Yo! Disculpen la tardanza. Aquí está el capítulo doce. Por cierto, Arabian Nights ha llegado finalmente a su fin. ¿Ven? No teman, aunque a veces me tardo mucho, termino cada historia que publico.
Más adelante intentaré arreglar los horrores gramaticales de Arabian Nights y haré una traducción al español.
Gracias, gracias, gracias por su paciencia. Disfruten y dejen reviews. Salud!
Capítulo 12
Al día siguiente su espalda no valía una mierda. En palabras de Kya, tenía un nudo, en términos médicos de Ciudad República, era una contractura muscular. Su espalda baja le dolía tanto que caminar era una tortura. La médico le recetó un ungüento hediondo y mucho reposo. Asami estaba un poco avergonzada por que era evidente la causa de su malestar. Pero de nuevo, era la única persona en la Isla que sentía pudor al respecto.
Se dedicaron pues, a observar el resto del festejo con calma. Korra no se separó de ella, y la colmó de dulces besos, de flores y comida. Se sentía un poco culpable de la condición de Asami, sin embargo, su perenne sonrisa era prueba de que no se arrepentía ni un poco de lo sucedido la noche anterior.
Los días pasaron sin mayor novedad. Mantenerse ocupada la distraía del hecho de estar tan lejos de casa, y de saber que no podría volver a ver a su padre ni dirigir su amada empresa. Durante el día Asami aprendía cada vez mejor el idioma, y las mujeres ya empezaban a reunir el material necesario para construir las tuberías. Durante la noche los paseos nocturnos con Korra eran una delicia. Las noches en que no llovía eran cálidas. Solían sentarse a las orillas de un riachuelo, a hablar de nada en particular, a mirar las estrellas, a reír y a susurrarse palabras de amor. En algunas ocasiones iban más allá de los besos y las caricias y hacían el amor. Y se sentía bien, muy bien. Cómo si sus cuerpos hubieran sido diseñados para estar juntos, para bailar esta danza pasional y llevar calor a sus almas.
Este tipo de amor no era comparable con sus noches de desenfreno en Ciudad República. Asami podía tener a cualquier hombre y a cualquier mujer de la ciudad: los encuentros esporádicos con los jóvenes ricos de la metrópolis, los amigos con beneficio, las chicas que querían experimentar algo nuevo, o las que simplemente no iban a dejar la oportunidad de pasar una noche junto a la mujer más bella, sexy e interesante que había nacido.
Y el cuerpo de Asami agradecía la atención, y se retorcía de placer cada vez que le hacían llegar al éxtasis del orgasmo. Pero hacer el amor con Korra era distinto, era mejor, se sentía natural. Era como reír, instintivo, inevitablemente agradable: despreocupado. Como si su energía fluyera como el agua. Todo lo que hacía con Korra producía esta sensación de bienestar y tranquilidad.
Y Asami adoraba este sentimiento. Pero cosmopolita como era, le hacía falta viajar, negociar y probar sus habilidades a un nivel cada vez mayor. Aunque pasaba ocupada todo el día, le hacía falta enfrentar algún reto, como los que ofrecía Ciudad República cada día, con cada contrato, con cada inconveniente en la línea de producción, con cada fluctuación en el mercado. Asami disfrutaba mucho esta Isla, pero le hacía falta el humo y el ajetreo de su ciudad. Muy en el fondo lo sabía, pero escondía este sentimiento en lo más hondo de su mente para poder disfrutar todo el amor que recibía de Korra, y todo el amor que ella devolvía con gusto. Y a pesar de que su corazón estaba dividido, Asami pasó otro mes dentro de la Isla en un estado de embelesamiento.
Una mañana un pájaro exótico surcó los aires de la Isla, y atravesó toda la tribu hasta llegar a la choza de Katara. Era un halcón mensajero, que venía desde Zao Fu. El animal se posó sobre un tronco y muy bien entrenado como estaba, esperaba su recompensa. Katara soltó la pequeña tablilla de bambú atada a su pata y le dio un trozo de carne. Katara leyó el mensaje diminutamente escrito con letra impecable:
"Las armas están listas. Invitamos a venir y festejar la luna con nosotras. Su yin, Señora de Zao fu"
La nota tenía un sello pirograbado que hacía constar su autenticidad. Katara guardó el mensaje entre sus ropas y convocó al Concejo de Sabias, a la Jefa Korra, la Comandante Kuvira y a la contadora Zhu Li, junto con su asistente Asami.
-Debemos organizar una comitiva para ir a Zao fu a recoger las armas que ellas han forjado para nosotras. También nos han invitado a festejar la luna con ellas- dijo Katara.
-Yo iré- dijo Kuvira, tal vez con mucho entusiasmo.
-Bien- respondió Katara- Zhu Li, está listo el grano que llevaremos a Zao fu?-
-Sí, sólo hace falta contarlo y empacarlo y estará listo para ser llevado a Zao Fu- respondió la contadora.
-Bien, Kuvira, tú irás con Zhu Li y su asistente, mientras la Korra se quedará aquí en la aldea para organizar el festejo de luna llena- dijo Katara
- ¡Yo creo que Asami debería quedarse!- protestó Korra
-¡Por supuesto que no! Es mi asistente. No iré sin ella!- dijo Zhu Li, la cuál había descubierto que Asami le hacía el trabajo mucho más fácil.
-Entonces yo iré, y Kuvira se quedará aquí con la tribu- sugirió Korra.
-No!, tú eres la jefa, te corresponde atender el festejo de luna llena- dijo Kuvira que realmente no quería perder la oportunidad de ir a Zao fu.
