¡¡Saludos¿Qué tal han pasado las vacaciones de Navidad? Espero que bien, muy bien, que hayan tenido muchos, muchos regalitos pero, sobretodo, la compañía de la familia, de los amigos y de las personas que más quieren. Espero que haya sido así :)
Por mi parte, todo va muy bien por aquí… y supuestamente había previsto subir el capitulo antes de las vacaciones (ya que había tiempo libre entonces) pero no pudo ser (sorry) Y por unas causas y por otras, hasta ahora, ya con las Navidades terminadas (que pena, podrían durar mucho más, jaja). En fin, espero que me perdonen… y, sobretodo, como siempre, deseo que disfruten del capitulo nuevo.
Dos notas: 1) Acaba de subir la clasificación de edad XD así que, abstenerse los menores de edad (bueno, no sé porqué lo digo, si lo vais a leer igual, jajaja) y
2) Como espero poder poner el capitulo siguiente pronto, no tengo mucho tiempo ahora y lo importante es que lo podáis leer, siento una gran, grandísima pena por no poder responder a los comentarios que hacéis en estos instantes (que ya sabéis que os agradezco mucho, muchísimo) Pero, como siempre, ya sabéis que estaré eternamente agradecida (sip, en el capi siguiente los intentaré responder, sin falta…)
Ahora si, besos miles y espero que disfrutéis de la lectura :D
¡¡Nos vemos!!
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Capítulo 20 Lo único que importa
¿Cuánto tiempo trascurrieron así, abrazados, uno junto al otro?
Podría haber sido un milenio, un siglo, un minuto o un segundo. Podría haber sido una eternidad o tan sólo un instante. Podría haber sido poco pero para ellos era mucho, era toda una vida. Todo se convierte en relativo cuando se tiene al lado a la persona que más amas en el mundo a tu lado. El tiempo se detiene. El tiempo se acelera. Cuando quieres darte cuenta ya la noche ha llegado y la luna es la dueña del cielo.
Un ligero maullido fue lo que les hizo regresar a la Tierra, al lugar donde estaban sus cuerpos mientras sus almas volaban juntas, enlazadas invisibles, a lo largo y ancho del universo. Un maullido, un ligero maullido que resonaba ligeramente en las paredes. No estaba en la misma habitación que ellos, no les habían encontrado, pero se escuchaba cerca, más cerca de lo deseable.
Hermione le puso dos dedos sobre la boca a Ron y con un gesto dulce le indicó que no se moviera. Con pesar, tuvo que moverse de aquel lugar reconfortante, deshacerse de aquel abrazo acogedor. Despacio, sacó su varita de la túnica y susurró un hechizo mientras apuntaba sobre sus cabezas a un punto invisible. Tras este gesto, dejó que un largo y profundo suspiro saliera de sus labios.
- Esta vez ha estado cerca – dijo dirigiéndose hacia uno de los cojines del medio de la habitación y se sentaba en el suelo.
- ¿Puede encontrar este lugar? – preguntó él, colocándose a su lado, pasando su brazo por su cintura y mirando por encima del hombro de la muchacha. En esos instantes, ella estaba abriendo un pergamino que parecía bastante nuevo, pero a la vez antiguo por la calidad de las letras escritas en él.
- Teóricamente no, pero puede detectar la presencia humana. Es por eso que he lanzado un hechizo de ocultación sobre nosotros. Será suficiente – añadió concentrándose profundamente en unas líneas que empezaban a aparecer sobre el pergamino – Y espero que esto funcione – frunció los labios mientras murmuraba algunas palabras por encima de la superficie – Todavía no lo he perfeccionado mucho… - empezó a decir… pero calló de repente. En esos instantes las líneas estaban empezando a surgir de ahí como haces de luz hacia el techo, escapándose del pergamino que se encontraba extendido en el suelo.
- ¿Qué…?
- Ha funcionado – exclamó con alegría Hermione, dándose ligeramente la vuelta y abrazándole – No creía que pudiera, pero… pero… - empezó a decir entre sollozos, aunque no pudo terminar: era tal su alegría que las lágrimas empezaron a salir incontrolablemente. Parecía que se desahogaba de felicidad, como si hubiese dedicado miles y miles de horas a eso y ahora, cuando estaba en su meta, tan sólo necesitaba a alguien con quien compartir la alegría. Lloraba y reía. Reía y lloraba. Ambas cosas sobre el pecho de él.
Ron le pasó la mano por su espalda, y juntos observaron fascinados como aquellos haces de luz se juntaban, se separaban, se cruzaban y se multiplicaban. Creaban formas sobre el pergamino del que habían surgido y formaban… formaban algo al principio irreconocible pero luego…
Una, dos, tres, quince, treinta… cien… doscientas…. Miles de pequeñitas escaleras formándose en el aire. Una por una. Una detrás de otra. Encima. Debajo. Formando arcos. Formando pasillos. La estructura principal que era el corazón de la pintura que se estaba dibujando con luz en el aire.
A la mitad ya sabían que era. En qué se iba a convertir.
Fascinados, abrazados, contemplaron el resto de la construcción.
Ese lugar tan conocido, tantas veces recorrido, ahora se transformaba en algo misterioso y admirable. En algo nuevo y tan viejo como las piedras sobre las que se apoyaban.
Los haces de luz terminaron su construcción silenciosa y, frente a aquellos dos jóvenes enamorados, se irguió la pequeña, pero tremendamente detallada, réplica de Hogwarts. Con sus escaleras, con sus pasillos, con sus clases y con sus dormitorios. Con cada pequeño recoveco y con cada pequeño escondijo. Todo aquello se observaba y se podía mirar si uno se acercaba a esa gran obra de luz que no mediría más de sesenta centímetros.
