Esperando que les guste :)
Muchas gracias por leer :)

Capitulo 13..Quimeras

Siguió corriendo no supo cuánto tiempo más.
Siguió corriendo en medio de aquella nada que le rodeaba.
En medio de aquel lugar donde estaba perdiendo todos aquellos pensamientos repletos de pesar y tristeza que le habían acompañado desde el día en que cumpliera años. Desde el día en que se había despedido Harry de ella. Pero ya no sentía tristeza, ya no sentía pena. Ya las lágrimas que corrían por sus mejillas eran de alegría y felicidad.
No importaba cómo había llegado a ese lugar, no importaba dónde estaba. Lo único que importaba era la figura que tenía que alcanzar… algo que hizo en ese instante.
En su interior su corazón brincó al tocarle, al sentir su contacto…

Y, en aquel instante, cuando ya su mano se posaba en la figura desconocida, volvió a la realidad.
A la oscura y fría realidad donde alguien le llamaba insistentemente.
- Ginny. ¿estás bien?
Alzó la vista, se encontró con la mirada preocupada de Luna frente a ella, y asintió afirmativamente con la cabeza, en un gesto de despreocupación.
- Si, no te preocupes. Sólo… solo pensaba – dijo antes de apoyar la cabeza en el cristal del vagón y ver pasar el paisaje tan rápidamente que sólo se distinguía formas borrosas, colores difusos.
Así había sido desde aquella tarde en el callejón Diagon. Siempre igual: cuando su mano rozaba ligeramente la figura desconocida, cuando empezaba ésta a moverse, a darse la vuelta, alguien reclamaba su atención, impidiéndole ver que más había… y lo más importante, quien era.
Desde entonces, desde aquel día, en sus sueños recorría una y otra vez aquel lugar. Corría y corría hasta quedar exhausta. Corría y corría queriendo llegar más lejos, mucho más lejos de lo que le estaba permitido… y, por desgracia, nunca llegaba a superar ese límite. Nunca llegaba a descubrir quién era la persona que se ocultaba tras esa blanca capucha, quien le esperaba tras la larga caminata. Aquella persona de la cual intuía su identidad pero que nunca descubría si tenía razón o no (mientras, su corazón le decía que siguiera confiando en su instinto)
Habían pasado… ya no sabía cuántos días. Cuántas horas y cuántos minutos desde entonces. Se dejaba llevar por la corriente de la vida. Existía y no existía. Estaba en medio de una nube de realidad… Y ahora volvía a Hogwarts. A un lugar al que no le apetecía regresar, no sin él.

"¿Dónde estás? Sé que no estás muerto, mi corazón me lo dice", pensó al ver pasar rápidamente unas montañas. Este pensamiento se había instalado en su interior desde la primera vez que había "visitado" aquel extraño lugar. Ese lugar donde las lágrimas de tristeza y pena se le habían secado para siempre. Y, a pesar de que todo el mundo le decía lo contrario, ella se negaba a aceptarlo todavía. A pesar de que para todos Harry Potter estaba muerto, algo dentro de ella rehuía aquella afirmación. Algo le decía que no tenían razón.
Las pruebas estaban ahí: la desaparición de Voldemort, las no-noticias durante días… todo señalaba hacia esa dirección, y ella, Ginny, era la única que iba contracorriente. Luchando contra el resto del mundo. Mientras todo la gente le decía que aprendiese a mirar hacia delante, que aceptase las cosas como eran, ella se resistía, aunque ahora lo hacia interiormente, mostrando a los demás la cara que querían ver, el rostro de la Ginny que ellos querían ver.
"¿Dónde estás Harry?"
Y las montañas, los ríos, los campos seguían pasando frente a sus ojos rápidamente.

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- Es demasiado extraño – le comentó Ron a Hermione mientras andaban juntos por los pasillos, en su ronda de inspección del tren – Siento que… que no me merezco nada de lo que tengo. Demasiado ha costado – añadió cerrando la puerta de un compartimiento vacío.
- Sé lo que quieres decir – le respondió ella, estrechándole la mano, dándole su apoyo. Ambos tenían que ser fuertes, no derrumbarse a pesar de todo lo que sufrían en su interior – Tenemos que seguir adelante.
-Este año va a ser muy diferente – dijo apoyándose pesadamente en la pared – Quisiera que no me hubieran dado la plaza del capitán del equipo. No quiero hacerlo. No puedo, Hermione. No puedo.
- Mírame. Vamos a superarlo juntos¿lo entiendes? Él era mi mejor amigo también. Hasta que no recibiste la carta estabas bien, continúa de esa forma, por favor – le suplicó cogiéndole la cara entre las mano y mirándole a los ojos – Si tú caes, lo haré yo. Y es una caída demasiado dura. Ron, por favor.
- Lo siento Hermione. Perdóname. No lo volveré a hacer – y como remedio para sus lágrimas, la atrajo hacia él y le abrazó cariñosamente. Había perdido a una persona muy importante para él… y no quería perder a la otra. Si, tenían que seguir adelante. Tenían que hacerlo sin caer. Seguir adelante.

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El paisaje fue cambiando y transformándose poco a poco. Ligeramente dejaban atrás las montañas y se acercaban hacia un lugar muy familiar para todos ellos. Las caras de los viajeros se pegaban a las ventanillas mientras entraban en aquella otra estación, bastante diferente de la que habían salido. Allí no había padres ni familiares despidiéndose, ni siquiera había nadie agitando un pañuelo y diciendo adiós. Allí sólo se encontraba una persona esperando la llegada de todos ellos: Hagrid, guardián de las llaves y terrenos de Hogwarts, el único adulto presente, el único que les recibía en aquella llegada a la estación. Un nuevo curso comenzaba en ese mismo instante, cuando el primer niño bajó del tren. Un nuevo curso, un nuevo año escolar, muy diferente de los anteriores, demasiado diferente.
Todos los años ocurría lo mismo y todos los años era distinto: mientras los alumnos que ya habían asistido al colegio el año anterior descargaban sus baúles y equipajes y se disponían a acercarse a los carruajes que les esperaban, los que llegaban por primera vez a ese mágico lugar se agolpaban en torno al semigigante, ansiosos, expectantes por ver que les depara aquel sitio del que tanto habían oído nombrar: el Colegio de Magia y Hechicería Hogwarts.

