-¿Qué haces aquí?- Preguntó Natsu mirando a la ventana.

-Leer- Respondió Lucy, ya que no quería regresar a casa, tantas cosas que limpiar. Con tan solo pensarlo le hacia que le duela la cabeza.

-Deberías estar en el instituto- Podía ver su perfil por el reflejó de la ventana. Estaba sentada, con una cara serena, cruzada de piernas, leyendo un libro en frente de el.

-Y tu callado- respondió ella.

"De acuerdo a las suposiciones a ser contempladas aquí, cuando un rayo de luz se está propagando desde un punto, la energía no está distribuida continuamente sobre espacios cada vez más grandes, pero [sino que] está constituida de un número finito de cuantos de energía que son localizados en puntos en el espacio, moviéndose sin dividirse y pudiendo ser absorbidos o generados sólo en su conjunto."

Albert Einstein

Había leído esa frase mas de seis veces desde se había sentado, pero no lograba concentrarse, ya que estaba a la espera del siguiente movimiento de Natsu, seguramente pretendería que nunca sucedió, pero no estaba segura si Natsu estaba mentalmente estable como para poder analizar la situación como se debe. Ella tampoco estaba para evaluar nada, tenia que pensar que haría con Happy y Picasso, la casa estaba hecha un asco, y no se sorprendería si alguien regresa a destrozarla de nuevo si ella lo limpiara

-¿Qué estas leyendo?- Preguntó de nuevo Natsu, intentando establecer una conversación.

-Un libro-

-Que impresionante- Contestó Natsu con sarcasmo-

-Lo se, algo que nunca podrás hacer- Ese juego se podían jugar dos.

-¿Cuál es tu problema?- Natsu no entendía porque Lucy estaba actuando así. Bueno, tenia que aceptar que el se había comportado como un capullo hace unos minutos pero...

-Perdona, no estoy de humor hoy- Dijo Lucy sincera, ya no solo estaba molestando a Natsu, estaba siendo mal educada con el. Supuestamente su padrastro nunca hubiera hecho algo que pudiera atarlo legalmente como allanamiento de propiedad privada, no sabia que estaba planeando. Bueno, eso era obvio, quería que ella dejara su carrera como astrónoma, y se dedicara a la medicina para poder heredar su hospital. Y una mierda, ella no era la marioneta de nadie.

-Mh...-Natsu no estaba seguro que estaba pasando con Lucy, tampoco es que la conociera muy bien ya que nunca habían tenido una conversación decente- Oye...¿Que hacia la policía en tu casa? ¿Pasó algo?-

-Estoy leyendo un libro de la universidad- Un repentino cambio de tema. Natsu pudo ver por el reflejo de la ventana como ella apretaba con fuerza el libro, se sorprendió al darse cuenta que ese pequeño gesto significaba que Lucy se estaba saliendo de su frio personaje, y giró para verla mejor.

-Lucy tu no estas en la uni...¡¿Que te pasó en la cara?!¡Estas sangrando!- Gritó Natsu al ver una delgada herida de unos cinco centímetros de largo sangrando por su mejilla de Lucy hasta su mandíbula.

Sin darse cuenta, extendió el brazo hacia su cara girando aun más hacia ella, y perdió el equilibrio, cayendo hacia adelante, ya que aun no estaba acostumbrado a que sus piernas no funcionaran. Gracias a los rápidos reflejos de Lucy, Natsu no se estrelló contra el suelo, y dejó sus rostros más juntos de lo que nunca habían estado, dejando a Natsu una mejor visión de la herida aun fresca y roja.

-Dime quien te hizo eso- Gruño Natsu, sujetándole el rostro con una mano, inclinándolo hacia un lado para verle la mejilla- Lo mataré.

-No creo que quiera que te suicides, Natsu. Después de todo la policía me investigaría- Respondió Lucy, levantándolo y poniéndolo en la cama.

Natsu sintió como si su mente hubiera chocado contra una pared de ladrillos- ¿Qué? ¿Yo? ¿Yo te hice esto?- Preguntó sorprendido, no se creía capaz de lastimar a Lucy, ella era una mujer, y los hombres no hacían daño a las mujeres, o a una niña en este caso.