- Dime que… que no es lo que pienso que es. No es posible – exclamó Ron, acercando sus ojos hacia una de las paredes, posando su mano sobre ella y viendo como aquello no se destruía ni alteraba.
- Es – le respondió ella, limpiándose las lágrimas de felicidad de sus ojos – No pude encontrar el mapa de merodeador. Quería basarme en él, pero logré encontrar el hechizo en el que se basaron y…
- Hermione, me pregunto porqué sigues todavía en el colegio. Creo que Hogwarts ya no tiene nada que enseñarte y… - la mano del muchacho todavía seguía en medio de la pared, pero ésta no se alteraba, sólo se dibujaba la estructura encima de sus dedos.
- ¿Todavía no lo sabes? – le dijo ella observándole ahora cuidadosamente desde el otro lado de la estructura de luz. Una mirada que lo decía todo…
- No. No lo sé – confesó él, todavía fascinado por todo aquel despliegue de magia a su alrededor. Escuchó como ella hacía un aspaviento y murmuraba algo divertida, pero estaba tan absorto en su contemplación que no se dio cuenta de las palabras que pronunció.
Cuando elevó los ojos, al cabo de unos segundos, Hermione ya no se encontraba frente a él. Dio un vistazo a su alrededor y la vio sentada encima de unos cojines, leyendo con bastante atención otros pergaminos, algunos de los cuales ya estaban descartados en el suelo a sus pies.
- ¿Qué buscas?
- El hechizo para localizar a la gente – le contestó un poco brusca, luego, como si se hubiera dado cuenta de aquello, se disculpó con una ligera sonrisa – Lo siento – dicho esto, se volvió a concentrar en la lectura
- ¿Crees que podremos hacer lo mismo que en el mapa?
- Es complicado. Creo que primero deberíamos empezar con lo más simple: buscar a una persona en concreto – se colocó a su lado, arrodillada frente a la escultura de luz y pronunció unas palabras en latín que contenía el pergamino que llevaba en sus manos, apuntando justamente hacia la pared en la que se apoyaba la mano de Ron. Éste, de inmediato, sintió un ligero cosquilleo y apartó rápidamente el brazo.
- ¿Nosotros? – preguntó con interés, puesto que no había escuchado nombre alguno.
- No – contestó ella, mirando atentamente todo el mapa – A alguien que sé donde va a estar.
- ¿Quién….?
- Allí – le interrumpió Hermione de repente, señalando una luz rojiza, que destacaba sobre toda la estructura, tan blanca y tan luminosa. Con la varita, sin que ésta llegase a tocar la estructura, la señaló – En la lechucería.
- Se mueve
- Está empezando a anochecer. Desde hace semanas hace lo mismo – calló por un momento, luego continuó – Si yo estuviera en su lugar haría lo mismo – añadió, echando un vistazo ligero a su lado, y luego, inmediatamente, retornó su vista al punto que se movía rápidamente, como si corriera, descendiendo de nivel y avanzando por el mapa.
- ¿Quién es?
- De verdad, hay veces que no sé que tienes en la cabeza, Ronald Bilius Weasley. Piensa un poco. ¿A quién conoces que desaparezca de la sala común casi todo el día¿Qué no se la ve¿Qué no sabes dónde ha estado o que ha estado haciendo…? – la mirada del chico era bastante confusa. Que él supiera, sólo había una persona que cumplía esas características… y esa persona estaba ahí, a su lado, y no corriendo… Hermione movió ligeramente sus ojos con desesperación - ¿Qué dejó el equipo de quidditch a principios de curso? – dijo finalmente. Si con eso no lograba saber quién era es que… bueno, no había remedio ya.
- ¡Ginny! Pe-pero… pero… ¿Qué…? No comprendo…
- Aguarda noticias. En su corazón sabe que algún día regresará así que le espera…
- Pero…
- Las razones del amor no tienen explicación, Ron – le interrumpió ella, apoyando de nuevo su mano sobre su boca – Mientras que yo he buscado a mi manera, con la poca información que tengo, ella ha estado aguardando, día tras día, sin descanso, alguna noticia suya. Las lechuzas son mensajeras. Ella espera un mensaje. Sabe que algún día le llegará… Lo sabe… Por eso pasa todo el tiempo libre que tiene allí. Por eso mira al horizonte sin descanso…
- La has estado observando…
- Los primeros días. Las primeras semanas de clase. Al principio pensaba que todo lo que yo había visto sólo eran sueños pero… pero su comportamiento me hizo darme cuenta de que era real, De que había un lugar donde él estaba vivo… y que regresaría – agregó viendo con una sonrisa como la mota rojiza se adentraba en la figura del castillo.
- ¿Cómo pude estar tan ciego? - Ron se rodeó las piernas y apoyó la cabeza en su hueco – No me he dado cuenta de nada… Ni de ti, ni de mi hermana… De nadie… No sirvo para nada…
- Intentaste seguir con tu vida. Acuérdate del primer partido. Ganasteis por trescientos a diez. Hiciste grandes paradas… Se te notaba en la cara la satisfacción de la victoria. Tu primer partido como capitán este año… – a la mención de aquello, el chico esbozó una ligera sonrisa en su escondite. Si, era cierto. Había disfrutado… pero también… escondió un poco más la cabeza entre sus brazos… también le había echado mucho de menos. Ya nada era lo mismo. Aquella victoria se la había dedicado…
Se echó a llorar ligeramente y cuando se quiso dar cuenta se encontraba rodeado por los brazos de Hermione, que le acunaba y le consolaba, que le removía el pelo cariñosamente y le depositaba pequeños besos en su frente mientras le repetía una y otra vez…
- Tú no tienes la culpa. Sólo hiciste lo que creías correcto…
Alzó la cara, sus mejillas mojadas. Tembló al sentir las manos de ella limpiándole, consolándole. Él debería ser el fuerte ahora, pero se dejaba hacer. Por una vez, quería sólo dejarse llevar…
Lo siguiente que sintió fue el suave y cálido tacto de otros labios sobre los suyos, de un abrazo que se intensificaba, de un deseo que de nuevo despertaba, aquel que se había quedado renegado unos minutos atrás…
Entonces, un rayo de entendimiento cruzó su mente y comprendió las palabras y los gestos de ella. La razón por la cual se había quedado en el colegio a pesar de que éste ya no tenía nada que enseñarle, como bien había observado antes… Se había quedado por él. Continuaba ahí por él. Sólo por él. Para estar a su lado. Para no abandonarle. A pesar de todo lo que había ocurrido, siempre estaba a su lado…
Alzó ligeramente una de sus manos, recuperando el control de su cuerpo. Ya comprendía. Con cuidado, recorrió de abajo arriba la espalda de ella, estrechándola más a él. Más juntos. Sintió el estremecimiento que circuló por los dos a la vez al darse cuenta del rumbo que estaba tomando la situación… pero ninguno quiso retroceder.