Destacando entre todos aquellos alumnos de primer año, abriéndose paso entre ellos, dos jóvenes se acercaban al adulto. No estaban preocupados por sus equipajes puesto que los llevaban en los bolsillos de las túnicas: ya habían cumplido la mayoría de edad y podían utilizar la magia sin problema desde hacia varios meses.
- Ron, Hermione… no… no saben que alegría veros de nuevo– dijo Hagrid en cuánto les divisó, y con lágrimas en sus ojos, los tres se fundieron en un efusivo y sentido abrazo – Lo… lo… lo siento tanto… No saben cuánto… cuánto…cuánto… No… no… no pude hacer nada. No pude evitarlo… Yo… yo… yo…
- Hagrid, tú no podías hacer nada. Nadie podía hacerlo – le consoló Hermione apartándose ligeramente del fuerte abrazo del semigigante. A pesar de que todo su cuerpo se quejaba ahora del apretón, no dejó que su cara reflejara cualquier sensación de dolor – Tuvo que suceder así. Nadie podía saber que… Ni siquiera creo que Dumbledore lo sabía.
- Y… ¿Cómo está?... ya saben… él era… bueno, era muy especial para todos… pero para ella lo era más… él era… ya saben… ¿cómo se encuentra?
- Ginny está… – le contestó Ron, sabiendo que era a su hermana a quien se refería Hagrid – Intenta superarlo, pero… - se volvió ligeramente a tiempo para ver como la mencionada bajaba por la escalera, arrastrando su baúl, y ayudada por otras dos personas, Luna y Neville, que desde que la habían visto en el tren no le dejaban sola un segundo – Tardará tiempo en volver a sonreír… como todos – finalizó, aunque su voz se quebró ligeramente al terminar.
El sonido del tren hizo terminar bruscamente aquella emotiva reunión. Ya era hora de volver a la realidad, a los quehaceres cotidianos, y seguir adelante. A la rutina y a los deberes.
- Bueno… muchachos, me alegra volver a veros – intentó sonreír Hagrid. Una sonrisa triste y llena de lágrimas – Ahora… ahora tengo que llevar a los de primer año por el lago – echó un vistazo a los temblorosos niños que esperaban agolpados a un lado del andén – Esta vez va a ser muy duro ver el castillo acercarse… Nos vemos allí entonces – se despidió de ellos, y dándoles un ligero toquecillo en el hombro (toquecillo para él, puesto que tanto a Ron como a Hermione les hizo tambalearse ligeramente en el sitio), se dirigió a los alumnos nuevos que le esperaban.
- Nuestro último año – dijo Hermione al ver el carruaje que les esperaba a ambos, el único que ahora estaba allí de todos los que habían estado esperando antes. Ella, al igual que Ron, veía un vacío en el lugar donde se suponía que estaban los caballos. No se observaba nada allí, pero sabían que había algo que tiraba de los carruajes. Thestals. Un misterioso animal al que sólo veían los que habían visto la muerte de cerca. Ninguno de ellos habían tenido esa ocasión y por ello no podían ver el aspecto del animal… y a pesar de ello habían montado encima, habían volado y cabalgado por las nubes en sus lomos. Recordó con pesar aquella ocasión, cuando fueran al Ministerio de Magia en pos de una quimera, de un sueño que no había sido sueño. En busca de un rescate que se había convertido en tragedia… y en descubrimiento de una profecía.
- ¿Piensas que podríamos haber hecho algo? – preguntó de repente Ron subiendo al carruaje, recordando la conversación con el semigigante.
- ¿Crees que si?
- No – le contestó él apenado – No podíamos saber.
- Nadie lo podía saber – No, no podían haber evitado aquella desgracia. Nadie lo podía haber hecho. Nadie podía haber previsto que aquello, justamente aquello, iba a suceder – Nadie – volvió de decir mientras se sentaba y cerraba la puerta

- Por cierto, no he visto a Malfoy en todo el viaje. Que pena, aunque así me ahorro de dimitir de mi cargo y la expulsión por partirle la cara a ese "hurón" – volvió a decir Ron al cabo de un rato. Algo tenía que hacer, no soportaba estar callado ni pensativo, pues la tristeza si no se apoderaba de él.
- No puedes hablar en serio
- No, hablaba en broma – respondió irónicamente – Ellos han sido los causantes de todo. Ellos le han asesinan…
- Ron… -le interrumpió Hermione apoyándole un dedo en su boca ligeramente para que callase y en sus ojos resplandecía un ligero enfado – Nadie pudo evitarlo.
Para evitar más discusiones se dispuso a mirar a través de la ventana, al paisaje que pasaba rápida y fugazmente… las montañas que él nunca vería más. Harry había sido más que un amigo para ella, había sido un hermano. Para ella, para los dos. Y, aunque no exteriorizara su pena como lo hacia Ron a través de su enfado manifiesto, aunque no llorara como lo hacia Ginny… ella lo echaba mucho de menos, tremendamente sentía su vacío a su lado, en el vagón, en el carruaje. Sentía que le faltaba algo muy importante. Ahora todo era muy distinto a como había sido antes… antes de separarse…

Con aquellos pensamientos se reclinó ligeramente, en el carruaje y justo cuando se sentía pensativa (algo le rondaba la mente, no podía decir que era, pero algo no le dejaba tranquila desde que viera, mejor dicho no viera aquellos invisibles thestals) sintió como el vehículo trotaba al mismo ritmo de siempre. Volvían a Hogwarts. Volvían al colegio… pero no volvían todos. Se recostó ligeramente sobre Ron, sintiendo su presencia acogedora y protectora rodeándole y, poco a poco, sus ojos se fueron cerrando. El ruido monótono de las ruedas al golpear el suelo, el silencio que había en el lugar, la tranquilidad que existía hicieron que se sumergiera pronto en la inconsciencia que existe antes de llegar al sueño.
A muchos metros por delante de ellos, en otro de los carruajes, otra escena parecida se desarrollaba: una persona se apoyaba lentamente en el cristal de una ventana y dejaba que el sueño se apoderara de ella.

El trinar alegre y desenfadado de los pájaros hizo que esbozara una gran sonrisa incluso antes de abrir los ojos y comprobar que se encontraba de nuevo en aquel lugar, en su paraíso secreto. En el lugar donde todo era bueno, donde no tenía cabidad la maldad. Donde él estaba siempre a su lado.
Se levantó del suelo y se puso a correr.
Sabía hacia dónde se dirigía.
Sabía a quién encontraría allí.
A unos metros de ella, escondida entre las sombras que le proporcionaban los frondosos árboles, se encontraba alguien que nunca antes había estado en ese lugar, existía una persona que observaba todo con ojos de sorpresa… un testigo inesperado.

Ahora ya conocía el camino muy bien a pesar de que sólo había estado allí unas poca veces, siete contando esta ocasión. No hacia falta mucho más, aunque su corazón le hubiera guiado si llegara el caso… pero no hacia falta: su cuerpo ya conocía el camino, sus pies iban solos, caminando por entre los árboles, acercándose a su objetivo. A él.
- Ya no estás triste – le dijo al verla, con aquella sonrisa alegre e inconfundible en su cara.
- Ya no lo estoy – le respondió abrazándose a él con todas sus fuerzas – Ya nunca más lo estaré.
- Yo… - pero no pudo terminar su frase, pues unos labios acallaron sus palabras. Unos labios que llevaban tiempo sin probar su sabor, unos labios ansiosos no de palabras sino de amor. De él. Y él… él no se quejó, nunca lo haría.

La acercó más hacia su cuerpo, la abrazó con todas sus fuerzas. No quería que nada de aquello terminase, no quería que la ilusión se esfumase, desapareciese. Que todo se convirtiera en un agradable y efímero sueño… como todos los anteriores.
- Estoy siempre a tu lado, Ginny – susurró Harry cuando se detuvieron un momento para tomar aire. La miró detenidamente apartándola ligeramente. Vio aquellos ojos castaños que le habían enamorado, aquella cascada rojiza que le caía por la cara, aquella mirada que hacia que perdiera el rumbo y no pensara en nada más que en ella. ¿Cuánto hacia que empezaron a estar tan juntos? No lo sabía. Quizás no llegara a los seis meses, pero habían sido los meses más maravillosos de su vida… hasta que se separaron. Hasta que el Destino actuó en contra de su Amor – No voy a dejarte nunca
- Pero no estás ahora conmigo. No estás…
- Lo estoy. Siempre estoy a tu lado… Siempre…
- Sabes lo que quiero decir – le interrumpió ella, abrazándole fuertemente, queriendo que aquel sueño no terminase nunca, que la visión no se borrase y él desapareciera de su lado. No queriendo ir al duro presente, queriendo quedarse para siempre en ese sueño que siempre, siempre parecía ser tan real.
- Ginny – susurró él con cariño y amor infinito, abrazándole, acariciándole con ternura la espalda, sintiendo las lágrimas de ella deslizarse por su ropa.

