Tardé un poquillo, cierto? Estaba acomodando la línea de tiempo, no quiero que haya incongruencias más adelante.
A continuación hay una escena explícita. Si no les gusta (o no deben leer) este tipo de cosas, pueden dejarlo cuando aparezcan tres H (HHH), y reanudar la lectura cuando vuelvan a aparecer dichas H. La escena no es importante para la trama de esta historia. Salud!
Capítulo 7
Después de cinco horas de camino, finalmente habían llegado. Kuvira estaba esperando que la extranjera no soportara el largo viaje para hacer mofa de ella, pero Asami probó tener una gran resistencia física. Kuvira la había estado subestimando todo este tiempo.
Al llegar al lugar Asami se percató de la magnitud de los daños. Todo estaba destruido. El caucho y las fibras sintéticas del dirigible se habían quemado dejando sólo un horrible olor. La liviana estructura metálica y los motores dañados eran lo único que había quedado: Era imposible que volara de nuevo.
Una de las cosas que había sobrevivido intacta era una caja de herramientas. Asami estaba más que felíz por el hallazgo, a pesar de encontrarlo junto al cadáver calcinado del mecánico. Adentro había de todo, y se sentía como una niña en una juguetería. «Con esto talvez pueda construir una embarcación y salir de aquí» pensó.
Encontró el cuerpo del capitán. Este no estaba tan quemado como los otros, y por ello no quedaba mucho de él: los animales carroñeros se habían dado un banquete, y las hormigas terminaban de limpiar las sobras. Asami se sobrepuso a la macabra sensasión de estar manoseando a un muerto, y encontró entre las ropas del capitán, su arma reglamentaria: Una semiautomática calibre treinta y ocho. La guardó, no sin antes separarla del cargador, para evitar cualquier accidente.
Si quería navegar de regreso a casa necesitaba saber cuál era su ubicación. Pero por más que buscó no encontró la brújula ni la bitácora de vuelo que contenía las coordenadas exactas y el rumbo que habían tomado antes del accidente: ésta seguramente había sido consumida por el fuego.
-¿Estás lista para volver?- preguntó Kuvira.
Asami asintió.
Contando a Asami y a Kuvira, eran doce mujeres caminando en la espesura de la selva. La caja de herramientas era demasiado pesada y era cargada por dos de las soldados de Kuvira.
El viaje de regreso era silencioso y aburrido. Así que Asami decidió conversar y de paso salir de la duda que la había estado intrigando todo este tiempo.
- ¿Cómo se embarazan sin hombres?- preguntó Asami
- Es una historia larga de contar- respondió Kuvira - será mejor que se lo preguntes a la Maestra Katara cuando hayamos regresado-
-¡Por favor, quiero saber!- dijo exasperada.
-Bien, -suspiro Kuvira- la versión corta es la siguiente: Cuando una mujer alcanza los dieciseis años, puede participar por primera vez en los festejos de luna llena-
-¿Festejos de luna llena?- repitió Asami.
-Son tres días, en los que Raava le otorga a las mujeres la capacidad de montar a otra mujer-
-No entiendo...- dijo Asami algo insegura de lo que acababa de escuchar.
-Montar, coger, follar, hacer el amor... como quieras llamarle- dijo Kuvira.
-¿...P-pero... cómo?-
-Ya sabes: una mujer mete su pene en la vagina de la otra- dijo la comandante como si se tratara del hecho más común del mundo.
-¿...Su qué?-
-Pene, polla, verga, nabo... como prefieras decirle- se volteó y vió el desconcierto de Asami, -Pero ya deberías saberlo: Me interrumpiste aquella noche. ¿No lo recuerdas?- dijo Kuvira
«¡No puede ser!» pensó Asami tratando de hacer memoria «¿Aquello era un sueño, no?... ¡Oh por dios!, ¿no era un sueño? ¡OH POR DIOS!, y me quedé mirando como una pervertida!» La cara de Asami parecía un tomate. Y las carcajadas de Kuvira se podían escuchar a lo largo y ancho de toda la isla.
- ¿Qué nunca habías visto un pene? - preguntó Kuvira entre risas.
Asami no respondió. «¡Claro que he visto un pene, pero nunca en una mujer!» pensó.