- Gracias – susurró abrazándole y apoyando su cabeza en su cuerpo, sintiéndose seguro, sintiéndose agradecido, sintiéndose el hombre más feliz de la Tierra…
Sus labios jugaban, a la vez que sus manos exploraban rincones secretos a los que nunca se habían atrevido a recorrer hasta ese momento. Poco a poco, las ropas fueron estorbando… y desabrochándose los botones. Poco a poco, muy poco a poco, pues había que disfrutar de aquel momento único. De aquella experiencia inolvidable.
La única luz que había ahora en la habitación procedía de una detallada miniatura del colegio. Ya las velas se habían apagado hacia rato sin que ninguno de los dos se diese cuenta.
Tampoco les importaba.
Ya nada importaba.
Tan sólo ellos.
Se besaron y sus labios empezaron a recorrer su cuello hasta los hombros… hasta la parte que se mostraba. Ron levantó la vista y en la oscuridad pidió permiso para que sus manos pudieran continuar un poco más. Si ella no quería, no seguiría. Pararía. No obtuvo respuesta en sus ojos… pero un instante después, sus manos fueron agarradas por las de ella, y guiadas hacia los botones que él había pedido permiso para tocar. Juntos, los dedos entrelazados, le fue mostrando el camino…
Antes de completar todo, en el último botón, Hermione se apartó ligeramente hacia atrás, pero sus miradas no se separaron. En la oscuridad, no pudo ver bien lo que estaba haciendo, pero escuchó como algo caía al suelo. Luego, dos brazos desnudos le rodeaban y le ayudaban a quitarse la camisa y la corbata del uniforme.
Las dos cosas cayeron al suelo desordenadas, junto a lo que ya estaba allí, a la vez que sus labios se buscaban y se encontraban de nuevo desesperados.
Se quedaron unos segundos quietos, abrazados, de pie, ella apoyada en su pecho, cobijada en sus brazos. En la misma posición que habían tenido un rato atrás, pero esta vez era diferente.
Volvieron a besarse, volvieron a acariciarse. Esta vez el recorrido por las espaldas ya no tenía barrera posible… ya nada impedía que tocasen la piel del otro y aspirasen su aroma y sintiesen su calor…
Lo único que importaba ahora era su amor, su compañía.
Ron dibujó suaves círculos sobre aquella piel desnuda que empezaba ahora a descubrir por primera vez. Era mucho más de lo que hubiera imaginado. Bastante más. Mil veces mejor… Todavía había un obstáculo en su camino, todavía no podía acariciar la espalda de ella completamente, pero no había problema. Deseaba estar ahí. Deseaba estar con ella. Abrazado, junto a ella… A su ritmo, disfrutando… Pero entonces, como le sucediese antes, dos manos guiaron a las suyas por detrás de la espalda…
El beso que compartían se intensificó mientras se dejaba llevar, mientas ella le indicaba el camino. Creyó escuchar un ruido, algo cayendo… pero no importaba.
Nada importaba.
Tan sólo ella.
Él.
Los dos.
Sus cuerpos sabían que hacer: su instinto les guiaba.
Lo demás no importaba…
Cuando se quiso dar cuenta, estaban ya en el suelo, en un rincón de la habitación.
¿Cómo y en que instante habían llegado allí?
No importaba.
Tan sólo ellos dos importaban.
Los cojines del lugar parecían que les habían estado aguardando todo el rato.
Todo mullido. Todo esponjoso… Un mar de nubes. ..
En medio del cielo.
Y fue allí donde llegaron.
Amor y deseo.
Enemigo, amigo, amante…
Te quiero, te deseo.
Miradas en la oscuridad.
Consentimiento…
Amor y deseo…
Sobraban las palabras
Besos. Caricias. Abrazos…
Fuego. Pasión. Sentimientos…
Sus manos, sus cuerpos…
Sus almas, juntas, rozaron el límite de lo increíble, de la felicidad…
Temblaron un instante y luego… permanecieron abrazados, escondidos entre las sombras de la habitación. Sus respiraciones relajándose a la vez, apoyado el uno en el otro…
Todo lo demás sobraba en ese instante: las palabras, la luz… lo único que se necesitaba era lo que ya se tenía: aquella persona a su lado. Con amor, todo lo demás no importaba.
¿Cuánto tiempo pasó antes de que volvieran a la realidad?
Podría haber sido mucho, podría haber sido poco.
Pero si era verdad que había pasado toda una vida.
Ya no eran los mismos que habían entrado por la puerta un rato atrás.
Ya no eran los mismos que habían estado observando con curiosidad aquella réplica del colegio que todavía centelleaba débilmente en el centro de la habitación. Desde las sombras donde se encontraban no llegaba su reflejo de luz.
