Espero que os guste :)
Y muchas gracias por leer :)

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Capitulo 25 Futuros inciertos

Mientras estaba sentada en la pared, apoyada en el suelo, escuchaba como retumbaban en su mente aquellas palabras una y otra vez. Se encontraba en el cuarto de baño, sola. A pesar de haberse prometido a sí misma guardar la calma, no perder los nervios, no derrumbarse… la realidad era completamente diferente. Estaba llorando. Desde que había entrado en esa pequeña habitación las barreras que se había autoimpuesto habían caído, revelándose al fin la verdadera cara que estaba escondiendo al resto del mundo, a aquella muchacha que estaba aterrada, muerta de miedo ante todo lo que iba a ocurrir. Temblaba ligeramente y, aunque se abrazaba el cuerpo en un vano intento por calmarse, no podía dejar de llorar. Y las palabras seguían retumbando en su cabeza. Una y otra vez.
Había sido un instante… pero que había cambiado completa y absolutamente toda su existencia.
Ella, que siempre había sido tan responsable, ahora se encontraba en la peor situación posible.
Nunca se lo hubiera imaginado, ni tan siquiera se le había pasado por la cabeza… pero, ahí estaba, la realidad innegable, de la que no podía escapar. Tenía que hacer frente a las consecuencias de sus actos, aunque eso conllevara dejar atrás un futuro con el que había estado soñando toda la vida.
Sí, era verdad que nunca había creído en las palabras de esa profesora, que nunca había creído en predicciones, en adivinaciones… pero todo lo que había dicho, todo lo que les había dicho a ambos… eran cosas que no podía saber… y más después de lo que había sucedido aquella noche. En ese instante, cuando escuchó esas palabras, ya sintió que nada volvería a ser igual… Y cuando se percató del verdadero significado que éstas tenían… el mundo se le vino abajo.
Estaba en último curso de la escuela.
Era demasiado joven…
Demasiado joven para ser madre.
Hermione se limpió las lágrimas que caían por su rostro, pero otras ocuparon enseguida su lugar.
Todavía retomaba en su mente las palabras de Trelawney
"Tan jóvenes… ¿Quién iba a pensar que sucedería? Pero es lo que ocurre cuando se ama a una persona: uno se entrega a ella totalmente… y puede surgir algo más que no se espera…
¿Quién iba a decir que acabarían juntos? Tan diferentes, tan distintos. Las cartas lo dijeron hace tiempo pero no fue hasta años después de que se conocieran por primera vez que se declararon sus sentimientos. Y son fuertes. Un amor sincero y puro. Un amor que rompe las barreras que la vida les pone en medio. Un amor que es fuerte y valiente. Nada temen si el otro está a su lado. Pero… aún les queda una gran prueba más. La última. La más terrible. Sólo confiando ciegamente en el otro conseguirán vencerla… y si no pueden, una Dama Blanca les esperara tras la frontera de la vida…"

Palabras.
Palabras enigmáticas que luego habían dado paso a la voz normal de la profesora anunciándoles que aquel día iba a ser el último del trimestre, y que aquella tarde iba a celebrarse el funeral de Dumbledore.
El último día de colegio de aquel trimestre… y quizás el último para ella, que no sabía si iba a volver o no… no después de todo lo que sucedía y sucedería.
Se abrazó más fuerte, esperando que aquello fuera sólo un mal sueño… pero no lo era, y ahora tenía que afrontar las consecuencias.
Su mente tampoco la quería dejar tranquila, y siguió recordando esas palabras una y otra vez, aquellas palabras que le anunciaban que toda su existencia ya no sería igual a partir de entonces.
¿En qué momento había pensado que la vida era fácil?
Enterró la cabeza entre sus manos. Allí, a unos metros de ella, se encontraban los demás, todavía hablando, felices de tener a Harry de vuelta. Ella también lo estaba. Inmensamente feliz… Por eso se había tenido que ir, alegando una excusa tonta, para no estropear tanta alegría con sus problemas. Para poder llorar y desahogarse sin delatarse. La verdad era que tenía miedo, mucho miedo del futuro…

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La música y la fiesta finalmente llegaban a su fin y los invitados se marchaban, no sin antes despedirse de sus anfitriones, de los dueños de la casa donde se había celebrado la boda y el banquete. Todo había salido perfecto y con ese sentimiento se iba todo el mundo.
La mayoría de los comentarios eran del tipo:
- Ha sido una fiesta realmente fantástica.
- Todo ha sido muy bonito.
O, también, abundaban muchos los dirigidos a la blanca, radiante y resplandeciente novia:
- Dentro de unas pocas semanas nos veremos de nuevo, querida.
Acompañados, casi la totalidad de las veces, de una ligera y amorosa caricia en el abultado vientre de ella. Sí, dentro de un par de meses, más o menos, se volverían a ver, pero esa vez ya serían dos más en la familia. Que rápido cambiaban las cosas.
Tonks vio como la sala iba quedándose vacía, permaneciendo en ella sólo unas pocas personas, la mayoría las que vivían actualmente en la casa. Ella también, a partir de ese día y hasta que diese a luz se iba a quedar en la casa de los Weasley. Siempre venía bien tener a la madre cerca en esa última recta del embarazo y, ella que no tenía padres por la guerra, había encontrado en Molly la sustituta perfecta, una mujer que la trataba como exactamente como una hija, aunque no fuera de su sangre. No tenía ninguna duda, había tenido mucha suerte.
Además… miró hacia los sillones, sonriente y feliz, todavía le quedaban parientes queridos a su lado. Allí estaba, sentado, descansando, Sirius. Junto a Remus. Casi siempre les había visto juntos en su juventud, bueno, a decir verdad, siempre iban cuatro juntos, después, por circunstancias de la vida, se había reducido el grupo a ellos dos solamente. Quizás por esos estaban tan unidos, porque las tragedias habían marcado sus vidas y se apoyaban mutuamente. Parecían estar hablando, comentando algo, pero en voz tan baja que ella no podía escuchar nada desde la posición en la que se encontraba.
Así que, una vez dicho adiós al último invitado, se dirigió hacia ellos. Les iba a proponer que se quedaran a dormir allí, en la casa. No se lo había consultado a Molly, pero seguro que ella no tendría ningún reparo en dejarles. Siempre había sitio para uno, dos o más en esa casa.