Y siguió llorando cuando abrió los ojos en el carruaje. Y, a través del velo húmedo que le cubría los ojos, pudo ver la imagen distorsionada de un castillo: ya habían llegado a Hogwarts.

- A estas horas ya habrán llegado al castillo – dijo Sirius mirando el atardecer apoyado en el cristal de la ventana… – Nunca pensé que la esperanza fuera la peor condena que uno puede tener – sentenció dándose la vuelta al ver desaparecer los últimos rayos de sol tras las montañas - ¿Qué tal va todo?
- Iría mejor si ayudaras más y no te pasases todo el día pensando, Black – le dijo una voz con desdén desde el marco de la puerta.
- No estaba hablando contigo, Snape. ¿Y bien, Remus?
- Seguimos igual. Sin varitas no podemos hacer nada contra la barrera que nos retiene aquí – le dijo éste desde detrás de varios libros que estaba examinando – Por cierto, Voldemort estaba muy obsesionado con la idea de la inmortalidad – añadió bajando el tomo que había estado leyendo y mirando hacia Sirius – Aquí habla sobre unos objetos y sobre partir el alma en varios trozos para conseguir vivir eternamente…
- Pero nunca lo llegó a hacer – le interrumpió Severus depositando varios libros más en la mesa – Nunca llegó a descubrir como funcionaba todo el proceso.
- Menos mal. Porque… imagínate: tener trozos de Voldemort repartidos por todo el mundo. Eso si que sería una pesadilla. No quiero ni imaginármelo…
- No gracias, ya tenemos suficiente tormento con uno – dijo Sirius sentándose a la mesa y agarrando uno de los tomos que había traído Severus… mientras le lanzaba una dura y desafiante mirada a éste.
- Quedamos que nada de peleas – les interrumpió Remus desde detrás de su libro. Sin haber visto nada ya se podía imaginar en que actitud se encontraban. Las rencillas del pasado no eran tan fáciles de borrar y olvidar, aunque eso si, ahora podían estar en la misma habitación sin hacerse daño mutuamente, sólo lanzándose amenazas de forma verbal, sin llegar a las manos… y eso era bastante.
- En cuanto estemos fuera…
- Cállate Black y sigue buscando – le cortó Severus Snape agarrandole el libro que éste tenía en las manos (y uno de los que él había traído) y yéndose al otro extremo de la habitación para seguir buscando información.
- Cada día está más insoportable.
- Cada día estáis más insoportables – corrigió Remus y dio por concluida la conversación.
Con un suspiro de resignación, Sirius se sumergió en aquella maraña de palabras sin sentido, de aquellos libros que habían encontrado en una de las salas de la mansión, por si podían averiguar la manera de salir el lugar… o de utilizar la magia, ahora que no disponían de varitas. En algún sitio tenía que existir alguna respuesta para sus problemas. En algún sitio.

- Un nuevo curso comienza. Un nuevo año escolar. Este año no será como los demás. Ya nunca más existiría el temor al futuro, el desconcierto ante lo que va a pasar al día siguiente: la segunda guerra ha concluido. El mal ha sido vencido… llevándose con ella a dos personas muy preciadas y valiosas de Hogwarts – Minerva McGonagall, actual directora del colegio, se detuvo un momento en su discurso, y miró hacia las paredes, hacia el techo, donde colgaban pendones negros, símbolos de lo que todos sabían. El luto todavía no había acabado, seguiría durando mucho tiempo en ese lugar, donde siempre se les recordaría. Se detuvo un momento al volver a pensar en todo aquello, al mirar las caras de los estudiantes, de todos ellos que ahora aguardaban y escuchaban con atención sus palabras. Ahora sentía la gran responsabilidad que conllevaba aquel cargo. Tomando aire, continuó con su discurso, tantas veces ensayado y con el que tantas veces se había emocionado al recordarlo, y lo mismo sucedía en aquella ocasión, cuando le constaba grandes esfuerzos contener las lágrimas al decirlo a la multitud silenciosa que le escuchaba.
- La noche del día 11 de agosto, Voldemort – y pronunció el nombre sin miedo, tal y como le había enseñado su precesor en el cargo, no había que temer decir el nombre de las cosas, pues aquello aumentaba su miedo. Aquella lección había sido dura – fue derrotado y destruido… y también Albus Dumbledore y Harry Potter murieron esa noche – escuchó como un sollozo se oía más que los demás al escuchar pronunciar aquellos nombres… y después la puerta del comedor siendo cerrada con fuerza. No tenía que imaginar mucho quien sería la persona que había abandonado el lugar… tarde o temprano lo iba a hacer… y aguantar hasta ese instante demostraba que era tremendamente fuerte. Sintió un gran orgullo porque esa joven pertenecía a la casa que ella había llevado tantos y tantos años. Dejando tras de sí aquellos pensamientos, continuó con el discurso:
- El mayor mago que nunca ha pisado la faz de la tierra, el mejor director que nunca había conocido la escuela de magia y hechicería Hogwarts. Brindemos por él – levantó el vaso frente a ella – y brindemos también por Harry, un joven que tuvo una vida difícil y al que el destino no ha dejado disfrutar de lo que ahora disfrutamos nosotros. Brindemos por ambos y alegrémonos: ya están descansando en un lugar mejor – alzó su copa hacia el techo, gesto repetido por todos y cada uno de los asistentes. Y bebieron a la salud y a la memoria de aquellas dos personas que habían hecho lo correcto. No lo fácil, no lo sencillo sino lo que había que hacer, lo correcto, a pesar del precio pagado.
- Por ellos – un grito unánime se escuchó y las velas que flotaban sobre los alumnos y profesores aquel día de principio de curso se fueron apagando poco a poco, hasta quedar la forma de un glorioso fénix flotando sobre todos ellos. Después, la ilusión se desvaneció y sólo quedó el recuerdo de aquella visión en la mente de los que la habían observado. Una visión que nunca nadie olvidaría.
Poco a poco, tras ese brindis, las mesas se fueron vaciando. Todo el mundo iba de camino hacia sus habitaciones, siendo guiados por los responsables de ellos.