Ahora eran distintos.
El amor que los unía había querido dar un paso más y ellos sólo se dejaron llevar de la mano.
No se arrepentían de lo sucedido. Era el momento, justo cuando ambos deseaban, sin presiones, sin imposiciones… cuándo los dos habían querido.
El pelo castaño y espeso de la muchacha se extendía sobre el pecho de él. Sus manos entrelazadas, sus cabezas apoyadas una sobre la otra…
Una imagen de felicidad…
Con los ojos cerrados ambos disfrutaban de aquel momento: de la respiración del otro, de los latidos que se notaban a la vez a través de la piel…
Pero, como nada es eterno, la realidad les llegó finalmente.
Con un ligero beso en la frente, Ron se movió y buscó con las manos una sábana que había visto antes. Antes de levantarse finalmente, depositó en los ojos cerrados de ella una leve caricia, un suave roce con sus labios. Después, cuidadosamente, tapó el cuerpo de la mujer que cada vez amaba más. Cada instante, cada segundo que pasaba se daba cuenta de lo afortunado que era…
Tanteando, buscó su ropa, valiéndose de la débil luz que emergía de la miniatura de luz. ¿Cuánto había pasado desde que la viera por primera vez? Toda una eternidad, toda una vida, pensó mientras se ponía la camisa despacio y la observaba, sin hacer ruido, sin perturbar la quietud del lugar, sin hacer nada que la despertara…
Tras ello, silenciosamente, se sentó al lado de la escultura de luz, observando el reflejo de ésta sobre aquella figura que se percibía entre las sombras de la habitación. Tan dormida, tan pacifica…
Dejó que su mente recordara, retrocediera…
Todo había sido tan increíble que, incluso ahora, todavía pensaba que había sido un sueño…
Un increíble y fantástico sueño…
Al fin había llegado a su habitación.
Al fin, a la tranquilidad de su cama, de su refugio particular.
Rápidamente, cerró las cortinas que le rodeaban y se aisló del mundo entero.
Entre sus manos, aferraba todavía su túnica abultada.
Cuando sintió a su alrededor la seguridad de estar completamente sola dejó que toda la emoción que tenía dentro de ella saliera a la superficie.
Era cierto.
Las lágrimas de felicidad empezaron a caer sobre su cama…
El bulto que escondía bajo su ropa empezó a moverse ligeramente y luego una pequeña cabecita blanca emergió de la túnica. La lechuza salió poco a poco de su escondite y se refugió entre los brazos de la muchacha. Ambas estaban tan emocionadas…
Ginny dejó que su pelo se confundiera con el blanco y suave pelaje del ave mientras la abrazaba junto a su pecho. Rojo y blanco. Lágrimas y felicidad. Todo mezclado. Todo a la vez: esperanzas realizadas y sueños cumplidos…
Entre sus manos, aferraba fuertemente aquello que le había llevado la lechuza, aquel mudo mensaje que tanto decía, que tanto significaba para ella en esos instantes. Una pequeña y corriente hoja de árbol… pero especial, no por su color, un verde débil, sino por su significado, pues sólo conocía un lugar donde hubiera visto antes ese tipo de hojas. Sólo un lugar donde había estado, donde había disfrutado, donde había corrido, jugado, besado, disfrutado… donde se había separado de una persona con la esperanza de volver a verla pronto…
Y, ahora, cuatro meses después, llegaba finalmente el mensaje que tanto había estado esperando.
Estrujó de nuevo entre sus brazos a la portadora de las buenas noticias, a la blanca lechuza…
Lágrimas de felicidad siguieron rodando por sus mejillas sin parar.
Un increíble y fantástico sueño que era real, completamente real, pensó por enésima vez Ron, observando los juegos de las luces y las sombras.
Sueño y realidad.
Realidad y sueño mezclados, sin saber cuál es cuál…
Eso le recordaba a…
Gateó y buscó por los pergaminos esparcidos por el suelo, acercándolos a la luz del mapa tridimensional para poder leerlos.
¿Qué había dicho ella?
¿Cómo se llamaba?
Al final encontró lo que buscaba. Aquellas palabras que no lograba recordar ¡había pasado tanto en tan poco tiempo!
Si, ahí estaba. Su escritura, sus trazos delicados y firmes, pequeños y decididos. Y el nombre del lugar.
Lo miró. Lo observó… y, entonces, recordó.
No era mucho, pero era una posibilidad, una ligera y pequeña esperanza pero… cuando nada se espera, hay que intentarlo todo.
Se dirigió decidido hacia la figura dormida. Le apenaba despertarla, tan pacífica, tan dulce estampa. Con delicadeza, se agachó y apoyó sus labios sobre los de ella, depositando un ligero beso a la vez que sonreía con completa y absoluta felicidad.
- Es hora de despertar – dijo dulcemente, sentándose a su lado en las sombras.
- ¿Qué? Oh – acertó a decir Hermione al darse cuenta de todo en ese momento. Con rapidez, se puso la sábana alrededor de su cuerpo, aferrándola fuertemente y tapando sus hombros y brazos completamente, lo único que estaba al aire en ese momento. A pesar de que no podía verle, un ligero rubor apareció en sus mejillas - ¿Has estado mucho rato… aquí?
- Acabo de acercarme – respondió Ron, sentado de medio lado y observando la débil fuente de luz de la habitación – He estado pensando… ¿Es cierto que cuando estuviste… allí… esa mujer dijo… exactamente "Tierras de Ensueño"? – preguntó dudoso, como si no encontrara la frase exacta, nervioso, intentando no darse la vuelta completamente y mirar hacia la cama… No quería ponerse más nervioso de lo que estaba ya ahora.