- No creo que sea buena idea, Sirius. Aunque creamos que podemos estar a salvo, alguien le puede descubrir… y sabes que es mejor que no se sepa…no todavía…
- Y entonces¿Qué propones? No hay otro sitio donde podemos estar — dijo el animago derrotado — Descartando la mansión Black y tu casa, no nos queda otro lugar donde ir…
- ¿Por qué no os quedáis aquí? — interrumpió Tonks de repente. Según había escuchado y entendido de la última frase de la conversación, que era la que había escuchado al llegar, buscaban un sitio donde quedarse. Bien, la propuesta que iba a hacerles parecía ser una buena idea.
Los dos hombres se intercambiaron una mirada rápida, llena de significado.
- Lo siento Tonks. No podemos — fue Remus quien habló, pero podría haber sido perfectamente Sirius.
- Nos hubiera gustado mucho quedarnos. De verdad — añadió éste, al ver su cara de desconcierto. Como se había sentado a su lado, le agarró las manos tiernamente — Es sólo que… No es seguro. No podemos decirte la razón.
- Pero…
- No es por ti, es por nosotros. Tenemos... asuntos que atender — dijo, haciendo una pausa para poder inventar algo, aunque no pudo hacer mucho… no así, cuando su prima le miraba con aquella cara de súplica a la que él pocas veces se podía resistir — Ya lo comprenderás en su momento — dijo al final, soltándole suavemente las manos — Ahora, creo que tengo que ir a despedir a los chicos. Me parece que los encontraré arriba, si mal no recuerdo donde están sus habitaciones — añadió, levantándose del sillón y desapareciendo por la puerta.
- ¿Tan importante es lo que tenéis que hacer? — logró preguntar Tonks cuando ya no distinguió nada de su pariente. Remus, a su lado, también estaba con expresión algo preocupada y pensativa.
- Si, es muy importante. De momento no podemos decir nada…
- Pero acabáis de salir de un encierro de ¿seis meses¿No podéis descansar unas semanas?
- Con este asunto… justamente no — murmuró Remus, después, ya con tono normal, añadió, intentando que sonase alegre — Pero no te preocupes, que vamos a estar bien. No es tan peligroso como crees. No vamos a enfrentarnos a nadie. Es… más bien una misión de protección…
Cuando Tonks iba a preguntarle exactamente a quién iban a servir como escolta (no sé le ocurría ninguna persona, todos estaban a salvo, no había lucha alguna ahora¿no?), apareció de nuevo Sirius por las escaleras. Parecía bastante animado, como libre de alguna preocupación anterior.
- Ya tenemos a dónde ir, de momento… - fue lo único que dijo como respuesta al llegar a su lado, después, se agachó y le dio un beso de despedida en la mejilla a su querida prima — Nos vemos en unas semanas¿verdad pequeños? — añadió mirándola dulcemente y acariciándole ligeramente el vientre antes de salir al jardín.
Tonks les vio marcharse a los dos. Extrañamente habían llegado en escobas, mejor dicho, Remus volando y Sirius en la moto. Le había parecido un poco raro puesto que en el vehículo podían caber dos personas. Bueno, seguramente sus razones tendrían, pensó antes de cerrar totalmente la puerta de entrada, para regresar a la casa y a su habitación.

- ¿Estás viviendo aquí?
- Sí, ahora esta es mi casa — dijo la muchacha, mirando hacia la silueta recortada que se distinguía en el cielo. Bastante extraña y con algunas zonas que parecían luchar contra la gravedad, pero, al fin y al cabo, una casa, su hogar ahora. A su alrededor, la nieve había dejado de caer, dejando un espléndido y mágico manto blanco — No te preocupes, encontrarás la tuya muy pronto — añadió ella, rodeada todavía por sus brazos y tapada protectoramente con su capa negra. Sentía su temor, su miedo hacia el futuro… y le comprendía bastante bien: él era como ella, había tenido que dejar atrás el mundo donde siempre había vivido para sumergirse en lo desconocido. Quizás por eso le percibía tan cercano, tan vulnerable a pesar de la dureza que parecían desprender sus ojos grises. Le dio un cálido abrazo de apoyo antes de apartarse completamente de él para dirigirse a la casa.
- ¿Nos volveremos a ver?
- Más pronto de lo que te imaginas — dijo ella, volviéndose ligeramente, con una leve sonrisa triste en el rostro. Después, como si intentará ocultar algo, rápidamente giró la cabeza y se llevó una mano a los ojos — No va a ser fácil… pero si somos fuertes lograremos superarlo.
- ¿El qué?
Pero la pregunta quedó en el aire: ella ya estaba traspasando la puerta de la casa, lejos de donde se encontraba. Así pues, Draco, por primera vez en su vida, sintió el toque del amor, del amor a primera vista, de un sentimiento que nunca hasta entonces había conocido en su corazón, que nunca antes había sentido tan lleno, tan pleno… y si todavía le quedaba alguna duda de si había hecho lo correcto al abandonar los mortifagos y seguir su propio camino, ésta se desvaneció completamente. Sí, había elegido bien. Se sentía bien, se sentía feliz, completo. Lucharía por eso.
Echó a andar, dejando atrás la casa. Sin rumbo, pero con la sensación de que, a partir de ahora, su corazón le guiaría en el camino. No tenía más que temer. Ella se lo había dicho: se volverían a ver muy pronto…