- Este año no tendremos rivales para la copa de quidditch – comentó alguien mientras se levantaba de la mesa de Gryffindor – Que pena que tenga los TIMOS si no, no dejaría el equipo. Mis padres piensan que este curso me tengo que centrar en los estudios más que nunca y que…
- ¿Qué dices Andrew? – le interrumpió Ron al escuchar, por casualidad, parte de la conversación. En su túnica, al lado de la placa de prefecto, relucía la de capitán del equipo de quidditch de la casa Gryffindor. Algo que había deseado desde su primer año… y algo que odiaba ahora con toda su alma por la forma en que había llegado a sus manos.
- Ah¿pero no te has fijado?
- ¿Fijarme en qué?
- Mira la fila de los Slytherin – y con un gesto señaló a los alumnos que se encaminaban hacia las mazmorras, el camino típico hacia las habitaciones de esa casa.
Ron se volvió, y fue entonces cuando se dio cuenta y pudo observar la poca cantidad de personas que tenía aquella casa actualmente: casi la mitad eran los niños que habían entrado nuevos aquel año.
- ¿Cómo¿Dónde está el resto? – dijo atónito. Justo en ese instante es cuando se daba cuenta de aquella notable ausencia, de lo tranquilo que había sido el viaje en tren, de las nulas peleas que habían tenido que parar, de la no presencia de los conflictivos Slytherins.
- A mi no me preguntes, nadie sabe nada – le contestó Andrew Kirke – Pensaba que os habían dicho algo pero veo que estás tan sorprendido como todos. Va a ser un año muy tranquilo.
- Va a ser un año muy raro – murmuró Ron cuando se quedó solo en el Gran Comedor y siendo el último en salir del lugar, por delante Hermione ya se había encargado de guiar a los demás rumbo a sus aposentos.

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- ¿Has visto que pocas "serpientes" hay este año, Hermione? – dijo pensativo Ron nada más sentarse en uno de los sillones frente a la encendida chimenea, justo al lado de ella. Acaba de llegar y por más que pensaba y pensaba no encontraba explicación para aquel asunto tan extraño. Todos los pasillos parecían extraños, con mucho silencio, con mucha tranquilidad. Nunca había imaginado que su último año en el colegio fuera de aquella manera. Ni en sus más absurdos sueños o pesadillas.
- Uhm… ¿qué? – le contestó Hermione, volviendo el rostro hacia él, como si no le hubiera visto llegar, tan absorta en sus pensamientos estaba que no se había dado cuenta de nada.
- Malfoy, Crabbe, Goyle, Bulstrode, Davis, Greengrass, Nott, Parkinson, Zabini… nadie de nuestro curso. También casi todos de sexto, quinto y cuarto año – empezó a enumerar Ron con los dedos: había tenido tiempo para ello – Excepto Baddock y Pritchard de tercero no he visto a nadie de su curso. De segundo también hay varias ausencias. De los más pequeños están todos, o eso creo.
- ¿Piensas que tendrá relación con los que ha sucedido con los mortifagos?
- Me apostaría veinte galeones a que sí. Por lo menos en el caso de Malfoy. Ese no hay duda de que es un mortifago… o por lo menos un aprendiz que… - pero Ron no llegó a terminar la frase pues de repente Hermione se había puesto a murmurar algo frente al fuego… aunque no sabía si se refería a lo que estaba diciendo él o a qué era que se refería - ¿Hermione?
- Ah, perdona Ron, mañana nos vemos. Tengo que pensar… y estudiar sobre algo – y, despidiéndose con un ligero beso en los labios, se encaminó hacia las escaleras que le llevaban hacia sus habitaciones… con el rostro bastante pensativo...
- ¿Estudiar? Pero si acabamos de empezar el curso. Todavía no nos han mandado nada… – exclamó Ron casi corriendo detrás de ella cuando se dio cuenta de lo que ella le había dicho en último lugar… y no se acordó de las "medidas de protección" de las que gozaban esas escaleras (las de acceso a las habitaciones de las chicas) hasta que no estaba a mitad de recorrido. Aterrizó bruscamente de nuevo en la sala común y tomando nota mentalmente para preguntarle a la mañana siguiente sobre esa cuestión… aunque por los sucesos que iban a ocurrir no se acordaría de aquello hasta mucho, mucho tiempo después.

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El despertar del primer día del nuevo curso fue bastante duro. Levantarse y comprobar que la habitación era diferente a cómo había sido en los últimos seis años, comprobar que una cama faltaba… comprobar que, en ese mismo lugar, la ausencia se notaba mucho más. Con pesar, se puso a sacar la ropa de su baúl, dando la espalda de forma intencionada a esa cama que ya no estaba.
- Es duro ¿verdad? – dijo una voz a su lado
- ¿El qué?
- Ron, no mientas, sabes a qué me refiero – le contestó Neville sentándose en el suelo a su lado – Aunque intentes ignorarlo, nada va a poder cambiar.
- Lo siento, no me apetece hablar.
- Algún día tienes que aceptarlo del todo. Sé que intentas dar la imagen de duro, de que no te afecta pero… te sigues sintiendo culpable por algo…
- No es cierto – le interrumpió bruscamente Ron, con la cara enrojecida a causa del enfado.
- ¿No?. ¿Y por qué no quieres aceptar que se ha ido para siempre? – Neville seguía a su lado, no se había movido ni un milímetro… a pesar de tener la varita del pelirrojo apuntándole directamente al pecho amenazadoramente.
- Yo… yo… Lo siento… - Ron bajó la varita hacia abajo, asimilando la derrota – Tienes razón. Pero es duro saber que las últimas palabras que le dijiste a tu mejor amigo antes de que muriese fuesen de enfado hacia él. Me hubiera gustado no quedar peleados. No haberle dado una bofetada. No tener ese acuerdo tan desagradable de mí… Si lo hubiese sabido yo… yo…
- Eh, chicos – irrumpió de repente Seamus en la habitación - ¿Os habéis enterado? – dijo tirando la mochila encima de su cama… aunque después vio a sus dos compañeros en el suelo y por la cara de Ron comprendió que podía haber pasado. Él también se sentía un poco mal en la habitación, por ello se había vestido muy rápidamente y bajado a la sala común… donde se enterara de las noticias – Lo siento, ya me voy – añadió recogiendo las cosas y disponiéndose a salir del lugar de nuevo.
- No pasa nada ¿Qué querías? – le preguntó Neville levantándose del suelo y agarrando la mochila que tenía a su lado. Ron, a su lado, ya había acabado de sacar los libros y los estaba amontonando.
- No tenemos clase hasta esta tarde.
- ¿Por?
- Tienen que reestructurar los horarios…
- A causa de los pocos Slytherin que hay ¿verdad? – intervino Ron de repente, acordándose de lo visto en el comedor el día anterior – No hay ninguno de nuestro curso
- Si, debe de ser por eso. No pone ninguna razón, pero ahora que lo pienso puede ser. Ah, y sigo diciendo que hemos perdido con el cambio – añadió dirigiéndose a Neville como si aquella conversación ya la hubieran tenido anteriormente – Sigue sin gustarme nuestra nueva jefa de casa.
- Ya sabes lo que pienso de ella.
- ¿De que habláis ahora?
- Ron… ¿no te fijaste en la carta?
- La carta era como siempre: los materiales, la bienvenida, etc, etc…
- No, esa no – dijo Neville, señalándole la insignia que tenía en el pecho, la del capitán del equipo de quidditch – Esta. Nosotros lo vimos anoche. Pensábamos que tú ya lo sabías.
- No – contestó sinceramente. No había tenido mucho tiempo para pensar en aquello cuando vio descender la insignia sobre su mano, había sido todo tan duro desde aquello… y más cuando, con aquella muestra más, se reafirmaban en la idea de su muerte.
- Mira la firma. Ya verás que no podía tocarnos una jefa de casa peor.
- No creo que nos haya tocado alguien muy malo… – empezó a decir buscando la carta en su baúl. Por fortuna no estaba muy lejos… y se interrumpió cuando logró encontrarla y ver la firma que existía al final de ella – No. No puede ser ella. Tiene que ser una broma – balbuceó al leer la carta.
- Si. Bienvenido a la nueva casa Gryffindor.

