«If my velocity starts to make you sweat then just don´t let go» (Planetary GO!, MCR)

Ya saben, HHH...

Salud!

Capítulo 11

Si alguien se lo hubiera predicho hace un mes, le hubiera parecido una locura producto de la mente más absurda del mundo. Pero estaba sucediendo, era real. Aquella noche se sentía fuera de sí. Su piel era más sensible que de costumbre y la briza le hacía cosquillas.

Alrededor todo era embriaguez, las mujeres bailaban, reían y cantaban. Algunas incluso se distrían en amistosas luchas cuerpo a cuerpo que terminaban, la mayor parte de las veces, en un acto sexual desenfrenado. Si alguna vez hubiera querido imaginar cómo sería una fiesta dionisíaca, esto sería lo más cercano.

En el centro había una gran algarabía. Se había formado un círculo y las mujeres gritaban de emoción y decían groserías a más no poder. Cuando Asami logró asomar la cabeza para ver que sucedía, vio a Korra en medio de una lucha con su Comandante. El apoyo estaba claramente dividido: unas animaban a la Jefa y otras a Kuvira.

El sudor de aquellos cuerpos producía sensuales destellos a la luz de las antorchas, y sus músculos se veían más acentuados en el juego de sombras. Asami tragó saliva y de pronto sintió una necesidad irresistible de poseer a Korra, de tenerla entre sus brazos, de saborear su piel y escuchar su voz.

Kuvira notó la presencia de Asami y atrapó a Korra con una llave al cuello y susurró algo en su oido, algo que sólo ella pudo escuchar. Korra se liberó inmediatamente del agarre de Kuvira, pero su concentración ya se había perdido y no le tomó a la Comandante más de tres movimientos para hacerla caer en el suelo, terminando así el combate.

La multitud estalló en gritos y carcajadas y se dispersó pronto. Kuvira tendió la mano a su Jefa y al ver que Asami se aproximaba las dejó a solas.

Opal se aproximó a Kuvira, que sonreía ampliamente.

-¿Qué le has dicho para que se desconcentrara así?- preguntó Opal

Kuvira se echó una risilla maliciosa -Le dije que encontré a su novia masturbándose mientras gritaba su nombre-

-¡¿Y es eso cierto?!- quiso saber la aprendiz de médico

-No del todo, pero da igual. Lo importante es que yo gané, jaja- rió Kuvira

Opal golpeó su hombro de forma juguetona.

-¿Vas a unirte a alguien durante esta luna?- preguntó Kuvira

-No, aún no me siento lista. ¿Por qué siempre me preguntas lo mismo?- dijo Opal

-Eres la hija de Su yin, eres como mi hermana pequeña y la primera vez siempre asusta. Así que, cuando decidas hacerlo no dudes en pedir mi consejo- dijo Kuvira

-Lo tendré en cuenta. Debo irme, Kya debe estar atareada en la enfermería. Voy a ayudarle- dijo Opal alejándose, pero Kuvira la tomó del brazo suavemente.

-Hey, de hecho, cualquier problema que tengas, sobre cualquier cosa, no dudes en recurrir a mí, de acuerdo?- dijo Kuvira seriamente, dejando ir su brazo

-De acuerdo- sonrió Opal y se alejó a la enfermería.

-Bien,- dijo la comandante para sí misma- esta es la hora feliz de Kuvira!- dijo caminando de regreso a la fiesta.

HHH HHH HHH HHH

-¿Estas bien?- preguntó Asami

-Porsupuesto! Eso que viste sólo fue un descuido. Kuvira no es más fuerte que yo- dijo flexionando el brazo y haciendo resaltar sus impresionantes bíceps, sobre los cuales se empezaba a formar un ematoma.

-Estás segura? no duele?- dijo Asami acariciándo aquel músculo perfecto.

Sus dedos se deslizaron desde el brazo hasta el hombro, y desde el hombro hasta la clavícula, hasta que finalmente posó su mano en el pecho de la Jefa, y pudo sentir los fuertes latidos de aquel corazón ansioso. Su piel estaba caliente y sudada y podía escuchar su respiración agitarse levemente. Cuando se atrevió a mirar sus ojos azules, el último rastro de conciencia que le quedaba se perdió, hundiéndose en el beso profundo y en el aroma de esta mujer con la que soñaba todas las noches.

Estaba dispuesta, por la irresistible pasión que sentía, a hacer el amor con desenfreno, a desnudarse y mezclar su cuerpo con el de su amante y a no dejar ni un sólo rincón desatendido de aquella piel morena que la volvía loca.

Entre sus piernas la sangre se agolpaba y su sexo comenzaba a empaparse, cuando sintió algo extraño. Una incomodidad, un movimiento ajeno a lo normal en este tipo de situaciones. Algo en su entrepierna estaba creciendo, y Asami entró en pánico.

Korra la distrajo en aquel mismo instante, recordando como había sido su primera vez, acariciando el falo de Asami por encima de su ropa.

Asami se rindió ante la sensación, volviendo a caer en aquel estado de delirio sensual.

-Móntame- ronroneó Korra, enviando exquisitas vibraciones a través de la piel de Asami.

Fue entonces cuando la ingeniera abandonó todo intento de racionalidad. La ropa voló en medio del frenesí. Y Asami se entregó a las necesidades animales de su cuerpo y de su inesperado pene.

Nunca había tenido uno, pero tenía una buena idea de como usarlo. Era como montar una motocicleta, una Satocycle de competición. Era la experiencia más parecida a esto, esto que jamás había hecho antes.

Una vez que te subes, puedes sentir el poder, el control sobre esa máquina compacta y precisa.