-Parece que cuando la ira te invade, la bestia de la furia controla tu cuerpo y no tienes un idea de que pasa hasta después, o puede que simplemente lo dices para evadir la responsabilidad- Dijo Lucy- Eres la primera persona que me a herido.

Mejor dicho, una mocosa.

-¿Cuándo te lo hice?¿Como?- Preguntó sin poder creérselo todavía, preocupado por la herida.

-Me lanzaste una lámpara, apuntando a mi cara- Se encogió de hombros- La esquivé por los pelos, al estrellarse supongo que uno de los trocito rebotó y me hirió.

-Mierda, Lucy, lo siento-

-Tienes que agradecer que no me hizo daño, sino Happy te habría atacado y tu casa estuviera llena de caca de Picasso- Contestó Lucy, volviendo a leer el libro.

-¿Happy?¿Picasso?- Natsu no tenia ni idea de que estaba hablando, el remordimiento de haber herido a Lucy aun lo atormentaba.

-¡Happy! Ven aquí, trae a Picasso contigo- Llamó Lucy en dirección al baño- Ten cuidado con los cristales.

Natsu no tenia ni idea de que Lucy hubiera metido a alguien a su casa. Estaba intentando recordad donde tenia esa cajita blanca con la cruz roja, hace tiempo Lissana le obligó comprarla, y ahora lo agradecía, pero no tenia ni idea de donde podía estar.

Natsu pudo ver como un gatito azul entraba con una tortuga boca abajo en su hocico, y la verdad era que no poda estar más confundido.

-Happy ¿Qué te he dicho sobre traer a Picasso boca abajo?- El gatito obedientemente dejó a la tortuga en el suelo, y se sentó detrás de esta.- Natsu, Happy y Piccaso. Happy, Picasso, este es Natsu

-Aye!

Vale, ahora Natsu estaba más que perdido, pero decidió restarle importancia.- Lucy ¿Sabes donde esta la caja de primeros auxilios?

-La enfermera me la dejó a cargo- Dijo levantándola.

-Dámela- exigió Natsu

-¿Por que?- Lucy entrecerró los ojos.

-Dámela- repitió

-¿Por que?

-Lucy...- Su voz sonaba como una advertencia, más profunda de lo normal, más masculina. Y a Lucy le hizo sentir cosas en el estomago. Le cedió la caja.- Ven aquí- la llamó

-¿Por qué?- volvió a probar Lucy.

Esta vez Natsu cerró los ojos en señal de impaciencia y la volvió a llamar con el mismo tono de voz- Lucy...-Y ella lo volvió a sentir, y le encantó, aunque no este dispuesta a aceptarlo. Así pues, Lucy se inclinó, sabiendo lo que iba avenir.

Natsu abrió la caja y sacó un poco de gasa y lo humedeció con agua oxigenada, y se acercó a Lucy, poniendo suavemente la gasa en su mejilla, limpiando la herida de dentro hacia afuera, con pequeños toques , e inconscientemente fijándose en su suave piel, como era blanca y sin imperfecciones, era tersa y delicada, como ella. Cuando estaba terminando de limpiar la herida, Lucy hizo un gesto de dolor, Natsu retiró la mano como si e hubiera quemado ¿Le escocia? ¿Le dolía? ¿Había apretado muy fuerte? Estaba acostumbrado a herirse y a curarse sin cuidado, ya que se podía decir que ser un jugador de Baseball era un poco tosco, y no sabia tener delicadeza como para limpiarle la herida a Lucy.

-¿Te duele? Lo siento- susurró Natsu cerca de ella.

-No pasa nada.- Dijo ella sin mirarlo.

Natsu cogió otra gasa y puso betadine en la herida ya desinfectada, con mucho más cuidado que antes, o eso intentó. Era un poco incomodo tener los enormes ojos de una niña de diecisiete años mirándolo desde tan corta distancia. Se aclaró la garganta y consiguió halar.

-Ya esta, me disculpo por eso.

-Deja de disculparte, no estabas mentalmente estable en ese momento como para reaccionar lógicamente al amiente.- Contestó Lucy.

-Y tu deja de sonar como si fueras un doctor que me esta diciendo que estoy loco.