Siguieron caminando en silencio y comenzó a llover. La comandante recordó entonces aquella vez, hace algunos años, en que perdió su virginidad:
HHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH
Llovía torrencialmente afuera. Ambas estaban empapadas después de correr bajo la lluvia hasta encontrar refugio en una choza.
Estando una frente a la otra, Kuvira se sentía confiada: era unos años mayor que Korra, y tenía cierta experiencia. Todas las lunas en las que había partcipado, el falo había aparecido en ella al unirse con otra mujer.
Por su lado, Korra estaba sudando y temblando de los nervios. Pero en otro sentido también estaba tranquila: Kuvira era su mejor amiga, habían compartido todo desde la niñez y entradas en la adolescencia se habían entrenado y luchado juntas. Habían compartido tantas cosas y se conocían tan bien, que la confianza que Korra tenía con Kuvira era inquebrantable. Pasara lo que pasara esta noche, Korra sabía que Kuvira era incapaz de hacerle algún daño, que estaría segura en su abrazo, que Kuvira haría todo lo que estuviera en sus manos para hacer de esta una buena experiencia.
Kuvira tomó el rostro de Korra entre sus manos y besó su mejilla, -No hay de qué preocuparse- susurró -seré amable- había dicho. Sentir a Kuvira tan cerca, sentir el calor de su cuerpo y el toque de sus manos, oler su aroma, depertó en ella una pasión que hasta ese día no había conocido. La besó inesperadamente, con hambre. Kuvira respondió a su beso. No era la primera vez que se habían besado, pero estaba sorprendida de la ansiedad y la energía con la que Korra reclamaba su boca.
De pronto Korra se separó. Kuvira notó que Korra estaba asustada. Korra la miró a los ojos como buscando una respuesta a la pregunta que no se atrevía a hacer. Sus manos, que hasta ese momento habían estado en los hombros de Kuvira, descendieron hasta sus propios genitales. Apenas sus manos tocaron el falo que su cuerpo acababa de producir, las retiró asustada y finalmente se atrevió a mirar. Contuvo la respiración mientras veía aquella cosa extraña crecer entre sus piernas. Estaba aterrada.
Al notar lo que ocurría, Kuvira rió suavemente, tomó sus manos, y besó su frente. Ella también estaba sorprendida y un poco asustada: esto significaba que ella recibiría el falo dentro de sí, cosa que no había hecho antes. Pero hizo a un lado su propia incertidumbre por un momento.
-Hey, tranquila. Está bien. Es normal- le dijo acariciando sus manos.
-¡No sé que hacer con esto!- gimió Korra sin quitarle los ojos de encima a su pene- Yo pensé... yo pensé. ¡Oh Raava! ¡Yo pensé que ibas a ser tú! ¡No sé que hacer con esto!- dijo entrando en pánico.
Kuvira llevó sus manos a las caderas de su amiga, acariciándola, tratando de distraerla y sacarla de aquel estado de ansiedad.- Mírame- le dijo. Korra la miró y encontró una sonrisa amable. Esa sonrisa sincera que no había visto desde su niñez y que el fuerte carácter de Kuvira mantenía oculta a los ojos de las demás. Esa sonrisa la tranquilizó, y recordó que estaba en buenas manos.
-Sólo mírame- repitió. Su mano izquierda permaneció en su cadera, y la derecha tomó su pene y empezó a acariciarlo suavemente. Korra no pudo sostener la mirada y cerró los ojos. Era una sensasión exquisita. La mano de Kuvira se deslizaba por toda su longitud, apenas rozando las venas resaltadas de aquel falo. Korra tuvo que sostenerse de los hombros de su amiga por que sentía que no podía mantenerse en pie por sí sola.
Kuvira la hizo echarse en el suelo, y se sentó sobre ella con sus piernas a cada lado. Tomó el pene de Korra y lo colocó en la entrada de su vagina- ¿Estás lista?- preguntó. Korra la miró con los ojos muy abiertos- Eso creo- dijo.
Kuvira descendió lentamente, introduciendo el duro miembro dentro de sí. Sintió un dolor agudo y caliente mientras su entrada se estiraba más allá de su capacidad para darle cabida. Descubrió en ese momento que era grueso.