Otra despedida parecida se desarrollaba en una habitación de la casa, en aquel lugar donde había estado brillando la luz, lejos de la zona de la fiesta, durante la última hora.
- No te preocupes, estaré bien. Además, ya no voy a estar solo, Sirius y Remus estarán conmigo — añadió Harry con una ligera sonrisa. Le parecía regresar al principio de las vacaciones de verano, cuando los tres iban a vivir juntos, después de terminar el curso escolar. Que pocos meses habían pasado de aquello y cuántas cosas habían sucedido…
- Ya sabes a qué me refiero — murmuró Ginny, sosteniéndole las manos entre las suyas y mirándole suplicante a los ojos — No quiero volver a…
- No lo harás — le interrumpió él, sabiendo a lo que se refería. …l tampoco quería volver a tenerla lejos, no ahora que había vuelto, que la podía abrazar, que podía estar a su lado sin tener que pensar en las consecuencias, sin tener que preocuparse en cuándo sería la siguiente vez que se podrían volver a ver… - Sólo serán unos días. Cuando encontremos un lugar donde instalarnos vendré a buscarte. Te lo prometo — dijo, acariciándole lentamente la palma de la mano, sin dejar de mirarla a los ojos, sin dejar de observar su rostro tan añorado - ¿Tienes todavía el espejo, verdad? — al ver que ella asentía, sonrió y, acercándose, le depositó un leve beso en los labios. Un carraspeo en la habitación hizo que se apartará rápidamente. Lo había olvidado, ambos lo habían olvidado: no estaban solos — Lo siento, Ron — se disculpó rápidamente, aunque no soltó las manos que agarraba entre las suyas. Ahora se encontraban los tres allí, después de que Hermione se hubiera marchado unos momentos antes.
- Lo sé, lo sé — dijo el pelirrojo, con una divertida expresión en la cara — Pero ya sabes, todavía no me acostumbro a…
- Mira quién fue a hablar — le interrumpió Ginny, en tono burlón — El que no se despega de su pareja desde hace días. Deja que los demás disfrutemos un poco — añadió sacándole ligeramente la lengua.
- Lo capto. Voy a buscar a Hermione — se levantó de la cama — Vosotros dos, portaos bien — agregó mirándoles de forma cómplice y divertida — Y, Harry, no te olvides que Sirius te espera dentro de cinco minutos abajo, en la moto.
- No, no lo he olvidado. Ah, y gracias Ron — le agradeció, viendo como salía del cuarto. Realmente, algo había sucedido en su ausencia, algo que había hecho madurar bastante a su amigo: ya no se mostraba tan infantil como a veces era antes, tan protector cuando él estaba con Ginny, que no les dejaba acercarse tanto como ahora. Le hubiera gustado preguntárselo a ella, por si sabía algo, pero con tan poco tiempo que disponían ahora, no era cuestión de malgastarlo en preguntas…
Delicadamente le acarició la mejilla, sintiendo el suave tacto de su piel bajo sus dedos, hasta que llegó a esos labios que tanto había echado de menos. Nuevamente los dos se fundieron en un beso mágico e inolvidable, que los transportó a los confines del tiempo y del espacio…

Ginny había tenido razón: desde que habían vuelto de Hogwarts él y Hermione casi siempre se encontraban juntos. Bien era cierto que por las noches cada uno dormía en su respectiva habitación, separados, pero por el día, cualquier excusa era buena para estar a su lado. Después de lo que había sucedido en el primer trimestre, cuando a punto había estado de perderla por no darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor, ahora no quería que volviera a suceder, no quería volver a tenerla lejos… y más tras lo que había ocurrido el día antes de que terminará el colegio y empezaran, antes de tiempo, las vacaciones de Navidad.
El recuerdo de aquella noche le hizo sonrojar ligeramente, menos mal que no había nadie en el pasillo que le pudiera ver y preguntarle la razón. En esos instantes era cuando agradecía la casi ausencia de luz en el camino entre habitaciones. Sí, había sido una extraordinaria noche y momento, cuando fueron uno solamente… cuando tocaron los límites del cielo y de la eternidad, cuando el amor que ellos tenían dio un paso más… Se tuvo que detener un momento. Había sido todo tan mágico y tan hermoso, que todavía ahora le parecía un sueño… pero fue realidad, se dijo a sí mismo, con una sonrisa.
Se acordó de lo que iba a hacer: buscar a Hermione. Tenía un extraño presentimiento, que no había hecho más que aumentar desde que la había visto abandonar la habitación.
Al final la encontró. Se encontraba llorando quedamente en un cuarto de baño.
No dijo nada: sólo entró, cerró de nuevo la puerta tras de sí y, agachándose a su lado, la abrazó fuertemente, rodeándola de forma protectora con los brazos, acunándola dulcemente en ellos, apoyando su rostro sobre aquel cabello castaño que había llegado a amar tanto…
No necesitaban palabras para comprenderse…

- Ya verás como va a tardar en bajar. Por más que le hayas dado cinco minutos, serán unos cuantos más: el amor y los besos hacen perder la noción del tiempo — comentó divertido Remus, apoyado en un árbol y mirando hacia la silueta de una casa, que se recortaba en la noche
- Lo sé — dijo despreocupado Sirius, sentado sobre la moto, limpiando ligeramente la nieve del suelo con un pie — Pero dejémosle disfrutar, hace tiempo que no está con Ginny. ¿No recuerdas cuándo nosotros teníamos su edad?
- Oh, lo recuerdo muy bien. Tú siempre lograbas tener a las chicas a tus pies. Bueno, tú y James — añadió nostálgico.
- Mientras, Peter y tú os quedabais sentados y sin salir a bailar. Nunca os atrevíais a enfrenaros a una chica… y las pocas veces que lo hacíais, siempre acabáis colorados de la timidez. Al contrario que nosotros dos, que nos atrevíamos con todo. Vaya diferencias — rió Sirius al recordar.
- Fueron buenos tiempos.
- Sí, eso es cierto. Los mejores. Los cuatro juntos, sin tener todavía las preocupaciones de la vida. Sin saber que era lo que iba a suceder en el futuro. Sin pensar en nada más que en divertirnos, bailar, disfrutar… ¿Cuánto tiempo ha pasado de eso? — terminó tristemente.
Remus iba a añadir algo más pero, de repente, vio aparecer algunas pisadas sobre la nieve. Pisadas que salían de la casa… y que se dirigían hacia donde ellos se encontraban esperando. Menos mal que algunos inventos de los gemelos eran bastante útiles, sobretodo en cuestión de camuflaje como ahora.
- Parece que la despedida no ha durado mucho— comentó sorprendido, agachándose a recoger la escoba del suelo… en ese instante, observó algo en la lejanía: una figura vestida de negro que se alejaba de la casa — Sirius, creo que tenemos problemas — murmuró al levantarse, sin quitar la vista de encima de aquella figura oscura…