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No podía ser. Sencillamente era imposible que McGonagall estuviera tan desesperada para nombrar a aquella mujer como jefa de la casa de Gryffindor. Y más conociendo como se conocía la mala relación entre ambas. Algo tenía que haber sucedido. Era… era… sencillamente algo imposible de creer. Pero no, ahí estaba: en la carta, en los comunicados de la sala común, en todas partes donde antes estaba la huella de McGonagall… ahí estaba ella.
Y ahora aquella notificación de reunirse con los prefectos de su casa.
¿No se lo podían haber dicho antes… o no se podía haber dado cuenta antes él¿Justo antes de subir al tren? Así no hubiera tenido que soportar aquel año con aquella mujer. Bien podía no haber ido a Hogwarts aquel último curso, no pasaba nada si no se hacia (según sabía, varios compañeros de otras casas no regresaban ese año voluntariamente) La suerte era que ya no daba clases con ella. Si, aquello era una verdadera suerte. Pero ahí estaba el problema de verla cuando le llamase.
Los vapores que emanaban del despacho le llegaron cuando le faltaban varios metros. ¿Qué podía haber sucedido para que cayese aquella desgracia sobre Gryffindor?

- Ah, bienvenido señor Weasley. Las cartas me indicaron que iba a llegar a esta hora – dijo la profesora Trelawney abriéndole la puerta de repente, justo en el instante en que alzaba la mano para llamar – Pase, pase.
"Si ha sido usted quien me ha llamado" pensó irónicamente Ron entrando y apartando las cortinas que caían del techo. El humo le hacia lagrimear ligeramente y, a pesar de la poca luz que existía en el lugar, pudo distinguir al fondo las tres sillas que había, una de ellas ya ocupada.
- Te has levantado más pronto que yo, Hermione
- Siempre lo hago – le susurró ella en el mismo tono de voz, y, bajo la mesa, le apretó ligeramente la mano. Por el modo en que se comportaba, supo que ella había tenido las mismas preguntas que él de camino hacia el lugar.
- Bien, niños. Me alegra veros. Las brumas del futuro me han indicado que este año va a ser muy especial para todos – dijo Trelawney sentándose frente a ellos dos, una miniatura del Sistema Solar contenida dentro de una campana de cristal giraba lentamente a su derecha.
"Como si no supiera que ha sucedido" fue el pensamiento que cruzó por la mente del pelirrojo "No hay que ser muy listo para saber eso"
- Las cartas me dicen que van a suceder muchas cosas este curso. Cosas inesperadas – seguía diciendo ella mientras ponía una a una cartas encima de la mesa, frente a la pareja – Y esta carta – les mostró el dibujo de un planeta, bajo él se leían las palabras "El Mundo" – y con esta carta es como va a empezar todo. Todo finaliza y empieza con ésta – terminó de decir antes de recoger el montón y levantarse de la mesa – Ya se pueden ir, he terminado con ustedes. Sigan como hasta ahora, hacen bien su trabajo. Ah, y señor Weasley, enhorabuena por su nombramiento.

- Cada día está peor – dijo Ron cuando ya se habían alejado lo suficiente del despacho para que la profesora no les escuchase – No sé quien habrá tenido la feliz idea de nombrarla jefa de nuestra casa. Mira que llamarnos sólo para mostrarnos una carta en concreto.
- Sus razones habrá tenido – le contestó pensativa Hermione – Nos vemos en la comida, tengo que irme a la biblioteca – y rápidamente echó a correr rumbo hacia allí, dejándole en mitad del pasillo, solo y atónito por todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor.

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- Bienvenidos a mi clase, Defensa contra las Artes Oscuras. Puede que ahora veáis esta asignatura como una pérdida de tiempo. Y puede parecer así, teniendo en cuenta lo que está ocurriendo en estos momentos en el mundo – Alastor Moody se paró un momento en su discurso, justo a tiempo para ver como una persona entraba rápidamente en la clase, toda corriendo y roja por el esfuerzo – Bienvenida señorita Granger – le saludo – pero lamento comunicarle que su llegada – miró el reloj – un minuto tarde ha supuesto diez puntos menos para Gryffindor.
- Lo siento profesor, no volverá a suceder – se disculpó ella, sentándose rápidamente al lado de Ron.
- Bien, me alegra oír eso. Como iba diciendo, quizás piensen que esta asignatura no les sirva de nada, pero nunca sucede nada malo por saber. ¿Si, señor Boot?
- ¿Cree usted que va a regresar?
- ¿Voldemort? No lo sé. Ya ven que sucedió cuando terminó la primera guerra: casi todo el mundo pensaba que Voldemort estaba destruido totalmente y varios años después…. – dejó en suspensión el resto de la frase, pero todo el mundo supo lo que quería decir.
- Pero esta vez…
- Esta vez no ha sido muy diferente de aquella, señor Boot – le interrumpió Moody apoyando las manos en su pupitre bruscamente – El mal siempre encuentra una salida… igual que el bien. Por eso tenemos que poner la máxima atención en los hechizos que les voy a enseñar este curso. Nunca se sabe que va a suceder en el futuro – el viejo auror se encaminó hacia los primeros pupitres del aula con paso lento – Nunca se sabe – volvió a murmurar antes de darse la vuelta y dirigirse de nuevo a sus alumnos – Bien, ya sé que todos ustedes han visto las Maldiciones Imperdonables… saben que efectos producen y, si se puede, como evitarlas. Y si, ahora yo soy el verdadero Alastor "OjoLoco" Moody – añadió recordando lo sucedido varios cursos atrás.
- Este curso iremos un poco más allá. Veremos como luchar contra seres sobrenaturales, romper maldiciones, enfrentarnos a lo desconocido. Nos adentraremos en la rama de la magia de la que nadie quiere saber nada. ¡Y – exclamó de pronto, haciendo que todos se sobresaltasen en sus asientos – conoceremos los secretos del mal! Para vencer a tu enemigo debes comprenderlo profundamente – se señaló hacia su ajada cara – para que sólo se lleve de ti un trozo de carne, no la vida.
- Bien, empecemos¿que saben sobre… las Khimairas? – una mano se alzó rápidamente – ¿Si, señorita Granger?
- Khimairas es la palabra griega que denomina a las quimeras. Su aspecto es una mezcla de varios animales: cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de dragón. Solo existe un caso de alguien que haya podido matar a una quimera, aunque murió poco después debido al esfuerzo. Tiene la máxima clasificación de peligrosidad según el Ministerio de Magia.
- Perfecta la definición de las Quimeras señorita Granger, cinco puntos para Gryffindor. Aunque hay una razón por la que he dijo Khimairas y no Quimeras… - Alastor Moody se dirigió hacia la parte de delante de la clase – Y es porque las Khimairas son más peligrosas que sus parientes griegas. Tan peligrosas que sólo mirarlas puede llevar a la locura. Tan peligrosas que incluso el Ministerio quiere negar su existencia… Y este curso vamos a enfrentarnos a una. Quien no logre derrotarla suspenderá y no le dejaré presentarse a los EXTASIS – dijo de forma tajante en el mismo instante en que la clase terminaba.