- Palabra por palabra. No se me va a olvidar nunca. Pero en ningún sitio he encontrado alguna referencia…
- Y no la encontrarás. Ten – le interrumpió rápidamente él, cada vez con más decisión en sus palabras. Después, con un rápido gesto, le acercó el montón de ropa, volviéndose completamente para no mirar. Continuó hablando, tanto para no olvidar lo que había estado pensado como para no escuchar el ruido que se oía ligeramente detrás de él – Es sólo que… se piensa que es sólo un cuento para niños muy pequeños. Como el hombre del saco, el hada de los dientes y todo eso. Cuentos inventados. Leyendas de la niñez. Algo para hacer que se duerman…
- ¿Duerman? – Hermione se acercó a él por detrás, intrigada, abrochándose ya el último botón de su camisa.
- Si. Es una antigua nana. Dice algo sobre los sueños que se pueden hacer realidad… No dice ese nombre exactamente, pero creo que es ese lugar. Espera – Ron cerró los ojos y empezó a tararear una melodía sin letra. Tenía que recordar como era. Había pasado tanto tiempo desde que era un pequeño niño, desde que su madre le cantase esa canción, o viese hacerlo a una cuna donde estaba su hermana pequeña… Se trasladó a ese tiempo y a ese lugar… y empezó a cantar, tatarear, muy bajo, muy despacio – "Hay un mundo donde todo es posible. Hay un lugar donde todo se hace realidad. Tus sueños y los míos. Tus esperanzas y tus ilusiones. Duerme niño, duerme. Sueña. Imagina. Crea. Alimenta ese mágico mundo donde todo es posible. Niño pequeño, no dejes nunca de soñar, pues si no, ese lugar de ensueño desaparecerá…" – bajó lentamente la cabeza, abriendo los ojos: el resto del recuerdo se había perdido. Con desilusión añadió – Ya no me acuerdo de más, creo que también había una leyenda de que no se podía entrar al mundo de los sueños porque los seres humanos no pueden mezclarse con sus fantasías… Pero nada más recuerdo, lo siento – terminó de decir abatido, agachando la cabeza.
- Eso es. ¿Cómo no se me había ocurrido? Ensueño significa Fantasía. El mundo de los sueños – exclamó Hermione de repente – Ahora todo tiene significado – rápidamente se levantó de los cojines donde se había sentado para escuchar mejor. Parecía buscar algo. Frenéticamente abría uno tras otro los libros y, tras dar un vistazo rápido los volvía a dejar en su lugar… para volver a coger otro distinto al instante siguiente – Hace semanas… encontré algo… Un hechizo antiguo… Sobre encontrar un sueño perdido y…
- Y crees que se puede modificar para encontrar a alguien perdido en el mundo de los sueños – terminó de decir Ron, situándose a su lado rápidamente.
- Hay que intentarlo todo… la esperanza es lo último que se pierde
Ron entrelazó su mano con la de ella, y con una mirada de entendimiento, de apoyo, de fe, de esperanza, se puso a buscar también. Juntos lo lograrían.
- ¿Qué quieres qué? – Fred se giró rápidamente al escuchar la proposición que Harry había pronunciado nada más entrar en la habitación de repente, tras haber subido corriendo desde la cocina unos instantes antes – Es imposible – añadió mientras dejaba encima de la mesa unos pequeños objetos que había tenido escondidos en los bajos de su túnica.
- ¿Tú que piensas George? – Harry se dirigió hacia el otro gemelo – Sé que lo podéis hacer. Sólo necesito ese favor…
- Pero… ¿no crees que sería mucho mejor…?
- ¿Hacer saber que estoy vivo? – le interrumpió rápidamente – Ya lo he pensado y creo que si yo estoy… él también… ya sabéis… Por eso necesito que nadie me pueda encontrar… Seguir escondido y… - Harry quedó pensativo unos segundos, mirando hacia la ventana - … y así evitar que puedan dañar a las personas que quiero… No me gustaría que la lucha se iniciase de nuevo, por mi culpa…
- Pero todos los mortifagos han desaparecido. Ya no están.
- No significa que hayan dejado de existir – agregó con tristeza Harry, observando el brillo de la luna, la tranquilidad del exterior, tan diferente a como se sentía ahora. Alegre por regresar, apenado por llegar… – Sé que siguen ahí, agazapados, esperando la oportunidad de atacar y dar el golpe final. Esto sólo es un tiempo para reforzarse… y la próxima vez… será la definitiva. No habrá ninguna más. Será más dura y terrible como nunca antes – terminó de decir y un pesado silencio inundó la habitación, sólo roto por el movimiento de las agujas de un reloj en la lejanía.
- Creo que… tienes razón – dijo pensativo Fred al cabo de unos instantes, mirándose las manos apoyadas encima de la mesa – Dentro de mí intuía que la paz de ahora no duraría siempre. Que era como la calma antes de la tempestad… Pero me intentaba engañar a mí mismo, diciéndome que eran sólo tonterías, que al fin había llegado lo que todos habíamos esperado y… Bien, creo que tendremos que intentar lo que nos has pedido – Fred cambió el tono de voz al final, de melancólico a decidido, dándose la vuelta y empezando a dar un vistazo a las estanterías de la habitación en busca de algo.
Harry le miró agradecido y, volviéndose hacia George le observó interrogativo.
- Pienso igual que él. Yo también sentía que no era el verdadero final, tan sólo una pausa
- Gracias chicos, sois unas grandes personas
- Todo sea por nuestro gran colaborador – rió George – Ya sabes que sin ti la tienda de bromas nunca se hubiera hecho realidad…
- Mejor dicho, con su dinero – agregó Fred divertido, subido en la cama e intentando agarrar una gran caja de lo alto de un estante. Antes de que pudiese decir algo, dos personas se abalanzaron sobre él… provocando que todo el cuidado que había puesto para que nada se desmoronase desapareciese en un instante – Mamá nos va a matar – murmuró al lograrse incorporar, abrir los ojos y ver todo el suelo y cama desordenados y llenos de objetos, cada cual más raro que el anterior.