Regresaba a casa, a su hogar ahora. Desde que había traspasado esa puerta días atrás, una cálida sensación la había embargado, una sensación de protección, de amor, de aceptación. Nunca, hasta entonces, había conocido a más personas. Siempre había estado a solas con su madre… hasta que apareció Harry. Desde entonces habían estado los tres, nadie más, en el bosque, en aquella tierra tan extraña e intrigante. Por más que se esforzara en recordar ningún otro rostro aparecía en su mente. Sólo ellos tres. Y ahora estaba rodeada de personas que la querían, que la aceptaban…
Sianna se abrazó a sí misma, complacida y feliz, mientras caminaba hacia el refugio seguro de la habitación que le habían asignado. Era verdad que, entonces, cuando estaba en el, bosque, la vida era más sencilla y menos complicada, pero ahora, era cuando sentía que estaba realmente viva, que no necesitaba crecer rápidamente para aprender, que sólo tenía que disfrutar cada momento y cada instante sin apresurarse. Sonrió ligeramente, recordando la caída de la nieve, aquel brazo rodeándole protectoramente, aquellos ojos grises que escondían tantos misterios y tanto dolor…
Sí, pronto se verían de nuevo. Muy pronto. Más pronto de lo que podía imaginar. En esos instantes, agradecía bastante tener aquel don, de ver retazos de futuro, de saber que aquella no sería la última vez que estarían juntos… y solos… aunque… la sonrisa desapareció poco a poco de su rostro. ¿Por qué el mal siempre estaba sobre él¿Por qué no podría dejarle tranquilo, que disfrutara un poco de su juventud, en vez de luchar siempre? También había visto aquello y, aunque no podía decirle nada, no sabía como decírselo, no quería romper el mágico momento con aquellas preocupaciones, sí que le había dado un pequeño consejo. Esperaba que él lo recordadse en el futuro… antes de que fuera demasiado tarde…

- Ha sido todo maravilloso… pero lo más perfecto has sido tú — le dijo alguien en el oído, con un suave susurro que parecía casi el ronroneo de un gato. Aquella misma persona, a la vez, la rodeó por detrás, amorosamente.
- ¿Eso crees? A veces me he sentido bastante… enorme y algo torpe — le contestó riendo Tonks, poniendo sus manos sobre las de él, justo por encima de su abultado vientre. Ambos, ya convertidos en marido y mujer, sintieron a la vez una patada de uno de los niños, que pronto estarían con ellos — No han estado quietos ni un segundo. Parece que también querían estar en el baile. Son agotadores — rió.
- No será para tanto.
- No dirías lo mismo si estuvieras en mi lugar — dijo, dándose la vuelta, y apoyándose en su pecho, abrazada a él — Pero ya falta poco… ¿Qué harás entonces? — se atrevió a preguntarle, alzando los ojos preocupada y mirándole directamente. Desde hacía meses él llevaba una doble vida, siendo espía en el bando del mal, yendo y viniendo, siempre con el riesgo de ser descubierto.
- Encontraré una solución, no te preocupes — le contestó, rozándole amorosamente la mejilla — Cuando nazcan los niños quiero estar a vuestro lado, siempre. De alguna manera lograré…
- Será peligroso. Te podrían descubrir y… - Tonks no quiso terminar la frase, aunque los dos sabían a que se referían: el castigo por espiar a los mortifagos siempre era el mismo, la muerte.
- No temas. Hay una persona que lo ha conseguido. Yo también lo haré — añadió, refiriéndose al profesor de pociones de Hogwarts, aunque, él lo sabía: a punto había estado de no conseguirlo, a punto había estado de morir meses atrás por su traición. Pero, bueno, no había porqué preocuparle. Lo conseguiría. Quería estar con su familia. Quería dejar de arriesgar su vida cada noche, cada día que pasaba en las cuevas y dominios del mal.
- ¿Me lo prometes?
- Te lo prometo. Además, ya estamos juntos para siempre¿no? — agregó con una media sonrisa, mientras le acariciaba la alianza que ella llevaba en la mano, idéntica a la que él poseía, y que ambos habían obtenido esa misma tarde.
- Sí, para siempre — dijo Tonks, enterrándose todavía más en su pecho. ¿Quién había imaginado que toda aquella historia terminaría de esa manera¿Qué, de llevarse tan mal al principio, cuando les habían asignado en el mismo grupo de la Orden del Fénix, de casi estar peleando todos los días, hubieran acabado así, casados, profundamente enamorados? Las vueltas que daba la vida.
- Tengo que irme — la voz sonó llena de amargura y tristeza, al cabo de unos minutos.
- ¿Ya¿Tan pronto? — a su pesar, sabía que era lo que había que hacer, así que, con unas pocas lágrimas en los ojos, se apartó ligeramente de su cómodo lugar — Pero regresa pronto. Lo harás¿verdad? — logró articular entre ligeros sollozos.
- No te preocupes, lo haré — le dijo, pasándole delicadamente los dedos sobre las mejillas, intentando limpiarlas totalmente, sin poder. Al cabo de unos instantes, agachó ligeramente la cabeza, para depositarle un beso en los labios, que le supo a tristeza y a desolación — Te lo prometo: será la última vez que me vaya. Confía en mí. Regresaré.
- Lo sé — intentó calmarse pero no podía — Cuídate y regresa pronto — ahora fue ella la que tomó la iniciativa para el beso, un beso que le sabía a despedida. ¿Cuándo sería la siguiente vez que se volviesen a ver? Tenía un mal presentimiento. Desechó aquel funesto pensamiento rápidamente. No, él volvería pronto, se lo había prometido. Además, sintió una nueva patada dentro de ella, tenía que volver para cuando nacieran los gemelos… y para ello quedaban pocos meses. Esbozó una sonrisa triste. Al menos, no era mucho tiempo.
Vio como desaparecía rápidamente por la ventana, convertido en gato. Derrotada, tremendamente cansada del día, de la celebración, pero aún más, de aquella despedida, se tumbó en la cama. Todavía seguía con el vestido de novia, con aquella radiante ropa blanca… pero no le importó. Quería que el sueño le alcanzase rápidamente, que la nada le invadiese… para no pensar, para no seguir llorando.
Morfeo fue bondadoso con ella al llegar a su lado rápidamente.

