero siempre con el recuerdo y la marca del dolor que le había causado. El matrimonio Longbottom habían sido las últimas victimas de aquel juego macabro antes de que fuesen encerrados en Azkaban durante un largo tiempo…
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Mientras se dejaba caer de nuevo al suelo, mientras sentía como el dolor no le abandonaba, mientras tenia aquellos raros pensamientos sobre la maldición que había sufrido, Sirius empezó a sentir un funesto presentimiento. Un presentimiento que crecía a cada segundo que trascurría en aquella celda: la sensación de que no iba a servir de nada regresar a la casa, pues no encontraría a nadie allí, la sensación de que todo seria diferente, muy diferente a cómo lo conocía. Realmente diferente.
Pero… ¿Cuándo seria?. ¿Cuándo lograría volver?.
Sin saber en que momento, pues la falta de luz impedía ver nada en aquel lugar, sus ojos se cerraron y su mente se vio, de nuevo a causa del dolor que sentía, abrazada al desmayo.
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.-. ¿Dónde estabais – una mujer con largo cabello pelirrojo y expresión preocupada apareció enfrente de los dos hombres que ahora entraban en la habitación. Uno de ellos tenia en sus brazos un pequeño bebé que rápidamente cogió ella, acunándolo tal y como sólo una madre sabe hacer – Llevo rato esperándoos – volvió a regañarles a ambos – El bautizo tenia que haber empezado a las doce…
.-. Calma, calma Lily. Tan sólo son las doce y cinco – James acarició dulcemente la mejilla a su esposa – Además¿Quién se va a quejar Sólo somos nosotros tres… bueno, nosotros cuatro – añadió al ver cómo su pequeño hijo agarraba su mano, ya despierto totalmente a causa del jaleo anterior.
.-. Cornamenta tiene razón, no hay razón para preocuparse. – dijo Sirius pasando un brazo por encima de su compañero e interviniendo por primera vez en la conversación. A pesar de que su amigo, su hermano, tal y como le había dicho James antes, se hubiera casado, todavía seguían siendo inseparables. Nada ni nadie les podría separar nunca… nada excepto algo que ninguno de los dos nunca había imaginado. Pero, de momento, y en esa fecha del bautizo del primer hijo de James, la sombra de la muerte estaba todavía lejana.
.-. Todavía no se cómo he permitido que fueras tú el padrino de Harry… - empezó a decir Lily moviendo la cabeza ligeramente al caminar hacia la entrada de la pequeña y acogedora iglesia donde se celebraría el bautizo.
.-. ¿Por qué crees eso ¿Piensas que no soy responsable y todo eso?. Pues dejaba que te diga, Lily Potter, que yo siempre cuidaré de Harry y no permitiré que nada malo le ocurra. Nunca… - replicó él, en el mismo tono divertido que había utilizado la pelirroja (pero a la vez, con un leve deje de seriedad), antes de que empezara la ceremonia y tuviese que callarse completamente…
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"Yo siempre cuidaré de Harry"
Fue por aquella frase, de aquel recuerdo que no sabía de dónde había venido, que volvió a abrir los ojos para encontrarse en la misma situación que cuando los cerrase: encerrado en la celda, privado de libertad.
Las respiraciones entrecortadas y llenas de dolor de las personas que se encontraban con él fue lo que, en definitiva, le hizo darse cuenta de la terrible situación en la que se encontraba, de lo lejos que estaba, y de la promesa que, ya tantas y tantas veces, había roto de su hermano y compañero, de James.
Pues, a pesar de haberle prometido que siempre estaría al lado de Harry, de cuidarle siempre sucediese lo que sucediese, la realidad era que le había fallado desde el primer segundo que le necesitaba, anteponiendo la venganza, la rabia ante la muerte de sus amigos, al bienestar y cuidado de un inocente niño tal y como era en la noche en que se quedó huérfano. Si, le había fallado. Había ignorado todas las palabras de lealtad, y en ese instante de ira, sólo había buscado acabar con la persona a la que creía culpable de esa tragedia… ignorando que así se condenaba a sí mismo, y condenaba a su ahijado, a Harry, a una vida llena de desdichas.
Había fallado tantas y tantas veces…
Y ahora, cuando parecía que todo iba bien, cuando ambos parecían retornar la relación y la vida que les había sido privada… ahora volvía a estar lejos, Harry volvía a estar solo, lejos de él, lejos del padrino y de las personas que se preocupaban tanto de su bienestar, sustitutas en la medida que podían, de los padres que tan poco tiempo había conocido.
¿Por qué?.
¿Por qué no podían estar simplemente disfrutando sin temer que el largo brazo de la guerra les alcanzase y dañase?.
¿Por qué no podían, sencillamente, vivir en paz?.
No.
Esa era la respuesta.
Tan simple y tan tajante.
No. No podían vivir tranquilamente, no hasta que el mal desapareciese… y todo acabase.
Eso le llevó hacia un pensamiento que había querido ignorar durante demasiado tiempo, desde el primer momento en que lo conociese: la causa de que Voldemort fuese tras Harry cuando apenas éste había comenzado a vivir, la causa por la cual sus amigos, James y Lily, tuviesen que esconderse… la causa por la que murieron.
No sabía mucho más que el resto de la gente. Tan sólo conocía que eran objetivos de Voldemort por tener un hijo nacido en determinadas fechas (igual que los Longbottom… y ellos también sufrieron el dolor del mal, aunque no murieron pues éste ya había desaparecido por entonces, derrotado por un inocente niño), y que la causa de todo ello residía en una profecía.
Nada más.
Y aquello último lo había descubierto aquel mismo año.
Unas palabras que desconocía, pero que condenaban y unían al mayor mago oscuro que el mundo jamás había conocido, y a una persona muy querida por él, a Harry.