Algo hizo cosquillas en el tobillo de Lucy, movió la pierna. Se detuvo, seguramente fue el calcetín.

-Solo estoy diciendo que no es tu culp...- las palaras se le congelaron cuando algo le hizo cosquillas de nuevo en el pie. El corazón le dio un salto y su aliento se congeló. Fuera lo que fuera, se movía. Ella se levantó de golpe y comenzó a darse fuertes golpes en el tobillo, buscando que era, se sentó de nuevo a la vez que pegaba las piernas a su pecho. Agarró el calcetín por el borde, en cima de su rodilla y lo tiró hacia abajo hasta el tobillo.

Una araña negra fue lo único que vio antes de reaccionar. Un fuerte grito salió de sus labios antes de que pudiera detenerlo y dio una patada al aire, hasta que la araña voló, se subió a la cama y se movió rápidamente a un lado. La araña parecía seguirla.

-¿Qué pasa, Lucy?- escuchó a alguien que sonaba tan alarmado como ella cuando se cayó por el otro lado de la cama en sus prisas por poner distancia entra ella y esa pequeña cosa.

Natsu se inclinó para ver donde estaba Lucy. Ella volvió la cabeza para mirarle.

-¿Qué pasa?- preguntó curioso, intentando ocultar una sonrisa.

-Um, es una araña. -Levantó una mano y la señaló. Natsu se quedó mirándola boquiabierto.-Mírala. Es grande y estaba en mi pie .

Natsu nunca la había visto así, se la veía dulce e indefensa, sin ninguna de sus frías barreras que la protegiera, le hacia querer sonreír. Tenia las pupilas dilatadas y lo miraba como si el fuera el héroe que venia a rescatarla de la temible bestia.

-¿Esa pequeña cosa?- Miró al intruso en su cama.- ¿Te caíste de la cama?

-Es una araña.- ¿Por qué no puede entender qué me da miedo? Me tocó.

Él la miró y luego ella.- "Infiernos".

Se incorporó, se acercó a la mesita de noche, donde la araña había aterrizado y cogió la araña. Lucy se encogió. Esa cosa podía morder. Puede que fuera pequeña, pero cualquier cosa con ocho patas tenía pequeños colmillos afilados. Era lógico. Sus pequeñas patitas eran sus garras. Ocho garras. Odio las arañas. Esas cosas son feas y espeluznantes.

Natsu abrió la ventana que estaba a su alcance, dejo salir a la araña, y cerro de nuevo la ventana.

-Ahora está en el exterior. Abrí la ventana y la puse ahí. No volverá a entrar -Él le miró preocupado.- ¿Debo entender que te aterrorizan las arañas?

-Si- contestó Lucy sincera.

Sus labios temblaron. -Era pequeña, Lucy. Ni siquiera era venenosa. Estoy bastante seguro de eso.-

-Realmente las odio.-

-Me doy cuenta de eso. Lucy- comenzó Natsu- las arañas son mucho más pequeñas que tu.

-La granadas también.-

Él no podía entender su lógica, pero el tampoco era lógico al pensar que Lucy se veía increíblemente adorable en el suelo- Venga, levántate- Natsu se inclinó hacia ella para ayudarla, pero se había olvidado por completo de que estaba incapacitado, su cuerpo fue hacia adelante y terminó cayendo en cima de ella, si no fuera por Lucy, hubiera caído de cara al suelo. Ella le había hecho olvidar por completo que no podía mover las piernas, algo que no había salido de su mente. Puede que fuera porque acababa de estrellarse contra el suelo, o por que se había olvidado por completo de su discapacidad, pero cuando sintió el cuerpo de Lucy debajo del suyo, no pudo hacer ni el mas mínimo intento de moverse.

A Lucy se le fue el aire de los pulmones cuando el hombre de ochentaicinco kilos que estaba en frente de ella cayó en cima y se estrelló contra el suelo. En ese momento pude entender que sentían sus lápices de colores cuando intentaba ponerlos todo en un estuche pequeño y no entraban, como papilla bien machacada y aplastada.

Dios santo, este hombre era un horno humano. Podría jurar que tenia fiebre, pero no veía ningún síntoma a parte de la alta temperatura, puede que esa sea su temperatura corporal habitual. Intentó empujarlo por los hombros para que se levantara, pero era como intentar mover una pared de acero, simplemente imposible.