Korra la tomó con fuerza de los muslos, tratando de aferrarse a algo ante la sensasión tan intensa que estaba experimentando. Aquel apéndice que acababa de crecer entre sus piernas se sentía caliente e hinchado.
Se quedaron ahí un momento, sin moverse, acostumbrándose a la sensasión de estar tan íntimamente conectadas. Kuvira respiraba profundamente tratando de olvidar el dolor, mientras Korra contenía la respiración al sentirse estrangulada en aquella vagina tan estrecha. Podía sentir la sangre bombeando a través de sus venas, pulsando fuertemente ahí donde las paredes húmedas y calientes abrazaban su miembro.
Cuando el dolor disminuyó hasta volverse sólo una ligera punzada, Kuvira comenzó a moverse. Se elevó y volvió a caer sobre Korra. La primera vez fue un poco incómoda y en la segunda se deslizó con mayor facilidad. Pronto Kuvira alcazó un ritmo lento y estable y empezó a disfrutar aquella sensasión de llenura con forme aumentaba la fricción. Sus caderas comenzaron a moverse instintivamente, y cada vez que descendía quería llegar más a fondo, más profundo.
Korra no sabía dónde estaba ni quién era. Estaba perdida en aquella sensasión tan intensa, y cada vez que Kuvira descendía sobre ella sentía que algo en su interior se estrujaba más y más. No era capaz de articular palabra alguna, sólo jadeaba erráticamente, tratándo de oxigenar sus pulmones. El placer se estaba volviendo insoportable. Descendió Kuvira una vez más y Korra no pudo evitar levantar a sus caderas a su encuentro, y eso fue todo lo que hizo falta.
No habían pasado treinta segundos cuando Korra sintió contraerse todos los músculos de su cuerpo y expulsar un líquido a través de su pene -¡Ooouuu!- fue todo lo que pudo decir, mientras apretaba fuertemente los muslos de Kuvira y sus caderas se movían de forma involuntaria. Unos segundos después, todo su cuerpo se relajó.
-¡Lo siento,- se lamentó, tapándose el rostro con las manos- no pude controlarlo!- dijo acongojada por no haber aguantado ni un minuto. Kuvira retiró sus manos de su rostro y la besó, lenta y profundamente -Está bien, así es la primera vez- respondió mirándola a los ojos con aquella sonrisa que le era inusual.
HHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH
«Ella quiere volver a casa» pensó Korra.
-Korra-
«No puedo dejarla volver, debo hacer que se quede. Debo lograr que quiera quedarse. ¡Conmigo!»
-¡Korra!-
«Hasta entonces no puedo dejar que sepa que sólo es posible abandonar la isla a través de la costa este»
-¡KORRA! ¡¿Estas escuchando?!- gritó Toph
-¡¿Qué?!, ¡ah, sí, sí, escucho!- respondió distraida
-¿Qué rayos pasa contigo hoy?- dijo Toph.
-Nada, nada. Continuemos con el informe- dijo Korra tratando de concentrarse.
Toph era una anciana más o menos de la misma edad que Katara, era parte del concejo de Sabias honorables, del cual Korra recibía su autoridad como Jefa de la tribu. Estaba visiblemente enojada por la forma distraida en la que Korra se comportaba últimamente.
-¿Qué hay de las armas que encargamos a Zao fu?- preguntó Toph.
-Oh, Su yin me ha dicho que estarán listas en menos de dos lunas. Pero sólo será la mitad del encargo ya que no les hemos dado suficiente hierro- dijo Korra- será necesario comprar un buen cargamento a la Isla de Vaatu el día de Paz- continuó.
-Eso no está bien, tendríamos que esperar hasta el solsticio para poder comprarlo. Es mucho tiempo- se quejó Katara.
Una vez al año, justo después del solsticio, las mujeres comercian con los hombres de la Isla de Vaatu a través de la costa este, la única costa navegable, y conmemoran la paz que se ha mantenido entre ambas islas ya durante casi tres generaciones.
-¿Cómo es que no preevimos esto, Zhu Li?- preguntó Katara.