- ¿Qué buscas?
- Esto – le respondió Fred al segundo, levantando entre sus manos una varita, un tanto antigua y casi rota. Harry la reconoció de inmediato: era la que había llevado Ron los primeros años en Hogwarts, la que había heredado de uno de sus hermanos… la que le había creado unos cuantos problemas a causa de su mal estado y condición.
- Es la única varita que tenemos a mano – se disculpó el pelirrojo al ver el temor que empezaba a dibujarse en su cara – Aunque si no quieres…
- Creo que tendré que arriesgarme y tener mucha, mucha, mucha fe.
- Y mucha suerte
- George
- De acuerdo hermanito. Bien, yo voy a buscar algo que también necesitamos… Buena suerte Harry – le susurró George al pasar a su lado antes de salir de la habitación.
- ¿Estás seguro?
- Completamente. Necesito que nadie me pueda encontrar. Ningún hechizo, ninguna forma de que me puedan localizar. Esconderme de todos… Igual que lo hizo Sirius al escapar de Azkaban. Necesito que utilices el hechizo incontrable en mi…
- ¿Por qué yo? – preguntó Fred, sentándose en la cama, tras apartar un par de objetos de ella - ¿Por qué no George?... ¿O Ron? – añadió pensativo mirando la varita que tenía en las manos – Nosotros no somos nadie…
- No sé explicarlo – Harry se puso a su lado – Si es verdad que Ron es mi mejor amigo, que es un hermano para mí. Y también sé que hay otras personas que pueden hacer esto pero… también es verdad que vosotros sois como los hermanos mayores que nunca tuve. Toda vuestra familia. Todos sois mi familia. Desde que os conozco me habéis hecho sentir como uno más, sin importar quien fuera o lo que había hecho. Tan sólo por ser yo. Todavía recuerdo el primer día en la estación como me ayudasteis sin conocerme… y como, luego, a pesar de saber quien era, no cambiasteis vuestro comportamiento, seguisteis siendo vosotros mismos…
- Somos Weasley, lo llevamos en la sangre – dijo Fred bajando la cabeza y mirando hacia el suelo y luego, como para quitar importancia a la conversación, agregó – Creo que, incluso, si buscamos en el árbol familiar encontraremos a Godric Gryffindor como antepasado. Nobles y absolutamente inconscientes cuando hay que hacer algo importante. Sin pensar en las consecuencias de nuestros actos al arriesgarnos – terminó con una sonrisa en la cara.
- Si, exactamente sois así…
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- Si, exactamente sois así – escuchó decir a Harry antes de decidir abandonar su puesto escondido y volverse a su habitación. Con cuidado e intentando confundirse con las sombras de la casa, empezó a andar. Ahora entendía todo. Ahora comprendía porque a veces le veía a él algo ausente en los últimos días, antes de salir… lo que había sucedido tan sólo unas horas antes. Ahora sabía mejor que era lo que le ocurría. Si, ella ahora le comprendía puesto que empezaba a echar tremendamente de menos a su madre… y no sabía si la volvería a ver algún día.
Se apoyó contra la pared. Habían sucedido tantas cosas en tan poco tiempo. Al fin, después de tanto tiempo soñado, habían logrado salir de su encierro… pero ¡a que coste! Cerró los ojos, intentando recordar la cara de su madre, su sonrisa, sus ojos, sus gestos, y al final siempre la misma imagen, aquella que le torturara un día por la noche, aquella que le había mostrado su sacrificio, su desaparición para que ella, su hija, pudiese tener una oportunidad de escapar.
"No te olvidaré" pensó, intentando contener las lágrimas que peleaban por escapar de sus ojos "Disfrutaré de todo lo que no has podido disfrutar tú: de la vida, de la libertad" y, a pesar de sus esfuerzos, unos profundos surcos empezaron a dibujarse en sus mejillas. No podía dejar de pensar, ahora con más tranquilidad, en todo lo que había sucedido y en todo lo que significaba. Ahora ya empezaba a comprender las grandes consecuencias que habían conllevado sus actos, tanto para ella como para todos lo que habían participado, de manera directa o indirecta. Ya nada sería igual que antes.
"No te preocupes, seguiré adelante. Eso es lo que tú quieres que haga" dejó que su cuerpo resbalase por la pared hasta quedar sentada.
Fue así como la encontró, segundos después, George. Regresaba a su habitación con las manos llenas de objetos, pero eso no fue impedimento para que se agachara a su lado.
- ¿Estás bien, pequeña? – preguntó, dejando las cosas en el suelo. Al ver que ésta no respondía, se acercó un poco más y entonces vio la tristeza en su rostro, la pena en su cuerpo. Con delicadeza, le limpió las lágrimas de sus mejillas y se sentó a su lado – Sabes, me recuerdas a mi hermana. Cuando estaba muy triste, se escondía y lloraba hasta que alguno de nosotros le encontrábamos dormida en medio del pasillo y le llevábamos a la habitación. Nunca le preguntábamos porque lloraba… sólo esperábamos y si ella lo quería contar ahí estábamos para escucharla siempre.
- Que afortunada de teneros – dijo entre hipidos Sianna, ya más calmada – Yo no tengo hermanos y…
- Ahora si. ¿Te llevo a tu habitación? – George le tendió la mano para que se pudiese levantar del duro suelo, no frío puesto que esa casa tenía mucho calor humano en su interior.