-¡LUCY!-Escucharon gritar a alguien desde el piso de abajo- ¿Estas aquí? Pequeño demonio ¿¡donde diablos te has metido el día de la presentación!?- Fuertes pisadas subieron las escaleras, seguidas de portazos- Cuando te encuentre te voy a descuartizar y venderé tus órganos en el mercado negro.- los gritos se escuchaban más fuertes, y Lucy suspiró al reconocer la voz. Que problemático. Cuando los encuentre en esta posición comprometedora pegará el grito al cielo.

Happy comenzó a saltar de la emoción junto a Picasso al reconocer la voz, faltaba poco para que llegara, seguramente estaba en la puerta de al lado.

Natsu levantó la parte superior de su cuerpo al escuchar los fuertes gritos, comenzaba a molestarse por no saber quien diablos estaba en su casa, como si pudieran entrar y salir cuando les diera la real gana. Giró la cabeza en dirección a la puerta cuando pudo mantener su torso en sus brazos. De un fuerte portazo la puerta se abrió.

-Mas te vale que corras Lucy, por que cuando te encuentre te vas a – El grito entró a la habitación y se congeló cuando la incomoda posición de un pelirosa entre las piernas de una chica de diecisiete fue mostrada a la luz.

-Dios, por favor, no- suspiró Lucy al ver a Laxus.

El rubio de metro noventa se fue de la habitación tan rápido como entró y haciendo la misma cantidad de ruido.

-Mierda, Lucy- Dijo Laxus detrás de la puerta- No sabia que...joder...perdón por la interrupción.

-¿Quién demonios es el?- preguntó Natsu.

-¡Laxus!- Llamo Lucy- ¡Ven aquí a ayudarme! ¡No estas interrumpiendo nada!¡VEN!

-¿Como a entrado a mi casa?- Preguntó Natsu de nuevo.

-Solo un burro pondría 1234 como la contraseña de su casa- contestó, y Natsu la fulminó con la mirada.

-¡No os preocupéis por mi!- gritó Laxus desde el otro lado- Hombre...no se como decir esto cuando se trata de Lucy pero...¿Te paso un condón?

-¡Laxus!- gritó Lucy .

-Ya me voy, ya me voy- contestó Laxus.

-¿Que demonios hace ese hombre en mi casa?- preguntó Natsu, molesto, aun encima de Lucy.

-¡Laxus!- Gritó de nuevo- ¡Regresa!

Esta vez, la puerta se abrió un poco y se escuchó más claro- ¿Estas segura?

-Ven- gruño Lucy entre dientes.- Ahora

El hombre rubio entró de nuevo, esta vez mas cauteloso y se paró en frente de Natsu y Lucy, aun en el suelo.

-¿Quién eres tu?- Preguntaron Natsu y Laxus a la vez.

Laxus decidió contestar primero ya que suponía que estaba hablando con el dueño de la casa - Soy el que esta al cuidado de Lucy en la universidad

-Ella no esta en la universidad, solo tiene diecisiete años.

-Exacto, así que quítate de encima antes de que esto se ponga más incomodo ya que no parece que tengas una edad similar a la de ella-

-Me haces el favor de levantarlo, mal pensado- Pidió Lucy. Laxus se inclinó sin saber que estaba pasando y cogió a Natsu por los hombros, levantándolo. Natsu se sentía como un estúpido discapacitado que no podía hacer nada, y le molestaba que otra gente lo mirara, se sentía incomodo e insultado. Le sorprendió la manera en la que sus emociones cambiaban.

Laxus lo puso en la cama y se giró a Lucy.- ¿Quién es el y por que me dejaste plantado?

-¿Por que?

-Lucy...

-Soy Natsu- Habló entre dientes.- ¿Qué haces en mi casa?

-Vengo a recogerla- Fulminó a Lucy con la mirada- Ya que por su falta el profesor nos añadió esto a la presentación que tenemos que hacer en dos días.- Y sin más ni menos, tiró un fajo de papeles al suelo.

-Estas loco si piensas que voy a recoger eso- Dijo Lucy sin apartar la mirada.