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Los días fueron pasando, más rápidamente de lo que se habían imaginado. Entre trabajos, deberes y diversos quehaceres, cuando se quisieron dar cuenta ya estaban a mitad de septiembre.
- Cómo pasa el tiempo – dijo Ginny parándose y mirando melancólicamente el reloj con las puntuaciones de cada casa. Las perlas, verdes, azules, amarillas, y, finalmente, las rojas como sangre de Gryffindor. Todas estaban igualadas, excepto las verdes, que no habían avanzado casi desde el mismo día de comienzo de curso. Era extraño: después de varios cursos en que siempre pasaba algo, tener una tranquilidad total en el castillo. Y un mes había pasado desde aquello. Ya un mes. Como pasaba el tiempo.
Cerró los ojos, quiso imaginar la escena de otra manera: verse a sí misma mirando los relojes, pero con alguien al lado, abrazándole, protegiéndole, no rodeada de pendones negros. Pero no, no podía ser. Su sueño no se podía hacer realidad. Y sentía frío en su cuerpo. Aunque todavía pensaba que él estaba, de alguna manera, vivo, cada vez más el calor se le estaba yendo de su cuerpo. Sólo le apetecía echarse a dormir, a soñar. Vivir lejos de aquel presente que no tenía ningún sentido.

Y, una vez más, al abrir los ojos, volvió a encontrarse en medio de aquel lugar misterioso, en aquel pasillo blanco y cegador. Se encontraba abrazándose a sí misma, en la misma posición en la que había estado cuando mirara los relojes con las puntuaciones. Pero ellos ya no estaban allí. No había nada. Sólo la inexpugnable claridad.
- Ginny – escuchó, por primera vez tras tantas y tantas visitas al lugar.
Sabía lo que tenía que hacer, siempre era lo mismo: correr y correr, correr hasta que la figura blanca apareciese ante ella, de espaldas, escondida su identidad. Correr y correr hasta que sus manos le rozasen… y después, la dura vuelta al presente. Pero siempre tenía aquella esperanza en su interior: el llegar un segundo antes de que le llamase alguien, en descubrir su identidad.
- Ginny – volvió a escuchar… y aquella voz le era en parte muy conocida.
El calor perdido regresaba a su cuerpo con cada paso que daba hacia la lejana figura… que cada vez estaba más cerca. Mucho más cerca.
Ya estaba casi a su lado.
La figura empezó a darse la vuelta, muy lentamente… y, como había temido, sintió la sensación familiar de que alguien le llamaba, y abandonaba aquel lugar. Otra vez sucedía lo mismo, otra vez, a las puertas, se quedaba sin descubrir quien era la figura escondida.
- Te he estado esperando… - escuchó débilmente en su mente mientras todo se difuminaba y desaparecía… y, al final, cuando ya todo era una mancha de blanco y luz, un color destacó sobre todo. Un color bastante diferente al blanco. Muy diferente.

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Octubre llegó rápidamente y sin avisar. Los árboles perdían sus hojas y el paisaje se tornaba en colores pardos y nostálgicos de la primavera y el verano. El viento empezaba a soplar con fuerza y la temperatura invitaba a abrigarse más que antes. Empezaba un otoño largo y frío.
Y, desafiando a todas aquellas invitaciones a estar frente a un acogedor fuego, se encontraban varias personas, volando, girando en el aire, desafiando al viento… entrenando. El primer partido se acercaba. Ese año el campeonato duraría bastante menos, pues sólo tres equipos lo disputarían.
- ¡La bludger! – el grito de Ron sonó justo a tiempo para que Jack Sloper llegase a tiempo y repeliese a una de aquellas endemoniadas pelotas. Una vez más Ron suspiró al ver el desconcierto que reinaba en el equipo: la ausencia de su anterior buscador y capitán, de Harry, se notaba todavía mucho, a pesar de haber trascurrido más de un mes del inicio de las clases… y dos semanas desde que empezasen a entrenar. Ya había cubierto el puesto de buscador con uno de los candidatos, pero ni siquiera el nuevo alcanzaba a su precesor. Nadie lo haría, pensó con tristeza. Y de los cazadores, el puesto que había libre también estaba cubierto, pero tampoco llegaba a la altura. En nada se parecía al equipo ganador de años anteriores. Si no sucedía algo ese año no alcanzarían ni siquiera el segundo puesto.
- Ginny, cuidado – dijo al fijarse como una bludger se acercaba peligrosamente a su hermana. Aquel era otro problema. Ella tampoco era como había sido antes. Ya no tenía aquella fuerza y decisión como antes. Había cambiado. En parte comprendía su tristeza, pero la vida tenía que seguir, había que mirar hacia delante.
Como vio que Ginny no parecía escucharle, rápidamente aceleró hasta ponerse a su altura… y con un empujón a su escoba, quitarle de la trayectoria de la blugder.
- Por poco… - la voz le temblaba, no quería pensar en perder a nadie más – Ginny – dijo ya más tranquilamente, moviendo ligeramente la cabeza para eliminar aquellos malos pensamientos – Ten más cuidado la próxima vez¿de acuerdo?
- Ron. No puedo – se disculpó ella, bajando ligeramente la cabeza – No puedo seguir en el equipo. Lo siento – y antes de que su hermano le dijese algo más puso rumbo al suelo. No podía seguir. Ya había intentado volver a volar, pero no podía. Con pasos lentos se alejó del campo.

- Ya son dos meses – anunció con tristeza y pesar Remus levantándose de la mesa y acercándose al caldero humeante que tenían en una esquina de la habitación – Ya dos meses desde que estamos aquí encerrados – volvió a decir mientras vertía un poco de poción sanadora en un vaso y miraba como reposaba antes de beberla. Tan sólo había pasado un día desde su última transformación y, a pesar de una poción que había hecho Severus Snape para mitigar los efectos, todavía seguía teniendo varios dolores en el cuerpo.
- ¿Has encontrado algo interesante? – preguntó Sirius medio dormido en cuando entró en la habitación. Al final, tras varios conatos de llegar a las manos, él y Snape dormían en habitaciones separadas… y Remus se pasaba casi cada noche leyendo los libros, buscando información. "Igual que en el colegio" había pensado Sirius la primera mañana que le encontró encima de un libro totalmente dormido.
- No, todavía nada.
- En alguna parte tiene que haber algo – dijo Sirius acercando y sentándose a la mesa totalmente llena de libros abiertos. Con cansancio cogió el primer tomo de magia negra que había a su alcance y se puso a leer – "Inmortalidad. Formas de conseguirla"
- Eso ya lo he mirado, no nos sirve – mas Sirius no le hizo caso, pues seguía leyendo con atención uno de sus textos: había algo inquietante allí. Como veía que no le hacia caso, Remus se sentó enfrente de él y siguió buscando en el libro que tenía y había dejado momentáneamente para tomar la poción.