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Harry vio como el hechizo impactaba contra su pecho. Siempre había imaginado que después habría una sensación de algún tipo pero nada de eso sucedió. Ni tan siquiera un ligero cosquilleo o estremecimiento o algo parecido a lo que sintiera cuando, años atrás, utilizaran en él un hechizo de ocultación, la primera vez que conociera a los componentes de la Orden del Fénix. Desde entonces habían sucedido muchas cosas, algunas buenas, otras malas…
Movió ligeramente la cabeza, en un intento por hacer desaparecer los malos pensamientos que empezaban a aparecer por su mente. No, ahora no quería pensar en lo malo. Ahora había que pensar en el presente, sólo en eso. Lo malo, cuanto menos se piense en él, mejor.
Regresando a la realidad, levantó la cabeza y preguntó
- ¿Eso es todo?
- ¿Pensabas que era mucho más? Bueno, ya sabes que a veces se exageran mucho las cosas – dijo Fred con una media sonrisa en la cara, tumbándose en la cama boca arriba y mirando hacia el techo – Ahora ya eres incontable. Por más que intenten buscarte por cualquier medio, nunca te encontrarán.
- ¿Y las lechuzas? – preguntó, aunque ya sabía la respuesta, a pesar de que tanto él como Sirius se habían mandado cartas, nunca le habían encontrado. Aunque si era cierto que eso había sucedido pocas veces… Bueno, también eran otras circunstancias entonces…
Antes de que Fred le respondiera, su hermano gemelo entró por la puerta.
- Lo siento. He tenido un pequeño retraso – comentó a la vez que soltaba lo que tenía en los brazos encima de la cama, justo encima del cuerpo que allí estaba.
- Ten cuidado
- Mis disculpas, bella durmiente – exclamó George, aunque en su tono se adivinaba bien que había sido bastante intencionado y sin remordimiento alguno – Bien, Harry, aquí tengo algo para ti – con un gesto alzó un gran objeto alargado – Creo que la vas a necesitar. No es tan rápida como tu escoba pero al menos vuela. Y esto, bueno, no es como tu capa de invisibilidad, pero sirve para lo mismo – Harry miró y reconoció aquellos objetos. Recordó cómo los gemelos los habían estado desarrollando y probando en el último año que estuvieran en Hogwarts, antes de hacer su salida espectacular. Eso tan sólo había sucedido no llegaba a dos años antes, pero desde entonces parecía que había pasado toda una vida.
- Justo lo que os iba a pedir – agradeció agarrando la escoba entre las manos – Necesito ir a un lugar y hacerlo sin que nadie me vea. Sabía que erais un par de genios
- ¿Alguien lo duda?
Harry esbozó una ligera y divertida sonrisa al oír el comentario de Fred desde la cama. Si, verdaderamente eran dos estupendas y extraordinarias personas.
Les observó por un momento y sintió envidia sana de la despreocupación que transmitían, de la alegría con la que vivían, con el optimismo que desprendían… Le hubiera gustado quedarse un poco más en su compañía pero tenía cosas que hacer. Varios asuntos que no podían esperar más.
- Prométanme que cuidarán muy bien de Sianna¿de acuerdo? – dijo Harry ya a modo de despedida desde al lado de la ventana, ya dispuesto
- ¿Acaso lo dudas?
- Venga, vete ya, que te están esperando.
- Nos veremos pronto. Esta vez no tardaré cuatro meses en volver – añadió alegremente mientras salía y sentía la brisa nocturna, el aire a su alrededor y volaba, se fundía en uno con el viento, como tantas veces había hecho. Sintiéndose en su elemento y saboreando la libertad de nuevo.
Ya había vuelto.
Y, en alguna parte, le estaban esperando…
Volando, se perdió en medio de la noche rápidamente.
Nunca hasta ese momento se había percatado de cuantos sonidos diferentes existían en mitad de la noche. El mínimo chirrido, la más pequeña grieta por la que pasaba el aire, los crujidos de la madera… todo aquello se escuchaba mil veces amplificado, y aquello era lo último que había querido.
Escondiéndose una vez más entre las sombras, observó como uno de los fantasmas del castillo aparecía por una pared y desaparecía por otra. Al menos, si fueran sólo ellos no se preocuparía mucho pero no, estaba Filch con su gata, profesores y algunos prefectos también patrullando, es decir, mucha gente con la que no quería cruzarse en esos instantes. Si alguien le viera…
Al observar como el camino quedaba libre de nuevo, empezó a andar con cuidado de no hacer ruido. Nadie tenía que notar su presencia. Tenía que ser invisible.
Después de un duro, complicado, angustioso y largo camino, llegó a la puerta de la habitación que estaba buscando…
Esperaba que se encontrasen ahí dentro, los había estado buscando durante mucho tiempo esa noche.
- ¿Encuentras algo?
- No es tan fácil como parece Ron. Necesito concentración y… digamos que si me estás preguntando cada cinco segundos tengo poca.
- Lo siento. Es sólo que…
- Que necesitas una respuesta ¿verdad? – Hermione le acarició ligeramente la mejilla – También yo deseo que el hechizo termine de funcionar. Que lo encontremos. Pero… no es fácil. Es magia antigua y casi olvidada…
Ron le miró a los ojos y vio amor en ellos y una gran felicidad. Tan diferente a como era antes, tan extraña… tan nueva. Era una sensación increíblemente hermosa.
- ¿Te he dicho ya cuanto te quiero?
- Solamente unas doscientas veces – rió ella ligeramente
- Pues te lo digo una vez más. Nunca me cansaré de repetírtelo
- Y yo de oírlo – le contestó mientras veía como el espacio entre sus bocas se reducía lentamente… Un ruido hizo que el momento mágico se rompiera – Creo que el mapa ya está listo.
- Que oportuno – exclamó Ron, sentándose y dando un largo y sonoro suspiro.