Le hubiera gustado preguntarle el significado de tal hecho, el motivo de tal condena, pero los días que habían permanecido juntos, lo que más se preocupaba era de disfrutar de su compañía, de estar juntos… y dejar lejos la sombra de las fatalidades. Tal vez por eso, por no hacerle sufrir más, había ignorado el problema hasta que ya era demasiado tarde para retroceder y conocer.
Y ahora era tarde, demasiado tarde.
Ahora tan sólo podía conjeturar y lanzar ideas descabelladas al aire… pensamientos que en nada se asemejaban a la realidad, pues nunca se le habría ocurrido el funesto destino que pesaba sobre aquellas dos personas unidas a través de unas palabras, de una profecía.
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La siguiente vez que pudo despertarse, que pudo incorporarse poco a poco en el frío suelo de la celda, una rabia insólita había nacido en su interior. La sensación de haber sido atrapado para hacer sufrir a Harry. ¡Y eso era lo que había prometido no hacer!.
Sin saber cómo, ignorando el dolor que todavía sentía en sus brazos, en sus piernas, en su cuerpo, se levantó de su lugar. No se dio cuenta de los grilletes que rodeaban sus manos y de la larga cadena que le unía a la pared. No se había dado cuenta hasta entonces, y en ese momento, cuando la rabia dominaba todo su ser, tampoco se percató.
Poco a poco, concentrándose en su objetivo, caminó hacia un lugar en concreto de la celda.
Si, quería salir, ser libre. No encadenado como lo fuera en Azkaban, cárcel en la que fue preso sin razón. Ahora, más que nunca, quería salir y traspasar aquellos barrotes que le privaban de la libertad tan deliciosamente saboreada durante unos años. Y ahora tenía un claro objetivo, más claro incluso que cuando luchara con todas sus fuerzas para no sucumbir a los dementores.
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Dio varios pasos, sin darse cuenta de las gruesas cadenas que le rodeaban en brazos y piernas. Y, cuando la puerta estaba al alcance de su mano, que casi la podía tocar, sintió el tirón, la fuerza con que le habían encadenado. Y cayó al suelo. La puerta seguía enfrente de él, pero no podía llegar.
No podía escapar y evitar el sufrimiento de su pérdida a la persona que más protegía, y quería, a Harry.
Pues, ahora lo tenia más claro que nunca, le habían atrapado para hacerle sufrir, para que dejase de luchar y sucumbiese, para que se rindiese, o hiciese alguna tontería como cuando cayó y desapareció tras el velo, en el ministerio, por la rabia que tenia Harry de salvarle, aunque esa fue la misma causa que le condenase.
.-. No lo hagas. No te rindas. – logró decir ya un tanto vacilante y medio inconsciente entre los dolores que todavía sufría su cuerpo a causa del hechizo que le había lanzado su prima, y también, a causa del gran esfuerzo realizado por llegar a la puerta… y de la desilusión al ver que no había salida. Estaba ya a punto de sucumbir otra vez, a las tinieblas del desmayo – Conseguiré salir, te lo prometo. De algún modo lo haré, igual que hice en Azkaban. Lograré salir de aquí. Te lo prometo… Harry.
Después, la oscuridad envolvió su mente… una vez más.
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o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
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Cerca del atardecer tuvo un sueño diferente a los que ya había tenido anteriormente. En éste no aparecía ni la idílica y pacifica pradera por la que caminaba con Ginny, ni el campo de quiddith en el que volaba junto a Ron y celebraban la victoria en el torneo, ni la sala común de Gryffindor donde Ron, Hermione y él estaban charlando y hablando sobre el año que terminaba y el futuro que les esperaba, ahora ya que terminaban la escuela. No, nada ni nadie de ellos aparecía en el sueño que empezaba a aparecer en su mente. Éste era diferente, totalmente opuesto a la claridad, la paz y la tranquilidad de los anteriores… en éste aparecían tinieblas, oscuridad… y sombras. Muchas sombras. Sombras que estaban empezando a tomar formas.
Tres, eran tres las que distinguió al fin. Tres hombres en una habitación cerrada. Tres hombres tumbados en el suelo, cerca de las paredes… No, no era una habitación. Aquello tenia aspecto de… de una prisión. Era una celda. Y las tres personas que se encontraban allí, tumbadas, con los rostros velados todavía por las sombras, eran prisioneros.
Dio un paso al frente, sin saber porqué.
De nuevo le parecía estar en una escena en la cual no podía intervenir, como le sucediera a inicios de verano, cuando presenciara tantas y tantas veces la muerte de su padre, el sacrificio de su madre y la derrota de Voldemort a manos de un inocente niño, de él cuando tenia apenas poco más de un año.
Intentaba centrar la vista, poder distinguir el rostro de aquellos tres prisioneros, más las sombras que les rodeaban hacían imposible su reconocimiento.
Miró a los lados, vio las cadenas que les atrapaban. Oyó sus respiraciones llenas de dolor ¿Qué les había pasado?. ¿Por qué estaban en esa situación?. ¿Quiénes eran?.
Uno de ellos se levantó, despacio, vacilante. En sus gestos daba muestras de haber sufrido mucho anteriormente. Parecía saber a donde dirigirse: a la puerta de la celda.
Harry dio un paso hacia esa persona, para ayudarle cuando vio que tropezó y casi caía al suelo, pero no pudo ni siquiera tocarle, él era una parte más de las sombras del lugar. Sin poder intervenir, sin poder hacer nada para ayudar, igual que en los sueños, en las imágenes en las que veían morir una y otra vez a sus padres. Sin poder hacer nada excepto mirar, observar.
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El prisionero parecía no darse cuenta de las cadenas que le rodeaban las muñecas y los tobillos. No parecía percatarse del peso y de la tensión que estaban ejerciendo. Sólo parecía tener un único pensamiento en mente: llegar a la puerta.
Pero cayó, las cadenas le impidieron ni siquiera tocarla.
Cayó al sentir el fuerte tirón de las cadenas, el tirón que significaba su libertad aplastada.