No quería mirar atrás porque sabía que, si lo hacía, sus ojos se llenarían de lágrimas. Aquella tarde le había parecido tan larga, tan llena… y ahora el futuro se mostraba tan oscuro, tan incierto. Un ligero viento soplaba a su alrededor, haciendo que la capa que llevaba ondeara, que la capucha oscura que se había puesto por encima, le cubriese de vez en cuando casi la totalidad del rostro.
¿A dónde ir¿Qué hacer?
Había ido allí, a esa casa, por una razón, aunque después las cosas cambiases y se tornasen diferentes, tomasen un rumbo que él no había previsto. Pero no se arrepentía de nada de lo sucedido. Es más, si por él hubiese sido, se hubiera quedado toda la noche allí… pero no hay sitio para mí, no en esa casa… y en ningún lugar, pensó amargamente, sintiendo el gran y fatal peso de quien había sido, de su nombre, de su pasado, de las acciones que había hecho sin preguntarse las consecuencias. Si aquel primer día de curso, de escuela, no hubiera sido así, si hubiera dejado a un lado su orgullo, todo lo que le habían enseñado… si no hubiera sido un calco exacto de su padre, si no hubiera hecho todo lo que le habían enseñado a hacer… entonces las cosas hubieran sido bastante diferente. Pero, se dijo, ya no había marcha atrás, ya no podía arreglar lo hecho. No podía cambiar sus acciones pasadas. Tenía que aprender a vivir con las consecuencias de sus actos.
Siguió caminando y caminando, alejándose de la casa, sintiendo que la oscura capa ondeaba tras su espalda. Todavía la seguía teniendo, aunque para él ya no poseía el significado que tenía… ahora era sólo una capa, una ropa de abrigo. Nada más que una tela oscura, no un símbolo.
Abstraído como estaba no se dio cuenta de que una gran sombra negra se abalanzaba sobre él, sin darle opción a defenderse o escapar. Cayó al suelo, indefenso, atrapado entre las garras de aquel enorme ser que le miraba con ira asesina centelleando furiosamente en sus ojos…

- ¿Dónde está Sirius? — preguntó Harry, descubriéndose, nada más llegar al sitio convenido y encontrarse con la sola presencia de Remus y la moto a un lado, sin nadie. Si conocía bastante a su padrino nunca la dejaría sola sin ningún motivo importante. Estaba sucediendo algo. Miró interrogante al otro miembro vivo de los Merodeadores.
- No te preocupes. Sólo ha ido a dar una vuelta — le contestó éste, en un tono de voz que intentaba parecer despreocupado, aunque no logró enmascarar la inquietud que sentía en su interior. Aunque, en realidad, si que había dicho la verdad: Sirius se había ido a dar una vuelta… para atrapar a ese mortífago que habían visto rondando por las cercanías.
- Remus…
- Te he dicho que no te preocupes. Volverá de un momento a otro… - el ruido de una rama rompiéndose le hizo dar la vuelta rápidamente, varita en mano… para encontrarse mirando a un gato que bien podía pasar por callejero y corriente, aunque había algo diferente en su mirada… — Ah, eres tú — dijo, guardando la varita — ¿No sabes que no está bien asustar así a las personas? Por poco te lanzo un hechizo paralizador — siguió diciendo, más calmadamente.
- ¿Quién es? — preguntó Harry, desconcertado. Por el tono en el que hablaba Remus sabía que era un animago, un mago que se convertía en animal, en este caso, en un gato, pero ¿de quién se trataba? No conocía a nadie con esa cualidad… excepto a la profesora McGonagall, pero ella no tenía aquella forma cuando se transformaba en gato. Por unos instantes se quedó paralizado: esa persona, fuera quien fuera, había descubierto su vuelta, y eso que había hecho todo lo posible para esconderse de miradas indiscretas.
Remus le puso una mano en el hombro, tranquilizándole, como si le hubiera leído la mente y sus inquietudes.
- Es alguien que conoces. Además, desde hace tiempo. Y has estado recientemente en su fiesta — Harry pensó, pero no se le ocurría nadie con esas características… no en ese instante — Vamos, baja de ahí. Quiero hablar contigo — ahora se dirigía hacia el gato que, inmediatamente, dio un salto desde el árbol y aterrizó en el suelo, transformándose de inmediato en un joven unos pocos años mayor que él. Harry le reconoció enseguida al verle. Sí, era él, un miembro de la Orden del Fénix… y reciente marido de Tonks.
- No sabía que eras animago, John — le saludó inmediatamente, con una sincera sonrisa en el rostro. Desde que le había conocido el año anterior, al contrario que Sirius, le había caído bastante bien y simpatizaba mucho con él.
- Y yo no sabía que habías regresado de los muertos, Harry — le dijo éste, estrechándole contento la mano, bastante sorprendido pero también muy alegre al verle — Parece que es algo habitual en ti eso de escapar de la maldición asesina — añadió, mirándole ligeramente la cicatriz - ¿Qué fue lo que sucedió esta vez? — preguntó intrigado.
- Lo siento, ahora no hay tiempo para explicaciones — les cortó Remus, al ver como una figura caminaba hacia ellos, una persona que transportaba algo casi tan grande como él — Tenemos un serio problema.
En ese momento llegó Sirius a su altura y deposito, sin mucha delicadeza, el bulto que había llevado sobre los hombros: una gran capa negra le cubría casi totalmente, ocultándole los rasgos.
- Estaba husmeando por ahí. Creo que una temporada en Azkaban le va a venir bien — dijo, pero Harry creyó sentir en su voz una nota de amargura, como si hubiera reconocido a ese mortífago y le doliese hacer lo que iba a hacer… Sin saber porqué, se agachó y apartó ligeramente la capucha, dejando a la vista una pequeña parte de su cabeza. Inmediatamente supo quién era sin tener que destapar más. Sólo conocía a alguien con ese tono de pelo, tan claro, tan rubio. Draco Malfoy… su declarado enemigo en la escuela. Ahora estaba a su merced, indefenso, inconsciente. Que diferente de aquel muchacho que conocía. Por unos momentos tuvo una ligera compasión de él… pero todo lo que había sufrido, habían sufrido, en Hogwarts por su culpa hizo que ese sentimiento se escondiera rápidamente.
- Sé quien es — dijo agachado a su lado John, sin saber que todos allí también le conocían y bastante bien… pero las siguientes palabras que pronunció hizo que los otros tres se quedasen completamente asombrados — Es el muchacho que me ha estado pasando información en la guarida de los mortifagos. Un renegado. Un espía, como yo.