- Remus – dijo al cabo de un rato Sirius, con extrañeza en su voz – Remus… no… no habrás visto por aquí una vasija ¿verdad?
- Creo que vi unas cuantas en la primera planta – le respondió éste sin saber a que se podía referir su amigo. Si, justo uno de los primeros días cuando investigasen el lugar y la mansión entera había descubierto una sala con varias vasijas en los estantes, pero para qué servían o para qué las había querido Voldemort salía fuera de su comprensión.
- ¿Recuerdas si había alguna… alguna como ésta? – le preguntó, dando la vuelta al libro y enseñándole el dibujo que ocupaba toda la pagina: era parecida a un vaso de cristal finamente decorado con runas a su alrededor. Remus leyó la inscripción que existía justo a sus pies: "Pactos con las Tinieblas"
- No, no me suena. Creo que me acordaría si la hubiese visto por aquí.
- Menos mal – dijo Sirius soltando poco a poco el aire que había retenido desde que leyese el texto que acompañaba la figura – Porque ésta es la única manera de que Voldemort no pudiese morir nunca. Haciendo un pacto con la Oscuridad le daría la Inmortalidad.

- Ginny – escuchó su nombre en el aire – Ginny – susurros en el viento que le animaban a buscar el origen de la voz.
Los árboles se balanceaban ligeramente a causa del aire. Los pájaros se arremolinaban a su alrededor. Todo era felicidad. Nada malo sucedía en aquel lugar. No quería el presente, quería ese sueño, aquella realidad alternativa donde nada sufría, donde siempre estaba él. El presente, el día a día transcurría de forma que hacia las cosas mecánicamente: comer, estar en clase, escuchar, no oír… apuntar, los deberes… ni siquiera sabía como lograba terminarlos. Tan sólo vivía para dormir y soñar cada noche. Viajar a ese bosque, estar con él.
Al final llegó a ese claro tan bien conocido y al que había llegado a amar con toda su alma. Y allí se encontraba él, como siempre, esperándole, con aquella sonrisa que le caracterizaba. Se acercó corriendo y se echó a sus brazos, sintiéndose protegida y llena de amor.
- Te he echado de menos – le dijo con la mirada, sin pronunciar palabra.
- Yo también – le respondió Harry, agarrandole la barbilla y levantándole el rostro hasta que sus labios conectaron. Y una vez más, se sintieron únicos en el mundo. Sólo existían ellos dos, nadie más.
- ¿Cuándo…?
- Shhh… calla, disfrutemos del momento – le interrumpió. Nunca le llegaba a responder, nunca lograba saber más sobre aquel lugar, qué era, dónde se encontraban. Si era un sueño real o algo más – No quiero que te vayas de mi lado, amor.
- Nunca lo haré. Quiero estar a tu lado. Por siempre. Para siempre. Quiero estar donde tú estés. Quiero estar a tu lado – le dijo Ginny, acariciándole amorosamente la mejilla, limpiándole las lágrimas que estaba cayendo ahora por ella – No te vuelvas a ir de mi lado, por favor. No me dejes sola de nuevo.
Y se fundieron en un fuerte abrazo ambos, como si quisieran así dar más énfasis a sus palabras, sintiendo al otro a su lado, sintiendo su presencia y no dejándole marchar nunca más.

Pero, los sueños, sueños eran, y aquel sueño al final se disolvió en las arenas del tiempo.
Aquello había sucedido tan sólo dos días atrás y todavía, mientras caminaba por el castillo, sentía ese recuerdo en su mente. Podía recordar cada instante con asombrosa claridad. Podía recordar su rostro, podía recordar sus lágrimas. ¿Cómo se podía sobrevivir sólo queriendo soñar?
Con pasos inciertos, dejando que el cuerpo caminase solo, se dirigió hacia el siguiente lugar donde tenía que ir, a la siguiente clase que tenía… y de la que no se acordaba del nombre, tan abstraída se encontraba.

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- ¿Vas a venir a Hogsmeade, Hermione?
- No, lo siento Ron, me quedo en el colegio – le respondió ella absorta como estaba en los papeles que tenía enfrente – Tengo que seguir buscando.
- Has estado desde el principio de curso igual. Necesitas un descanso. Ni siquiera hemos tenido un momento juntos… no desde…
- Ron, lo siento – dijo Hermione, levantando los ojos hacia él – Es… es… - dudó un momento antes de responder, mirando hacia los pergaminos, hacia todo lo que había escrito – Es complicado. Si supiera explicártelo lo haría, pero no puedo.
- Pero… ¿Qué es tan importante?
- Ya te he dicho que no puedo explicártelo. Ni yo misma sé que estoy buscando. Sólo sigo una corazonada, nada más… Y no me gustaría dar falsas esperanzas… No quisiera…no quisiera volver a caer. Espero que lo comprendas.
- No sé de qué me hablas. Sólo… sólo que… si me necesitas ya sabes dónde estoy¿de acuerdo, Hermione?
- Gracias Ron – le agradeció ella, y levantándose, le depositó un leve beso en los labios – No sabes lo que me alegra ver que la ignorancia es la felicidad.

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- No has ido a Hogsmeade – más que una pregunta era una afirmación.
- No, tenía otras cosas que hacer, Ginny – le respondió ella al verla entrar en la sala vacía – Y veo que tú tampoco tenías muchas ganas de ir.
- ¿Para qué? – dijo con desgana, sentándose en el sillón, frente al fuego. Aquella había sido una mala semana. Una muy mala semana. El sueño se le repetía una y otra vez en su mente, y por más que intentase dormir y volver no podía. Nunca conseguía regresar. Las ojeras ya se hacían visibles en su rostro.
El silencio se volvió de nuevo dueño de la habitación, tan sólo roto de vez en cuanto por el roce ligero de una pluma sobre un pergamino. La danza del fuego era atrayente, muy atrayente. Las llamas se movían rítmicamente, una y otra vez, y una y otra vez. Sin darse cuenta, sus ojos se habían clavado en aquella visión y ahora se estaban cerrando lentamente…

- ¿Dónde estabas?
- No es tan fácil – le respondió él y en su voz había un temblor – Pero, no te preocupes, ya estamos juntos de nuevo.
- Prométeme que nunca me dejarás de nuevo.
- Ya sabes que siempre estoy a tu lado
- ¿Dónde estás¿Qué es este lugar?
- Calla, no te preocupes – le dijo, apoyándole la mano en sus labios – Estamos ahora aquí los dos, lo demás no importa.
- Si, es verdad. Te he echado de menos – le dijo abrazándole fuertemente y sintiendo sus brazos rodeándole entera, acariciando su pelo, acariciando su rostro.
- Te quiero, Ginny
- Te quiero, Harry

- No es tan fácil, queridos niños – una voz interrumpió aquella tierna escena – No es tan fácil – volvió a decir aquella misteriosa voz. Parecía a la vez joven y vieja, alegre y triste, enigmática y conocida. Así era ella – No es tan fácil – repitió por tercera vez, y cada uno de ellos sintió como algo tiraba de su cuerpo en direcciones contrarias, separándoles, deshaciendo su contacto. Sus manos entrelazadas fue lo último que tocaron del otro antes de caer al suelo, antes de sentir frío, antes de sentirse solos.
Y, mientras tanto, alguien observaba atentamente todo y cuanto acontecía.