Harry le miró atentamente: su cuerpo maltrecho tendido en el suelo. Había algo en él que le resultaba familiar, tremendamente familiar. Se acercó, aunque sabía que no podría ni siquiera tocarle. Se acercó y se agachó a su altura, intentando distinguir entre las sombras que rodeaban ese rostro algún rasgo que le permitiera saber de quien se trataba… más, fue en vano, el rostro estaba como velado, y no pudo saber quien era aquel prisionero. Ni oyó lo que decía, aunque viera sus labios moverse, aunque le viera gritar rabioso contra la puerta, aunque le viera derrumbarse nuevamente en el suelo, agotado, casi desmayado.
Al ver que ya no se movía, que de nuevo había vuelto a sucumbir al sueño o pesadillas que le provocaba el dolor, Harry se levantó y miró en derredor, por si descubría algo que le permitiera saber porque estaba en ese lugar lleno de oscuridad.
Dio varios pasos. Se fijó en cada detalle de las paredes y del lugar. Había algo conocido también allí, pero, igual que el prisionero, no sabía de qué se trataba, sólo que era algo conocido, nada más.
Se acercó hacia el resto de ocupantes de la celda, pero al igual que en el primero sus rostros eran indistinguibles, no podía saber de quienes se trataban.
Cuando se dio por vencido, cuando ya pensaba que se trataba de una macabra broma de su mente, el primer prisionero que había visto, aquel que permanecía tumbado y desmayado cerca de la puerta, pronunció algo, tal como estaba en las fronteras del delirio… algo que él oyó: su nombre siendo pronunciado.
Y le reconoció de inmediato, supo quien era aquel hombre.
Una gran felicidad empezó a crecer en su interior, ocupando el vacío que se había creado esa mañana, cuando despertara por vez primera. Una gran alegría al ver que sus temores eran vanos e irreales.
Con una sonrisa en el rostro, se dio la vuelta, corrió hacia él, se agachó y observó, con profundo entusiasmo, que era efectivamente él, que no estaba muerto, que Sirius vivían. Que lo tenía enfrente de él, en ese sueño que no era sueño, que era algo que había o estaba ocurriendo en esos momentos.
Levantando la vista, al ver que las sombras habían desaparecido del rostro de su padrino, pudo averiguar quienes más le acompañaban en ese desdichado destino: uno de ellos ya se lo esperaba; el otro, ni en sus más disparatados pensamientos se le podría haber ocurrido, pero ahí estaba encadenado y convaleciente de maldiciones lanzadas días y días atrás… ahí estaba su temido profesor de pociones: Severus Snape.
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Las sombras que ahora quedaban en la celda eran las producidas por la falta de iluminación, pero, a pesar de eso, podía ver con todo detalle la situación de los tres prisioneros: las cadenas, el estado en el que se encontraban. Ahora les oía perfectamente, escuchaba sus respiraciones entrecortadas y doloridas. Como si hubieran sufrido una de las maldiciones imperdonables, como si hubieran sufrido en sus cuerpos un dolor tremendamente grande e inmenso.
Al ver y al comprobar que Sirius todavía seguía desmayado cerca de la puerta, se acercó a Remus que se encontraba tumbado y encadenado a otra de las paredes. Su aspecto era lamentoso, como el de los otros dos, pero había algo más, algo más profundo, un dolor más que el que había sufrido a través del hechizo con que le había herido. Él lo sabía, conocía cual era la causa. Si, era la maldición que tenia desde que era un simple muchacho, un indefenso niño. La maldición de convertirse en lobo cada luna llena. Y sólo habían pasado veinticuatro horas desde su última transformación. Estaba debilitado.
Mientras le observaba con cuidado, pudo escuchar como la puerta de la celda se abrió.
Al darse la vuelta rápidamente se encontró con dos ojos rojos que le miraban directamente, como si supiera que él, precisamente él, se encontraba allí, junto a los tres presos.
Vio la sonrisa de triunfo que se dibujó en los labios de Voldemort.
No podía ser, era imposible que supiera que estaba en ese lugar, pero… las palabras que escuchó a continuación, claramente dirigidas a él, hicieron que empezase a dudar si todo había sido sólo un sueño, o una simple visión.
- Nos veremos pronto, muy pronto. Y esta vez… no podrás escapar de mí.
Después, un remolino de sombras rodeó la celda, a sus ocupantes, a Voldemort. Todo desapareció y se quedó solo en medio de un lugar desconocido, lleno de nada, lleno de sombras.
Entonces… gritó.
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.-. ¡Harry!. ¡Harry!. ¿Qué te pasa?. – preguntó alguien sacudiéndole, con temor en su voz.
Súbitamente, el rostro de Ginny apareció enfrente suyo, era ella quien le sacase de ese sueño que se había convertido en una siniestra pesadilla.
.-. Está vivo. Está vivo, pero Voldemort lo tiene prisionero – dijo él todavía conmocionado – Sirius está vivo. Y… él…se encuentra con Remus… y con… con Snape – logró decir al fin.
.-. ¿Con el profesor Snape?. – Dumbledore acababa de entrar en la habitación. Llevaba tan sólo unos segundos ante la puerta cuando escuchase los gritos que diese Harry. Su rostro parecía cansado y abrumado, y con lo último que acaba de oír, parecía que una sombra más de preocupación se añadía a la ya larga lista de desdichas que le atormentaban.
La vista de Harry se despejó instantes después, al ponerse las gafas, permitiéndole ver esas dos caras preocupadas ante él. Ambos significaban algo importante en su vida: el amor y la protección. Se incorporó en la cama, sentándose al lado de Ginny (¿Cómo estaba ella allí?. ¿Cuándo había llegado?. Y, se dio cuenta unos segundos después¿dónde estaba Ron?.) Antes de que lograra pronunciar alguna palabra, vio al director sentarse en una de las sillas de la habitación, justo al lado de su cama, a su lado. Aunque había distinguido un deje de tristeza en esos ojos tras las gafas de media luna, también distinguió una chispa de diversión al ver a la joven pareja junta en la misma cama, él rodeándole ahora protectoramente la cintura con uno de sus brazos.