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Ya se estaba recuperando completamente. A pesar de que seguía dormida, sabía que aquel sueño no se encontraba plagado de pesadillas, de sombras, de temores, Ahora ya era un descanso normal, libre de todo aquello que le había embargado unas horas antes. Al fin todo había acabado, por fortuna.
Severus se sentó pesadamente sobre una de las sillas de la habitación. Estaba agotado, tanto física como psíquicamente. Pero no quería dormir. Sólo quería ver la respiración tranquila de su querida hija, su descanso reparador. Ya dormiría más tarde. Había estado tantos meses lejos de ella que quería, simplemente, observarla. Saber que todo eso no había sido un sueño. Que ya estaba de vuelta, que ya estaba libre. El recuerdo de todos aquellos meses agotadores y encerrado, desprovisto de libertad, le hacía valorar ahora mucho más la vida y lo que tenía en cada momento. Había que saborear cada instante, cada día como si fuera único… No supo en que momento exacto se quedó dormido, de puro agotamiento…
El ruido de la puerta le despertó.
Mascullando algunas maldiciones en voz muy baja, se dirigió a abrir. Fuera quien fuera se encontraría delante a un hombre enfadado e irritado: nadie tenía derecho a molestar a aquellas horas de la noche.
Lo que vio al otro lado de la puerta le dejó desconcertado y completamente desarmado. No había creído que les volvería a ver tan pronto, sólo unos días después de que se hubiesen separado en Hogwarts, después de haber escapado de su prisión… aunque no fue eso lo que chocó más, ni tan siquiera el muchacho que les acompañaba (por Merlín¿es que ese crío no moría nunca?)… lo que más le desconcertó fue la figura que Sirius llevaba atravesada en los hombros, una figura que portaba una capa negra, un mortífago. Por un momento pensó en cerrarles la puerta, en no dejarles pasar. Ya había tenido suficientes tratos con los servidores del mal, no quería involucrarse de nuevo con ellos… pero en el último segundo cambió de opinión al ver asomar entre los pliegues de la capa negra unos mechones de pelo que contrastaban totalmente con la ropa que llevaba. Rubios. Sólo conocía a dos personas de los mortifagos que poseían aquel mismo tono de pelo… y seguro que una de ellas no se hubiera dejado atrapar tan fácilmente… respecto a la otra...
Dejó la puerta abierta para que pasaran.
- ¿Dónde lo puedo dejar? — fue lo primero que dijo Sirius nada más entrar — Aunque no lo parezca, pesa bastante — añadió, dando un rápido vistazo al lugar. Nunca había imaginado que el hombre podía vivir en una casa como aquella, tan austera, pero a la vez, con un ligero toque de familiaridad
- En el sofá está bien — le contestó Severus, acercándose a ellos - ¿Qué es lo que ha pasado? — le preguntó inmediatamente, al ver el rastro de sangre que había ido dejando a su paso… y la gran herida en uno de los brazos de Draco. No había duda de porque seguía inconsciente… y muy pálido.
- Esto…
- Creímos que era una amenaza — contestó rápidamente Remus, sin dar tiempo a Sirius de decir nada — Le vimos merodear y…
- No me digas más: hubo alguien que actuó sin pensar — dijo Severus, dirigiendo directamente una mirada dura y llena de acusación a la persona que había transportado al muchacho. Después, cambiando de persona, se dirigió a Remus — Es bastante grave. No sé si voy a poder hacer algo…
Harry estaba siguiendo atónito la conversación, sentado en una de las sillas de la habitación. Era la primera vez que veía a su profesor de pociones tan preocupado por alguien… y a su padrino hablándole sin pelearse, aceptando sin rechistar la culpa. Entonces recordó que habían pasado, los tres, varios meses juntos, encerrados y sin poder escapar… hasta que…
- ¿Y si utilizamos lágrimas de fénix? — dijo, rememorando la herida que él mismo había tenido en su segundo año en Hogwarts, cuando se enfrentó con el basilisco y éste le había herido en un brazo grave y mortalmente. No sabía por qué no se le había ocurrido antes. Esperaba que no fuese demasiado tarde…
- Parece que, por una vez, esa cabeza tiene una buena idea — comentó Severus Snape, con el mismo tono desdeñoso con el que se dirigía a él en clase, cuando estaban en el colegio, cuando todavía eran alumno y profesor — Pero sí, creo que podría valer. Remus — se dirigió hacia el hombre.
- Todavía no sé como llamar a Fawkes — se disculpó éste. Desde que habían dejado el colegio, no había vuelto a ver al fénix, a pesar de que ahora él era el máximo responsable de la Orden.
- Piensa en él. Pídele que venga hasta aquí.
- No creo que sea tan fácil, Sirius — dijo, aunque, por intentarlo no pasaba nada. Cerró los ojos, formando la imagen del pájaro, tal y como le había visto a su llegada a la casa, tan radiante, tan resplandeciente, tan lleno de poder… Al abrirlo, allí estaba: una ráfaga de fuego vivo entrando por la ventana. Sonrió. Todos esbozaron una ligera sonrisa al escuchar el suave y sencillo canto que acompañaba al ave.
- Lo has conseguido — le felicitó Sirius — Sabía que lo podías hacer.
Después de dar una vuelta rápida por toda la habitación, el fénix se fue a posar sobre el brazo herido del joven que estaba tumbado, inconsciente, en la cama. Tal y como había sucedido varios años antes, las lágrimas que brotaron de sus ojos hicieron curarse y cerrarse rápidamente la herida. El ritmo de la respiración de Draco se fue tranquilizando poco a poco, hasta que se sumergió en un profundo y reparador sueño, recuperando el color de su rostro.
- Y bien, ahora que todo está bien¿Qué es lo que ha sucedido exactamente? — no se dirigió a nadie en particular pero los dos hombres supieron que no les dejaría irse de la casa sin antes averiguar la causa de todo aquello… y, sobre todo, como era que una persona que se consideraba muerta estaba allí (aunque, bueno, parecía que las reglas sobre la vida y la muerte no iban demasiado con él, pensó Severus Snape exasperante, mirando de reojo hacia Harry)