-No ha sido culpa mía, Maestra - se defendió - yo conozco las necesidades de nuestra tribu: todo lo que se compra y se vende con la Isla de Vaatu y con Zao fu pasa por mis manos y jamás he cometido un error- djio Zhu Li
-¿Y entonces por qué no hemos comprado suficiente hierro el año pasado?- dijo Toph de mal humor.
-La cosecha no fue buena, no teníamos con qué pagar el hierro que hacía falta- dijo Zhu Li.
-Hm... qué problema- dijo otra de las ancianas - supongo que no nos queda más que ir por la mitad de las armas en los próximos días, y volver luego con el hierro que hace falta-
Todas asintieron ante esta conclusión.
Al caer la tarde, Asami y compañía regresaron. La primera en recibirlas fue Korra, que corrió hacia ellas. Dió una palmada en el hombro a Kuvira -Gracias por traerla a salvo- dijo- ¿Hubo algún contratiempo?- preguntó
-No, el viaje fue tranquilo- respondió la Comandante sonriendo, mientras despedía a sus soldados.
Korra abrazó a Asami, elevándola del suelo. Ésta se quejó al sentir la presión sobre su brazo roto. Korra la soltó de inmediato -Lo siento, lo siento. Es que estoy muy feliz de que hayas vuelto- dijo. Sus alegres ojos azules brillaban de emoción. -¿Encontraste lo que buscabas?- preguntó
-Sí, y no- dijo Asami señalando la caja que habían traido de vuelta.
-¿Qué es eso? -
-Herramientas, construir nave-
-¿Nave? -
-Sí, para el mar- aclaró Asami. Korra sintió un frío recorrer todo su cuerpo.
-Oh, hm... No es posible navegar- dijo Korra.
-¡¿Qué?!- dijo Asami mientras Kuvira, en silencio, miraba extrañada a Korra.
-La isla no tiene costas navegables, no hay manera de salir- mintió Korra alzando los hombros apologéticamente. - La isla está rodeada de riscos peligrosos, y en los lugares dónde hay playa las corrientes son mortales-.
El rostro de Asami se ensombreció. Estaba sin palabras. ¿No había manera de salir de esta isla? ¿Se quedaría aquí por siempre? ¿No podía volver a casa? ¿Quién asumiría el mando de Future Industries? ¡Y su padre!, su padre sufriría terriblemente su desaparición: había perdido a su esposa años atrás, y ahora a su única hija. Todo esto era un desastre, era horrible.
-Ven conmigo, debes tener hambre- dijo Korra tomándola de la mano, tratando de sacarla de aquel estado de estupor.
Asami se dejó llevar, estaba cansada y abrumada. Y a pesar del hambre que sentía, comió sin ganas.
Sentada frente al altar junto a Korra, Asami no pudo aguantar más las lágrimas y lloró, lloró amargamente. Korra la abrazó tratando de consolarla, besando su frente.
-No podré volver a casa- gimió Asami
-No llores, no llores- dijo Korra abrazándola más fuerte- te gustará aquí, yo... yo no te dejaré sola-
Sus palabras, su abrazo y su calor trajeron un ligero alivio al tormento de Asami. Se sentía bien estar en sus brazos, y sentir sus labios sobre su frente. Estaba atrapada en esta isla, pero por lo menos estaba en la mejor compañía que pudiera desear.
La noche era cálida, y se quedaron ahí abrazadas un buen rato. La culpa llenaba poco a poco el pecho de Korra. Lo que estaba haciendo estaba mal, muy mal. Era egoista, pero no podía evitarlo. Si hubiera dicho la verdad, Asami abandonaría la isla lo más pronto que pudiera y esto la asustaba. No quería dejarla ir. En cuanto Asami se acostumbrara a la isla y viera lo hermoso que era vivir ahí con ella amándola todos los días, le contaría todo, y entonces ya no querría irse.
No era un mal plan, ¿Cierto?
N.A.: La leyenda de Korra, pertenece a sus respectivos autores. Este es sólo un trabajo de ficción meramente recreativo.
Hey, lxs invito a que le echen un vistazo a mi otro fic Arabian Nights. Está en inglés y mi gramática es un poquillo chafa, pero confío en que el argumento de la historia es suficientemente interesante.