.-. Veo que el joven Weasley les has dejado un poco de libertad – dijo finalmente el recién llegado al ver el rubor en los dos rostros, cuando se dieran cuenta de la situación en la que se encontraban: Dumbledore era el director de la escuela en la que ambos estudiaban – No os preocupéis, no diré nada a nadie de que han estado en la misma cama… hoy también – terminó con una ligera sonrisa en su cara cansada, logrando que los colores subieran a los rostros de los dos adolescentes un poco más fuerte.
.-. Yo… yo… creo que me voy a mi habitación a cambiarme de ropa – dijo finalmente Ginny, levantándose de la cama. Su cara estaba realmente roja de vergüenza, y casi no se distinguía donde acababa su pelo – Nos vemos dentro de un rato Harry – se despidió de él con un ligero beso en la mejilla antes de salir de la habitación y correr hacia su propia habitación, deseando que nadie más le viese.
.-. Profesor… nosotros no…
.-. No te preocupes Harry – le cortó Dumbledore, todavía ligeramente divertido al ver el nerviosismo que tenia ahora el joven, y el tartamudeo de su frase – Confío en ti y en la señorita Weasley. Además, cuando se es joven y se está enamorado, lo que más apetece es estar con la pareja… día y noche.
.-. Si… eso es cierto – contestó un poco ruborizado todavía.
Dumbledore le miró un poco más detenidamente: a pesar de estar recién levantado, de haberse ruborizado al encontrarlos de aquella forma un adulto, a pesar de que tenia todo el pelo revuelto y todavía algo somnoliento… pudo intuir ese miedo que le había hecho despertar súbitamente.
.-. Pero, bueno, no he venido a regañarte ni nada – le tranquilizó, y oyó como Harry soltaba de una vez el aire que había contenido inconscientemente – He venido a hablar de asuntos más importantes que los propios de la edad en la que os encontráis. Aunque, antes de eso, tengo que preguntarte que es lo que te ha pasado para que despertases de esa forma. Has dicho que Sirius y Remus estaban vivos – vio como Harry asentía con la cabeza – Si, eso es algo que te iba a comunicar: Tonks encontró sus varitas en la puerta de la casa en medio del ataque de los dementores. En una de ellas había enganchada una nota. Como puedo intuir, ya sabes que ponía en ella ¿no es verdad?.
.-. Si, creo que si. Que los tenia prisioneros, es eso ¿no?.
.-. Correcto. Pero ¿Cómo lo sabias tú?. Nadie más, excepto Tonks y yo, sabe lo que ha sucedido.
.-. Los he… los he visto… - Harry bajó la vista hacia las sábanas de la cama. Todavía seguía sin poder creer lo sucedido en el sueño, pero era realidad, y las palabras de Dumbledore venían a confirmar sus sospechas – Vi que estaban en una celda, atrapados, con cadenas.
.-. ¿Soñaste con ellos?.
.-. No. Era más que un sueño. Era como si yo estuviera allí también. Al principio no sabía quienes eran, algo me lo impedía Entonces… vi como uno se levantaba e iba hacia la puerta. Era Sirius – sus manos estaban sudorosas ahora que recordaba todo lo sucedido – las cadenas le impidieron continuar y cayó. Yo corrí a ayudarle, todavía sin saber que era él. Se desmayó. Me acerque pero su rostro seguía envuelto en sombras. Al levantarme me fije más en el lugar. No era muy grande. Había varias cadenas más sueltas en las paredes, como si esperaran o hubiera habido más persona allí. Entonces escuche mi nombre. Era Sirius que lo decía en sueños. Se veía muy debilitado y lleno de dolor, pero estaba vivo, no muerto como pensaba – Harry levantó sus ojos hacia el director, ahora los tenia ligeramente empañados de lagrimas – Está vivo. No lo he perdido también. Ni a él ni a Remus. Están prisioneros, pero no muertos. No me podían ver, pero yo los vi. Están vivos.
.-. ¿Y el profesor Snape?.
.-. Si, Snape – Harry cerró los ojos para recordar mejor – Él también estaba en la celda. Dormido o desmayado, no lo sé. Respiraba con dificultad, como si hubiera recibido muchos cruciatus hacia poco…
.-. Eso explica porque no hemos tenido noticias suyas desde finales de curso. Al final le descubrieron – le interrumpió el director tristemente, pero al ver como Harry seguía hablando, calló para escuchar mejor.
.-. Después me acerque de nuevo a Sirius, pero seguía desmayado. No le podía tocar, era igual que los sueños que había tenido con mis padres. No podía intervenir ni hacer nada. Sólo observar. Miré de nuevo hacia Remus. Hace poco fue luna llena, y se le notaba bastante en el rostro. La puerta se abrió. Me di la vuelta y… ahí estaba él. Voldemort me miraba como si supiera que estaba presente, pero no podía ser.
.-. Entonces gritaste y fue cuando te despertaste.
.-. Si, algo así – concluyó Harry abriendo los ojos, no sabía porqué, pero lo que había oído decir a Voldemort antes de que todo desapareciese, intuía que el director ya lo había averiguado con tan sólo ver sus ojos.
.-. Uhm…No hay duda: se hace más fuerte cada día – pareció reflexionar Dumbledore.
.-. ¿Qué puede significar?.
.-. Creo que ya sabes la respuesta ¿verdad?.
.-. Si, creo que si. Voldemort fue quien me mostró la celda, y así mostrarme que tenía a dos personas que apreciaba. Igual que en quinto. Pero, esta vez era real – Harry se había levantado de un salto de la cama y caminaba de un lado a otro de la habitación en esos momentos – Lo sé. Vi cosas que él no había podido deducir. Eran ellos los que estaban en la celda. No era una visión, ni un sueño. No se lo que era, pero era real, está ocurriendo ahora – con un gesto cansado, se volvió a sentar en la cama, abatido por todo lo sucedido.