Le parecía oír murmullos en la lejanía. Voces. Personas que hablaban. Aunque todavía no podía entender mucho de lo que decían, era más bien un murmullo constante, sin sentido. Intentó recordar donde estaba pero lo último que recordaba era estar andando, alejándose de una casa, caminando sobre la nieve. Era de noche… Una sombra. Sí. Ahora recordaba. Había una sombra. Una gran y amenazadora figura que se abalanzaba sobre él, que cerraba su implacable mandíbula sobre su brazo y luego… luego… luego la nada. La inconsciencia.
Draco gimió en sueños al recordar, alzando su brazo tal y como había hecho entonces… pero no sintió dolor. No había dolor, sólo un leve recuerdo de éste. Era como… como si ya estuviese curado, aunque no podía ser. Una herida tan grave no se podía curar en unos minutos….
Y los murmullos y las voces seguían sonando en la lejanía, aunque ahora un poco más cerca de él… cada vez más cerca… más cerca… como si estuviera en la misma habitación que ellas… Logró distinguir una voz en particular. Le resultaba conocida, muy conocida. Era… era… Se incorporó de repente en el sofá, sorprendiendo a las personas que se encontraban también allí. Sí, no había duda, esa voz era de…
Sus ojos todavía no acertaban a enfocar los rasgos de los hombres que le miraban a pocos metros de él, aunque ya sabía quien era uno de ellos. No tenía ninguna duda. Habría reconocido esa voz en cualquier parte, incluso desde detrás de una máscara…
- Acuéstate y descansa, Draco — le dijo el dueño de esa voz, en tono claramente autoritario… aunque creyó distinguir en ella un deje de preocupación.
De acuerdo, Severus, pensó al volver a tumbarse. Al fin le había encontrado, había llegado al lugar donde pensaba ir desde que abandonase a los mortifagos, a un lugar donde se podía sentir seguro, protegido. ¿Cómo lo había hecho? No tenía ni idea, pero ahora esas preguntas no le preocupaban mucho. Ya habría tiempo luego para contestarlas.
Antes de cerrar los ojos completamente, siguiendo la orden del profesor de Hogwarts, de su jefe de casa, creyó distinguir, no muy lejos de él, la silueta de otra persona dormida en otro de los sillones del salón. Movió la cabeza ligeramente. No, no podía ser él. Según había oído estaba muerto. Voldemort le había asesinado en el verano. A él y a Dumbledore. Imaginaciones de mi mente, se dijo Draco antes de caer en los brazos del sueño…