Asami se recostó sobre Korra en el suelo, apoyándose en su brazo izquierdo. Bajo ella, la morena la miraba con espectativa y deseo. Asami podía sentir cómo la sangre se agolpaba entre sus piernas, en aquel falo que su cuerpo acababa de producir por la influencia que la luna tenía sobre esta mágica isla y sobre todas las mujeres que la habitaban.

No es una motocicleta de trabajo. No. Es para correr, para competir. La representación pura del deseo de ganar: Motor monocilíndrico con diez grados de inclinación, cuatro tiempos, transmisión de cuatro velocidades. La más eficiente jamás construida. Con sólo 180 Kg y capacidad de 98 centímetros cúbicos, su velocidad alcanza los 162Km por hora.

Asami estaba nerviosa, muy nerviosa. Había crecido un pene entre sus piernas y aunque sabía que hacer con él, la experiencia era completamente extraña y desafiaba toda la lógica que hasta ese día había conocido.

Korra la besó, la besó profundamente y Asami jamás había sentido tanto deseo en su vida. El aroma de la morena era intoxicante. Se separó de sus labios y repartió húmedos besos a lo largo de la piel bronceada de su cuello. No pudo contenerse y la mordió con fuerza.

SATO, se lee en la matrícula.

Korra dejó escapar un gemido de placer y arqueó su espalda. Quería sentir con desesperación la piel de Asami rozar contra la suya.

Su brazo llegó al límite de sus fuerzas y Asami se sentó ahojarcadas sobre la Jefa.

Korra pudo apreciar toda la gloria de su cuerpo desnudo iluminado por la luz de la luna

-Dame tus manos- le dijo Asami. Y korra obedeció de inmediato.

Asami las tomó con su mano izquierda y las besó, para luego llevarlas por encima de la cabeza de la nativa, sosteniéndolas ahí con el peso de su cuerpo.

Es rápida, y para conducirla hay que tener mano firme, adueñarse de ella, domarla. Y una vez que sea tuya te llevará a dónde tú quieras que te lleve. Tiene sus límites, pero eso no la hace menos perfecta.

Asami se elevó ligeramente, y se acomodó en la entrada de Korra, empujando lentamente. Korra arqueó su espalda al sentirse penetrada y gimió cuando Asami estuvo completamente dentro de ella, elevando sus caderas violentamente.

Asami tuvo que hacer todo uso de su fuerza y su peso para mantener a Korra en su lugar. La mujer tenía una fuerza impresionante, pero Asami tenía intenciones de imponer su voluntad, y hacer esto a su propio ritmo.

Es la mejor, la más veloz, la más potente. Sólo le hace falta un piloto que esté a su altura, que saque lo mejor de ella. Más vale maña que fuerza, eso es lo que hace falta para conducir una Sato y no morir en el intento.

Su brazo izquierdo empezaba a cansarse, y se inclinó para besarla de nuevo. Su lengua acariciaba la de Korra con fuerza mientras empezaba a moverse con un ritmo lento.

Las piernas de Korra se aferraron a su cintura en un esfuerzo de sincronizarse con ella conforme Asami aceleraba el ritmo.

Está hecha para alcanzar la velocidad que lleva tu temple al límite, que te hace sudar: no te sueltes! Tienes que aferrarte con todas tus fuerzas. Ésta máquina está hecha para virar y adherirse a la pista. Si no te sostienes, su fuerza te hará caer.

A su pesar, tuvo que dejar sus labios por la falta de aire. Asami se irguió de nuevo, dejándo ir las manos de Korra, las cuales no perdieron tiempo y se aferraron a sus blancos y suaves senos.

Las embestidas de Asami se hicieron cada vez más fuertes, provocando suaves gemidos de su amante, que se mezclaban con los suyos propios.

Ágil, su carrera es fluida y estable, aún así puedes sentirla vibrar entre tus piernas. Puedes oir la fuerza del motor cada vez que cambias de velocidad.

Asami se aferraba a la cadera de Korra, tratándo con todas sus fuerzas, de mantenerla en su lugar. Korra se meneaba salvajemente y Asami sentía que en cualquier momento iba a perder el control de sí misma. No quería llegar antes.

Ya casi estás en la meta, ésta es la recta final. La llevas al límite y la combustión se vuelve frenética y el motor ruge con desesperación. Sientes el tirón, la fuerza con la que arremete hacia adelante casi haciéndote caer y cruzas la meta llena de emoción y adrenalina.

Embistió con más fuerza y más rápido, atendiendo las exigencias de su Jefa, y sintió el orgasmo de Korra aferrarse con ffirmeza a su duro pene, estrujándolo deliciosamente en espasmos frenéticos y poderosos. Y Asami se dejó ir, y sintió que algo explotaba en su interior y se vaciaba dentro de Korra.

Todos tus sentidos están sobreestimulados y alertas. Tu corazón se resiste a calmarse por unos instantes, hasta que finalmente dejas ir el manubrio que apretabas entre tus manos como si tu vida dependiera de ello.

Pasaron unos segundos antes de que ambas volvieran a la realidad. Asami se desplomó sobre Korra, incapaz mantenerse erguida, y la Jefa la atrapó en su fuerte abrazo, acariciándo su espalda y llevándola poco a poco hacia un sueño profundo.

Apagas el motor y su ronroneo cesa. Pero tus piernas aún tiemblan, no sabes si podrás sostenerte. Y el motor tranquilo pero aún caliente, tardará un rato en enfriarse. Sólo queda recostarse sobre ella y esperar a que tu respiración vuelva a la normalidad.

N.A.: Las especificaciones de la motocicleta en cuestión, pertenecen a la Ducati 125 Grand sport, apodada Marianna, producida desde 1955 a 1957, y diseñada por Fabio Taglioni.

La leyenda de Korra, pertenece a sus respectivos autores. Este es sólo un trabajo de ficción meramente recreativo.