.-. Te creo. Eso sólo reafirma lo que ya te he dicho: Tom se hace más fuerte cada día que pasa…
.-. Y yo soy el único que puede acabar con él – Harry había escondido su cabeza entre las manos, se sentía abrumado cada día más sobre aquel tema. Intuía que sólo podía hacer algo, pero le daba miedo de hacerlo. Le entristecía saber que sólo había esa solución posible. No había otra. No existía otra.
.-. Por desgracia si, ya lo sabes.
.-. Pero¿Qué puedo hacer?. – de nuevo, levantaba la mirada para hablar con Dumbledore… aunque sabía cual era la respuesta, aunque le aterraba oírla de otros labios. Éste, por su parte, pudo ver la angustia que se escondía profundamente en sus ojos, tan profunda, que costaba distinguirla, pero ahí estaba – Tan sólo soy un ser humano. No tengo nada en especial. No soy mejor que los demás. Conozco a muchos que son mil veces mejor que yo en todo. No tengo el poder que dice la profecía. No voy a poder. Voy a decepcionar a todos los que confían en mí. Voy a morir sin remedio – concluyó derrotado de nuevo.
Ninguno de los dos habló. Cada uno tenía sus propios pensamientos sobre aquello que había sucedido unos instantes atrás. De alguna forma, los dos sabían que sólo había una única posibilidad posible.
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El director le miró con detenimiento. Sus ojos cansados reflejaban incertidumbre, pero a la vez, decisión pues sabía que era la única posibilidad que tenían: Harry, con sus palabras, lo había reflejado, había mostrado que él también lo sabía desde hacia días o semanas. Las gafas de media luna que llevaba siempre incrementaban su aspecto abrumado: el tiempo había transcurrido para él el doble, no, el triple de rápido esos últimos años. Nunca antes se había sentido tan agobiado por las preocupaciones, por las decisiones que tenia que tomar, ni siquiera cuando era joven y se había enfrentado al anterior mago oscuro, a Grindewald, pero éste, por entonces, no tenia el poder que ostentaba ahora Voldemort, ni siquiera la décima parte. Habían pasado ya tantos y tantos años, y tantas y tantas cosas. No, nunca antes había sentido el peso del destino y el peso del tiempo tanto como ahora.
¿Quién lo hubiera dicho?. El único mago que temía actualmente Lord Voldemort, tenia miedo de una única cosa: el paso inexorable del tiempo, el no poder hacer todo lo que pensaba hacer, y el que no pudiera llegar a terminar lo previsto, que todo fuese de mal en peor cuando ya no estuviese. Quizás fuera por eso que no cesaba de actuar, de dar la cara a pesar de sentir que la vida se le escurría rápidamente. No descansar, luchar hasta la extenuación. Dar ejemplo.
Y, ahora, el destino del mundo, la única posibilidad de acabar con el mal que amenazaba con acabar con el orden establecido, que tanto había llevado él últimamente sobre sus hombros, recaía inexorable y cruelmente sobre los hombros de un muchacho que apenas había entrado en la mayoría de edad unas semanas, unos días atrás. De un joven al que la vida tanto le había arrebatado, y que no dejaba que disfrutase de un periodo prolongado de paz y tranquilidad. Ese joven era a quien miraba ahora, quien mostraba su angustia y su miedo abiertamente, sólo a él se mostraba derrotado, agachado y abatido. Ante los demás enseñaba el rostro oculto, el poder hacer frente a lo que el destino le había escrito, pero la verdad era que tenia miedo, miedo de morir, de fallar a las personas que confiaban en él.
Harry, sin saber muy bien porqué, quizás porque confiaba en el director como si fuera un pilar imprescindible de su vida, como si fuera el padre, o el abuelo, o el familiar perdido y nunca disfrutado, la protección y el amor fraterno que nunca había conocido, estaba mostrando su verdadero rostro: el rostro del temeroso ante la muerte.
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Le miraba ahí, sentado frente a él, esperando alguna palabra de consuelo por su parte, más no sabía que decir para alentarle. No quería mentirle ni engañarle con palabras carentes de sentido, pues ambos sabían que Harry estaba en lo cierto: que no tenía posibilidad alguna de victoria. No si seguían de esa manera.
Y pensó, como hacia tantas y tantas veces últimamente, en que la vida no era nada justa para algunas personas. Que unos cuantos "elegidos" (más bien la palabra sería malditos) tenían que sacrificar sus sueños, sus ilusiones… su futuro, para y por el bien común, para y por el bien del resto de personas, sin importar su vida o la suerte que corrían.
¿Que podían hacer más?.
Y, a pesar de esa gran pregunta, sabía, quizás Harry también lo intuía en lo más profundo de su ser, que sólo había una única solución posible.
La única posibilidad que tenían.
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Despacio, adelantó un poco el cuerpo, inclinándose hacia delante en la silla, para acercarse al joven. El pergamino que llevaba en uno de sus bolsillos crepitó al doblarse.
Si, era la única solución posible… y ambos lo sabían… muy bien.
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El fuego de la chimenea chisporroteó unos instantes, los suficientes para que las dos únicas personas que se encontraban en el comedor de la casa se diesen cuenta y corriesen rápidamente hacia el lugar con las varitas en alto y dispuestas a atacar y defender su posición… pero lo que apareció en las llamas fue visto y no visto: un torbellino de rojo pelo, una gran forma que desplegaba todo su poder nada más poner un pie en el suelo.
.-. ¿Dónde están?. ¿Dónde?. – Molly Weasley preguntó, con desesperada preocupación, en cuanto llegó a la casa. En cuanto le habían dejado, tras conocer el ataque del día anterior, sin importarle siquiera el aspecto que llevaba, la harina en su delantal o cualquier otro signo de haber estado cocinando, fue rauda y veloz a enterarse del estado de varias personas muy queridas para ella.