-Espera, espera- Exclamó Natsu- ¿Vosotros dos estáis en la misma clase?

-Si- respondieron los dos rubios.

-Pero ¿Cuántos años os lleváis de diferencia?- Preguntó Confuso

-Casi siete- Dijo Lucy

-Tienes en frente tuya a la niña prodigo con 142 de C.I. y una gran adicta a leer- Dijo Laxus con un gesto de exagerada majestuosidad a Lucy.

-¿Estas en la universidad?- Natsu estaba mas que sorprendido- ¿¡Y a un solo año de terminarla!?

-Sip.

-¿Por qué no viniste hoy?- Preguntó Laxus cambiando drásticamente de tema- Pensé que fue por lo de ayer.

-¿Qué pasó ayer?- Natsu estaba curioso

-Nada

24 Horas antes

Hoy era jueves, el día en el que el horario de visita se extendía hasta la tarde, permitiendo a Lucy venir al hospital. Tenia lirios blancos en las manos, sus flores favoritas, pero no podía parar de estornudar por el polen.

Entró al blanco y limpio edificio. Saludando a la recepcionista se registró en la lista de visitas y se dirigió hacia la oficina de neurocirujanos, esperando que le dieran buenas noticias. Hoy le daban los resultados del examen de la semana pasada, y aun que lo hicieran cada mes, Lucy aun no perdía las

esperanzas que un milagro sucediera. Tocó la puerta del Dr. Eucliffe, y entró al escuchar el típico "adelante"

Al abrir la puerta un poco tímida, pudo ver como la sonrisa de Sting Eucliffe se borraba. Bueno, eso no significa necesariamente que hay malas noticias, puede que simplemente no le caía bien al doctor.

-Hola, Lucy- Consiguió aclararse la garganta.- Hoy es jueves de visitas

-Hola, Sting- Dijo Lucy- Si que lo es.

-Tengo que halar contigo- Lucy se encogió por dentro al escuchar esas palabras- Sobre los resultados.

-Claro- Dijo Lucy con una sonrisa, sentía que hoy todo iba a mejorar, que seria capaz de ver sus ojos, su sonrisa, dentro de poco, solo necesitaba que el doctor se lo confirmara.

-Vamos hablando mientras te llevo a la habitación- Dijo Sting. La habitación estaba en cuidados intensivos, así que no podía ir a no ser que un miembro del personal medico la llevara.

-Muy bien- No sabía por que pero el labio comenzó a temblarle. Salieron de la habitación y caminaron los dos solos por el pasillo.

-Lucy...-Intento empezar Sting- Acabamos de confirmarlo.

-¿Si?- Dijo Lucy con los ojos llenos de esperanza ¿Queda poco para que ara los ojos?¿Para que despierte?

-Sabes que el 38% del cerebro estaba muerto- Dijo Sting muy lentamente mientras caminaba- ¿No?

-Si- esto iba de bien a mejor, seguro que había mejorado.

Sting suspiró pesadamente- A aumentado a 59% y las probabilidades que despierte o que inclusive nos escuche han ajado al 11.5%

-¿Qué?- El mundo de Lucy se derrumbó, llevaba ya varios años en coma, pensaba que al menos el tiempo podía ayudar a mejorar.

-Las células muertas están infectando a otras y si alguna vez despierta le será imposible moverse, escuchar, hablar u/o oír.

-No..-susurró Lucy, con dolor en el pecho, esa no era la respuesta que esperaba, no era la respuesta que quería. Llegaron a la habitación 101, y se detuvieron en la puerta

-Cuanto lo siento...hice lo mejor que pude, y lo seguiré intentando- Dijo Sting- Se cuanto aprecio y amor sientes, y el dolor que debes de estar sufriendo con esta noticia- Sting le acarició la mejilla y pudo ver la sinceridad en sus ojos- Entra –susurro.

Y Lucy entró, con el dolor nublándole la noción. Apreciando la blanca habitación y mirando a la persona que mas quería en el mundo, sabia que no podría vivir sin ella, que esos resultados no significaban nada, sabia que un milagro iba a suceder y podrá estar a su lado de nuevo.

Con una lagrima corriendo por la mejilla, dijo- Hola... Mamá