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- ¿Crees que es verdad?
- ¿Por qué no iba a hacerlo? — le contestó Sirius desde delante de la moto. Se encontraban volando sobre el cielo de Inglaterra, sobre los primeros rayos del sol del día — Además, la vida me ha enseñado a que las cosas, muchas veces, no son lo que parecen…
- Pero Malfoy…
- Se ha dado cuenta tarde… pero es mejor tarde que nunca. Muy pocos son capaces de tomar esas decisiones drásticas sobre su vida — al ver que su acompañante no decía nada, prosiguió — Muy pocos son los verdaderamente fuertes y valientes para romper los lazos familiares y querer forjar su destino. Te acuerdas de la mansión Black¿verdad? Viste el árbol genealógico… y oíste a mi "madre"
- Si — recordó Harry, recordando aquella visita, sus primeros contactos con la Orden del Fénix, más de dos años atrás.
- Pues bien — siguió Sirius — los Malfoy son todavía más estrictos y controladores. Puedo imaginarme las presiones que ha tenido durante toda su vida. Y más siendo hijo único, el heredero del imperio. Tomar la decisión de dejar todo ese poder atrás requiere de una gran fuerza de voluntad y fortaleza. Dale una oportunidad — añadió, recordando su propia experiencia, como había descubierto en su antiguo rival, en Severus Snape, una persona completamente diferente de la que él creía que era… Haber visto la delicadeza con la que devolvía a la cama a su hija (que entró medio dormida en el salón, despertada al escuchar voces…), verle cogerla en brazos, dejarla en la cama, volver y lanzar seguidamente un hechizo de insonorización…. había sido la gota que colmara el vaso, demostrándole que la imagen que tenía de aquella persona en nada correspondía con la que era realmente.
- Lo intentaré — asintió medio receloso todavía Harry. Al menos, cuando él se había levantado, Draco todavía seguía durmiendo, así que no habían cruzado ni una palabra en todo el tiempo que habían permanecido juntos en la casa. Al menos si que había podido saludar a Liz, ya que cuando entró en la cocina para comer algo de desayuno allí se encontraba. Entonces si que era verdad lo que le habían dicho: que era la hija de Snape. Ni en sus más locos sueños se lo habría podido imaginar. Puede que hubiera sido por ese motivo por el que lo veía diferente, aunque aún con aquel humor que le caracterizaba en Hogwarts… Pensar en el colegio le hizo darse cuenta de que, ese año, le hubiera tocado ir a séptimo, al último curso… cosa que no haría… entonces… ¿Qué sería de su futuro? Se contestó rápidamente: primero tenía que vencer a Voldemort, después ya vería lo que haría… si es que después tenía un futuro, que esperaba que así fuera.
Unos instantes después de pensar en eso distinguió una urbanización de pequeñas casitas. Desde arriba parecían todas exactamente iguales: los mismos tejados, los mismos jardines, el mismo color de pared… él sólo recordaba haber visto el lugar desde el suelo, pero no había duda, estaban en el mismo lugar.
- Ya hemos llegado — anunció, e inmediatamente, sintió como la moto empezaba a descender a toda velocidad, dirigiéndose a una arboleda cercana, no muy lejos de las casas…
- Hay que guardar las apariencias — le dijo Sirius, disculpándose mientras se limpiaba las hojas de la mangas de la chaqueta y del pelo, cosa que estaba haciendo él también — Según me has dicho son todos muggles, así que ver a una moto volando no creo que les guste — añadió divertido — Aunque, es cierto que hace diecisiete años ya casi salió en sus noticias. No veas lo que le costó al Ministerio de Magia ocultar esa información. Hagrid no fue muy bueno ocultándose — recordó tristemente aquella noche, en la que todo había empezado… y todavía no había acabado.
Cuando ya estuvieron limpios completamente se volvieron a montar en la moto: Sirius delante, Harry detrás. Remus se había quedado finalmente en casa de Severus. Ahora que tenían información de primera mano sobre Voldemort tenían que aprovechar la ocasión. John, igualmente, había regresado a las cuevas: tenía que continuar su tapadera, y ahora con más cuidado y cautela, después de que su principal informador estaba fuera de combate.
- Repíteme de nuevo¿Qué le pusiste en la nota? — dijo Sirius, deslizando la moto sobre el suelo, bastante más despacio de cómo la había llevado antes.
- Que volvería pronto. Que no se preocupase. Y gracias por todo lo que había hecho por mí — como el resto de veces que su padrino le había preguntado, se abstuvo de decir una parte: que iría acompañado de una persona de su pasado, aunque, bien era cierto, que aquella parte de la conversación con la mujer tampoco se la había contado a Sirius. El destino, a veces, creaba extrañas coincidencias. Sonrió internamente. Iba a darles una gran sorpresa a los dos.

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El sol entraba por la ventana, iluminando la estancia con la suave luz de la mañana. Aquí y allá se veían cajas a medio deshacer, y otras muchas que no estaban siquiera abiertas. Y, en medio de todo eso, la culpable: una mujer que se encontraba sentada, pensando por donde empezar a poner las cosas. Era el inconveniente de las mudanzas, que siempre había muchas cosas que hacer cuando uno se cambiaba de casa. Y eso que no era la primera vez que se trasladaba de ciudad… pero si la primera que tenía su propia casa, su propio hogar. Además, regresaba a su país de nacimiento para quedarse, después de tantos años lejos. Dio un vistazo a su alrededor y se sintió agotada antes incluso de empezar. Había tantas cosas por hacer…
De repente su mirada se fijó en un lugar concreto de la habitación, en un objeto que no era suyo, que no le pertenecía… y recordó a aquel chico que había recogido un par de días atrás, en medio de la calle. Que extraño que se hubiera ido así, dejando las cosas atrás, tan sólo una nota diciendo que regresaría, aunque… no todo se había dejado atrás, tampoco estaba la escoba que llevaba, según recordaba ella. Movió ligeramente la cabeza de un lado a otro. Tonterías, no era posible lo que se le estaba ocurriendo. No existía la magia. No era posible que las escobas volasen. Pero ahí estaba todavía ese misterio. Bueno, lo desentrañaría cuando el muchacho volviese a recoger su baúl, que seguramente fuera pronto, según lo que había escrito en el papel.
Lo único raro, pensó, era aquella última frase que él había puesto. ¿Alguien de su pasado¿Quién podía ser? Además, era la primera vez que veía a ese chico… y existían millones de personas en Inglaterra, así que era improbable, casi imposible, que conociera a alguien con esas características. Las casualidades no existían. Pero… ¿y si lo hacían? A su mente llegó, sin avisar, aquella imagen que, muchas veces, consideraba un sueño. Allí estaba ella, en medio de la calle… y a su lado, pasando corriendo, un joven de su edad, como si estuviera huyendo. Sus ojos se cruzaron durante un instante… que le pareció una eternidad. Después, el vacío, la nada. Ya no recordaba más: se había despertado en su habitación, un poco mareada.
Eso, si es que había sucedido. Había sido mucho tiempo atrás, tanto que a veces pensaba que no había ocurrido, que había sido su imaginación, y más cuando, al día siguiente, en los periódicos no apareció nada de eso, nada de una persecución en plena calle. Que ilusa. No volvería a ver a esa persona. Aunque… ¿por qué había pensado precisamente en ese recuerdo, en esa persona ahora? Llevaba bastante tiempo sin recordar aquello… hasta que recogió a ese chico llamado Harry por la calle. …l se lo había hecho recordar, en aquella charla que tuvieron por la tarde… y ahora de nuevo. Dos veces en muy poco tiempo. Extraño.
Escuchó el timbre.
No esperaba visitas: todavía no había nadie que supiera su nueva dirección. Nadie excepto…
Al abrir la puerta, Sarah se encontró de frente con unos ojos que nunca, jamás, había pensado que volvería a ver en toda vida…