Disclaimer: supongamos que Robert Barahteon me cae bien. Supongamos que quiero hacerle un tributo. Dejad de suponer. Lo primero es totalmente mentira, lo segundo tiene como resultado este fic.


Esta historia participa en el Reto #63: "Me arrodillo ante usted, Majestad", del foro "Alas Negras, Palabras Negras". Espero la disfrutéis.


Diez, nueve, ocho…

Se opaca el cielo de sus ojos, lágrimas no cesan de anegar. No puede respirar. El aire está enrarecido, la luz es una cuchilla, el suelo se está abriendo y el vacío a su encuentro va.

Siete, seis, cinco…

Estrella el puño contra el aire, esa nada que de él se ríe y le devuelve la misma moneda, una corriente funesta, mal presagio de una victoria ácida que de derrota se viste y que a la amargura no cesa de invocar.

Cuatro, tres, dos…

Pero las lágrimas no caen, no son vomitadas. Tiene rota la garganta, desmayada el alma, en luto la esperanza. La voz ya no es voz, sino un gemido lastimero y gris tan débil como una pompa de agua.

Uno…

Y el coronado rey, que por su amada desató sobre Poniente la tormenta de su casa, sólo alcanza a rezar, y rogar:

–Devolvédmela. A mi Lyanna. Dioses, por favor.