Y así, sin dejar que los dos atónitos aurores que habían levantado sus varitas en un acto reflejo le respondieran, la matriarca de la familia Weasley y las dos personas que iban con ella, se dirigieron hacia la cocina, al oír voces conocidas que procedían de ese lugar. En sus ojos, lagrimas de angustia se empezaban a secar.
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.-. Entonces, este es el nuevo Ministro – dijo dubitativo Ron señalando el periódico que había encima de la mesa, y mirando hacia Alastor Moody, que estaba enfrente de él tomándose un café despacio, reposando y descansando de otro día de trabajo junto a las unidades de aurores que estaban a su cargo. A su lado, Hermione leía con detenimiento la noticia del nombramiento de ese gran alto cargo, ambos habían bajado unos minutos atrás, juntos, de una habitación – Su nombre me suena de algo, aunque ahora no se de qué. Quizás mi padre nos hablase de él hace tiempo – reflexionó el pelirrojo. Si, el nombre de aquel hombre, del nuevo ministro de magia, el que se encargaría del mundo mágico en medio de aquella segunda guerra, le sonaba, sabía que lo había oído en alguna parte antes, pero, en ese instante, no alcanzaba a recordar dónde ni porqué.
.-. Yo pensaba que iba a salir otra persona – Hermione, por primera vez desde que habían llegado, tomó la palabra. En su tono de voz parecía existir desconcierto, no comprendía todavía la decisión de la confederación de magos, aquellos que se habían encargado de elegir al nuevo gobernante. Según había leído lo único notable y novedoso que haría éste sería incrementar las defensas y restringir, aún más, la libertad de movimiento de las personas en determinadas horas. ¡Cómo si quedándose en casa se pudiera alejar la guerra!. No, no comprendía la manera de actuar. Ahora lo que necesitaban era a alguien con fuerza, alguien que tuviese el valor de luchar y de hacer frente a la amenaza existente… a alguien como Dumbledore… o como Moody. Ambos con experiencia en la lucha contra el mal.
Pero, tal y como mostraba la portada del periódico, el que había sido elegido era una persona conservadora, que no se arriesgaba a cambiar nada de lo ya establecido, que sólo se basaba en las defensas ante una guerra como nunca antes se había visto en el mundo mágico. Ante una situación así, no había ninguna duda por desgracia, de que bando ganaría.
Hastiada por la incomprensión, echó a un lado el periódico.
Si por ella fuera, en esos instantes estaría aunando fuerzas con los distintos ministerios de magia del resto del mundo. Acordaría con todos ellos en crear un departamento para enseñar a defenderse, como ya hiciera en quinto curso, junto a sus amigos, y a los que se unieron a ellos en el "Ejército de Dumbledore". Haría cualquier cosa menos esconderse, agachar la cabeza y esperar el golpe final… tal y como estaban haciendo en esos instantes.
No se podía ganar una guerra tan sólo escondiéndose. Ni siquiera el intentar pensar que no existía servia de algo, pues, bien lo sabían, todos los días ocurría algún ataque en el que morían victimas inocentes. Siempre lo mismo: mientras no les tocase a ellos, a los políticos, mientras no sintiesen en sus carnes la tristeza de perder a alguien, no comprenderían en que se equivocaban. Y, quizás, cuando sucediese, ya fuese demasiado tarde para rectificar.
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Había que hacer algo antes de que todo aquello sucediese, pero ¿el qué?. Ella era demasiado joven para que se le tomase en cuenta, a pesar de comprender mejor que muchos la grave situación y el precario equilibrio en el que se encontraba el mundo mágico en esos instantes. Algo había que hacer…
Sus profundas reflexiones fueron interrumpidas por un fuerte golpe de la puerta de la cocina y, un instante después, se vio sumida en medio de un abrazo protector.
Cuando distinguió perfectamente de quienes se trataba, se abrazó aún más fuerte a sus padres, ahora comprendía lo cerca que había estado de perderlos, lo cerca que había estado de perderlo todo. Dejó escapar varias lágrimas de alegría y felicidad por el reencuentro mientras apoyaba su cabeza en el hombro de su padre. Hasta ese momento se había creído autosuficiente, sin mucha necesidad de permanecer cerca de sus padres, y más en esos últimos años, cuando ya fuera adolescente, pero ahora, después de lo sucedido el día anterior, de darse cuenta de lo cerca que había estado de la muerte, ahora los necesitaba más que nunca. Ahora quería permanecer cerca de ellos el mayor tiempo posible, pues en medio de aquella guerra que no distinguía a nadie, no sabría cuando tiempo les quedaba para estar juntos. El futuro era tan incierto…
Cuando ya se sintió mejor y pudo limpiarse las lagrimas de su rostro, alcanzó a ver a Ron. Se encontraba a varios metros de ella, siendo abrazado fuertemente por su madre también. A pesar de que intentaba tranquilizarla y que dejara de abrazarle, Hermione distinguió en sus ojos un ligero brillo, y, si no le conociera tan bien, aquello no hubiera significado nada, pero tal y como le conocía, supo que Ron estaba reteniendo las lagrimas de emoción que luchaban por salir.
Sus miradas se cruzaron un momento y lo supieron: los dos habían sentido las mismas sensaciones al estar de nuevo junto a sus padres.
Separándose poco a poco de ellos, Hermione les miró detenidamente y, antes de volverles a abrazar, supo lo que iba a hacer para intentar cambiar todo cuánto ocurría en el mundo mágico. Todos se merecían un futuro mejor.