-¡No!- dijo Korra en el mismo tono de Kuvira- yo debo ir, soy la Jefa- dijo con firmeza.
La verdad es que le importaba un pito ir a Zao Fu, eso lo podía hacer Kuvira con los ojos cerrados. Pero temía que el tema de la Isla de Vaatu saliera a relucir frente a Asami y no poder hacer nada para evitarlo.
-¡Me están sacando de quicio!- gritó Toph
Empezaron a hablar todas al mismo tiempo y la reunión se tornó en un completo desorden en donde las voces de todas sonaban como el molesto zumbido de una mosca gorda.
-¡Ya basta!- la voz de Toph se elevó por encima de las demás- ¡Me importa un mango lo que ustedes quieran! Necesitamos esas armas pronto. Muchas de nuestras guerreras se encuentran desarmadas o con armas en mal estado. Aunque la guerra con la Isla de Vaatu haya terminado hace años eso no significa que nuestra aldea esté libre de amenazas. No queremos que se repita una masacre como la de hace algunos años-
-¿La Isla de Vaatu?- preguntó Asami desconcertada
- La isla de los hombres- respondió Katara extrañada de que Asami no hubiera escuchado nombrar la isla antes- comerciamos con ellos todos los años-.
Hubo un silencio por un instante. Korra sintió un frío recorrer todo su cuerpo y de pronto olvidó cómo hablar. Kuvira cerró los ojos esperando la inevitable tormenta que acababa de desatarse. Zhu Li miraba impasible el desenlace que sabía que llegaría tarde o temprano: la verdad es que era un milagro que pasaran dos meses sin que se enterase. Las ancianas observaban desconcertadas cómo el ambiente se ponía tenso.
-Asa…- empezó a decir Korra cuando finalmente encontró su voz.
-No!- la interrumpió Asami extendiendo su mano hacia la Jefa indicándole que guardara sus palabras -¿Hay una isla de hombres? ¿Y ustedes navegan para llegar hasta allá?- dijo Asami dirigiéndose a Toph.
-Así es, todos los años cruzamos el mar para llegar a la Isla de Vaatu. Ellos nos venden hierro en bruto- explicó la anciana.
-¿Atraviesan en mar? - quiso confirmar Asami.
-Sí, de hecho, los hombres son excelentes navegantes- dijo otra de las ancianas.
Asami respiró profundo, tratando de contener las lágrimas de rabia. Korra le había mentido, deliberadamente. Asami había confiado en ella, le había abierto su corazón, se había enamorado de ella y todo este tiempo la había estado engañando! Traicionando su confianza, aún conociendo la profunda tristeza que le producía creer que no podía volver a casa. Korra le había mentido. Esto era imperdonable.
-Disculpen- dijo Asami- necesito un poco de aire- dijo, mientras se levantaba para salir de la choza.
Korra se levantó para seguirla, pero Kuvira la tomó del brazo -Mala idea, es mejor que les des tiempo para calmarse- aconsejó la Comandante.
Korra volvió a sentarse, pero su mente ya no estaba en la reunión. Y no dejaba de sobarse la frente con fuerza tratando de idear alguna manera de componer este desastre.
-Bien, no sé que pasó aquí, pero tampoco me importa- aclaró Toph -Kuvira, Zhu li y su asistente Asami irán a Zao Fu. Korra se quedará aquí a cumplir su deber de organizar el festejo de luna llena- terminó en tono resolutivo.
Todas asintieron menos Korra, a la que el asunto le importaba un pepino.
Asami salió de la choza, quería estar sola, ir a algún lugar en dónde no hubiera nadie y descargar toda la rabia y la decepción. Se sentía estúpida, torpe e ingenua: ¿Cómo era posible que Korra la engañara durante tanto tiempo sin que se diera cuenta? ¿Cuántas veces no había desenmarañado artimañas y complots en el oscuro mundo de los negocios, y aún así no había podido detectar la simple mentira de Korra? Ahora todo tenía sentido: la presencia permanente de guerreras, la necesidad constante de entrenamiento militar y de armas, la exagerada sobreproducción de grano: todo era por los hombres de la Isla de Vaatu, la isla al otro lado del mar, del mar navegable, navegable. ¿Cómo no lo había notado antes? Estaba tan aturdida al principio, y luego tan enamorada que su juicio se había nublado. ¡Pero qué tonta!, qué tonta se sentía.
A lo lejos Kya la divisó y se acercó a ella con una sonrisa.
-¡Qué bueno verte Asami! Tengo buenas noticias para ti-
-¿Ah sí?- preguntó desganada. Nada de lo que le dijeran ahora podría ser suficientemente bueno como para opacar este sentimiento de traición.
-Ya han pasado casi dos lunas, es hora de liberar tu brazo, sígueme-.
Asami siguió a Kya hasta la enfermería en dónde estaba Opal. Juntas retiraron el entablillado del brazo y comprobaron su movilidad. Se sentía entumido, pero era normal después de haber pasado tanto tiempo quieto. Opal hablaba alegremente de lo bien que había soldado el hueso y del tiempo necesario para recuperar la agilidad y la musculatura, pero Asami no estaba escuchando.
-¿Estás bien?- preguntó Opal, mirando a Asami a los ojos.
Asami se abalanzó sobre ella y la abrazó con todas sus fuerzas mientras el llanto se apoderaba de todo su ser. Opal la abrazó de vuelta tratando de consolarla mientras las lágrimas incontenibles mojaban su hombro.
N.A.: La leyenda de Korra, pertenece a sus respectivos autores. Este es sólo un trabajo de ficción meramente recreativo.