- Veamos si lo encontramos "nuestro sueño perdido" He modificado un poco las palabras para que localice a una persona y… en un par de segundos nos mostrará dónde está.
- Como el castillo – en el centro de la habitación todavía relucía aquella miniatura, aunque ahora la pequeña lucecita rojiza no se distinguía dentro de ella: habían deshecho la observación bastante rato antes
- Exacto, como en el castillo – afirmó Hermione, sintiéndose muy orgullosa de su logro. Cada vez que lo miraba seguía sin poder creerse que ella lo hubiera realizado pero si, así había sido.
Los dos callaron y miraron hacia el trozo de pergamino que tenían enfrente, donde las líneas empezaban a materializarse poco a poco. Al principio muy nítidamente, muy claras, muy ligeras. Dibujándose el contorno de una tierra extraña, de un lugar que se estaba extendiendo hacia los bordes del papel, como si no tuviera fronteras visibles, como si fuera muy extenso y grande… En el centro de él, una gran torre se estaba creando, como si aquello fuera el corazón, como si de ahí procediera toda la fuerza vital. Una torre extraña, una forma extraña. Atrayente, cambiante ahora, sin forma definida, como si se estuviese rediseñando en esos momentos, dejando atrás una silueta y convirtiéndose en otra bien distinta… Pero aquello no fue lo que llamó la atención a los dos jóvenes que observaban.
Allí, destacando sobre todas las líneas, sobre todos los dibujos de aldeas, de bosques, de caminos, de lagos y de ríos, una bien definida marca estaba apareciendo. Desde el principio, desde que la vieran por primera vez, algo le había hecho destacar sobre las demás. Y no era porque fuera muy diferente a las demás, era como si les fuera familiar, tremendamente familiar.
Vieron como la línea se extendía casi hasta tocar la torre, pero luego retrocedía, internándose en un bosque. Ahí continuaba y continuaba, dibujando un gran arco hasta…
Hasta que desaparecía de los límites del pergamino.
Le habían perdido. Habían estado tan cerca de encontrarle y, al final… le habían vuelto a perder de nuevo
Con furia, Hermione cogió el pergamino y lo arrugó con fuerza. No podía contener las lágrimas. Habían estado tan cerca, tan increíblemente cerca de encontrarlo. Tiró el papel hacia el suelo y éste cayó a escasos centímetros de la miniatura del castillo. Después, se agarró las rodillas y se puso a llorar desconsoladamente. Tan cerca. Tan cerca habían estado.
- Shhh. No te preocupes. A la próxima lo conseguiremos – intentó consolarle Ron, poniéndose a su lado, abrazándola, dándole su apoyo, acariciándole el pelo, dejando que ella llorase sobre su pecho – Lo conseguiremos. Le encontraremos – repitió una vez más, tanto para ella como para él. Lo quería creer con todas sus fuerzas. Quería que fuera verdad. Que se hiciera realidad…
Inmersos como estaban en aquel abrazo no se dieron cuenta de que alguien abría la puerta y entraba en el lugar. Esa persona les contempló desde las sombras, alegre por encontrarles, tremendamente emocionada por verles así, tan juntos, irradiando aquella imagen de felicidad y amor. ¿Cuándo había sido la última vez que se sintiera así? Hacia mucho, mucho tiempo.
Les siguió mirando a escondida. No quería interrumpir. No quería que nada perturbase aquel momento mágico de amor. Una envidia sana nació en su interior.
- Ya estoy bien. No te preocupes – Hermione se apartó todavía con los ojos rojos de tanto llorar – Gracias – dijo moviendo los labios, sin pronunciar sonido alguno
- Sólo… necesitamos un pergamino más grande y… - empezó a decir Ron, pero alguien le interrumpió desde las sombras.
- No hace falta…
Ya no se acordaba de cuando había sido la última vez que se sintiera así. Tan libre. Tan cerca del cielo como de la tierra, en la delgada línea entre ambos. Volando en medio del cielo, con la luna como techo, con la tierra bajo sus pies. Tan decidido a ir a un lugar. Con tantas ganas de llegar. Si hubiera sabido como aparecerse lo hubiera hecho, pero esa lección todavía no la había tenido. Supuestamente ese año les iban a enseñar a aparecer. Sonrió al notar como ya pensaba en el colegio, en las clases, en la vida cotidiana, en regresar a lo que conocía, en ver a las personas que más quería y añoraba…
Paró un momento en mitad del aire.
No, ya no era tal y como lo conocía.
El mundo que había dejado atrás era diferente del que iba a encontrar ahora.
Todo había cambiado. Ya nada era igual.
Con gran pesar en su corazón, Harry modificó ligeramente la trayectoria de la escoba y siguió volando en mitad de la noche. Antes de volver tenía que hacer algo importante, muy importante para él…
- ¿Qué extraño? Juraría que no dejé así las sillas de la cocina cuando salimos – exclamó la matriarca de los Weasley al entrar en esa habitación desde la chimenea – Te juro que como Fred y George hayan hecho alguna de las suyas…
- De momento la casa parece estar bien – comentó despreocupadamente Tonks llegando a su altura – Además¿Qué pueden haber hecho en las pocas horas que llevan aquí solos?
- No te lo puedes ni imaginar. ¿Ya hemos llegado todos? – preguntó dando un vistazo alrededor y comprobando que, efectivamente, no faltaba nadie. Dio un vistazo al reloj que colgaba de la pared y observó como todas las agujas indicaban "en casa", a excepción de dos, que se encontraban apuntando a "en el colegio"
Sonrió para sus adentros, dentro de unos días se reunirían todos en aquella casa para una gran celebración, la de la boda de la persona que se encontraba a su lado. Sería un día inolvidable, de eso no tenía ninguna duda. Un día tremendamente inolvidable.