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.-. Ay, Ron – se lamentaba una y otra vez la señora Weasley mientras aferraba fuertemente a uno de sus hijos más pequeños – Ayer vi como las agujas del reloj se colocaban en la zona de "peligro mortal", pero tu padre me impidió venir a veros. Decía que estaríais protegidos. Decía que no os iba a pasar nada – mientras decía eso, algunas lagrimas de emoción contenida corrían por sus mejillas – Y hoy, cuando ha vuelto a casa, me ha contado todo lo que sucedió ayer: el ataque, los dementores… Tuvimos que esperar hasta que nos concedieron el permiso en la red flu para poder venir – acompañando sus ultimas palabras, le apretó más fuerte, como si quisiese cerciorarse de que realmente no le había pasado nada – No sabes lo angustiada que estaba. No teníamos noticias vuestras. Dumbledore había desaparecido. No nos dejaban venir hasta ahora… - su voz se quebró al recordar toda la mañana en espera de noticias.
.-. Mamá, calma, calma. Estamos bien. Los dos estamos bien. No nos ha pasado nada. Ginny y yo… – intentaba consolarla Ron, pero, a pesar de sus intentos, su madre todavía seguía abrazándole fuertemente. En cuanto dijo el nombre de su hermana, el agarre pareció ceder un poco.
.-. Ginny¿Dónde está?. – le preguntó, apartándose unos centímetros de él. En esos instantes, Molly se dio cuenta de la no presencia en la cocina de su hija - ¿No le ha sucedido nada?. ¿No estará herida?. – preguntó, con la angustia regresando de nuevo a su voz.
.-. No. Harry la protegió muy bien en el ataque. No dejó que le pasara nada. Incluso…
.-. ¿Y dónde están ahora?. – le interrumpió su madre, a lo que Ron bajó la cabeza, para evitar que viera que se estaba empezando a enrojecer: no había previsto la llegada de su madre, y quizás había puesto a su hermana y a su mejor amigo en una situación un tanto comprometida - ¿Dónde está Ginny?. – le volvió a preguntar, y sintió como las manos de su madre se aferraban con desesperación a sus hombros. No, no podía decir donde estaba cada uno exactamente. Se sentía culpable ahora de haber actuado conforme a los deseos de su corazón, y no con la razón. Había pensado más en el bien de las personas y no en las consecuencias de su acto… y quizás…
.-. Estoy aquí mamá – Ginny acababa de aparecer por la puerta, y Ron, a la vez que notaba como se deshacía el abrazo físico, notaba como desaparecían todos sus temores internos. Ya no había nada más que temer.
Mientras miraba como su hermana y su madre se abrazaban fuertemente, tal y como había sucedido con él unos minutos antes, notó como una mano se aferraba a la suya y supo, sin girar la cabeza, a quien pertenecía. Si, había hecho lo correcto aquella mañana y no tenía porque temer en las consecuencias, porque no las había.
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.-. Ginny, cariño. Por un momento pensé que os había perdido para siempre – la señora Weasley repetía casi exactamente los mismos gestos que dedicase a su otro hijo: el fuerte abrazo y las lágrimas de alivio al comprobar que no había sucedido nada – No quiero enterrar a más personas que quiero. Ya tuve suficiente con mis hermanos, no quiero perder a mis hijos también a causa de una guerra – y, acompañando sus palabras, el agarre para comprobar que todo era real – Me alegro que todos estéis bien…
.-. No todos – Albus Dumbledore acababa de entrar en aquella habitación de la casa. Sus ojos cansados miraron detenidamente a cada una de las personas que se encontraban en la habitación, y se fueron a posar unos instantes sobre tres de ellas. Después, sin dirigirse a nadie en particular, dio la noticia: – Ayer mataron a los parientes de Harry… y secuestraron a Sirius y Remus…
Un rumor de sorpresa se extendió por todos los que estaban en la cocina: habían notado su ausencia de desde el día antes, pero nadie había pensado que fuera a causa del ataque. Y la otra noticia, si, también les impactaba, pues sabían que aquellos muggles habían estado protegidos casi desde el mismo momento en que el-niño-que-vivió fuese a vivir con ellos ¿que había sucedido para que muriesen?. ¿Por qué Voldemort les quería muertos, si ya no estaba Harry con ellos?.
Nada más oír aquellas dos noticias dos personas salieron corriendo de la cocina, sabían que ahora más que nunca, Harry necesitaba de todo su apoyo. Sin dejar que la puerta se cerrase, Ginny también salió del lugar, dejando a todos los adultos solos para hablar sobre aquellos desgraciados hechos.
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Así que era eso…
Las palabras del director todavía resonaban en sus oídos a pesar de haber trascurrido bastante tiempo desde que se fuese, desde que se lo contase.
Los Durleys muertos, Sirius y Remus secuestrados…
Dos frases diferentes, pero con significados iguales para él… la misma sensación de pérdida… Cualquiera de las dos era igual de dura, igual de terrible… igual de dolorosa, pues a pesar de que sus parientes le tratasen de aquella forma durante el tiempo que había estado con ellos, eran, sin duda, la única familia de sangre que le quedaba, el único vestigio vivo de sus padres. Ya nada quedaba para él, nada que fuera cercano a él de un modo u otro del árbol genealógico. Él era el último de todos.
Su corazón palpitaba, sus pulmones se llenaban de aire y respiraba… pero todo de forma automática, pues lo que sentía era una nada, un vacío en su interior. Ahora ya sabía el motivo por el que sintiera esa sensación aquella mañana al despertarse. Ahora ya sabía porque lo sentía Tonks, porque lloraba cerca de su cama: porque se lamentaba de haberle fallado, de haber descuidado la defensa de sus parientes. Pero… no era su culpa, si allí había un culpable, era Voldemort, nadie más.
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Tumbado como estaba en la cama, seguía pensando en esas palabras, y en lo que había escuchado antes de ellas, aunque sabia que aquello era lo que había que hacer.
Quería que su cuerpo se perdiese en las sábanas, sentirse desaparecer en el colchón, sentir la misma sensación que sentía en su interior: ver como su cuerpo se hundía y desaparecía el dolor al dejar de ser.