Por más que estiraba el brazo no podía llegar a tocarle. Por más que se esforzase, él se encontraba fuera de su alcance. Sintió como las lágrimas caían incesantes por su rostro y como la imagen se diluía entre brumas desconocidas… Todo se volvía blanco. El color desaparecía. Volvía a estar en aquel misterioso lugar, frente a esa persona extraña y desconocida, tapada totalmente por una capucha. Algo en su corazón le decía que no temiera, que allí hallaría todas las respuestas, pero dentro de su ser temblaba incesantemente.
La figura se dio la vuelta lentamente, como si no se sorprendiera al encontrarse con alguien más allí. Una sonrisa apareció en su rostro al mirar y al reconocer a Ginny.
- Has tardado – dijo y en su voz se apreciaba una nota de diversión al añadir seguidamente – Pero sabía que vendrías – y con un gesto de su mano se echó la capucha hacia atrás, dejando ver su rostro completo – Te comprendo. Seguro que esperabas que fuera otra persona – añadió al ver la cara de desilusión de ella – Pero no te preocupes. Pronto lo verás
- ¿Cómo… cómo lo sabe? – preguntó con desconfianza, puesto que no le reconocía, aunque algo en su interior le dictaba que sabía de quien se trataba, que la había visto antes en alguna parte.
- Simplemente lo sé. Además, un alma no puede separarse tan fácilmente – en ese instante Ginny supo que esas mismas palabras habían sido dichas anteriormente – Y el amor verdadero vence todos los obstáculos. Siempre ha sido así y siempre lo será. Además, sé que Harry no se encuentra conmigo. Está… - quedó pensativa un instante, mas luego añadió al ver la cara de desconcierto de la muchacha - … está en otro lugar. Pero no conmigo. Nunca ha llegado a estar aquí.
- ¿Eso… eso significa que…?
- Que está vivo, querida – terminó la frase por ella – Sólo que tiene un largo y complicado camino por delante. Y sé que lo va a superar. Harry siempre ha conseguido vencer todos los obstáculos que la vida le ha puesto por delante. Es un luchador nato. Desde el día en que tuvo que enfrentarse a Voldemort cuando tenía poco más de un año. Desde aquel momento he velado por él. He visto todo lo que ha sufrido, todo lo que ha llorado (entristeciéndome al no poder limpiarle las lágrimas), todo a lo que se ha enfrentado. He visto también como se alegró al enterarse de que era mago. Como descubrió el valor de la amistad… y como encontró a su amor verdadero. –le rozó ligera y cariñosamente la mejilla – Un amor tan puro, tan sincero que ayudó de gran manera a que la muerte tan sólo le rozara ligeramente. Un amor que, junto al sacrificio que hubo antes, le protegiera, una vez más, de la maldición asesina, de las ansias de venganza y poder del mal mismo.
- Pero ay, tampoco el mal desapareció finalmente, puesto que antes de llegar a esa batalla, una pacto se hizo entre dos seres poderosos de las tinieblas. El mal quedó dividido en dos y la sombra conserva parte del poder que tenía Voldemort. Todos sus seguidores se encuentran con ella, escondidos, al acecho de recuperar todo el poder y, así, retornar con todas sus fuerzas y dar el golpe final, erradicando el bien e imponiendo su mandato de terror y miedo por siempre jamás.
- Hasta ese momento queda tiempo, no mucho por desgracia. Y muchas pruebas que superar, una de las más importantes la que se está desarrollando en estos momentos. Harry se está probando a sí mismo. Tiene que encontrar la manera de regresar. Ha vacilado. A punto ha estado de caer, pero tú, mi querida Ginny, tú sin saberlo, has logrado que encontrara el camino de vuelta a casa. Con esos sueños en los que él aparecía le susurrabas que volviera a tu lado, junto a ti. Sé que lo hará. Y tú lo sabes también. Nunca has perdido la esperanza. Nunca te has rendido y nunca has aceptado que estaba muerto totalmente, no como los demás que te rodeaban.
- Si lo hice – murmuró tristemente Ginny, agachándose.
La persona sonrió, una sonrisa cálida y agradable que vio con todo su esplendor cuando le levantó ligeramente la cabeza.
- No lo hiciste querida mía. Aunque tu exterior cayera derrotado ante las pruebas, tu corazón sabía que no era cierto… y fue tu corazón, tu amor por Harry quien te trajo a este lugar, conmigo, para que te respondiera esas preguntas sin respuestas que tenías dentro de ti.
- Pero… ¿Quién eres?
- ¿Todavía no me reconoces? – rió la mujer y su risa resonó por aquella nada que les rodeaba a las dos. Una risa limpia y llena de dicha y felicidad. No una risa de burla. No, en ella no existían aquellos sentimientos.
Y, en ese instante, cuando la luz empezaba a desaparecer a su alrededor, cuando la figura empezaba a desvanecerse frente a sus ojos le reconoció, supo quién era ella, y supo que podía confiar sin dudar siquiera en todo aquello que ella le había dicho. Pues… sus ojos verdes le transmitían esperanza y una infinita alegría.

Abrió los ojos, muy lentamente. La luz del día le dañaba. Había estado tanto tiempo en la oscuridad que ahora el contraste era demasiado brusco. Muy brusco. Pasaba de una acogedora y cálida oscuridad a una fría y desconocida claridad. El ruido de la lluvia repiqueteaba de forma rítmica sobre algo ¿un cristal acaso¿Cuánto tiempo había pasado?
Lo último que recordaba era un rayo verde aproximándose hacia él. Como aquella vez, hace años.
Miró a un lado, miró a otro y lo vio: estaba muerto. Había fallado en su misión. Esta vez había muerto. Lloró y su canto transmitía profundo pesar por aquella muerte. Sus lágrimas caían y caían al suelo sin cesar. Estaba muerto. Agachó la cabeza entristecido. Ahora su vida no tenía sentido. Había vuelto de la muerte y ahora no sabía que hacer. Siempre, desde que recordase, había estado a su lado. Ahora ya no sabía que hacer. Encogió el cuerpo, buscando el calor de la oscuridad que había abandonado para renacer en aquel frío y desolado mundo.

Los rastros de su nacimiento estaban cerca. Las cáscaras del huevo por el que había salido. Todo lo que recordaba era aquel rayo mortífero dirigiéndose hacia él. Hacia el fénix que protegía a Albus Dumbledore. Pero… no había servido de nada. Allí se encontraba su cuerpo. Se acercó lentamente. A pesar del tiempo sucedido nada había cambiado en él, todavía seguía llevando aquella expresión de bondad en su rostro, todavía transmitía seguridad. El fénix no lo sabía, pero aquel era uno de los efectos de la maldición mortífera: quitar la vida, detener el tiempo.
El pájaro se detuvo de repente en su inspección. Algo fallaba. Miró hacia un lado, hacia otro. Algo faltaba. Observó el suelo. Tres varitas. ¿Qué había sucedido? Una de ellas le resultaba tremendamente familiar, como si fuera parte de él. Otra era la de su dueño. Pero la tercera… ¿de quién era? Se acercó volando hacia ella. La agarró con sus patas y en ese instante sintió una gran energía rodeándole. Magia Antigua. En aquel lugar se había obrado Magia Antigua. Como hace años, un sacrificio había protegido contra la muerte.
Magia Antigua.
Una vez más

Un destello dorado y rojizo salió de una de las ventanas. Un pájaro de fuego. En sus patas llevaba tres varitas y se dirigía hacia un lugar donde sabía que podía encontrar a varias personas de la Orden del Fénix. Tres personas que necesitaban de su ayuda.