No quería sentir nada.
No quería seguir sufriendo más pérdidas.
No quería que más gente siguiera sufriendo por su culpa: por ser demasiado cercano a él.
Ese dolor inigualable golpeándole el pecho, afrentándole el corazón… y el alma.
Sabía que sólo había una solución posible.
Una única opción para que nadie más sufriese… pero era tan dura… aunque tan fácil.
Dumbledore se lo había propuesto, le había dicho en palabras lo que él sabía que tendría que hacer tarde o temprano: preparase, hacerse fuerte… entrenarse para derrotar al mal creciente… separarse de todo para protegerlo.
Se lo había propuesto, y en su mano había tenido la solución o, mejor dicho, una de las posibilidades de esa solución. Aquel pergamino. Aquella propuesta.
Aunque…
Todavía no estaba todo decidido.
Aun tenía unos días para responder, para aceptar o no, para disfrutar un poco más con la gente que quería… antes de que todo fuese distinto, antes de confesar lo que iba a hacer… pues sabia que aceptaría al final: separarse de todos para protegerlos. Aquello era lo correcto. No era lo fácil, pero nunca se ha dicho que todas las decisiones eran fáciles, algunas eran más complicadas que otras, y ésta era, por desgracia, una de las más complicadas de toda su vida… y a la vez tan importante.
¿Qué iban a pensar todos de aquella traición que iba a hacer?. ¿Que sucedería cuando se enterasen?.
Era tan fácil, pero a la vez tan difícil.
Ahora, pensándolo fríamente, casi habría preferido no haber intuido aquello nunca, no haberse dado cuenta nunca de que todas las personas que estaban a su lado, tarde o temprano y de una manera u otra, sufrían. Casi hubiera preferido no ser mago, no conocer la magia, para no experimentar aquel dolor que tenia ahora en su pecho. Casi hubiera querido no conocer nunca aquel mundo para no tener que despedirse ahora de él. Casi hubiera deseado no haber conocido nunca a nadie en él…
Pero… no, él era mago, él pertenecía a ese mundo, él… en él tenía muchas personas importantes a su lado. Su vida sin ellas no hubiera sido lo mismo… y, ahora, aunque sabía que iba a hacer aquello para que no sufrieran, sufrirían de alguna manera. Aunque lo comprendieran al final, aunque entendieran porqué lo hacia, iban a sufrir… esperaba que lo pudieran soportar, pues él ya empezaba a sufrir por aquello que todavía no había sucedido.
Con desánimo abrió los ojos, y tumbado como estaba en la cama, boca arriba, fijó su mirada en el techo de la habitación, en los objetos que le rodeaban por doquier, en todo aquello que significaba algo para él… Si, seria muy duro incluso para él, a pesar de que sabía que eso era lo correcto, que salvaba así a la gente que conocía… que así les salvaría del sufrimiento que su cercanía provocaba…
Que así lograría vencer el mal.
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Escuchó sonidos de pasos que se aproximaban, voces conocidas en el pasillo, y supo, incluso antes de que entrasen a la habitación que ellos ya conocían lo mismo que él, que sabían que había perdido a sus familiares, que sabían que los otros dos adultos cercanos a él habían sido secuestrados. Si, se sentía triste por aquellas noticias, pero más desdichado ante la decisión que había tomado… y traidor. No sabía si le conseguirían comprender.
Las palabras escuchadas antes, la decisión que había tomado, aunque todavía no dicha a nadie, regresaban a su mente una y otra vez mientras las voces se acercaban. Lo que había decidido se repetía como un eco interminable en su mente. Cerró los ojos con fuerza, intentando contener las lágrimas que querían escaparse de ellos: no quería mostrar su debilidad, no quería que vieran en sus ojos la decisión que había tomado… pero no podría evitarlo: el dolor en su pecho era cada vez más grande.
Que fácil habría resultado todo si hubiera rechazado aquella propuesta, si hubiera dicho que no en un primer instante, pero en lo más profundo de él, y desde hacia días o semanas, o incluso más tiempo quizás, sabía que todo cambiaria (cuándo no lo podía decir con exactitud, quizás ya lo intuyera desde hacia más tiempo, quizás desde que viese a Voldemort renacer con un nuevo cuerpo, en su primer encuentro y su primera lucha) Sabia que su mundo iba a cambiar radicalmente a partir de una determinada fecha… y ésta estaba ya tan cercana.
Había elegido la opción difícil, la más difícil de todas, la más dolorosa para él, la que más le iba a herir… no sabía todavía cómo, pero sabía que era la correcta. Tenía la certeza de que lograrían aceptarlo, de que sus amigos comprenderían… pero ahora… ahora que ya sabía que no había marca atrás, empezaba a lamentarse de haberla tomado, o de haberla pensado siquiera.
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Oyó como las voces llegaban a la altura de su puerta, y empezaban a girar el pomo. Todavía no quería hacerles frente, todavía no estaba preparado para verles, temeroso de que descubriesen en sus ojos la decisión que había tomado. Se tumbó, echándose las sábanas por encima, y fingió estar dormido cuando oyó que entraban al lugar.
Reconocía sus voces, reconocía todas y cada una… en especial una en particular…esa nunca la podría olvidar jamás. La dueña de esa voz seria la que más echaría de menos, seria el adiós más difícil de todos.
Deseaba que el sueño llegase rápidamente: no quería hacerles frente. No ahora. No todavía.
¿Cómo había podido hacerles eso, y más después de lo que se habían dicho?. Después de prometerse que nunca más se separarían unos de otros, que siempre estarían juntos.
¿Cómo había llegado a traicionarles de aquel modo?.
Por suerte para él, el sueño fue clemente y llegó rápidamente a su lado justo en el mismo momento en que tres personas entraban a la habitación.
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Espero que les haya gustado.
Y, ya saben, nos vemos en el proximo
Besos
